ARGUMENTO
DEL QUINTO CANTO DEL GALLO

En el quinto, sexto y septimo cantos que se siguen el auctor debajo de vna graçiosa historia imita la parabola que Cristo dixo por San Lucas en el capitulo quince, del hijo prodigo. Verse ha en agraçiado estilo vn viçioso mançebo en poder de malas mugeres, bueltas las espaldas a su honrra, a los honbres y a Dios, disipar todos los doctes del alma, que son los thesoros que de su padre Dios heredó; y verase tambien los hechizos, engaños y encantamientos de que las malas mugeres vsan por gozar de sus laçivos deleytes por satisfazer a sola su sensualidad[405].

Miçilo.—Por çierto pessado tienen los gallos el primer sueño, pues con auerse entrado este gallo acostar dos horas antes que anocheçiesse no ha mostrado despertar.

Gallo.—No pienses, Miçilo, que avnque no canto que duermo, porque yo despierto estoy aguardando a que vengas de la çena al trabajar[406].

Miçilo.—Pues ¿porqué no cantas, que yo huuiera ya venido?

Gallo.—No canto porque avnque nosotros los gallos somos musicos de nacion, tenemos esta ventaja a los cantores[407] de allá: que nosotros tenemos tanto seso y cordura en nuestro canto que con el buen orden de nuestra musica gouernais vuestras obras como con muy çierto y reglado relox. Pero vuestros musicos cantan sin tiempo, orden y sazon, porque han de careçer de seso para bien cantar. Cantamos a la media noche, y esta no la es; y cantamos al alua por dar loores a Dios nuestro hazedor y criador.

Miçilo.—Pues ante todas cosas te ruego me digas: quando fueste capellan de aquel curazgo (que cura te podemos llamar) ¿como te sabias auer con tus ouejas? ¿Como sabias repastar tus feligreses? ¿Como te auias en su gouierno y confession? Porque no sé quien tiene mayor culpa, el cura proprio con[408] encomendar su ganado á vn honbre tan sin letras como tú, o tú en lo açeptar.

Gallo.—Qué quieres que te diga a eso sino lo que se puede presumir de mí? En fin yo lo hazia como todos los otros pastores merçenarios, que no tenemos ojo ni cuenta sino al proprio interes y salario, obladas y pitanças de muertos; y quanto a las conçiençias y pecados, quantos[409] quiera que fuessen graues no les dezía más sino: no lo hagas[410] otra vez; y esto avnque çien vezes me viniessen lo mesmo a confessar; y avn esto era quanto a los pecados claros, y que ninguna dificultad tenian. Pero en otros pecados que requerian algun consejo, estudio y miramiento disimulaua con ellos, porque no sabia yo más en el juizio de aquellas causas que sabia quando rodé por la montaña sobre Texo[411]. En fin en todo me auia como aquel merçenario que dize Cristo en el Euangelio, que quando ve venir el lobo a su ganado huye y lo desampara. Ansi en qualesquiera neçesidades y afrentas que al feligres se le ofreçiesse[412] me tocaua poco a mi, y menos me daua por ello.

Miçilo.—Dime, si en vna quaresma sabias que algun feligres estaua en algun pecado mortal, de alguna enemistad o en amistad viçiosa de[413] alguna muger, ¿qué hazias? No trabajauas por hazer a los vnos amigos, y a los otros vuscar medios honestos y secretos como los apartar del pecado?

Gallo.—Esos cuydados ninguna pena me dauan. Proprios eran del proprio pastor cura: viniesse a verlos y proueerlos. Comiasse él en cada vn año treçientos ducados que valia el benefficio paseandose por la corte, y auia yo de lleuar toda la carga por dos mil marauedis? No pareçe cosa justa.

Miçilo.—¡Ay de las almas que lo padeçian! Ya me pareçe que te auias obligado con aquella condiçion; que el cura su culpa pagara.

Gallo.—Dexa[414] ya esto; y quiero te contar vn aconteçimiento que passé en un tiempo, en el qual juntamente siendote graçioso verás y conoçerás la vanidad desta vida, y el pago que dan sus viçios y deleytes. Y tambien verás el estado en que está el mundo, y los engaños y laçiuia de las peruersas y malas mugeres, y el fin y daño que sacan los que a sus suçias conuersaçiones se dan; y viniendo al caso sabras, que en vn tiempo yo fue vn muy apuesto y agraçiado mançebo cortesano y de buena conuersaçion, de natural criança y contina residençia en la corte de nuestro Rey. Hijo de vn valeroso señor de estado y casa real; y por no me dar más a conoçer, basta, que porque haze al proçeso de mi historia te llego a dezir, que entre otros preuillejios y gajes que estauan anejos á nuestra casa, era vna compañia de çien[415] lanças de las que estan en las guardas del Reyno, que llaman hombres de armas de guarniçion. Pues passa ansi que en el año del señor de mil y quinientos y veynte y dos, quando los françesses entraron en el Reyno de Nauarra con gran poder, por tener ausente a nuestro prinçipe, Rey y Señor, se juntaron todos los grandes y señores de Castilla; guiando por gouernador y capitan general el condestable Don Yñigo de Velasco para yr en la defensa y amparo y restituçion de aquel Reyno, porque se auian ya lançado los françesses hasta Logroño; y ansi por ser ya mi padre viejo y indispuesto me cometio y dió el poder de su capitania con çedula y liçençia del Rey; y ansi quando por los señores gouernadores fue mandado mouer, mandé a mi sota capitan y alferez que caminassen con su estandarte, siendo todos muy bien proueydos y basteçidos por nuestra reseña y alarde; porque yo tenia çierto negoçio en Logroño en que me conuenia detener le mandé que guiassen, y por mi carta se pressentassen al Señor Capitan General, y yo quedé allí; y despues quando tuue acabado el negoçio parti con vn escudero mio que á la contina le lleuaba para mi conpañia y serviçio en vn roçin; y luego como entramos en[416] Nauarra fue auisado que las mugeres en aquella tierra eran grandes hechizeras encantadoras, y que tenian pacto y comunicaçion con el demonio para el effecto de su arte y encantamiento, y ansi me auisauan que me guardasse y viuiesse recatado, porque eran poderosas en peruertir los honbres y avn en conuertirlos en vestias y piedras si querian; y avnque en la verdad en alguna manera me escandalizasse, holgué en ser auisado, porque la neçedad como es regoçijada reçibe pasatiempo con semejantes cosas; y tanbien porque yo de mi cogeta fue affiçionado a semejantes aconteçimientos. Por tanto yua deseoso de encontrarme con alguna que me encantasse, y avn yua de voluntad y pensamiento de trocar por alguna parte de aquella arte el fauor del prinçipe y su capitania; y caminando vna mañana[417] yendo reboluiendo estas cosas en mi pensamiento, al bajar de vna montaña me apeé por estender las piernas, y tanbien porque descansasse algo mi cauallo, que començaua ya algo el sol a calentar; y ansi como fue apeado tirandole de las orejas y estregandole el rostro di la rienda a mi escudero Palomades que ansi se llamaua, mandandole[418] que caminasse ante mi; y en esto bolui la cabeça atras y veo venir tras mi vn honbre en vna vestia, el qual en su habito y trato luego que llegó me pareçió ser de la tierra; por lo qual y por holgar yo mucho de la conuersaçion le aguardé, y ansi llegando a mi me saludó; y por el semejante se apeó para bajar, y luego començé a le preguntar por su tierra y lugar, como en el camino suele aconteçer y él me dixo que era de una aldea pequeña que estaua vna legua de allí; y yo trabajaua meterle en conuersaçion presumiendo dél algun encogimiento, porque como aquella tierra estuuiesse al presente en guerras tratan con nosotros con algun recato no se nos osando confiar. Pero en la verdad aquel honbre no mostró mucha cobardia, mas antes demasiada liberalidad. Tanto que de sus hablas y razones façilmente juzgaras ser otra cosa que honbre, porque ansi con su habla me embelleñó que casi no supe de mi, y ansi del Rey y de la Reyna, y de la guerra de los françeses y castellanos venimos a hablar de la costumbre y bondad de la gente de la tierra, y el çiertamente vino a hablar en ello de buena voluntad. Començomela a loar de fertil y viçiosa, abundante de todo lo necesario, y yo dixe: hombre honrrado yo tengo entendido desta tierra todo el cunplimiento entre todas las prouinçias del mundo, y que la gente es de buena habilidad y injenio, y las mugeres veo tanbien que son hermosas y de apuesta y agraçiada representacion; y ansi él me replicó: por cierto, Señor, ansi es como sentis: y entre todas las otras cosas quiero que sepais que las mugeres, demas de su hermosura, son de admirable habilidad, en tanta manera que en saber exçeden a quantas en el mundo son. Entonçes yo le repliqué deseando saber de su sçiençia; importunandole me dixesse algo en particular de su saber; y él me respondió en tanta abundançia que toda mi atençion lleuaua puesta en lo que el dezia. Diziendo: señor, mandan el sol y obedeçe, a las estrellas fuerçan en su curso, y a la luna quitan y ponen su luz conforme a su voluntad. Añublan los ayres, y hazen si quieren que se huelle y paseen como la tierra. Al fuego hazen que enfrie, y al agua que queme. Hazense moças y en vn punto viejas, palo, piedra y vestia. Si les contenta vn honbre en su mano está gozar dellos[419] a su voluntad; y para tenerlos mas aparejados a este effecto los conuierten en diuersos animales entorpeçiendoles sus[420] sentidos y su buena naturaleza. Han podido tanto con su arte que ellas mandan y los honbres obedeçen, o les cuesta la vida. Porque quieren vsar de mucha libertad yendo de dia y de noche por caminos, valles y sierras a hazer sus encantos y a coxer sus yeruas y piedras, y hazer sus tratos y conçiertos. Lleuauame con esto tan traspuesto en si que ningun acuerdo tenia de mi quando llegamos al lugar; y cabalgando en nuestras vestias nos metimos[421] por el pueblo, y queriendo yo passar adelante me forçó con grande importunidad y buena criança que quisiesse apearme en su posada porque seruia a vna dueña valerosa que acostunbra reçebir semejantes caualleros en su casa de buena voluntad; y como fuesse llegada la hora del comer holgué de me apear. Salionos a reçebir vna dueña de alta y buena dispusiçion, y[422] avnque representaua alguna edad tenia ayre y desenboltura de moça, y en viendome se vino para mi con vna boz y habla halagüeña y muy de presto dispuso toda la casa y aparato con tanto seruiçio como si fuera casa de un principe o poderoso señor; y quando miré por mi guia no la vi; porque entrando en casa se me desapareçió; y segun pareçe por todo lo que passó antes y despues no puedo creer sino que aquella muger tenia aquel demonio por familiar en hábito y figura de honbre. Porque segun mostró en su habla, trato y conuersaçion no creo otra cosa, sino que le tenia para enbiarle a caza de hombres quando para su apetito y recreaçion le daua la voluntad. Porque ansi me cazó a mi como agora oyras. Luego como llegamos, con mil regalos y ofreçimientos dispuso la comida con grande aparato, con toda la diligençia y soliçitud posible; en toda abundançia de frutas, flores y manjares de mucho gusto y sabor, y los vinos muy preçiados en toda suauidad, seruidos de diuersas dueñas y donzellas, que casi pareçian diferentes con cada manjar. Tubome la fiesta en mucho regocijo y passatiempo en vna sala baja que caya sobre un huerto de frutas y de flores muy suabes; ya me pareçia que por poco me quedara alli, sino fuera porque ansi como en sueño me acordé de mi viaje y compañia, y aconsideré que corria gran peligro mi honrra si me descuydasse; y ansi sospirando me leuanté en pie proponiendo yr con la posible furia a cunplir con la guerra y luego boluerme a gozar de aquel parayso terrenal. Y ansi la maga por estar muy contenta de mi buena dispusiçion me propuso a quedarme aquella noche alli; diziendo que ella no queria, ni tenia quanta prosperidad y aparato poseya sino para seruir y hospedar semejantes caualleros. Prinçipalmente por auer sido su marido vn castellano de gran valor, al qual amó sobre todas las cosas desta vida, y ansi no podia faltar a los caualleros castellanos, por representarsele qualquiera dellos aquellos sus primeros amores que ella a la contina tenia ante sus ojos presente. Pero como avn yo no auia perdido del todo mi juizio y vso de razon trabajé de agradeçerle con palabras acompañadas de mucho cumplimiento y criança la merçed que me hazia; con protestaçion que acabada la guerra yo vernia con mas libertad a la seruir. No le pessó mucho a la maga mi defensa como esperaua antes de la mañana satisfazerse de mi mucho a su voluntad; y ansi me dixo: pues señor, presupuesto que teneis conoçido el deseo que tengo de os seruir, y confiando que cumplireis la palabra que me dais, podreis hazer lo que querreis; y por mas os seruir os daré un criado mio que os guie quatro leguas de aqui, donde os vays a dormir con mucho solaz. Porque tengo alli una muy valerosa sobrina que tiene vn fuerte y muy hermoso castillo en vna muy deleytosa floresta que estará quatro leguas de aqui, llegando esta noche allí, no perdiendo xornada para vuestro proposito, por ser mia la guia y por la graçia de mi sobrina que tiene por costunbre[423] hospedar semejantes caualleros, como yo, os hospedará, y allí pasareis esta noche mucho a vuestro contento y solaz; yo le bessé las manos por tan gran merçed, la qual açepté; y luego salió el viejo que me truxo allí cabalgando en vn rozin y despidiendome de la maga[424] començamos a caminar. Fuemos hablando en muchos loores de su señora, que nunca acabaua de la engrandeçer. Pues dixome: Señor agora vays a este castillo donde vereis vna donzella que en hermosura y valor exçede a quantas en el mundo ay; y demandandole por su nonbre, padres y calidad de estado me dixo él: eso haré yo, señor, de muy buena voluntad de os dezir, porque despues desta mi señora a quien yo agora siruo no creo que ay en el mundo su igual, y a quien con mejor voluntad deseasse ni deua yo seruir por su gran valor; y ansi Señor, sabed[425] que esta donzella fue hija de vn señor natural desta tierra, del mejor linaje que en ella ay, el qual se llamaua el gran varon; y por su hermosura y linaje fue demandada de muchos caualleros de alta guisa, ansi desta tierra como de Francia y Castilla, y a todos los menospreçió proponiendo de no casar con otro sino con el hijo de su rey; y siendo tratadas entre ellos palabras de matrimonio respondió el Rey de Nauarra que tenia desposado su hijo con la segunda hija del Rey de Françia, y que no podia faltarle la palabra. Por lo qual sintiendo ella afrenta no auerle salido çierto su deseo, por ser dama de alta guisa propuso de nunca se casar hasta oy; y ansi por auer en su linaxe dueñas muy hadadas que la hadaron, es ella la mas hadada y sabia muger que en el mundo ay. En tanta manera que por ser tan sabia en las artes la llaman en esta tierra la donzella Saxe hija del gran varon; y ansi hablando en esto fuemos a entrar en vna muy hermosa y agraçiada floresta de mucha y deleytable arboleda. Por la qual hablando en estas[426] y otras muchas cosas caminamos al pareçer dos leguas hasta que casi se acabó el dia. Y ansi casi media hora antes que se pusiesse el sol llegamos a vn pequeño y muy apazible valle donde pareçia que se augmentaua mas la floresta con muchos jazmines altos y muy graçiosos naranjos que comunicauan en aquel tiempo su oloroso azahar, y otras flores de suabe y apazible olor. En el medio del qual valle se mostró vn fuerte y graçioso[427] castillo que mostraua ser el parayso terrenal. Era edificado de muy altas y agraçiadas torres de muy labrada canteria. Era labrado de muy relumbrante marmol y de jaspes muy finos, y del alabastro y del musayco y moçaraues muy perfetos y otras piedras de mucha estima[428]. Pareciome ser dentro de exçeso sin conparaçion más polido, pues de fuera auia en el tanta exçelençia. Y ansi fue que como llamamos a la puerta del castillo y por el portero fue conoçida mi guia fueron abiertas las puertas con mucha liberalidad, y entramos a vn ancho patio; del qual cada cuadro tenia seys colunas de forma jonica, de fino marmol, con sus arcos de la mesma piedra, con vnas medallas entre arco y arco que no les faltaua sino el alma para hablar. Eran las imagines de Piramo y Tisbe, de Philis y Demophon; de Cleopatra y Marco Antonio. Y ansi todas las demas de los enamorados de la antiguedad; y antes que passe adelante quiero que entiendas que esta donzella Saxe de que aqui te contaré, no era otra sino la vieja maga que en el aldea al comer me hospedó. La qual como le pareçiesse que no se aprouechara de mi en su casa tan a su plazer como aqui, tenia por sus artes y industrias del demonio esta floresta y castillo y todo el seruiçio y aparato que oyras, para holgar con quien queria noches y dias como te contaré. Por el friso de los arcos del patio yua vna gruesa cadena dorada que salia releuada en la canteria, y vna letra que dezia:

«Quantos van en derredor,
son prisioneros de amor».

Auia por todo el torno ricas imagines y piedras del Oriente, y auia en los corredores altos gruesas colunas enteras de diamante, no sé si verdadero o falso, pero oso juzgar que no auia mas bella cosa en el mundo. Por lo alto de la casa auia terrados de muy hermosos y agraçiados edefiçios, por los quales andauan lindas y hermosas damas vestidas de verde y de otros amorosos colores, con guirnaldas en las cabezas, de rosas y flores, dançando a la muy suaue musica de arpas y dulçaynas que les tañian sin pareçer quién. Bien puede qualquiera que aqui entre afirmar que fuesse aqui el parayso o el lugar donde el amor fue naçido: porque aqui ni entra, ni admiten en esta compañia cosa que pueda entristeçer, ni dar passion. No se vsa[429] aqui otra[430] cosa sino[431] juegos, plazeres, comeres, danzar, vaylar y motexar. Y otras vezes juntas damas y caualleros cantar musica muy ordenada, que juzgaras estar aqui los angeles en contina conuersaçion y festiuidad. Nunca alli entró cana, arruga, ni vejez; sino solamente juuentud de doze hasta treynta años, que se sepa comunicar en todo deleyte y plazer. En esta casa siempre es abril y mayo, porque nunca en todo el año el suaue y templado calor y fresco les falta; porque aquella diosa lo dispone con su arte a medida de su voluntad y neçesidad. Acompañanla aqui a la contina muy valerosas damas que ella tiene en su compañia de su linaxe, y otras por amistad, las quales atraen allí caualleros que vienen en seguida de su valor. Estos hazen la corte mas vfana y granosa que nunca en casa de Rey ni emperador tan adornada de cortesania se vio. Porque solamente entienden[432] en inuençiones de traxes, justas, danças y vayles; y otras a la sonbra de muy apazibles arboles nouelan, motejan, rien con gran solaz; qual demanda questiones y preguntas de amores; hazer sonetos, coplas, villançicos, y otras agudeças en que a la contina reçiben plazer. Por lo alto y por los xardines, por çima de chopos, fresnos, laureles y arrayanes, buelan calandrias, sirgueros, canarios y ruyseñores que con su musica hazen suaue melodia. Estando yo mirando toda esta hermosura ya medio fuera de mi, se me pusieron delante dos damas más de diuina que de humana representaçion porque tales pareçian en su habito, modo y gesto; que todas venian vestidas como de casa real. Trayan muy ricos requamados, joyas y piedras muy finas; rubies, esmeraldas, diamantes, balajes, zafires, jaçintos y de otras infinito numero que no cuento. Estas puestas ante mi con humilde y agraçiado semblante, auiendoles yo hecho la cortesia que a tales damas se les deuia, con muy cortés razonamiento me ofreçieron el hospedaje y seruiçio de aquella noche de parte de la señora del castillo; y yo auiendo açeptado la merçed con hazimiento de graçias, me dixeron estar me aguardando arriba; y ansi dexando el cauallo a mi escudero me guiaron por el escalera. Avn no auiamos acabado de subir quando vimos a la bella Saxe que venia por el corredor, la qual con aquella cortesia y semblante me reçibió como si yo fuera el Señor de todo el mundo, y ansi fue de toda aquella y trihunfante y agraçiada corte tan reuerençiado y acatado como si yo fuera todo el poder que los auia de mandar. Era aquel palaçio tan adornado y exçelente, y tan apuesta aquella bienauenturada[433] compañia que me pareçe que mi lengua la haze injuria en querertelo todo pintar. Porque era ello todo de tanto aparato y perfecçion, y mi injenio de tan poca eloquençia que es neçesario que baje su hermosura y grandeza muy sin comparaçion. Muchos abria a quien yo contasse esta historia que por su poca esperiençia les pareçiese[434] manera de fingir. Pero esfuerçome a te la pintar a ti Miçilo más en la verdad que puedo porque tengo entendido de tu cordura que con tu buen crédito debajo destas toscas y cortas palabras entenderas lo mucho que quiero sinificar. Porque ciertamente era aquella corte y compañia la más rica, la más hermosa, agraçiada y generosa que en el mundo nunca fue: ni lengua humana con muy alta y adornada eloquençia nunca podria encareçer, ni pluma escreuir. Era toda de florida y bella edad, y sola entre todas venia aquella mi bella diosa relumbrando como el sol entre todas las estrellas, de belleza estraña. Era su persona de miembros tan formados quanto pudiera con la agudeza de su ingenio pintar aquel famoso Apeles con su pinçel. Los cabellos luengos, rubios y encrespados; trançados con vn cordon de oro que venia a hazer una injeniosa laçada sobre el lado derecho de donde colgaua vn joyel que no auia juizio que le bastasse estimar[435]. Traya los carrillos muy colorados de rosas y jazmines, y la frente pareçia ser de vn liso marfil; ancha, espaciosa, llana y conueniente, que el sol hazia eclipsar con su resplandor. Debajo de dos arcos de çejas negras como el fino azabache le estan baylando dos soles piadosos a alunbrar a los que los miran, que pareçia estar amor jugando en ellos y de alli disparar tiros gentiles con que visiblemente va matando a qualquier hombre que con ellos echa de ver. La nariz pequeña y afilada, en que naturaleza mostró su perfeçion. Muestrasse debajo de dos pequeños valles la chica boca de coral muy fino, y dentro della al abrir y çerrar de un labrio angelical se muestran dos hylos de perlas orientales que trae por dientes. Aqui se forman çelestiales palabras que bastan ablandar coraçones de diamante. Aqui se forma vn reyr tan suaue que a todos fuerça a obedeçer. Tenia el cuello redondo, luengo y sacado, y el pecho ancho, lleno y blanco como la nieue, y a cada lado puesta en él vna mançana qual siendo ella diosa pudiera poner en si para mostrar su hermosura y perfeçion. Todo lo demas que secreto está, como cuerdo puedes juzgar corresponder a lo que se muestra de fuera en la mesma proporçion. En fin en edad de catorçe años escogió la hermosura que naturaleza en vna dama pudo dar. Pues visto lo mucho que te he dicho de su veldad no te marauillarás, Miçilo, si te digo que de enamorado de su belleza me perdi; y encantado salí de mí, porque depositada en su mano mi libertad me rendí a lo que de mí quisiesse hazer.

Miçilo.—Por cierto no me marauillo, Gallo, si perdiesses el juizio por tan estremada hermosura, pues a mi me tiene encantado en solo te lo oyr.

Gallo.—Pues andando ansi, como al lado me tomó, siguiendonos toda aquella graçiosa compañia, me yua ofreçiendo con palabras de toda cortesania á su subjeçion: proponiendo nunca querer ni demandar libertad, teniendo por aueriguado que todo el mereçer del mundo no podia llegar a poseer joya de tan alto valor; y avn juzgaua por bienanenturado al que residiendo en su presençia se le diesse sola su graçia sin mas pedir. Hablando en muy graçiosos requiebros, faboreçiendome con vnos ofreçimientos muy comedidos: vnas vezes por mi persona, otras diziendo que por quien me embiaua alli. Entramos a vna gran sala adornada de muy sumptuosa y estraña tapiçeria: donde al cabo della estaua vn gran estrado, y en el medio dél vn poco más alto, que mostraua alguna differencia que se daua algo a sentir, estaua debajo de un rico dosel de brocado hecho el asiento de la bella Saxe con muchos coxines, debajo del qual junto consigo me metio; y luego fue lleno todo el estrado de graçiosas damas y caualleros, y començando mucha musica de menestriles se començo vn diuino serao. Y despues que todos aquellos galanes huuieron dançado con sus damas muy a su contento y yo con la mia dançé, entraron en la sala muchos pajes con muy galanes libreas, con hachas en sus manos, que los guiaua vn maestresala que nos llamó a la çena; y leuantandose todos aquellos caualleros, tomando cada qual por la mano a su dama fuemos guiados por vna escalera que deçendia sobre vn vergel, donde estaua hecho vn paseo debajo de vnos corredores altos que cayan sobre la gran huerta; el qual paseo era de largo de doçientos pies. Eran todas las colunas de verdadero jaspe puestas por muy gentil y agraçiado órden; todas çerradas de arriba abajo con muy entretexidos gazmines[436] y rosales que dauan en aquella pieza muy suave olor, con lo[437] que lançauan de si muchos clabeles y albahacas y naranjos que estauan çerca de alli. Estaua vna mesa puesta en el medio de aquella pieza que era de largo çien pies, puestos los manteles, sillas y aparato, y ansi como deçendimos a lo bajo començó a sonar grandissimo numero y differençia de musica: de trompetas, cheremias, sacabuches, dulçaynas, flautas, cornetas y otras muchas differençias de sonajas muy graçiosas y apazibles que adornauan mucho la fiesta y engrandeçian la magestad y enchian los coraçones de mucha alegria y plazer. Ansi se sentaron todos aquellos caualleros y damas en la mesa, vna dama con vn cauallero por su órden; y luego se començo la çena a seruir, la qual era tan sumptuosa y opulenta de viandas y aparato de oro, plata, riqueza y seruiçio que no hay injenio que la pueda descreuir en particular.

Miçilo.—Alguna parte della nos falta agora aqui.

Gallo.—Fueron alli seruidos en oro y plata todos los manjares que la tierra produçe y los que el ayre y el mar crian, y los que ha inquirido por el mundo la ambiçion y gula de los hombres sin que la hambre ni neçesidad lo requiriesse. Seruian a las manos en fuentes de cristal agua rosada y de azahar; y el vino en perlas cabadas muy grandes, y no se preçiauan[438] alli de beuer uinos muy preçiados de Castilla; pero traidos de Candia, de Greçia y Egipto. Eran las mesas de çedro coxido del Libano, y del çipres oloroso asentadas sobre peanas de marfil. Los estrados y sillas en que estauamos sentados al comer eran labradas a manera de taraçes de gemas y jaspes finos; los asientos y respaldares eran de brocado y de muy fino carmesi de Tiro.

Miçilo.—¡O gallo! qué sabroso me es este[439] tu canto: no me pareçe sino que poseo al presente el oro de aquel rico Midas y Creso, y que estoy asentado a las opulentas mesas del emperador Eliogabalo. Querria que en çien años no se me acabasse esta bienaventurança en que agora estoy. Mucho me entristeze la miseria en que pienso venir quando amanezca.

Gallo.—Todos aquellos caualleros entendian con sus damas en mucho regoçijo y palaçio, en motejarse y en discantar donayres y motes y sonetos de amores: notandose vnos a otros de algunos graçiosos descuydos en las leyes del amor. La mi diosa puesta en mí su coraçon me sacaua con fabores y donaires á toda cortesania. Cada vez que me miraua, agora fuesse derecho, agora al traues, me encantaua y me conuertia todo en si sacandome de mi natural. Sentime tan preso de su gran valor que no pudiendo disimular le dixe: ¡O señora! no más. Piedad, señora, que ya no sufre paçiençia que no me dé a merçed. Como fueron acabadas las viandas y alçadas las mesas, cada qual se apartó con su dama sobre tapetes y coxines de requamados de diuerso color. Donde en el entre tanto que se llegaua la hora del dormir ordenaron vn juego para su solaz. El qual era: que cada qual con su dama muy secreto y á la oreja le[440] preguntasse lo que más se le antoje; y la primera y mas prinçipal ley del juego es: que infalibremente se responda la verdad. Fue este juego gran ocasion y aparejo para que entre mí y mi diosa se declarasse[441] nuestro deseo y pena: porque yo le pregunté conjurandola con las leyes del juego, me diga en quien tuuiesse puesta su fe, y ella muy de coraçon me dixo, que en mí. Con la qual confession se çerró el proçeso, estando ella segura de mi voluntad y amor; y ansi conçertamos que como yo fuesse recogido en mi camara en el sosiego de la obscura noche, ella se yria para mi. Con esta promessa y fe se desbarató el juego de acuerdo de todos, y ansi pareçieron muchos pajes delante con hachas que con su lunbre quitauan las tinieblas, y hazian de la noche dia claro, y despues que con confites, canelones, alcorças y maçapanes y buen vino hezimos todos colaçion: hecha por todos vna general reuerençia, toda aquella graçiosa y exçelente corte mostrando quererme acompañar se despidio de mi; y hecho el deuido cunplimiento á la mi bella dama, dandonos con los ojos á entender la palabra que quedaua entre nos, me guiaron las dos damas que me metieron en el castillo hasta vna camara de entoldo y aparato çelestial, donde llegado aquellas dos diosas con vn agraçiado semblante se despidieron de mí. Dexaronme vn escudero y vn paje de guarda que me descalçó, y dexando vna vela ençendida en medio de la camara se fueron, y yo me deposité en vna cama dispuesta á todo deleyte y plazer, entre vnos lienços que pareçia auerlos hilado arañas con todo primor. Olia la camara á muy suabes pastillas: y la cama y ropa á agua de angeles y azahar; y quedando yo solo puse mi sentidos y oreja atento todo á si mi diosa venia. Por muy poco sonido que oya me alteraua todo creyendo que ella fuesse, y como me hallase engañado no hazia sino enbiar sospiros que la despertassen y luego de nueuo me recogia con nueua atençion midiendo los passos que de su aposento al mio podia auer. Consideraua cualquiera ocupaçion que la podia estorbar; lebantauame de la cama muy pasito y abria la puerta y miraua á todas partes si sentia algun meneo o bulliçio, o via alguna luz: y como no via cosa alguna con gran desconsuelo me boluia acostar. Deshaziame de zelos sospechando por mi poco mereçer, si burlandose de mí estaua en los brazos de otro amor, y estando yo en esta congoja y fatiga estaua mi diosa aparejandose para venir con la quietud de la noche: no porque tiene neçesidad de aguardar tiempo, pues con echar en todos vn sueño profundo lo podia todo asegurar. Pero por encareçerme á mí más el preçio de su valor, y la estima que de su persona se deuia tener, aguardaua haziendoseme vn poco ausente, estando siempre por su gran poder y saber ante mí; y quando me vi más desesperado siento que con vn poco de rumor entre la puerta y las cortinas me comiença pasito á llamar, y yo como la oy, como suele aconteçer si alguno ha peleado gran rato en vn hondo pielago con las malezas que le querian ahogar, y ansi afanando sale asiendose á las espadañas y ramas de la orilla que no se atreue ni se confia dellas porque se le rompen en las manos, y con gran trabajo mete las uñas en el arena por salir, ansi como yo la oy á mi señora y mi diosa salto de la cama sin sufrimiento alguno: y recogiendola en los[442] braços me la comienço á bessar y abraçar. Ella venia desnuda en vna delgada camisa: cubiertos sus delicados mienbros con vna ropa sutil de çendal, que como las rosas puestas en vn vidrio toda se trasluzia. Traya sus hermosos y dorados cabellos cogidos con vn graçioso y rico garbin, y dexando la ropa de acuestas, que avn para ello no le daua mi sufrimiento lugar, nos fuemos en vno á la cama. No te quiero dezir más sino que la lucha de Hercules y Anteo te pareçiera alli. Tan firmes estauamos afferrados como puedes imaginar de nuestro amor: que ninguna yedra que á planta se abraza podia compararse á ambos á dos. Venida la mañana la mi diosa se leuantó: y lo más secreto que pudo se fue á su aposento, y luego con vn su camarero me enbió vn vestido de recamado encarnado con vnos golpes sobre vn tafetan azul, tomados con vnas cintas y clauos de oro del mesmo color; y quando yo senti el palaçio estar de conuersaçion me leuanté y atauié y salí á la gran sala donde hallé vestida á la mi diosa de la mesma librea, que con amoroso donayre y semblante me reçibió; á la qual siguieron[443] todos aquellos cortesanos por saber que la hazian mucho plazer; y ansi cada dia mudauamos ambos dos y tres libreas de vna mesma deuisa y color á vna y otra vsança, de diuersidad de naciones y prouinçias; y luego todos nos fuemos a ver muy lindos y poderosos estanques, riberas, bosques, jardines que auia en la casa para entreternos hasta que fue llegada la hora del comer. La qual como fue llegada y el maestresala nos fue a llamar boluimos a la gran sala: donde estaua todo aparejado con la mesma sumptuosidad que la noche passada; y ansi conmençando la musica començo el seruiçio del comer; fuemos seruidos con la mesma magestad y aparato que alli estaua en costunbre, y despues como fue acabado el yantar y se leuantaron las mesas quedamos todos hablando con diuersas cosas, de damas, de amores, de fiestas, justas y torneos. De lo qual venimos a hablar en la corte del Enperador Carlos Quinto deste nonbre nuestro Rey y señor de Castilla. En la qual platica me quise yo mostrar adelantandome entre todos por engrandeçer su estado y magestad, pues de mas de ser yo su vasallo, por lleuar sus gajes era mi Señor. Lo qual todos aquellos caualleros y damas oyeron con atençion y voluntad, y algunos que de su corte tenian notiçia proseguian comigo en la prueba de mi intento; y como mi diosa me conoçió tan puesto en aquel proposito, sin darme lugar a muchas palabras me dixo. Señor, porque de nuestra corte y hospedaje vayas contento, y porque ninguno deste parayso sale desgraçiado, quiero que sepas agora como en esta nuestra casa se honrra y se estima ese bienauenturado prinçipe por Rey y Señor. Porque nuestra progenie y deçendençia tenemos por derecha linea de los Reyes de Castilla; y por tales nos trataron los reyes catholicos don Fernando y doña Ysabel, dignos de eternal memoria; y como fuesse de tanto valor ese nieto suyo por los buenos hados que se juntaron en él, esta casa siempre le ha hecho gran veneraçion, y ansi vna visabuela mia que fue en esta tierra la más sabia muger que en ella nunca naçió en las artes y buen hado, se empleó mucho en saber los suçesos deste valeroso y inclito prinçipe, y ansi edificó vna sala muy rica en esta casa y todo lo que con sus artes alcançó en vna noche lo hizo pintar alli; y porque en ninguna cosa aquella visabuela mia mintió de quanto alli hizo a sus familiares pintar conforme a lo que por este feliçissimo prinçipe pasara, te lo mostraré hecho por muy gran orden doçientos años ha. Alli verás su buena fortuna y su buen hado de que fue hadado, por las grandes vatallas que en tiempos aduenideros vençerá, y gentes belicosas que traera a su subjeçion; y diziendo esto se leuantó de donde estaua sentada, y con ella yo y toda aquella corte de damas y caualleros que por el semejante lo deseauan ver, y ansi nos fuemos todos donde nos guió, que como con vna cadena nos lleuaua tras si. Y porque ya pareçe, Miçilo, que es tarde y tienes gana de dormir, porque siento que es ya la media noche, quiero por agora dexar[444] de cantar; y porque pareçe que nos desordenamos cantando a prima noche, nos boluamos a nuestra acostunbrada hora de nuestra cançion, que es quando el alua quiere romper, porque es mas conforme a nuestro natural; y ansi para el canto que se sigue quedará lo demas.

Miçilo.—¡O gallo! quan fuera de mi me has tenido con esta tu sabrosa cançion de comida y aparato sumptuoso; y nosotros no tenemos más de cada quatro habas que comer oy. Solamente quisiera tener el cargo de limpiar aquella plata y oro que alli se ensuçió, por gozar alguna parte del deleyte que reçiben estos ricos en lo tratar. Ruegote que no me dexes de contar lo que en el fin te suçedió; y agora, pues quieres, vamonos a dormir.

Fin del quinto canto del gallo de Luçiano.