LXVIII.

¿Qué mejor barómetro para medir los esfuerzos hechos en pró de la instrucción en Puerto Rico por la Nación Colonizadora, que esta prensa periódica, dirigida casi toda ella por hijos del país? Criollos salidos de esas escuelas, que hemos citado; muchos de ellos sin haber cursado el Bachillerato en los Jesuitas ó en el Instituto Civil y sin haber cruzado los mares en busca de mayor ilustración. Poetas, escritores, literatos, cuyos trabajos pueden firmar las plumas mejor templadas de otros paises. Prueba evidente de que la instrucción que recibían esos jóvenes en las escuelas de sus pueblos era sólida y trascendental. No basta que la semilla sea buena y el surco favorable, si el cultivo no viene en ayuda de la planta. La cultura y civilización que poseemos, que constituyen nuestra personalidad histórica y nuestro orgullo, es obra de esa Instrucción Pública, recibida al calor de cuatro centurias en el seno de la Nación que nos dió vida, usos y costumbres, y además de su sangre y de su rico idioma, su legendaria hidalguía.

¡Honor á quien honor merece!...

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