Mvy uirtuosos señores: Porque si conosciendo mi poco saber, culpardes mi atreuimiento en uerme poner en acrescentar lo que de suyo está crescido, quiero, si pudiere, con mi descargo satisfazer lo que hize, aunque mi intencion me descarga. Leyendo un dia el tractado del no menos uirtuoso que discreto Diego de sant Pedro que hizo de carcel de amor: en la historia de Leriano a Laureola que endereçó al mvy uirtuoso senor el senor alcayde de los Donzeles, parecime que quando en el cabo del dicho[283] que Leriano por la respuesta sin esperança que Laureola le hauia embiado se dexaua morir, que se partio desque lo ui muerto para Castilla a dar la cuenta de lo passado, que deuiera uenirse por la corte a dezir a Laureola de cierto como ya era muerto Leriano. Y aunque le paresciera que al muerto no le aprouechaua, a lo menos satisfiziera se a si si huuiera en ella alguna muestra de pesar por lo que hauia hecho; pves sabia que si Leriano pudiera alcançar a saber el arrepentimiento de Laureola diera su muerte por bien empleada. E porque me parescio que lo dexaua en aquella corte con occupacion de algunos negocios, o por se desoccupar para entender en otros que mas le cumplian, no lo hize yo por dezillo mejor, mas por saber si a la firmeza de Leriano en la muerte daua algun galardon, pues en la uida se lo hauia negado, acordé hazer este tractado que para la publicacion de mi falta fuera mvy mejor no hazello; en lo qual quise dezir: que desque el avctor lo uido morir e uido que se hizieron sus honras, segun sus merecimientos; e los llantos, segun el dolor; se fue por do Laureola estaua, e le contó la muerte del injustamente muerto, lo qual fenesce en el cabo que ella dió, e comiença desta manera.
EL AVCTOR
Pves despues que ui que a la muerte dél sin piedad consintiendo morir no podia remediar, ni a mi consolar, acordé de me partir para mi tierra, de baxo de la qual antes quisiera morar que en la memoria de mi pensamiento, e por uer e por oyr las cosas que en la corte de su muerte se dezian y Laureola por él hazia, pensé de me yr por alli, assi por esto, como por despedirme de algunos amigos que en ella tenia, y por dezir a Laureola (si en disposicion de arrepentida la uiesse) quanto á mal le era contado entre los leales amadores la crueldad que usó contra tan quien merecido el galardon le tenia; yo que en mi partida, no poca priessa me daua por huyr de aquel lugar donde le ui morir, por ver si fuyendo pudiera partirme de pensar en él, llegué a la corte más acompañado de tristeza que de gana de biuir, membrandome como el que de su conoscimiento me dió principio hauia ya hecho fin, e despues de reposar, no que el pensar reposasse, fuyme a palacio, donde con mucha tristeza de muchos que su muerte sabian fui recebido. E despues de contalles la secreta muerte del amigo suyo y enemigo de sí, fuyme a la sala donde solia Laureola hablarme, por uer si la ueria. Pero yo que la uista de las lagrimas que por él lloraua tenia quasi perdida, mirando no la ueya, e como ella tan embaraçado me uiesse, e como discreta sospechando que le queria hablar, creyendo que no la hauia uisto se bolvio a la camara do hauia salido; pero yo que el sentir tan perdido como el uer no tenia, sentí que se yua, e buelto en mi ui que era la que a Leriano sin uida, e a mi sin anima hauia hecho. A la qual con muchas lagrimas e penados sospiros en esta manera comenzé a dezir.
PROSIGUE EL AVCTOR A LAUREOLA
¡Qvanto me estuuiera mejor perder la uida que conoscer tu mucha crueza e poca piedad! Digo esto, señora, porque assi quisiera con razon alabarte de generosa en uerte satisfazer los seruicios con tanta fe hechos, como la tengo en loar mucho tu fermosura e gran merecer, e no que dieras la muerte a quien tantas uezes con mucha uoluntad por tu seruicio quería tomalla. E pues esto esperauas hazer, no engañaras a él, ni cansaras a mi, ni turbaras la limpieza de tú linaje. Cata que las de tan alta sangre como tú, mas son obligadas a satisfazer el menor seruicio del mundo, si dél son consentidoras, que a guardar su mayor honra; que cierta te hago que si su muerte uieras, siempre tu uida lloraras; mira quanto le eres en cargo, que en el tiempo de su morir, quien mas memoria de su alma e de su cuerpo hauia de tener, se membró de tus cartas, las quales fechas pedaços, en agua beuió, porque nadie dellas memoria huuiesse, e por lleuar consigo alguna cosa tuya, e porque mas compassion hayas dél en la muerte que huuiste en la uida, te hago saber que si como yo lo uieras morir, de compassion hizieras en presencia lo que en ausencia tu poco amor e mucho oluido fizieron que no feziste. O quantos su muerte llorauan e la causa no sabian! pero a mi que el secreto no se me escondió, con mas razon mucho mas que a nadie pesaua, membrandome como en tu mano estaua su uida, uiendo tu mucha crueldad e su poco remedio, a él heziste morir e a su madre, porque no muere, e a mi que biuiendo muera. No creo que codicias la uida, conosciendo lo que has hecho, sino en que sabes que pocos lo sabian, e agora temerás menos la fama de tu mala fama que ues clara mi muerte, do aunque quiera no quedará quien tu crueza publicara. No pensé tan poco dezirte, ni tanto miedo mostrarte. E si con la calidad te enojo, con la cantidad te contento. Pues si gran razon hauia de osar, mas no de acabar tan ayna; e si por atreuido algo merezco, mandame matar, que mas merced me harás en darme la muerte que en dexarme tal uida.
SIGUE EL AVCTOR
Mvy assossegada estuuo Laureola a todo quanto le dixe, no porque el rostro no mostraua las alteraciones del coraçon, pero como discreta suffriendo las lagrimas dissimulando el enojo, no culpando mi atreuimiento con mucha muestra de pensar, començo a responder desta manera.
RESPVESTA DE LAUREOLA AL AVCTOR
Tanto saber quisiera tener para satisfazerte como tengo razon para desculparme. E si esto assi fuera, por tanto desculpada me tuuiera como a ti tengo por diligente. Dizes me que quisieras tener causa para alabarme de piadosa, como la tienes para culparme de cruel. Si esta tuuieras, ni yo mas biuiera, ni tú te quexaras. Culpas me que pues le esperaua matar, porque enganaua a él e cansaua a ti. Ya tú sabes que yo nunca tal esperança le quise dar, que haziendo lo que tú dizes que he fecho, nada quebrantasse. ¿Pues yo qué deuia a ti, pues no era yo por quien tú trabajauas, ni tan poco con tu intencion de ser satisfecho lo que hazias? Assi que a él sin duda e a ti sin carga mi poco cargo me haze. Dizes que deuera mirar a la limpieza de mi linaje; mirando lo que dizes hize hazer lo que he hecho, porque ya tú sabes quanto mas son obligadas las mugeres a su honra que a cumplir ninguna voluntad enamorada. Pues quando todas son obligadas a esto, ¿quanto más y con más razon lo deuen ser las del linaje real? No creas que de su muerte recibo plazer, ni creo que a ti tanto puede pesar como a mi me duele; pero el temor de mi honra y el miedo del rey mi padre pudieron mas que la uoluntad que le tenia, ni creas que el conoscimiento que yo de sus seruicios tengo desconozco, ni menos desagradezco, e si con otro gualardon pudiera pagallos que la honra no costara, tú me tuuieras por tan agradecida, quanto agora me culpas por desamorada; e pues en la uida sin costarme la muerte no se lo pudo pagar, quiero agora que conozcas que la muerte dél haze que mi uida biua muerta. Agora verás, quanto me duele. Agora conoscerás si della me plugo. Agora juzgarás si amor le tenia. Agora sabrás si hizo bien en dexarse morir, que ya tú sabes que con la uida se puede alcançar lo que con la muerte se desespera. E pues a él no puedo pagar, a ti satisfago e doy por testigo; que si seruicios le deuia, con durable esperança se lo pagaua.
EL AVCTOR
Con tanta tristeza acabó su fabla, que apenas podia acabar de hablar, e sin de mí despedirse, desatinada de mucho llorar, turbada la lengua e mudada la color se boluio a la camara do antes se yua, con tan rezios gemidos, que assi de miedo que no la oyessen, como del dolor de lo que hazia, sin me despedir me fuy a mi posada con tanta tristeza, que muchas uezes de mi desesperada uida con la muerte tomara uengança, si pudiera hacello sin que por desesperado me pudieran culpar. E como tan solo de plazer como de amigos con quien le hablasse me hallaua, acostéme en mi retraymiento, y en esta manera, como si biuo delante de mi estuuiera, contra el desdichado de Leriano comenzé a dezir.
EL AVCTOR A LERIANO
¡O enemigo de tu uentura, amigo de tu desdicha! ¿quién pudiera ser causa de tu uida con su embaxada, como yo fuy de tu muerte con tu mensaje? Agora si tú supiesses el arrepentimiento de Laureola, no trocarias la gloria celestial, si por dicha la tienes, por la temporal, que por darte muerte perdiste; o si tan arrebatada no la tomaras, con tu uida no dubdo pudieras alcançar lo que con perdella perdiste. No sé quien me turbó mi entendimiento y robó mi juyzio, que en el tiempo de tu morir no te dixesse como con la muerte se pierde lo que con la uida a las vezes se gana. ¡A desdichado de mi! ¡quién te tuuiesse en lugar donde pudiesse dezir todo lo que Laureola me dixo, lo que muestra de pesar por perderte! Pero si con la muerte ganaste la uoluntad que agora muestra, por bien empleada la deues dar. Mucho descanso recibiera si creyesse que me oyes, o me crees, porque uieras que con solo arrepentirse bastaria pagarte, quanto mas que muy mas quexosa está de ti, que tú della deues estar. Agora si biuiesses no ternias de que quexarte. Agora seria tu pena con esperança suffrida. Agora ni de la uida pudieras quexar, ni la muerte tomaras por abogada. O ¡quanto bien me haria Dios si pudiesse perdiendo mi uida cobrar la tuya! ¿Para qué me dexó sin mi uerdadero amigo? ¿Quién pudo perderte que mas pudiesse biuir? Pluguiesse a Dios que la uoluntad que te tengo y la que en tu uida tuue en rogar por mi muerte me la pagasses, lo qual assi espero que hagas si tanta uoluntad de uerme tienes como yo tengo de seruirte. E assi me despido de más enojarte, lo que de la uida queria hazer.
EL AVCTOR
Tanto cansado de enojo e menguado del consuelo quedé de mi habla, que desatinado, sin sentir qué hazia, me traspassé y entre muchas cosas que comenzé a soñar, que mas pesar que plazer que dauan, soñaua que ueya a Leriano delante de mi en esta manera uestido. Trahya vn bonete de seda morada muy encendido, con vna ueta de seda uerde de mala color que a penas se podia determinar, e con vna letra bordada que dezia:
Ya está muerta la esperança,
e su color
mató uuestro desamor.
Llegando mas cerca de mi, ui que trahya vna camisa labrada de seda negra, con vnas cerraduras y vnas letras que desta manera dezian:
Fue cresciendo mi firmeza
de tal suerte
que en el fin halló la muerte.
Trahya vn jubon de seda amarilla e colorada, con vna letra que dezia:
Mi passion a mi alegria
satisfaze
en hazella quien la haze.
Trahya mas vn sayo de terciopelo negro con vna cortadura de raso de la misma, con vna letra que dezia:
En la firmeza se muestra
mi mal e la culpa uuestra.
Trahya mas vn cinto de oro con vna letra que dezia:
Muy mas rica fue mi muerte
que mi uida
si della quedays seruida.
Trahya mas vn puñal los cabos e los cuchillos de azero dorado con vna letra que dezia:
Mas fuerte fue la passion
que me distes
y nunca os arrepentistes.
Vile mas vna espada con la uayna e correas de seda azeytunada, con vnas letras bordadas que dezian:
Dió a mi uida mi tristura
tal tormento,
que muerto biuo contento.
Vile mas vnas calças francesas, la vna blanca e la otra con vna letra bordada que dezia:
Castidad quedó zelosa
de la uida
por no dexaros seruida.
Trahya mas vnas agujetas de seda leonada, con vnos ñudos ciegos, con vnas letras que dezian:
Vedes aqui mi congoxa
que en uida ni en muerte afloxa.
Vi que trahya mas en cima de todo esto, vna capa negra bordada de vna seda pardilla escura, con vna letra que dezia:
No pudo tanto trabajo
ni tristeza
que muden la mi firmeza.
Mirele mas que trahya calçados vnos çapatos de punta con vnas letras en ellos muy menudas que dezian:
Acabados son mis males
por seruicio
de quien niega el beneficio.
Mirele mas las manos, e ui que trahya vnos guantes con vnas eles e aes, e con la letra que dezia:
Assi comiença e fenesce
el nombre que mas meresce.
Despues de bien mirado lo que trahya uestido, e lo que las letras dezian, e la firmeza e pesar que señalauan, miré a la cara e uile el gesto tan hermoso que parescia que nunca pesar hauia passado, e con amoroso semblante, después de muy cortesmente saludarme, con el mismo tono que antes me solia hablar, començó á dezir en esta manera.
LERIANO AL AVCTOR
¡O mi uerdadero amigo! bien pensarás tú que mi presencia estaua de ti tan lexos que no pudiesse saber lo que hazias, ni oyr lo que hablauas; no lo creas, que nunca de ti tan apartado me fallasse que junto contigo no estuuiesse. Porque despues que uentura en la uida de ti me partió, nunca en la muerte de ti me parti. Junto contigo siempre he andado, e a todo lo que a Laureola de mi parte e de la tuya dezias estaua presente. Sabe Dios que si pudiera quisiera hablarte. Pero ni yo podia, ni su miedo me dexaba, que antes te certifico que por esto que hago, aunque es poca la habla, espero mucho el tormento; e porque desto segun la confiança tengo de tu gran uirtud, no recibas la pena que yo, dexo de mas hablar en ello y uengo a lo que haze al caso de tu habla, e mi respuesta. Dizes me, señor, que quisieras poderme dar la uida, como me diste la muerte; no creas que tu mensaje me la dió, ni yo, segun el principio lleuaua, me pudiera escusar de llegar a este fin. Dizes que quisieras que estuuiera en disposicion que pudiera gozar del arrepentimiento de Laureola; no te lo quiero agradescer, pues no te lo puedo pagar, que el mayor seruicio que puede ni puedo hazer, no es tan grande que la menor merced que de ti he recetado no sea mayor. Pues sus mercedes ya no las quiero ni puedo gozar dellas aunque quiera, e si con arrepentimiento me satisfaziesse, de su crueza quedé tan quexoso que aunque mas hiziesse no seré pagado. Dizes me, mi buen amigo, que dé mi muerte por bien empleada pues con ella gané lo que sin ella perdia; luego lo haria yo si de la uida quedara algo con que pudiera gozallo. ¿Pero qué me aprouecha a mi creer lo que dize sin ver lo que haze? E creo que si pudiera otra uez uerme biuo, tornara a darme mas pena e menos esperança, pues esto al mejor librar de biuir se esperaua; más quise suffrir buena muerte que passar mala uida. No creas que si creyera que era mas seruida biuiendo, que dexandome morir, me matara. Pero como con la uida no me podia aprouechar, pense con la muerte remediarme; que no me tengas por tan uencido de seso, que no sé que fuera bien biuir para seruilla aunque no para gozalla. Pero como nunca de su respuesta supe de lo que mas que seruia, como tú sabes, dexéme morir, pues ya la uida queria dexarme. Dizes me, señor, que querrias poder cobrarme aunque supiesses perderte; yo te lo creo y en esto lo pago, pues en otra cosa no puedo. Dexiste que quisieras que rogasse por tu muerte, porque en ella de nuestra amistad gozassemos, pues en la uida no podiamos; no tengas tal esperança, que mas quiero oyr dezir que biues sin uerme, que saber que conmigo biues muerto, aunque en tu muerte muera tu uida, e biua tu fama, e assi te dexo, no porque de ti me alexo, supplicandote que no hagas por mal que te hable, pues aunque quiero, no puedo.
EL AVCTOR
Después que Leriano acabó de hablarme, quando yo ya queria respondelle, sin hauer de mi sueño recordado, soñaua que ueya a Laureola entrar por la camara tan uisiblemente como si uerdaderamente estuuiera despierto, con dissimulada ropa e nueua compañia, e embaraçado de uer cosas tan graues, dexé de respondelle, e comence a notar la galana manera de que uenia uestida. E tambien me parecio que no miraua a Leriano ni hauia recebido alteracion de uerla uenir. Venia toda en cabello con vna tira labrada de seda encarnada con vna letra que en ella dezia:
No da muerte mi seruicio
mi crudeza y condicion
ni menos da galardon.
Trahya más vna camisa labrada de seda blanca con vnas cerraduras, y con vnas letras que dezian:
Cerró tu muerte a mi uida
de tal suerte,
que no saldra sin la muerte.
Trahya mas vn brial de seda negra con vn follaje de seda leonada, con vnas letras que dezian:
Tu firmeza y mi congoxa
pudieron tanto penarme
que en el fin han de acabarme.
Trahya mas vna cinta de caderas labrada de hilo de oro, con vna letra que dezia:
Mas rica seria mi gloria,
si el biuir
consintiesse en mi morir.
Trahya mas vna faldilla de dos sedas, la vna azeytunada e la otra colorada, con vna letra que dezia:
No puede ya el alegria
alegrar
sin más pesar.
Trahya vna tauardeba francesa azul y amarilla, y dezia la letra con que uenia bordada:
Con tu muerte mi memoria
se concierta
que biua mi gloria muerta.
Más trahya vn manto de aletas verde y morado, bordado con vnas matas de yerua buena, con vna letra que dezia desta manera:
Si no tuviera la uida
en tu muerte,
no me mostrara tan fuerte.
Trahya mas unos guantes escriptas en ellos vnas eles e oes, e vna letra que dezia desta manera:
Con lo que acaba e comiença
fenesció
quien muerte no mereció.
Trahya mas vnos alcorques con vnas nemas, e vnas letras que dezian desta manera:
¡Qué pena más en tu pena
que en la mia!
más meresció mi porfia.
Acabado de mirar como uenia vestida, e lo que las letras significauan, ui que con mucha tristeza e poco plazer, mas con semblante de muerta que con fuerça de biua buelta la cara a do estaua Leriano, començo a hablar enesta manera.
LAVREOLA A LERIANO
Nvnca pense, Leriano, que la fuerça de tu esfuerço por tan poco inconuiniente consintieras perder, por que si como dizes, seruirme desseauas, mas honra me hazias en biuir que en darte la muerte. E cierto te hago que mas tu flaqueza tu mucha pena, ni menos amor me heziste creer; e si claro quieres uer quan mal lo hiziste, piensa si yo por bailar, o por prouarte lo hiziera, quan errado hauia sido tu proposito. Pues si los leales amadores los desconciertos del amor no saben suffrir, quien será para padezellos? Pues quien no sabe suffrillos no piense gozallos: e pocas veces espere su gloria, pues no está la uirtud sino en saber forçar la pena, que en gozar la bien auenturança quien quiera quando le uiene, sabe della aprouecharse. Assi que tú mas culpado deues ser siendo discreto por lo que feziste, que loado por enamorado por lo que passaste. E no creas que si de tu fe no estuuiera segura que diera credito a tu fingida firmeza, e no dando principio no deuiera llegar a tan errado fin. E más para dezirte uerdad, que para pagar a tu pena te hago cierto que si tu muerte creyera, antes la mia tomara que la tuya consintiera, porque me paresce que fuera conciencia suffrirlo. Pero si la confiança de lo que por mi seruicio hazias, me hazia creello, la seguridad de tu buen seso me hazia dudarlo. E desta manera daua mas crédito a tu discrecion que a tu arrebatada muerte. Bastarte deuiera a ti, Leriano, membrarte en la disputa que estuuo mi honra e peligró mi uida, e contentáraste tú con saber que te queria e tu mal mas que el mio me penaua, aunque no te lo dezia. E si esto me niegas, miembrate quien yo era e la poca necesidad que de tus seruicios tenia, e como con solo escreuirte bastaua para desto asegurarte; e para que conozcas que no procedia de deuda sino de uoluntad. E pues está el testigo delante no me negarás que cuando con mi mensaje te desesperaste, e dexaste morir no te daua esperança, pues que te dezia que esperaras uencer al Rey mi señor por dias, para que tú uieras si ante no merescia ser loada por de buen conoscimiento, que culpada por desagradecida. E porque de más hablarte pues no espero uerte, no reciba la passion que de tu muerte rescibo, acorto la habla, aunque es larga la pena, haziendote cierto que pagase a tu alma lo que a tu cuerpo, tu muerte e mi poca dicha no me dexaron, quanto la muerte me dexa.
EL AVCTOR
Qvando Laureola hablaua estas cosas a Leriano, estaua yo en estraña manera espantado, uiendo su mucha piedad, juzgando su seso, conosciendo su uoluntad. E tanto sus amorosas razones sin fuerça uencian, que aunque conmigo no hablaua, muchas vezes sino para descortesia aun le respondiera agradesciendole mucho lo que dezia, aunque aprouechaua poco; pero como sus razones a mi pensar parescian justas, nunca crey que Leriano tuuiera cosa que le responder, ni con que le satisfazer. No por la poca confiança de su seso, mas por la mucha turbacion de su alma en uer delante si la que mas que a si queria. A lo qual los ojos en el suelo con mucha cortesia e acatamiento, començo a responder en esta manera.
LERIANO A LAVREOLA
¡O qvien tuuiesse, señora, tanto saber para quexar mi mal como tengo razon para padescello! Yo sabria tan bien responderte como si pudiera biuir supiera seruirte. Dizes, señora, que nunca creyste que la fuerça de mi morir pudiera mas que mi esfuerço. No te marauilles; que como yo sin mi me hallaua, no tenia con qué defenderme. Assi que lo que me culpas, mereces la pena, pues tú que podias remediallo consentiste hazello. E si dizes que erré en no defenderme affirmandote todauia que pudiera hazello, si tú por prouarme o por burlar lo hizieras, juzga lo que dizes e mira qual estaua, e uerás que el coraçon lastimado nunca toma la buena nueua por cierta, ni la mala por dudosa, e con esto todo lo que de tu parte me dezian, creya, conosciendo tu mucha crueza e mi poca dicha. E no pienses que tan poco trabajo puse en defender mi uida por seruir la tuya, que mas pena no me daua defenderme de la muerte que padescella, y en membrandome como no codiciaua biuir sino para seruirte, ueya que era yerro no querer lo que quesiste, pues de aquello te seruias. E no pienses que tan poco gané en ella que la do en mi por mal empleada, pues en ella descobriste la piedad que en la uida siempre ganaste. E si dizes que me bastaua la esperança que me dauas, no te lo niego segun quien tú eres, que con solo mirarme, quanto te pudiera seruirme pagaras, quanto más con lo que dizes; porque quanto menos esperança parescia cierta, tanto más de lo mucho que merescias se membraua; e de merescerte estaua dubdoso, porque quanto mayor era la merced, tanto menos la creya, e con esto hize las obras que ues. E a lo que me dizes de la uentura en que tu honra e uida se puso, bien sabes, si lo cierto no oluidas, a quan poco cargo te era, e la esperiencia de lo que me pensaua tú la sabes, e las obras son testigos. E si dizes que en lo primero estauas sin cargo y en tanto peligro te uiste, que mas aparejado estuuiera dando occasion para que algo sospechassen, pues andauan sobre el auiso, no te engañes, que pues e a tu limpieza se hauia mostrado, nunca nadie dixera lo cierto que por dubdoso no se tuuiera, uiendo la paga que a los otros hauia dado, de quien menos el secreto se fiaua mas lo temieran, e por esto uerás que con lo que te escusas más te temieran, e por esto uerás que con lo que te escusas mas te condenauas. E pues no te puedo seruir, no quiero enojarte ni más te hablar, saluo pedirte en galardon de mi fe, que me des las manos que te bese, porque desta gloria goze en la muerte, pues en la uida no pude ni tú me dexaste. E assi me despido, supplicandote que del ánima como dizes tengas memoria, pues el cuerpo pussiste en oluido; e por mas enojoso no serte, ni con mis razones importunarte, acabo pidiendote por merced, que si alguno presumiere aprouecharse de la riqueza de seruirte, de la fé de mi uoluntad te acuerdes, la qual delante tus ojos pongo, porque de mi muerte hayas la compasion que de la uida no huuiste.
EL AVCTOR
Qvando estas cosas entre ambos passauan, estaua mirando la cortesia e mucha firmeza con que Leriano hablaua, e quan poco pesar de su muerte mostraua, porque conoscia que a Laureola no menos que a él le dolia, e por no le enojar suffria su pena callando su muerte, e quanto me alegraua de vellos juntos tanto me entristecia membrandome de la muerte de Leriano e segun sus razones me parescian, aunque yo de las menos dellas gozaua, nunca quisiera uellos acabar; e porque yo conoscia que si Leriano recebia gloria de uella que Laureola no recebia pena sino de uer que era muerto, quisiera que nunca su fabla tuuiera cabo ni su uista apartamiento; pero como nunca las cosas que dan plazer suelen mucho durar, antes mas ayna se pierden, yo estando en esto contemplando soñaua que ohya vna boz muy triste que decia: ¡uen Leriano que tardas! e con vn rezio e dolorido sospiro, el bonete en la mano, se fue a Laureola por le besar las manos. La qual por alguna gloria dalle en la muerte, pues en la uida no quiso, se las dió. E besandoselas dixo estas palabras muy rezio e desapareció.
¡O si la muerte matasse
la memoria
pues que dió muerte a la gloria!
PROSIGVE EL AVCTOR
Qvando yo ui que no lo ueya, miré a la parte donde Laureola estaua, por uer si la ueia, e uila con tanto pesar y los ojos bañados en agua, que no como ella era hermosa, mas como si uerdaderamente estuuiera muerta, estaua amarilla, perdida la habla, uencida la fuerça y en tal disposicion la ui, que mas conpassion hauia de uella, que de Leriano, aunque estaua muerto; e de uer tal el vno y el otro en peor peligro estaua tan desesperado, que diziendo uerdad yo quisiera mas acompañar a Leriano muerto que seguir a Laureola biua; la qual con mucha tristeza dissimulando quanto podia la pena que la muerte de Leriano le daua, forçando las lagrimas como discreta, començó a hablarme en esta manera.
LAUREOLA AL AVCTOR
Verdaderamente con mas coraçon e mejor uoluntad me despidiera de la uida e tomara la muerte, que salir de tu posada, sino creyesse que saliendo me hauia de salir el alma. Porque cierto es que si creyera que viendo a Leriano tal me hauia de uer, nunca en tal me pusiera, antes suffriera la pena de su ausencia que la gloria de uelle, pues no podia remediarle, que nunca pense que assi me penara, porque quanto mas sus seruicios e lealtad delante mi ponia para algo querelle, tanto mi bondad e la grandeza de mi estado me lo estoruaua; e no porque contra esto esperaua yr, antes la uida de mi fe uaya, saluo que con más trabajo e menos oluido trabajara con el rey mi señor en libertad, aunque a mi no era dado, para que entrasse en la corte e huuiera lugar de uerme, e con esto segun se dezia y en muerte manifestaua, e con la esperança que le daua huuiera lugar de no desesperar; pero si yo con mi crueza lo consentia, con la passion lo he pagado y espero pagar tambien, que para mi salud estuuiera tambien hazello como para mi bondad por qualquiera parte negallo. Mas de la hermosura que Dios me dió me quexo, y él deue quexarse, que esta pudo más ayna que mi condicion ni uoluntad engañarse; e porque el tiempo es corto e la passion es larga, no quiero mas dezirte, saluo que te hago cierto, que aunque Leriano segun mi estado e linaje por mujer no me merescia, nunca deuiera él perder la esperança. E pues a él no puedo pagar sus obras e buenos seruicios, a ti te ruego que de la corte no te partas, aunque el desseo de tu naturaleza te pene, porque conozcas en las mercedes que te haré aqui si biuieres, las honras que a Leriano hiziera biuiendo.
EL AVCTOR
Qvando Laureola acabó de hablarme quedó tan triste, e tan llenas sus uestiduras de lagrimas de sus ojos que en gran manera me ponia más manzilla su penada uida que la muerte del muerto; e a todo lo que me dixo quisiera mucho respondelle, agradesciendole las mercedes que queria hazerme, como la cortesia con que me hablaua, saluo que qvando mas seguro e pensatiuo en lo que me hauia dicho estaua, se partió de mi con vn gran sospiro, e con vna boz con que pudo recordarme que dezia: Ya no puede más doler la muerte, aunque está cierta, que la uida que está muerta.
EL AVCTOR
Despves que miré al derredor e ui que hauia quedado solo, halléme tan triste e tan embeleñado, que no sabia lo que de mi hiziesse, ni de lo que hauia soñado que pensasse. E como no tenia con quien hablar, estaua tan pensatiuo que mill uezes con mis manos quisiera darme la muerte, si creyera hallar en ella lo que con ella perdi; e como pense que con mi muerte no se cobraua la uida del muerto, ui que era yerro perder el anima sin gozar del cuerpo; e como es cierta esperiencia que la musica cresce la pena donde halla, e accrescienta el plazer en el coraçon contento, tomé la uihuela, e mas como desatinado que con saber cierto lo que hazia, començe a tañer esta cancion e uillancico:
Cancion.
No te pene de penar,
coraçon, en esta uida,
que lo que ua de uencida
no puede mucho durar.
Porque segun es mortal
el mal que se muestra, e fuerte,
¿para qué es tomar la muerte
pues la uida es mayor mal?
Comiença te a consolar,
no muestres fuerça uencida;
que lo que mata la uida
con muerte se ha de ganar.
Uillancico.
Pues porque es buena la uida
sin la muerte,
se toma por mejor suerte.
Quien muere muerte biuiendo
no haze mucho su suerte,
mas el que biue muriendo
sin la muerte,
¿qué mal ni pena hay mas fuerte?
Quien puede suffrir su mal
o quexallo a quien lo haze,
con su mal se satisfaze
su uida aunque es mortal,
pero el dolor desigual
de mal e pena tan fuerte
¿quien lo suffre que no acierte?
EL AVCTOR
Acabada de dezir la cancion e desecha lo menos mal que yo pude, dexé la uihuela, sin mas pensar lo que deuia hazer, mandé ensillar, porque me parescia que era tiempo e bien de partir a mi tierra; e despedido de los que hallé por la calle, sali de la corte, más acompañado de pesar que consolado de plazer. E tanto mi tristeza crescia e mi salud menguaua, que nunca pense llegar biuo a Castilla, e despues que començe a entrar por mi camino, uinieronme tantas cosas a la fantasia, que no tuuiera por mal perder el seso, por perder el pensamiento dellas. Pero membrandome como no hauia ningun prouecho pensar más en ello, trabajaua conmigo quanto podia por me defender de traellas a la memoria. E assi trabajando el cuerpo en le camino, y el ánima en el pensamiento, llegué aqui a Peñafiel como Diego de Sant Pedro, do quedo besando las manos de uuestras mercedes.