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El proletario en España y el Negro en Cuba

Chapter 16: ÍNDICE
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About This Book

Presenta una colección de ensayos y observaciones sobre las condiciones sociales y políticas del proletariado español y de la población negra en Cuba, combinando crítica política, reflexiones morales y comentarios históricos. El autor se declara independiente de partidos y escuelas, rechaza ídolos públicos y denuncia la hipocresía de oradores y publicistas que adaptan sus principios según conveniencias. Aboga por reformas prudentes y graduales frente a cambios radicales y examina la intervención extranjera, la represión de la trata de esclavos y las implicaciones económicas y humanas de las transformaciones sociales.

VI.

REFLEXIONES.

Los tres cuadros tomados al acaso que, de entre los infinitos que conocemos de su género, hemos presentado á nuestros lectores; verídicos, reciente uno de ellos y elocuentes por sí solos, se prestan sin embargo á un mundo de reflexiones. No podemos prescindir de estampar algunas en estas páginas, siguiendo nuestro inalterable principio de emitir francamente nuestra opinion.

Téngase bien entendido, que no son cuentos creados por nuestra mente, los que hemos tratado de bosquejar; y en los cuales, solo hemos alterado los nombres, por creerlo así oportuno y por razones de fácil comprension.

En todos ellos, se echa de ver esa falta de proteccion al trabajo, esa garantia indispensable de su modesta existencia; espuesta siempre á los azarosos vaivenes de la fortuna; esa estabilidad de que carece, por que infinidad de elementos de diferente índole: como las guerras, las sublevaciones, las luchas políticas, diplomáticas y financieras; las ambiciones personales, las epidemias ¡y hasta la atmósfera! la alteran con harta frecuencia y siempre en su inmediato perjuicio.

En todos ellos aparece como la verdadera víctima de todos los desastres y conmociones que esperimenta la sociedad y rara vez vislumbra en el limitado horizonte de sus aspiraciones, ese iris de esperanza que á las demas criaturas promete con frecuencia, un cambio favorable y progresivo en su posicion y en su fortuna, y con él una vida apacible y rodeada de tranquilos goces.

Pablo el albañil, era un honrado y laborioso trabajador, que cumplia con sus deberes para con la sociedad y con su familia; que vivía feliz y tranquilo, atendiendo á todas sus necesidades con su modesto jornal; sin envidiar jamás la grandeza y el fausto que por do quiera hería su vista; y le vemos perecer de hambre y de frio con su familia, abandonado de sus hermanos los demas hombres; relegado al olvido en el sombrio y húmedo rincon de su miserable albergue; sin que la mano protectora de la sociedad, de que él formaba parte, se tendiera hácia él con dignidad y con amor, no humillándole, para levantarlo de la triste postracion en que le habian sumido elementos contrarios á su voluntad.

Jayme el obrero, infatigable y entusiasta trabajador; constante y aplicado en su oficio; buen hijo y buen esposo; amante de su patria y de sus hermanos; de sanas y religiosas costumbres y orgulloso de su humilde pero honrada posicion; halla tambien en la falta de trabajo y en la de prevision y cordura de los encargados de la seguridad pública, fatalmente combinados en un momento, el mas terrible de los golpes y la mas trágica de las muertes.

Y por último, vemos á Juan, el jornalero del campo, que á pesar de su organizacion meridional, tan contraria á la rudeza de un constante y asiduo trabajo; vence su natural molicie por atender á las necesidades de su casa de que es el único sosten y solo la falta de ocupacion, unida á su ningun criterio para distinguir lo bueno de lo malo, le conducen paso á paso por la rápida pendiente del vicio hasta llegar al insondable abismo del crimen, que es su inevitable y fatal consecuencia.

Fijemos nuestra atencion en estos hechos y meditemos.

Nace un hombre, entre las remendadas sábanas de una pobre cuna; se desarrolla y crece, y cuando se halla en esa edad en que la imaginacion puede recoger con fruto la regeneradora semilla de la instruccion,—antorcha luminosa que es á la humanidad, lo que el radiante astro del dia es á las brumosas sombras de la noche; que disipa sus tinieblas y alumbra sus pasos por el escabroso sendero de la vida; con la cual salva las distancias mas remotas; penetra en los profundísimos abismos de los mares y en las recónditas entrañas de la tierra; observa la marcha de los astros, conoce su magnitud y su naturaleza, la distancia que de ellos nos separa y sus misteriosas revoluciones; dá direccion á los rayos, los recoje y los analiza; varía el curso de los rios y de los mares y abre anchurosos caminos por debajo de su lecho; allana los montes y perfora gigantescas montañas; aplica maravillosamente el vapor y la electricidad; navega por el fondo de las aguas y fabrica aire artificial igual al de la atmósfera y en fin, produce ese conjunto sorprendente de adelantos y reformas que el progreso va marcando en las brillantes páginas de oro de su libro, pues bien, cuando el hijo del pobre, decíamos—; se encuentra en la edad á propósito para beber en esa bienhechora fuente que se llama enseñanza, sus padres, hijos del trabajo, faltos tambien de instruccion y de elementos, por que apenas les basta lo que ganan para atender á las mas perentorias necesidades de la vida, los llevan consigo á las obras, al campo, á los talleres, y allí, á fuerza de años y de constancia, aprenden el oficio, arte ú ocupacion que en su edad viril les ha de dar el pan de cada dia.

¿Y la enseñanza gratuita?—Se nos dirá.

La enseñanza gratuita, aprovecha á unos pocos, dá un escasísimo rayo de sus luces á muchos, y de nada sirve á la gran mayoría.

La veracidad de este aserto, que la experiencia misma manifiesta, la probaron ademas, plumas mas competentes que la nuestra, señalando, á la vez que los defectos de que adolecía aquella institucion, el remedio necesario para evitar sus perniciosas consecuencias, contrarias á su verdadero é interesante objeto.

No es nuestro ánimo venir á desentrañar estas cuestiones, harto graves por cierto, para tratadas en las modestas páginas de un opúsculo. Cumple solo á nuestra designio, probar que, entre las causas que conocemos como orígen de los males que aquejan á las clases proletarias; la falta de instruccion es una de las mas trascendentales sin duda, puesto que ella es la que engendra en el hombre el deseo de su perfeccionamiento; reformando sus gustos y sus hábitos, en armonia con la civilizacion que le rodea y haciéndole conocer por último, todos esos goces intelectuales que no pueden comprender y apreciar los que de ella carecen.

No echamos en olvido, el inmenso bien que hacen en todos los pueblos, esas caritativas asociaciones de beneficencia domiciliaria y parroquial, socorriendo á los pobres en su indigencia; pero no es esto lo bastante para las clases proletarias de que nos ocupamos, por que al hombre honrado, laborioso, trabajador, repugna la limosna y se crée humillado al recibirla, á pesar de las delicadas formas con que á veces se reviste para presentársela.

Esta clase proletaria, forma la inmensa mayoria de la nacion, y aunque son los mas en número, son los menos en riqueza, puesto que nada poséen. Por eso las demas clases poseedoras de bienes, capitales ó conocimientos, que todo es poseer, deberia reunir sus esfuerzos y con sus elementos y sus luces, asentar en buenas y sólidas bases un principio salvador é imperecedero, que pusiera fin, de una vez para siempre, á esos vaivenes y contratiempos á que constantemente se vé expuesta la nave que conduce á los hijos del trabajo, sus hermanos, por el proceloso mar de la vida.

Muchas desgracias y no menos crímenes se evitarian y la humanidad adelantaria mas desembarazada y rápidamente por las vias de la civilizacion y del progreso.

¡Cuan feliz no seria el pueblo que lograra llevar á cabo esta noble empresa! Ella señalaria una nueva era de paz y de ventura, de bienestar y de abundancia, que borraria, tal vez para siempre, esos ódios y mezquinas ambiciones que se anidan en el corazon de la mitad del género humano, hácia la otra mitad.

Pero nos hemos dejado arrastrar mas allá de lo que nos propusimos al trazar el plan de esta obrita.

Siguiendo pues, las exigencias de ella, nos hemos de trasladar, con aquellos de nuestros lectores que gusten acompañarnos, al feracísimo suelo de nuestras ricas Antillas, á la inestimable perla de occidente, á la tierra prometida del inmortal Colon.

VII.

EL ESCLAVO.

Mucho se ha escrito y hablado respecto del esclavo africano en América, objeto hoy de este capítulo, presentándole unos como un ser embrutecido, fanático, incorregible; otros como una especie de hombre fiera, dotado de sanguinarios instintos; y por último, algunos como un ser inocente y sencillo, sumiso y obediente, aunque á la vez perezoso y poseyendo todos esos detestables vicios que corroen la existencia de lo mas abyecto de la sociedad.

Unos y otros tal vez tendrian razon al expresarse así, por que sin duda basaron sus observaciones en un tipo determinado ó en el estrecho círculo de una localidad, y esto no basta.

Sin tratar por esto de herir su susceptibilidad, debemos exponer nuestra franca opinion en el asunto; y á nuestro modo de ver, no es suficiente el exámen de un individuo para determinar el carácter de una localidad, así como el estudio de esta no nos puede dar el conocimiento exacto de las condiciones de un pueblo en general.

La raza africana, tal como nos la presentan los negros bozales, se encuentra como es de suponer, en un grado muy inferior de civilizacion respecto de la nuestra, pero ellos entre sí difieren y no poco, en caracteres, costumbres, creencias, cultura é inteligencia, segun el reyno ó nacion de donde proceden.

El tráfico negrero, ha importado á esta Isla hombres, mujeres y niños de diversos puntos del golfo de Guinea, pero mas principalmente del Congo, Macuá, Lucumí, Carabalí y Arará, reinos ó naciones del Africa, que mas se han prestado á esta clase de comercio humano.

Escasos de inteligencia y predominando en todos ellos, en general, el elemento material; apenas se descubre en ellos una leve chispa de su espíritu, esa divina antorcha que la voluntad del omnipotente coloca en la grosera envoltura de cada uno de sus hijos, para que ilumine sus pasos por la senda de la vida terrenal; pero con todo, en instintos y cualidades morales, se notan entre ellos, como decíamos anteriormente, muy marcadas diferencias, segun podrá observarse por el retrato que de cada uno damos á continuacion, producto del detenido estudio que de ellos hemos hecho y de los varios informes y noticias que hemos tomado de personas respetables del pais.

El negro Congo, es de entre los de su raza, el ser mas inteligente y el que con mas facilidad se adapta á nuestro lenguaje, usos y costumbres; pero á la vez es perezoso para el trabajo material: voluble, adulador y embustero; presuntuoso y vano, amigo de componerse de bayles y diversiones y de agradar á las hijas de Eva. Generalmente se saca mas partido de ellos dedicándolos al servicio doméstico, que á los trabajos del campo.

El Macuá, es de muy limitada inteligencia; tardío en amoldarse á nuestros hábitos y á nuestro idioma; de carácter arrebatado é irascible, aunque muy fácil de calmar en sus accesos y sobre todo es buen trabajador.

El Lucumí, es ardiente y belicoso; duro para el trabajo; enérgico y altivo, aunque como todos, de escasa inteligencia; lujurioso en el mas alto grado y aficionado en estremo á las bebidas alcoholicas, en las que á veces gasta cuanto posée.

El Carabalí, es avaro; de carácter sombrio y poco comunicativo con los demas negros que no son de su nacion; arraigado hasta el fanatismo á sus creencias religiosas y dotado de animales instintos, mas que de inteligencia.

Y por último, el Arará, dotado de medianas luces, es de carácter bondadoso, sencillo y franco; sumiso y aplicado al trabajo, descuella pronto en el ramo á que se le dedica, por que procura adelantar para cuando sea libre: comprende la ventajosa diferencia que hay de esta vida civilizada á la vida semi-salvaje de su pais y prefiere la primera. Amante de su familia, trabaja para ellos con ardoroso afan: cobra á su amo un estremado cariño y por nada del mundo le abandona ni descuida sus intereses que son para él sagrados. En fin, el negro Arará, es sin disputa el mejor de entre los que de su raza se conocen en esta Isla.

Las dotaciones de los cafetales, ingenios y demás fincas rurales; se componen de negros de nacion, ó sean los importados del Africa y de negros criollos, ó sean los nacidos aquí; sin que la ley establezca ninguna diferencia entre unos y otros, respecto á las condiciones de su esclavitud. Ambos se hallan protegidos igualmente bajo su salvadora égida; y los cuarenta y ocho artículos del Reglamento de esclavos, comprendido en el Bando de Gobernacion y política expedido en esta Isla por el Excmo. Sr. Don Gerónimo Valdés, Gobernador Superior Civil, y publicado en 14 de Noviembre de 1842, hoy vigente; dan una idea de la tierna solicitud con que el gobierno ha atendido siempre á esta raza, enseñándole á amarnos como bienhechores y amigos y no á odiarnos como despóticos señores.

Vamos á dar ahora una ligera idea de la interpretacion y cumplimiento que dan, la generalidad de los hacendados que poséen esclavos, al Reglamento antes citado; y se comprenderá el fundamento que tuvimos al emprender la publicacion de estas páginas.

Al llegar un negro bozal á una finca, se le hace entrega de un cerdo y del pedazo de tierra que él puede trabajar, al que se dá el nombre de Conuco.

A cada uno de los antiguos, instruidos ya, se les designan dos de los recien llegados ó bozales, para que cuiden de enseñarles los sanos principios de nuestra religion y prepararlos así para el dia en que se hayan de bautizar. Estos, á la vez les enseñan nuestro idioma, nuestras costumbres, el medio de procurarse su redencion por medio del trabajo, las leyes que los protejen y sobre todo, la justicia con que el amo premia al que es bueno y castiga al que es malo: les presentan el ejemplo de otros compañeros, un tiempo bozales como ellos y gozando ya del bienestar y de la dicha que en su modesta esfera, pueden proporcionarles la posesion de un capital adquirido con el sudor de su frente; y esto al lado de una mujer querida y rodeado de sus hijos: que el amo cuida de la crianza de estos con esmero y atiende á todos en sus enfermedades con médico, botica, buenos caldos y cuanto sea necesario para su curacion.

Respecto al negro criollo ó nacido en la finca; desde que viene al mundo, ya tiene su principio de riqueza; pues el amo al presentarle la negra á su hijo, le entrega, para ella, una ó dos onzas y para el hijo, un cerdo y un pedazo de tierra contiguo al de la madre y que solo separa de ella cuando se casa, para unirlo á lo que posée la que vá á ser su mujer.

Terminado el tiempo de la lactancia, se reune con los demas de su clase en una casa que se designa casa de criollos, á cargo siempre de una, dos ó tres negras que por su moralidad, instruccion, edad y buenas costumbres, merecen ocupar este puesto, y las cuales les enseñan los misterios y saludables preceptos de nuestra religion; las buenas costumbres; el amor al trabajo, fuente de toda riqueza; el respeto y sumision á sus amos y la conformidad y resignacion con la suerte que les cupo al nacer.

El batey ó centro en que se hallan reunidas todas las fábricas de un ingenio, por ejemplo, se compone en general, de la casa-vivienda, casa de administracion, casa-mayordomia, casa de mayoral, casa de criollos, casa-enfermeria, casa de molienda, casa de purga, casa de calderas, casa de bagazo y por último, del barracon, que es el que habita la dotacion de la finca.

Este último, está dividido en su interior, no solo para la debida separacion de los dos sexos, si que tambien para los matrimonios, que ocupan cada cual su habitacion separada.

El edificio está bien situado, y goza de buenas condiciones higiénicas; y durante la noche se halla constantemente alumbrado.

La dotacion se halla dividida en tres cuadrillas diferentes, á saber:

La primera, es la de los matungos ó ancianos, que solo se ocupan ya en faenas propias á su cansado vigor.

La segunda, es la de los fuertes ó jóvenes, que son los que ejecutan los trabajos mas duros de la finca.

Y la tercera, es la de los criollos, compuesta de jóvenes de 9 á 15 años y que se emplean en labores adecuadas á sus escasas fuerzas.

Las mujeres forman cada una, segun su edad, entre las tres cuadrillas que dejamos apuntadas, pero los mayorales y contramayorales (estos últimos nombrados de entre ellos mismos), cuidan de que ellas no ejecuten nunca trabajos superiores á sus fuerzas relativamente y á su sexo.

Las horas y reglas del trabajo en tiempo muerto, ó sea desde Junio á Noviembre, son las siguientes:

Al toque del Ave-Maria, se levantan y forman para pasar lista y dividirse las cuadrillas, marchando cada una hácia el lugar del trabajo, que solo empiezan cuando ya es completamente de dia. A las nueve lo suspenden durante media hora para almorzar y á las once se vienen al batey para formar de nuevo y recibir cada uno su racion diaria, que se compone: de 16 onzas de carne, buniatos, plátanos, yuca, malanga (especie de patata) ó harina de maiz (que llaman funche despues de cocinada), todo esto alternado y en porciones muy suficientes para el alimento de una persona.

Desde dicha hora, hasta las dos de la tarde, se ocupan en comer, cuidar sus cerdos ó gallinas y en reposar en el barracon, á esta hora vuelven á formar y á distribuirse como por la mañana, emprendiendo cada cuadrilla su interrumpido trabajo hasta el oscurecer, en que regresan por última vez al batey y despues de pasar lista, depositar en las caballerizas el haz de yerbas, que cada cual al volver del campo trae siempre para los animales, y de entregar en la mayordomia los machetes y demas útiles y herramientas de labranza, se recojen á comer y con libertad de andar por la finca hasta las nueve de la noche, en que se toca la campanada del silencio, y media hora despues todos se hallan recojidos en el barracon, donde despues de rezar se entregan al descanso.

En tiempo de zafra ó molienda, ó sea desde Diciembre hasta Mayo, escepto los que cortan la caña y los que la conducen á la casa de molienda, los demas se ocupan en la fabricacion del azúcar y sus horas de trabajo varian algo, pues las cuadrillas se subdividen entre sí y se relevan de dia y de noche en razon á que las máquinas no cesan de funcionar durante una época dada. El pequeño aumento que tienen así en las horas del trabajo, lo soportan fácilmente, pues este es mas bien una ocupacion que un trabajo corporal, comparado con el de siembra, chapeo y demas labores del campo en el tiempo muerto.

Hay grandes barracones ambulantes, tirados por bueyes, que acompañan á las cuadrillas al campo y donde se guarecen estas cuando llueve, lo que con frecuencia sucede todos los dias.

Los domingos descansan de las fatigas de la semana, pero entonces se ocupan ellos desde las seis de la mañana hasta las nueve de la noche, en trabajar su conuco, lavar su ropa y cuidar á sus animales, lo cual hacen en provecho propio y por via de entretenimiento.

Casi todos los domingos, hay algun grupo de parientes ó amigos, que solicitan y obtienen permiso para pasar al pueblo inmediato á oir alguna misa mandada decir en sufragio del alma de sus difuntos.

Cada año, despues de concluida la zafra, el cura del pueblo á que pertenece la finca, pasa á ella á verificar los bautizos de los nacidos y de los bozales llegados desde el año anterior, así como los casamientos contratados para dicha época, todo lo cual se celebra con grandes fiestas y regocijos.

Cada una de las cuadrillas encargada de una faena, solicita del amo al concluirla, una gratificacion; pero no pidiéndola de viva voz, sino valiéndose de señales que signifiquen la expresion de sus deseos, siendo esta con mas frecuencia, análoga á la que emplean los albañiles cuando acaban de techar una casa. Coloca cada cual una bandera en la casa-vivienda, diferentes entre sí, y el amo ata en una de sus puntas una cantidad cualquiera ó nada si es su voluntad ó no ha quedado satisfecho de la faena; y al dia siguiente, vuelve cada cuadrilla á recojer su bandera, alegrándose naturalmente si una de sus puntas encierra algo, pero conformándose y reconociendo que no lo habrán merecido, si por el contrario, aquella flota con sus dos puntas sueltas.

Al deternos algun tanto en ciertos detalles, se comprenderá que lo hemos hecho, nó para los hijos de esta Isla, que todos se los saben de memoria; sino para que sus compatriotas de allende el Occéano, puedan formar un juicio aproximado de la vida y trabajos del esclavo, objeto de estas líneas.

Del mismo modo que al tratar de las clases proletarias, presentaremos tres cuadros de distintos episodios, acaecidos entre los esclavos y que, como los anteriores, vienen á probar la verdad de nuestros asertos y sirven de base al paralelo que pensamos establecer.

VIII.

Cambia la decoracion.—Nuevos cuadros,

CUADRO PRIMERO.

EL ESCLAVO DE UN INGENIO.

Nicolás llegó con otros muchos al ingenio T... del señor A... cuando apenas contaba doce años, procedente y natural de Arará, en donde habia sido cautivado y vendido despues á un buque negrero, que allá por los años de 184... hacia el comercio de ébano en la costa de Africa.

Pasada la primera impresion que en él habia de hacer naturalmente, el método de vida regimentado y uniforme á que se le sujetaba, aquella naturaleza salvaje se fué amoldando poco á poco; fué despertando su dormida inteligencia de las densas tinieblas en que yacia, y á los veinte años de edad, ya se habia captado las simpatias de sus amos, administradores y mayorales, así como de sus compañeros de dotacion.

Su laboriosidad y aplicacion en el trabajo; su carácter bondadoso y sumiso, servian de poderoso estímulo á los demas negros; y su conuco era citado como modelo en toda la finca, por la gran extension de terreno que comprendia, y que labraba él solo en las horas libres y dias festivos; así como por la abundante cosecha que recojia, merced al cuidadoso esmero con que lo cuidaba.

Cada año criaba uno ó dos cerdos y algunos hasta tres, y á la vez multitud de gallinas; de lo cual destinaba lo mejor para regalárselo á su amo, segun es costumbre y por lo cual recibia siempre doble importe de su valor, así como las cosechas que tambien aquel le compraba.

En tiempo muerto, trabajaba en el campo como uno de tantos, animando con sus jocosidades, sus gritos y sus estrambóticos gestos al resto de la cuadrilla de los fuertes, en que figuraba de los primeros, dando así á aquellos monótonos coros que incesantemente cantan los negros al compás del azadon ó guataca, cierta sal y pimienta, que enardecia á los mas débiles ó perezosos en el trabajo.

En la época de molienda ó zafra, se habia dado tal maña trabajando al lado del pailero, que con frecuencia suplia á este cuando por enfermedad ú otros accidentes no podia asistir, sin que en nada se echase de ver su falta; lo cual, ademas de las naturales consideraciones, le valia por parte de sus amos una buena gratificacion al concluirse aquella.

Todo esto, reunido á su vida arreglada y económica, aumentó de tal modo sus ahorros, que al cumplir veinte y cinco años, se encontraba en posesion de un capital de tres mil pesos y pensó en reunir este y su conuco, por medio del matrimonio, al de una negrita criolla llamada Felicia, que tenia el suyo contiguo y con quien estaba en amores hacia dos años. Es verdad, que el conuco de su futura era reducido y solo tenia tres onzas por todo capital; pero era bonita, tenia quince años y estaba enamorado de ella; y sobre todo, consideraba que no era preciso que la mujer aportara al matrimonio tanto como el marido. Así pues, maduró su proyecto de acuerdo con ella; pidieron el competente permiso á sus amos y aquel mismo año, cuando á la conclusion de la zafra llegó el cura de N... al ingenio para verificar los casamientos y los bautizos de los nacidos y los bozales, Nicolás y Felicia se unieron en indisoluble lazo, obteniendo de sus amos, con este motivo, un buen regalo.

Nicolás y Felicia tenian ya con qué comprar su libertad, pero ¿qué conseguían con rescatarla? ¿A dónde irian que tuvieran tan asegurada su subsistencia y la de sus hijos, si los tenian? Si Dios les enviaba una enfermedad, ¿quién les cuidaria con el esmero y atencion con que asisten á los enfermos en la casa-enfermeria, donde nada se escasea? Si les faltaba el trabajo, ¿de qué vivirian? Por otra parte: ¿cómo abandonar á sus amos que hacian con ellos las veces de padres y por los cuales sentian el mas tierno y respetuoso cariño?

Todas estas y otras reflexiones análogas se hacian los esposos, preñados los ojos de lágrimas, cada vez que sus amitos les indicaban que estaban en posicion de libertarse, protestando una y mil veces, que aun cuando les concedieran esta graciosamente no la admitirian, pues preferian vivir esclavos en el ingenio á encontrarse libres fuera de él.

Hoy tiene él treinta y nueve años y ella veinte y nueve. Han tenido varios hijos, de los cuales, uno trabaja al lado de su padre, dos en la cuadrilla de criollos y los restantes juegan todo el dia en el patio de la casa de criollos con los demas pequeñuelos de su edad. Su conuco y su capital han aumentado considerablemente, pues tiene mas terreno y mas brazos que le ayuden á fomentarlo, y por último, Nicolás y Felicia no cambian su posicion y su dicha por la de ningun potentado de la tierra.

Cuando se le pregunta á él si volveria gustoso al Africa con su mujer y sus hijos, contesta sonriendo y enseñando su blanca dentadura, que el negro que ha vivido algun tiempo como persona, no puede volver á vivir como fiera.

Este no es un caso aislado: hay muchos otros en condiciones análogas á la del tipo que hemos presentado en Nicolás y Felicia. Hemos hablado con ellos, tomado nuestros informes y adquirido el conocimiento exacto de la verdad.

IX.

CUADRO SEGUNDO.

LA VIUDA DE UN ESCLAVO.

En el ingenio A... del Sr. S. A... vivia hacia ya muchos años, un matrimonio de esclavos pertenecientes á la dotacion de aquella finca.

Ambos eran procedentes del Africa desde la menor edad, naturales de Carabalí, desde donde ya se conocian y llegados á esta Isla en la misma expedicion. El cargamento de que se componia esta, se habia dividido en lotes, y la casualidad hizo que ambos fueran comprendidos en uno mismo, de suerte que fueron á poder del mismo amo y á habitar bajo el mismo techo en la finca que ya hemos mencionado. Tambien fueron bautizados en el mismo dia, recibiendo ella el nombre de Filomena y él el de Cayetano.

Este último, que en los primeros años de su estancia en el ingenio, habia probado varias veces á recobrar su perdida libertad, procuraba siempre arrastrar en sus locas tentativas á la negrita Filomena, hácia la que sentia una vehemente inclinacion; pero esta, aunque mas jóven que él, se resistia siempre á acompañarle y aun intentaba disuadirle de sus ideas, que le habian acarreado los castigos y trabas consiguientes á su temeridad y el inherente calificativo de cimarron. Apenas se escapaba, al momento era hecho prisionero, porque como no conocia el terreno, se extraviaba en el monte y por donde quiera que huia.

Supersticioso y fanático, mas de una vez hubiera atentado contra su existencia, á no detenerle la idea de que Filomena no querria tampoco acompañarle en esta expedicion y de que quedando sola podria casarse con otro.

La luz de la razon fué iluminándole poco á poco y el ejemplo de la vida apacible y resignada de sus demas compañeros de dotacion, empezó á despertar en su alma el deseo de gozar tambien de aquella felicidad de que él carecia tan solo por su culpa.

Dedicóse, pues, á trabajar su conuco, casi abandonado hasta entonces; dió á sus amos seguridades y garantias de mejorar su conducta y como sus obras correspondieron á sus promesas, aquellos suavizaron el rigorismo con que era tratado, hasta el punto de olvidarse por completo que Cayetano habia sido cimarron.

Esta nueva era de su vida de esclavo, empezó favorablemente para él: recojió muy buenas cosechas y crió muchos animales que le valieron algunos pesos y este resultado, despertando su ambicion, le hizo comprender que para llegar á hacer fortuna necesitaba hacer algo mas que trabajar la tierra de su conuco y criar sus animales: aguzó el ingenio; formó sus planes, que consultaba siempre con Filomena, muy dispuesta entonces á escucharle y por último, pidió á sus amos permiso para casarse con ella y obtenido, lo realizó, como de costumbre, á la conclusion de zafra de aquel año.

Una vez casado y reunido su conuco y sus ahorros á los de Filomena, empezó á comprar y vender cochinos, á relacionarse con compradores y vendedores y de aquí á tratar con ellos de las compras y ventas de otros, arreglando sus diferencias y transacciones: en una palabra, se hizo corredor de cerdos y llegó á cobrar tal fama en aquellos contornos, que ninguno hacia una operacion de compra ó venta, sin valerse de él como intermediario, por supuesto, mediante la retribucion de su correduria por una y otra parte.

Aprendió mal que bien á leer, escribir y contar, para lo cual robaba al sueño una hora cada noche y cuando se halló en posesion de estos conocimientos y con su capital medianamente aumentado, se dió á prestar dinero á interés, mediante pagarés á plazo mas ó menos largo y con la garantia de cosechas ó animales, llegando de este modo á hacerse el hombre indispensable entre los suyos que contínuamente le buscaban ya como corredor ó ya como prestamista.

El éxito mas satisfactorio fué coronando los esfuerzos de esta especie de pequeño Rothschild africano; y no era ya por cierto Cayetano el cimarron huido constantemente y castigado con el cepo y el grillete; tan bravo, tan supersticioso, tan incorregible y siempre pugnando por recobrar una libertad que ahora despreciaba y que aunque podia recuperar ni siquiera soñaba en ella, ni la hubiera admitido aunque se la ofrecieran.

Tuvo en su matrimonio numerosos hijos, á quienes veia con placer crecer á su lado y por último, á los cincuenta y nueve años de edad murió de una congestion cerebral; querido de su familia, de sus amos, de sus compañeros y de cuantos en vida le trataron, y dejando en la finca un buen ejemplo de laboriosidad y de honradez.

Filomena lloró inconsolable la pérdida de su querido y dulce compañero; se hizo cargo de los papeles y metálico que dejó aquel al morir, y pasados los primeros dias de luto, solicitó permiso para bajar á la Habana y ver á su amo á quien, como heredero natural de su marido, queria entregar aquella herencia que á ella no le pertenecia.

El amo recibió de sus manos aquellos valores, para no barrenar el derecho ó costumbre que por tradicion se reconoce al amo para heredar á sus esclavos, pero despues de poner en claro aquellos documentos que eran pagarés, cuentas de corretajes, &a, saldar algunas y contar el dinero, en presencia de la viuda, le volvió á hacer entrega de todo, diciéndole que se lo regalaba para ella y sus hijos, como una prueba de afecto hácia su difunto marido.

El capital en metálico y papel, realizable á muy corto plazo, que Cayetano habia dejado al morir y que el Sr. S. A.... donó á su viuda, ascendia á la suma de ¡trece mil pesos!

Creemos que esto no necesita comentarios.

X.

CUADERNO TERCERO.

EL ESCLAVO EN EL SERVICIO DOMÉSTICO.

En casa de un rico hacendado y propietario de esta capital, con cuya amistad nos honramos, tenian, entre otros un negro esclavo criollo, llamado Antonio y que desde su menor edad estaba dedicado al servicio doméstico.

Ya el padre del actual jefe de esta casa; persona notable por la nobleza de sus sentimientos y por hallarse dotado de un talento poco comun, de una vastísima erudicion y de un profundo conocimiento del corazon humano, habia distinguido á Antonio con su afecto y adivinado que bajo aquella negra corteza, se albergaba un alma susceptible de las mas bellas acciones y un corazon franco y leal.

Mantúvole á su lado por espacio de muchos años, dispensándole su confianza y colmándole de dones y de regalos; y cuando asuntos de grave interés para la patria, le llamaron á la corte, donde habia de hacerse un lugar preferente; quiso, como recuerdo de despedida, concederle su libertad; pero Antonio que amaba aquella casa con entrañable cariño, pidió á su amo, que le permitiera continuar siendo su esclavo; y si no ya á su inmediato servicio, puesto que se marchaba, al de uno de sus hijos, en los cuales estaba seguro de hallar el mismo afecto y consideracion.

Cuantas reflexiones le hizo su amo para convencerle á admitir la libertad, fueron inútiles, y conmovido este al ver aquella inmensa prueba de adhesion y de cariño, despues de hacerle un buen regalo, le dejó en casa de uno de sus hijos, recomendándoselo muy particularmente.

Pero los hijos poseian como el padre un bellísimo corazon y ademas, Antonio se recomendaba por sí solo; de suerte, que al poco tiempo ocupó en la casa de su nuevo amito, el mismo puesto de confianza que habia merecido en la del padre.

Antonio vestia decentemente y hasta con lujo; recibia sus regalos ó propinas y tenia su piquillo depositado en la Caja de ahorros, donde acumulaba cada año los intereses al capital, así como las nuevas imposiciones que hacia y algunos premios que habia sacado en la loteria de esta Isla; y esto lo hacia desahogadamente, puesto que para cubrir sus atenciones y necesidades, para nada le hacia falta su dinero.

En los viajes, diversiones ó cacerias, Antonio acompañaba siempre á su amo, gozando y disfrutando de todo; siempre atento y solícito al menor deseo de aquel, por quien á su vez era tratado con suavidad y con cariño.

Nada faltaba á su dicha: los dias trascurrian serenos y apacibles para él; sin esa afanosa ansiedad del que viviendo con el escaso producto de su trabajo ó industria; del que, en una palabra, está sujeto esclusivamente á sus propios recursos, se desvela y apura, pensando en el mañana siempre nebuloso y oscuro para el pobre y á veces hasta para el rico.

Pero el diablo tentador, que siempre vá buscando sus víctimas en aquellos mortales mas felices, se acordo sin duda del pobre Antonio; envidió su dicha y se propuso conquistarle, envolviéndose al efecto en las provocativas formas de una negrita libre llamada Serafina, de esbelto talle, turgente seno y chispeantes ojos.

Antonio resistió algun tiempo á las seducciones de aquella encantadora sirena de su color; pero menos fuerte que su santo en punto á tentacion es de aquel género, cedió al fin y se dejó prender incauto entre las dulces y á la vez punzadoras redes de amor.

Desde aquel momento, fatal para él, como lo fué para el primer hombre; el aspecto de su vida cambió completamente. No habia amado nunca y por lo mismo, la primera chispa de amor que penetró en su pecho, desencadenó en él una pasion vehemente, volcánica; que mató, de una vez para siempre, la dulce tranquilidad de que gozaba en el eden de aquella casa.

Ya no era Antonio aquel servidor diligente, que adivinaba en la mirada de su amo su menor capricho ó sus órdenes para cumplirlas en el acto. Distraido siempre, inquieto, desasosegado, todo lo equivocaba y hacia de través; aprovechandose de cualquier recado á la calle, para ir á ver á su amada, sin recordar que á veces le esperaban con urgencia.

Su amo se vió ya en la necesidad de reñirle, aunque con su mesura y suavidad acostumbradas y comprendió que á Antonio le pasaba algo extraordinario.

Llamóle un dia á capítulo y procuró averiguar la causa que ocasionaba en él aquella repentina trasformacion, y aunque Antonio balbuceando, trató de evadir una confesion que le avergonzaba; como jamás habia mentido ni ocultado nada á sus amos; concluyó por confesarle que estaba enamorado perdidamente de una negrita libre llamada Serafina, hija de una lavandera que vivía por la calle de San Rafael; que queria casarse con ella; pero que para eso necesitaba la libertad que antes habia rehusado de su amo, abandonar una casa que siempre habia considerado como suya; unos amos á quienes tanto queria, que tanto le estimaban y al lado de los cuales habia pensado morir cuando Dios lo llamara á sí. Que aquella lucha contínua entre su corazon y su cabeza que le inclinaban, el uno á volar á la calle de San Rafael y la otra á rechazar aquel amor y á seguir viviendo como hasta entonces; le producia un contínuo malestar que degeneraba en insomnios, angustias y delirios que quebrantaban sus fuerzas y su espíritu.

El amo se enterneció al oir la narracion de sus tormentos, pero conociendo bien el corazon humano y la hirviente lava que circula por las venas de la raza africana, comprendió que para el pobre Antonio no habia otro camino que casarse con aquella negrita, que habia despertado en su alma el germen de sus dormidas pasiones, y al efecto escribió lo que pasaba á su padre, que era el verdadero amo de Antonio, para que él determinara.

A los dos meses recibió de su padre el permiso para que Antonio se casara, si aun insistia en su empeño y la autorizacion en debida forma, para que como presente de bodas por su parte, le hiciera graciosa donacion de su libertad.

Arrastrado por su fatal destino, casóse por fin Antonio; despidióse de su amito haciéndole mil protestas de su adhesion y entrañable afecto y fuese á gozar con su Serafina los deleites de la luna de miel.

Durante dos años, todo fué á las mil maravillas; es decir, mientras duró el dinero que Antonio tenia en la Caja de ahorros producto de las economias de toda su vida; pero cuando este hubo dado fin, el diablillo que se habia ocultado en el cuerpo de Serafina,—permítasenos esta figura,—empezó á enseñar las uñas y la felicidad desapareció de aquella casa.

En fin, para concluir: Serafina, aficionada en extremo á gastar y triunfar; cuando vió que Antonio ya no tenia una onza de que disponer...... buscó un amante que la tuviera, empezando desde entonces las sospechas, los disgustos, los celos, las riñas y por último, sorprendida aquella in fraganti por su marido, en una cita amorosa, en que ninguna duda le quedó de la perfidia y de la infidelidad de su mujer; arrebatado por los celos, la ira y el despecho, precipitóse furioso sobre los culpables y los cosió á puñaladas.

La ley le absolvió, porque pudo probar de un modo claro y patente, el crímen de adulterio que le habia arrastrado á cometer aquel doble asesinato.

Inmediatamente que se vió libre de la justicia, fué á presentarse á su antiguo amo, curado completamente, aunque de una manera terrible, de su fatal amor, y rompiendo á su vista el documento de libertad que le habia otorgado dos años antes; le suplicó que lo admitiera de nuevo como esclavo y que dispusiera de él á su antojo; pero rogándole le enviara á alguna de sus fincas en el campo, donde dedicado á los rudos trabajos de la tierra y lejos del teatro de su sangriento drama, pudiera olvidar mas pronto aquel triste episodio de su vida.

El amo accedió á sus deseos y hoy se encuentra en uno de sus ingenios, lejos de toda poblacion, sino contento y feliz, por lo menos tranquilo y llevando una vida metódica y ejemplar.

Allí lo hemos conocido y por él mismo, á la vez que por su amo, hemos sabido los tristes detalles de este suceso, que ha dejado en el pobre Antonio una profunda huella de melancolía y abatimiento y le ha robado veinte años de su existencia, por dos de escasa y mentida felicidad.

XI.

NUEVAS REFLEXIONES.

Ya habrán podido observar nuestros lectores, por los tres diferentes cuadros que anteceden, que la vida del esclavo en esta Isla, lejos de ser lo que muchos escritores, fanáticos y apasionados, describen con los mas negros colores, alterando así la verdad y sorprendiendo á los que lejos de nuestra Antilla, no pueden convencerse por sus ojos de la realidad, es por el contrario una vida muy llevadera y preferible en muchas ocasiones á la que arrastra una clase numerosísima entre los hombres libres.

Casos análogos ó parecidos á los que hemos presentado en Nicolás y Felicia, Cayetano y Filomena, y por último en el desgraciado Antonio, encuentra á cada paso el hombre observador y amante de estudiar en las costumbres de los pueblos, los misteriosos arcanos de la vida social.

Muchas ideas nos sugiere el estudio de estos cuadros y muchos puntos de comparacion estableceríamos, si nó temieramos salirnos de los límites trazados al escritor.

A esos escritores apasionados que hablan de la esclavitud en esta Antilla, muchos de ellos sin conocerla ni menos al esclavo; que se dicen con mucho énfasis, dispuesto á sacrificar su vida, por conquistar la independencia de sus hermanos que califican de desgraciados párias de la humanidad—por su puesto, que estas declamaciones son de boca, por que si se llegara á la realidad de los hechos, ya vendria, como suele decirse, el tio Paco con la rebaja,—á esos escritores repetimos, que se cifran para sus mas famosos argumentos, en recordar el pasado de América y colocarlo en el presente, conmoviendo á sus lectores y arrancando de sus pechos un grito de indignacion contra esa esclavitud, padron de ignomínia de nuestro siglo de civilizacion de libertad, y de luces; convendria preguntarles: ¿habeis estudiado las condiciones actuales de la esclavitud? Si muchos de vosotros no las conoceis, si nó podeis señalar los lunares y defectos de que adolece; ¿como os atreveis á tomar plaza en el palenque de la discusion que sobre ella se suscite? ¿Basais los fundamentos de vuestros discursos, como decíamos antes, en rancios hechos de la historia, ó forjais á prióri estos hechos?.... Ya comprendereis que cuando son falsos los cimientos, el edificio no puede sostenerse.

Pero si quereis hacer desgraciados á los pobres negros—son vuestras palabras—, que hoy gim en bajo el férreo y opresor yugo de la esclavitud, dadles de pronto la libertad. Con ello lograreis hacer de hombres laboriosos, honrados trabajadores, y útiles á su nueva pátria; cien veces mas felices en su esclavitud, que lo eran en el Africa en pleno goce de su libertad; unos seres desgraciados, miserables y corrompidos, cuya mayor parte acabarán sus dias en los hospitales, las cárceles ó los presidios.

Ya lo dijimos en nuestra advertencia; somos eclécticos; en esta como en toda cuestion de reformas en nuestro pais, queremos y pedimos no retrogradar ni estacionarnos; si nó marchar, pero suavemente por las vias del progreso; ascender por grados en el camino de las reformas útiles y convenientes: esto es lo lógico y lo racional; la misma naturaleza nos lo enseña así constantemente: todas las transiciones fuertes, violentas, perjudican mas que favorecen. Si quereis matar á un hombre que haya estado ocho dias á dieta á causa de una enfermedad, dadle de pronto una opípara comida. ¿Podeis obligar á un árbol á que dé su fruto antes de tiempo sin perjudicar las condiciones de su vida orgánica?

Desengañaos, hombres de brillantes teorías; la galanura de vuestras frases, la belleza de vuestras fantásticas creaciones, se estrellarán siempre en el terreno de la práctica y de los hechos. Las lecciones de la experiencia, aprendidas en las inmutables leyes de la naturaleza, nos enseñan el camino y la marcha reposada y tranquila que hemos de llevar.

No precipitemos los acontecimientos con inmoderada imprevision; cada cosa vendrá á su tiempo.

XII.

PARALELO.—CONCLUSION.

Llegados al término de nuestra obrita, vamos á establecer un breve paralelo entre el Proletario y el Esclavo, cumpliendo el propósito que nos impusimos al empezarla.

Los cuadros que de la una y la otra parte del Océano hemos presentado, para dar á conocer la verdadera situacion de cada una de las dos clases que nos ocupan, copiados d' aprés nature y tomados al acaso de entre los infinitos que conocemos, se adelantan ya por sí solos á economizarnos aquel trabajo comparativo, resultando entre ellos las enormes diferencias que hemos visto.

El jornalero, el trabajador en España, merced á un trabajo tan duro como el esclavo en América, relativamente á su organizacion y al clima en que lo ejecuta, se alimenta y alimenta mal á su familia y apenas si puede atender á sus vestidos y á sus enfermedades, interin cuenta con aquel; pero desde el momento en que le falta, (lo cual es harto frecuente), le vemos sumido con su familia en la indijencia, en la desesperacion y en la muerte. ¡Los ahorros, las economias, un porvenir de fortuna y bienestar!...... Son estos, quiméricos ensueños, que ni aun por casualidad, cruzan jamás por su mente.

El esclavo en América, con iguales condiciones que el proletario en España, si es laborioso, honrado y económico, llega á su vejez poseedor de una mediana fortuna, en aptitud de gozarla tranquilamente y de recobrar ó nó su libertad; con su familia educada y al abrigo de toda clase de contratiempos y enfermedades y todo esto, sin sacrificio alguno por su parte, sin haber experimentado un solo dia, ni él ni su familia, las amarguras y tormentos del hambre; y sobre todo, que si no ha hecho fortuna, cuando está agobiado por los años, ocupa en las fincas una plaza de guardiero donde jamás le falta el alimento necesario, ó la casa enfermeria si sus achaques le impiden estar de pié.

Basta de consideraciones por nuestra parte: queremos que los hechos con su formidable elocuencia, hablen por nosotros y lleven á los ánimos el convencimiento, por medio de la explendente luz de la verdad.

Carecemos de amor propio y no desconocemos los infinitos lunares que la crítica literaria hallará en las modestas páginas de este opúsculo; poco nos importará, pues no hemos pretendido conquistar con él una reputacion. Nuestra conciencia esta satisfecha, por que crée haber hecho un bien á su pais y haber proporcionado á esas antorchas del saber humano, que rigen los destinos y guian la opinion de nuestra patria, un dato mas para su obra de regeneracion y perfeccionamiento.

Dios, que penetra los mas misteriosos arcanos de nuestras intenciones, conoce bien la pureza de las que nos han inspirado la ejecucion de esta obrita, que aunque sencilla, es superior á nuestras fuerzas.

Satisfecha quedará nuestra alma, si con ella consiguieramos la mas pequeña parte del objeto que nos propusimos al escribirla.

Y por último: Quien hace lo que puede, hace lo que debe.

 

FIN


ÍNDICE