NOTAS:

[1] Véase el estudio crítico que precede á la edición de Vigo, 1899, tipografía de Eugenio Krapf. De aquel trabajo sólo conservo en el presente algunas frases, que por razones particulares no he querido modificar. Todo lo restante ha sido escrito de nuevo, conforme á los descubrimientos é investigaciones de estos últimos años y al minucioso estudio que he hecho de la Tragicomedia y de la copiosa literatura que con ella se relaciona.

[2] Ninguna de las ediciones españolas que hoy se conocen anteriores á la de Alcalá de Henares, 1569, lleva este título, pero sí todas las reimpresiones de la traducción italiana de Alfonso Ordóñez desde la de Venecia, 1519, en adelante. Y así debía designársela en el uso común, puesto que Luis Vives la cita dos veces con tal nombre en 1529 y en 1531, y también Fr. Antonio de Guevara en los preliminares de su Aviso de privados y doctrina de cortesanos (Valladolid, 1539).

[3] La primera edición del Cancionero de Juan del Enzina, en que están sus más antiguos ensayos dramáticos, es de 1496, anterior tres años no más á la Comedia de Melibea.

[4] Hay un pasaje del prólogo que parece indicar lo contrario: quando diez personas se juntaren a oyr esta Comedia. Pero, á mi ver, no se trata aquí de verdadera representación, sino de lectura entre amigos, y en tal interpretación me confirma una de las octavas de Alonso de Proaza.

«Dize el modo que se ha de tener leyendo esta tragicomedia:

Si amas y quieres a mucha atencion,
Leyendo á Calisto, mouer los oyentes,
Cumple que sepas hablar entre dientes,
A vezes con gozo, esperança y passion;
A vezes ayrado con gran turbacion.
Finge leyendo mil artes y modos,
Pregunta y responde por boca de todos,
Llorando y riyendo en tiempo y sazon.»

Son verdaderas reglas de declamación, pero no para un actor, sino para un lector que habla por boca de todos los personajes de la pieza. No recuerdo que nadie después de Wolf (Studien, pág. 280) y antes de Creizenach (Geschichte des neueren Dramas, I, 34) se haya fijado en este curioso pasaje. Es probable que las comedias elegíacas de la Edad Media se recitasen así, y antes de ellas lo había sido el Querolus, según todas las trazas.

El carácter de drama ideal que la Celestina tiene fué perfectamente comprendido en el siglo XVII por su traductor latino Gaspar Barth, y aun por eso aplaudía que su autor la hubiese escrito en prosa contra el uso de los antiguos y el de su propio tiempo. «Hic vero Ludus nulli Theatro affixus erit, nec diludiis factus unius ant alterius Reipublicae, Civitatisve: sed generatim totum Orbem Christianum ad lectionem vocat et velut spectaculum.»

[5] Fernando Wolf la consideraba como un poema épico-dramático, lo cual es decir en sustancia lo mismo: «Seine Form ist in der That eine episch-dramatische. In ihr zeigt sich das Drama zwar noch in den weiten, faltenreichen epischen Gewanden, aber schon in Begriffe dieser hemmenden Hüllen sich zu entledigen, um in freierer Bewegung rascheren Schrittes die Bühne zu besteigen. In der Wahl, Anlage und Gliederung der Fabel, in der composition der Celestina im Ganzen waltet allerdings noch das Epische vor; es ist darin noch das breite Sichgehenlassen, die Redseligkeit des Erzählers, das Zerfahren der Handlung und Hemmung ihres rascheren, dramatischeren Verlaufs durch Episoden, das Vorwalten der Situation, die minutiöse Ausmalung, kurz die Epische Breite und Behaglichkeit. Dennoch hat diese Tragicomedia schon dramatischen Grundton, dramatisches Leben und-abgesehen von der mehr äusserlichen Form des durchgehenden Dialogs und der Eintheilung in (21) Acte, nicht nur Acte, sondern auch Action, dramatische Handlung und vor allen in der und durch die Handlung drastisch dargestellte Charaktere; ja gerade durch die meisterhafte Zeichnung, consequente Entwickelung und den kuntsvollen Conflict der Charaktere, durch die darin bedingte tragische Katastrophe zeichnet sie sich so sehr aus, dass sie Prototyp und classisches Muster des sogenannten género novelesco des spanischen Nationaldramas geworden und hierin von wenigen späteren, wenn auch dramatisch ausgebildeteren Stücken der Art erreicht, von keinem übertroffen worden ist». (Studien zur geschichte der Spanischen und Porgiesischen Nationalliteratur von Ferdinand Wolf, Berlin, A. Asher, 1859, pág. 280).

[6] Aribau, en la introducción del tomo de Novelistas anteriores á Cervantes, citó una edición de Medina del Campo de 1499, que nadie ha visto. Acaso se atribuyó á Medina la edición incunable, que no consigna realmente el punto de impresión. Pero no consta que Fadrique Alemán imprimiese más que en Burgos. En Medina no se encuentra impresor alguno antes de 1511, en que Nicolás de Piemonte estampó el Valerio de las historias. Vid. La Imprenta en Medina del Campo, por D. Cristóbal Pérez Pastor (Madrid, 1895), p. IX.

[7] Tampoco ha convencido al erudito italiano Mario Schiff (Studi di filologia romanza pubblicati da E. Monaci e C. de Lollis, Turin, 1892, fasc. 24, pág. 172).

La edición de Sevilla, 1501, anuncia que los argumentos están nueuamente añadidos, lo cual si se entiende como suena es una falsedad, puesto que la edición de 1499 tiene los mismos argumentos. Lo que quiere decir, á mi juicio, es que los argumentos habían sido añadidos al primitivo texto poco antes, nuevamente (nuperrime).

[8] No carece de curiosidad la historia de los precios que en ventas públicas ha obtenido. Apareció por primera vez en Londres en la subasta de la biblioteca de Ricardo Heber (1836), y fué tal
la insensatez ó ligereza de los bibliófilos (desencantados quizá por la circunstancia del pliego falso) que fué vendido en la irrisoria cantidad de dos libras y dos chelines. El afortunado comprador fué Mr. de Soleinne, y en la venta de su riquísima colección dramática (1844) alcanzó ya esta Celestina el precio de 409 francos, que pagó el Barón Taylor. Procedente de la biblioteca del Barón Seillière, fué subastada nuevamente en París (1890), llegando al precio de 2.700 francos. No sabemos si en aquella ocasión la adquirió el librero Quaritch, de Londres, que en su catálogo de 1895 la anunció en 145 libras esterlinas. El bibliófilo inglés Mr. Alfredo W. Pollard es el actual poseedor de esta joya, que afortunadamente podemos disfrutar todos en la lindísima reimpresión que de ella ha hecho el Sr. Foulché-Delbosc, á quien se deben los mayores progresos que el estudio de la Celestina ha logrado en estos últimos años. Comedia de Calisto ᘔ Melibea (Burgos, 1499). Reimpresión publicada por R. Foulché-Delbosc, 1902 (Macon, Protat hermanos, impresores). En la Revue Hispanique, tomo IX, págs. 185-190, está minuciosamente descrito por el Sr. Foulché el incunable de Burgos.

[9] Brunet, en la quinta edición de su Manuel du Libraire (1860), dice que la filigrana del papel en la última hoja deja leer la fecha de 1795. Pero en su estado actual no tiene tal fecha ni señal alguna, según asegura el Sr. Foulché-Delbosc, que le ha examinado más despacio que nadie.

[10] Bemerkungen zur Celestina (Revue Hispanique, 1902, págs. 139-170).

[11] Siendo Alfonso de Proaza personaje de bastante importancia á principios del siglo XVI, especialmente como propagandista de la filosofía luliana, y habiendo sonado tanto su nombre en las controversias sobre la Celestina, parece natural que le dediquemos algunas líneas, en que procuraremos recoger, siguiendo el orden cronológico, las noticias que de él andan esparcidas en varios libros.

Su apellido indica que era natural ú oriundo de Asturias, aunque D. Nicolás Antonio le llama, y él propio se llamaba, Asturicensis, lo cual, en rigor, quiere decir natural de Astorga. Pero debe de ser una falta de latinidad, como observó bien el autor de la Biblioteca Asturiana, publicada por Gallardo (Ensayo, I, art. 457). Este manuscrito, fechado en 1782 y remitido al conde de Campomanes, no es más que el primer bosquejo de las Memorias históricas del Principado de Asturias y Obispado de Oviedo, que empezó á publicar en Tarragona, 1794, el canónigo D. Carlos González de Posada, no pasando desgraciadamente del primer tomo. Es fácil cerciorarse del común origen de ambos libros, sin más que cotejarlos. En su primer artículo, González Posada apenas había hecho más que traducir las breves líneas que Nicolás Antonio dedica á Proaza en la Bibliotheca Nova; pero en el segundo habló con mejores datos, que le proporcionó el erudito valenciano D. Francisco Borrull(A).

(Nota A: Memorias Históricas del Principado de Asturias y Obispado de Oviedo. Juntábalas el Dr. D. Carlos González de Posada, canónigo de Tarragona, de la Real Academia de la Historia... Tarragona, por Pedro Canals, 1794, pp. 120-124).

El nombre de Alfonso de Proaza suena por primera vez en sus coplas encomiásticas de la Celestina, ora se pusiesen en la hipotética edición de Salamanca, 1500, ora en la de Sevilla, 1501.

«Consta de los libros de Ayuntamiento de la ciudad de Valencia, llamados Manuales, que en 21 de octubre de 1504 fué nombrado por dicha ciudad catedrático de Retórica Alfonso de Proaza; que en 7 de mayo de 1505 se le reeligió para el año siguiente; que en 8 de septiembre del mismo año la ciudad loó y aprobó la obra que hizo en alabanza de la misma el reverendo Alfonso de Proaza, bachiller en Artes y familiar del obispo de Tarazona, D. Guillén Ramón de Moncada, y mandó que ninguno pudiera imprimir dicha obra sino la persona que quisiese el mismo Proaza...; que en 8 de enero de 1506 proveyó la ciudad que se le diera y colara el primer beneficio que vacare en la misma al reverendo Mosén Alfonso de Proaza, presbytero, etc.; que en 30 de mayo del mismo año fué reelegido catedrático de Retórica». (Nota comunicada por Borrull á González Posada.)

D. Francisco Ortí y Figuerola, en sus Memorias históricas de la fundacion y progressos de la insigne Universidad de Valencia (Madrid, 1730), pág. 143 y siguientes, añade que «fué secretario del obispo de Tarazona, D. Gislenio (Guillén) Ramón de Moncada, y uno de los más fuertes defensores de la doctrina de Raymundo Lulio, que entonces se leía públicamente en la Universidad, y había en ella cátedra instituída para su lección con el honorario correspondiente, la cual duraba aun después de la mitad del siglo XVII, como lo escribe el Regente D. Lorenzo Mateu... El Maestro Proaza promovió esta doctrina con el mayor esfuerzo, haciendo varias ediciones de muchas obras de Raymundo Lulio, entre las quales imprimió la disputa que tuvo con Homar Sarraceno, y en su conclusión añadió unas actas del examen de la doctrina del mismo Raymundo. Hizo también el catálogo de sus obras, del qual, y del que formó después el juicioso Wadingo..., se valió D. Nicolás Antonio, añadiendo varias noticias que adquirió... Diferentes de estas ediciones dedicó el Maestro Proaza al Venerable Arzobispo Cardenal... Cisneros, y la última que hallamos dirigida por su cuydado es del año de 1519. Por esta fecha, y porque dice Escolano que leía Retórica en Valencia cerca del año de 1517, supongo que estuvo en esta enseñanza hasta el de 1517, en que entró Alonso Ordóñez, tal vez á instancia y proposición suya, y por haber sido substituto suyo en los años antecedentes, pues las ocupaciones de Proaza eran muchas y graves».

Hasta aquí Figuerola, el cual añade en otra parte que Alfonso Ordóñez fué reelegido para la cátedra de Retórica en 20 de mayo de 1518 y en el mismo mes de los años 1520 y 1521. Siendo tan vulgares el nombre y el patronímico, no hay que reparar mucho en su coincidencia con los del primer traductor italiano de la Celestina, pues nada tiene de verisímil (aunque no sea imposible) que quien en 1506 era familiar del papa Julio II fuera diez años después á desempeñar una cátedra de Retórica en el Estudio de Valencia.

Como meros apuntamientos cronológicos, citaré aquí las publicaciones que conozco de Alfonso de Proaza:

1505. Oratio luculenta de laudibus Valentiae... (Colofón: In eadem inclyta urbe Valentia. Per Leonardum Hutz alemanum... anno messie incarnati MCCCCCV quarto idus novembris). (Vid. Serrano Morales, Diccionario de impresores valencianos, p. 224). Entre las papeletas inéditas todavía de D. Bartolomé Gallardo, con las cuales ha de formarse el quinto tomo del Ensayo, hay una descripción muy detallada de este rarísimo opúsculo con algunos extractos. Contiene, además de la Oratio, algunas poesías latinas de Proaza (Alphonsi de proaza ad divos Valentinae vrbis patronos Vincentium martyren invictissimum: et Vincentium Ferrer confessorem, Carmina saphica adonica atque dimetra iambica); otras, también latinas, de un Gonzalo Ximenez, cordobés, bachiller en ambos derechos, y del balear Miguel Cossi; y finalmente, el Romance heroico del mesmo Alonso de Proaza en lengua castellana sacado de la ya dicha latina oracion, que es el mismo que luego se imprimió en el Cancionero General. Al fin del volumen se hallan unas estancias de arte mayor, de las cuales sólo transcribiremos la última, por la gran similitud que tiene con otra de las que puso en la Celestina:

DESCRIPCIÓN DEL TIEMPO EN QUE SE ACABÓ

En tiempo que el padre del triste Feton
Por nuestro horizonte muy raudo pasaba,
Y en frígido albergue hospicio le daba
El Tésalo arquero, Centauro Quiron,
Y retrogradando por otra region
Mil y quinientas jornadas hiziera
Con cinco despues que Cristo naciera,
Fraguose el no bien fraguado sermon.

En el privilegio se llama á Alonso de Proaza «Bagiller en Arts, familiar del molt Reuerent don Guillem Ramon de Moncada, bisbe de Taraçona». Gaspar de Escolano, en su Historia de Valencia, tomo I, lib. V, cap. 29.º, col. 1117 y ss. de la primera edición (Valencia, 1610), pone traducidos varios trozos de este panegírico, pero equivocando el apellido y, al parecer, la patria del autor, á quien llama «Alfonso Peraza, Cathedratico de Retorica, de nación Andaluz». Acaso procederá la equivocación de haber un Luis de Peraza, historiador de Sevilla; pero tampoco tendría nada de extraño que Alonso de Proaza, asturiano de origen, hubiese nacido en Andalucía.

1510. Disputatio Raymundi Lulli et Homerii Saraceni, primo habita inter eos in urbe Bugiae Sermone Arabico, postea translata in Latinum ab eodem Lullo... Valentiae, per Ioannem Gofredum (Juan Jofre). Cuidó de esta edición Alonso de Proaza, y escribió la epístola dedicatoria al noble genovés Bartolomeo Gentili (el Bertomeu Gentil del Cancionero General). Contiene además este raro libro otros dos tratados lulianos, el De Demonstratione per aequiparantiam y la Disputatio quinque hominum sapientum.

A este mismo año de 1510 corresponde la más antigua de las ediciones hasta ahora conocidas de las Sergas de Esplandián, famoso libro de Caballerías, del regidor Montalvo. Esta edición, acabada de imprimir en Sevilla por maestre Jacobo Cromberger á 31 de julio de 1510, está descrita con el núm. 3331 en el Registrum de D. Fernando Colón. Por esta descripción sabemos que el libro tenía al fin, como todas las ediciones posteriores, unas coplas de Alonso de Proaza, que comienzan «Los claros ingenios...». Estas coplas son seis octavas de arte mayor, análogas en todo á las que puso en la Celestina:

Aquí se demuestran, la pluma en la mano,
Los grandes primores del alto decir,
Las lindas maneras del bien escrebir,
La cumbre del nuestro vulgar castellano;
Al claro orador y cónsul romano
Agora mandara su gloria callar,
Aquí la gran fama pudiera cesar
Del nuestro retórico Quintilïano.

También en este caso se titula Alonso de Proaza «corrector de la impresión»; pero ¿qué edición del Esplandián es la que corrigió verdaderamente? No creo que fuese la sevillana de 1510, sino otra más antigua, porque él en ese tiempo residía en Valencia.

1511. En el Cancionero General de Hernando del Castillo, impreso en Valencia por Cristóbal Hofman, hay seis poesías del bachiller Alonso de Proaza, que tienen los núms. 25, 35, 477, 778, 791 y 793 en la reimpresión de los Bibliófilos Españoles. La más curiosa es el Romance en loor de la ciudad de Valencia, que reprodujo Durán en su Romancero General, tomo II (núm. 1369). Es un resumen de su oración latina, con la cual fué impreso. El colector Castillo, que dirige á Proaza dos preguntas rimadas, da testimonio de la reputación científica de que gozaba entre sus contemporáneos:

A vos que soys prima de los inuentores
Y todo saber en vos resplandesce:
A vos a quien grandes, medianos, menores,
Vienen pidiendo de vuestros fauores,
Y lleuan cumplido lo que les fallesce...
..........................................................
Discreto, prudente en metros y prosa,
A quien s'endereçan mis simples razones,
A vos qu'en el texto desnudo sin glosa,
Sin que se pueda sentir otra cosa,
Moueys grandes dubdas y altas quistiones.

1512. Publicó en Valencia, imprenta de Jorge Castilla, el Liber correlativorum innatorum de Raimundo Lulio (Vid. N. Antonio, Bibliotheca Vetus, tomo II, lib. IX, cap. III, párrafo 89).

1513. Se hace mención de Alonso de Proaza en una carta interesantísima del Cardenal Cisneros á los Jurados de la Ciudad y Reino de Mallorca: «El Secretario Alonso de Proaza me embió su carta, y el traslado de los títulos y privilegios de aquella doctrina del Maestro Ramon Lull, Doctor Iluminadissimo, y he avido mui grande plazer de verlos, y de todo lo que sobre esto me escriven; porque de verdad yo tengo mucha aficion á todas sus obras, porque son de mucha dotrina y provecho; y assi crean, que en todo quanto yo pudiere las tengo de favorecer y trabajar cómo se publique y se lea por todos los Estudios... Y porque al bachiller Proaza escrivo más largo sobre todo, no digo aqui más de remitirme a lo que él de mi parte les escriviera: yo les ruego que le den entera fé. De Alcalá, á 8 de octubre de 1513».

Esta epístola, sacada del libro de Cartas Missivas del Archivo municipal de Mallorca y registrada en el proceso de beatificación de 1612, fué publicada por el P. Custurer en sus Disertaciones históricas del Beato Raymundo Lulio (Mallorca, 1700, pág. 364). Además de lo que importa para la historia del lulismo, nos presenta á Alonso de Proaza como hombre de confianza del gran Cardenal, que sostenía con él correspondencia directa.

1514. En la segunda edición del Cancionero General, hecha en Valencia por Jorge Costilla, se añade una poesía de Alonso de Proaza en loor de la bienaventurada Sta. Catalina (núm. 25 en el apéndice de la edición de los Bibliófilos).

1515. Ars inventiva veritatis. Tabula generalis. Commentum in easdem ipsius Raymundi... Prima impressio per Didacum de Gumiel in inclyta civitate Valentia die XII mēsis Februarii. Anno vero christianae salutis decimo quinto supra millesimum.

Estos tres libros lulianos, de los cuales el tercero se conoce también con el título de Ars expositiva, seu lectura super artem inventivam et tabulam generalem, fueron publicados por Alonso de Proaza en un solo volumen, en folio, á dos columnas, de 219 hojas numeradas y 7 de preliminares. Está dedicado al Cardenal Cisneros, bajo cuyos auspicios se hizo la edición. Alonso de Proaza tradujo al latín la Lectura, y añadió un catálogo metódico y por materias de las obras de Lulio. (Cf. Littré, tomo 29 de la Histoire Littéraire de la France, pp. 182-183, 196-197.)

1519. A este año pertenecen, según D. Nicolás Antonio, otras dos ediciones lulianas, impresas en Valencia por Jorge Costilla, el Liber de ascensu et descensu intellectus y la Logica Nova. Pero el P. Custurer (Disertaciones, p. 603), á quien como especialista en la materia hemos de suponer más enterado, las atribuye al año 1512, y cita un ejemplar existente en la Biblioteca de Montesión (hoy Provincial de Mallorca). Pudiera tratarse de ediciones distintas, pero no parece creíble, porque en 1518 Jorge Costilla había trasladado sus prensas á Murcia, y no volvió á establecerse en Valencia hasta el año de 1520.

Alfonso de Proaza fué también autor dramático.

En el Registrum de D. Fernando Colón figura con el número 12.987 Alfonsi de Proaza, Farsa, en coplas S. (¿Sevilla?). Empezaba:

O qué valles tan lucidos.
O qué chapados pradales...

De esta pieza, como de tantas otras, no queda más memoria que el apuntamiento de Colón (véase la magnífica edición en facsímile del Registrum publicada por el benemérito hispanista Mr. Archer M. Huntington). Los dos primeros versos de la farsa de Proaza corresponden exactamente á los de otra farsa de Alonso de Salaya, que afortunadamente existe, y de la cual tenemos copia. ¿Serían ambas obrillas una misma, atribuida á dos autores?

Estos datos, con ser tan exiguos, aclaran un poco la fisonomía del personaje. En su juventud, como otros humanistas trashumantes, tuvo que ganarse la vida corrigiendo pruebas de imprenta. Más adelante, su cátedra de Retórica, el oficio de secretario del obispo de Tarazona, su ferviente lulismo, que no pudo menos de hacerle grato á los mallorquines, y sobre todo la protección de Cisneros, mejoraron sin duda su condición, pero no le harían perder sus antiguas aficiones. Sin nota de temeridad puede sospecharse que no fué ajeno á la edición valenciana de la Celestina, salida en las prensas de Juan Jofre (utilizadas por él mismo para alguna de sus tareas), y que no sólo consintió, sino que probablemente sugirió la idea de reproducir el colofón de Salamanca, donde se «descriue el tiempo y lugar en que la obra primeramente se imprimió acabada». Todo esto me parece natural y sin visos de superchería.

[12] Comedia de Calisto y Melibea (Unico texto auténtico de la «Celestina»). Macon, Protat hermanos, impresores, 1900. Forma parte de la Bibliotheca Hispanica.

[13] Después de los versos acrósticos hay un segundo título, que no sabemos si es anterior ó posterior al primero: «Siguese la comedia de Calisto y Melibea, compuesta en reprehension de los locos enamorados, que vencidos de su desordenado apetito a sus amigos llaman z dizen ser su dios. Assi mesmo fecha en auiso de los engaños de las alcahuetas ᘔ malos ᘔ lisonjeros siruientes».

[14] Entiéndase .

[15] El origen de este prólogo se dirá cuando tratemos de las fuentes de la Celestina.

[16] En vez de conquistas es probable que el autor escribiese «conquestas» (disputas).

[17] Revue Hispanique, 1900, pág. 42.

[18] Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, tercera época, tomo VI. Enero á junio de 1902, páginas 245-299. Noticias biográficas de Fernando de Rojas, autor de la Celestina, y del impresor Juan de Lucena. Con un facsímile de la declaración de Alvaro de Montalbán, y un calco de la firma autógrafa de Catalina de Rojas.

[19] Hombre de temple debió de ser el bachiller Rojas, y que no se recataba de manifestar sus convicciones. En la misma Tragicomedia (aucto VII) alude con intensa ironía á los procedimientos inquisitoriales y manifiesta su predilección por la justicia ordinaria. Después de contar Celestina cómo salió á la vergüenza castigada por bruja su amiga Claudina, la madre de Pármeno, la interrumpe éste: «Verdad es lo que dizes, pero esso no fue por justicia», y Celestina le replica. «Calla, bouo; poco sabes de achaque de iglesia, e quánto es mejor por mano de justicia que de otra manera; sabialo mejor el cura, que Dios aya, que viniendola a consolar, dixo que la sancta Escriptura tenia que bienaventurados eran los que padescian persecucion por la justicia, e que aquéllos poseerian el reyno de los cielos. Mira si es mucho passar algo en este mundo por gozar de la gloria del otro; e mas que, segun todos dezian, a tuerto e sin razon, e con falsos testigos e recios tormentos, la hizieron aquella vez confesar lo que no era... Asi que, todo esto passó tu buena madre acá, deuemos creer que le daria Dios buen pago allá, si es verdad lo que nuestro cura nos dixo».

Esta genial y desenfadada libertad no es incompatible con la más exquisita prudencia, y á Rojas, que como escritor es tan vigoroso y tan sereno á un tiempo, no podían faltarle en la vida las mismas condiciones que tuvo en el arte. Gracias á ellas pudo esquivar, aunque no sin sospecha, la persecución de los de su raza.

[20] Acaso no está puesta sin misterio la edad de Calisto en el aucto IV: «Podra ser, señora, de veynte e tres años, que aquí está Celestina que le vido nacer y le tomó á los pies de su madre».

[21] Véase lo que más adelante decimos de la Comedia Philodoxos.

[22] Vid. A. Morel-Fatio (Romanía, 1897, págs. 324 á 326), con ocasión de dar cuenta de un artículo de C. A. Eggert (Zur Frage der Urheberschaft der Celestina en el Zeitschrift für romanische Philologie).

[23] Son raras en la Celestina las alusiones á costumbres jurídicas, pero he notado dos ó tres bastante curiosas.

«Es necesario (dice la misma Celestina) que el buen procurador ponga de su casa algun trabaxo, algunas fingidas razones, algunos sofísticos actos; yr e venir a juyzio, avnque resciba malas palabras del juez, siquiera por los presentes que lo vieren, no digan que se gana holgando el salario.» (Aucto III.)

El monólogo de Calisto en el aucto XIV contra el juez que mandó tan ejecutivamente descabezar á sus criados, testifica en su primera parte el desprecio de la justicia que hacían en los días anárquicos de Enrique IV los hombres poderosos y turbulentos, convirtiéndola en función doméstica de viles paniaguados suyos; en la segunda, el autor, como hombre de ley, restablece la verdadera noción de las cosas y da la razón al juez, por boca del mismo irritado mancebo: «O cruel juez, e qué mal pago me has dado del pan que de mi padre comiste! Yo pensaua que pudiera con tu fauor matar mill hombres sin temor de castigo, iniquo falsario, perseguidor de verdad, hombre de baxo suelo. Bien diran de ti, que te hizo alcalde mengua de hombres buenos. Miraras que tú e los que matastes, en servir a mis passados e a mí, erades compañeros; mas quando el vil está rico no tiene pariente ni amigo. ¿Quién pensara que tú me auias de destruyr?... Tú eres público delincuente e mataste a los que son priuados...

«Pero qué digo? Con quién hablo? Estoy en mi seso? Qué es esto, Calisto?... Con quién lo has? Torna en ti; mira que nunca los absentes se hallaron justos; oye entrambas partes para sentenciar. No vees que por executar la justicia no auia de mirar amistad, ni deudo, ni criança? No miras que la ley tiene de ser ygual a todos? Mira que Rómulo, el primer cimentador de Roma, mató a su propio hermano porque la ordenada ley traspassó. Mira á Torcato, romano, cómo mató á su hijo porque excedió la tribunicia constitucion; otros muchos hizieron lo mismo».

Quizá este monólogo es inoportuno en la situación en que Calisto se encuentra, pero no lo es para el conocimiento de las ideas de su autor, y aun las mismas citas clásicas delatan al alumno ó profesor de jurisprudencia romana. Este trozo es de los añadidos en 1502.

[24] Esto es, pan ázimo, sin levadura.

[25] Fiesta de los tabernáculos.

[26] Historia de Talavera, antigua Elbora de los Carpetanos, póstuma: escribióla en borrador el Lic. Cosme Gomez de Tejada de los Reyes. Sacóla en limpio Fr. Alonso de Ajofrin, profeso del Monasterio de Sta. Catalina, orden de S. Gerónimo (Ms. 2039 de la Biblioteca Nacional).

[27] Salamanca en vez de Talavera, lo cual ha extraviado á los investigadores por no encontrarse en Salamanca ningún alcalde mayor que llevase el nombre de Fernando de Rojas. Vid. Cañete, en su prólogo á las Farsas y Églogas de Lucas Fernández (Madrid, 1867), pp. VIII y IX. El error de copia procede de Gallardo, según he comprobado en sus papeletas autógrafas.

[28] Alusión evidente á los prosélitos del culteranismo, á quienes satirizó el mismo Tejada en su León Prodigioso (1636).

[29] Indivisible.

[30] Noticia comunicada al Sr. Serrano por D. Luis Jiménez de la Llave, correspondiente de la Academia de la Historia en Talavera, y fundada probablemente en documentos del Archivo Municipal.

[31] Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 3.ª época, tomo VI, pp. 295-299.

[32] Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia, en la recepción pública del Excelentísimo Sr. D. Fermín Caballero. Madrid, Imp. del Colegio de Sordo-Mudos, 1866, pág. 30.

[33] Ha tenido la bondad de enviarme la transcripción de este pasaje el R. P. Fr. Guillermo Antolín, O. S. A., dignísimo bibliotecario del Escorial, donde existe el códice original de las Relaciones, del cual tenemos copia en la Academia de la Historia.

[34] Algunos le han confundido con un Fernando de Rojas, vecino de Toledo, que se encuentra entre los exceptuados de la amnistía ó lista de perdón que dió Carlos V en 28 de octubre de 1522. Puede verse dicho documento en los apéndices de la traducción que D. José Quevedo, bibliotecario del Escorial, publicó en 1840 de los diálogos De Motu Hispaniae de Juan Maldonado, pág. 346. El nombre de Fernando de Rojas está á continuación del de otro Rojas (Francisco), vecino de Toledo. Nuestro Rojas era ya vecino de Talavera en 1517, y continuaba siéndolo en 1525. Aunque no es materialmente imposible colocar entre ambas fechas el episodio revolucionario, todo induce á creer que se trata de distinta persona.

Nada podemos decir de un Fernando de Rojas, autor de una insignificante poesía contenida en un códice de la Biblioteca del Real Palacio (publicada en la Revue Hispanique, IX, p. 172).

[35] Aún en el siglo XVI reinaba tal incertidumbre sobre esto, que el primer acto de la Celestina y aun toda ella fueron atribuídos caprichosamente á diversas personas. El portugués Juan de Barros dice en su Espelho de Casados (1540, p. 12): «Ho que fez a Celestina, qualquer que foy, ora fosse nosso mestre Loarte, ora outro, nam foy outro seu fim senam dezer mal das molheres». (Nota comunicada por doña Carolina Michaëlis de Vasconcellos).

Del encubierto aragonés de Gracián hablaré más adelante.

[36] Así lo ha hecho el Sr. D. Cayo Ortega Mayor en su reciente edición, aunque sin dar título á esas subdivisiones (Biblioteca Clásica, tomo 216, 1907).

[37] Ya D. Nicolás Antonio había dicho con muy buen sentido, en su Bibliotheca Nova (artículo de Rodrigo de Cota): «Qui enim Ioanni de Mena Cordubensi... hanc (Comoediam) tribuunt, parum animadvertunt Menae stilum, imo illius saeculi, quo Mena floruit, ab hoc poematis nostri toto coelo diversum».

[38] Epistolario Español, de la Biblioteca de Rivadeneyra, II, p. 33.

[39] Vid. el tomo 6.º de mi Antología de poetas líricos castellanos (pp. 376-382). Una poesía muy curiosa de Rodrigo Cota publicó el Sr. Foulché-Delbosc en el número primero de la Revue Hispanique (marzo de 1894). Son unas coplas contra el contador mayor de los Reyes Católicos, Diego Arias de Ávila, con motivo de haber casado un hijo ó sobrino suyo con una parienta del gran Cardenal Mendoza, y haber convidado á la boda, que se celebró en Segovia, á todos sus deudos, excepto á Rodrigo Cota, que se vengó con este burlesco epitalamio, leyendo el cual la Reyna Isabel dijo que bien parescia ladrón de casa. Esta composición es de 1472 ó poco después, según de su contexto se infiere.

En sus Anales de Literatura española (1904), preciosa miscelánea que deseamos vivamente ver continuada, publicó D. Adolfo Bonilla en facsímile una nota autógrafa de un doctor Cota, puesta en la última hoja de una de las obras jurídicas de Bartolo (ejemplar de la Biblioteca Nacional), donde el susodicho Dr. Cota declara haber comprado aquel libro en Toledo á 15 días de abril de 1485. No parece que este Dr. Cota sea el autor del Diálogo entre el Amor y un Viejo. Se trata, según toda probabilidad, de un Dr. Alonso Cota, que tuvo, por cierto, al año siguiente, muy desventurado fin. «Miércoles 26 dias de Agosto del dicho año de 86 (1486) quemaron (los primeros inquisidores de Toledo) 25 personas, 20 hombres y 5 mujeres: entre las quales quemaron al Dr. Alonso Cota, vecino de Toledo, e a un Regidor de esta cibdad, e a un Fiscal, e a un Comendador de la Orden de Santiago e a otras personas que fueron en honra». (Biblioteca Nacional, ms. Aa—105, fol. 88. Varias cosas curiosas manuscritas, por el Lic. Sebastián de Horozco). En la lista de los inhábiles de Toledo y cantidades que cada uno pagó por su rehabilitación (Archivo Histórico Nacional, Inquisición de Toledo, leg. 120, núm. 92), figuran Inés Cota y Sancho Cota, hijos del Dr. Cota y de Margarita de Arroyal.

En el mismo número de la Revue Hispanique (pp. 85-87) imprimió el Sr. Foulché-Delbosc dos cartas inéditas de la Reina Católica, tomadas de la colección del P. Burriel (Dd—59 de la Biblioteca Nacional). Estas cartas, fechadas en 1472, dan alguna luz sobre la familia de los Cotas, pero no es seguro que el Rodrigo Cota, hijo del jurado de Toledo Sancho Cota, y hermano del Bachiller Alfonso de la Cuadra, alcalde de Ávila, sea la misma persona que el poeta.

Véase también el Cancionero de Antón de Montoro, reunido, ordenado y anotado por D. Emilio Cotarelo y Mori (Madrid, 1900), pp. 344-347.

[40] Vid. Revista de Archivos, 3.ª época, tomo VI, pág. 248.

[41] Manuscrita en la Biblioteca Nacional (Ff. 23 y 24).

[42] La frase de Palmyreno es ambigua, é indica que dudaba entre la atribución del primer acto á Juan de Mena ó de toda la tragicomedia á Rojas. «Finge que oyes este thema: En todas partes es conoscida esta mala vieja. El que essa proposición oye, bien entiende lo que le dizes; pero no se le mueuen los affectos a aborescerla o á apartarse della. Mira la Hipotyposis del excelente Joan de Mena o del Bachiller Rojas de Montaluan... (Phrases Ciceronis, Hypotyposes clariss. virorum, Oratio Palmyreni post reditum, eiusdem fabella Ænaria. Valentiae, ex officina Pet. a Huete, 1574), pág. 24 vta.».

[43] Sigo la edición de Eduardo Boehmer, que es la más correcta (Romanische Studien... Sechster Band. Bonn, Eduard Weber's Verlag..., 1895, pág. 415).

[44] Aludo á D. Adolfo Bonilla y San Martín, á quien pudiera llamar, con menos autoridad que el Maestro López de Hoyos, pero con la misma efusión, «mi caro y amado discípulo». Véase el estudio que con el modesto título de Algunas consideraciones acerca de la Celestina campea al frente de sus Anales de la Literatura Española, Madrid, Imp. de Tello, 1904, pp. 7-24.

[45] Recuerdos del tiempo viejo, Barcelona, 1880, tomo I, pág. 90 y ss.

[46] Victor Hugo avant 1830, par Edmond Biré. París, 1883, pp. 389-394.

[47] Hay una sola excepción: el episodio, evidentemente ocioso, de la venganza de Elicia y Areusa encomendada al rufián Centurio. Pero este no formaba parte de la obra primitiva, y fué intercalado á última hora. Más adelante nos haremos cargo de él.

[48] ¿Cómo pudo creer Ticknor que Fernando de Rojas se abstuvo quizá de dar su nombre á toda la Celestina por respetos á su posición eclesiástica? ¿Qué tendrá que ver un bachiller en leyes con un eclesiástico? Esta peregrina ocurrencia subsiste aún en las últimas ediciones de su obra: «It is that the different portions attributed to the two authors are so similar in style and finish, as to have led to the conjecture that, after all, the whole might have been the work of Rojas, who, for reasons, perhaps, arising out of his eclessiastical position in society, was unwilling to take the responsibility of being the sole author of his» (History of Spanish Literature, by George Ticknor, Londres, Trübner, tomo I, pág. 237). Un erudito como Ticknor no debió haberse fiado del prologuista de la edición de Amarita, que fué el primero en consignar este disparate: «no le parecía la obra ocupación propia de un eclesiástico».

[49] Pudo ser también un rasgo de timidez literaria, propia de un escritor novel. Al principio dió el libro como anónimo. La edición de 1499, en su estado actual, no tiene los versos acrósticos, ni pudo tenerlos nunca porque no hubiesen cabido en la hoja primera que falta, y además sin la clave difícilmente se habrían fijado los lectores en su artificio. No es creíble tampoco que esa hoja que hacía veces de frontis contuviese ningún otro indicio para reconocer al autor, porque hubiera pasado á alguna de las ediciones posteriores. Alentado Rojas por el buen éxito de su obra, se descubrió á medias en el acróstico de 1500 ó de 1501, en connivencia con Alonso de Proaza, que dió la clave para descifrarle.

[50] Obras de D. Leandro Fernández de Moratín, edición de la Real Academia de la Historia, 1830, tomo I, pág. 88.

[51] Periódico trimestral, intitulado Variedades ó Mensagero de Londres. Lo publica R. Ackermann, núm. 101, Strand, Londres. Tomo I, núm. 3.º (abril de 1824, p. 228).

[52] Studien zur Geschichte der Spanischen und Portugiesischen Nationalliteratur... p. 296.

[53] Handbuch der Spanischen Literatur... von Ludwig Lemcke. Leipzig, Fr. Fleischer, 1855.

P. 150: «Denn zwischen dem angeblich von Cota oder Mena herrührenden ersten Akt und den folgenden ist so ganz und gar keine Verschiedenheit des Styls sichtbar, der im ersten Akte angelegte Plan is so consequent durchgeführt, das Ganze überhaupt so aus einem Gusse gearbeitet, dass es rein undenkbar ist, ein Fortsetzer habe sich in diessem Grade in die Intention seines Vorgängers hineindenken und seine Manier in so vollkommenem Maase nachahmen können. Die neue Kritik hat sich daher fast allgemein dafür entschieden, die Celestina für das Werk eines einzigen verfassers zu halten, nämlich des obengenannten Fernando de Rojas».