CANCIÓN DEL PIRATA
[Nota 1: Nombre que dan los Turcos a Constantinopla]
«Navega, velero mío,
Sin temor,
Que ni enemigo navío,
20Ni tormenta, ni bonanza
Tu rumbo a torcer alcanza,
Ni a sujetar tu valor.
«Veinte presas
Hemos hecho
25A despecho
Del Inglés,
Y han rendido
Sus pendones
Cien naciones
30A mis pies.
«Que es mi barco mi tesoro,
Que es mi Dios la libertad,
Mi ley la fuerza y el viento,
Mi única patria la mar.
«Allá muevan feroz guerra
Ciegos reyes
Por un palmo más de tierra;
Que yo tengo aquí por mío
Cuanto abarca el mar bravío,
40A quien nadie impuso leyes.
«Y no hay playa,
Sea cualquiera,
Ni bandera
De esplendor,
45Que no sienta
Mi derecho
Y dé pecho
A mi valor.
«Que es mi barco mi tesoro....
«A la voz de '¡barco viene!'
Es de ver
Cómo vira y se previene
A todo trapo a escapar;
Que yo soy el rey del mar,
55Y mi furia es de temer.
«Que es mi barco mi tesoro....
«¡Sentenciado estoy a muerte!
Yo me río.
No me abandone la suerte,
Y al mismo que me condena
Colgaré de alguna entena,
70Quizá en su propio navío.
«Y si caigo,
¿Qué es la vida?
Por perdida
Ya la di,
75Cuando el yugo
Del esclavo,
Como un bravo,
Sacudí.
«Que es mi barco mi tesoro....
«Son mi música mejor
Aquilones;
El estrépito y temblor
De los cables sacudidos;
Del negro mar los bramidos
85Y el rugir de mis cañones.
EL CANTO DEL COSACO
Donde sienta mi caballo los pies no vuelve
a nacer yerba.—Palabras de Átila
CORO
¡Hurra, Cosacos del desierto! ¡Hurra!
La Europa os brinda espléndido botín:
Sangrienta charca sus campiñas sean,
De los grajos su ejército festín.
¡Hurra! a caballo, hijos de la niebla!
Suelta la rienda, a combatir volad.
¿Veis esas tierras fértiles? las puebla
Gente opulenta, afeminada ya.
Casas, palacios, campos y jardines,
10Todo es hermoso y refulgente allí;
Son sus hembras celestes serafines,
Su sol alumbra un cielo de zafir.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
Nuestros sean su oro y sus placeres,
15Gocemos de ese campo y de ese sol;
Son sus soldados menos que mujeres,
Sus reyes viles mercaderes son.
Vedlos huír para esconder su oro,
Vedlos cobardes lágrimas verter....
20¡Hurra! volad: sus cuerpos, su tesoro
Huellen nuestros caballos con sus pies.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
Dictará allí nuestro capricho leyes,
Nuestras casas alcázares serán,
25Los cetros y coronas de los reyes
Cual juguetes de niños rodarán.
¡Hurra! volad a hartar nuestros deseos;
Las más hermosas nos darán su amor,
Y no hallarán nuestros semblantes feos,
30Que siempre brilla hermoso el vencedor.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
Desgarraremos la vencida Europa
Cual tigres que devoran su ración;
En sangre empaparemos nuestra ropa
35Cual rojo manto de imperial señor.
Nuestros nobles caballos relinchando
Regias habitaciones morarán;
Cien esclavos, sus frentes inclinando,
Al mover nuestros ojos temblarán.
Venid, volad, guerreros del desierto,
Como nubes en negra confusión,
Todos suelto el bridón, el ojo incierto,
Todos atropellándoos en montón.
45Id, en la espesa niebla confundidos,
Cual tromba que arrebata el huracán,
Cual témpanos de hielo endurecidos
Por entre rocas despeñados van.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
Nuestros padres un tiempo caminaron
Hasta llegar a una imperial ciudad;
Un sol más puro es fama que encontraron,
Y palacios de oro y de cristal.
Vadearon el Tibre sus bridones,
55Yerta a sus pies la tierra enmudeció;
Su sueño con fantásticas canciones
La fada de los triunfos arrulló.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
¡Qué! ¿No sentís la lanza estremecerse,
60Hambrienta en vuestras manos de matar?
¿No veis entre la niebla aparecerse
Visiones mil que el parabién nos dan?
Escudo de esas míseras naciones
Era ese muro que abatido fué;
65La gloria de Polonia y sus blasones
En humo y sangre convertidos ved.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
¿Quién en dolor trocó sus alegrías?
¿Quién sus hijos triunfante encadenó?
70¿Quién puso fin a sus gloriosos días?
¿Quién en su propia sangre los ahogó?
¡Hurra, Cosacos! ¡Gloria al más valiente!
Esos hombres de Europa nos verán.
¡Hurra! nuestros caballos en su frente
75Hondas sus herraduras marcarán.
¡Hurra, Cosacos del desierto....
A cada bote de la lanza ruda,
A cada escape en la abrasada lid,
La sangrienta ración de carne cruda
80Bajo la silla sentiréis hervir.
Y allá después en templos suntüosos,
Sirviéndonos de mesa algún altar,
Nuestra sed calmarán vinos sabrosos,
Hartará nuestra hambre blanco pan.
EL MENDIGO
Mío es el mundo: como el aire libre,
Otros trabajan porque coma yo;
Todos se ablandan si doliente pido
Una limosna por amor de Dios.
El palacio, la cabaña
Son mi asilo,
Si del ábrego el furor
Troncha el roble en la montaña,
O que inunda la campaña
10El torrente asolador.
Y a la hoguera
Me hacen lado
Los pastores
Con amor,
15Y sin pena
Y descuidado
De su cena
Ceno yo;
O en la rica
20Chimenea,
Que recrea
Con su olor,
Me regalo
Codicioso
25Del banquete
Suntüoso
Con las sobras
De un señor.
Y me digo: el viento brama,
30Caiga furioso turbión;
Que al són que cruje de la seca leña,
Libre me duermo sin rencor ni amor.
Mío es el mundo: como el aire libre....
Todos son mis bienhechores,
35Y por todos
A Dios ruego con fervor;
De villanos y señores
Yo recibo los favores
Sin estima y sin amor.
Ni pregunto
Quiénes sean,
Ni me obligo
A agradecer;
Que mis rezos
45Si desean,
Dar limosna
Es un deber.
Y es pecado
La riqueza,
50La pobreza
Santidad;
Dios a veces
Es mendigo,
Y al avaro
55Da castigo,
Que le niegue
Caridad.
Yo soy pobre y se lastiman
Todos al verme plañir,
60Sin ver son mías sus riquezas todas,
Que mina inagotable es el pedir.
Mío es el mundo: como el aire libre....
Mal revuelto y andrajoso,
Entre harapos
65Del lujo sátira soy;
Y con mi aspecto asqueroso
Me vengo del poderoso,
Y adonde va, tras él voy.
Y a la hermosa
70Que respira
Cien perfumes,
Gala, amor,
La persigo
Hasta que mira,
75Y me gozo
Cuando aspira
Mi punzante
Mal olor.
Y las fiestas
80Y el contento
Con mi acento
Turbo yo,
Y en la bulla
Y la alegría
85Interrumpen
La armonía
Mis harapos
Y mi voz,
Mostrando cuán cerca habitan
90El gozo y el padecer,
Que no hay placer sin lágrimas, ni pena
Que no transpire en medio del placer.
Mío es el mundo: como el aire libre....
Y para mí no hay mañana,
95Ni hay ayer;
Olvido el bien como el mal,
Nada me aflije ni afana;
Me es igual para mañana
Un palacio, un hospital.
Vivo ajeno
De memorias,
De cuidados
Libre estoy;
Busquen otros
105Oro y glorias,
Yo no pienso
Sino en hoy.
Y doquiera
Vayan leyes,
110Quiten reyes,
Reyes den;
Yo soy pobre,
Y al mendigo,
Por el miedo
115Del castigo,
Todos hacen
Siempre bien.
SONETO
Fresca, lozana, pura y olorosa,
Gala y adorno del pensil florido,
Gallarda puesta sobre el ramo erguido,
Fragrancia esparce la naciente rosa.
Mas si el ardiente sol lumbre enojosa
Vibra del can en llamas encendido,
El dulce aroma y el color perdido,
Sus hojas lleva el aura presurosa.
Así brilló un momento mi ventura
10En alas del amor, y hermosa nube
Fingí tal vez de gloria y de alegría.
Mas ¡ay! que el bien trocóse en amargura,
Y deshojada por los aires sube
La dulce flor de la esperanza mía.
A TERESA
DESCANSA EN PAZ
Bueno es el mundo, ¡bueno! ¡bueno! ¡bueno!
Como de Dios al fin obra maestra,
Por todas partes de delicias lleno,
De que Dios ama al hombre hermosa muestra;
Salga la voz alegre de su seno
A celebrar esta vivienda nuestra;
¡Paz a los hombres! ¡gloria en las alturas!
¡Cantad en vuestra jaula, crïaturas!
DON MIGUEL DE LOS SANTOS ÁLVAREZ, "María"
¿Por qué volvéis a la memoria mía,
Tristes recuerdos del placer perdido,
A aumentar la ansiedad y la agonía
De este desierto corazón herido?
5¡Ay! que de aquellas horas de alegría,
Le quedó al corazón sólo un gemido,
Y el llanto que al dolor los ojos niegan
Lágrimas son de hiel que el alma anegan!
¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas
10De juventud, de amor y de ventura,
Regaladas de músicas sonoras,
Adornadas de luz y de hermosura?
Imágenes de oro bullidoras,
Sus alas de carmín y nieve pura,
15Al sol de mi esperanza desplegando,
Pasaban ¡ay! a mi alredor cantando.
Gorjeaban los dulces ruiseñores,
El sol iluminaba mi alegría,
El aura susurraba entre las flores,
20El bosque mansamente respondía,
Las fuentes murmuraban sus amores....
¡Ilusiones que llora el alma mía!
¡Oh! ¡cuán süave resonó en mi oído
El bullicio del mundo y su ruïdo!
Mi vida entonces cual guerrera nave
Que el puerto deja por la vez primera,
Y al soplo de los céfiros süave,
Orgullosa despliega su bandera,
Y al mar dejando que a sus pies alabe
30Su triunfo en roncos cantos, va velera
Una ola tras otra bramadora
Hollando y dividiendo vencedora;
¡Ay! en el mar del mundo, en ansia ardiente
De amor volaba, el sol de la mañana
35Llevaba yo sobre mi tersa frente,
Y el alma pura de su dicha ufana.
Dentro de ella el amor cual rica fuente,
Que entre frescura y arboledas mana,
Brotaba entonces abundante río
40De ilusiones y dulce desvarío.
Yo amaba todo: un noble sentimiento
Exaltaba mi ánimo, y sentía
En mi pecho un secreto movimiento,
De grandes hechos generoso guía:
45La libertad con su inmortal aliento,
Santa diosa, mi espíritu encendía,
Contino imaginando en mi fe pura
Sueños de gloria al mundo y de ventura:
El puñal de Catón, la adusta frente
50Del noble Bruto, la constancia fiera
Y el arrojo de Scévola valiente,
La doctrina de Sócrates severa,
La voz atronadora y elocuente
Del orador de Atenas, la bandera
55Contra el tirano macedonio alzando,
Y al espantado pueblo arrebatando;
El valor y la fe del caballero,
Del trovador el arpa y los cantares,
Del gótico castillo el altanero,
60Antiguo torreón, do sus pesares
Cantó tal vez con eco lastimero
¡Ay! arrancada de sus patrios lares,
Joven cautiva, al rayo de la luna,
Lamentando su ausencia y su fortuna;
El dulce anhelo del amor que aguarda,
Tal vez inquieto y con mortal recelo,
La forma bella que cruzó gallarda,
Allá en la noche entre el medroso velo,
La ansiada cita que en llegar se tarda
70Al impaciente y amoroso anhelo,
La mujer y la voz de su dulzura,
Que inspira al alma celestial ternura,
A un tiempo mismo en rápida tormenta
Mi alma alborotaban de contino,
75Cual las olas que azota con violenta
Cólera, impetüoso torbellino;
Soñaba al héroe ya, la plebe atenta
En mi voz escuchaba su destino;
Ya al caballero, al trovador soñaba,
80Y de gloria y de amores suspiraba.
Hay una voz secreta, un dulce canto,
Que el alma sólo recogida entiende,
Un sentimiento misterioso y santo,
Que del barro al espíritu desprende,
85Agreste, vago y solitario encanto,
Que en inefable amor el alma enciende,
Volando tras la imagen peregrina
El corazón de su ilusión divina.
Yo, desterrado en extranjera playa,
90Con los ojos, extático seguía
La nave audaz que argentada raya
Volaba al puerto de la patria mía;
Yo cuando en Occidente el sol desmaya,
Solo y perdido en la arboleda umbría,
95Oír pensaba el armonioso acento
De una mujer, al suspirar del viento.
¡Una mujer! En el templado rayo
De la mágica luna se colora,
Del sol poniente al lánguido desmayo
100Lejos entre las nubes se evapora;
Sobre las cumbres que florece el mayo
Brilla fugaz al despuntar la aurora,
Cruza tal vez por entre el bosque umbrío,
Juega en las aguas del sereno río.
¡Una mujer! Deslízase en el cielo
Allá en la noche desprendida estrella;
Si aroma el aire recogió en el suelo,
Es el aroma que le presta ella.
Blanca es la nube que en callado vuelo
110Cruza la esfera y que su planta huella,
Y en la tarde la mar olas la ofrece
De plata y de zafir donde se mece.
Mujer que amor en su ilusión figura,
Mujer que nada dice a los sentidos,
115Ensueño de suavísima ternura,
Eco que regaló nuestros oídos;
De amor la llama generosa y pura,
Los goces dulces del placer cumplidos,
Que engalana la rica fantasía,
120Goces que avaro el corazón ansía;
¡Ay! aquella mujer, tan sólo aquella
Tanto delirio a realizar alcanza,
Y esa mujer, tan cándida y tan bella,
Es mentida ilusión de la esperanza;
125Es el alma que vívida destella
Su luz al mundo cuando en él se lanza,
Y el mundo con su magia y galanura
Es espejo no más de su hermosura;
Es el amor que al mismo amor adora,
130El que creó las sílfides y ondinas,
La sacra ninfa que bordando mora
Debajo de las aguas cristalinas;
Es el amor que recordando llora
Las arboledas del Edén divinas,
135Amor de allí arrancado, allí nacido,
Que busca en vano aquí su bien perdido.
¡Oh llama santa! ¡celestial anhelo!
¡Sentimiento purísimo! ¡memoria
Acaso triste de un perdido cielo,
140Quizá esperanza de futura gloria!
¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo!
¡Oh mujer! que en imagen ilusoria
Tan pura, tan feliz, tan placentera,
Brindó el amor a mi ilusión primera...!
¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías,
¡Ah! ¿dónde estáis que no corréis a mares?
¿Por qué, por qué como en mejores días
No consoláis vosotras mis pesares?
¡Oh! los que no sabéis las agonías
150De un corazón, que penas a millares
¡Ay! desgarraron, y que ya no llora,
¡Piedad tened de mi tormento ahora!
¡Oh! ¡dichosos mil veces! sí, dichosos,
Los que podéis llorar y ¡ay! sin ventura
155De mí, que, entre suspiros angustiosos,
Ahogar me siento en infernal tortura!
Retuércese entre nudos dolorosos
Mi corazón, gimiendo de amargura!...
También tu corazón, hecho pavesa,
160¡Ay! llegó a no llorar, ¡pobre Teresa!
¿Quién pensara jamás, Teresa mía,
Que fuera eterno manantial de llanto
Tanto inocente amor, tanta alegría,
Tantas delicias y delirio tanto?
165¿Quién pensara jamás llegase un día,
En que, perdido el celestial encanto,
Y caída la venda de los ojos,
Cuanto diera placer causara enojos?
Aun parece, Teresa, que te veo
170Aerea como dorada mariposa,
Ensueño delicioso del deseo,
Sobre tallo gentil temprana rosa,
Del amor venturoso devaneo,
Angélica, purísima y dichosa,
175Y oigo tu voz dulcísima, y respiro
Tu aliento perfumado en tu suspiro.
Y aun miro aquellos ojos que robaron
A los cielos su azul, y las rosadas
Tintas sobre la nieve, que envidiaron
180Las de mayo serenas alboradas;
Y aquellas horas dulces que pasaron
Tan breves ¡ay! como después lloradas,
Horas de confïanza y de delicias,
De abandono, y de amor y de caricias.
Que así las horas rápidas pasaban,
Y pasaba a la par nuestra ventura;
Y nunca nuestras ansias las contaban,
Tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura;
Las horas ¡ay! huyendo nos miraban,
190Llanto tal vez vertiendo de ternura,
Que nuestro amor y juventud veían,
Y temblaban las horas que vendrían.
Y llegaron en fin.... ¡Oh! ¿quién impío
¡Ay! agostó la flor de tu pureza?
195Tú fuiste un tiempo cristalino río,
Manantial de purísima limpieza;
Después torrente de color sombrío,
Rompiendo entre peñascos y maleza,
Y estanque, en fin, de aguas corrompidas,
200Entre fétido fango detenidas.
¿Cómo caíste despeñado al suelo,
Astro de la mañana luminoso?
Ángel de luz, ¿quién te arrojó del cielo
A este valle de lágrimas odioso?
205Aun cercaba tu frente el blanco velo
Del serafín, y, en ondas fulgoroso,
Rayos al mundo tu esplendor vertía,
Y otro cielo el amor te prometía.
Mas ¡ay! que es la mujer ángel caído
210O mujer nada más y lodo inmundo,
Hermoso ser para llorar nacido,
O vivir como autómata en el mundo.
Sí, que el demonio en el Edén perdido
Abrasara con fuego del profundo
215La primera mujer, y ¡ay! aquel fuego
La herencia ha sido de sus hijos luego.
Brota en el cielo del amor la fuente
Que a fecundar el universo mana,
Y en la tierra su límpida corriente
220Sus márgenes con flores engalana;
Mas ¡ay! huíd: el corazón ardiente
Que el agua clara por beber se afana
Lágrimas verterá de duelo eterno,
Que su raudal lo envenenó el infierno.
Huíd, si no queréis que llegue un día,
En que, enredado en retorcidos lazos
El corazón, con bárbara porfía
Luchéis por arrancároslo a pedazos:
En que al cielo en histérica agonía
230Frenéticos alcéis entrambos brazos,
Para en vuestra impotencia maldecirle,
Y escupiros, tal vez, al escupirle.
Los años ¡ay! de la ilusión pasaron;
Las dulces esperanzas que trajeron
235Con sus blancos ensueños se llevaron,
Y el porvenir de oscuridad vistieron:
Las rosas de amor se marchitaron,
Las flores en abrojos convirtieron,
Y de afán tanto y tan soñada gloria
240Sólo quedó una tumba, una memoria.
¡Pobre Teresa! al recordarte siento
Un pesar tan intenso...! embarga impío
Mi quebrantada voz mi sentimiento,
Y suspira tu nombre el labio mío:
245Pára allí su carrera el pensamiento,
Hiela mi corazón punzante frío,
Ante mis ojos la funesta losa,
Donde vil polvo tu beldad reposa.
¡Y tú feliz, que hallaste en la muerte
250Sombra a que descansar en tu camino,
Cuando llegabas, mísera, a perderte,
Y era llorar tu único destino:
Cuando en tu frente la implacable suerte
Grababa de los réprobos el sino...!
255¡Feliz! la muerte te arrancó del suelo,
Y otra vez ángel te volviste al cielo.
Roída de recuerdos de amargura,
Árido el corazón sin ilusiones,
La delicada flor de tu hermosura
260Ajaron del dolor los Aquilones:
Sola, y envilecida y sin ventura,
Tu corazón secaron las pasiones,
Tus hijos, ¡ay! de ti se avergonzaran,
Y hasta el nombre de madre te negaran.
Los ojos escaldados de tu llanto,
Tu rostro cadavérico y hundido,
Único desahogo en tu quebranto,
El histérico ¡ay! de tu gemido:
¿Quién, quién pudiera, en infortunio tanto,
270Envolver tu desdicha en el olvido,
Disipar tu dolor y recogerte
En su seno de paz? ¡Sólo la muerte!
¡Y tan joven, y ya tan desgraciada!
Espíritu indomable, alma violenta,
275En ti, mezquina sociedad, lanzada
A romper tus barreras turbulenta.
Nave contra las rocas quebrantada,
Allá vaga, a merced de la tormenta,
En las olas tal vez náufraga tabla,
280Que sólo ya de sus grandezas habla.
Un recuerdo de amor que nunca muere
Y está en mi corazón; un lastimero
Tierno quejido que en el alma hiere,
Eco süave de su amor primero:
285¡Ay! de tu luz en tanto yo viviere
Quedará un rayo en mí, blanco lucero,
Que iluminaste con tu luz querida
La dorada mañana de mi vida.
Que yo como una flor que en la mañana
290Abre su cáliz al naciente día,
¡Ay! al amor abrí tu alma temprana,
Y exalté tu inocente fantasía:
Yo inocente también: ¡oh! ¡cuán ufana
Al porvenir mi mente sonreía,
295Y en alas de mi amor con cuánto anhelo
Pensé contigo remontarme al cielo!
Y alegre, audaz, ansioso, enamorado,
En tus brazos en lánguido abandono,
De glorias y deleites rodeado,
300Levantar para ti soñé yo un trono:
Y allí, tú venturosa y yo a tu lado,
Vencer del mundo el implacable encono,
Y en un tiempo sin horas y medida
Ver como un sueño resbalar la vida.
¡Pobre Teresa! Cuando ya tus ojos
Áridos ni una lágrima brotaban,
Cuando ya su color tus labios rojos
En cárdenos matices cambïaban,
Cuando de tu dolor tristes despojos
310La vida y su ilusión te abandonaban,
Y consumía lenta calentura
Tu corazón al par de tu amargura,
Si en tu penosa y última agonía
Volviste a lo pasado el pensamiento,
315Si comparaste a tu existencia un día
Tu triste soledad y tu aislamiento;
Si arrojó a tu dolor tu fantasía
Tus hijos ¡ay! en tu postrer momento,
A otra mujer tal vez acariciando,
320Madre tal vez a otra mujer llamando,
Si el cuadro de tus breves glorias viste
Pasar como fantástica quimera,
Y si la voz de tu conciencia oíste
Dentro de ti gritándote severa,
325Si, en fin, entonces tú llorar quisiste,
Y no brotó una lágrima siquiera
Tu seco corazón, y a Dios llamaste,
Y no te escuchó Dios, y blasfemaste,
¡Oh! ¡crüel! ¡muy crüel! ¡martirio horrendo!
330¡Espantosa expiación de tu pecado!
¡Sobre un lecho de espinas maldiciendo,
Morir el corazón desesperado!
¡Tus mismas manos de dolor mordiendo,
Presente a tu conciencia lo pasado,
335Buscando en vano con los ojos fijos,
Y extendiendo tus brazos a tus hijos!!
¡Oh! ¡crüel! ¡muy crüel!... ¡Ah! yo entre tanto,
Dentro del pecho mi dolor oculto,
Enjugo de mis párpados el llanto
340Y doy al mundo el exigido culto:
Yo escondo con vergüenza mi quebranto,
Mi propia pena con mi risa insulto,
Y me divierto en arrancar del pecho
Mi mismo corazón pedazos hecho.
Gocemos, sí; la cristalina esfera
Gira bañada en luz: ¡bella es la vida!
¿Quién a parar alcanza la carrera
Del mundo hermoso que al placer convida?
Brilla radiante el sol, la primavera
350Los campos pinta en la estación florida:
Truéquese en risa mi dolor profundo....
¡Que haya un cadáver más! ¿Qué importa al mundo?
NOTES
EL ESTUDIANTE DE SALAMANCA
Instead of Cuento, later editions read Leyendas.
The introductory quotation is taken from the "Don Quijote," Part I, chap. 45. The words were addressed by Don Quijote to members of the rural police who were arresting him for depredations committed on the highway. The full sentence in Ormsby's translation reads: "Who was he that did not know that knights-errant are independent of all jurisdictions, that their law is their sword, their charter their prowess, and their edicts their will?" This Spanish declaration of independence was frequently used as a slogan by the Romanticists. Espronceda is here making the quotation apply more particularly to his lawless hero.
1. Era más de media noche: the poet begins with a characteristic Romantic landscape, gloomy, medieval, fantastic, uncanny. He is trying to create a mood of horror. He follows the Horatian precept of beginning the plot in the middle (in medias res). The situation here introduced is not resumed until Part Four is reached. Parts Two and Three supply the events leading up to the duel. The Duque de Rivas's "Candil" begins in similar fashion:
Más ha de quinientos años
En una torcida calle,
Que de Sevilla en el centro
Da paso a otras principales;
Cerca de la media noche,
Cuando la ciudad más grande
Es de un grande cementerio
En silencio y paz imagen;
De dos desnudas espadas
Que trababan un combate
Turbó el repentino encuentro
Las tinieblas impalpables.
El crujir de los aceros
Sonó por breves instantes
Lanzando azules centellas,
Meteoro de desastres.
Y al gemido ¡Dios me valga!
¡Muerto soy! y al golpe grave
De un cuerpo que a tierra vino
El silencio y paz renacen, etc.
This was first published in "El Liceo," 1838. The Duque de Rivas may have been influenced by our text, but such introductions were a Romantic commonplace. See M. Fernández y González, "Crónicas romanescas de España. Don Miguel de Mañara, memorias del tiempo de Carlos V," Paris, 1868. The story begins "Era la media noche"; and, later, "Hacía mucho tiempo que Sevilla estaba entregada al sueño y al silencio." Espronceda is here following his sources closely.
2. antiguas historias: not a mere rhetorical statement. These old stories actually existed. See the study of sources in the Introduction.
4. lóbrego: I follow the reading of the 1840 edition. Later editions changed to lóbrega, making the adjective agree with tierra instead of silencio. Either reading makes good sense, but in cases of doubt I follow the Editio Princeps.
11. fantasmas: this noun is usually masculine, but is often feminine in popular speech. The distinction between the masculine and feminine meanings given in most dictionaries does not apply in Espronceda. He uses both genders indifferently.
19. sábados: Saturday was the usual day when, according to popular belief, witches attended their yearly aquelarre or sabbath. The favorite meeting-place for Spanish witches was said to be the plain around Barahona (Soria).
27. gótico: admiration for the Gothic was a characteristic of Romanticism.
37. Salamanca: the famous university city of Spain. Its founding antedates the Carthaginians and the Romans. The university of Palencia was transferred to Salamanca by Fernando III in 1239. Neither the university nor the city retains much of its ancient importance. See Gustave Reynier, "La Vie universitaire dans l'ancienne Espagne," Paris, 1902.
38. armas y letras: these words summarize the Renaissance ideal of culture. The perfect gentleman must combine literature and arms. Letters were not considered to be apart from active life. Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, and many others of Spain's great writers of the classic period exemplify this ideal.
53. embozado: to avoid breathing the cool mountain air of his country, a Spaniard frequently draws the corner of his cape over his face, concealing it. He is then embozado, 'muffled.' When a woman is heavily veiled she is tapada. This national custom has been effectively used by Spanish poets, novelists, and dramatists. It offered a plausible excuse for the concealment or confusion of identity.
64. calle: this word is the object of atraviesa, l. 72.
65. la calle del Ataúd: this dismal name does not seem to be of Espronceda's own invention. It is found in José Gutiérrez de la Vega's "Don Miguel de Mañara," 1851. Espronceda probably used some earlier edition of the prose romance of Don Miguel de Mañara.
96. que: a relative adverb used with the force of a genitive Translate 'whose.'
100. Segundo Don Juan Tenorio: see the Introduction.
PARTE SEGUNDA
The quotation is taken from Byron's "Don Juan," Canto IV, stanza 72, the description of Haidée's tomb. I restore the first two words, omitted in all previous editions, without which the passage is devoid of meaning. The way in which this passage has been garbled was pointed out by Piñeyro, "El Romanticismo en España," Paris, 1904.
181. de luceros coronada: this verse occurs also in Meléndez Valdés' "Rosana en los fuegos." See Foulché-Delbosc, "Quelques Réminiscences dans Espronceda," Revue Hispanique, XXI, p. 667.
218. hoja tras hoja, etc.: in the first part of "Faust," Margarete pulls out one by one the petals of a daisy to determine whether or not Faust loves her. Is this a reminiscence of Margarete's Er liebt mich—liebt mich nicht?
242. pasó: translate by the English perfect tense. There are many other cases in these poems where the preterit had best be rendered by the perfect.
245. miraran: here and elsewhere the second (-ra) tense of the imperfect subjunctive is equivalent to a simple past. This use of the tense is frequent. At other times this tense is better rendered by a pluperfect indicative, when the common subjunctive meaning does not serve.
268. These verses are the most frequently quoted of the whole poem.
268. juguete: I retain, though with some doubt, the reading of the original. Later editions have changed to juguetes.
278. The thought of these verses is that mean objects may present a beautiful appearance when viewed through a telescope. "Distance lends enchantment." So woman when viewed through the illusion of fancy is better than the woman of reality. This thought is developed farther in "A Teresa."
298. A frequently recurring thought in Espronceda, typical of Romantic pessimism. Truth is man's greatest enemy, he holds. Illusion is friendly.
318. In this and what follows, Elvira is plainly a copy of Ophelia. The influence of Hamlet cannot be doubted. Churchman has pointed out that Elvira is a composite of Goethe's Margarete, Shakespeare's Ophelia, and the Haidée and Doña Julia of Lord Byron. See "Byron and Espronceda," Revue Hispanique, Vol. XX, p. 164.
324. otra: I retain the original reading. Later editions erroneously read otras.
347. Vaso de bendición: `blessed vessel,' i.e. an individual peculiarly favored with the divine blessing. The phrase vaso de elección is commoner, meaning one chosen for a particular mission or appointed task. The latter term is frequently applied to the Apostle Paul (Acts ix, 15).
359. Mas despertó también de su locura, etc.: Ophelia did not recover her reason before dying. Likewise she was drowned, while Elvira dies of love.
364. El bien pasado y el dolor presente: an obvious reminiscence of Dante's: