En el septimo canto que se sigue el auctor concluyendo la parabola del hijo prodigo finge lo que comunmente suele aconteçer en los mançebos que aburridos de vn viçio dan en meterse frayles; y en el fin del canto se descriue vna famosa cortesana ramera[480].
Gallo.—Despierta Miçilo, oye y ten atençion, que ya te quiero mostrar el fin, suçeso y remate que suelen tener todas las cosas desta vida: cómo todos los deleytes y plazeres van a la contina a parar en el hondo pielago del arrepentimiento, verás la poca dura que los plazeres desta vida tienen, y cómo quando el hombre buelve sobre si halla auer perdido mucho mas sin comparaçion que pudo ganar.
Miçilo.—Di, gallo; que muy atento me tienes a tu graçiosa cançion.
Gallo.—Pues vibiendo yo aqui en tanto deleyte, tanto plazer, tan amado, tan seruido y tan contento que pareçia que en el parayso no se podia el gozo y alegria más comunicar, de noche toda la passaua abraçado con mi diosa; y de dia yuamonos a estanques, riberas de rios y muy agraçiadas y suaues fuentes, a bosques, xardines, huertos y vergeles, y todo genero de deleyte, á pasear y solazar en el entretanto que se llegauan las horas del çenar y comer. Porque para esto tenia por su arte en sus huertas y tierra grandes estanques y lagunas en las quales juntaua todos quantos generos de pescados ay en el mar. Delfines, atunes, rodaballos, salmones, lampreas, sabalos, truchas, mulos marinos, congrios, marraxos, coraçinos, y otros infinitos generos de pescados: los quales puestos alli a punto echando los ançuelos o redes, los hazia façilmente caer para dar plazer a los amantes. Demas desto tenia muy deleytosos vosques de laureles, palmas, çipreses, platanos, arrayanes, çedros, naranjos y frescos chopos y muy poderosos y sombrios nogales y otras espeçies de arboles de gran rama y ocupaçion. Y todos estos estauan entretexidos y rodeados de rosas, jazmines, azuçenas, yedras, lilios y de otras muy graçiosas flores y olorosas que junto a vnas perenales y vibas fuentes hazian vnas suaues carçeles y unos deleytosos escondrixos aparejados para encubrir qualquier desman que entre damas y caualleros hiziesse el amor. Por aqui corrian muy mansos conejos, liebres, gamos, çieruos: que con manos, sin corrida, los caçaba cada qual. En estos plazeres y deleytes me tubo çiego y encantado esta maga un mes o dos: no teniendo acuerdo, cuenta, ni memoria de mi honrra y fe deuida a mi prinçipe y Señor, el tiempo perdido, mi viaje y compañia, ni de la ocasion que me truxo alli; y ansi vn dia entre otros (porque muchos dias, ni lo podia ni osaua haçer) me bajé solo a vn jardin por me solazar con alguna libertad, y de alli guiado no sé por qué buen destino que me dio, traspuesto fuera de mí, sin tener miramiento ni cuenta con la tierra, ni con el çielo, con el sereno, nublo, ni sol, el alma sola traspuesta en si mesma yua traçando en manera de eleuamiento y contenplaçion la ventaja que los deleytes del çielo tenían a los de por acá; y ansi passé de aquel jardin a vn espeso y çerrado vosque sin mirar por mi; y por vna angosta senda caminé hasta llegar a vna apazible y deleytosa fuente que con vn graçioso corriente yua haciendo vn sonido por entre las piedras y yernas que sacaua los honbres de si: y con el descuydo que llegué alli me arrimé a vn alto y fresco arrayan, el qual como los mienbros descuydados y algo cansados derroqué sobre el començo a gemir; y como quien soñando que se ahoga, o está en algun peligro despierta, ansi con gran turbaçion bolui sobre mí. Pero torneme a sosegar quando consideré estar en tierra y casa donde todas las cosas causan admiraçion, y el manjar en el plato acontece hablar; y como sobre el arrayan mas el cuerpo cargué, tornó con habla humana a se quexar diziendo: tente sobre ti, no seas tan cruel; y yo como le oy que tan claro habló leuantéme de sobre él y él me dixo: no temas ni te marauilles, Señor, que en tierra estas donde has visto cosas de mas espanto que verme hablar á mi; y yo le dixe: deesa, o ninpha del voscaxe, o quien quiera que tu seas, perdona mi mal comedimiento; que bien creo que tienes entendido de mi que no he hecho cosa por te ofender. Que la inorançia y poca esperiençia que tengo de ver espiritus humanos cubiertos de cuerpos y corteças de árboles me han hecho injuriar con mis descuydados mienbros tu diuinidad. Ansi los buenos hados en plazer contino effectuen tu dichoso querer, y las çelestiales estrellas se humillen a tu voluntad, que me hables y comuniques tu humana boz, y me digas si agora o en algun tiempo yo puedo con algun beneffiçio purgar la offensa que han hecho mis miembros a tu diuino ser. Que yo juro por vida de mi amiga aquella que morir me haze, de no reusar trabajo en que te pueda seruir. Declarame quien eres y qué hazes aqui. Respondiome él: No soy, señor, yo deesa, ni ninpha del vosque; no sé cómo me has tan presto desconoçido, que soy tu escudero Palomades. Pero no me marauillo que no me conozcas, pues tanto tienpo ha que no te acuerdas de mi ni te conoçes a ti. Como yo oy que era mi escudero quedé confuso y sin ser, y ansi con aquella mesma confusion me le fue abraçar deseoso de le tener con quien a solas razonar, como con él solia yo tener otros tiempos en mi mas contina conuersaçion. Pero ansi abraçando ramas y hojas y troncos de arrayan le dixe; ¿que es esto mi Palomades? ¿quien te encarceló ay? Respondióme: mira, señor, que esta tierra donde estás los arboles que ves todos son como yo. Tal costumbre tiene la señora que te tiene aqui, y todas las damas y dueñas que en su compañia estan. Sabe que esta es vna maga encantadora, treslado y trasumpto de Venus y otras rameras famosas de la antigüedad. Ni pienses que obo otra Cyrçes, ni Morganda, ni Medea; porque a todas estas exçede en laçiuia y engaños que en el arte magica se pueden saber. Esta es la huespeda que bajando la sierra nos hospedó; y con la guia nos enbió á este castillo y vosque fingiendo nos enbiar a su sobrina la doncella Saxe. Pero engañonos, que ella mesma es; que por gozar de tu moçedad y loçana juuentud haze con sus artes que te parezca su vejez tan hermosa y moça como agora está. Y ansi como me dexaste en el patio quando entramos, aqui fue depositado en poder de otra vieja hechizera que con regalos quiso gozar de mi; y ansi la primera noche ençendida en su luxuria me descubrio todo este engaño y su dañada y peruersa intinçion; çiega y desuenturada pensando que yo nunca della me auia de partir. No pretenden estas maluadas sino hartar su laçiuia con los honbres que pueden auer; y luego los dexan y vuscan otros de quien de nueuo gozar, y hartas, porque los honbres no publiquen su torpeza por allá conuiertenlos en arboles y en cosas que ves por aqui; y para effectuar su peruersa suçiedad tienen demonios ministros que de çien leguas se los traen quando saben ser conuenientes para su mal proposito; y ansi viendome mi encantadora desgraçiado y descontento de sus corruptas costumbres y que andaua deseoso para te auisar, trabajaron por me apartar de ti, y avn porque no huyesse me conuertieron desuenturado en esta mata de arrayan que aqui ves, sin esperança de salud; y ansi han hecho a otros valerosos caualleros con los quales ya con sus artes y engaños satisfizieron su suçiedad, y despues los conuertieron en arboles aqui. Ves alli el que mandó la casa de Guevara conuertido en aquel çipres; y aquel nogal alto que está alli es el que mandó la casa de Lemos despues del de Portogal; y aquel chopo hermoso es el que gouernó la casa de Cenete antes del de Nasao. Y aquel platano que da alli tan gran sonbra es uno de los prinçipales Osorios. Aqui verás Mendoças, Pimenteles, Enrriques, Manrriques, Velascos, Stuñigas y Guzmanes; que despues de largos años han quedado penitençiados por aqui. Buelue, buelue, pues, señor, y abre los ojos del entendimiento; acuerdate de tu nobleza y linaxe. Trabaja por te libertar; no pierdas tan gran ocasion. No bueluas allá; huye de aqui. Estuue por gran pieza aqui confuso y enbobado, que no sabia qué hablar a lo que me dezia mi escudero Palomades; y como al fin en mí bolui y con los ojos del entendimiento aduerti sobre mí, echeme de ver; y hallé que en mi habito y natural era estrañado de mi ser. Halleme todo afeminado sin pareçer en mi ni semejança de varon: lleno de luxuria y de viçio; untado el rostro y las manos con vnguentos, colores y açeites con que las rameras se suelen adornar para atraer a si a la diuersidad de amantes, principalmente si en la mesma calle y vezindad ay dos que la vna está con la otra en porfia. Traya vn delicado y polido vestido que a su modo y plazer me auia texido la mi maga por más se agradar, con muy gentil aparato y labor. Lleuaua vn collar rico de muy preçiadas piedras de Oriente y esmaltes que de ambos hombros cuelga hasta el pecho; llenos de anillos los dedos, y dos braçaletes en cada braço que pareçian axorcas de muger. Traya los cabellos encrespados y anillados[481] ruçiados y vntados con aguas y açeytes olorosos y muy preçiados. Traya el rostro muy amoroso y bello, afeytado a semejanza de los mançebos que en Valençia se vsan y quieren festejar. En conclusion por el rostro, semblante y dispusiçion no huuiera honbre que me conoçiesse sino fuera por el nombre; tan trocado y mudado tenia todo mi ser. Luego como mirandome vital y de capitan fiero estimado me hallé conuertido en viçiosa y delicada muger, de verguença me quise morir; y se me cayeron las hazes en el suelo sin osar leuantar los ojos avn a mirar el sol; marchicho[482], confuso y sin saber qué dezir; y en verdad te digo que fue tanta la verguença que de mi tenia y el arrepentimiento y pessar que en mi spiritu entró que mas quisiera estar so tierra metido que ofreçerme a ojos de alguno que ansi me pudiera ver. Pensaua dónde yria; quién me acogeria; quien no se reyria y vurlaria de mi. Lastimauame mi honrra perdida; mis amigos que me aborreçerian; mis parientes que me huyrian. Comienço en esto tan miserable y cuytadamente a llorar, que en lagrimas me pensaua conuertir. Dezia: ¡o malditos y miserables[483] placeres del mundo, qué pago tan desuenturado dais. ¡O pluguiera a Dios que fuera yo a la guerra y mil vezes muriera yo allá antes que auer yo quedado en este deleyte acá! Porque con la muerte hubiera yo hecho la xornada mucho a mi honrra; y ansi quedando acá muero çien mil vezes de muerte vil sin osar pareçer. He faltado a mí, a mi prinçipe y señor. Por muchas vezes miré por el rededor de aquella fuente por ver si auria alguna arma, o instrumento de fuerça con que me poder matar; porque la mi maga de armas y de animo me pribó; y ansi con esta cuyta me bolui al arrayan por preguntar a mi compañero si auia dexado sus armas por alli, siquiera por poder con ellas caminar y por me defender si alguna de aquellas malas mugeres saliesse a mi; y como junto a si me vio començo a darme grandes bozes; huye, huye, señor, que ya aparejado el yantar anda la tu maga muy cuydadosa a te vuscar; y si te halla aqui sospechosa de tu fe tomará luego vengança cruel de ti. Porque esto vsan estas malauenturadas de mugeres por más que amen; si alguno les falta y hierra no fian del honbre más, y nunca se acaban de satisfazer; porque sienpre quieren muy hartas de todos trihunfar; y ansi alçando mis faldas al rededor començe con grande esfuerço a correr cara donde sale el sol; yua huyendo, sudando, cansado y caluroso, boluiendo a cada passo el rostro atras. Plugo a los mis bienauenturados hados que auiendo corrido dos horas, avnque con gran fatiga y dolor por aquel vosque espeso çerrado de aspereça y matorral, en fin, sali de la tierra de aquella mala muger; porque a qualquiera honbre que con efficaz voluntad quiere huyr de los viçios le ayuda luego Dios; y como fuera me vi, humillado de rodillas, puestas las manos al çielo, con animo verdadero demandé perdon dando infinitas graçias a Dios por tan soberana merçed. Senteme a vna fuente que vi alli; la qual avnque no tenia al rededor aquella deleytosa sombra de aquellas arboledas y rosas que estauan en el vosque de la encantadora, me dio a mi mayor deleyte y plazer, por ofreçerseme a mayor neçesidad; y tomando con las manos agua me començé á labar el rostro, cabeza y boca por echar de las venas y huesos el calor inmenso que me abrasaua; y ansi desnudandome de todas aquellas delicadas ropas y atauios me ayreé y refresqué, proponiendo de en toda mi vida más me las vestir. Arrojé por aquel suelo collar, oro y joyas que saqué de aquel Babilon; pareçiendome que ningun dia por mí pasó mas bienauenturado que aquel en que ansi me vi muerto de hambre y sed. Temia aquellos arreos y delicadeças no me tornassen otra vez a encantar; pareçiendome tener en si vn no sé que, que aun no me dexauan[484] del todo boluer en mi; y ansi lo mas pobre y sençillo que pude començe á caminar poniendo mil protestaçiones y juras sobre mí de nunca yr donde honbre me pudiesse conoçer; yendo por aquellos caminos y soledad me deparó Dios vn pastor que de pura piedad con pan de çenteno y agua de vn barril me mato hambre y sed; y por acabar de echar de mi del todo aquellos enbeleñados vestidos hize trueque con algunos andraxos que él me quiso dar. Pues con aquella pobre refeçion llegué ya casi que anocheçia a vn monesterio de frayles de San Bernardo que estaua alli en vn graçioso y apazible valle; donde apiadandome el portero, lo mejor que pude me albergué, y luego a la mañana trabajé con toda afabilidad y sabor a los comunicar y conuersar, pareçiendome a mi que de buena voluntad me quedaria aqui si me quisiesen reçebir. Pero como las guerras acabauan en aquella sazon en aquella tierra, pareçiendoles que yo huuiese sido soldado y que por no ser bueno venia yo ansi, no se osauan por algunos dias del todo fiar; pero por pareçerme que aquel lugar y estado era conveniente para mi proposito y neçesidad, trabajé con mucha humildad y bajeza a los asegurar continuando en ellos mi seruiçio quanto pude; y ansi passados algunos dias, ya que se començaron a fiar me obligué a los seruir. Barriales las claustras y iglesia; y tanbien seruia al comer en[485] la mesa de compaña porque luego no pude mas; y despues andando el tiempo pedíles el habito y como me vieron algo bien inclinado plugoles de me le dar con intinçion que fuesse para los seruir.
Miçilo.—De manera que te obligauas por sclauo de tu voluntad.
Gallo.—Por çierto de mayor seruidunbre me libró Dios quando de poder de la maga me escapó[486]. Que lo que peor es que entrando los hombres alli luego se comiençan a peruertir. Que todos quantos en aquella orden ay todos entran ansi; y luego tienen pensamiento y esperança de venir a mandar.
Miçilo.—Buena intinçion lleuais de seruir a Dios.
Gallo.—¿Pues qué piensas? Todo es ansi quanto en el mundo ay. Luego me dieron cargo de la limpieça del refitorio, compañero del refitolero.
Miçilo.—Entonces holgarte yas mucho en gozar de los relieues de todos los vasos de los frayles.
Gallo.—Pues como yo aprobé algunos años en este offiçio començaron me a ordenar. En fin, me hizieron de misa.
Miçilo.—Grandes letras lleuauas.
Gallo.—Lleuaua todas las que aquellos vsan entre si; y yo luego començe a desemboluerme y endereçar la cresta y fue subiendo por sus grados, que quando ubo vn año que fue de misa me dieron la porteria; y a otro año me dieron el cargo de zillerero.
Miçilo.—¿Que offiçio es esse?
Gallo.—Proueer todo el mantenimiento de casa.
Miçilo.—Gran offiçio era ese, gallo, para te faltar; a osadas que no estuuiesses atado a nuestra pobre raçion.
Gallo.—Entonces cobré yo en la casa muchos amigos: y gané mucho credito con todos de liberal; porque a ninguno negué nada de todo quanto pidiesse. Porque siempre trabajé que a costa ajena ninguno se quexasse de mi; y ansi me hizieron prior.
Miçilo.—Fuera de todas esas cosas; en lo que tocaua a la orden mucho trabajo se deue de tener.
Gallo.—Antes te digo que no ay en el mundo estado donde más sin cuydado ni trabajo se goze lo bueno que el mundo tiene; si algo tiene que bueno se pueda dezir. Porque tres cosas que en el mundo se estiman las tienen alli los frayles mejores que las gozan todos los hombres. La primera es el comer ordinario; la segunda son los aposentos en que viben, y la terçera es el credito y buena opinion. Porque a casa de qualquiera prinçipe, o señor que vays, todos los honbres han de quedar a la puerta aguardando para negoçiar; y el frayle ha de entrar hasta la cama; y a ningun honbre dará vn señor vna silla, ni le sentará a su mesa sino vn frayle quanto quiera que sea de todo el monesterio el mas vil.
Miçilo.—Tú tienes mucha razon; y ansi me marauillo como ay honbre cuerdo que no se meta frayle.
Gallo.—Al fin mis amigos me eligieron por abbad.
Miçilo.—¡O cómo gozarias de aquel su buen comer y beber y de toda su bienauenturança! Pero dime ¿en que te ocupauas siendo abbad?
Gallo.—Era muy amigo de edificar y ansi hize dos arcos de piedra muy fuertes en la bodega; porque estaua cada dia para se nos hundir; y porque vn refitorio que teniamos bajo era frio, hize otro alto de muy ricos y hermosos artesones y molduras; y vna sala muy sunptuosa en que comiessen los huespedes.
Miçilo.—¿Pues no tenias alguna recreacion?
Gallo.—Para eso tenia la casa muchas casas en riberas de plazer, donde auia muy poderosos cañales y hazeñas.
Miçilo.—Dime gallo ¿con los ayunos tienen los frayles mucho trabajo?
Gallo.—Engañais os; porque en ninguna orden ay mas ayunos que vosotros teneis seglares[487], sino el auiento; y este ayuno es tal que siempre le deseamos que venga; porque vn mes antes y aun dos tenemos de recreaçion para auerle de ayunar. Vamonos por las granjas, riberas, deesas y huertas que para esto tiene la orden muy granjeado y adereçado; y despues venido el auiento a ningun frayle nunca mataron avnque no le ayunasse. Que a todo esto dizen: tal por ti qual por mi[488].
Miçilo.—El contino coro de maytines y otras horas no daua passion?
Gallo.—El contino coro por pasatiempo le teniamos y a los maytines con vn dolor de cabeza que se fingiesse no van a ellos en vn mes. Que hombres son como vosotros acá.
Miçilo.—Por çierto eso es lo peor y lo que mas es de llorar. Pues si eso es ansi, que ellos son honbres como yo ¿de qué tienen presunçion? ¿De solo el habito han de presumir?
Gallo.—Calla, Miçilo, que muchos dellos pueden presumir de mucha sanctidad y religion que en ellos ay. Que en el mundo de todo ha de auer; que no puede estar cosa en toda perfeçion.
Miçilo.—Espantado me tienes, Gallo, con lo mucho que has passado, lo mucho que has visto, y la mucha esperiençia que tienes; y prinçipalmente con este tu cuento[489] me has dado mucho plazer y admiraçion; yo te ruego no me dexes cosa por dezir. Dime agora ¿en qué estado y naturaleza viuiste después?
Gallo.—Quiero te dezir del que más me acordare conforme á mi memoria; porque como es la nuestra mas flaca que ay en el animal no te podre guardar orden en el dezir. Fue monja, fue ximio, fue auestruz, fue vn pobre Timon, fue vn perro, fue un triste y miserable seruidor[490], y fue vn rico mercader; fue Icaro Menipo el que subió al çielo y vió allá a Dios.
Miçilo.—Dese Icaro Menipo he oido mucho dezir, y de ti deseo saber más del, porque mejor que ninguno sabras la verdad.
Gallo.—Pues mira agora de quién quieres que te diga, que en todo te quiero complazer.
Miçilo.—Aunque al presente vurles de mí ¡o ingeniossissimo gallo! con tu admirable y fingido cuento[491] te ruego me digas: luego como te desnudaste del cuerpo de frayle, de cúyo cuerpo te vestiste?
Gallo.—El de vna muy honrrada y reuerenda monja; avnque vana como es el natural de todas las otras.
Miçilo.—¡O valame Dios! que conueniençia tienen entre si capitan, frayle y monja? De manera que fue tiempo en el qual tú, generosissimo gallo, te atauiauas y lauauas y ungias como muger; y tenias aquellas pesadunbres, purgaçiones y miserias que tienen todas las otras. Marauillome como pudiste subjetar aquella braueza y orgullo de animo con que regias la fiereza de tus soldados, a la cobardia y flaqueza de la mujer; y no de qualquiera, pero de vna tan afeminada y pusilanime como una monja; que demas de su natural, tiene profesada cobardia y paçiençia.
Gallo.—¿Y deso te marauillas? Antes te hago saber que yo fue aquella famosa ramera Cleopatra egipçia hermana de aquel barbaro Tholomeo que hizo cortar la cabeça al gran Pompeo quando vençido de Julio Cesar en la Farsalia se acogió á su ribera; y otro tienpo fue en Roma vna cortesana llamada Julia Aspassia mantuana en tienpo del papa Leon deçimo. Que en loçania y aparato exçedia a las cortesanas de mi tienpo; y ansi tuve debajo de mi dominio y subjeçion a todos quantos cortesanos auia en Roma desde el mas graue y ançiano cardenal, hasta el camarero de monseñor. Pues cómo te marauillaras si vieras el brío y desdeño con que solia yo a todos tratar! Pues qué si te dixesse los engaños, fingimientos y cautelas de que yo vsaua para los atraer; y despues quanto injeniaua para los sacar la moneda que era mi vltimado[492] fin. Solamente querria que el tienpo nos diese lugar a te contar quando fue vna ramera de Toledo en España. Que te quisiera contar las costunbres y vida que tuue desde que naci; y prinçipalmente como me ube con vn gentil mançebo mercader y el pago que le di.
Miçilo.—¡O mi eloquentissimo gallo! que ya no mi sieruo sino mi señor te puedo llamar, pues en tienpos[493] de tu buena fortuna no solamente çapateros miseros como yo, pero tuuiste debajo de tu mando reyes y Cesares de gran valor. Dime agora, yo te ruego, eso que propones, que con affecto te deseo oyr.
Gallo.—Pues tú sabras que yo fue hija de vn pobre perayre en aquella çiudad de Toledo, que ganaua de comer pobremente con el trabajo contino de vnas cardas y peynes; que ya sabes que se hazen en aquella çiudad muchos paños y bonetes; y mi madre por el consiguiente viuia hylando lana; y otras vezes labando paños en casa de hombres ricos mercaderes y otros çiudadanos.
Miçilo.—Semejantes mujeres salen de tales padres: que pocas vezes se crian bagasas de padres nobles.
Gallo.—Eramos vn hermano y yo pequeños, que él auia doze años y yo diez; ni mi madre nunca tubo mas; y yo era mochacha bonica y de buen donayre y çiertamente cobdiçiosa de pareçer a todos bien; y ansi como fue creçiendo de cada dia más me preçiaua de mi y me yua apegando a los honbres; y ansi avn en aquella poca edad qualquiera que podia me daua vn alcançe, o empellon, de qual que pellizco en el braço, o trauarme de la oreja o de la barua. De manera que pareçia que todos trabajauan por me madurar, como quien dize a pulgaradas, y yo me vine saboreando y tascando en aquellos saynetes que me sabian como miel; y ansi vn moço del cardenal Fray Françisco Ximenez de Çisneros, que viuia junto a nosotros me dio vnos zarçicos de plata y vnas calças y seruillas con que me començé a pulir y a pisar de puntillas. Alçaua la cofia sobre las orejas y traya la saya corta por mostrarlo todo; y ansi començé yo a gallear, andar y mirar con donayre, el cuello erguido, y no me dexaua tanbien hollar de mi madre; que por qualquiera cosa que me dixesse la haçia rostro rezongando a la contina y murmurando entre dientes, y cuando me enojaua luego la amenaçaua con aquel cantar diziendo: Pues bien, para esta; que agora veniran los soldados de la guerra, madre mia, y lleuarme han; y ansi suçedió como yo quería. Que en aquél tienpo determinó el cardenal Fray Françisco de Çisneros emprender la conquista de Oran en Africa, y haziendo gente todos me combidauan si queria yo yr allá, y acosaronme tanto que me hizieron dezir que si, y ansi aquel moço de casa del Cardenal dió notiçia de mí a vn gentil honbre de casa que era su amo, que se llamaua Françisco de Vaena que yua por Capitan; el qual sobre çiertas conueniençias y capitulos que comigo firmó, y en mi ombligo selló, se encargó de me llenar, y porque era mochacha pareçiole que yria yo en el habito de paje con menos pesadunbre; y ansi me vistió muy graçiosamente sayo y jubon de raso de colores y calças con sus tafetanes, y me puso en vna muy graçiosa acanea, y como la partida estuuo a punto, dando cantonada a mis padres, me fue con él. Aqui te quisiera dezir cosas marauillosas que passauan entre sí los soldados, pero porque avn abrá tiempo y proposito quiero proseguir en lo que començé. Aqui supe yo mil auisos y donayres y gentilezas; las cuales aprendí porque otras muchas mugeres que yuan en la compañia las tratauan y hablauan con el alferez, sargento y caporal y con otros offiçiales y gentiles honbres delante de mí, pensando que era yo varon. En fin yo amaestrada deseaua boluer ya acá para viuir por mi y tratar a mi plazer con mas libertad; porque no podia hablar todo lo que queria en aquel habito que me vistió; que por ser zeloso el capitan no me dexaua momento de junto a si, y mandóme que sopena de muerte a ninguno descubriesse ser muger. Pues suçedió que en vna escaramuça que se dio a los moros fue mal herido el capitan, y mandandome quanto tenia murio; y por dudar el suçeso de la guerra y pensando que avnque los nuestros huuiessen vitoria y diessen la çiudad a saco más tenia yo ya saqueado que podia saquear, me determiné boluer a España antes que fuesse de algun soldado entendida; y ansi me concerté con vn mercader que en vna carauela lleuava de España al real prouision, que me huuiesse de passar; y ansi cogido mi fato, lo mas secretamente que pude me passé, y con la mayor priessa que pude me bolui a mi Toledo, donde en llegando supe que mi padre era muerto; y como mi madre me vió me reçibió con plazer, porque vió que yo venia razonablemente proueyda: que de más de las ropas de seda muchas y muy buenas que hube del Capitan, traya yo doçientos ducados que me dixo que tenia en vna bolsa secreta al tienpo de su muerte. De lo qual todo me vestí bien de todo genero de ropas de dama al vso y tiempo muy gallardas y costosas, y por tener ojo a ganar con aquello más. Hize vasquiñas, saboyanas, verdugados, saltaenbarca, nazarena, reboçiños, faldrillas, briales, manteos, y otras ropas de paseo, de por casa, de raso, de tafetan y de chamelote; y quando lo tube a punto nos fuemos todos tres a Salamanca, que ya era my hermano buen moço y de buena dispusiçion, y en aquella çiudad tomamos una buena casa en la calle del Prior. Donde llamandome doña Hieronima de Sandoual, en dos meses que allí estuue gané horros çien ducados entre estudiantes generosos y caualleros naturales del pueblo; y como supe que la corte era venida a Valladolid enbié a mi hermano que en vna calle de conversaçion me tomasse vna buena posada, y él me la alquiló de buen reçebimiento y cunplimiento en el barrio de San Miguel. Donde como llegamos fuemos reçebidos de vna huespeda honrrada con buena voluntad. Aqui mi madre me recató mucho de todos quantos auia en casa, diçiendo que ella era vna bibda de Salamanca, muger de vn cauallero defunto, y que venia en vn gran pleyto por sacar diez mil ducados que auia de auer para mi de docte, de la legitima de mi padre que tenia vsurpado un tio mío que suçedió en el mayorazgo; y yo ansi me recogi y me escondi con gran recatamiento que ninguno me pudiesse ver sino en açecho y asalto; y ansi la huespeda començo a publicar que estaua alli vna linda donzella, hija de vna viuda de Salamanca, muy rica y hermosa a marauilla, proçediendo con quantos hablaua en el cuento de mi venida y estado; y tanbien ayudó a lo publicar vna moça que para nuestro seruiçio tomamos; y yo en vna ventana baja de vna sala que salia a la calle hize vna muy graçiosa y vistosa zelosía, por donde a la contina azechaua mostrandome y escondiendome, dando a entender que a todos queria huyr y que no me viessen.[494] Con lo qual a todos quantos cortesanos passauan daua ocasion que de mi estado y persona procurassen saber; y algunas vezes parandome muy atauiada a vna ventana grande, con mi mirar y aparato, a las vezes haziendo que queria huyr, y a las[495] vezes queriendome mostrar fingiendo algunos descuydos, ponia a todos más[496] deseo de me ver. Andaua ya gran multitud de seruidores, caualleros y señores de salua enbiando presentes y seruiçios y ofreçimientos, y a todos mi madre despedia diziendo que su hija era donzella y que no eramos mugeres de palaçio y passatiempo, que se sufria herrar; que se fuessen con dios. Entre todos quantos en mi picaron se adelantó más vn mançebo mercader estrangero rico, gentil honbre y de gran aparato: era en fin como le deseaua yo. Este más que ninguno otro se arriscó, a se me ofrecer trabajando todo lo posible porque yo le diesse audiençia; y como la moça le inportunaua sobre muchos mensajes, musicas y seruiçios y contino pasearme la puerta, alcançó de mi que yo le huuiesse de oyr, y sobre tienpos tasados y aplazados le falté mas de veynte vezes diziendo que mi madre no lo auia de sauer; y en el entretanto ningun mensaje le reçebia que no me lo pagaua con el doblo: que çamarro, saboyana, pieza de terciopelo, joyel, sortixa: de manera que ya que vna noche a la hora de maytines le vine a hablar por entre las puertas de la calle sin le abrir, me auia dado joyas de mas de doçientos ducados. En aquella vez que allí le hablé yo le dixe que en la verdad yo era desposada con un cauallero en Salamanca, y que agora esperaua auer la sentencia de los diez mil ducados de mi docte, y que aguardaua a mi esposo que auia de venir a me uer: por lo qual le rogaua yo mucho que no me infamasse, que daria ocasion de gran mal; y el pobre mançebo desesperado de salud lloraua y maldeziase con gran cuyta, suplicandome puesto de rodillas en el suelo ante las puertas çerradas que le diesse liçençia como vn dia se viesse delante de mi, que le pareçia no desear otra beatitud; y yo mostrandome algo piadosa y como por su gran importunidad le dixe: Señor, no penseis ni espereis de mí, que por todos los tesoros del mundo haria cosa que menoscabasse mi honrra y honestidad; pero eso que me pedis alcançadlo vos de mi señora, que podra[497] ser que lo haga yo. Con esta palabra se consoló en tanta manera que pareçió entonces de nueuo[498] resucitar, porque entendio della dezirla yo con alguna parte de affiçion sino que ser yo donzella y niña me causaua tener sienpre aquel desden, y no me atreuer a más liberalidad; y ansi me despedi dexandole a la puerta sollozcando y sospirando, y sin ninguna[499] pena ni cuydado me fue a dormir, y porque estuuiesse mi madre auisada de lo que se deuia hazer le conté lo que la noche passó. Luego por el dia proueyo mi seruidor para mi casa todo lo que fue menester, enbiando a suplicar a mi madre le diesse liçençia para la venir a visitar, y ella le enbió a dezir que viniesse pero que fuesse con tanto auiso y miramiento que no peligrasse nuestra honrra, y que antes ella le deseaua hablar por aduertirle de lo que nos conuenia, y que ansi le encomendaua viniesse cuando fuesse anocheçido, y que la huespeda no le[500] sintiesse; y ansi él vino anocheçiendo y entró con tanto recatamiento como si escalara la casa del rey.
Miçilo.—Dime, gallo, ¿porqué te detenías tanto y hazias tantos encareçimientos?
Gallo.—Poco sabes deste menester. Todo esto que yo hazia era para ençenderle más el apetito; para que le supiesse más el bocado de la manzana que le esperaua dar. Que avn mucho más se le encareçí como verás. Pues como mi madre le reçibió se sentó en la sala con él diziendole: señor, yo os he deseado hablar por pediros de merçed que pues publicais que teneis affiçion a mi hija doña María, no la hagais obras que sean su destruiçion. Porque ya creo que, señor, sabreis, y sino quiero os lo dezir, que yo fue muger de vn valeroso cauallero de Salamanca de los mejores Maldonados; del qual me quedó vn hijo y esta hija que es la lunbre de mys ojos; y sabed que mi marido poseyó vn cuento de renta mientra viuio; porque su padre dispuso en su testamento que le poseyesse él por su vida por ser mayor; y que siendo él muerto suçediesse el hijo menor, hermano de my marido[501], con tal condiçion que diesse a cada vno de los hijos que quedassen al mayor çinco mil ducados; y sino se los quisiese dar que suçediesse en ello el hijo mayor adelante en su linea; y ansi el hermano de mi marido se ha metido en el mayorazgo y no quiere dar los diez mil ducados que deue a mis dos hijos; y ansi ha dos años que pleyteo con él, donde espero la segunda sentençia que es final en esta causa, que se dará antes de diez dias. En cuya confiança yo desposé a mi hija con vn cauallero muy prinçipal de aquella çiudad, mandandole los diez mil ducados en docte porque mi hijo le[502] haze donaçión de los suyos si yo le diese agora quinientos[503] ducados, porque va a Rodas por la encomienda[504] de San Juan, y está todo el despacho hecho del Rey y de su informaçion. Agora, señor hijo, yo os he querido hablar por dos cosas. Lo primero suplicaros que os tenpleis en vuestro ruar; porque cada dia esperamos al esposo de doña Maria; y si él venido tomasse sospecha de vos seria tomar vn siniestro que la echassedes a perder; y lo segundo que os quiero suplicar es que hagais esta buena obra a doña Maria mi hija, pues todo es para su remedio y bien, que nos presteis estos quinientos[505] ducados para con que enbiemos mi hijo de aqui: que yo os haré vna cédula de os los pagar auida agora la sentençia y execuçion; y en lo demas mi hija y yo estamos aqui para os lo servir; que no será ella tan ingrata que visto el bien que la hazeis no huelgue de os hazer el plazer que querreis; y diciendo esto le tomó mi madre por la mano y me le metio a vna camara donde yo estaua con una vela rezando en vnas Horas, y la verdad que te diga estaua rogando al demonio açertase mi madre en su petiçion; y como le[506] vi entrar fingi alguna alteraçion[507], y mirando bien le reçebí con mi mesura; y él mostró quererme[508] bessar el pie, y auiendo algo hablado en cosas uniuersales de la corte, del Rey, de las damas y caualleros, traxes y galanes, saliendose mi madre me dexó sola con él. El qual se fue luego para mí trabajando por me bessar, pero yo me defendí por gran pieza hasta que mi madre entró y le sacó afuera diziendo que le queria hablar, y él se le quexó mucho de mi desabrimiento y desamor jurando que me daria toda su hazienda si le quisiesse complazer. Mira, Miçilo, si el detenerme como tú antes me reprehendias si me aprouechó.
Miçilo.—Por çierto, artifiçial maestra estauas ya.
Gallo.—Pues mira mi madre como acudió, que luego le dixo: Señor es niña y teme a su esposo, y nunca en tal se vio. Ella me obedeçera si le mando que se meta en vna cama con vos. Pues echandose á los pies de mi madre le dixo: hazedlo vos, Señora, por las plagas de Dios, que yo os daré quanto querais, y ansi fueron luego entre si conçertados que él le daria los quinientos ducados, y que mi madre le hiziesse la çedula de se los pagar dentro de vn mes; y que ella hiziesse que yo dormiesse vna noche con él, y ansi quedó que para la noche siguiente se truxiessen los dineros y hecha la çedula me diessen en rehenes a mi, y ansi en ese otro dia entendimos en aparejar lo que se deuia de hazer. Que pagamos la huespeda y despedimos la casa diçiendo que en anocheçiendo nos auiamos de yr, y comprando mi hermano vn par de mulas le auisamos de todo lo que auia de hazer. Pues luego venida la noche vino el mercader a lo conçertado que avn no se le coçia el pan, y nos dió luego los quinientos[509] ducados y mi madre le hizo la çedula a su contento[510] de se los pagar dentro de vn, mes, y luego se aparejó la çena qual el nouio la proueyó; la qual acabada con mucho contento suyo nos metió mi madre en mi camara y çerró por defuera, y el se desnudó suplicandome que me acostasse con él, y yo dezia llorando con lagrimas que no haria a mi esposo tan gran traiçion, y él se leuantó y asiendo de mi se mostró enojar a porfia[511] conmigo, y yo por ninguna fuerça le quise obedeçer, pero lloraua muy vivas lágrimas, y él tomando a requerirme por bien; y yo ni por bien ni por mal, y ansi auiendo pasado alguna parte de la noche en esta porfia oymos llamar a la puerta de la calle con furia, sintiendo gran huella de caualgaduras, y era mi hermano que traya las mulas en que auiamos de partir, y entonçes mostrando alteraçion dixele que estuuiesse atento. Estando ansi hyrio mi madre a la puerta de la camara con furia y entrando dixo: ¡ay hija! que tu esposo es venido y preguntando por ti sube a te[512] ver, y diziendo esto tomamos ambas a mi seruidor, y ansi en camisa con vna espada en la mano le hezimos salir por vna recamara a un corredor que para este caso auiamos quitado unas tablas del suelo, y como él entró por alli con intinçion de se recoger hasta ver el suçeso, al primer passo cayó en vn corral, de donde no podia salir por estar çerrado al rededor; y luego yo vestiendome de todos los vestidos de mi galan, que me conoçian ya porque en ellos me crié, y despedidos de la huespeda los vnos a los otros no nos vimos mas hasta oy. De aqui nos fuemos a Seuilla y a Valençia, donde hize lançes de grande admiraçion.
Miçilo.—Espantado me tienes ¡o gallo! con tu osadia y atreuimiento con que acometias semejantes hazañas. Que la flaqueza de ser muger no te encogia el animo a temer el[513] gran peligro en que ponias tu persona?
Gallo.—¿Qué diçes, Miçilo, flaqueza y encogimiento de animo? Pues más de veras te espantaras de mi quando yo fue Cleopatra: si me vieras con quanto estado y magestad me presenté ante Julio Cesar quando vino en Egipto en seguimiento de Pompeo, y[514] vieras vn vanquete que le hize alli para le coger[515] la voluntad, y que si me vieras en vna vatalla que di a Octauiano Çesar junto al promontorio de Leucadia, donde estuuo la fortuna en punto de poner en mi poder a Roma. En la qual mostre bien con mi ardid y desemboltura varonil la voluntad y ánimo que tuue de vençer las vanderas Romanas y lleuar delante de mi trihunfo a[516] Çesar vençido. Todo esto quiero dexar para otro tiempo en que tengamos mas lugar; y agora quiero te dezir de quando fue monja, lo qual por ser ya venido el dia en el canto que se sigue proseguiré.
Fin del séptimo canto del gallo.