[377] «Sigeril.—Pues si lo vieses, señor, cuál anda con unos agallones, que no parece sino ermitaño rezando toda esta mañana...

«Pandulfo.—Señor, ¿qué es lo que demandas?

«Felides.—¿Qué santidad es esta tan súpita, Pandulfo?

«Pand.—Señor, el espíritu donde quiere espira. Quien convirtió a Sant Pablo y a Sant Agustin y a María Magdalena, es mucho que dé gracia á un hombre pecador como yo he sido?

«Felid.—Por cierto que la gracia no sé si te la dió, mas es gracia la que veo en verte con esas cuentas.

«Pand.—Señor, las cuentas como á sólo Dios se han de dar, no me pena que te parezcan gracia; porque á solo Dios se ha de satisfacer, que los hombres de nada se satisfacen; y ándeme yo caliente en su servicio y ríase la gente cuanto quisiere, pues sabes que bienaventurados sereis cuando los hombres dijeren mal de vosotros mintiendo por mí.

«Felid.—En fin, que ya no son tus misas cosas de armas ni de afrentas como hasta aqui?

«Pand.—Señor, no soy tan necio que no entiendo algaravía, como aquel que bien la sabe; mas sabé que en cosas justas que ninguno me echará el pié adelante, ni en cosas injustas quedará más atrás que yo.

«Felid.—Bendito sea Dios que tan presto te mudó. ¿Mas qué llamas cosas justas, para que sepamos lo que te hemos de encomendar?

«Pand.—Guerra contra infieles; tomar armas en defension de tu persona.

«Felid.—¿Pues cómo anoche no las quisiste tomar para ir en defension de mi persona?

«Pand.—Porque ibas en ofensa de tu persona y ánima, y no tenemos los servidores de Dios tanta licencia! que si á ti te viniesen á matar, estonces yo tomaría las armas.

«Felid.—Mas estonces no las llevarías para estar más suelto; que el peso de las armas empide mucho» (pp. 384-386).

[378] «Celestina.—Más me precio, hija, de dar consejos que de tales vencejos; de un rosario, digo, hija, y sus misterios, de una oracion del Conde ó de la Emparedada: esto te podré yo amostrar, mi amor, si lo quieres aprender». (Pág. 218).

Estas dos oraciones supersticiosas del Conde y de la Emparedada, en romance, fueron prohibidas en el Indice del inquisidor general Valdés (pág. 237 de la reimpresión de Reusch) y en el de Quiroga de 1583 (pág. 438).

De las irreverencias y profanaciones que en el templo se cometían da idea lo que Polandria cuenta de Felides: «Al tiempo que llegué á tomar el agua bendita, hizo él que tomaba la agua, y apretóme un dedo; y despues en la misa toda ponía las manos hácia mí como que pedía piedad, cuando vía que no miraba naide; estando alzando el fraile, hacía él señas que no adoraba la hostia, sino á mí; y desto no pude estar que no me sonriese de su necedad y herejía» (pp. 151-152).

[379] Vid. el tomo primero de estos Orígenes de la novela, pp. 431-432.

[380] De algunas versiones de este cuento hemos tratado también en los Orígenes, pág. XXXII, nota.

[381] Ensayo, tomo IV, col. 614.

[382] Más fundamento tiene esta otra observación del insigne erudito:

«Aquel donoso pasaje de El Celoso Extremeño, en que antes de llegar Loaisa á verse con la incauta Leonora le exigen tan solemnes juramentos, está sin duda imitado de la escena XXVI, al fin, donde entre las prevenciones que hace Polandria á Celestina como requisitos para haber de recibir á su amante al concierto á que se presta, la dice:

«Polandria.—Madre, mira que le tomes muchos juramentos, y que mire de quién se fía; porque si mi señora (madre) algo barrunta, todo irá borrado.

«Celestina.—¡Ay hija! ¡angelito, angelito! En Dios y en mi ánima ¿qué, no te queda más en el estómago? ¿Y á Celestina avisas tu de secreto? ¡Dolor de mí, que este es el primer secreto que en este mundo yo he sabido encubrir! Calla, señora, que eres boba; ¡nora mala! que así te lo quiero decir, y perdóname.

«Antes ya hay otros juramentos graciosos sobre que no cuenten á Felides cómo Polandria ha leído un billete suyo.

«Quincia.—¡Guárdeme Dios, señora! ¿y de decirlo había?

Polandria.—Pues poné aquí la mano en la cruz, y tú también, Poncia. Y agora oid: señora mía, tu merecer y mi atrevimiento te darán á conocer...»

El pasaje á que Gallardo alude es aquel en que Loaisa jura por «la intemerata eficacia donde más santa y largamente se contiene, y por las entradas y salidas del Santo Líbano monte, y por todo aquello que en su proemio encierra la verdadera historia de Carlomagno, con la muerte del gigante Fierabrás, de no salir ni pasar del juramento hecho y del mandamiento de la más mínima de vuesas mercedes...»

En el primitivo borrador de la novela juraba además por «el espejo de la Magdalena» y por «las barbas de Pilato» (ed. crítica de Rodríguez Marín, pp. 72 y 73). Estos juramentos son análogos á los que usan los rufianes en la obra de Feliciano de Silva, y generalmente en todas las Celestinas.

[383] Vid. los índices de Valdés y Quiroga en la edición de Reusch (pp. 238 y 439).

[384] No he visto la primera edición que cita Brunet copiando á Panzer:

Tercera parte de la tragicomedia de Celestina... agora nueuamente compuesta por Gaspar Gomez. (Al fin): «Acabose la presente obra en la muy noble villa de Medina del Campo. A seys días del mes de Julio. Año de mil y quinientos y treinta y seis». 4.º letra gótica.

Sólo conozco la de 1539, cuyos ejemplares son rarísimos. El que tuvo Salvá (n.º 1269 de su Catálogo) pertenece hoy á nuestra Biblioteca Nacional. Existe también en el Museo Británico y en la Universidad de Leyden.

Tercera parte de la tragicomedia de Celestina: ua prosiguiendo en los amores de Felides y Poladria: concluyense sus desseados desposorios y la muerte y desdichado fin que ella uvo: es obra de la qual se pueden sacar dichos sutilissimos (sic) sentencias admirables: por muy elegante estilo dichas: agora nueuamente compuesta por Gaspar Gomez natural de la muy insigne cibdad de Toledo: dirigida al magnifico cauallero Feliciano de Silva. Impreso. Año de M. D. XXXIX.

(Al fin): Acabose la presente obra en la muy noble e Imperial ciubdad d'Toledo. A veynte dias del mes de Nouiembre. En casa de Hernando de Santa Catalina. Año de nuestro Señor Jesu christo: de mil quinientos y treynta nueve años.

4.º let. gót. Sin foliación. Signaturas A-2, todas de ocho hojas, menos la última que tiene seis.

[385] Prologo del autor. Al noble cauallero Feliciano de Silua al qual va dirigida la obra.

«Noble y muy magnifico señor: Como en los tiempos antiguos no era digno de memoria: sino el que exercitando su vida en algun notable exercicio despues de sus dias la dexaua: quise forçar a mis fuerças: a que siendo fauorecidas con el fauor que de v[=r]a. merced espero: tomassen ocupacion en se ocupar algunos ratos en poner en obra a hacer esta obrezilla: la qual va tan tosca en sus dichos quan sutil es en sus sentencias subtilissimas la pasada que es la de donde ésta depende. E presuponiendo que la mar provee a los rios que della salen: acordé esta como mínimo arroyo pedir socorro a quien socorrer la puede: e yo como su administrador y muy cierto sieruo de v[=r]a. merced en su nombre pido ayuda a vuestra merced como a persona que tiene poder de poder la dar, e si se marauillare del sobrado atreuimiento que me conmovio atrever pidiendo mercedes a quien jamas hize seruicios: A la verdad no sera tanta la admiracion quanta la causa que tuve y tengo para se lo suplicar: porque como yo fue informado de la veniuolencia que v[=r]a. merced tiene con los que esffuerçan a pedir esffuerço a vuestra merced, pareciome que no dexaria de ser comigo veniuolo: como lo es con los demas. E si acaso algunas partezicas en esta obra se hallaren que de notar sean: las quales sin auer conuersado con v[=r]a. merced tengan los lectores por imposible auerlas notado: siendo el autor tan friuolo e inhauil, puede se responder que assi como el que está de hito mirando al sol su gran resplandor le ciega: por el consiguiente si mi torpe lengua con la subtil y elegante de v[=r]a. merced vuiera conuersado: hallo por muy cierto que vuiera enmudecido de arte: que no digo escriuir lo escrito, mas pensar de pensarlo no osara. Pues qué medio an tenido mis sentidos para poder sentir cosa que tanto sentimiento de necesario se requeria para effectuarlo? Creera vuestra merced que sus calidisimos rayos dieron vigor a mi tibia inteligencia porque entendiesse en se ocupar al presente con la esperança futura de vuestra merced a se oponer a lo otro mas abil era licito. E ansi vuestra merced puede iuzgar que ni las razones que entre Felides y Polandria por razon avian de ser primas no van con el primor que se requiere: ni el fundamento de los dichos de los demas tan fundados: ni las sentencias de Celestina tan sentidas. En conclusion, que no lleua otra cosa vtil sino la vtilidad que de vuestra merced como de señor a quien va dirigida cobrare. E como no aya quien conociendo mejor los hierros (sic) los ponga con buen concierto más concertados: quise suplicar al querer de vuestra merced lo acepte, y no mirando la osadía affirme la voluntad muy recta que de seruirle tiene este su verdadero criado: la qual se empleará en lo que vuestra merced le mandare: agora no me falta despues de tener la merced concedida de vuestra merced, sino rogar al lector que esto leyere lea primero la segunda que es antes desta: porque avn que yo me condeno en esto, que cotejar la vna con la otra se verá la diferencia que ay, gano mas fama con ser trobada de historia tan subtil que infamia con hallar en ella las palabras toscas e inusitables que hallarán. E ansí porque el vulgo note la historia de donde procede, Suplico a v[=r]a. merced se lo encargue».

«Primer auto. Felides recuerda y empieça a razonar como que halla ser impossible auer estado la noche passada con su señora Polandria y afirmandolo por sueño llama a Sigeril para que le diga la certenidad de aquella duda que tiene. En lo qual passan muchas razones. E Sigeril declara por muy ciertas señales como auia estado con ella. Y Felides por mas se satisfacer determina de emviar le a la posada de Polandria. E introduzense.

«Auto segundo. Sigeril como sale de con Felides para yr a casa de Polandria: va consigo razonando: y en el camino topa a Pandulfo con el qual pasa diversas platicas: y como se despida dél acuerda no yr a casa de Polandria: y con esta determinacion se buelue a su posada a do dexó a su amo...

«Acto III. El hortelano de Paltrana llamado Penuncio anda por el vergel escardando la hortaliza: y platicando consigo de ver por allí pisadas halla entre las yeruas un tocado de Polandria: y pareciendo le mal determina mostrarle a Paltrana. Y él estando en este acuerdo entra Poncia a cojer unas rosas: y pasan entre los dos diuersas razones sobre el mismo caso, en que al fin da el tocado a Poncia e pierde el enojo...

«Aucto quarto. Sigeril como se despidió de Pandulfo, viene consigo razonando: y vee a la puerta de su posada a Corniel paje de Felides: y como an hablado entrambos, entra a dezir a su amo que viene de casa de Polandria: y que habló con Poncia, en que acuerdan que vayan a dar una musica en la noche: y por este plazer Felides le manda para quando se casare trezientos ducados...

«Aucto quinto. Polandria llama a Poncia para que le dé las rosas que trae del vergel: y ella le cuenta todo lo que con el Hortelano allá passó, y estando en estas pláticas las dos entra Borruga la negra que las a estado escuchando: y amenaza a Polandria con su señora: en conclusion que Poncia la acalla con dalle una cofia...

«Aucto sexto. Sigeril viendo que es hora de yr a dar la música habla con Felides: y luego van al concierto lleuando consigo a Canarin: y dicha vna cancion, como quieren poner la escala, Polandria se pone a la ventana y escucha (sic) la subida donde causa para ello inconvenientes: y ansí se despide Felides della y Sigeril de Poncia muy tristes...

«Aucto VII. Quincia se quexa de su ventura por se auer salido con Pandulfo: y estando en esto entra él y dize la que se apareje para se partir: porque ha comprado una azemila: y para pagarle le pide una faldila, en que sobre este caso allegan a reñir: y passa por allí Rodancho rufian, el qual es compañero de Pandulfo: y los pone en paz, con que haze de arte que ella le da vn manto, y otras cosas: todos tres comen en plazer: y queda acordado entre Pandulfo y Rodancho de castigar a Celestina por los diez ducados que no le prestó...

«Aucto VIII. Felides estando solo, entra Sigeril a dezirle: que ponga medio en hablar a Polandria: el qual le manda que llame a Celestina para que lo negocie: y Sigeril le aconseja que embie vna carta primero: y que la dara a Poncia, y segun Polandria respondiere ansí hará: y con este acuerdo lleva Sigeril la carta...

«Aucto nueue. Como Polandria viene a reposar á la noche, halla en su aposento a Poncia, la qual la da la carta de Felides: y como la ha leydo, pasan las dos algunas pláticas sobre ello: en conclusion que queda acordado de le responder...

«Aucto X. Sigeril buelue a dezir a su amo lo que negoció con Poncia, y Felides le torna a embiar por la respuesta de la carta: el qual va, y Polandria misma se la da...

«Aucto XI. Felides manda a Corniel que salga a ver si viene Sigeril: y estando en esto Sigeril entra y cuenta a su amo lo que con Polandria passó: y como los dos leen la carta quedan con acuerdo que Celestina provea en ello. Y Sigeril determina que la llame...

«Aucto XII. Pandulfo dice a Rodancho que pongan en effecto su determinacion: que es castigar a Celestina, y él dice que es contento. Y como lo van a cumplir topanla con un jarro de vino: y en la misma calle se vengan muy bien della. E ansí la dexan llorando y se van...

«Aucto XIII. Areusa viene a ver a Elicia: y despues que an passado algunas pláticas: Areusa la pregunta por Celestina. E como Elicia la dize que es yda por vino: viendo cómo tarda la van las dos a buscar: a la cual hallan tendida del arte que la dexaron Pandulfo y Rodancho: y lleuanla con grandes lastimas á su casa...

«Aucto XIIII. Sigeril como va a casa de Celestina oye a la puerta a Elicia y Areusa platicar con Celestina sobre su desuentura: y marauillado se de tal caso entra por se informar d'llo: e dize la embaxada que de Felides trae. Y avnque Celestina se escusa de yr concluyen en que le trayga en que vaya y que irá...

«Aucto XV. Felides espantandose de Sigeril como tarda tanto llama a Caluerino su moço d'espuelas, el qual finge de rufian algunas vezes: y los dos salen a passear: y en el camino topan con Sigeril: y como él cuenta a Felides lo que dexa acordado, despidese con yr a lleuar lo necessario para traer a Celestina...

«Aucto XVI. Perucho vizcayno, que es moço de cauallos de Felides está alimpiando un cuartago d' su amo: y quexasse de la vida que tiene. Y como empieça a cantar por despedir su enojo, entra Sigeril y los dos van por Celestina. Y despues de auer reydo con ellos Areusa y Elicia la traen...

«Aucto XVII. Castaño alguazil va platicando con Falerdo su porqueron que andan a rondar: y topan con Celestina como la lleuan Sigeril y Perucho: y por ser la hora vedada y por verla yr en mula la quisieran lleuar a la carcel. Perucho como lo vee huye: y estando en esto passa Martinez racionero: y despues de dar ciertos auisos del guardar de la justicia a Castaño la dexa yr por su intercession...

«Aucto XVIII. Felides dize a Eruion su escudero que le dé un libro de leales amadores para sobrelleuar la pena entre tanto que Sigeril trae a Celestina: estando los dos en diuersas platicas tocantes al mismo caso llega Sigeril con la vieja: y Felides le dize lo que ha de hazer: aunque á los principios se escusa ella despidese con yr a negociarlo con Paltrana el dia siguiente...

«Aucto XIX. Albazin que es amigo de Elicia dize que la quiere yr a ver: a la qual halla sola: estando los dos holgando viene Areusa: y pasean entre todos diuersas platicas: en que Elicia le dize otras cosas: todos tres comen en plazer: y queda acordado entre Pandulfo y Rodancho de castigar a Celestina por los diez ducados que no le prestó...

«Aucto VIII. Felides estando solo, entra Sigeril a dezirle: que ponga medio en hablar a Polandria: el qual le manda que llame a Celestina para que lo negocie: y Sigeril le aconseja que embie vna carta primero: y que la dara a Poncia, y segun Polandria respondiere ansí hará: y con este acuerdo lleva Sigeril la carta...

«Aucto nueue. Como Polandria viene a reposar á la noche, halla en su aposento a Poncia, la qual la da la carta de Felides: y como la ha leydo, pasan las dos algunas pláticas sobre ello: en conclusion que queda acordado de le responder...

«Aucto X. Sigeril buelue a dezir a su amo lo que negoció con Poncia, y Felides le torna a embiar por la respuesta de la carta: el qual va, y Polandria misma se la da...

«Aucto XI. Felides manda a Corniel que salga a ver si viene Sigeril: y estando en esto Sigeril entra y cuenta a su amo lo que con Polandria passó: y como los dos leen la carta quedan con acuerdo que Celestina provea en ello. Y Sigeril determina que la llame...

«Aucto XII. Pandulfo dice a Rodancho que pongan en effecto su determinacion: que es castigar a Celestina, y él dice que es contento. Y como lo van a cumplir topanla con un jarro de vino: y en la misma calle se vengan muy bien della. E ansí la dexan llorando y se van...

«Aucto XIII. Areusa viene a ver a Elicia: y despues que an passado algunas pláticas: Areusa la pregunta por Celestina. E como Elicia la dize que es yda por vino: viendo cómo tarda la van las dos a buscar: a la cual hallan tendida del arte que la dexaron Pandulfo y Rodancho: y lleuanla con grandes lastimas á su casa...

«Aucto XIIII. Sigeril como va a casa de Celestina oye a la puerta a Elicia y Areusa platicar con Celestina sobre su desuentura: y marauillado se de tal caso entra por se informar d'llo: e dize la embaxada que de Felides trae. Y avnque Celestina se escusa de yr concluyen en que le trayga en que vaya y que irá...

«Aucto XV. Felides espantandose de Sigeril como tarda tanto llama a Caluerino su moço d'espuelas, el qual finge de rufian algunas vezes: y los dos salen a passear: y en el camino topan con Sigeril: y como él cuenta a Felides lo que dexa acordado, despidese con yr a lleuar lo necessario para traer a Celestina...

«Aucto XVI. Perucho vizcayno, que es moço de cauallos de Felides está alimpiando un cuartago d' su amo: y quexasse de la vida que tiene. Y como empieça a cantar por despedir su enojo, entra Sigeril y los dos van por Celestina. Y despues de auer reydo con ellos Areusa y Elicia la traen...

«Aucto XVII. Castaño alguazil va platicando con Falerdo su porqueron que andan a rondar: y topan con Celestina como la lleuan Sigeril y Perucho: y por ser la hora vedada y por verla yr en mula la quisieran lleuar a la carcel. Perucho como lo vee huye: y estando en esto passa Martinez racionero: y despues de dar ciertos auisos del guardar de la justicia a Castaño la dexa yr por su intercession...

«Aucto XVIII. Felides dize a Eruion su escudero que le dé un libro de leales amadores para sobrelleuar la pena entre tanto que Sigeril trae a Celestina: estando los dos en diuersas platicas tocantes al mismo caso llega Sigeril con la vieja: y Felides le dize lo que ha de hazer: aunque á los principios se escusa ella despidese con yr a negociarlo con Paltrana el dia siguiente...

«Aucto XIX. Albazin que es amigo de Elicia dize que la quiere yr a ver: a la qual halla sola: estando los dos holgando viene Areusa: y pasean entre todos diuersas platicas: en que Elicia le dize cómo Celestina la mandó que no entre en su casa: y él como lo oye se despide dellas jurando que la vieja se lo ha de pagar...

«Aucto XX. Perucho vizcayno entra muy de priessa en casa de su amo Felides: y pregunta a Sigeril por Celestina: y despues de contarle él lo que les passó entra a dezir a su señor como aya (sic por «avía») venido. Y Felides le manda entrar: y como ha reydo con él sobre la deligencia que puso en defender la vida del Alguazil le embia a la posada de Celestina a que le acuerde que vaya a do está concertado...

«Aucto XXI. Celestina dize a Elicia que mire quién llama a la puerta. Y ella como ve que es Perucho le baxa abrir: con el qual rien escarneciendo le sobre el caso passado: y Areusa de sus amores: en que se detiene vn rato: y él por se d'spedir dize a la vieja a lo que fue su venida. Y luego ella como él se va dexa la casa encargada a Areusa y a Elicia: y pone por obra d'yr a hablar a Paltrana...

«Aucto XXII. Poncia estando a la ventana vee a Celestina venir coxeando: la qual le pregunta por Paltrana: y la ruega que le haga saber como está allí, que viene a pedir unos vntos para curar su pierna: y Ponzia lo dize a Paltrana: y la manda entrar: en conclusion, que despues que la buena vieja la cuenta sus duelos: declara la por cifras lo que Felides le encomendó acerca de los casamientos de Polandria: y oye la respuesta muy fuera de su proposito: y ansi se despide. Y Poncia se entra a dezir a su señora lo que ha oydo...

«Aucto XXIII. Polandria llama a Poncia y la pregunta si ha oydo las platicas que passaron entre Celestina y su señora Polandria: la qual como dize la summa de todo, Polandria la manda que dé una carta a la vieja para Felides, sino es yda. Y ella la hace entrar en el apossento de su señora: y dassela Polandria mesma...

«Aucto XXIIII. Celestina viene hablando consigo del despacho que trae a Felides: y topale en camino ya Sigeril con él: al qual despues de contarle lo que passó con Paltrana le da la carta de Polandria: y es (¿el?) con sobrada alegria, aunque con la primer nueua tuvo tristeza, da a la vieja honrrada cincuenta ducados...

«Aucto XXV. Elicia estando a la ventana ve a Albacin que passa por su puerta: y ella le habla de arte que él sube: y como estan retoçando, Barrada llama y dize que viene a hablar a Celestina: y Elicia responde que no está en casa: y oyendo que Albacin está con ella se va jurando de hazer vn buen castigo a la vieja y cobrar sus quatro ducados: Albacin riñe con Elicia por celos de Barrada y entroduzense.

«Aucto XXVI. Celestina sale de con Felides muy contenta razonando de los cincuenta ducados que le dió: y topa con Barrada: el qual la hace vn estremado castigo: y queriendo la sacar de la bolsa sus quatro ducados la halla los cincuenta, y se los toma: y ella queda llorando y pidiendo justicia...

«Aucto XXVII. Grajales yendo a ver a su amiga Areusa topa a un rufian llamado Brauonel que es compañero suyo. Y como van los dos hablando veen a Celestina de la manera que la dexó Barrada. A la qual lleuan a su casa iurando que la an de vengar: y hallan a Elicia y Areusa allá. Y despidiendo se Brauonel, Grajales queda a holgar con Areusa...

«Aucto XXVIII. Felides llama a Sigeril para que se apareje que quiere yr a hablar a Polandria. Y ansi van los dos: hallando un postigo abierto entran en el vergel a do está Polandria esperando sola. Y Felides haze venir allí a Poncia que con su señora no auia salido: y la da cien ducados para ropas. Y de esta manera acaba con ella que Sigeril cumpla su voluntad. Y despues de auer holgado amo y criado con sus señoras se despiden muy alegres...

«Aucto XXIX. Brauonel como se enamoró de Areusa quando fue con Grajales a lleuar a Celestina propone de la yr a hablar: y con esta determinacion va a la posada de Celestina a do la halla: y hablando sobre el caso a la vieja: dala ciertos dineros: por los quales concierta con Areusa que le dé la palabra de lo hazer: y ella avnque se escusa le promete que lo hará...

«Aucto XXX. Poncia dice a Polandria que se prouea en como se negociarán los casamientos: y su señora responde que no ay otra sufficiente que lo haga sino Celestina. Y con este acuerdo Poncia dize que dirá a Sigeril que la diga que buelua a hablar a Paltrana.

«Aucto XXXI. Sigeril passando por la puerta de Paltrana vee a Poncia que está en una ventana. Y despues de aver passado entre los dos diuersas platicas ella le declaró que tenian acordado que Celestina tornase a entender en los casamientos. Y el dice que lo dira a Felides para que lo ponga por la obra...

«Aucto XXXII. Felides pregunta a Canarin su paje por Sigeril. El qual le responde que no sabe dél: y que le vee andar pensatiuo. Y sobre esto como estan riendo entra Sigeril: y despues (que) ha reñido con Canarin, dice a su amo lo que Poncia le dixo. Y Felides le embia luego a casa de Celestina con vn buen presente...

«Aucto XXXIII. Elicia dize a Celestina que trayga de comer: y ella le responde que no tiene blanca. Y estando en estas platicas llega Sigeril con el presente que Felides embia a la vieja: y dize la que luego vaya allá, y ella se lo promete: y haze con él que coma con ellas antes que se vaya...

«Aucto XXXIIII. Celestina pregunta a Poncia por Paltrana, la qual despues de rogar la que negocie bien los casamientos la dize que entre, que desocupada está. Y la vieja entra con son de pedir la vnos paños para su herida: y trasmuda la voluntad a Paltrana que antes tenia con sus razones, para que (sic) diziendo la lo que toca a Felides en los casamientos, y oye la respuesta y de confiança (sic)...

«Aucto XXXV. Brauonel yendo a cumplir su concierto con Areusa topa con Celestina que viene d'hablar a Paltrana: y vasse con ella platicando hasta su casa, do halla a Areusa con Elicia. Y como Brauonel está con él holgando, allega Recaxo a buscar a Grajales que es su amigo: y oyendo a Brauonel allá dentro buelue sin llamar, iurando que él podra poco o serán castigados los amores.

«Aucto XXXVI. Sigeril va a saber de Celestina lo que negoció con Paltrana: la qual no se lo quiere dezir por ganar de su amo las albricias, y los dos van juntos, y como lo cuenta a Felides él se las da de gran valor...

«Aucto XXXVII. Albacin yendo a vengar se de Celestina la vee estar llamando a su puerta, y alli la da una cuchillada por el rostro: la qual da tales bozes que se llegan las vezinas. Y él con el ruydo buelue disfraçado: y saca a Elicia d'entre la gente: y ansi se la lleua...

«Aucto XXXVIII. Paltrana embia a llamar a Dardano con Guzmanico su page: el qual venido ella le ruega que vaya a estar con Felides: y le hable en lo de los casamientos: de manera que no se desconcierte: y Dardano se despide para yr a negociarlo...

«Aucto XXXIX. Felides dize a Sigeril que saque unas pieças de brocado y de seda de las armas para cortar ropas, y ellos estando las mirando entra Canarin a dezir cómo está alli vn cauallero: y sabiendo Felides que es Dardano tio de Polandria, sale a hazerle entrar: y despues de se auer hecho los recebimientos pertenecientes a quien son, Dardano le declara su intento: y Felides avn que al presente le rehusa diziendo como le traen a la otra, concluye con que antes que diga el sí quiere saber la voluntad de Polandria...

«Aucto XL. Recuajo yendo consigo razonando en la vellaqueria de Areusa en tener a Brauonel topa con Grajales, al qual se lo cuenta todo. E los dos van a casa de Celestina a vengar aquel hecho: y hallan allá a Brauonel con Areusa: y allí dan el fin a ella, y él se escapa muy mal herido...

«Aucto XLI. El corregidor passando por casa de Celestina oye la barahunda que ay con la muerte de Areusa: y como entra y haze la pesquisa manda luego a Galantes alguazil que viene con él que llame al Pregonero para hazer justicia de la vieja encubridora: y ansi desde su posada la sacan açotar juntamente com emplumarla, a donde burlan della los mochachos hasta que la quitan de la escalera.

«Aucto XLII. Paltrana estando sola entra Dardano y cuenta le lo que negoció con Felides: y como quedó la cosa en que diga Polandria de sí: con las quales nueuas Paltrana huelga mucho. Y embia a llamar a su hija con Frunces page al iardin para concertarlo...

«Aucto XLIII. Polandria estando en el jardín platicando con Poncia sobre los casamientos: allega Frunces a llamar la de partes de su madre y de su tio Dardano. Y ella va: y como la hablan para que conceda en recebir a Felides rehusa mucho de lo hazer: dando causas sufficientes para sus dissimulaciones: en conclusion, que viendo cómo Paltrana y Dardano la dizen que en todo caso lo ha de hazer otorga en ello.

«Aucto XLIIII. Brauonel va a casa de vna muger que tiene a ganar, con el braço cortado de la manera que huyó de casa de Celestina; y despues d' la auer pedido cuēta la da de coces: porque ella no le da una perdiz. Y estando riñendo entra Solarcia, compañera de Ancona: que es del mismo officio: y pone los en paz.

«Aucto XLV. Antenor arcidiano que es sobrino de Paltrana, yendo a saber de su tia lo que se hace en los casamientos, topa a Dardano que va a casa de Felides a lleuarle la respuesta de lo que negoció, y como lo cuenta a su sobrino van los dos a estar con Felides: y despues de se lo auer dicho él da las manos a Dardano por cosa hecha: y Antenor las da por Polandria: y ansí se despiden dexandole con Sigeril platicando...

«Aucto XLVI. Sigeril como va a casa de Polandria vee a Poncia a la ventana: y despues de la contar las nueuas con sobrada alegria llama ella a su señora Polandria: la qual le da muy buenas albricias. Y Sigeril se despide d'ellas lleuando a cargo que rogará a Felides declare sus desposorios secretos...

«Aucto XLVII. Felides pregunta a Sigeril si estan las libreas apareiadas, y como le dize sí, va con doze pajes y otros tantos moços de espuelas a besar las manos de Paltrana y a recebir a su señora Polandria: a donde despues passar diuersas platicas con ellas declara él los conciertos d' Sigeril y Poncia a la que como es llamada da Felides dozientos ducados para su dote...

«Aucto XLVIII. Antenor arcediano dize a su tia Paltrana que ora es de hazer los desposorios: y los dos entran en la sala a do hallan a Felides con Dardano, y a Poncia con Polandria, y luego lleuan a Sigeril, y como los desposa Antenor, entran los menistriles y tocando los instrumentos canta Canarin...

«Aucto XLIX. Celestina como sabe que los desposorios son hechos, dize que no perderá las albricias. E yendo muy apriessa a las pedir con el sobrado gozo no mirando cómo va cae de los corredores de su casa abaxo y allí fenecen sus tristes dias. Y entrando los vezinos a socorrerla por los gritos que dió la hallan hecha pedazos. Y ansí se van a contar a Felides aquella muerte de la desdichada...

«Aucto L. Felides como le an informado de la muerte de Celestina llama a Sigeril: y con gran pena le cuenta lo que passó: y le da veynte ducados para que honradamente la entierren y hagan sus obsequias: y Sigeril lo lleua a cargo y lo va a hazer: y con este ultimo aucto se acaba la obra...».

[386] Tragicomedia de Lisandro y Roselia llamada Elicia y por otro nombre quarta obra y tercera Celestina. 1542 (Al reverso de la portada el escudo del impresor Junta, y una figurilla de la Muerte con la hoz al cuello y un ataúd debajo del brazo). La dedicatoria, el prólogo al lector y el texto de la tragicomedia ocupan los 89 primeros folios. En el que debía ser 90, numerado por equivocación 100, se halla el colofón:

«Aquí se acaba la tragicomedia de Lysandro y Roselia... nueuamente impressa. Acabose a veynte dias d'l mes de deziembre. Año del nascimiento de nuestro Saluador Jesu christo de mil y quinientos y quarenta y dos años».

Los folios siguientes hasta el CVI contienen las dos cartas y las octavas de arte mayor.

4.º let. gót. con viñetas. Es libro de la más extraordinaria rareza.

Por una esmerada copia que había pertenecido á D. Serafín Estébanez Calderón le reimprimieron los señores Fuensanta del Valle y Sancho Rayón, y es el tercer tomo de la linda Colección de libros raros y curiosos (Madrid, Rivadeneyra, 1872).

[387] Vid. Pérez Pastor (D. Cristóbal), Bibliografía madrileña del siglo XVI (Madrid, 1891), pág. 1.

[388] Carta á los editores de la Colección de libros Españoles raros ó curiosos en los preliminares del tomo cuarto que contiene el Cancionero de Stúñiga (pp. XXXIII á XLII).

[389] Carta de Sancho Rayón y Fuensanta del Valle á Hartzenbusch, en los preliminares del tomo quinto de Libros raros ó curiosos, que contiene la Comedia Selvagia (pp. XIII á XVI).

[390] Bibliografía Mexicana del siglo XVI, por D. Joaquín García Icazbalceta. México, 1886, páginas 232-233.

En la dedicatoria al arzobispo dice el Dr. Muñón que esta doctrina «se ha cogido de las fuentes de algunos escritores graves, que á mi parecer en esta materia hablaron bien, en especial de una Doctrina Cristiana que se trató de hacer por la memoria y papeles de Pío V de gloriosa memoria». Hay también un prólogo «A los muy reverendos Padres Curas del Arzobispado de México», en que les recomienda la enseñanza de la doctrina.

[391] A la infernal botica de Celestina había añadido Elicia «otras cosas muchas que con mi buen trabajo y propio sudor y mayor esperiencia he yo adquirido, conviene a saber: hieles de perro negro macho y de cuervo, tripas de alacran y cangrejo, testículos de comadreja, meollos de raposa del pie izquierdo, pelos priapicos del cabron, sangre de murcíelago, estiércol de lagartijas, huevos de hormigas, pellejos de culebras, pestañas de lobo, tuétanos de garza, entrañuelas de torcecuello, rasuras de ara, ciertas gotas de olio y crisma que me dio el cura, zumos de peonía, de celidonia, de sarcocola, de tryaca, de hipericon, de recimillos y una poca de hierba del pito que hobe por mi buen lance; tengo tambien la oracion del cerco que no tenía mi tia que Dios haya, que es esta: avis, gravis, seps, dipa, unus, infans, virgo, coronat; y si todo lo de mi tienda acabase de contar, sería cosa para nunca acabar... Este oficio me bastaba, éste mantiene mi casa, sustenta mi honra, y me hace ser temida y acatada de todos, y afama mi nombre por la ciudad, que nadie hay que me vea que no me llame: madre acá, madre acullá, el uno me dexa, el otro me toma, el vicario me convida, el arcediano me llama, que ningun señor de la iglesia me ve que no quiera ganar por la mano cuál me llevará primero á su casa» (pp. 74-75).

Ciertamente que los que fuesen entonces vicario y arcediano de Salamanca quedarían muy agradecidos al Maestro Muñón por el modo de señalar.

[392] Tractado de la Hermosura y del Amor compuesto por Maximiliano Calvi. En Milán... Por Paulo Gotardo Poncio, el Año MDLXXVI.

Cada uno de los tres libros en que la obra se divide forma un volumen con paginación diversa.

[393] Historia do Theatro Portuguez, II, A comedia classica e as tragicomedias (Porto, 1870), p. 29-30.

[394] Grammatica (1536), pág. 73 de la edición de 1785. «Verdade he ser (a lingua portugueza) em si t[-ao] honesta e casta que parece nā consentir em sy h[~u]a tal obra como Celestina».

[395] Historia Genealogica da Casa Real portugueza, por D. Antonio Caetano de Sousa... Lisboa Occidental, 1738. Provas. II, pág.

[396] «Em sexta feira de Endoenças do anno de 1521 vi no mosteiro de Sam Francisco en bragança un Diogo Lopes, ferreiro, vestido em manto bérneo e touca foteada, estar ante o Sacramento en roda de mulheres lendo por Celestina, e parece-me que era no auto que falla do Centurio». (Ms, tal vez autógrafo, que poseía el conde de Azevedo, y hoy debe de estar en la Biblioteca de Oporto.)

Vid. C. Castello Branco, Narcoticos, I, Porto, 1882, pág. 66.

[397] Tomo III de la ed. de Stuttgart, pp. 114, 120, 129, 215 y 222 En la pág. 632 hay unos versos de García de Resende á Jorge de Vasconcellos «porque nam querya escreuer humas trovas suas».

[398] En la tragicomedia de Las Cortes de Júpiter (Obras de Gil Vicente, tomo II de la ed. de Hamburgo, pág. 404).

[399] Jose Joaquim da Costa e Sá, editor de la traducción de Terencio de Leonel da Costa en 1788, dice haber visto un ejemplar de la Eufrosina de 1561, que tenía en el reverso del pergamino las siguientes palabras de letra antigua: «O Autor d'este livro foi Jorge Ferreira de Vasconcellos, natural de Lisboa, tamben Author da Tavola Redonda e d'outras obras (Tomo I, pág. XXI, nota 9).

[400] En la Vida de D. Duarte, escrita en 1565 por Andrés Resende, que había sido su maestro de latinidad, se hace mención de Francisco de Moraes, pero no de Jorge Ferreira de Vasconcellos. Tampoco en el testamento del Infante, publicado en las Provas de la Historia Genealogica. Pero está citado en el Rol dos Moradores do Infante, redactado poco después de su fallecimiento. (Vid. Caetano de Sousa, Hist. Geneal. Provas, II, 615.)

[401] «Das comedias que Jorge Ferreira de Vasconcellos compos, foy esta Vlysippo a segunda estando ja no seruiço del Rey nesta cidade».

[402] Vid. Brito Rebello, Ementas Historicas, II, Gil Vicente, pág. 114.

El título exacto del cargo era «escrivão da receita e despesa do tesoureiro da casa real».

[403] Barbosa Machado, Bibliotheca Lusitana... Lisboa, 1747. Tomo II, pp. 805-807.

[404] Acaso en este punto haya confusión con el Dr. Antonio Ferreira, autor de la Castro. El ducado de Aveiro fué creado en 1547 para D. Juan de Lencastre, nieto de D. Juan II.

[405] Vid. Teophilo Braga, Historia da universidade de Coimbra... Tomo I, Lisboa, 1892, cap. V, pp. 449 y ss.

[406] Estos dísticos se encuentran en la comedia Aulegrafia, pero no al fin, como dice Barbosa, sino al principio, antes del folio primero é inmediatamente después de la dedicatoria:

Inscribunt alii morituris nomina chartis
Cumque illis cernunt nomina obire sua.
..........................................................
Tu, bone Ferreri, victuris nomina chartis,
Non tua subscribis, sed latitare cupis.
Est tibi sat saeclis prodesse aliquando futuris
Quamvis nulla tui nominis aura sonet.
Nil agis, insequitur fugientem fama, sequentem
Aufugit, ad superos et volat alta polos.

Siendo tan raros los elogios antiguos de Jorge Ferreira, no debemos omitir el de Juan Soares de Brito (Theatr. Lusit. Lit., let. G.), citado por Barbosa: «Vir ingenio promptissimo et lepidissimo».

[407] Las coplas de Jorge Manrique le eran tan familiares que desde la primera escena de la Eufrosina intercala varios versos en el diálogo: «Dexemos a los troyanos que sus males no los vimos». «Recuerde el alma dormida». Y á continuación dos pedazos de romances que él mismo califica de antiguallas: «Por aquel postigo, viejo», «Buen Conde Fernán González». Dos veces está citado Macías en la misma escena, y poco antes el «Huid que rabio» de Juan Rodríguez del Padrón, páginas 63, 64 y 65 de la presente edición). Nueva reminiscencia de Jorge Manrique en la escena 2.ª: «Todo tiempo pasado fué mejor». (Pág. 71). De los elevamientos de Garci Sánchez se habla en el acto 3.º, escena 2.ª (pág. 105).

De la popularidad de los pliegos sueltos que contenían romances es buena prueba lo que dice Cariofilo á Zelotipo en la segunda jornada del acto tercero: «Partios a Castilla y dexad a Portugal a los castellanos, pues les va tan bien en ella. Poned tienda en Medina del Campo y ganaréis de comer con glosar romances viejos, que son apacibles, y poneldes por título «obra nueva sobre mal huvistes los franceses la caza de Roncesvalles»; mas temo que ande ya allá el trato tan dañado como acá, donde lo censuran todo estos críticos, que no medran ya chocarreros». (Pág. 106).

En el mismo acto hay tres canciones castellanas, puestas en boca de Zelotipo. El traductor sólo ha conservado la tercera: «Aora quiero os dezir unas coplas que hize poco ha en castellano, por ser más recebido y menos glosado». Las otras dos tienen los siguientes principios, que bastarán para mostrar su directa filiación de la poesía de los Cancioneros:

De grado en grado ha sobido
La pena a la fortaleza,
Del ansia y mayor tristeza
Que ay en el mundo.
Cayó se me hasta el profundo
Con dolor el pensamiento,
Del más subido cimiento
De la esperanza...
En mal punto fue nacido
Un corazon desdichado,
Qual el mio[A], que ha querido
Ser más vuestro desdeñado
Que de otra favorescido...

(Nota A: El niño dice la incorrectísima edición de Sousa Farinha, 1786, pág. 172).

Tiene en portugués otras composiciones del mismo gusto. La mejor es un villancico que canta Silvia de Sousa en la escena 1.ª del acto 4.º:

Aquelle cavaleiro,
Que d' amores me falla,
Querolhe bem na alma...

(Pág. 229 de la ed. de 1786).

El capitán Ballesteros traduce estos versos, pero omite ó mutila arbitrariamente otros, así castellanos como portugueses, en todo el curso de la obra. No tiene disculpa, por ejemplo, la supresión de esta linda cantiga que entona Eufrosina en el acto 4.º, escena 5.ª:

Castigado me ha mi madre
Por vos, gentil cauallero,
Mandame que no os hable:
No lo haré, que mucho os quiero.
Fuerça me por vos amor,
Venceme vuestro deseo:
Cuanto me riñen, si os veo,
Se me olvida, y el temor.
Defiende me lo mi madre,
Que no os vea, cavallero,
Mandame que no os hable,
Y yo por hablar os muero.
¿Qué valen consejos sanos,
Quando está mal sana el alma?
Si el amor lleua la palma,
Vencen los cuidados vanos.
Que me mate la mi madre
Por vos, gentil cavallero,
No quitará que no os hable,
Pues sin vos vida no quiero.

(Pág. 248 de la misma edición).

El nombre de Jorge Ferreira debe añadirse al Catálogo de los autores portugueses que escribieron en castellano formado con tanta erudición y diligencia por mi difunto é inolvidable amigo el Dr. García Peres, no sólo por estas y otras piezas poéticas, sino por una parte del diálogo de la comedia Aulegrafia.

No encuentro citadas en la Eufrosina más obras en prosa que el Clarimundo, libro de caballerías de Juan de Barros (pág. 110 del presente volumen), la novela de Diego de San Pedro y el Marco Aurelio del obispo Guevara: «En esta materia pocos aciertan y todos reprehenden y no dexan de aferrarse con Carcel de Amor en lugar solitario, y tienen por tanto convertillo en portugues como si fuese Homero; mas pues llegamos a tratar de antiguedades, qué malo sería hablar por Marco Aurelio, que tiene gran copia en el dezir?». (Pág. 111).

De Petrarca y aun de Dante hay indudables reminiscencias: «De la señora Eufrosina no se puede hablar como de cosa deste mundo, sino como de una muestra que Dios nos quiso dar de su poder» (p. 137). «La mayor congoja en estas adversidades es acordarme que fui algun tiempo venturoso» (p. 140).

En la Vlysippo (fol. 149 vuelto de la ed. de 1618) se encuentra un soneto, único tributo que pagó á la métrica italiana. No sabemos si puede tomarse por expresión de su propio pensamiento ó meramente de la persona que habla, el siguiente pasaje de la Aulegrafia (act. II, sc. 10, fol. 78 vuelto). En el primer caso habría que creer que cambió de rumbo en sus últimos años, como lo hizo también Gregorio Silvestre: «Eu, senhor, tenho minha poesia nova e faço minha viagem por fora da rota de João de Lenzina, e terzo-me da vitola dos antigos como de espirro: porque são musicas le fantasia sem arte, e não alcançam o bem d' agora, que tem furtado o corpo a idolatrias contemplativas quando lhe dizia: En tus manos la my vida encomiendo condenado, etc., e então logo morrem e vinhan os Testamentos, os Infernos do amor, e tudo era ayre».

Poco antes se había quejado del abandono de la lengua portuguesa y del predominio de la nuestra: «Somos tāō incrinados á lingua castelhana, que nos descontenta a nossa, sendo dina de maior estima, e nāō ha antre nós quem perdoe a hua trova portugueza, que muytas vezes é de vantagem das Castelhanas, que se tem aforado comnosco, e tomado posse do nosso ouvido, que nenhumas lhe soan melhor: emtanto que fica em tacha anichilarmos sempre o nosso, por estimarmos o alheyo» (fol. 66 vuelto).