[157]

O, that I were a glove upon that hand,
That I might touch that cheek
...

(Act. II. sc. II).

[158]

Call me but love, and I'll be new baptized;
Henceforth I never will be Romeo.

(Id. íd).

[159]

One fairer than my love! the all-seeing sun
Ne' er saw her match, since first the world begun.

(Act. I. sc. II).

[160]

O, she doth teach the torches to burn
It seems she hangs upon the cheek of night
Like a rich jewel in an Æthiop's ear:
Beauty too rich for use, for earth too dear!
So shows a snowy dove trooping with crows,
As yonder lady o' er her fellows shows.

..........................................................
Did my heart love till now? forswear it, sight!
For I n'er saw true beauty till this night.

(Act. I. sc. V).

[161]

Art thou a man? thy form cries out, thou art:
Thy tears are womanish! thy wild acts denote
The unreasonable fury of a beast.

(Act. III, sc. III).

[162]

Go, ask his name:—if he be married,
My grave is like to be my wedding-bed.

(Ac. I, sc. V).

[163]

My, only love sprung from my only hate!
Too early seen unknown, and known too late!
Prodigious birth of love is it to me,
That I must love a loathed enemy.

(Act. I, sc. V).

[164] El origen del segundo y bellísimo dúo shakespiriano (Act. III, sc. V):

Wilt thou be gone? it is not yet near day...

se encuentra, según recientes investigadores, en el poema de Chaucer Troylus and Cryseide (Vid. E. Koeppel, Juliet Capulet and Chaucer's Troylus, en el Jahrbuch der Shakesp. Gesellschaft, 1902, pp. 238 y ss.). Pero este poema, á su vez, está imitado del Filostrato de Boccaccio y de la Crónica Troyana (Vid. G. C. Hamilton, The indebtedness of Chaucer's «Troilus and Criseyde» to Guido delle Colonne's «Historia Troyana», New York, 1903). Ambas obras eran seguramente familiares á Rojas, y pueden explicar algunas semejanzas entre él y Shakespeare.

En el Bursario, traducción de las Heroidas de Ovidio, atribuída, creo que con fundamento, á Juan Rodríguez del Padrón, se encuentran algunas epístolas añadidas por el traductor, y entre ellas dos muy notables de Troylo y Bresayda (sic, por Criseyda). En la primera se lee este pasaje, verdaderamente poético, que coincide en gran manera con los de Chaucer y Shakespeare: «Miémbrate agora de la postrimera noche que tú e yo manimos en uno, é entravan los rayos de la claridat de la luna por la finiestra de la nuestra cámara, y quexávaste tú pensando que era la mañana, y decias con falsa lengua, como en manera de querella: «Oh fuegos de la claridat del radiante divino, los quales haziendo vuestro ordenado curso, vos mostrades y venides en pos de la conturbal hora de las tinieblas! Muevan vos agora a piedat los grandes gemidos y dolorosos sospiros de la mezquina Breçaida, y cesat de mostrar tan ayna la fuerza del vuestro gran poder, dando logar a Bresayda que repose algun tanto con Troylos, su leal amigo!» E dezias tú, Bresayda: «Oh quánto me ternia por bienaventurada si agora yo supiese la arte mágica, que es la alta sciencia de los mágicos, por la qual han poder de hazer del dia noche y de la noche dia por sus sabias palabras y maravillosos sacrificios!... ¿E por qué no es a mí posible de tirar la fuerza al dia?» E yo, movido a piedat por las quexas que tú mostrabas, levantéme y sallí de la cámara, y vi que era la hora de la media noche, quando el mayor sueño tenía amansadas todas las criaturas, y vi el ayre acallantado, y vi ruciadas las fojas de los arboles de la huerta del alcazar del rey mi padre, llamado Ilion, y quedas, que no se movian, de guisa que cosa alguna no obraban de su virtut. E torné a ti, y dixete «Breçaida, no te quexes, que no es el dia como tú piensas». E fueste tú muy alegre con las nuevas que te yo dixe...». (Obras de Juan Rodríguez del Padrón, publicadas por la Sociedad de Bibliófilos Españoles, Madrid, 1884, pp. 303-304).

Palabra por palabra se encuentran repetidas algunas frases de este trozo en el Tirant lo Blanch (ed. de Aguiló, tomo II, p. 365, Resposta feta per lo Conestable a la letra de Stephania... «Recordam aquella darrera nit que tu e yo erem en lo llit, e tu pensant fos lo dia, deyes en manera de querella... E mes deyes: O quant me tendria yo per benaventurada si yo sabes lart magica que es lalta sciencia dels magichs en la qual han poder de fer tornar del dia nit»).

¿Existirían también en catalán estas epístolas ó las traduciría del castellano Juan Martorell? De todos modos, resulta oscuro para mí el origen de estas cartas, que no se explican sólo con el canto ó parte quinta del Filostrato. Mucho más se parece el segundo capítulo de la Fiammetta, pero las principales bellezas tampoco están allí. Otro, con más datos que yo, resolverá este punto, que aquí es incidental.

[165] Se ha de advertir, aunque la Celestina pasa por obra impura y Romeo y Julieta por un poema de amor casto é inocente, que en las escenas culminantes de pasión el lenguaje de las dos heroínas se parece mucho. Recuérdese el ardiente soliloquio de Julieta en el acto tercero:

Spread thy close curtain, love-performing night,
That runaways' eyes may wink, and Romeo
Leap to these arms, untalk'd of and unseen.
Lovers can see to do their amorous rites
By their own beauties; or, if love be blind,
It best agrees with night. Come, civil night,
Thou sober-suited matron, all in black,
And learn me how to lose a winning match,
Play'd for a pair of stainless maidenhoods
.

(Act. III, sc. II).

[166] Diálogo de la lengua, ed. Boehmer, pág. 415.

[167] Así y todo, no le falta razón á Klein cuando escribe (Geschichte des Drama's, VIII. Das Spanische drama, erster Band, pág. 914): «Wir wären zu glauben geneigt, dass die, einige Decennien nach der «Celestina» von Luigi da Porto zuerst (1524) und dann von Bandello verfasste Julia—und Romeo—Novelle, einen Widerstrich dem analogen Motive in der Celestina bieten dasselbe zu dem Zwecke veredeln sollte, um das Geschick der baiden Liebenden für christliche Herzen mitleidwürdiger als abschreckend erscheinen zu lassen».

[168] Claro es que aquí no pretendo caracterizar el riquísimo y variado teatro cómico de Lope, Tirso y Alarcón, ni tampoco el de Rojas y Moreto, sino únicamente el de Calderón, y en una parte sola, que no es la más importante. Hay que guardarse de la exageración realista, ya que hemos pasado de la exageración romántica. Algo lejos va en este camino de reacción el señor Martinenche en su tesis latina ya citada: «Quod exemplum (el de Rojas) si Lope de Vega ejusque discipuli assecuti essent, multum fortasse profecissent. Sexto enim decimo in saeculo nescio quem sicerum poetae saporem fundunt quo multo magis delectamur quam fucatis horum odoribus qui ab illis profecti sunt. Secundum naturam sermonem tum scriptores enuntiant qui, velut Rojas noster, simplicem atque in promptu positum dicendi modum ad vividissimas res ingenue exprimendas adhibent. Qui contra septimo decimo in saeculo ingenium jactant, dum fictis et veritatem excedentibus fabulis inserviunt, arcessitis utuntur sententiis et jam deflorescentem et deminutam hispaniensis theatri speciem ante oculos nostros obversant». (Pág. 111).

[169] El Superhombre y otras novedades, artículos críticos sobre producciones literarias de fines del siglo XIX y principios del XX. Madrid, 1893, pág. 228 (artículo escrito con ocasión de la Celestina de Vigo).

Algo semejante había indicado D. Alberto Lista en sus Lecciones de Literatura Española.

[170] El marido de la reina Iseo.

[171] Libros de Caballerías (primera parte), publicados por D. Adolfo Bonilla (tomo VI de la presente Biblioteca), pág. 455.

[172] Fué de los primeros que en Alemania hicieron plena justicia á la Celestina, dedicándola un extenso análisis con traducción de varias escenas, y una característica muy interesante, en su Manual, que traducido á tiempo hubiera evitado muchos tropiezos á los historiadores de nuestras letras.

Darstellung der Spanischen Literatur im Mittelalter von Ludwig Clarus. Mit einer Vorrede von Joseph v. Görres. Mainz (Maguncia), 1846. PP. 357-406.

[173] «Es ist wahr, dass ein Werk, worin eine Kupplerin die Hauptrolle spielt, worin mehrere scenen ihren Verkehr mit liederlichen Dirnen schildern, sich nicht für ein Mädchenpensionat schickt. Wenn man aber bedenkt, mit welcher Naivetät das Mittelalter überhaupt geschlechtliche Verhältnisse darstellt, wie bei den Südländern insbesondere noch jetzt selbst selbst ehrbare Frauen keinen Anstoss nehmen, in dieser Beziehung pan, pan und vino vino zu nennen, so wird selbst durch einzelne stellen und scenen, die darin nach unseren jetzigen Ansichten allzu frei und allzu nackt wären, ein wahrhaft sittliches gefühl sich minder beleidigt fühlen, als durch die sanctionierten Zweideutigkeiten und die verhüllte Lüsternheit der Modernen». (Studien, p. 288).

[174] Palabras con que perfectamente le caracteriza el señor Fitzmaurice-Kelly en su bello prólogo á la Celestina inglesa de Mabbe: «The work is the product of a mind vigorous, grave, lucid, shackled by few prejudices or opinions, alert to impressions, stored with a large experience of life and men, their occasions, foibles, and pitfalls.... Richly dowered with the sense of the romance, the mystery, and the passions of existence, Rojas stands apart from the buoyant hope of youth and from the ecstasy of love: he describes and analyses from without» (PP. 25-26). En lo que va un poco lejos es en suponer que Rojas era un artista puro, que no se proponía ningún fin moral: «he is an artist, not a moralist», comparándole con algunos modernos como Flaubert y Guy de Maupassant. No es fácil concebir un artista de este género á fines del siglo XV, ni siquiera en Italia. Bueno ó malo, tiene su fin moral la Celestina, y el autor no pierde ocasión de inculcarlo.

[175] Junto de intento esas dos palabras, porque la filosofía de Epicuro, de la cual suele hablarse de oídas, es profundamente triste, sobre todo en los versos de su gran intérprete romano, que es uno de los precursores más legítimos de la melancolía romántica.

[176] «Lucrecia.—Trabajo ternias, madre, con tantas moças, que es ganado muy penoso de guardar.

«Celest.—¿Trabajo, mi amor? Antes descanso e aliuio; todas me obedescian, todas me honrrauan, de todas era acatada, ninguna salía de mi querer; lo que yo dezia era lo bueno, a cada qual daua cobro... Mio era el prouecho, suyo el afan. Pues seruidores, ¿no tenia por su causa dellas? caualleros viejos e moços, abades, de todas dignidades, desde obispos hasta sacristanes. En entrando por la Iglesia via derrocar bonetes en mi honor, como si yo fuera vna duquesa: el que menos auia de negociar conmigo, por mas ruyn se tenia. De media legua que me viessen, dexauan las Horas; vno a vno, dos á dos, venian a donde yo estaua, a ver si mandaua algo, a preguntarme cada vno por la suya. En viendome entrar se turbauan, que no hazian ni dezian cosas a derechas. Vnos me llamauan señora, otros tia, otros enamorada, otros vieja honrrada...

«Sempronio.—Espantados nos tienes con tales cosas como nos cuentas de essa religiosa gente e benditas coronas. Si que no serian todos.

«Celest.—No, hijo; ni Dios lo mande que yo tal cosa leuante: que muchos viejos deuotos auia con quien yo poco medraua, e avn que no me podian ver; pero creo que de embidia de los otros que me fablauan. Como la clerezia era grande, hauia de todos, vnos muy castos, otros que tenian cargo de mantener a las de mi officio; e avn todavia creo que no faltan. Y embiauan sus escuderos e moços a que me acompañassen, e apenas era llegada a mi casa, quando entraban por mi puerta muchos pollos e gallinas, ansarones, anadones, perdizes, tórtolas, perniles de tocino, tortas de trigo, lechones; cada qual como recebia de aquellos diezmos de Dios, ansi le venia luego a registrar, para que comiesse yo e aquellas sus deuotas. Pues vino, ¿no me sobraua de lo mejor que se beuia en la ciudad, venido de diuersas partes: de Muruiedro, de Luque, de Toro, de Madrigal, de Sant Martin, e de otros muchos lugares? e tanto, que avnque tengo la diferencia de los gustos e sabor en la boca, no tengo la diuersidad de sus tierras en la memoria, que harto es que vna vieja como yo, en oliendo qualquiera vino, diga de donde es. Pues otros curas sin renta; no era ofrecido el bodigo, quando en besando el feligrés la estola, era del primer boleo en mi casa. Espessos como piedras a tablado entrauan muchachos cargados de prouisiones por mi puerta». (Aucto IX).

La Inquisición dejó intacto este trozo aun en las ediciones expurgadas del siglo XVII, por lo menos en la de Madrid, 1619, que es la penúltima de las antiguas hechas en España.

[177] Joanis Ludovici Vivis Valentini Opera Omnia, tomo IV de la edición de Valencia, 1783, pág. 87. He transcrito el pasaje en el primer tomo de estos Orígenes, pp. 151 y 182.

[178] «Venit in scenam poesis, populo ad spectandum congregato, et ibi sicut pictor tabulam proponit multitudini spectandam, ita poeta imaginem quandam vitae; ut merito Plutarchus de his dixerit, «Poëma esse picturam loquentem, et picturam poëma tacens», ita magister est populi, et pictor, et poeta: corrupta est enim haec ars, quod ab insectatione flagitiorum et scelerum transiit ad obsequium pravae affectionis, ut quaecunque odisset poëta, in eum linguae ac stili intemperantia abuteretur: cui injuriae atque insolentiae itum est obviam, primum a divitibus potentia sua, et opibus, hinc legibus, quibus cavebatur ne quis in alium noxium carmen pangeret: tum involucris coepit tegi fabula; paullatim res tota ad ludicra et in vulgum plausibilia, est traducta, ad amores, ad fraudes meretricum, ad perjuria lenonis, ad militis ferociam et glorias; quae quum dicerentur cuneis refertis puerorum, puellarum, mulierum, turba opificum hominum et radium, mirum quam vitiabantur mores civitatis admonitione illa, et quasi incitatione ad flagitia, praesertim quum comici semper catastrophen laetam adderent amoribus, et impudicitiae; nam si quando addidissent tristes exitus, deterruissent ab iis actibus spectatores, quibus eventus esset paratus acerbissimus. In quo sapientior fuit qui nostra lingua scripsit Celestinam tragicomoediam; nam progressui amorum, et illis gaudiis voluptatis, exitum annexuit amarissimum, nempe amatorum, lenae, lenonum casus et neces violentas: neque vero ignorarunt olim fabularum scriptores turpia esse quae scriberent, et moribus juventutis damnosa».

(De Causis Corruptarum Artium liber secundus).

J. L. Vivis Opera, ed. de Valencia, 99.

[179] Por ser de los más antiguos no debe omitirse el de Fr. Antonio de Guevara en el argumento de su Aviso de Privados y Doctrina de Cortesanos (Valladolid, por Juan Villaquirán, 1539), hoja 7ª sin foliar.

«Vemos que ya no se ocupan los hombres sino en leer libros, que es afrenta nombrarlos, como son «Amadis de Gaula», «Tristán de Leonis», «Primaleon», «Carcel de amor» y Celestina, á los quales y á otros muchos con ellos se debria mandar por justicia que no se imprimiesen ni menos se vendiesen, porque su doctrina incita la sensualidad á pecar y relaxa el espiritu a bien vivir».

[180] Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, tercera época, tomo VIII, 1903, págs. 219-220.

[181] La Celestina no figura ni en el Índice de Valdés (1559), ni en el de Quiroga (1583). Sólo la Inquisición de Portugal, que procedía con más rigor que la nuestra en estas materias, puso en su Índice de 1581 todas las Celestinas, «assi a de Calisto e Melibea, como a Resurreiçāo ou Segunda Comedia». Sin duda por eso no se conoce más edición hecha en aquel reino que la de Lisboa, 1540. Vid. la reimpresión de los antiguos Índices, con que ha prestado gran servicio á la bibliografía la Sociedad Literaria de Sttutgart (tomo 176), Die Indices Librorum Prohibitorum des sechzehnten Jahrhunderts gesammelt und herausgegeben von Fr. Heinrich Reusch, Tübingen, 1886, pág. 358.

[182] Suplemento al Índice Expurgatorio del año de 1790, que contiene los libros prohibidos y mandados expurgar en todos los Reynos y Señoríos del Católico Rey de España el Sr. D. Carlos IV, desde el edicto de 13 de Diciembre del año 1789 hasta el 25 de Agosto de 1805, Madrid, en la Imprenta Real, año de 1805.

P. 9. «Calisto y Melibea (tragicomedia), impresa en Madrid en 1601, sin nombre de autor.»

Adelantados estaban los inquisidores en la bibliografía de la Celestina. No se equivocaban más que un siglo justo en cuanto á la fecha de su aparición.

[183] Es sabida, aunque poco segura, la anécdota de D. Diego Hurtado de Mendoza, que cuando fué de embajador á Roma no llevaba en su portamanteo más libros que el Amadís y la Celestina. Vid. tomo I de estos Orígenes de la Novela, pág. 237.

[184] Sobre la inmoralidad de la Celestina se han escrito verdaderos desatinos, aun en libros de crítica literaria que han gozado de cierta nombradía. Adolfo de Puibusque, en su Histoire comparée des Littératures Espagnole et Française (París, 1843), premiada por la Academia Francesa, y que fué en su tiempo el Manual del hispanista á la violeta, llega á decir que la obra de Rojas «es una amalgama de comedias y tragedias de un cinismo repugnante», que «ninguna pluma, por hábil que fuese, podría honestamente analizar las escenas subalternas», y, en suma, que el libro es «una enciclopedia del libertinaje». Cualquiera creería que se trataba de las obras del Marqués de Sade ó de la Aloisia de Nicolás Chorier. Asegura Puibusque, muy formal, que, á pesar de eso, hay dos mil sentencias morales sepultadas en este monstruoso drama, y que el autor mismo las había contado, por lo cual no puede dudarse de sus buenas intenciones. «Pero el escándalo fué tan espantoso que los rayos de la Iglesia estallaron en seguida. Algunas impresiones clandestinas (!) burlaron la vigilancia de la censura religiosa, pero por mucho tiempo no pudo verificarse ninguna representación en público». No dice claro si de la Celestina ó de cualquier otra pieza (Tomo I, págs. 195 y 201).

De este modo se escribía en Francia sobre nuestras cosas hace medio siglo. ¡Cuánto camino se ha andado desde entonces y cuántos hispanistas de verdad han surgido!

[185] Obras de D. Leandro Fernández de Moratín, edición de la Academia de la Historia, 1830, tomo I, pág. 88.

[186] Juan de Valdés, Diálogo de la Lengua, ed. Boehmer, pág. 415.

[187] Diálogo de la lengua, ed. Boehmer, pág. 405.

[188] «Martio.—¿Por qué vos no tomais un poco de trabajo y hazeis esso?

Valdés.—Demas estava.

[189] Dialogo de la lengua, ed. Boehmer, pag. 402.

[190] De este pasaje puede inferirse que existió una versión latina anterior en un siglo á la de Gaspar Barth, pero no encuentro ningún otro dato que compruebe el dicho de Francisco Delicado.

[191] «Y al cabo de hauerla visto y notado bien, hallé que ni en Hespaña, ni en Flandes, ni en otras partes no la hauian dado al mundo como conuenia. Porque la vi oppressa de dos faltas muy principales: la una mal corregida, y sin ninguna ortographia (que es por cierto falta muy grande en un libro), y la otra, siendo comedia como lo es, que la hayan impreso, no como comedia, sino como historia, o otra cosa semejante; prosiguiendo siempre desde el principio del Aucto hasta el fin, sin poner en la margen los interlocutores, que de passo en passo uan hablando: que a mi uer es un importante error en el tal libro, y se le ha hecho gran sin razon; pues veemos que las comedias de Terencio y de Plauto y d'otros han sido y están impressas con muy gentil orden, es a saber, que cada persona que en la comedia va hablando, tiene su nombre puesto en la margen, y donde acaba el uno, no prosigue alli luego el otro, sino que comiença nueuo renglon con el nombre a fuera (dado que aquellas sean Latinas y que por sus auctores hayan sido escriptas en verso), y esto mesmo han usado y usan los Italianos en las suyas... Por lo qual, ya que nadie no ha mirado en esto, o si lo ha, no ha puesto remedio, me atrevi yo a tomar la mano, y ser el primiero (sic) que en tal guissa la hiziesse imprimir, creyendo (como creo) hazer grato seruicio a mi nacion, y assi hallandome en Venecia la corregi en todo lo que convenia, no digo que le haya mudado ningun uocablo antiguo, que todos se los he dexado como los compuso el auctor, juzgando ser temeridad haziendo al contrario, sino que la he emendado de los errores de la stampa, y con summa diligencia hecho imprimir a manera de comedia, a fin que de todos fuesse bien lehida y entendida como conuiene».

[192] Algunas enmiendas de nombres clásicos son felices, porque el corrector tomó el buen camino de recurrir á las fuentes. Así, en el acto primero, en vez de Eras e Crato, médicos, que dicen las primeras ediciones, ó de Crato y Galieno, como se enmendó caprichosamente en algunas de las sucesivas, puso Erasistrato, y en vez de piedad de Silencio, piedad de Seleuco, «porque allí toca la historia del Rey Seleuco, que por industria del médico Erasistrato concedió por paternal piedad su propia mujer al unico hijo que por amores della casi al punto de la muerte habia llegado. Cuéntalo largamente Luciano en su Dea Syria, y tócalo Valerio Máximo, lib. V, cap. VII».

Amarita hizo mucho uso de esta edición para la suya.

[193] Es de 1622, «á costa de Juan Baptista Bidelo». Tiene una curiosa dedicatoria del editor italiano, en que se nota la influencia de la Celestina en la novela picaresca: «Aunque muchas vezes oy alabar de grandes y letrados varones a la Tragicomedia de Calisto y Melibea, y por esso yo touiesse inclinacion muy de veras a la imprimir, con todo esso estoruauame mucho ser ella escrita en habla extrangera, que acarreaua algunas dificultades... y verdaderamente es este libro el abundante fuente de que se derramaron aquellos limpios arroyos de la vida del Picaro Guzman, la Picara Montañesa y la Hija de Celestina; luego si ellos tanto agradan a todos los que entienden essa lengua, y tienen doctrina, cómo no mucho más agradará esse tan lleno de moral filosofia y dichos tan sentenciosos y sabios?»

[194] Pobremente apreció la Celestina Baltasar Gracián, aunque no deja de colocarla en el Museo del Discreto (crisis IV, parte 2.ª de El Criticón): «De la Celestina y otros tales, aunque ingeniosos, comparó sus hojas á las del perejil, para poder pasar sin asco la carnal grosería». En el discurso 56 de la Agudeza y Arte de ingenio vuelve á citar «la ingeniosísima Tragicomedia de Calisto y Melibea», llamando á su autor con evidente despropósito «el encubierto aragonés». ¿Le confundiría acaso con su primer imitador D. Pedro Manuel de Urrea, cuya Égloga pudo leer en su Cancionero, imaginando que era uno mismo el autor de los dos textos en verso y en prosa? De todos modos, Gracián demuestra muy poca familiaridad con la Celestina, cuando la menciona en compañía de libros tan heterogéneos como los Raguallos del Parnaso, de Boccalini, y las Carrozas de las Heroidas, de don Álvaro de Luna, que supongo que será el Libro de las claras y virtuosas mujeres, confundido en la memoria del jesuita aragonés con el Carro de las donas, de Eximeniz.

Aunque en términos tan extravagantes, Gracián es acaso el último crítico del siglo XVII que habla de la Celestina, olvidada por completo en la República Literaria de Saavedra Fajardo (donde también se hace caso omiso del Quijote), y lo que es más singular, en el Hospital das lettras de don Francisco Manuel de Melo, la más copiosa revista bibliográfica que de aquella época conocemos.

[195] Manifiesta conocer, además de la primitiva, la Segunda Celestina, de Feliciano de Silva, la Tragicomedia de Lisandro y Roselia, la Policiana, la Florinea y la Selvagia. «La Celestina (añade) se imprimió muchas veces dentro y fuera del Reyno, y sin embargo es rara; las demás, que se han impreso menos veces ó una sola, rarísimas: y conviene lo sean todas, porque su misma pureza de estilo, facilidad del diálogo y expresión demasiado viva de las pasiones de los enamorados, y de las artes de rufianes y alcahuetas, hacen sumamente peligrosa su lectura».

(La Poética ó Reglas de la Poesía en general y de sus principales especies... 2.ª edición, imprenta de Sancha, 1789, tomo II, pág. 43).

[196] En la extraña Disertación que antecede á las Comedias de Cervantes, reimpresas en Madrid, 1749, por Antonio Marín, escribió Nasarre lo siguiente: «Los hombres de juicio, que leían y observaban la naturaleza y los primores de los autores Griegos y Romanos, conocieron quán apartados estaban del buen gusto y de la cordura, y detestaron del abuso que se hacia del Diálogo para corromper el corazon y el juicio. Por esso escribieron Diálogos que llamaron Comedias, pero muy largos é incapaces de representarse. Los portugueses se aplicaron mucho á esta composicion(A), pero no nos faltan Comedias de este jaez, de las cuales se pueden sacar pinturas y retratos al natural: caracteres y pinturas puestas á todas luces para reprehender agradablemente lo vicioso y ridículo de los hombres, y apartarlos assi del mal camino, enseñando la moral buena é introduciéndola suavemente; avergonzando al vicio, que se pinta en otros, y tal vez es el mismo retrato de quien lo rie. Las comedias Florinea, La Selvagia, La Celestina, La Eufrosina, son admirables en esta clase, y pudieran tener buen uso si se enmendassen algunos passages de ellas demasiadamente lascivos y malignos, en los quales se muestra la deshonestidad del todo desnuda, con el pretexto de azotarla».

(Nota A: No sé que nadie la cultivase más que Jorge Ferreira de Vasconcellos, puesto que las comedias en prosa de Sá de Miranda y Antonio Ferreira son meras imitaciones de las italianas).

[197] «Las mejores comedias que tenemos en español, que son La Celestina i Eufrosina, están escritas en prosa (Vida de Miguel Cervantes Saavedra, 5.ª impresión. Madrid, 1750, pág. 185).

Es singular que en su Retórica no cite Mayans la Celestina, aunque sí la Eufrosina y la Ulisipo de Jorge Ferreira, y El Celoso, de Velázquez de Velasco, á quien llama D. Alonso de Uz(!).

[198] «Tal es la famosa Celestina ó tragicomedia de Calisto y Melibea, en que hay descripciones tan vivas, imágenes y pinturas tan al natural y caracteres tan propios, que por eso mismo serían de malísimo exemplo si se sacasen al teatro».

(Orígenes de la Poesía Castellana, por D. Luis Josef Velázquez... Segunda edición, Málaga. Por los Herederos de D. Francisco Martínez de Aguilar. Año de 1797, p. 83).

Sabido es que el insignificante librillo de Velázquez fué enteramente refundido por su traductor alemán Juan Andrés Dieze, profesor y bibliotecario de la Universidad de Gottinga, que hizo en sus notas la mejor historia de la literatura española que entonces podía escribirse. Sobre la Celestina tiene una nota muy interesante (fué, según creo, el primero que citó la edición de 1501). Da razón también de las primeras continuaciones, por lo cual tendremos que volver á mencionarle.

(Don Luis Joseph Velazquez Geschichte der Spanischen Dichtkunst. Aus dem Spanischen übersetzt. Von Johann Andreas Dieze. Göttingen, 1769, pp. 306-312).

[199] «Bástenos decir que á los fines de aquel siglo (el XV) teníamos ya en la Celestina un drama, aunque incompleto, que presenta no pocas bellezas de invención y de estilo, dignas del aprecio, si no de la imitación de nuestra edad» (Memoria sobre los espectáculos y diversiones públicas de España, en el tomo I de las Obras de Jovellanos, ed. Rivadeneyra, p. 488).

[200] No las encontramos sólo en Moratín, sino en algunos escritores de la escuela sevillana que representaban á principios del siglo XIX la más sensata y adelantada crítica española. Además del artículo de Blanco (White), impreso en 1823, aunque pensado seguramente mucho antes, merece algún recuerdo la 4.ª de las Lecciones de Literatura Española de D. Alberto Lista (Madrid, 1836, tomo I, pp. 49-62). Estas primeras tentativas de la crítica indígena no son para desdeñadas como algunos suponen. Menos disculpa tienen los eruditos posteriores, que cuando ya existían los brillantes juicios de Clarus, de Wolf, de Schack, de Lemcke, se limitaban á decir por todo elogio de la Celestina, que «estaba bien hablada» ó que «tenía virtudes nada vulgares de estilo y lenguaje», lo cual puede decirse de tantos libros adocenados.

[201] En una carta del poeta salmantino Iglesias á Forner, publicada por D. Leopoldo Augusto de Cueto (Poetas líricos del siglo XVIII, tomo I, pág CXV), leemos el siguiente rasgo de un poetastro llamado D. Ramón Caseda, hombre fanático y estrafalario: «Prestó un tal Villafranca un libro á Caseda, éste á Meléndez, y Meléndez hízose prenda de él, porque Caseda le destruyó una Celestina, que tampoco era de Meléndez, sino del Maestro Alba. Caseda desafió á Meléndez porque no le daba el libro, y Meléndez por fin se lo dió á Caseda».

El Maestro Alba, dueño de la Celestina destruida por Caseda, era un religioso agustino «muy apreciado por su grande instrucción, su gusto delicado y su ática urbanidad», según dice Quintana en la biografía de Meléndez.

[202] Hay ejemplares que llevan la fecha de 1842 y la indicación de la librería de Manuel Sauri, pero es una mera variante comercial.

[203] El prólogo contiene algunas ideas críticas que tenían novedad entonces, como la comparación de Celestina con Yago: «En la Celestina, que no es más que un pensamiento, un boceto delineado en quince días por una mano inexperta, y el primer crepúsculo de un sol que se deja morir en su oriente, vemos un carácter como el de Iago en la perversa tercera que se presenta á Melibea, virgen que pierde su pureza por Celestina, como Otelo pierde por Iago á Desdémona. Ambos caracteres pertenecen á un mismo género, y ambos están sostenidos con tanto acierto, que no sabríamos á quién dar la preferencia si la composición de Rojas no llevase más de dos siglos y medio de antigüedad sobre la del poeta inglés» (Pág. VIII).

[204] Poseo un ejemplar falto de la portada y de la cuarta hoja. El del Museo Británico está completo.

[205] Así se consigna en la dedicatoria: «V. S. quale mossa da virtuoso desiderio non per miei meriti ma per sua vista se degnata uolerme pregare douesse io tradure la presente tragicocomedia intitulata di Calisto & Melibea de lingua castigliana in italiano idioma acio che V. S. insieme con questa degna patria doue questa opera non e diulgata se possa allegrare di tante e cosi degne sententie & auisi che sotto colore di piaceuolezze ui sonno. Io adunque, uedendo che legitima obligazione di ubidire suoi preghi mi constringe: quali a me sonno stati acceptabili commandamenti: e per satisfare in parte al desiderio che di seruir quella continouamente mi sprona: meritamente me hanno obligato a la executione di questa impresa: quantunque sia tenuto manifestare ogni opera virtuosa maggiormente che per il presente tractato a quelli che lo leggeranno retenendo per se le sententie necessarie & le lasciue lassando grande utile ne uenga: e como gia sia considerata mia insufficientia e le curiali e familiari occupationi».

[206] La de Milán, 1514, se dice: «nouamente revista e correcta e a piu lucida venustate reducta per Hyeronymo Claricio, Immolese». La de 1515. también de Milán, que por cierto fué hecha á
expensas de un eclesiástico «impensis venerabilis presbyteri Nicolai de Gorgonzola» nos declara el nombre de otro corrector: «nouamente reuista e correcta per Vicentio Minutiano, con quanta magiore diligentia se la metterai a parangone con l'altre editioni senza dubio el conoscerai». No he cotejado ni ésta ni las demás que llevan anuncios no menos pomposos, pero dados los hábitos de los editores de aquellos tiempos, puede sospecharse que esas correcciones tendrán tan poca importancia como las de Delicado y Ulloa. La última Celestina italiana es de 1543.

[207] Son muy raras las alusiones á la Celestina en los eruditos y humanistas de Italia, pero un curioso pasaje de Giraldi Cinthio parece indicar que tuvo imitadores: «In questo errore mi pare che trascorresse l' autore della Celestina spagnuola, mentre volle ella imitare la comedia archea, già sbandita come biasimevole da tutti i teatri; ne pure incorse in questo errore, ma in molti altri, non solo nell' arte ma nel decoro ancora, degni da essere fuggiti da chi lodevolmente scrive, ancora che non vi siano mancati di quelli che la si hanno proposta per esempio, intendendo più a quei giuochi spagnoli, che alla convenevolezza della favola».

El error que achacaba Giraldi Cinthio al autor de la Celestina era que dejaba demasiado patente el artificio dramático: «portando negli occhi e nelle orecchie degli ascoltanti l'artificio, il quale vuole essere celato sotto il naturale, che altrimenti diviene egli tedioso e spiacevole».

Scritti Estetici di Giambattista Giraldi Cinthio (Milán, 1864, en la Biblioteca Rara de Daelli), tomo II, Discorso ovvero Lettera... intorno al comporre delle Comedie e delle Tragedie (escrito en 1543), pág. 99.

En otro lugar de la misma disertación, desgraciadamente mutilado por la cuchilla del encuadernador en el ejemplar de la Biblioteca de Ferrara que ha servido de texto para ésta (pág. 31), vuelve á insistir Giraldi Cinthio en la peregrina idea de considerar como imitador de la antigua comedia ateniense (que es la que llama comedia archea) á Fernando de Rojas, que seguramente no conocía á Aristófanes ni tiene con él ningún punto de contacto: «delle quali convenienze è stato imitatore sovra tutti gli altri l' autore della Celestina...».

[208] Orígenes de la novela, tomo II, pp. LXXXV y LXXXVI.

[209] Angelica, Comedia di Fabritio de Fornaris napoletano, detto il Capitano Coccodrillo, Comico confidente. In Parigi, appresso Abel l' Angelier, 1585.

Sobre el tipo del capitán español en la comedia italiana, y sobre la Celestina en Italia, deben leerse las dos memorias presentadas á la Academia Pontaniana por el ilustre napolitano B. Croce (Ricerche Ispano-Italiane, I y II. Nápoles, 1899) y el erudito artículo de A. Farinelli, Salle Ricerche di Benedetto Croce (en la Rassegna Bibliografica della Letteratura Italiana. Pisa, año 7.º, 1899).

[210] Estas ilustraciones, apenas conocidas en España, y que son realmente de Hans Burgkmair, Senior (1473-1532), y no de su hijo, artista muy inferior á él, pueden verse en la obra de Jorge Horth, Les Grands Illustrateurs (I, N.os 8-25), y en la Zeitschrift für Bildende Kunst, de Lützkow, 1881, vol. XIX, pág. 392.

[211] Está perfectamente descrito y estudiado á fondo en un artículo de D. Lorenzo González Agejas publicado en La España Moderna, julio de 1894, pp. 78-103.

[212] Abrevio este prólogo, que puede leerse íntegro en los Studien de Wolf (pág. 300) ó en la traducción que de ellos ha hecho el Sr. Unamuno (tomo I, pág. 330).

[213] Véase este trozo, traducido por el Sr. Agejas, remedando el hipérbaton antiguo:

«Pleberio.—Corre, oh Lucrecia, corre y trae presto agua con que reviva el aletargado espíritu de esta mujer mia! ¡oh Alisa, da á ti algun consuelo á fin de que mi lastimada vida conserve; causa no des á que mi alma tan infeliz prontamente de mí salga!

«Alisa.—¡Ay, ay, desconsolada mujer! ¡Ah! ¿qué mi muerte desvia ó qué mi espíritu retiene en este cuerpo lleno de todo dolor? ¡Oh, tú ha poco eras mi hija! ¡Mísera yo, que para tan gran pesar nuestro la vida te diera, para ver agora esta tu lamentable muerte!

«Pleberio.—Levántamela, Lucrecia, y ayúdame, que de aquí la aparte y la lleve a nuestra cámara, donde ambos angustiado el corazon esperemos nuestro fin contemplando á nuestra hija, mientras consideramos lo que hacerse haya de su noble cuerpo».