Yuboa.—Río de Santo Domingo.
Yuisa.—La cacica boriqueña Luisa. Una vez bautizada trastrocaron aquel nombre indio en este español, que se le asemeja. Su aduar radicaba en las cercanías del actual río Loiza. Su ranchería ó yucayeque se llamaba Jaymanío, que los cronistas anotan Haymanio. Fué encomendada la cacica Yuisa por Juan Cerón, en 1509, á trabajar con sus naborís, en las granjerías de S. A., que comprendían las riberas del río Toa.
Yuna.—Dice Las Casas: “hay otro río más adelante, yendo hacia Santo Domingo, que se llama Yuna, así los indios lo llamaban.”
Yucayu.—En el mapa de Juan de la Cosa hay una isla con este nombre. Hoy es Pequeña Abaco.
Yumaí.—La isla Cat island, que Colón llamó Fernandina.
Yucayeke.—Pueblo. Las Casas escribe iucaieque.
Yuní.—Río de Utuado en Puerto Rico. Escriben por error Yune.
Ynabón.—Río de Ponce, en Puerto Rico.
Yunque.—La cúspide de la montaña Luquillo, en Puerto Rico; el punto más alto de la sierra, envuelto siempre en nieblas blancas. Así como para esplicar el vocablo Luquillo, han apelado algunos escritores á un indio loco, para sacar el diminutivo español loquillo, así á esta cúspide le han buscado semejanza con un yunque de herrero. Oida la palabra indígena por vez primera, el español poblador procuraba acomodarla á un vocablo castellano; y esta voz era la que tenía que perdurar, porque el conquistador se impone siempre en todo lo que puede. Yunque es corrupción de Yuké, tierra blanca. Como Luquillo es Yukiyu. Una de las montañas más altas de Haytí la llamaban los indios Yaké, que hoy escriben Yaque. Los españoles encontraron también la palabra indígena yuké en Cuba, en Sagua-Baracoa, aplicada á un monte, y la trastrocaron desde luego por la castellana Yunque, como en Puerto Rico.
1. Barbados está á 78 millas de San Vicente. Tiene 66 millas cuadradas. Está casi toda circuida de arrecifes de coral, que avanzan hacia el mar cerca de tres millas. Su montaña más alta Mount Hillaby se levanta 1,104 pies sobre el nivel del mar. Predominan en Barbadas los terrenos de formación coralina hasta constituir las seis-séptimas partes de la isla.—J. L. Ohlson.
2. Un canal estrecho llamado La Rivière Salée con una anchura de 100 á 400 pies, separa á Tierra Baja, isla volcánica de la calcárea Grande Tierra, que ocupa la parte oriental. Baja Tierra, que ocupa el lado occidental, tiene una extensión de 94,631 hectáreas con el volcán. La Sonfrière que está á 1,870 pies sobre el nivel del mar. La extensión de Grande Tierra es de 65,631 hectáreas.
3. Ch. Sainte Claire de Deville. E. Rochefort.
4. A. de Lapperent. Traité de geologie. Paris. 1885.
5. M. Maury. Phisical Geography of the sea. New York. 1856.
6. Snider. La Creation et ses mysteres dévoilés. Paris. 1870.
7. Valdés y Aguirre. Apuntes para la historia de Cuba primitiva. Paris. 1859.
8. M. Rodríguez Ferrer. Congreso internacional de Americanistas. Madrid. 1881.
9. F. de Botella y de Hornos. La Atlántida. Congreso de Americanistas de Madrid. 1881.
10. Girard de Rialle. Atlantes. G. de Mortillet. Atlántide. París. 1881.
11. Humbold. Cosmos. Tomo 1.
12. Se designa el segundo período histórico de la tierra bajo el nombre de devoniano, porque el terreno que corresponde á este período apareció muy netamente y con gran extensión en Devonshire, Inglaterra. L. Figuier. La terre avant le déluge. París. 1863.
13. Cia. Observaciones geológicas de una gran parte de la isla de Cuba. Madrid. 1854.
14. Martin Duncan, Barret y Woodvart.
15. Suess. Antlitz der Erde.
16. Suess. Op. cit.
17. L. Figuier. La terre avant le déluge. París. 1863.
18. Cuvier. Recherches sur les ossemens fossiles. París. 1836.
19. Cia. Observaciones geológicas de una gran parte de la isla de Cuba. Madrid. 1854.
20. Fernández de Castro. De la existencia de grandes mamíferos fósiles de la isla de Cuba. Habana. 1864. “Considero á Cuba formando parte del Continente, ya fuera que estuviese unida por una lengua de tierra completamente seca, ya por una restinga que permitió el paso de animales que no viven en el agua salada, ni tienen costumbre de hacer nadando travesías marítimas.” Congreso Internacional de Americanistas. Madrid. 1882.
21. Pomel. Anales de la Real Academia de la Habana.
22. M. Rodríguez Ferrer. Naturaleza y civilización de la grandiosa isla de Cuba. Madrid. 1876.
23. Llamado terciario más moderno, ó período sub-apenino, por D’Orbigny y Lyell; y exclusivamente cuaternario ó pos-terciario, por Dana.
24. A. de Lapparent. Op. cit.
25. Alph. Milne-Edwards. Compt rend. XCII. núm. 8.
26. Al. Agassiz. Trans-America. Academy. XI. 1883.
27. E. Reclus. La terre.
28. Humbold. Ensayo político sobre la isla de Cuba. París. 1840.
29. Sir Robert H. Schomburgk. Reseña de los principales puertos y puntos de anclaje de la República Dominicana. Santo Domingo. 1881.
30. Entre los 17° 50′ y 18° 30′ de latitud N. y 65° 30′ y 67° 15′ de longitud O. del meridiano de Greenwich.
31. J. B. Elie de Beaumont. Notice sur les systèmes de montagnes. París. 1852. Esta ley ha tenido sus contradictores.
32. El Yunque, pico más alto de la sierra de Luquillo está á 3,609 pies de altura sobre el nivel del mar, y puede verse á 68 millas de distancia.
Don Julio L. Vizcarrondo (Viaje á la isla de Puerto Rico, el año de 1797, por Ledru y Baudin. Traducción. P. R. 1863, pág. 81.) en una nota da al Yunque 1334 pies de elevación sobre el nivel del mar. Y Pastrana (Catecismo de Geografía de la isla de Puerto Rico, P. R., 1852. pág. 14) anota 1334 varas castellanas. Military Notes on Puerto Rico (Washington Government printing office, 1898, página 12) consigna 1,290 yardas.
33. A primera vista parece que la isla de Puerto Rico tiene muchas cordilleras; pero no debe confundirse el eje central de rocas eruptivas primitivas con las montañas calizas del período sedimentoso, que casi todas ellas van á estribarse en la quilla que va de E. á O.
34. Las primeras muestras de oro que obtuvo Juan Ponce de León, en 1508, fueron del rio Manatuabón (hoy Maunabo) y del Sibuco. De 1508 á 1536 produjeron los placeres auríferos de Puerto Rico cerca de cuatro millones de pesos. De esa fecha en adelante, no hay datos positivos de esta explotación minera.
35. Moreau de Jonnes. Historia física de las Antillas. París. 1822.
36. A. Stahl. Los indios borinqueños. Puerto Rico. 1889.
37. Lacepède. Histoire naturelle. París. 1860.
38. Del latín glossa, lengua; y petra, piedra: lengua de piedra.
39. Del latín odontes, dientes; y petra, piedra: dientes de piedra.
40. Del griego ichthy, pez: y el latín odontes, dientes: dientes de pez.
41. Del latín lamia, pescado cetáceo (Plinio), y odontes, dientes: dientes de lamia. La lamia era un mónstruo fabuloso con rostro de mujer hermosa y cuerpo de dragón. Hoy se aplica el vocablo lamia al tiburón.
42. Victor Duruy. Historia de los griegos. Barcelona. 1890.
43. Victor Duruy. Historia de los romanos. Barcelona. 1890.
44. César. Los comentarios. Trad. de Goya. Madrid. 1882.
45. Lafuente. Historia gen. de España. Barcelona. 1888.
46. Tácito. Costumbres de los germanos. Trad. de Coloma. Madrid. 1881.
47. Thomsen. Ledetrand til Nordisk Oldkyndighed. Traducida al inglés en 1848.
48. Gabriel de Mortillet. Le Prehistorique. París. 1881.
49. Memoria descriptiva de la primera Exposición pública de la industria, agricultura y bellas artes de la isla de Puerto Rico, redactada por el Secretario de la Real Junta de Comercio, don Andrés Viña. Puerto Rico. 1854.
50. Otis T. Mason. Smithsonian Report for 1876. Washington. 1877.
51. A. Stahl. Los indios borinqueños. Puerto Rico. 1889.
52. Eduardo Neumann. Benefactores y Hombres notables de Puerto Rico. T. 2º. Ponce. 1899. Pág. XXX.
53. José Nazario Cancel. Guayanilla y la historia de Puerto Rico. Ponce. 1893.
54. C. Coll y Toste. Rep. Hist. de Puerto Rico. San Juan. 1896. pág. 29.
55. Cartas. CLVI. Fuentes históricas sobre Colón y América. Pedro Mártir de Angleria, por el Dr. D. Joaquin Torres Asensio. Madrid, 1892. T. 1º pág. 35.
56. Relación del oro, é joyas, é otras cosas, que el señor Almirante ha recibo, después que el receptor Sebastián de Olaño partió de esta Isla (La Española) para Castilla. De 10 de Marzo de 1495. Documentos inéditos del Archivo de Indias.
57. Archivo de Indias. Documentos inéditos, etc.
58. S. Brau. Puerto Rico y su Historia, pág. 132.
59. El Dr. Stahl hace de Urayoán y Broyoán dos caciques diferentes cuando es uno solo. Areziba cuando es Arasibo. Supone un cacique Mayagoex que no ha existido. Y á la cacica Luisa la llama Loaiza. Estos son pequeños errores. Lo fundamental es que reconoce que el pueblo boriqueño, en el período colombino, estaba ya asentado, lo cual es cierto. Ob. cit.
60. Cayetano Coll y Toste. Colón en Puerto Rico. Disquisiciones histórico-filológicas. Puerto Rico. 1894, pág. 140.
61. Javier A. Guridi. Geografía físico-histórica, antigua y moderna de la isla de Santo Domingo. Santo Domingo. 1871, pág. 45. Declarada de texto escolar en la República Dominicana.
62. Dr. Agustín Stahl. Los indios borinqueños, P. R. 1889, pág. 41 y 45.
63. Raymond Breton. Dictionnaire caraibe-francais. Auxerre. 1665. Pág. 229.
64. Rochefort. Hist. nat. et moral des Antilles. Rotterdam. 1655. Pág. 349.
65. Pedro Mártir. Década 1ª lib. 2º cap. III. Trad. de Asensio. Madrid 1892.
66. Carta dirigida al Cabildo de Sevilla. La hemos publicado íntegra, con anotaciones, en nuestro libro Colón en Puerto Rico. Véase pág. 49.
67. El doctor Chanca, ó el copista de su célebre Carta al Cabildo de Sevilla, anota muy mal algunos nombres indígenas. No es Turuqueira sino Sibuqueira y no es Cayre sino Cavrí. Como también consigna Buriquén por Boriquén.
68. Ulloa. Noticias Americanas. Entr. XVII. Madrid. 1792 pág. 253.
69. Quatrefages. Unité de l’especie humaine. París. 1861. Crania ethnica. París. 1882.
70. Linneo. Systema naturæ. ed. 10. 1758.
71. Gmelin. Systema nat. ed. 13. Homo. 1766.
72. Buffón. Hist. natural. París. 1794. Prichard. Researches into the physical history of Mankind.
73. Pownal. New. Collect. of voyages.
74. Kant. In the different Races of Men. London. 1775.
75. Hunter. Essays and Observations in natural history, etc. London. 1861.
76. Blumenbach. De generis humani varietate nativa. 1775.
77. Cuvier. Règne animal, ed. 2ª t. 1º, pág. 84. París. 1829.
78. Moquin-Tandon. Zoologie. París. 1874.
79. Dumeril. Zoologie analytique. París. 1805.
80. Malte-Brun. Géographie, etc. París. 1803–7.
81. Bory de Saint-Vicent. L’Homme. Essai zoologique sur le genre humaine. París, 1821.
82. D’Orbigny. L’homme americaine del’Amerique meridional consideré sous ses rapporte physiologiques et morales. Paris. 1838–39.
83. La palabra guariní significa guerra, y el vocablo guariní-ara, guerrero, según el misionero padre Antonio Ruiz [1639] en su Tesoro de la lengua guaraní. Según D’Orbigny, el vocablo caribe es corrupción de galibi. Nosotros creemos, que la silaba ca, de la palabra caribe, ha sustituido á la sílaba gua; y la dicción lí á rí. Como los vocablos siempre están en fermento, sobre todo en las lenguas bárbaras, antes de su fijación, tenemos de guaraní—guariní—guaribí—caribí—caribe. Y en las Antillas menores gualibi—galibi.
84. Brasseur de Bourbourg. Histoire des nations civilises de Mexique et de la Amerique central, durant les siecles anteriennes á Cristophe Colomb. Paris. 1857.
85. Brasseur de Bourbourg. Popol Vuh. Le livre sacré et les mythes de l’antiquité americaine, avec les livres héroiques et historiques des Quichés. Ouvrage original des indigenes de Guatemala, accompagné de notes philologiques et d’un comentaire sur la mythologie et les migrations des peuples anciens de l’Amerique. etc. París. 1861.
86. Retzius. Antropométrica. 1842.
87. Virchow. Antropologie Amerika’s. 1877.
88. Topinard. Anthropologie. Leipzig. 1887.
89. Broca. Races humaines. París. 1878.
90. Humbold. Voyage, etc. París. 1799–1804.
91. Morton. Inquiry into the Distintive characteristic of the aboriginal Races of America.
92. Morton. Crania americana. Philad. 1839.
93. Nott. Types of Mankind. Indigenous races of the earth, etc. Philad. 1868.
94. Virchow. Clasificación antropológica de los pueblos salvajes antiguos y modernos de América. 1888.
95. Dally. Races indigenes de l’Amerique.
96. Deniker. Bull. Soc. d’Anthrop. de París. 1889.
97. Brinton. Races and Peoples. New York, 1899. p. 99. He aquí la división de este autor 1ª rama: Septentrional: troncos, ártico [esquimales], atlántico [tinez, algonquinos, iroqueses] y pacífico [chinsoks, kolosh]. 2ª rama: Central: troncos, mexicano [nahuas, tarascos], ismiano [maya, chapanecs]. 3ª rama: Meridional: troncos, atlántico [caribes, aruacas, tupís], pacífico [chibchas, quichuas]. Ya en este estudio surge la separación de Caribes y Aruacas que viene en apoyo de nuestra opinión.
98. Zaborowski. Amerique Ethnographie. París, 1881.
99. Lacerda y Peixoto. Botocudos. Etnología.
100. Martius. Beitraege zur Ethnographie und Sprachenkunde Amerikas, zumal Brasiliens. Leipzig, 1866. Este autor divide á los Guaranís en ocho grupos: 1º los Gés ó Craus dispersos del río Pardo y del Gontas hasta el Jurua y el Marañón; 2º los Goyotacas, muy exparcidos; 3º los Crens y los Puris; 4º los Parichis, sobre la meseta que separa las aguas del Tapajoz, el Madeira y el Paraguay; 5º los Guaycurus, que bajando al sur del gran Chaco se ligan al grupo pampeyano; 6º los Gucks sobre el Amazonas y Cayena; 7º los Aruacas de las Guayanas; y 8º los Caribes. Este autor llamó á los indo-antillanos Taini, (Tainos) en cuya idea le ha seguido Bachiller y Morales en su Cuba primitiva. No le vemos fundamento científico á ésto. Los indo-antillanos eran Aruacas y perdida la memoria de su origen deben llamarse siboneyes, haytianos, jamaiquinos y boriqueños, por que en el trascurso del tiempo habían adquirido personalidad propia.
101. Ameghino opina, que el hombre pasó de América al Asia. L’homme préhistorique dans La Plata. Rev. d’Anthropologie. 1879. pág. 210. La teoría de una inmigración asiática por el estrecho de Behring y las invasiones amarillas por el Pacífico, tienen en su contra, no haberse encontrado en América rastros de sus artes, animales domésticos, plantas más usuales, usos, costumbres ó religión. Opinamos, que el contacto con los mogoles debió haber sido en una época muy lejana, indudablemente en el período paleolítico, en que estos pueblos no cultivaban el arroz y otros cereales, ni tenían gallináceas, ni ningún animal domesticado. El hombre de la edad de la piedra tallada [el paleolítico] debió haber vivido de un modo igual en toda la tierra.
102. Quatrefages. Ob. cit. y Dict. encycl. des sciences med. París. 1875.
103. Arazandi y Hoyos Sainz. Lecciones de Antropología. Madrid. 1893. t. 1º pág. 103.
104. Girard de Rialle. Caraibes. Paris. 1881.
105. Lewis H. Morgan [Smithsoniam Contributions to knowledge. Vol. XVII. Washington 1871] en su Systems of Consanguinity and Affinity of the Human Family, sostiene la unidad de origen de la familia india y propone llamarla la Familia Guanoguaniana [Family Ganowanian]. Esta unidad está probada por el tipo étnico y el polisintetismo en los idiomas indios.
106. Oviedo. Hist. gen. y nat. de Indias. Lib. XXIV. cap. III.
107. En el lenguaje indo-antillano el vocablo yaya era el nombre dado por los haytianos al pénfigo sifilítico, que hoy se denomina vulgarmente buba. Este vocablo buba es de orígen castellano. Hoy, en Puerto Rico, Cuba y Santo Domingo se conserva la palabra yaya en un árbol. Los indígenas llamaban iguana á una variedad de lagarto; y todavía conservamos la voz aplicada al reptil. Oviedo y Herrera escriben higuana. Las Casas, Vargas Muchuca y Enciso anotan Iguana. Fernando Colón registra Jiguana. Hoy ha perdido la aspiración de la primera sílaba, ó la han trastocado algunos en s y pronuncian siguana.
108. Oviedo. Op. cit.
109. Fernando Colón. Historia del Almirante D. Cristóbal Colón.—t. II, pág. 53. Edición matritense. 1892.
110. Este espejillo de oro bajo era el guanín, uno de los distintivos de jefe.
111. Oviedo. Ob. cit. Libro XXIV. cap. VII.
112. Archivo de Indias. Documentos inéditos.
113. Ojeda puso á Curazao el nombre de Gigantes: pero no perduró.
114. Archivo de Indias. Doc. inéd.
115. Archivo de Indias. Doc. inéd.
116. Castellanos. Hist. y relación de las cosas acaecidas en Santa Marta, etc. Ed. Rivadeneyra. T. IV. Pág. 258. Oviedo. Ob. cit. t. 2º pág. 132. Restrepo. Aborígenes de Colombia. 1892.
117. Sabido es que el color de esta corteza es rojo amarillento. El indígena boriqueño y los demás indo-antillanos, procedentes de tribus Aruacas continentales, habían perdido mucho, con la influencia intertropical de la zona antillana, del fondo rojo fundamental del tronco étnico americano, viniendo á quedar de la color de los canarios, como asevera el Almirante, por dos veces, en su Diario de navegación. “De buenas carnes y de color aceituno como los Canaris” afirma el hijo del gran Ligur en su Hist. de Cristóbal Colón, t. 1º pág. 105. Edición matritense de 1892.
118. Se refiere al color de los naturales de las islas Canarias.
119. Los antropólogos dividen la forma del cráneo humano en dolicocéfalo [largo] mesaticéfalo [medio] y braquicéfalo [corto].
120. El índice de la cara se divide en cameprosópico [larga], mesosema [media] y leptoprosópico [corta].
121. El prognatismo es una inclinación particular de la mandíbula superior, que la hace sobresalir. La quijada es antropológicamente ortognática [vertical], mesognática [media] ó prognática [sobresaliente].
122. Los ojos se dividen antropológicamente en megasemes [grandes y redondos], mesosemes [medianos] y microsemes [pequeños].
123. La nariz se clasifica antropológicamente en leptorrina [estrecha], mesorrina [media] y platirrina [ancha].
124. Las Casas dice: “Es cosa de maravilla ver la diligencia é industria que tienen los indios para entallar las cabezas. Las atan y aprietan con vendas de algodón, de tal modo, que las empinan de un palmo grande, quedando hechura y forma de un mortero de barro.—Ob. cit. t. V. pág. 393.
125. La concesión era de dos arrobas de peso, pero los Encomenderos abusaban con frecuencia, cargando al indio con mayor cantidad. La mortandad de indígenas en el laboreo de las minas fué más por falta de mantenimiento y cuidados, que por el exceso de trabajo corporal: sobre todo, en aquellas Encomiendas que sus dueños estaban en la Corte y los indios entregados á administradores y capataces ambiciosos y de elástica conciencia.
126. El Dr. Chanca, en su carta al Cabildo de Sevilla, relatando el segundo viaje del Almirante, dice: “Estas gentes (los Caribes) saltean en las otras islas é traen las mujeres, que pueden haber, en especial mozas é hermosas, las quales tienen para su servicio, é para tener por mancebas; é traen tantas que en cinquenta casas no parescieron ellos é de las cautivas se vinieron más de veynte mozas... En la nao había diez mujeres de las que se habían tomado en las islas de Caribes; eran las más de ellas de Boriquén.”
127. Las Casas. Ob. cit. t. v. pág. 394.
128. Las Casas. Ob. cit. t. v. pág. 403.
129. Las Casas. Ob. cit. t. v. pág. 428 y 429.
130. Fray Iñigo Abbad. Hist. de Puerto Rico, anot. por Acosta. P. R. 1886. pág. 41.
131. Las Casas.—Ob. cit. t. v. pág. 418.
132. Las Casas.—Ob. cit. t. v. pág. 508.
133. P. Joseph Gumilla.—Hist. nat. civil y geogr. de las naciones situadas en las riberas del río Orinoco. Barcelona. 1745.
134. El censo de almas de Boriquén lo hacen subir algunos cronistas á 600 mil indígenas. Si no es error del copista, que puso 600 en lugar de 60, la cifra la consideramos altamente subida. Para nosotros el máximo es de 80 á 100 mil boriqueños. 18 caciques, á mil personas, por ranchería, hacen 18 mil indígenas. A cada cacique asignamos 5 nitaynos, con sus incipientes aduares de 500 almas, que hacen unos 45 mil, que unidos á los 18 mil de los caciques hacen un total de 63 mil boriqueños. Creemos, pues, que la cifra de 60 mil indígenas para el Boriquén es la más proporcionada y lógica.
135. Las Casas.—Ob. cit. t. V. p. 487.
136. El nombre de este cacique lo escriben mal los cronistas, poniendo Behechio.
137. Las Casas.—Ob. cit. t. v. pág. 484. Si queremos dar á estos vocablos, como han hecho algunos escritores, el valor real de los nombres, que distinguen á los altos personajes de las monarquías europeas, se cae en ridículo.
138. Hoy el río se llama de Guayanilla, habiendo perdido su nombre indígena de Guaynía. No es de extrañar. El Guaorabo se llama hoy Río de Añasco; el Abacoa se conoce por Río Grande de Arecibo; el Toa, en las alturas de la Isla se le llama Río de la Plata; el Baramayá es ahora Portugués; y el Cayrabón es hoy el Espíritu Santo. El Sibuco es Cibuco, el Mabiya, Mabilla, el Coalibina, Culebrinas, el Coayu, Yauco, etc.