ARGUMENTO
DEL HONZENO CANTO[643].

En el honzeno canto que se sigue el auctor imitando a Luçiano en el libro que intituló de Luctu habla de la superfluidad y vanidad que entre los cristianos se vsa en la muerte, entierro y sepoltura. Descriuesse el entierro del marques del Gasto, Capitan general del Emperador en la Ytalia; cosa de muy
de notar[644].

Miçilo.—Ya estoy, Gallo, a punto aguardando para te oyr lo que me prometiste en el canto passado: por tanto comiença tú a dezir, y yo a trabajar, y confia de mi atençion.

Gallo.—Por çierto no tengo yo, Miçilo, menos voluntad de te conplazer que tú de oyr; y ansi porque tengamos tiempo para todo vengamos a lo que me demandaste ayer. Que me pediste te dixesse como honbre experimentado algo de la muerte, pues por esperiençia tanto puedo yo dezir; y ansi ante todas cosas quiero que tengas por aueriguado esta conclusion; que en la muerte no ay qué temer.

Miçilo.—Pues ¿porqué la huyen todos?

Gallo.—Porque toda cosa criada se desea conseruar, y ansi procura resistir su corruçion.

Miçilo.—¿Qué, no ay dolor en la muerte?

Gallo.—No en verdad. Quiero que lo veas claro, y para esto quiero que sepas que no es otra cosa muerte sino apartamiento del anima y cuerpo: el qual se haze en un breue punto, que es como solemos dezir, en vn abrir y çerrar de ojo. Avn es mucho menos lo que llaman los philosophos instante: lo qual tú no puedes entender. Esto presupuesto quiero te preguntar; ¿quándo piensas que la muerte puede dar dolor? No dirás que le da antes que el alma se aparte del cuerpo; porque entonçes la muerte no es; y lo que no es no puede dar dolor. Pues tanpoco creo que dirás que la muerte da dolor despues de apartada el alma del cuerpo; porque, entonçes no ay subjeto que pueda el dolor sentir; porque entonçes el cuerpo muerto no puede sentir dolor; ni el alma apartada tiene ya porqué se doler. Pues muy menos dirás que en aquel punto que se aparta el alma del cuerpo se causa el gran dolor; porque en vn breue punto no se puede causar tan terrible dolor, ni se puede mucho sentir, ni mucho puede penar. Quanto más que esto que digo que es muerte, no es otra cosa sino careçer del alma que es la vida; y careçer (que los philosophos llaman pribaçion) no es cosa que tiene ser; es nada; pues lo que nada es y no tiene ser ¿cómo puede causar dolor? Ansi que claro está si bien quieres mirar, que la muerte no tiene qué temer, pues solo se auia de temer el dolor; el qual ves que no ay quien le pueda entonçes causar; y ansi de mí te sé dezir, como aquel que habla bien por esperiençia, que nunca la muerte me dio dolor; ni nunca yo la sentí. Pero con todo esto quiero que notes que ay dos maneras de muerte: vna es violenta; que estando sano y bueno el hombre, por fuerça o caso, o por violençia se la dan. Como si por justiçia degollassen, o ahorcassen vn honbre. Desta tal muerte bien se podra dezir que el que la padeçe sienta algun dolor; porque como el paçiente está sano y tenga todos los sentidos sanos y enteros es ansi que al passar del cuchillo por la garganta, o al apretar de la soga en aquel punto que sale el alma por causa de la herida se le dé pena; y no qualquiera pena, pero la mayor que en esta vida vn honbre pueda padeçer y sentir, pues es tan grande que le baste[645] matar. Pero ay otra manera de muerte que llamamos natural, la qual viene al honbre por alguna larga enfermedad y indispusiçion, o por la vltima vejez. Esta tal çiertamente no da dolor; porque como el enfermo se va llegando a la muerte vansele suçesiuamente entorpeçiendo los sentidos y mortificandosele todos, de manera que quando viene a salirsele el alma ya no ay sentido que pueda sentir la partida si algun dolor vsasse[646] causar. Que de otra manera ¿quien dubda sino que el honbre haria al tienpo del morir gestos, meneos y visajes en que mostrasse naturaleza que le diesse alguna pena y dolor la muerte? Mas antes has de tener[647] por verdad, que ansi como en las cosas que os perteneçen y conuienen de parte de vuestra naturaleza no se reçibe ninguna pena ni trabajo al tienpo que las effectuamos[648], mas antes todos los animales nos holgamos y nos plaze ponerlas en obra y exerçiçio porque naturaleza nos dio potençias y organos y instrumentos conque sin pesadunbre alguna las pudiessemos exerçitar. Pues desta mesma manera como la muerte nos sea a todos los honbres cosa natural, quiero dezir, que los[649] conuiene de parte de su[650] naturaleza; porque todos los honbres y animales nacieron mortales y[651], no se les puede excusar, ansi deues presumir, y avn creer, que la muerte natural no solamente no causa dolor, pero avn consuela y reçibe el alma gran plazer en se libertar y salir desta carçel del cuerpo y yr a vibir mejor vida. Porque la verdad este morir no es acabar sino passar desta vida a otra mejor, y de aqui viene a los honbres todo su mal y dolor al tiempo del morir, por careçer de fe con que deuen creer que esto es verdad. Porque aquellos bienauenturados[652] martires que con tanto regoçijo se ofreçian a la muerte ¿de dónde piensas que les venia? sino que tenian por mas çierto lo que creyan por fe de los buenos que Dios les promete, que los tormentos y muerte que vian presentes aparejados para padeçer. Que no ay cosa más fáçil que el morir. Ni cosa de más risa que veros hazer de la muerte caudal. Prinçipalmente siendo cristianos que auiades de demandarla, y venida tomarla con gran plazer.

Miçilo.—Por çierto mucho me has consolado, Gallo, con las verdades que me has persuadido; y tanto que estoy muy esforçado para quando a Dios pluguiere de me llevar desta uida: pues voy a viuir para sienpre jamas.

Gallo.—Pues si esto es ansi, qué cosa es que vosotros siendo cristianos hagais tanta cuenta al tienpo de vuestra muerte, de acumular y juntar todas vuestras honrras para allí? Avn ya quando estais sanos y con salud, que os procureis honrrar no es gran marauilla, porque estais en el mundo y haçeis lo que de presente se goza dél. Pero al tienpo de la muerte, la rica sepoltura y la ponpa funeral, tanto luto, tanta çera, tanto clerigo, tanta cruz, tanta conpaña[653]; con tanta solenidad; tanto acompañamiento de tanto noble, guardado el tienpo y lugar que cada qual ha de llenar; con aquella pausa, orden, passo y grauedad como si os llevassen a bodas. Pues todo esto ¿qué es sino memoria y honrra mundana? Que vean grandes aparatos, y lean grandes rótulos: Aqui yaze sepultado, etc. Que si vos sois más rico que otro y teniades mejor casa, bien consiento que tengais mejor sepoltura. Pero que gasteis en vuestra muerte grandes aparatos y hagais rica sepoltura diziendo que es obra muy sancta y muy cristiana, desengañaos, que mentis. Que antes es cosa de gentilidad; que con sus estatuas querian dexar memoria eterna. Hazeis gran honrra a vuestro cuerpo en la muerte viendo que peligra el alma de vuestro proximo por pobreza en la vida. Por Dios, Miçilo, que estoy espantado de ver las neçedades y bobedades que los honbres teneis y vsais en este caso, que no puedo sino aueros lastima; porque he yo visto muchas vezes reyrse destas cosas mucho los angeles y Dios. ¡O si vieras en el año de mil y quinientos y quarenta y seys quando enterraron al marques del Gasto, Capitan general del Emperador en la Ytalia!; porque vn lunes, honze dias del mes de Abril que murió, me hallé yo en Milan; ¡quan de veras te rieras alli! Estaban los Sanctos del çielo que de risa querian rebentar.

Miçilo.—Hazme agora tanto plazer que pues te hallaste alli me cuentes algo de lo que passó.

Gallo.—Temome Miçilo, que no acabaremos oy. Porque dexada la braueza de lo que en el testamento de su exçelençia se podia dezir de rey, menos te podras contener en lo que toca a la ponpa funeral, que no cabrá en diez pliegos de papel.

Miçilo.—Ruegote mucho que me digas algo de lo que passó en el entierro; porque en lo del testamento no te quiero fatigar.

Gallo.—Yo te quiero conplazer. En el nonbre de Dios. Murio su exçelençia el domingo ya casi a la noche; y luego con la diligençia posible se dispuso lo neçesario que tocaua al aparato y lutos; que no quedó en toda la çiudad offiçial, ni en gran parte de la comarca, que supiesse de sastreria, o de labrar çera o carpenteria que no tuuiesse mucho en qué entender toda aquella noche del domingo y el lunes adelante hasta la hora de las dos que el cuerpo de su exçelençia salio del palaçio para la iglesia mayor[654]. Primeramente yban delante la[655] clereçia, quinientos niños de dos en dos, vestidos de luto con capirotes en las cabezas cada vno con vna hacha ençendida en la mano, de çera blanca, con las armas de su exçelençia cosidas en los pechos.

Miçilo.—Quánto mejor fuera que aquella limosna de vestido y hacha fuera secreta y cosida entre Dios y el coraçon de su exçelençia, y el mochacho se quedara en casa; tuuiera en aquella hacha aquel dia y otros quatro qué comer.

Gallo.—Despues destos yban çiento y diez cruzes grandes de madera, con çinco velas en cada vna hincadas en vnos clauos que estauan en las cruzes como se acostunbra en Milan en semejantes ponpas funerales.

Miçilo.—Deuian de llenar tantas cruzes porque el diablo si viene por el muerto más huye de muchas que de vna.

Gallo.—Seguia luego a las cruzes el reuerendo cabildo[656] de la iglesia mayor y toda la clereçia con cruzes de plata y[657] todas las parrochias[658] con todos sus capellanes, clerigos, frayles y monjes de todas las ordenes y religiones, cada vno en su grado, con hachas de cera blanca en las manos, ençendidas, de dos en dos que eran mil y seysçientos. A la clereçia seguia la guarda de cauallos ligeros de su exçelençia a pie con lobas de luto y capirotes en las cabezas[659]; cada vno con su lança negra y vna veleta de tafetan negro en cada vna, con el hierro en la mano, arrastrando las lanças por tierra; con dos tronpetas que yban delante con lobas de luto y capirotes en las cabezas. Estos tronpetas yban a pie con las tronpetas echadas a las espaldas, con vanderas negras con las armas de su exçelencia.

Miçilo.—Estos bastaran defenderle el cuerpo si todos los diablos del infierno vinieran.

Gallo.—Bastaran si todos fueran españoles. Despues yba la casa de su exçelençia con hasta quatroçientas personas con lobas y capirotes en las cabezas, cada vno en su grado. Despues yba la guarda de soldados alemanes; lleuaua cada vno vn manto hasta tierra de luto, con collares encrespados, y las alabardas negras echadas al honbro, y con gorras grandes negras a la alemana.

Miçilo.—Agora digo más de veras que le bastaran defender avnque viniera Luzifer por capitan.

Gallo.—Tras estos venian seys atambores con los mesmos mantos como[660] los alemanes, y caperuças a la española, de luto: cubiertos los atambores de velos negros puestos a las espaldas. Despues destos yban dos pajes a pie vestidos de terçiopelo negro, con las gorras caydas sobre las espaldas. El de la mano derecha lleuaua vna çelada cubierta de brocado rico de tres altos en la mano: y el otro lleuaua vna pica negra al ombro, cayda sobre las espaldas. Çerca destos venian dos capitanes a pie con lobas de luto con faldas muy largas rastrando y capirotes en las cabezas. El de la mano derecha lleuaua vna vandera de infanteria, de tafetan amarillo con las armas inperiales, y el otro lleuaua vn estandarte negro con las armas de su exçelençia doradas: y en el canpo vna cruz colorada a la borgoñona. Estos lleuauan los estandartes caydos sobre las espaldas, arrastrandolos[661] por tierra, que significaua el cargo que primero auia tenido de su magestad de general de la infanteria. Çerca destos yba vna persona muy honrrada con vna gran loba de luto y capirote en la cabeza, en vna mula guarneçida de luto hasta tierra: lleuaua vna vara negra en la mano, como mayordomo mayor[662] de su exçelençia. Despues deste[663] venian seys tronpetas a cauallo vestidos de negro con sus tronpetas a las espaldas y vanderas de tafetan negro con las armas de su exçelençia. Tras estos yban un rey de armas borgoñon a cauallo con loba y capirote, y ençima vna sobre vista dorada con las armas inperiales: el qual auia sido enbiado de su magestad el mesmo dia que fallecio su exçelençia, con cartas, a darle cuenta de los nueuos caualleros del Tuson. A este seguian çinco caualleros honrrados con lobas de luto y capirotes en las cabezas a cauallo, cubiertos los cauallos de paño negro hasta tierra, que no se veyan sino los ojos: los quales lleuauan los estandartes siguientes caydos sobre las espaldas rastrandolos por tierra. El primero era vn estandarte colorado con las armas de su exçelençia, puestas en vna asta negra. El segundo era de la mesma color, pintada nuestra Señora con el niño en los braços, y la luna debajo de sus pies. Este era señal de guion de gente de armas. El terçero estandarte era blanco pintado dentro el escudo de las armas del duque de Milan, con vna[664] aguila que abrazaua el escudo, en señal del gouierno del estado de Milan. El quarto lleuava vna vandera quadrada pequeña, que es el guion que su exçelençia lleuaua delante como general, y en el canpo blanco della pintado vn mundo con los elementos apartados: y de la una parte nuestra Señora pintada con su hijo en los braços: y de la otra parte el angel san Raphael y Tobias, con vn letrero que dezia: Sic sita vigent. El quinto lleuaua vn estandarte amarillo con el aguila y armas imperiales, echado sobre las espaldas, que es la insinia de capitan general del exerçito de su magestad. Despues destos yban ocho pajes vestidos de terçiopelo negro hasta tierra que no se veyan sino los ojos. El primero lleuaua vna espada dorada con vayna de brocado rico de tres altos sobre el ombro, por señal que quando el Emperador entró en Napoles venia delante dél el Marques como gran camarlengo a quien toca aquella çiremonia y preeminençia. El segundo lleuaua vn escudo en el braço yzquierdo con las armas de su exçelençia de relieues dorados en canpo negro. El terçero lleuaua vna lança negra en la mano derecha cayda sobre la espalda con su yerro muy polido. El quarto lleuaua vn almete puesto en vn vaston negro cubierto de brocado rico de tres altos en la mano derecha. El quinto lleuaua vn estoque dorado con su vayna de brocado rico de tres altos caydo sobre la espalda derecha, y vnas espuelas doradas vestidas en el braço derecho guarneçidas del mesmo brocado. El sesto lleuaua vn vaston dorado en la mano caydo sobre el ombro, pintadas las armas inperiales en señal del cargo primero de general de la infanteria. El septimo lleuaua otro baston dorado con las armas del ducado de Milan abraçados con el aguila inperial, en señal del gouierno del estado de Milan. El octauo y ultimo lleuaua vn baston cubierto de brocado rico de tres altos, en señal de capitan general de Ytalia. Seguia luego vn moço de espuelas con vna loba de luto hasta tierra con capirote en la cabeza: el qual lleuaua de diestro vn cauallo guarnido[665] de terçiopelo negro con estribos, freno y clauazon plateado[666]: y sobre la silla vna reata de terçiopelo negro, y junto al cauallo doze moços de espuelas con lobas de luto rastrando y capirotes en las cabezas, y el caualleriza detras; venia despues el cuerpo de su exçelençia puesto sobre vnas grandes andas, hechas a manera de vna gran cama cubierta[667] de brocado de plata de dos altos que colgaua çerca de vn braço de cada lado de las andas. Del brocado estaua pendiente vna gran vanda de terçiopelo carmesí de la que colgaua vn friso, o guarniçion de tafetan doble carmesí con las armas de su exçelençia doradas. Esta cama, o andas lleuauan doze caualleros vestidos con lobas de luto y capirote[668] en las cabezas, y porque el trecho es casi vna milla del monesterio a la iglesia mayor se yban mudando. El cuerpo de su exçelençia yba vestido con vna tunica o veste de raso blanco hasta en pies, çeñida, y ençima de la tunica vn manto de grana colorada con vnas bueltas afforradas de veros alçado sobre los braços. En la cabeza lleuaua vna barreta ducal afforrada en los mesmos veros, con vn friso y corona de prinçipe. Lleuaua al cuello el collar rico del Tuson, y al lado vna espada dorada con su vayna de brocado rico de tres altos. Este habito es segun la orden del offiçio del gran camarlengo del rey no de Napoles que su exçelençia tenia y ha gran tienpo que está en su yllustrisima casa. Lleuaua por cabeçera vna almohada de terçiopelo carmesí guarneçida de plata, y a la mano derecha sobre la cama o andas lleuaua la rosa sagrada de oro que la sanctidad del papa Paulo le enbio el año de mil y quinientos y treynta y nueue por gran don y publico fauor, que es vn árbol de oro con veynte y dos rosas.

Miçilo.—¿Supiste qué virtud tenia esa rosa sagrada porque la lleuaua al lado en el entierro? ¿Si era alguna indulgençia que su Santidad le enbió para que no pudiesse yr al infierno avnque muriesse en pecado mortal?

Gallo.—Eso se me oluidó de preguntar. Çerca de las dichas andas yuan veynte y quatro[669] gentiles hombres muy honrrados de su casa con lobas[670] y capirotes en la cabeça[671], y vnas hachas grandes de çera negra en las manos con las armas de su exçelençia. Despues yua el señor marques de Pescara, primogenito de su exçelençia, con los señores don Yñigo y don Çesareo de Aualos los sus hermanos, y el señor prinçipe de Sulmona, y el señor don Aluaro de Luna, hijo del señor castellano de Milan, a quien el señor marques[672] sustituyó en los cargos que en este estado de Ytalia tenía, por ser la persona más prinçipal que aqui se halla. El por estar enfermo enbió al señor don Aluaro su hijo en su lugar; yban alli los comisarios generales de su magestad, y los gouernadores y alcaldes del estado, y los enbajadores de los potentados de Ytalia que aqui se hallaron, y otros prinçipes y señores que vinieron a honrrar el enterramiento; yban alli los señores del senado y magistrado, y los feudatarios del estado, marqueses, condes y caualleros, capitanes y gentiles honbres, todos con sus lobas de luto rastrando y capirotes en las espaldas. Toda la iglesia mayor estaua entoldada alrededor de paño negro con las armas de su exçelençia: y sobre los paños hachas blancas de çera muy juntas. Despues en medio del çimborrio de la iglesia, antes de entrar en el coro, estaua hecho vn grandissimo cadahalso o monumento, mayor y más hermoso y de mayor artifiçio que jamas se hizo a ningun prinçipe en estas partes, todo pintado de negro. El qual tenía ençima vna piramide llena de velones y hachas de çera blanca: y ençima de cada lado o haz del cadahalso auia ocho escudos grandes con las armas de su exçelençia, donde fue puesto su cuerpo como venia en las andas o lecho en que fue traydo. Sobre el qual auia vn dosel muy grande de terciopelo negro. Al rededor del cadahalso auia infinitas hachas, y en medio de la iglesia auia ocho grandes candeleros, que en España llaman blandones, hechos a manera de vasos antiguos. Eran de madera, negros, llenos de hachas pendientes de lo alto de la yglesia iguales. Estos candeleros con las otras hachas estauan en rededor de toda la iglesia. Delante del cadahalso estaua hecho vn talamo alto de tierra dos braços, y en ancho setenta braços. De todas partes desde el cadahalso hasta el altar mayor estauan asentados en rededor[673] todos los señores prinçipales que aconpañaron el funeral hasta ser acabados los offiçios; y todo el talamo era cubierto de paño negro, ansi lo alto como lo bajo, donde estauan asentados todos aquellos señores. El retablo del altar mayor estaua todo cubierto de terçiopelo negro con su frontal, con doze hachas muy grandes: y ansi mesmo los otros altares priuados que son muchos, con su çera conueniente. ¿Dime, Miçilo, qué juzgas desta honrra?

Miçilo.—Pareçeme que el mundo le dio toda la honrra que le pudo dar, y que aunque en la vida le honrró bien, en la muerte le acumuló juntas todas las honrras por aparençia y por existençia, ansi por los blasones de sus ditados y insignias que alli yuan, como por la conpañia y honrra[674] que en su muerte se le hizo.

Gallo.—El dia siguiente se celebró misa solene en el altar mayor y los offiçios por el anima, y en el medio de la misa se dixo vna muy elegante oraçion en loor de su exçelençia[675], a la qual estuuieron presentes todos los señores sobredichos que fueron para este auto conbidados, hasta que se acabaron todos los offiçios; y en los altares y capillas que auia en la iglesia se dixeron hasta quatroçientas missas rezadas.

Miçilo.—¿No hubo ay alguna missa del altar de San Sebastian de la Caridad de Valladolid que le sacara del purgatorio?

Gallo.—Vn sacerdote enbió alli el pontifiçe con todo su poder para le sacar.

Miçilo.—¿Pues esa no bastó?

Gallo.—Sí bastó: pero todas las otras missas se dixeron por magestad: las quales aprouecharon a todas las animas del purgatorio por limosna de su exçelençia. Las hachas que se gastaron en acompañar el cuerpo y en las honrras del dia siguiente llegaron a çinco mil.

Miçilo.—Por çierto con tantas hachas bien açertara vn honbre a media noche a yr al çielo si las obras le ayudaran.

Gallo.—En verdad te digo que sin perjudicar a ningun prinçipe y capitan general y gouernador de los passados, no se acuerda ninguno de los que viuen, ni se halla en ningun libro, auerse hecho en Milan ni en el mundo obsequias más honrradas, conçertadas y sumptuosas.

Miçilo.—Mucho deseo tengo de saber si con esto fue al çielo su exçelençia.

Gallo.—Pues ¡cuerpo de mi vida! ¿no auia de yr al çielo? Buena honrra le auian hecho todas las glorias del mundo si le vuieran solo pagado con las de acá. Ningun exçelente dexa de yr alla, porque San Juan Baptista es abogado de los exçelentes; que ansi le llaman los çiegos en su oraçion exçelente pregonero. Alla le vi yo en el çielo quando alla fue[676]. La gente que de la çiudad y comarca vino pareçió por las calles a la entrada del cuerpo, y que esperaua en la iglesia passaron de dos çientas mil personas, las quales mostrauan infinito sentimiento y dolor.

Miçilo.—Bien se puede eso presumir: prinçipalmente si estauan alli algunos padres y madres, hijos y parientes de muchos capitanes, alferez y gentiles honbres que él dio garrote en su camara quando se le antojó.

Gallo.—Preguntenselo a Mosquera, alcayde de Simancas, que se le escapó por vña de cauallo, sobre la sentençia mental; y preguntenselo a Hieronimo de Leiua quando en Cremes le depositó en manos de Machacao, su maestre de campo, quando le degollo[677]. Pero todo esto y quanto en ese caso hizo fue con justiçia y por razon y porque muchas vezes por el cargo que tenia conuenia que se hiziesse ansi por excusar motin[678] en el canpo de su magestad. Todo esto ha venido a proposito de tratar al prinçipio de vuestra vanidad de que vsais en vuestros entierros. Que por ninguna cosa quereis caer en la cuenta, y çesar de tan gran hierro, quanto quiera que os lo dizen quantos cuerdos han escrito en la antiguedad y modernos. No vi mayor desuario que por lleuar vuestro cuerpo en las andas honrrado hasta la sepoltura dexeis a vuestro hijo desheredado y neçesitado a pedir y a los pobres desnudos y hambrientos en las camas. Gran locura es estar el cuerpo hediendo en la sepoltura vn estado debajo de tierra, hecho manjar de gusanos, y estar muy hufano por tener acuestas vna lancha que pessa çinquenta quintales dorada por ençima. O estar ençerrados en ricas capillas con rejas muy fuertes, como locos atados hasta[679] en la muerte. Gran confusion es de los cristianos aquella palabra de verdadera religion que dixo Socrates philosopho gentil. Siendo preguntado de sus amigos quando beuia el veneno en la carçel, dónde queria que le enterrasen, respondio: echad este cuerpo en el campo; y diziendole que le comerian las aues, respondio: ponedle vn palo en la mano para oxearlas; y diziendole que siendo muerto no podria oxearlas respondio: pues menos sentiré si me comieren. Donde quiera que quisieredes me podeis enterrar, que no ay cosa mas façil ni en que menos vaya que en el sepulcro.

Miçilo.—Por pierto, gallo, tú tienes mucha razon en cuanto dizes, porque en este caso demasiadamente son dados los hombres a la vana aparençia y ambiçion y ponpa de fuera sin hazer cuenta de lo del alma, que es de lo que se deue hazer más caudal.

Gallo.—Pues quán de veras dirias eso, Miçilo, si huuiesses subido al çielo y deçendida[680] al infierno como yo, y huuiesses visto la mofa y risa que passan los santos allá viendo el engaño en que estan los mundanos acá açerca desta ponpa de su morir y enterrar, y si viesses el pessar que tienen los dañados[681] en el infierno porque se les añaden graues penas por la vanidad de que se arrean en su morir. ¡O qué te podria en este caso contar!

Miçilo.—¡O mi çelestial gallo! si pudiesse yo tanto açerca de ti que me quisiesses por narraçion comunicar esa tu bienauenturança de que gozaste siendo Icaro Menipo, y cantarme[682] lo mucho que viste alla. Si esto impetrasse de ti profierome de quedar yo oy sin comer por darte doblada raçion.

Gallo.—No puedo, Micilo, dexar de te complazer en quanto me quisieres mandar; y ansi te quiero dezir cosas que los honbres nunca vieron ni oyeron hasta oy. Tienes neçesidad de nueua atençion, porque hasta agora has oydo cosas de mí que tú las puedes auer visto y esperimentado como yo. Pero hablar del çielo, y de los angeles, y del mesmo Dios no es capaz hombre mortal para le comprehender mientra está aqui, sin muy particular priuilegio de Dios; y porque la xornada es grande y tengo flaca memoria dexame recolegir: que si tu gusto está dispuesto como requiere la materia de que emos de tratar, yo me profiero de hazerte bienauenturado oy, de aquella bienauenturança de que se goza por el oyr; y pues el dia pareçe ser venido aparejate en tu tienda para[683] mañana y oyras lo demas.

Fin del honzeno canto del gallo de Luçiano.