ÉPOCA DIDÁCTICA
(SIGLO XIV)

224. Resumen histórico. Reyes de Castilla y de León: Fernando IV el Emplazado (1295-1312). Alfonso XI el del Salado (1311-1350). Pedro I el Cruel (1350-1369). Casa de Trastamara: Enrique II el de las Mercedes (1369-1379). Juan I (1379-1390). Enrique III el Doliente (1390-1407). Los Benimerines vencidos en el Salado (1340). Cisma de Occidente (1378-1417). Fundación del Colegio de San Clemente de Bolonia por el cardenal don Gil de Albornoz (1364).

Literatura francesa. Cronistas, Joinville (1224-1319) y Froissart (1337-1410); poetas, Guillaume de Lorris († 1260) y Jean de Meung († 1305); dramáticos y líricos, Adam de Le Halle († 1286), Ruteboeuf (contemporáneo de Luis y Philippe le Hardi), Eustache Deschamps († 1407).

Literatura provenzal: G. Molinier (hacia 1350), Flors del gay saber ó Leys d'Amors.

Literatura italiana: Petrarca (1304-1374), Rime, Trionfi y obras latinas; Boccaccio (1313-1375), Decamerón, Filocolo, Filostrato, La Fiammetta, Il Ninfale Fiesolano, Ameto, L'amorosa Visione; Francisco de Barberino (1264-1348), I documenti d'Amore, Del reggimento e costumi di donne; Sacchetti (1335-1400); el historiador Villani († 1348), Santa Catalina de Sena (1347-1380), Cartas; Salutati, humanista.

225. Tres grandes escritores llenan el siglo xiv: don Juan Manuel, cuentista moralizador; el Arcipreste de Hita, poeta de los grandes del mundo; Pero López de Ayala, nuestro historiador más antiguo. El espíritu de los tres es didáctico y de moralista, no menos que el de Sem Tob, el único poeta de segundo orden, y el de los grandes prelados y demás escritores eclesiásticos de este siglo. Al cual podemos llamar, por consiguiente, Época didáctica, aunque el Arcipreste de Hita, proponiéndose enseñar, además de hacerlo como nadie, narrando apólogos, se levante como vate extraordinario y parezca y sea de hecho un lírico y un dramático de los mayores que ha habido en España.

El lenguaje castellano erudito, el único que de esta época conocemos, se hace más castizo y menos latino en estos autores, cobrando matices y bríos, sobre todo en manos del Arcipreste, merced á su ingenio popular, que le lleva á sacar del habla del vulgo otra más nueva y rica sátira, de la que Berceo y los otros escritores del mester de clerezia sacaban de los libros latino-eclesiásticos. El caudal léxico se enriquece, hácese más doblegadiza y blanda la construcción y el engarce de las frases, prefiérense los vocablos populares á los latino-eruditos y el habla, en suma, toma mayor color y fuerza.

226. La Vida de San Ildefonso debió de escribirse á poco de haberse instituido la fiesta del santo en el Concilio de Peñafiel, en mayo de 1302. En sus 1034 alejandrinos procura el autor, beneficiado de Úbeda, imitar la sencillez y unción de Berceo; pero no lo consigue por no tener sentimientos ni orejas de poeta.

227. Al final de la Vida declara el autor haber puesto en metro la historia de la Magdalena, cuando era beneficiado de Úbeda. El manuscrito es abominable y del siglo pasado, de donde la publicó por primera vez Janer (1864); el códice original, que estaba en San Martín de Madrid en tiempo de Sánchez, no se sabe dónde para. Ed. Bibl. de Aut. Esp., t. LVII. Consúltense: A. Restori, Alcuni appunti su la Chiesa di Toledo nel secolo xiii, en Atti della Reale Academia delle Scienze di Torino, 1893, t. XXVIII, págs. 54-68.

228. Pertenece al mester de clerezia el principal de los monumentos aljamiados, esto es, escritos en romance con letras arábigas ó hebraicas, compuestos por mudéjares, moriscos y judíos, la Historia de Yuçuf ó Poema de José, Hadiç de Yuçuf, que hizo algún mahometano, sacando el asunto, no de la Biblia, sino de la duodécima sura ó capítulo del Corán, con añadiduras tradicionales entre moros y judíos. Escrita para musulmanes esta historia del hijo de Jacob, nada tiene del arábigo más que la invocación á Allah. En ella el principal papel lo hace la infiel esposa de Putifar, llamada aquí Zuleika ó Zalija. Está en la cuaderna vía y se lee con gusto por su apacibilidad.

229. Alfonso el Sabio insertó este asunto en su Grande e General Estoria y fué varias veces contado en prosa castellana por nuestros moriscos, como puede verse en un libro publicado recientemente por Guillén Robles. El Yuçuf se conserva en dos manuscritos muy defectuosos, el más antiguo de los cuales y el menos castellanizado permite afirmar que el autor fué algún morisco aragonés de fines del siglo xiii ó principios del xiv. Transcribiólo en letra vulgar Pascual Gayangos, y se lo dió á Ticknor para que lo insertase en los apéndices al tomo III de su History of Spanisch literature, de donde lo han copiado los demás. Se ha publicado después el texto en letra arábiga. El Poema de José, ed. H. Morf, Leipzig, 1883; M. Schmitz, Ueber das altspanische Poema de José, en Romanische Forschungen, 1901, t. XI, págs. 315-411 y 623-627; Bibl. Aut. Esp., t. LVII (estas ediciones reproducen el Ms. de la Bibl. Nacional de Madrid, la primera en letra arábiga, las otras dos en letra latina), Poema de Yúçuf, ed. R. Menéndez Pidal, en Revista de Archivos, 1902, t. VII, págs. 91-129, 276-309, 347-362 (reproducción del Ms. de la Academia de la Historia de Madrid, en letra arábiga y latina). Consúltense: J. Saraoīhandy, Remarques sur le Poème de Yuçuf, en Bulletin hispanique, 1904, t. VI, págs. 182-193; J. D. M. Ford, The old Spanisch sibilants, en Studies and Notes in Philology and Literature, Harvard University, 1900, t. VII, págs. 153-159; Μ. Grünbaum, Gesammelte Aufsätze sur Sprach-und Sagenkunde, Berlín, 1901, páginas 548-551, 563-593.

230. Sobre los aljamiados, etc.: Francisco Codera y Zaidin, Almacén de un librero morisco descubierto en Almonacid de la Sierra, en el Boletín de la R. Academia de la Historia, 1884, t. V, págs. 269-276; Pablo Gil, Los manuscritos aljamiados en mi colección, en el Homenaje á Codera, Zaragoza, 1904, págs. 537-549; Pablo Gil, Julián Ribera y Manuel Sánchez, Textos aljamiados, Zaragoza, 1888; Francisco Guillén Robles, Leyendas moriscas, Madrid, 1885-1886, 3 vols.; íd., Leyendas de José, hijo de Jacob y de Alejandro Magno, Zaragoza, 1888, Bibliot. de Escritores Aragoneses, t. V; Marcus Joseph Müller, Morisco Gedichte, en el Sitzungsberichte der Königl. bayer. Akademie der Wissenschaften zu München, 1860, Heft I, págs. 201-253; Eduardo Saavedra, Discurso sobre la literatura aljamiada, 1878, en las Memorias de la Real Academia Española, 1889, t. VI, págs. 140-192 y 237-328.

231. En 1305 escribió en Monpesier Bernardo Gordonio el Libro de medecina. Las tablas de los ingenios. El Regimiento de las agudas. El tractado de los niños con el regimiento del ama. Las pronósticas. Imprimiéronse en Toledo, 1513; Madrid, 1697.

En 1305 celebró Fernando IV Cortes en Medina del Campo, cuyo texto se conserva, así como el de las de Valladolid, 1307.

Recordemos que en 1309 Moisés-ben-Shem-Tob, de León, dió á conocer el famoso libro llamado Zohar, en siro-arameo, y parece haberse compuesto en el siglo i.

Fray Pedro Perpiñano de Riu, carmelita, escribió por aquel tiempo Super Sententiarum libri IV. Quaestiones Sententiarum libri II. In Psalmos. Sermones varios.

Don Gonzalo de Hinojosa († 1319) obispo de Burgos desde 1313, escribió Abbreviatio historiarum Regum omnium Christianorum.

Fray Arnaldo de Rosignol, valentino, mercedario, escribió hacia 1314 un Comentario al cap. Nunquam y De consecratione.

Hacia 1320 floreció el Doctor Dulcífluo Antonio Andrés, teólogo escolástico, discípulo de Escoto, franciscano aragonés, escribió Commentarii in artem veterem Aristotelis. In libros sex principiorum Gilberti Porretani. In libros Peri-hermenias Aristotelis. In librum divisionum Boethii. In octo libros physicorum. In XII libros metaphysicae. In quatuor libros Sententiarum.

Hacia 1322 floreció Fray Miguel Carmell, mercedario aragonés, que escribió In Canticum Canticorum.

D. Ximen Pérez de Salanova, Justicia de Aragón, dicen escribió un tomo de Observantiae; vivió hasta 1330. Jayme Hospital (hacia 1349), Observantiae. Otros comentadores de las leyes aragonesas: Juan Pedro de Patos, Pedro Lanaja, Martín de Pertusa, Juan Antich Bages, Juan del Río, Martín de Larraga, etc.

El M. Pedro Compostelano escribió, hacia 1325, De Consolatione Rationis, parte en verso. Fray Guillermo Rubio, franciscano aragonés, escribió In quatuor libros Sententiarum.

232. El príncipe don Juan Manuel (1282-1348) debe ponerse antes del Arcipreste de Hita, por pertenecer más de lleno á la escuela didáctica y del apólogo, tanto, que es el principal de ella. Nació en Escalona, del infante don Manuel, postrer hijo de San Fernando, y de doña Beatriz de Saboya, hija de Amedeo IV, conde soberano de dicho Estado. Perdió á su padre á los veinte meses, quedando bajo la dirección de su madre, que le dió por mayordomo á Juan Sánchez de Ayala, y por ayos á Gómez Fernández de Orozco y á Alfonso García. Túvole en su casa y cuidó de él don Sancho IV, acrecentando su herencia, con la cual labró el Príncipe su castillo de Peñafiel, su preferida morada, fundando allí mismo un monasterio de dominicos. En 1294, de doce años no cumplidos, entró en tierra de Vera como Adelantado del reino de Murcia, venciendo á los moros granadinos; peleó luego con aragoneses y navarros, que, en paz ajustada en 1289 con los de la Cerda, tomaban villas y castillos en Murcia y Alicante. Antes de los veinte negoció hábilmente, en nombre de la reina doña María de Molina y de su hijo don Fernando, con don Jaime II, logrando en premio la mano de la infanta aragonesa doña Constanza, hija de don Jaime, para dentro de ocho años, por ser muy niña todavía. Su mediación con los Infantes de la Cerda le valió el señorío de Villena. Pero su ambición le lleva á asociarse con el infante don Felipe contra don Juan el Tuerto por la tutoría de don Alfonso XI, y luego se alía con el segundo contra el primero y hasta se declara contra el Rey, la Regente y sus cortesanos, declarándolos reos de muerte. Gracias que el Rey le ganó para sí pidiéndole la mano de su hija doña Constanza, á quien hizo Reina, dándole en cambio castillos y alcázares y el título de Adelantado Mayor de la frontera y del reino de Murcia, con lo cual, satisfecho, entró en el reino de Granada, venciendo á Osmín á orillas del Guadalhorce. Otra vez se levantó contra Alfonso XI, y ésta aliándose con los mismos moros vencidos, añadiendo la "despedida, del Rey", y "desnaturamiento" del reino, usando del "fuero de la tierra". Motivo, el haber encerrado el Rey á su esposa, hija de don Juan Manuel, en el castillo de Toro. En esto murió su mujer, doña Constanza de Aragón, año de 1327. Alióse con doña Juana Núñez de Lara, viuda de don Fernando de la Cerda, y ajustó las bodas de los dos hijos de ésta, tomando él la mano de doña Blanca y ofreciendo á don Juan Núñez, alférez mayor del Reino, la de doña María, hija de don Juan el Tuerto. Luego buscó amistades en Portugal, ofreciendo al infante don Pedro la mano de su hija, la que fuera Reina de Castilla, y fué aceptada. Solicitó, además, y logró el apoyo del rey de Granada Mohammad III y, en fin, metió cizaña entre los privados del Rey, atrayéndose algunos á su bando. Con esto pudo luchar con su sobrino don Alfonso XI, turbando la tierra, hasta tener que humillársele el Rey en 1328, rogándole se le juntase contra los moros, ofreciéndole la libertad de su hija. Aceptado, vuélvese el Príncipe contra los granadinos, venciéndolos en todas partes. Vuelto á Castilla, arremete de nuevo contra el Rey, hace treguas con el moro, desbaratando los planes de don Alfonso. Cansado éste, en 1331, de tío tan tornadizo y revolvedor, dicen le convidó á comer á Villahumbrales, con don Juan Núñez, con propósito de deshacerse de él, como lo hizo con don Juan el Tuerto; pero esquiva el peligro, y más sañudo, hace alianza con don Pedro IV de Aragón. Quiere don Alfonso arrebatarle su hija doña Constanza para impedir la boda con el de Portugal y le sitia en Garci-Muñoz, de donde escapa en 1336 y se "desnatura" otra vez. Así anduvo dos años más, revolviendo en bandos á Castilla, hasta que, mediando su suegra doña Juana Núñez, tuvo por bien allegarse al Rey por centésima vez, ayudándole ésta contra los moros africanos y granadinos y muriendo en paz con todos en 1349, después de asistir á las Cortes de Alcalá mismo, y en agosto ya su hijo don Fernando se halla en el cerco de Gibraltar como señor de Villena. Concurrió don Juan Manuel á la batalla del Salado y á la toma de Algeciras, como uno de los más valientes guerreros de su tiempo. Pocos como él supieron tan gallardamente menear á la vez la pluma y la espada. Pero lo que pasma es ver á un varón tan bullicioso y revolvedor, de tan desapoderada ambición, de entrañas tan vengativas, de altanería tanta, que parecía cebarse en luchas perpetuas con el Rey, con los de su propia casa, con los que el día anterior fueron sus amigos, ponerse á escribir con la serenidad y sosiego de un sabio, que no sabe dejar su rincón ni desnudarse el casero brial. ¿Quién dijera, al leer sus graves escritos, sus patriarcales consejos, sus severas sentencias, que el mismo día de asentar tan apesadumbradamente la pluma en el pergamino le había de volver á ver entre sus mesnadas desnudo el acero en la diestra, encarnizados los ojos de cólera contra su real sobrino ó firmando tan frescamente alianza con el moro enemigo de España ó desnaturalizándose de su patria como un forajido? He aquí un caso en que la vida y carácter de un escritor no solamente no concuerdan y aclaran sus escritos, sino que los contradicen de todo en todo. Este guerrero, este vengativo, este hombre de violentísimas pasiones y desgarrado proceder, escribe con la gravedad de Séneca y la candidez de un niño inocente.

Las obras de don Juan Manuel son: 1. Tractado que fizo don Juan Manuel sobre las armas... (publicado). 2. Libro de los Castigos et Consejos ó Infinido (publicado). 3. Libro de los Estados ó del Infante ó de las Leyes (publicado). 4. Libro del Caballero et del Escudero (publicado). 5. Libro de la Caballería (inédito). 6. Crónica Abreviada (inédito). 7. Crónica complida (inédito). 8. Libro de los Engennos (inédito). 9. Libro de la Caza (publicado). 10. Libro de las Cantigas ó Cantares (inédito). 11. Reglas cómo se debe trovar (inédito). 12. Libro de los Sabios (inédito). 13. Libro del Conde ó Libro de Patronio ó Libro de los Enxiemplos ó El Conde Lucanor (publicado). 14. Tractado en que se prueba por razon que Santa Maria está en cuerpo et alma en Paraiso (publicado). Su mismo autor preparó el texto de sus obras antes de 1335 y lo depositó en el monasterio de dominicos de Peñafiel, pero el tal texto desapareció. No poseemos el Libro de la Caballería, hecho hacia 1320-1322 á imitación del Libre del orde de Cauayleria, de Raimundo Lulio; ni el Libro de los Engennos ó de máquinas bélicas; ni las Reglas cómo se debe trovar; ni el Libro de los Cantares, escritos los tres antes de 1329; ni el Libro de los Sabios, que poco más ó menos fué compuesto por el mismo tiempo. El de los Cantares lo tuvo Argote de Molina (1549?-1597) y quiso imprimirlo después de editar el del Conde Lucanor, donde hay cuartetas de cuatro, ocho, once, doce y catorce sílabas y redondillas octosilábicas. La Crónica Abreviada (entre 1320 y 1324) lo es de la General, de su tío Alfonso X. Perdióse la Crónica complida y acaso está resumida en el Chronicon domini Johannis Emmanuelis. El Libro de la Caza se compuso hacia 1325-1326, y en el c. 8 se habla de dos halcones llamados Lançarote y Galván, lo que muestra que ya se conocían las novelas del ciclo bretón. El Libro del Caballero et del Escudero es imitación libre del Libro del orde de Cauayleria de Raimundo Lulio. La primera parte del Libro de los Estados está fechada en 22 de mayo de 1330 y es obra didáctica alegórica en 150 capítulos. El Libro de los castigos ó Infinido (no acabado) es una colección de consejos á su hijo don Fernando, hecha hacia 1334; en el c. 26 escribe para el monje Juan Alfonso Las maneras de amor, sobre la amistad. De la misma época es el Libro de las armas, de los blasones y privilegios de su linaje.

El Libro de los enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio, en cuatro partes, la más importante es la primera, en 51 capítulos; la última lleva la fecha de 12 de junio de 1335. Debió de escribirse entre 1328 y 1335, antes del Decamerón, de Boccaccio, que se compuso entre 1348 y 1353. Ambas obras remedaron las Mil y una noches, haciendo don Juan Manuel en su libro de califa con nombre de Conde Lucanor y Patronio de Scheherazada. Son todos ejemplos ó apólogos con su moraleja al fin, en versos que resumen la prosa del capítulo. Es la mejor obra de don Juan Manuel, y en ella se muestra buen cuentista y narrador, conciso y á la vez pintoresco, en hacer resaltar pormenores, hábil en planear y desenvolver con gracia el caso, realista en aplicarlo á las costumbres y gente de su tiempo y muy moral y severo en fondo y forma.

233. Advertencia al Libro de Patronio: "Et los libros que él ha fecho fasta aquí son éstos: la Coronica abreviada, el Libro de los Sabios, el Libro de la Caballería, el Libro del Infante, el Libro del Caballero et del Escudero, el Libro del Conde, el Libro de la Caza, el Libro de los Engennos, el Libro de los Cantares. Et estos libros están en el monasterio de los fraires predicadores que él fizo en Peñafiel". Equivocando las últimas palabras, Pascual Gayangos hizo un Libro de los fraires predicadores, de un capítulo del Libro de los Estados. Argote de Molina dividió en dos el Libro del Caballero et del Escudero. El mismo Gayangos hizo otro libro titulado De las maneras del Amor, del final del Libro de los Castigos et Consejos; pero no es más que su final, como allí dice el mismo autor: "et asi lo porné en este libro". En el prólogo que puso don Juan Manuel á sus obras: "Todos los libros que yo fasta aqui he fecho son doce: el primero tracta de la razon por qué fueron dadas al infante don Manuel, mio padre, estas armas, que son alas et leones, et por qué yo et mio fijo legitimo heredero et los herederos del mi linaje podemos facer caballeros, non lo seyendo nos, et de la fabla que fizo conmigo el rey don Sancho en Madrid ante su muerte (Tractado que fiso don Juan Manuel sobre las armas que fueron dadas á su padre el infante don Manuel, et por qué él et sus descendientes pudiesen facer caballeros non lo siendo, et de cómo pasó la fabla que con el rey don Sancho ovo ante que finase)[21]. Et el otro de Castigos et Consejos, que dó á mi fijo don Fernando, et son todas cosas que yo probé. El otro libro es de los Estados. Et el otro es el Libro del Caballero et del Escudero. Et el otro Libro de la Caballeria, et el otro de la Cronica Abreviada, et el otro de la Cronica Complida. El otro el Libro de los Engennos, et el otro el Libro de la Caza, et el otro el de las Reglas como se debe trovar". Aunque antes dijo que eran doce sus libros, no hizo relación más que de once, y aquí olvida dos de los allí apuntados.

De esto resulta que son trece los libros que él nombra; el catorce de la lista lo publicó Gayangos, y Amador de los Ríos le da el título de "Libro sobre la Fe, intitulado ó Fray Remon de Masquefa, que tal vez sea el omitido por el copiante al transferir el prólogo general de todas las obras" (Hist. crít. de la Liter. Esp., 1863, t. IV, pág. 234). Argote de Molina publicó el Conde Lucanor en Sevilla, 1575, del cual se han hecho otras ediciones: Madrid, 1642; Stuttgart, 1840; Barcelona, 1853. Pero la mejor es la de Knust, Leipzig, 1900, sacada del mejor códice (Bibl. Nac., 6.376, antes S-34); la de Krapf, Vigo, 1902, reproduce el códice del Conde de Puñonrostro, hoy de la Academia Española, sin las adiciones de los otros, aunque sólo tiene la primera parte. Los códices son, además de los dos citados, otro de la Nacional (4.236, antes M-100), el de Gayangos, hoy en la Nacional (1.190), y el de la Academia de la Historia (Est. 27, gr. 3, E-78). Gayangos dió á luz los números 4, 1, 2, 3, 13, 14. José Gutiérrez de la Vega publicó el Libro de la Caza, Bibl. Venatoria, Madrid, 1879.

234. Leyendo á don Juan Manuel echamos menos lo que después hallamos en la prosa artística del Renacimiento, ese buscar de palabras, frases y metáforas, que condensen más ceñidamente el pensamiento, hagan resaltar un toque, varíen el estilo, ya con mayor atropello, ya con espacioso sosiego, pinten las cosas, distingan colores y sentimientos. Los primeros renacentistas del siglo xv, como Santillana y el de Villena, buscan por otro camino la novedad y la redondez de las lenguas clásicas por medio del hipérbaton, desaforado las más veces, por el uso de latinismos que desvirtúan el lenguaje. En don Juan Manuel no hay la menor huella ni de lo uno ni de lo otro. Escribe con una sencillez de niño que ignora los secretos del arte, no ha caído todavía en la cuenta de que pueda escribirse de otra manera. Estamos en la niñez de la prosa castellana. Véase, por ejemplo, cómo en el Libro de la Caza menudea la conjunción et, cómo corta cada frase de por sí, sin cuidarse de engarzarlas en un todo más armónico. En esto le ganó su abuelo Alfonso X, el cual gasta un ropaje más rozagante para envolver sus reales leyes, un estilo como imperial y cesáreo, y en la Crónica mayor particularidad en los pormenores y en toques de color, que ofrecen escenas tan menudas y sentidas como las de Mio Cid. Don Juan Manuel desconoce la manera de dar color y amplitud á su decir, deja correr la pluma con una sencillez paradisíaca. Acaso se acomode más esta cualidad á los asuntos que trata, al apólogo y á los consejos que da un tan elevado magnate á su hijo y á sus súbditos. Porque esa sencillez y no buscada naturalidad nada tienen de bajo y de arrastrado; antes una señoril elevación y una dignidad ahidalgada mantienen siempre en su punto la llaneza del estilo.