NOTAS:
[594] En el original, estimatimatiua.
[595] En el original, así estos dos versos como el anterior, de Jorge Manrique, están impresos á renglón corrido, como si fuesen prosa.
[596] En el original estos dos versos están impresos como si fuesen prosa.
[597] En el original dice mi.
Filtria sola.
Fil.—En fin, en fin, la verdad es seruir a quien os saque la barba de verguença; todos saben el refran: Sanpitar haze buen jantar; Sanrrogar no ha lugar; dadiuas quebrantan peñas. Con dar se caçan los hombres, quanto mejor las mugeres, menos fuertes. No ay cosa más dulce que recebir, y assi acerto el que arrojó las mançanas de oro en la carrera de Atalanta. Sabese ya muy bien que el Abad de donde canta de ahi yanta. Quien conmigo huuiere de negociar ha de ser, hazme la barba, harete el copete. Gente rica y poderosa saca el pie del lodo, y no estos mancebitos de cabello blanco con guedejas y copete, que los pecadores no tienen vn quarto; todo es por acá fue, por aculla entró. Vistete de tuyo y llamate mio; su credito fundan en jurar con ademanes a lo brauo, prometer montes de oro a plaço largo; quando llega os pagan con haré haré; y mal auiendo y bien esperando, vaseme el tiempo y no sé quándo. Aquel te dio, estotro te dará: mal aya quien de suyo no ha. Por esso no erró quien dize: Antes el mar por vezino que cauallero mezquino. Estos tales, ni pintados en pared; antes los querria perder que hallar. Depareme Dios siempre hombres sesudos, que traen los apetitos frenados, y quando les sueltan la rienda y se inclinan a vna muger, nada estiman: porque les grangeis vn favor, sin regatear dan la saya, las çapatillas y quanto pedis por la boca. Con ellos no hay pariente pobre, sufren mentiras, contentanse con esperanças. Tienen paciencia en las dilaciones, y siempre parece que os quedan deuiendo, aunque mas os den. Con estos me hallo yo mejor, con ellos me entierren, y nunca me conozcan embelecadores llenos de cautelas y desconfianças, que todo su caudal se cifra en lo que traen sobre sí, blasonear y fingir; con esto viuen, aunque les cuesta su trabajo, porque los tales son esclauos de su engaño. Qué es el mundo, cómo lo ha trastornado todo a peor! Solia ser que los hombres galanes y nobles tenian su pundonor en ser liberales. Con esto solo y un anillo sencillo enamorauan las Princesas. Ya tienen por el mas discreto a quien mejor guarda vn real. Qué es verlos escatimar; parece que en dar vn marauedi le lleuan los ojos de la cara, y os dizen luego: Comprar hombre barato es gran riqueza, comprar caro no es franqueza. Con esto ved qué merced puedo recebir de tal gente, que ni con espinas buen bocado, ni de escaso buen dado. Dizen los antiguos: Guardeos Dios de ira de señor, de alboroto de pueblo, de loco en lugar estrecho, de moça adiuina y de muger Latina, de tres vezes casada, de hombre porfiado y de persona señalada, de lodos en camino, de larga enfermedad, de medico experimentador y de asno orejeador, de oficial nueuo y de barbero viejo, de amigo reconciliado y de viento que entra por agujero, de hora menguada y de gente que no tiene nada. Este vltimo tengo yo por el mayor peligro, porque no se tiene dellos otro fruto sino importunaciones, y más aora que cada vno viue para sí y solo Dios para todos. Los señores siruense de los criados a bien te haré, y nunca le hazen; y como todos van por este camino, negra medra puedo yo tener con ellos, que no de valde se dize: Ni siruas a quien sirue ni pidas a quien pide. Si fuera en otro tiempo, quando en los méritos de la persona estaua el aprecio, y no en el dinero! Tuuiera yo las paredes de oro, segun este mi oficio es corriente y yo soy solicita: entonces amanecian buenos dias para todos; lo bueno se va perdiendo, la esperança se compra con trabajo y el buen sucesso con la vida. Todo tiempo passado fue mejor. En éste todo es interes particular, aficion propia, fingir verdades y hazer guerra con mentiras. Como soldados saqueamos el mundo, que al fin acá se ha de quedar; peor lo dexamos de lo que nos lo dexaron. Perdido es quien tras perdido anda, y assi se consuela quien sus medidas quema. El diablo fue henchirse la tierra de bachilleres, que son la misma miseria, y con sus trampas tienen hecho el mundo cobarde e interesado; y tan amigo cada vno de su prouecho, que hasta de la habla es escaso, donde no pretende sacar alguno. Pero en los que más nibelan la conuersacion, si les hazeis señas con qualquiera sombra de grangeria hallais afabilidad; y si no, a essotra puerta, que esta no se abre, por más obligaciones que alegueis. Esta es vna tiña muy general, y no hay donde no se halle un pedaço de mal camino. Yo soy aora la Iudia de Zaragoça, que murio llorando duelos agenos; y a la verdad, quien va mal contando, no puede ir bien obrando, y con estos galanes de voto a Christo mal puedo yo salir de laceria ni de mal amo; pero de aqui adelante no seré yo mas boba, que rompa los çapatos por quien no me los diere: qual el tiempo, tal el tiento. Vieja experimentada, aregazada va por el agua. No quiero ser sastre de la encrucixada, que no le pagan la hechura y pone el hilo de su casa; y que me digan: pues Maria bayló, tome lo que ganó. Que bendito es el varon que por sí se castiga y por otro no; dexenme el cargo, que mejor es tarde que nunca, y más vale bien de lexos que mal de cerca, y vn sí tardio que vn no vazio; y mejor es deseo que fastidio. Yo bolueré sobre mí, y a pan duro diente agudo; que en el estado que la persona se pone, en esse le tienen. No consiste en más el hazer cada vno lo que quiere de en tener poca verguença para empeçar. De prudente es mudar consejo, y de los escarmentados se hazen los arteros; yo haré caminos nueuos por atajos viejos. Hallanme alma de cantaro, y en tanto arde lo verde por lo seco, paga el justo por el pecador; alerta, que ya es tiempo; que quien con muchos ha de entender, muchos juyzios ha menester; mas el diablo, y no otro, me reboluio con este Cariofilo, que no me puedo librar dél y de sus importunaciones; todo el dia me ocupa en sus mensages, que no me dexa a sol ni a sombra, y primero que le saco vn quarto de las vñas me suda el copete. Muy fanfarron, promete villas y castillos, y quando viene el plaço, todo es vna mala ventura de vn real; y por esso dizen bien, que el hazer y dezir no es para todos; que ni es oro todo lo que reluze, ni harina lo que blanquea; por lo qual maldito es el varon que de otro fia, y más en este tiempo, en que el mundo tiene puesta la buena ventura en tener. Quando la embidia y cobdicia era del buen nombre, tenian las artes valor y la virtud estimacion. Entonces florecian los amores, y si aora fuera assi, recado lleuo yo á Cariofilo que me diera hasta la camisa; pero quando mucho me pagará con decir: Sirue a señor noble, aunque sea pobre. Pues desengañarme quiero con él y quedar ó bien dentro ó bien fuera; no me conuiene trabajo sin beneficio, ni ir a caça con huron muerto. Y a señor artero, seruidor reçonglero; lo mejor será desconcertarme del todo con él; mas es tan importuno que no hay quien dél se despegue; y lo que le falta de dineros, le sobra de palabras: y tantas vezes va el cantaro a la fuente, que vna o otra se quiebra, y en vna hora se cae la casa. Allá viene con otro tal como él; ya me empieça a pagar con su risa, que estas son siempre sus pagas: renegad de hombre de muchas cortesias.
Cariofilo, Filtria, Zelotipo.
Car.—Besote las manos, amiga mia.
Fil.—Sí, besote, cabrito, porque has de ser bota.
Car.—Zelotipo, qué dezis a esta discrecion?
Fil.—Cortad con tiento, que ay poco paño.
Car.—No os parece que tiene arte y gracia para viuir con ella el mundo?
Fil.—Apelo desse mandato, señor juez, que si le he de dar de comer, he menester pan y caldo, y mal pecado, que aun la cena tengo mal acomodada.
Zel.—A ti digo, hijuela, entiendelo tú mi nuera.
Fil.—Piensa él que ando yo calçada, y mis çapatillas andan rotas; lo que importa es darme vnas, pues las tengo merecidas.
Zel.—Y las tiene sanas; pareceme que no quiere perder ocasion.
Car.—Dare yo toda la çapateria. Hombre soy yo que sé negar nada?
Fil.—Yo me contentaré con vnas, y mas si fuessen achineladas.
Zel.—Y tambien con ningunas, si Cariofilo es el que yo imagino.
Car.—Hablemos primero en lo que es de gusto, despues tiempo aurá para todo.
Fil.—Assi lo pienso yo; como no es al vuestro lo que se trata, mudais la conuersacion. Pues vna mano laba otra, y ambas la cara: hagase lo que os importa, primero, y despues de Maria casada, tengan las otras malas hadas. Lo que os digo es que no dan morcilla a quien no mata puerco. No diga barba lo que no haga.
Zel.—Esta toda es un refran: quiero ver si le valen sus traças, que ya caro le cuesta lo que ha de lleuar, pues lo porfia.
Car.—Amiga mia, entendamos cómo ha de ser esto? Le hemos de poner nombre a este hijo, si lo es?
Fil.—Y aun sobrenombre, si os atreueis.
Car.—Atreuer? dare en essa batalla vna lança de ventaja a Hercules.
Fil.—Pues sus, que hecho le tengo el oficio.
Car.—Por vida tuya?
Fil.—Assi muera yo Condesa.
Car.—O gran muger! aora acabo de conocer que no se puede tratar negocio si no es contigo, amiga de mi alma, doyte quanto tengo.
Fil.—Siempre vuestras dadiuas son como el que las da. Sea en buen hora, pues mirad no vengais a ser quien solo come su gallo solo ensilla su cauallo. Que si sabeis mucho, tambien yo sé mi psalmo, y mal aya el vientre que del bien que recibio no se acuerda.
Car.—Si ésta no fuera colerica, no tenia precio.
Zel.—No ay oro sin escoria.
Car.—Essa quenta hago, y soy con ella vn cordero, si bien cada hora me quiebra la cabeça.
Fil.—Todo esso es paja, no sea todo burlar á mi costa. El hombre de muchas gracias es indiciado de muchas culpas. Allá dizen que deuemos dar como queremos recebir, que ingrato es el que no paga lo que deue, ingrato el que dilata la paga y mucho más ingrato el que dissimula y niega la deuda; y éste sois vos, que acabado de seruiros, os oluidais, y no se os acuerda más que de lo que nunca fue; pues creedme, que quien paga bien es señor de lo ageno, y en el dar lo que más se estima y alaba es la presteza, porque reniego de tejo de oro en que he de escupir sangre, y antes querria comprar que rogar.
Car.—Pareceme que venis de mano armada; pues yo preciome de sufrido, porque quien calló vencio y hizo lo que quiso, y al mal hablador, discreto escuchador, que quando vno no quiere dos no barajan; y mirad que soy más amigo vuestro de lo que vos quereis pensar, y si no sabeis, sabed, pues os teneis por muy sabia, que quien se da prisa a pagar lo que deue más es pagador que agradecido, y a su tiempo vienen las vbas quando son maduras; ni con toda hambre al arca, ni con toda sed al cantaro. El discreto ha de notar y ver muchas cosas, y no dezir todo lo que siente; assi, mi señora, yo os digo lo que importa; dexad hazer a Dios, que muchos dias ay, y quien pierde un mes, no pierde vn año; más vale amigos en la plaça que dinero en el arca, porque con tenerlos ay riqueza; aunque el tiempo corre de manera que se puede dezir lo contrario, que donde ay riquezas ay amigos, porque el vulgo pone la amistad en el prouecho y se cumple lo que dezia Ouidio: Aquel santo y venerable nombre de amistad está puesto a ganar como ramera. Contraria era la opinion de los Scitas, que tenian por más ricos a los que tenian más amigos.
Zel.—O, cómo es discreta la necesidad, quán lexos está vn poderoso de tener tales palabras para persuadir su intencion, como éste vsa con tanta confiança de que haran efeto! Con razon se dize que la sabiduria cayó en suerte a la pobreça, descubridora de las artes, y por esta causa apartó Iupiter en la edad dorada la abundancia de las cosas: porque la falta dellas nos diesse industria para buscarlas; y es tan sagaz la necesidad, que de la raposa dizen que con la hambre se haze mortecina para caçar las aues. Tales son estos aora, el vno con el otro, que la pobreza de ambos les despierta los ingenios para engañarse en lo que pretenden.
Car.—Mas vos, mi señora, no veis más de lo presente, y no sabeis lo que va de Pedro a Pedro, y cómo yo soy para las mortales.
Fil.—Señor mio, palabras sin obras, vihuela sin cuerdas: siempre me prometeis esso, y yo nunca veo esse dia; y aunque soy tosca, bien veo la mosca. La estimacion de los estados es segun en quien estan, y discrecion sin condicion dadla al demonio. Vos pensais tenerme atada de vuestras esperanças, y soy ya vieja para gaytera, y sé muy bien quántas son tres, y quán mal estado tiene quien se sustenta de promessas; yo no he de comer dessa vizarria y lenguaje, sino de mi trabajo; y si no me quereis pagar, no me ocupeis, que yo no os voy a rogar, y vuestros cumplimientos no me satisfazen, porque mulas y amigos faltan en los peligros, y el harto del ayuno no tiene duelo ninguno. Sabeis lo que me sucedera con vos? lo que dicen: A mal Capellan, mal sacristan; a mal amo, mal moço; a mala llaga, mala yerua; que auariento rico no tieue pariente ni amigo. El consejo que tengo por saludable, y os le doy, es que en buen dia buenas obras, y más quiero pajaro en mano que buytre bolando.
Zel.—Para qué se ha de procurar oir otra Logica ni Retorica? aora creo lo que dize Persio, que el vientre halló el ingenio y que la necessidad es maestra; pero qué matrera es esta? mas de cosario, a cosario los barriles.
Fil.—Al prometer, poco es vn mundo; en el cumplir está la dificultad; pues yo os digo que negra y mal agradecida es la merced que tarda, y más parece cuydado que voluntad; y si cuesta verguença a quien pide, ya se compra, que quien rogó no recibio de gracia; el buen dar es preuenir el deseo, mas esto por vna oreja entra y por otra se os sale; sea en buen hora, que quien no da lo que estima, no alcança lo que quiere.
Car.—Aueis dicho ya, señora? pues oidme, que yo os respondere por los propios terminos: no aueis oido, tras la niebla viene el sol, y tras vn tiempo otro, y llegate a los buenos, serás vno dellos? mas tú, hermana, deues de venir melancolica de otra cosa, y buelveste contra mí, porque soy más paciente; pero con todo esso, mucho se alegra el lobo con la voz de la oueja, y assi tengo sufrimiento, porque al toro y al loco dalle corro.
Fil.—Vistis tal gracia? aueis me dado alguna saya? nada os deuo, que más ay quien ensucie la casa que quien la barra; y por mí se dize, por hazerme miel, me comieron moscas; porque nunca laué cabeça que no se me tornasse tiñosa, y soy siempre con los que más pretendo seruir, como la sardina, que huyendo de la sarten da en las brasas; y la verdad es, que en confiança de parientes nunca dexes de guardar que meriendes, que cada carnero en sus pies se sustenta.
Zel.—Yo me determino a no poneros en paz hasta veros llegar a las manos, porque tengo mucho gusto de oir essos amores; y bien se ve que comadres y vezinas a vezes tienen riñas.
Car.—Si a esso llegamos, malo ha de ser para mí, segun oy está picada; pero ladreme el perro y no me muerda.
Fil.—Sí, bien sé yo que muchos ladridos caben en el oido del lobo; mas no os burleis mucho, que si bien assi me veis, ya he castigado alguno por mis manos.
Car.—No os digo yo, señor? tened por cierto que le tengo miedo segun es determinada; por esso mirad por mí, si no me quereis ver vn Orfeo.
Zel.—Desengañaos desde luego, que he de ser contra vos por esta señora, porque a mí me negaré por seruirla.
Fil.—Mi voluntad lo merece, y podreis disponer de aquella casa; pero no querria fuesse echarlo todo a burlas, y dexando barajas nueuas sobre quentas viejas, porque quien espera desespera, si no alcança lo que desea, no sea lo que digo martillar en hierro frío.
Zel.—Esso es vna en el clauo y ciento en la herradura.
Fil.—Pues da ñudo y no perderas punto. Mas todo esto me aprouecha poco; y por demas es citola en el molino si el molinero es sordo, y es peor el que no quiere oir, pues lo cierto es que el desprecio disminuye el amor, la buena correspondencia y obras le aumentan: y assi me alcance la bendicion de la que come tierra fria, que no sé cómo tengo coraçon y cómo no se me quiebran los pies en los negocios de su honra y gusto, viendo tan claro que es todo caçar con huron muerto; pues con quanto le siruo, como todo el mundo sabe, nunca me he visto con vn manto mejorado.
Car.—Manto, vna horca.
Zel.—En mal monte hazeis leña.
Car.—Aora vayasse el diablo y venga Maria para casa; pues sabeis que dizen, mal amo has de agradar por miedo de empeorar; y yo, mi señora, soy bueno para amigo.
Fil.—Sí, buen amigo es el gato, sino que araña.
Car.—Mal Cariofilo, buen Cariofilo, al fin ninguno es mejor feligres que yo: y no se puede negar que más vale vn ruin asno que ser asno, y asno es quien asno tiene, pero más asno quien no le tiene.
Fil.—En buena fe, si esso falta, mal me fuera a mí, si yo no tuuiera otros de más caudal; que con vos ya sé quán pocos ajuares he de hazer, atengome a vuestro vezino el Chantre.
Car.—Diferencia ay de vno a otro; essos tales, amiga mia, no siruen más que para vn oficio, y assi es bien que den lo que tienen, y que no los veias[598] sino es por su justo precio; pero en mí aueis de mirar la calidad desta persona, que os autoriza en comunicaros, y que soy vn reclamo de crédito para este oficio, y esta honra es sobre todo.
Fil.—Más es el ruydo que las nuezes, honra sin prouecho.
Car.—Ya sabeis que no caben ambas cosas en vn saco. Dezidme, Reyna mía, pues quereis que hable: Quién os ha de librar de vn caso fortuito delante del Rey o del Papa? quién defender vuestra casa de vn hurto y de vna bateria? quién cruzar la cara al que os enojare o tocare al hilo de la saya? y para estas tales finezas se ha de sustentar y sufrir a vn hombre como yo, y no hazer caso de poquedades.
Fil.—Lo que os sé dezir es que mal de cada dia me llega a negros dias. Essos sucessos vienen tarde o nunca, y entonces sereis peor que todos.
Car.—Mirad lo que os digo: Veis aqui esta capa, y jurad que no teneis otra confiança de mí; porque holgaré saber en qué ley viuo, y ya sé que no ay cosa más barata que la que se compra.
Zel.—Ni más cara que lo que se pide o ruega, y assi estan ambos en juego. Aora veamos quién lleuará la palma, que la contienda por sus puntos va.
Fil.—Págome yo de mi amigo, que come su pan consigo y el mio conmigo: el escarabajo llama a sus hijos granos de oro. No ay Romero que diga mal de su bordon. Bien os alabais, mas jurado tienen las aguas, que de las negras no haran blancas. Yo sé muy cierto que perdido es quien tras perdido se anda; ya pudiera ser yo experimentada, que dos pajaros en vna espiga nunca se ligan, y dos amigos de vna bolsa, vno canta y otro llora.
Car.—Tened atencion, y notad qué tiene que ver vno con otro.
Fil.—Digo verdad, ois? por esso te siruo, por que me siruas. Puerco de a medias no es nuestro, y yo no me mantengo de humo de pajas. Quereis que me tengan por alcagueta por vos, y que no tenga que comer, y ponga las manos por las paredes, y dé diente con diente? Pues, amigo mio, cuando el bien del señor tarda, el seruicio del criado se enfada; yo no viuo de bene esse, y para el mal de costado es bueno el abrojo. Sabeis qué haré? tomaré el consejo que dize: Lo que haze el ignorante al fin, haze el sabio al principio. Todo lo que me sucediere merezco, por ser tan confiada y auerme fiado de palabras. Miren con qué quiere pagarme él aora. Al asna vieja, cincha amarilla; como si naciera yo ayer; quien malas mañas ha, tarde o nunca las perderá. Yo me entiendo: perro ladrador, nunca buen caçador. Todo es en fin pregonar vino y vender vinagre, y alabaros vos y más alabaros.
Zel.—Quánto sufrimiento da la pobreza y cómo abate los animos y cierra todos los puertos! Quán lexos estuuiera Cariofilo de sufrir, si tuuiera qué le dar! Lo cierto es que el dinero es segura aguja de los que nauegan en el mundo; y quando falta, haze se vsen otras traças, echando remiendos a la vida; y si bien la discrecion es grande atajo para escusar desgracias y afrentas, pero es nadar contra las olas del agua y a fuerça de braços salir del peligro, y con la riqueza se haze todo a pie enjuto, y no en balde se dió por maldicion: en el sudor de tu rostro comeras. Esto se verifica en los cuydados de Cariofilo.
Car.—Bien digo yo que esso es melancolia. Aora bien, iranse los huespedes y comeremos el gallo.
Fil.—No es sino el punto de la verdad, y assi amarga; pues aun no me aueis tenido el pie al herrar, y adonde las dan, las toman. Siempre oi dezir que es mejor dar a enemigos que pedir a amigos; ya los muertos no son nuestros, ni los viuos buenos amigos. Rabia me viene a las vezes de tomar el cielo con las manos. Ver el cuydado y diligencia que tengo en vuestras cosas, y a vos nunca os dize el coraçon que digais: Veis ahi vn escudo para pan. Assi que quanto más ay, más mal veo; pero este desengaño me pondrá la sal en la mollera, pues pensé en esta ocasión ensalmarme, y me quebré el pie.
Car.—Aora holgaos con esto que os diré, y tened paciencia, que no ser agradecida no se puede sufrir; y si el hombre es animal ingrato, más lo es la muger; y aora confirmareis, Zelotipo, lo que muchas vezes aueis oido, que de tres cosas nace la ingratitud. La vna de embidia de uer hazer bien a otro, no reparando en el que se recibe, aunque sea grande, ni acordándose dél. La segunda de soberuia presumiendo ser digno de más, o no sufriendo que otro sea preferido. La tercera de codicia, la qual no se apaga por más que le den, antes se enciende; y con la hambre de lo que apetece y pretende se oluida de lo que recibio; y esto sucede aora, pues desde ayer no os acordais que os regalé en vuestra casa.
Fil.—Mirad lo que me dió, y esso más de verguença que de coraçon, que assi lo entiendo por el ánima de quien más no puede, y yo no reparo en la cantidad, que bien se sabe que no importa que lo que se da sea mucho o poco, sino la voluntad con que se da; que el valor del beneficio más consiste en el ánimo con que se haze que en la cantidad. Yo me corriera de acordarme desso: porque quien da en cara lo que dió, parece que lo pide.
Car.—Gentil manera de desagradecer, pues peor es ser desagradecido que escaso, y yo no reparo en essa poquedad, ni lo digo por acordarme della, sino porque me quita el juyzio oir sinrazones.
Fil.—Digo muy bien, señor; lo que me dais, primero os lo tengo remerecido con sudor de mi cara. A otro huuiera yo seruido como a vos que teneis dinero como el mar.
Zel.—Como está perdida la verguença, poco ay que sudar.
Car.—Assi viua el diablo.
Fil.—Tiendo vuestro padre, que os lo atesora, mas si él me pidiera consejo, yo le desengañara. Que bien ignorante es quien no logra lo que es suyo, si puede; que despues de muerto, ni viña ni huerto, y negro gusto tendrá el alma del que está en el infierno por dexar a su hijo rico.
Car.—Dexemos las vidas agenas, que bien tiene cada vno que entender con la propia. Aguardad que entre a posseer, y tenga vn quento de renta, y vereis marauillas, que yo lo quiero para quien lo mereciere, y por nacer está otro mayor Alexandro; situacion tendreis, amiga mia, sobre mí, y vuestras libranças se cumpliran a letra vista.
Fil.—Siempre son essos vuestros remedios, y en el entretanto comere de estar queda.
Car.—No me canseis, que me pesa me deis ocasion para estarlo, y ninguna cosa me enfada tanto como personas interesadas, y si bien soy blando de condicion y gusto de ser engañado, en conociendoles essa falta, soy duro de muelles.
Fil.—La madre y la hija, por dar se hazen amigas, quanto más que bien sabeis que si no fuera por necessidad, de verguença no os pidiera vn marauedi.
Car.—Mejor tú medres que te creo.
Fil.—Y vos lo que me dais, malo y por mal cabo, y parece que el diablo os lleua, deuiendome quanto teneis, y no os lo he de dezir más lexos, que no sé tener dos caras, ni soplar la lumbre con agua en la boca; y para quien he de ser clara, soy agua del rio, y si no sea este Cauallero juez. Oyga v. m. por me la hazer señalada, veis aqui vn hombre a quien yo siruo de noche y de dia en quantas cosas ay en el mundo.
Car.—Paso, hermana, no digan que tratamos alguna mala conuersacion los dos.
Fil.—Y quando esso fuera verdad, era hazer moneda falsa? cayeran vuestros parientes en deshonra? Mas passe por burla, que bien sabe su merced que lo que trato son cosas de vuestra honra; mas vos sois aqui pega, alli pega, y todo embeleco, y yo apenas me dais a entender vuestro gusto, quando parto luego en vn pie. Veisme aqui, veisme alli, veisme acá, veisme aculla, lleuo villetes, bueluo respuestas, traygole moças a casa, auenturome a todo peligro por ir con sus recados, y hago de mí mangas al diablo.
Car.—Miradme aca, ojos de besugo.
Fil.—Si, a cabeça quebrada, vntalle el casco; no lo hagais, no, y no os lo diran, que cada vno cuenta de la feria como le va en ella; vos quereis comer cardos con dientes prestados, y cuesta poco a Pedro beuer sobre la capa de Payo; buen Rey, si quereis que os sirua dadme de comer, que bestia sin cebada nunca hizo buena jornada. No soy Camaleon, que me sustento del ayre, ni de la tierra como topo. El Abad de donde canta, de ahi yanta. Paga lo que deues, sanarás del mal que tienes. Si quereis ser bien seruido, no escuseis el galardon, que no ay cosa que tanto esfuerce en los trabajos como ver delante el premio, y el dolor de que se sigue algun prouecho, si se siente, se sufre.
Car.—No gastemos el tiempo en porfias, que vna hora es mejor que otra; yo ando estos dias algo alcançado por el juego, y quando no lo dan los campos, no lo han los Santos, y como se ha de negociar, amiga mia, es sabiendo guardar los tiempos, como buen esgrimidor. Con esto me desnudareis; y bien sabeis que no soy mezquino, antes a ningun género de hombres estimo en menos que a los miserables, porque no pueden hazer hecho bueno, y estan dispuestos para todo mal: y porque te quiero bien, te he de dar vna regla de mucho prouecho, aunque no sé si eres capaz de agradecermela y sentilla, mas si pegare, pegue, como barro en pared, y sea el presupuesto, que quien pone toda la esperança en el dinero, tiene el ánimo muy remoto de la prudencia, y se prueua con lo que dixo Platon, que no nacimos para nosotros solos, sino parte para la patria, parte para los amigos, y assi dizen los Estoycos, que todo lo que se engendra en la tierra es para el vso de los hombres, para que se aprouechen vnos a otros; no sé si me entendeis? Pienso que vso terminos impropios para vos.
Fil.—Si no alcança la vieja, alcança la piedra. Aunque no leamos libros, tambien somos gente; lo que vos dezis digo yo; hazeldo conmigo como os lo merezco, y culpáme si me quexare, y no os seruiré.
Car.—Pues no, que esto ha de ser proporcionado con los tiempos, y considerada la necessidad y la possibilidad, hazer cada vno de su parte lo que puede y esperar ocasion, que vsar daca y toma es baxo estilo.
Fil.—Peor es prometer y no dar, cosa indigna de sangre noble.
Car.—Antes aora lo vsa quien la tiene, hidalgo frances no guarda palabra, sino[599] en quanto le está bien, y nosotros acá, a todas las nouedades tenemos hecha ley por mayor; pero yo para seruiros quebraré cien leyes.
Fil.—Bien estoy en esso, si no se me mojare la ropa: de manera que ha de ser el hidalgo de Guadalaxara, lo que pone a la noche no cumple a la mañana. Pues los pusilanimos se precian de lo que tienen, y el magnanimo de lo que haze.
Car.—Pareceme que sólo andamos a buenos dichos.
Fil.—Mal me quieren mis comadres porque les digo las verdades.
Zel.—Razon es que siruais a esta señora y le deis quanto teneis, que el Rey de España no tiene tal mina.
Fil.—Esso no quiere creer él, como si lo que hago se lo deuiera de derecho; mas siempre se dize: a buen puerco, buena bellota.
Car.—Yo no os niego que os deuo la vida; mas tengola para perderla por vos, si os importare.
Fil.—Nunca me fié de haré, haré; más quiero vn toma que dos te daré.
Car.—No es el diablo tan feo como le pintan.
Fil.—Aun más es, señor Zelotipo; tengole solicitadas y vendidas moças como vnos Angeles en poco tiempo, y acreditado en partes que os admirarades si lo supierades.
Car.—Esso es por mi buena dicha, que todas me codician, que pocos tales como este moço en la dozena.
Fil.—Esso predican los Predicadores. Mantenga Dios muchos años y buenos a quien aqui está, que passa essas afrentas, que si por mí no fuesse, malos perros os comerian, y vos mal agradecido.
Zel.—Gentiles alabanças da de sí; a qué estremo ha llegado la malicia humana, que los malos se alaban de sus vicios, como los buenos se pueden preciar de la virtud!
Fil.—Pues sólo por solicitaros a la señora Polonia...
Car.—Ea, pues, acabá de desempreñar, sepamos qué tenemos.
Fil.—Primero pitareis, que ya sé vuestras mañas; gato escaldado del agua fria ha miedo, y lo digo assi porque a Clerigo mudo todo bien le huye.
Zel.—No pierde lance: todo va por su justo precio. El merecimiento ni el seruicio de las personas no lo tiene; todo se compra y vende; en ser caro o varato está el engaño.
Car.—Qué quereis que os dé? veisme aqui, mandadme poner en pregon, y vendedme.
Fil.—Y yo para qué os quiero? a, hi de puta y qué negro empleo y qué ajuar?
Car.—Despreciaisme, señora! en buena hora, alegrome desso.
Fil.—Paga, paga, parlero, y se hará todo bien.
Car.—Por estas barbas, de daros vna joya de valor si la nueua fuere tal.
Fil.—Yo lo quiero assi, mirad lo que prometeis delante deste Cauallero, que yo fiome de vos.
Car.—Mas hazedme merced que no os fieis, que con ser desconfiada leuantareis muchas casas de tres altos.
Fil.—Y yo fui y ella estaua con su madre y no pudimos hablar.
Car.—Y pues todo esso era?
Fil.—No os enfadeis, que aun yo no me enfado; ella es atreuida, y como presumió a lo que iba, mandóme que le comprasse agujas para que huuiesse achaque de boluer a verla.
Zel.—Ha, mugeres; a quien nunca faltaron cautelas y ardides para executar su gusto.
Fil.—Y yo, Maria de buenos pies, fui muy corriendo.
Zel.—Todo mentiras y enredos, por encarecerme mas la atencion con que la escucha Cariofilo, aunque no le da credito.
Fil.—Bueluo antes con antes, y como boba llamela a la escalera; dixe que iba de prisa, que no podia subir: ella vio el cielo abierto, y vino como vn rayo. Relatele mi embajada lo mejor que supe; respondiome que la metiades en la mayor afrenta del mundo, y quexose de mí porque le dixesse tal cosa.
Zel.—Muchos daños se escusaran si las madres no fueran bobas con sus hijas, y suceden los más porque suelen algunas muy confiadas dexarles hazer lo que quieren, y despues quando aduierten el peligro es sin remedio, y ninguna cosa importa tanto como la madre tener cautela y ser sospechosa, para hazer la hija segura en la virtud.
Fil.—Yo la satisfize y asseguré de manera que se puso más blanda y me contó que estuuo en punto de reuentar de risa de vuestra dissimulacion.
Car.—Ha, qué gracia! yo lo conoci luego, y de lo mismo no me podia defender de reir.
Fil.—Aqui le repliqué que me contastes quán hermosa estaua con los mayores suspiros del mundo, y que venistes embelesado de su gala y discrecion, que os parecio mayor que otras vezes por no auerla visto tan de cerca hasta entonces.
Zel.—Qué capa de huerfanas, la culpa está en la muger moça que oye sus alabanças y presume que se las deuen de derecho, y assi las cree con facilidad, y sin sentir beue en ellas el veneno; y la ignorante madre que la consiente tales conuersaciones, qué disculpa tendra? pues es cierto que si no huuiera malos medios, de que se aprouechan hombres ociosos, que no se viera muger rendida, que engañada ninguna lo es quando ellas no quieren serlo.
Fil.—Y por aqui le dixe las mis benditas, como mejor entendía; pero qué ay que hablar en esso? con mis buenas razones acabé con ella me prometiesse que os hablaria esta noche, mas que auia de ser a puerta cerrada, como otras vezes.
Car.—Doyla quatro higas. Pesar de mi padre con la hija de puta! que tal se sufra en el mundo? Y vos, buena Dona, venis muy contenta con esso, y hazeis marauillas? pues idos a pasear.
Fil.—Escuchad, si quereis, y no me atageis y vereis para quánto soy.
Zel.—Entre punto y punto encaxa la saya, y al fin todo ha de ser nada: lo cierto es que no ay gusto que no se compre a peso de paciencia; y assi tengo por la principal parte de la discrecion el sufrimiento.
Fil.—Entonces quando me dixo esto, puseme muy enojada y la dixe que no meteria más los pies en su casa, y me lauaria las manos de todas sus cosas, porque no erades vos hombre con quien tal se hauia de hazer, y más mirando tanto por su honra.
Zel.—Con tal fiador segura la tiene.
Fil.—Dixo luego ella: esso no sé yo, que al fin es hombre, y todos estan llenos de engaños, y sólo andan por cumplir su voluntad.
Car.—Todas predican lo mismo, y al fin caen en la trampa.
Fil.—Muchos mueren en la guerra, y por esso no falta quien vaya a ella, porque ninguno piensa ha de ser el desgraciado.
Car.—Mas a la verdad, yo imagino que somos con vosotras algunos. Pide el goloso para el vergonçoso. Si los hombres fuessen tan discretos que tuuiessen sufrimiento, es sin duda que fueran muy rogados; y esto bien lo conozco yo, pero no sufre mi coraçon tener paciencia de codicioso, porque no me gane otro por la mano, y porque sé que este negocio no consiste en más de saber gozar las ocasioues, y perderlas es gran desdicha. Pues en qué quedamos?
Fil.—Entonces repliqué: más os quiero yo a vos que a él, y si no le conociera tan enamorado a ojos vistos, no os lo nombrara.
Car.—Conclusion, abreuiemos, que ya sé que no ay cosa rogada que no salga cara.
Fil.—Al fin porfiando acabé quanto quise.
Zel.—Bien corresponde aquel espacio de réplicas con la prisa de llamarla a la escalera. Por cierto tengo que miente ésta en quanto dize, y que son merecedores de gran pena los padres que presumen de sus hijas que se han de casar mejor de secreto, y con estas esperanças les consienten quanto quieren, y ordinariamente sucede que por donde pensaron ganar pierden.
Car.—Esso me declarad, porque nos entendamos: ha de abrir?
Fil.—Y recebiros con los braços abiertos, y con esto me vine[600] a la mayor prissa del mundo, que me sudaua ya el copete; mas en estas hazañas esmero yo mi saber, porque estas moçuelas que les hierue la sangre, vozales en el trato, eleuadas en amores, hazen a dos manos y quieren abraçar mucho en poco tiempo, y yo como las siento golosas, pongoles luego el cebo, y creenme como si todo fuera verdad; y quando se me estrañan, si me pongo melancolica, luego se rinden a obediencia.
Car.—De manera que el negocio queda assentado como conuiene.
Fil.—Y no como deue, dizen ellos allá; junto y apuntado; cortad por do quisieredes, esta noche de las onze adelante os espera, y abrira la puerta al primer siluo que dieredes.
Car.—Esso es cierto?
Fil.—Cierto y recierto.
Car.—Esse es grande punto; pues qué me dezis aora, amiga mia, llegaré a uer qué tiene la liebre?
Fil.—Yo descargo mi conciencia sobre vos, nunca en esso me meti. Con donzellas ni tiro ni pago: alma tengo; pero seos dezir que por alagos se quiere lleuar la moça y no por fuerça, y della y de la naranja tomar lo que diere. Nuera rogada y olla reposada no la come toda barba, y si os veis en la ocasion, aduertid que quien a sus enemigos popa, a sus manos muere, y estas tales se escandalizan mucho si les hablan buenas dotrinas, y lo tienen a poquedad: hazed como fuerte varon; pero en todo lauo mis manos y os aconsejo que mireis por su honra y tengais cortesia.
Zel.—Buen pacificador de ruidos es ésta.
Car.—No ay tal muger en el mundo; digote, amiga, que eres para consejera de vn imperio, y por éstas, y si no que nunca me las quite, que te he de sacar de verguença, y te prometo que no te llames desamparada en lo que yo pudiere, y que otra puede ir mejor afeitada, etcétera.
Fil.—Hazedlo assi y tendreis la bendicion de vuestra madre y la mia; y pues el negocio está concluso, cuenta de cerca, amigo de lexos.
Car.—Yo cumplire mi palabra; aora, de pobre Obispo, pobre seruicio; veis ahi vn escudo, otro dia Dios hará merced.
Fil.—Una mala dadiua dos manos ensuzia; mal parto, hija al cabo. Pusistisme la boca dulce con que me dariades vna joya, y mirad lo que me dais.
Car.—Aora no nos oiga alguno: quien te da vn huesso no te querria ver muerto.
Fil.—Si, caçador que mal tira, presto tiene la mentira.
Car.—Mejor es deuda vieja que pecado nueuo. Valga esso por señal, y lo demas vendra sobre la buena pro le haga, que aun tenemos mucha costura.
Fil.—Por esso lo tomo, y mirad que el buey por el cuerno y el hombre por la palabra; y si me engañais vna vez, no me engañareis otra; pues moça tengo yo aora a mi mandar gordilla, y mal vestida (como dizen), redonda como vna bola: mas quien huuiere de prouar el vino, halo de hazer bien con ella, que la muchacha vale todo el oro del mundo.
Car.—Dime, amiga, es de aqui del varrio? o ha venido de fuera descaminada?
Fil.—De aqui es, bonita como vna plata, algo bobilla, y tiene vna voz que os enamora si le ois vn Romance de sol la.
Car.—Dessas es? yo asseguro que ha corrido más ferias que vn buhonero.
Fil.—Luego sabeis vos lo que ay y no ay. Pues no os mateis, que no os ruegan con ella.
Car.—No tengais pesadumbre[601] de que se diga la verdad; con todo esso, aunque tenga carne de toro, assentadme allá en la Cofadria.
Fil.—Si pagais la entrada, y si no, no tendreis cirio, que por dinero bayla el perro.
Car.—Porque sois boba, que siempre he de enseñar yo de valde; no será mejor que lo que se diere sea para vos, y tenella como cabeça de lobo? y luego pensareis que todo lo sabeis; no tenemos ya concertado que de todas las que vinieren a vuestros puertos me deis la salua, y que yo haga con vos mi cortesia? No he de gozar de algun priuilegio por ser tributario continuo? Pareceme que quereis que quiebre vanco; yo no quiero más que verla en vuestra casa vna hora.
Fil.—Esso poco? No se os entiende más. Es el mal que no os la... no quiero dezillo; pero ahora tengo mala ocasion con mis vezinas, que se ponen a hilar a las puertas y notan quanto ven, y ya ellas estaran murmurando el veros conmigo.
Car.—Pues ahorquense las borrachas, y si hablaren, sepalo yo, y vereis si las pongo freno.
Fil.—Quando yo viuia en la plaça era el trato franco, porque alli todas tienen que negociar, y entran y salen al tiempo que quieren, sin ser notadas de ninguno.
Car.—No tratemos de rodeos; yo estoy apercebido para todas horas, y soy hombre para pagar las costas.
Fil.—Quien muchas piedras mueue y muchas estacas prende, vnas vezes gana y otras pierde; vos quereis vna en la mano y otra en el saco.
Car.—Soy Cesar, varon de todas las mugeres, y donde yo estuuiere no venga Proculo.
Fil.—Pues qué os contaré a esse proposito? oy tuue dos estudiantes por huespedes con dos moças aldeanas.
Car.—Ha, ladrones, essa es la instituta en que ellos estudian, y despues suplen con grauedad la falta de las letras desimuladas con malicia, y son los que nos escalan la tierra; y dime, amiga, tuuieron sala franca?
Fil.—Ay, ay, y cómo si tuuieron, y más que ellos eran hombres de hecho y beuian los años.
Car.—Qué açote de verdugo! y las señoras qué tales eran?
Fil.—Bonitas como vn oro. Estas aldeanas son amorosas, limpias, frescas, vienen aliñadas con sus cofias de puntas, camisas labradas, toalla con rapacejos, çapatillas de dos suelas, las caras sin artificio, el cabello negro, que no ay más que desear.
Car.—Y esas tales entregastis a essos lobos hambrientos?
Fil.—Ellos hizieron el concierto allá fuera, y vinieron sobre cosa hecha; y buena obra es hospedar a los peregrinos, y del mal que el lobo haze al cuerbo le place; ellas vienen de las aldeas al mercado; entonces ellos con achaque de comprar lo que traen, les dizen sus Latines, con que ninguna se les escapa.
Car.—O, nunca ellos acá vinieran para ser picaros; pues vn bien tienen ellas dessos señores: que guardarán mucho secreto. Tened por cierto que dizen más de lo que hazen, todo por mostrar que son como la otra gente. Lo que importa es que essas queden ya por perroquianas, para que quando bueluan sean conocidas de los dos; y de aquí adelante yo visitaré el mercado, que no de valde se dize que rio buelto (sic), ganancia de pescadores. Cada dia se sabe más.
Zel.—Señor, vamonos.
Fil.—Mas mudaos, que los muertos se van.
Car.—Amiga mia, essa moça te encomiendo, y tal puede ser, que me contente y lo haga bien con ella.
Fil.—No se da a cata como melon.
Car.—No nos hemos de desconcertar quando esso fuera.
Fil.—Todo se hará bien; acordaos desta vuestra cautiua, que todo es migaja de pan en capilla de fraile.
Car.—No es más necessario, yo tendre cuydado y no has menester a otro.
Fil.—Pues al pobre no prometas y al rico no deuas. Yo voyme por lo que dizen. Quien bien sirue y no pide, quanto sirue tanto pierde.
Car.—Quedate a Dios, hermana.
Fil.—Vete en buen hora, escudero; la miseria del escudo con que viuo! esta vez me podrá engañar, mas otra no.