139. Á la influencia francesa desde Alfonso VI (1073-1109) debe también no poco la lengua castellana, mayormente con la comunicación continua de romanos que iban á Santiago de Galicia por el camino francés. De aquella época son la mayor parte de las palabras germánicas que tiene nuestro idioma, pues fuera de las que en tiempo de los godos vinieron por la Provenza, que formaba con España un mismo reino visigótico, las demás llegaron por medio del francés en el siglo xii. Del mismo francés pasaron entonces al castellano la mayor parte de las palabras francesas, de origen no germánico, que tiene y se hallan en nuestros más antiguos escritores.
140. El latín llegó á la Provincia (Narbonensis) ó Provenza con la primera entrada de los romanos (122-118 antes de J. C.)[16], y á toda la Francia con las campañas de César (58-51 antes de J. C.). Tres lenguas halló el conquistador: la bélgica, la céltica, la aquitánica: "Hi omnes lingua, institutis, legibus inter se differunt". La primera pertenecía, por lo menos en parte, á la rama germánica; la segunda, á la céltica; la tercera, á la ibérica ó euscalduna. De aquí tres diferentes pronunciaciones y maneras de apropiarse el latín, de donde resultaron tres lenguas románicas: la lengua d'oui ó francés al Norte, la lengua d'oc ó provenzal al Sur y Sudeste, el gascón al Sudoeste. El límite belga era el Sena, según César; el Loira, según Estrabón, como hoy lo es, del francés y del provenzal. En el gascón el influjo ibérico ó eusquérico es tan señalado, que, sin haber tenido comunicación alguna con el castellano, presenta innegables puntos de semejanza en todo el fonetismo, sin contar la gran cantidad de raíces comunes, provenientes del éusquera, la mayor parte de las cuales se hallan igualmente en todo el Mediodía de Francia.
En las Leys d'Amors (II, 388) se tiene al gascón por lengua extraña respecto del provenzal: "apelam lengatge estranh coma frances, engles, espanhol, gascó, lombard". Son caracteres propios del gascón y comunes al éusquera el poner a- ante r: arrei ren, arriou riu; el empleo de ll por l: llebá levar, llit leit; ch por s ó ss: chens senes, lachá laissar; conservar ca y no mudarlo en cha: causí, no chausí; y por j: yutyá jutjar, yoye joya, saye satge; sonar como b la v, como en castellano: boulé volia, serbici servici; perder la f debilitándola en h, como en castellano: hagot fagot, ha far, hemne femna.
En la lengua francesa ó d'oui, descendiente del latín en labios de los belgas de César, hay que tener en cuenta su carácter germánico, no sólo por el habla de los que primero se expresaron en latín y lo transformaron en lengua románica, sino por el habla de los francos y normandos posteriores.
Las lenguas célticas todas tienen especial conexión con las itálicas, por una parte, y por otra, con las germánicas. El galo era la lengua céltica del Sur de Francia; el gaélico es de Irlanda, Escocia é isla de Man; el cámbrico, del país de Gales, y es el que después pasó á la Bretaña francesa traído por los bretones insulares, en la segunda mitad del siglo v.
Con el inmenso caudal ibérico del castellano contrasta el corto número de vocablos galos del francés y del provenzal, y aun esos pocos, que no llegarán á cincuenta, fueron primero latinizados por su mayor parte[17]. ¿Débese esta diferencia á la mayor cultura de los íberos sobre los galos?, ¿al carácter más tenaz de los unos y más voluble de los otros?, ¿á la mayor distancia entre la lengua ibérica y la latina que la gálica, tan indo-europea como la latina y más cercana á ésta que la mayor parte de las demás indo-europeas?, ¿á que la sujeción de España nunca fué tan general como la de las Galias, ni el espíritu de independencia tan grande entre los galos como entre los íberos? No es fácil determinar lo que haya de atribuirse á cada una de estas causas ó á otras por el estilo.
El hecho es que en Francia no quedó vestigio alguno del galo[18], mientras que en España quedó acorralado, pero vivo, el éusquera en los Pirineos. Ni los árabes influyeron tanto en el castellano como influyeron los francos en el galo-romano. En la Morfología, el francés apenas conserva otro rasgo céltico más que el sistema vigesimal en el quatre-vingts; mientras que los sufijos eusquéricos del castellano son de los más importantes y vulgares. La pronunciación francesa es la que más conserva de celtismo; pero el elemento germánico la contaminó de una manera tan poderosa, como fué impotente el elemento arábigo para modificar la pronunciación castellana, que puede decirse enteramente ibérica, salvo la evolución propia, que, dentro del mismo fonetismo ibérico, ha ido desenvolviéndose.
El influjo germánico es el que, sobre todo, separa las dos lenguas de las Galias, la de oil y la de oc, y el influjo céltico, el que allega el provenzal al gallego y lo aparta del castellano en la fonética y pronunciación. Hablábase todavía el galo en el Sur de Francia, juntamente con el nuevo romance, ó román ó latín, á principios del siglo iii, conforme se desprende de este texto de Ulpiano: "Fidei commissa quocumque sermone relinqui possunt, non solum latina vel graeca, sed etiam punica vel gallicana". Y lo que dice San Jerónimo (431-420): "Galatas propriam linguam, eamdem paene habere quam Treviros" (Pref. ad liber: 2, in epist. ad Gal.); y de la misma época es lo que dice Sulpicio Severo, aunque claramente no pueda deducirse de este texto la existencia del galo: "vel celtice aut, si mavis, gallice loquere" (Opp. Lugd. Bat., pág. 543).
Todavía subsistía en la Auvernia en la segunda mitad del siglo vi, pues San Gregorio de Tours escribe: "Brachio, quod eorum (Auvernorum) lingua interpretatur ursi catalus". (Vit. patr., cap. 12). Esto no quita para que el romance ya se hablara de mucho tiempo antes en toda Francia, aunque las primeras noticias que de él tenemos no sean más que desde el siglo vii, en que de San Mummolin, sucesor de San Eloy, en Noyon, se lee respecto del francés ó lengua d'oil: "quia praevalebat non tantum in teutonica, sed etiam in romana lingua" (Acta S. Belgii, IV, 403). En el siglo viii Girad, abad de Sauve-Majeure, alaba al abad de Corbie, su maestro S. Adalhart: "Qui si vulgari, id est, romana lingua loqueretur, omnium aliarum putaretur inscius... Si vero teutonica, enitebat perfectius; si latina, in nulla omnino absolutius" (Acta Sanct. ordin. S. Benedicti, saec., IV, pág. 335). Y en el Concilio de Tours del 812: "Et ut easdem homilias quisque aperte transferre studeat in rusticam romanam linguam aut theotiscam" (Labbe, Concil., VII, 1263).
En el siglo v entran en las Galias los visigodos, que se establecen en la Aquitania; los borgoñones, que se detienen en la Borgoña, y los francos salios, que, viniendo de Flandes, ocupan las provincias del Norte; y, en fin, los francos ripuarios, que, venidos de la región renana, se desparraman por las del Este. Los francos dieron nombre á la isla de Francia, y después á toda la nación; cambiaron todo el sistema político y social y, aunque vencidos en la lengua por el galo-romano, influyeron profundamente en éste. Los francos salios, que hablaban un dialecto del bajo alemán, parecidísimo al neerlandés actual, exceptuada la evolución que naturalmente transformó la lengua antigua de los frisones, olvidaron su lengua; pero dejando en el francés buen caudal de palabras, cuyos equivalentes se pueden estudiar en el moderno neerlandés: bac (bak), canif (Knijf), cruche (kruik), échevin (schepen), étron (stront), hêtre (heester), houx (hulst), etc. Tres sufijos pasaron al francés: -ald, de Renaud, lourdaud, héraut; -hart, de Richard, Bernard, renard, vieiellard, richard; -ing, del cual salió -enc, después -an, -and, -eng, por ejemplo, en brelan, chambellan, merlan, flamand, hareng. En el siglo ix los Vikins ó piratas del Norte entran en Francia, y en 911 Carlos el Simple les cede parte de la Neustria, que tomó el nombre de Normandía. Escandinavos de raza y de lengua, pronto abandonaron su "lingua dacisca", que, fuera de la toponimia, no dejó huellas en el francés. No pueden, pues, traerse términos del norso, fuera de algunos pocos que conserva el dialecto normando, y tres ó cuatro dudosos del francés: cingler, ant. fr. sigler, isl. sigla; crique, ils. kriki, ingl. creek; écraser, sueco krasa; tillac, isl. thilja, danés tilje. Cuanto al alto alemán, que se distingue del bajo alemán, y por consiguiente del habla de los francos salios y de los normandos ó daneses, en el nuevo cambio que sufrieron sus consonantes explosivas, nos presenta sus primeros monumentos hacia el año 740, y divídese en antiguo alto alemán (hasta 1100), medio alto alemán (hasta 1500) y moderno alto alemán. Del anglo-sajón, que pertenece á la estirpe del bajo alemán, salió el inglés, y se le llama por lo mismo antiguo inglés (hasta 1150), medio inglés (hasta 1500), después acá inglés.
Desde el siglo ix hallamos dividida lingüísticamente la Galia en dos porciones: la del Norte, en la que se hablaba la langue d'oïl, y la del Mediodía, en la que se hablaba la langue d'oc. La línea divisoria puede trazarse, cuanto á los dialectos literarios conocidos, desde Bordeaux á Lussac, de aquí á Montluçon, de aquí al Sur del departamento de l'Isère. Las diferencias fonéticas más notables entre estas dos lenguas son el diverso tratamiento de a y ē (ĭ) acentuadas y de -c final: amare, habere, amicum dieron en el Mediodía amar, aver, amic, y en el Norte amer, aveir, ami. Los términos de estas lenguas provienen del empleado para la afirmación sí: "Nam alii Oc, alii Si, alii vero dicunt Oil" (Dante, De vulgari eloquentia, I, c. 9). Italia era donde se hablaba la "lingua di si", de sic, como d'oc = de hoc, y d'oïl = de hoc ille. Los dialectos de la lengua del Norte, todos literarios, eran: al E., el bourguignon, el franc-comtois, el lorrain, el champenois; al NE., el picard, el wallon; al NO. el normand; al O., el poitevin, el angevin y el saintongeais; en el centro ó Isla de Francia y sus contornos el français ó francien (Roger Bacon, Opus Maius, que viajó por Francia en 1260). No había lengua literaria común; pero el francien, merced á las circunstancias políticas, llegó á ser el principal, extendiéndose después como lengua literaria de toda la nación, desde el siglo xii hasta el siglo xv, época en la cual todos los demás dialectos quedan pospuestos en la literatura y son considerados como patois.
El francés es el latín de la Isla de Francia evolucionado y con préstamos de vocablos pertenecientes á los demás patois de la Galia; no es una mezcolanza de todos ellos, como algunos han creído. El antiguo francés comprende el espacio de tiempo entre el siglo ix y xiv. Los Serments de Strasbourg, conservados en un manuscrito de fines del siglo x, son el documento más antiguo de la lengua d'oïl, del año 842, en que Carlos el Calvo y Luis el Germánico se juntaron contra Lotario. De fines del siglo ix es la Séquence de Sainte Eulalie, en 29 versos, probablemente en dialecto wallon, y un trozo de homilía en alabanza del profeta Jonás. Del siglo x son la Vie de Saint Léger, poema de 40 estrofas de seis versos octosílabos y la Passion, poema de 129 coplas de cuatro versos octosílabos en medio francés y medio provenzal. Del siglo xi son la Vie de Saint Alexis, el Pèlerinage Charlemagne y la Chanson de Roland.
Desde el siglo xii abundan las obras literarias. En el mismo siglo xii se escriben en lengua vulgar las actas públicas de Metz, y desde Felipe el Hermoso dejan de escribir en latín sus Anales los historiógrafos oficiales del Reino, los monjes de Saint Denis.
Véanse las siguientes noticias de M. F. Brunot, respecto del francien: "Durante el siglo xiv comienza, según Giry, á sustituirse en el Mediodía por el francés los demás dialectos en los monumentos públicos, después de haber luchado con el latín desde fines del siglo xi. En el Norte, las ciudades de Flandes, Bélgica, Artois y Lorena comienzan á emplear la lengua vulgar para los contratos privados desde principios del siglo xiii. Poco más ó menos hacia la misma época aparece en los confines de la lengua d'oc, en Aunis y Poitou; algo más tarde en Touraine, Anjou, Berry, aunque en todas partes con huellas dialectales. Hay que llegar hasta el siglo xiv, en que el francés es vulgarizado por la cancillería y administración reales, que ya desde entonces se emplea exclusivamente, para ser unificada el habla vulgar de las chartes en una lengua común, la de París, hecha ya lengua oficial. La literatura dialectal desaparece casi por completo desde el siglo xiv, al propio tiempo que los documentos dialectales".
El contraste que presenta el antiguo francés con el francés moderno, por su abundancia y libertad, que después perdió, lo declaró en breves párrafos Gaston Paris (Journ. des Savants, 1897, pág. 612); su importancia en toda la Europa y su literatura son cosas conocidas. Los normandos conquistan la Inglaterra cantando la chanson de Roland, y las clases elevadas de la sociedad hablan el francés, prefiriéndose el del continente al francés de Inglaterra ó anglo-normando y escribiendo en francés algunos autores. En Italia penetran las chansons de geste, y Brunetto Latini, maestro del Dante, escribe en francés su enciclopedia Li Trésors (1265), así como están en francés los viajes de Marco-Polo y las compilaciones romancescas de la Tabla Redonda. En Alemania había preceptores franceses. Esta influencia explica el préstamo que todas las lenguas de Europa hicieron de vocablos franceses. No sólo el inglés está cuajado de términos normandos, sino que las poesías alemanas minnesänger abundan en ellos, y hasta el alemán toma el sufijo francés verbal -ieren.
141. Radicales principales tomados del francés[19]: abra (?), aduana (del it.), ¡alto! (del germ.), amura, áncora (encore), antilla, arandela, arbotante, arenga (del germ.), armiño (del germ.), arnés (del bret.), artesano (del lat.), asamblea (del lat.), asesino (?, del arab.), avanzar, babor (del ingl.), bachiller (del prov., del lat.), barroco (del fr., del cast.), báscula, baya (del lat.), belitre (del lat. ó germ.), bergantín, betún (del lat.), bisturí (del lat.), blanco (del germ.), blandir (del germ.), blasón (del germ.), blindar (del germ.), blondo (del germ.), bloque (del germ.), blusa, bolina (del ingl.), bonete (del lat.), bramar (del germ.), brea (del gr.), brecha (del germ.), brigada, bronce, bucle (del lat.), bures, buril (del germ.), cable (del lat.), cachalote (del lat.), cadete (del lat.), calesa (del eslavo), calonge (del lat.), camión (del cast.), canapé (del lat., gr.), canica (del germ.), caparrosa (del germ.), carpeta, cartuja, catre (del lat.), caviar (del eslavo), clarión (del lat.), cobalto (del germ.), cofia (del germ. ó lat.), cofre, cohete (del lat.), comba (del galo), convoy, copar (del lat., gr.), corbata (del croata), corbeta (del lat.), corchea, corsé (del lat.), crisol (del germ.), croqueta, chal (del ingl.), chalupa (del germ.), chancillería (del lat.), chantre (del lat.), chapitel (del lat.), charretera, chimenea, dama (del lat.), donques (del lat.), dos y endosar (del lat.), draga (del germ.), duna (del germ.), edecán (del lat.), enclenque, endivia (del gr.), entremés (del lat.), equipar (del germ.), esparaván (del germ.), etiqueta (del germ.), faisán (del lat.), faro (del gr.), fase (del gr.), ficha, filtro (del germ.?), flan (del ingl.), flete (del germ.), flota (del germ.), foque (del germ.), forjar (del lat.), fornir (del germ.), frac (del germ.), fraile (del lat.), frambuesa (del germ.), franco (del germ.), franja (del lat.), friso (del germ.), frotar (del lat.), fruncir (del lat.), furriel (del germ.), fusil (del lat.), gaje (del germ.), garantir (del germ.), garlopa (del germ.), garnacha (del germ.), gas (del germ.), gelatina (del lat.), gerifalte (del lat.), golfo (del lat., gr.), golpe (del lat., gr.), grabar (del germ.), grajea (del gr.), grosella (del germ.), grumete (del ingl.), guado (del germ.), guata (del lat.), gueda (del germ.), haca (del germ.), hache (del lat.), hulla (del valón), imán (del gr.), jaca (del germ.), jalde, jalea (del lat.), jalón, jamba, jamón, jardín (del germ.), jarrete, jaula, jefe (del lat.), jirafa (del arab.), lacayo (del germ.), landó, levita, lesna (del germ.), librea (del lat.), lingote (del lat.), lona, lote (del germ.), madama (del lat.), maniquí (del germ.), manivela, marchar, marmita, marmota (del lat.), marqués, mástil (del germ.), mazurca (del eslavo), menaje (del lat.), metge y menjurje (del lat.), mensaje (del lat.), merodear, mesón (del lat.), metralla, minué (del lat), mitón (del lat.), moda (del lat.), mofar (del lat.), mosaico (del it., gr.), motín (del lat.), narval (del germ.), neto (del lat.), níquel (del germ.), obenque (del germ.), oboe, obús (del germ.), orfebrería (del lat.), orla (del lat.), pabellón (del lat.), paje (del gr.), país (del lat.), paladín (del lat.), palurdo, pantalón, pantalla (del lat.), pantuflo, paquebot (del ingl.), parcela (del lat.), parche (del lat.), parlar (del lat.), parque, pasaporte, patache, peine (del lat.?), peón (del lat.), percha (del lat.), perejil (del lat.), petardo (del lat.), petimetre, pinzón, pirueta (del gr.?), placa (del germ.), plancha (del lat.), polca (del eslavo), poltrón (del it.), porche (del lat.), presea (del lat.), pupitre (del lat.), quepis (del germ.), quincalla (del germ.), quinqué, rail (del ingl.), rampa (del germ.), recluta (del germ.), refrán, reproche (del lat.), retreta (del lat.), revólver (del ingl.), rubí (del lat.), ruibarbo (del lat.), ruta (del lat.), sage (del lat.), sarao (del lat.), sargento (del lat.), servilleta (del lat.), silueta, taburete (del arab.), tafetán (del persa), tanino (del germ.), tenería (del germ.), tílburi (del ingl.), timbre (del lat., gr.), tisú (del lat.), toisón (del cast.), toldo (del germ.), tren, trincar (del germ.), trineo, trinquete, tul, túnel, ujier, vagón (del ingl.), vals (del germ.), vampiro (del eslavo), viñeta (del lat.).
142. El Cantar de Mio Cid es el más antiguo monumento que conocemos de la lengua escrita y de la literatura castellana, y es probable que no se escribiera otro antes de él. Parece haber sido compuesto hacia el año 1140, y, en todo caso, antes de la muerte de Alfonso VII en 1157. Consérvase en un solo códice del siglo xiv, copiado de otro más antiguo por Per Abbat. No hay otra unidad artística fuera del seguir el orden de los acontecimientos, distinguiéndose tres cantares, que pudo imitar y aun tomar el autor de los populares: 1.º. el destierro del Cid (1-1084); 2.º, las bodas de las hijas del Cid (1085-2277); 3.º, la injuria de Corpes y su reparación (2278). La mayor parte de los hechos narrados en el Cantar y los personajes son realmente históricos; la topografía, las tradiciones locales, las costumbres, trajes y demás ajuar, son puntuales. El único episodio maravilloso es la aparición del arcángel San Gabriel; ficticios y novelescos son el de las arcas llenas de arena y el del león, que debían de ser populares leyendas.