PRODUCTOS Y COMERCIO DEL RIO DE LA PLATA.
GANADOS—SEBOS.
"Si el Jeneral Rosas, como lo creo, comprende todo lo que se puede hacer en Buenos Aires para dar impulso á los productos de su pais, podrá llegar á ver pasar á su mercado la esportacion de los valiosos artículos que la Inglaterra consume de la Rusia, y acrecer rápidamente la riqueza territorial."—
Estas palabras que el Sr. Ouseley dijo al Sr. Guido en el Rio de Janeiro, segun aparece de la nota de este, que hemos publicado con el número 3, nos han movido á escribir algunas líneas sobre ciertos productos de nuestro Rio de la Plata, comunes á la Rusia; y sobre el comercio que de ellos hacemos, especialmente con la Inglaterra.
Los que habitamos las dilatadas llanuras de ambas márjenes de nuestro Rio, cubiertas de incontable número de ganados; los que vemos extraer por nuestros puertos millones de cueros para el extranjero, estamos envanecidos de las riquezas que nuestros campos encierran; y con dificultad creemos que la industria de otros paises pueda emplear anualmente en sus fábricas mas productos que los que dán nuestros ganados.
No es esta vanidad destituida de fundamento; por que, en efecto, nuestros cueros representan en los mercados Europeos una parte muy considerable de la introduccion total de ese artículo; y por supuesto, que el Rio de la Plata es, á ese respecto, el mas importante de los mercados americanos.
Pero hay otros en que queda muy atrás el dia de hoy, aunque debemos esperar que adelante mucho desde que la paz permita contraerse á mejorar las fuentes de nuestra riqueza nacional. Este artículo, probará esa verdad, respecto de la cria de ganados, y de los sebos que producen.
Poco dispuesta estaria, sin duda, á creernos la jeneralidad de los estancieros de ambos lados del Rio de la Plata, si les dijésemos que en Inglaterra, en una Isla pequeña, donde la tierra es carísima, donde la poblacion no cabe, donde el ganado se alimenta de nabos, de zanahorias y de paja, se cria un número tan crecido de animales vacunos y lanares, que no solo proveen á la subsistencia de muchos millones de habitantes, sino que dán á las fábricas inglesas cantidad mayor de algunos productos que la que nosotros les enviamos. Eso, que á muchos parecerá una fábula, es, sin embargo, una realidad que hemos visto, y examinado muy cuidadosamente por nosotros mismos, anotando todos los hechos de que ahora nos servimos.
Segun los mejores datos estadísticos, el consumo de carne en el Reino Unido—Inglaterra, Escocia é Irlanda—es de un millón doscientos cincuenta mil, á un millón doscientos setenta y cinco mil por año: todo él criado en el Reino.
Ese ganado se engorda á un punto de que poca idea tenemos hoy en nuestros paises, aunque nuestros mayores la tenian, antes de la revolucion de 1810, en algunas de las Provincias Arjentinas; donde se acostumbraba tener potreros para engordar bueyes y novillos cuya grasa y carne daban pingües beneficios.
En Inglaterra, suelen llevar el engorde de algunos animales á tal grado, que hemos visto, en Diciembre de 1843, bueyes que pesaban 1,800 y 2,000 libras; y uno que llegaba á dos mil y quinientas libras de peso. Eso, por supuesto, es estraordinario: pero el peso medio de todo el ganado que se consume en Lóndres es de 800 libras cada animal vacuno, y 85 cada carnero.
Comparado ese peso con el de nuestros novillos de consumo en el Rio de la Plata, se vé que estos no llegan á la mitad de aquellos. De ahí, la inmensa cantidad de sebo que el ganado del consumo produce en Inglaterra. Ella varia de 85 libras lo ménos, á 180 libras lo mas, por animal; mientras que en nuestros ganados el primer término puede estimarse en 15 libras, y el segundo en 75.
Así que, la cantidad de sebo que el Rio de la Plata esporta para Inglaterra es comparativamente muy pequeña, al lado de la que produce el ganado de consumo del Reino; y queda muy distante de las esportaciones de la Rusia.
La siguiente tabla comparativa, muestra las cantidades enviadas al solo mercado de Lóndres (que es el mas importante para este artículo) en una série de cinco años
| RIO DE LA PLATA. | RUSIA. | |||
|---|---|---|---|---|
| 1839 | 3,015 | pipas. | 92,625 | pipas. |
| 1840 | 4,353 | — | 86,538 | — |
| 1841 | 16,400 | — | 82,300 | — |
| 1842 | 10,600 | — | 66,500 | — |
| 1843 | 9,465 | — | 36,100 | — |
Por muy crecidas que parezcan las introducciones de la Rusia, ellas no compusieron, en los últimos años, un quinto del producto del ganado que se consume en el Reino.
Los sebos de Rusia nos aventajan, no solo en cantidad, sino en calidad, y por consiguiente en precio. La calidad depende, en parte, del mejor engorde y cuidado de los animales; y en parte, del modo mas perfecto de beneficiar el sebo.
Estas desventajas no deben, á juicio nuestro, desanimar á los estancieros y saladores del Rio de la Plata, sino, al contrario, estimularlos á mejorar sus ganados, y á perfeccionar el beneficio de sus sebos.
Octubre 18 de 1845.
EL CORONEL OLAVARRIA.
"Queriendo el Gobierno manifestar de algun modo el alto aprecio que le merecen los servicios que este guerrero distinguido ha prestado al pais, tanto en su gloriosa independencia, cuanto en las diversas ocasiones que ha necesitado de ellos"..&a.&a.,
Decreto Del Gobierno de 24 de Octubre, publicado en este número.
Pocos nombres mas familiares en el Rio de la Plata que el del noble guerrero á quien consagramos estas líneas. En las campañas de Chile como en las del Perú; en las de Bolivia como en la del Brasil; en Buenos Aires como en el Estado Oriental, ese nombre se encuentra siempre asociado á brillantes hazañas personales, á victorias gloriosas, á desastres tan gloriosos como la victoria; y representando siempre, á la par del valor individual, las ideas de perfecta organizacion y diciplina militar, especialmente en la arma á que Olavarria se habia contraido en la última mitad de su carrera.
Pero sus hechos, como los de todos los personajes de una epopeya todavia por escribirse, se conservan solamente en las tradiciones populares, en documentos desparramados, ó en la memoria de sus compañeros de armas. De fuentes tan diversas, apénas hemos podido recojer uno que otro hecho, en las breves horas que nos quedaban, desde que nos llegó el decreto del gobierno de la República, que dá á los servicios del Coronel Olavarria una recompensa tan honrosa como delicada.
Renunciando pues á toda pretension de biógrafos, haremos una sencilla narracion de la carrera de aquel gefe, para confirmar, en cierto modo, la justicia de esa noble resolucion del Gobierno Oriental, y para cumplir un grato deber de la amistad que nos ligaba con el malogrado guerrero.
Olavarria fué militar, literalmente, desde su primera infancia. Su padre, Coronel de Blandenguez en Buenos Aires, en tiempo del gobierno colonial, gozaba de merecida estimacion con los Virreyes, y en la Corte de Madrid. La juventud americana no tenia entonces otra carrera delante de sí, que la Iglesia, el Foro y la Milicia. El padre de Olavarria, deseoso de dar al hijo la suya propia, solicitó, y obtuvo por gracia especial de la Corte, á principios de 1810, un despacho de cadete del mismo cuerpo Blandenguez, cuando el niño tenia apénas de 8 á 9 años. Por estraño que esto nos parezca el dia de hoy, nada era mas comun en aquellos tiempos, y aun en los primeros años de la revolucion, que el destinar á la milicia los niños de esa edad, con el título de cadetes, verdaderos estudiantes, que se reunian en académias bajo la direccion de algun táctico viejo que les enseñaba á dar batallas sobre las mesas, con muñequillos de carton.
Aquella edad y aquel título tenia Olavarria, cuando se abrió, en 1810, el grande drama en que debia, mas tarde, representar un papel distinguido. Entonces no solo se obraba con el dia: se pensaba tambien para el siguiente. Los que dirijian el movimiento procuraron formar militares científicos, que pudieran hacer frente á las dificultades que se preveian. Continuaron las académias de cadetes, especialmente para el estudio importante de la artilleria. A esta arma se decidió el niño Olavarria, y despues de tres años de estudio, empezó á servir activamente en ella en 1813, teniendo él, 13 años de edad.
La reconquista de Chile por los españoles en 1814 hizo pensar seriamente al gobierno de Buenos Aires en la necesidad de llevar la guerra á aquel hermoso pais; y en el año siguiente se empezó la formacion del Ejército de los Andes. Olavarria fué uno de los primeros fundadores de ese Ejército—la gran escuela militar de nuestros paises—y á él pasó, en clase de Alferez, en 1815.
Dos años despues, San Martin le transportaba al otro lado de los Andes, descendia al suelo chileno, y encontraba al enemigo en la cuesta de Chacabuco. Fué el primer encuentro en que se hallaba el Alferez Olavarria; y ya en él se condujo de manera y demostró calidades tales, que San Martin, cuya penetracion para conocer al soldado era proverbial, miró en el jóven Alferez un hombre de esperanzas, y á fines de ese mismo año le dió el grado de teniente.
Esa primera victoria de los republicanos, despertó al Virrey de Lima, que miró amenazado el Perú, si Chile conservaba la independencia que acababa de proclamar, en Febrero de 1818. Pezuela se apresuró por eso, á mandar al jeneral Osorio, que con 5,000 hombres de tropas regladas, desembarco en Talcahuano, en los primeros meses de aquel año; y marchó sobre el ejército republicano, que se dirijia hácia Talca. Muy cerca ya de esa ciudad, tuvo lugar la sorpresa y completísima dispersión del Ejército de San Martin, en Cancha-Rayada, la noche del 19 de Marzo. Olavarria, despertó, como todos, cercado de enemigos: sin desmayar por eso, acudió á salvar su bateria, con una serenidad y un valor que asombraron á los veteranos: sacó las piezas del campo de la sorpresa, y se retiró muy largo trecho con ellas; hasta que, al dia siguiente, oprimido por el número del victorioso enemigo, exhaustas sus fuerzas y las de sus pocos artilleros, tuvo que abandonar los cañones, salvándose con dificultad.
Apénas habian corrido 27 dias, despues de ese desastre, cuando San Martin hizo frente á los realistas, en la llanura de Maipo, nombre cuya significacion nadie ignora en Sud-América; nombre que desde entonces
La artilleria trabajó mucho en esa batalla; y nuestro amigo, simple teniente, se distinguió tanto, por actos de intelijencia y de valor, que fué hecho capitan en el campo de la jornada.
Continuó despues toda la campaña de Chile, hasta la completa espulsion de los enemigos, de ese territorio; y no hubo encuentro notable en que no tuviese parte. Los combates de Chillan, de Biobio, y otros muchos, le encontraron entre los vencedores.
El ejército Libertador de Chile se reorganizó despues para la atrevidísima campaña del Perú. Olavarria marchó tambien en esa expedicion; y al arribo al puerto de Pisco en 1820, se le confió el mando de la artilleria de mar, á bordo del bergantin chileno Araucano, destinado á cruzar entre aquel puerto y el Callao. Tambien le esperaban combates en el mar; y se condujo con singular bizarria en el que sostuvo el Araucano con la fragata española Cleopatra.
Desde entonces, dejó el capitan Olavarria la arma en que habia servido; y pasó á la caballeria, en que tantos conocimientos teóricos y prácticos desplegó despues. Su primer servicio, en esa arma, fué en el afamado regimiento de granaderos á caballo, que tanto nombre dió á Necochea,
en cuyo cuerpo hizo toda la campaña de la Sierra, á las órdenes del Jeneral Arenales.—De regreso de ella, pasó de Ayudante mayor, en 1822, á un cuerpo de caballeria peruana, en el que hizo la campaña de la costa, é inmediaciones de Lima, al mando del Jeneral D. Domingo Tristan.
En 1823, elevado al grado de Sarjento Mayor, fué destinado al primer cuerpo de lanceros; que formaba parte de las fuerzas que, á las órdenes del Jeneral Santa Cruz, hicieron la penosa, é importante campaña de los Puertos Intermedios. En lo mas crítico de ella, fué mandado Olavarria con su escuadron á ocupar la ciudad de Cochabamba.
El enemigo, por un movimiento bien concebido y bien ejecutado, dejó aquel cuerpo enteramente cortado de la Division á que pertenecia; y cayó sobre él con fuerzas muy superiores. Olavarria, sereno en el conflicto, hábil para concebir, y rápido para ejecutar, emprendió una dificil retirada á los Yungas, donde el renombre jeneral Lanza mantenia el espíritu de independencia; y desafiaba, á fuerza de arrojo, de actividad, y de conocimientos locales, todo el poder de los realistas. A Lanza se incorporó Olavarria con todo su escuadron: reunidas despues todas las fuerzas de aquel jeneral, determinó atacar al enemigo, que, á las órdenes de Olañeta, ocupaba los Valles de Cochabamba. El éxito correspondió mal al arrojo: Lanza fué vencido, sus fuerzas exterminadas ó dispersas; y el Mayor Olavarria, obligado á escapar casi solo, y sin esperanza de encontrar allí nuevos elementos de resistencia, determinó arrostrar cualesquiera peligros, por reunirse á los compañeros á quienes habia dejado combatiendo sobre las costas. Acompañado de cuatro oficiales, sus particulares amigos, atravesó disfrazado varios pueblos que el enemigo ocupaba; hasta llegar desdespues de inmensos trabajos, y sorprender el Puerto de Arica, donde se apoderó de un mal buquecillo de cabotaje, que le condujo á la Capital del Perú.
El último tercio del año de 1823 fué funesto para las armas republicanas: parecia que el Ejército libertador del Perú habia perdido el espíritu que le animaba, con la ausencia de su Gefe, el General San Martin; que, en Setiembre del año anterior, habia dado el ejemplo único hasta entonces, sin imitacion despues—de abdicar en manos del Congreso Peruano, todos sus títulos, todo su poder militar y civil, alejandose para siempre de la escena política.
El Perú quedó todo en poder de los españoles, á escepcion de algunos Departamentos al Norte de Lima, donde se recojieron las reliquias de los ejércitos republicanos. El jénio y los auxilios de Bolivar los reorganizaron allí, y se emprendió de nuevo la campaña, que puso término á la guerra de la independencia.—El mayor Olavarria fué destinado á un cuerpo de nueva creacion, en el que se halló en la batalla de Junin; que, como todos saben, empezó por la derrota de los republicanos, y terminó por su completa victoria. Olavarria fué hecho prisionero al principio de la jornada, y rescatado despues en el mismo campo de batalla. Concluida esta, fué ascendido á comandante de escuadron, en cuya clase se halló en la memorable batalla de Ayacucho. Su comportacion allí escedió en bizarria á todo lo que hasta entonces habia hecho. A mas de la parte que tuvo en la batalla, fué destinado, despues de ella, á perseguir con su escuadron y una compañia de cazadores, la derecha enemiga, que se retiraba organizada; hizo prodijios de valor, desplegó extraordinaria actividad y tino; y regresó al campo de batalla conduciendo número muy considerable de prisioneros. Poco quedó que hacer, despues de la jornada de Ayacucho. Sin embargo, los realistas ofrecieron todavia alguna resistencia en el Alto Perú, y Olavarria participó tambien de todos los trabajos que fué necesario emprender para terminar la guerra. Entre otros, fué destinado á sofocar una insurreccion realista en Huamanga; varios encuentros tuvieron lugar; hasta que, al fin, sometió á los revolucionarios, concluyendo así sus servicios en la guerra de la Independencia, cuando literalmente no quedaba ya un enemigo á quien combatir.
El término de aquella lucha, despertó en Buenos Aires la idea de reconquistar la Banda Oriental, ocupada por el Brasil: á los cantos de triunfo de Ayacucho se mezclaban clamores de guerra contra el Imperio; y puede, con toda verdad, decirse que esa guerra habia sido declarada por el pueblo, antes que los gabinetes formulasen la declaracion. Olavarria oyó en el Alto Perú la nueva empresa á que su patria se preparaba: pidió inmediatamente á Bolivar permiso para dejar el servicio en su Ejército, y venir á ofrecer su brazo á su pais. El Libertador de Colombia se lo concedió, en términos muy honrosos, dándole, por sus servicios, los despachos de Coronel graduado, el 13 de Marzo de 1826.
En Julio de ese año estaba ya en Buenos Aires, donde el Presidente de la República le nombró Comandante de escuadron en un cuerpo de caballeria: pero en Agosto siguiente, le confió el mando y organizacion de ese Regimiento núm. 16, cuya fama ganada en la campaña del Brasil, dura todavia entre los militares del Rio de la Plata. Olavarria fué uno de los Jefes que mas brillaron en esa campaña, especialmente en la jornada de Ituzaingó, donde su escuadron se atrajo la admiracion de todos por su denuedo y su pericia. Allí fué herido Olavarria de un pistoletazo, por la primera vez. El General Alvear dijo en el boletin de aquella jornada: "Los bravos lanceros [era el cuerpo de Olavarria] maniobrando como en un dia de parada sobre un campo cubierto ya de cadáveres, cargaron, rompieron al enemigo, lo lancearon y persiguieron hasta una bateria de tres piezas, que tambien tomaron. El rejimiento 8 sostenia esta carga: fué decisiva. El Coronel Olavarria sostuvo en ella la reputacion que adquirió en Junin y en Ayacucho."
De vuelta de esa campaña, el coronel tomó la parte que todos sus compañeros en el movimiento de 1.° de Diciembre de 1828, en Buenos Aires. Vencidas las fuerzas del Jeneral Lavalle, Olavarria emigró á la República Oriental, que empezaba entonces su vida independiente: fijó su residencia en Mercedes, donde se entregó á ocupaciones enteramente pacíficas. De ellas le sacaron las injustisimas y estúpidas persecuciones que D. Manuel Oribe declaró, en obsequio á Rosas, contra todos los emigrados Arjentinos. El Coronel que ya entonces habia contraido matrimonio y formádose una familia, se reunió al General Rivera á quien acompañó en la adversidad y en la fortuna, combatiendo siempre por la libertad del pais que le asilaba, de la patria de sus hijos, que el habia adoptado por suya. Su espada sostuvo siempre, en este pais, la divisa del órden constitucional, y de los gobiernos legales.
Durante su larga carrera, fué honrado con varias comisiones importantes: ha sido diversas veces parlamentario; ha obtenido cinco medallas, dos cordones, dos escudos, y una estrella de la lejion de honor de Chile. Ese era el militar, el hombre público.
En el hogar doméstico, en sus relaciones privadas, todos los que le conocieron le quisieron y le estimaron. Casó, en el destierro, con Da. Jertrudis Rodriguez, hija de un propietario de Mercedes; y se contrajo al cuidado y fomento de las propiedades rurales de su esposa. La invasion de Oribe le arrojó de su casa; y su familia se asiló en la Capital, donde tuvo el dolor de perder un exelente esposo, un padre solícito y tierno.
El Gobierno Oriental acaba de recompensar los méritos del Coronel Olavarria, con un acto que honra tanto al que le ha hecho como á la memoria de aquel soldado distinguido. Grande consuelo es, para su familia y sus amigos, ese testimonio de la gratitud de un pueblo que le habia admitido entre sus ciudadanos. Los amigos y compatriotas del Coronel Olavarria se unen á su familia, para agradecer esa honrosa demostracion.
Octubre 27 de 1845
ERRORES CURIOSOS.
Las prensas del Rio de la Plata han publicado algunas veces artículos sueltos sobre la ignorancia, en que se vive en la Europa, respecto de los hombres, de los sucesos, de la historia, de la geografia, de las costumbres; y en una palabra, de todo lo que dice relacion á estos paises: algunos ejemplos se han citado, de libros publicados por seudo-viajeros, que recojen notas en los cafées, en las calles, ó de boca de truhanes, que se entretienen en contarles los mas ridículos despropósitos; y las publican luego en esmeradas ediciones, con títulos pomposos, aumentando la inmensa copia de paparruchas con que se alimenta la ignorancia.
Algo se ha dicho, repetimos, sobre ese particular; pero aun queda muchísimo que decir; é importa decirlo, porque en ello se interesa directamente el crédito y la prosperidad de estos paises.
Un documento oficial que publicamos ayer, firmado por el primer estadista contemporáneo:—si se esceptúa tal vez el soberano á quien sirve[16] nos ha sugerido la idea de este artículo. Mas adelante hablaremos de ese documento.
Cuando uno de nosotros visita la Europa por primera vez, encuentra cada dia un desengaño, ó pierde alguna ilusion, respecto de las ideas que allí se tienen sobre estos paises. La afluencia comparativamente grande, de extranjeros que frecuentan nuestros puertos; el comercio de ideas y de productos que se mantiene entre nosotros y la Europa, nos persuade que allí se fija en este lado del mar la misma atencion que nosotros fijamos en los paises remotos. Sin embargo, sucede todo lo contrario; y ninguna exageracion hay en decir: que entre la clase comerciante—que es generalmente la que mas conoce las regiones de nuestra América—ese conocimiento está limitado en cada individuo al pais con que trafica. Los hombres de ciencia y de letras no tienen sobre ellas, por lo comun otras nociones que las muy generales que dán los libros de geografia, ó de historia: y esas mismas, pervertidas por los viajeros traficantes de imposturas, á quienes antes nos referimos. Hablamos todo esto por esperiencia propia. Con mucha frecuencia nos ha sucedido del otro lado del mar que, al decir que éramos de Buenos Aires, y que íbamos de Montevideo, se nos tomaba por brasileros; y mas de una persona advertida por nosotros de su error, nos ha sostenido todavia que Rio de la Plata y Brasil todo era uno:—proposicion (digámoslo de paso) que convendria mucho al Sr. Carneiro Leão, á juzgar por sus notas al general Guido, pero que no prueba gran conocimiento en la geografia física y política.
Engaño muy grande seria el creer que solo se encuentran esos errores en gentes vulgares ó iliterarias: algunos ejemplos de nuestra propia experiencia han de mostrar lo contrario.
Hallándonos una noche en una distinguida sociedad de Lóndres, contestando á algunas preguntas que nos hacian sobre el Rio de la Plata, uno de los circunstantes, negociante de primera nota en el City, nos preguntó en plena asamblea donde se hallaba actualmente el General Bolivar. Esto sucedia en el invierno de 1843.—"Señor, contestamos, el General Bolivar ha muerto." "No, no, repuso el interlocutor: hablo del libertador de Colombia, Simon Bolivar."—"Si señor, dijimos, murió hace ahora unos diez años." Y esto fué una novedad para nuestro contertulio.
Fuimos á visitar en Paris á uno de los literatos cuyo nombre y cuyos escritos son mas familiares en todas estas rejiones;[17] y una de las preguntas que nos hizo fué—por mas asombroso que parezca—cual era el idioma de la sociedad culta en el Rio de la Plata. Contestamos nosotros que el Castellano: "eso será, repuso él, en las clases inferiores; pero entiendo que el francés es el idioma de la clase escojida." Como le afirmásemos lo contrario, extrañó entonces que un niño que nos acompañaba se expresase regularmente en francés.
Poco despues de nuestra llegada á Montevideo, recibimos diplomas de una sociedad cientifica residente en Paris, que especialmente se ocupa en trabajos históricos, y geográficos. El sobrescrito con que esos papeles nos llegaron, y que conservamos en nuestro poder, dice literalmente:—"Al Sr. Florencio Varela, Doctor en Derecho, en Montevideo (Brasil.")
Una casa de Comercio de esta plaza puso el año pasado en nuestras manos un poder que habia recibido de corresponsales suyos en Ruan, para cobrar una suma á otro negociante en esta. El poder otorgado en aquella ciudad de Francia dice: "A los SS.... negociantes en Montevideo (Méjico.")
A estos ejemplos podriamos agregar otros, tomados de libros contemporaneos, que gozan de justisima reputacion; pero que carecen hasta de buen sentido, desde que hablan de la América del Sud; Maunder, por ejemplo, que en uno de sus Tesoros presenta al General San Martin ganando señaladas batallas contra los independientes de Sud América, y en favor del rey de España!! Pero si algun ejemplo mas notable se necesita, aquí tenemos el documento que indicamos al principio; la carta del Sr. Guizot al Baron de Mackau, que publicamos ayer entre las piezas oficiales de la negociacion con el Señor Deffaudis. El Sr. Guizot, estadista de alta capacidad, hombre de vastisima erudicion, uno de los genios mas seriamente investigadores que conocen los contemporaneos, colocado al frente de las relaciones exteriores de la Francia, lo que le obliga á conocer la organizacion política de los paises con quienes mantiene esas relaciones; el Sr. Guizot no se ha dado cuenta todavia de la República Arjentina; y en la carta citada dá, por dos veces, á Rosas el título de Presidente; y se expone á que Arana—Arana, por Dios, que no sabe siquiera traducir el francés, que no está cierto tal vez, de cual rama de los Borbones está sobre el trono de Francia,—le zumbe en una nota oficial por aquella crasa equivocacion!! Ella es tanto mas notable, cuanto la capacidad que Rosas se atribuye para representar á todas las provincias Arjentinas, ha sido, desde el tratado Mackau, materia de pública, y muy ajitada discusion. Hoy nadie ignora: y á nadie es permitido ignorar sino á unos periódicos de Nueva York que ponen á Rosas al mando de las fuerzas orientales, y al general Rivera y á Ur Kisso al frente de las Arjentinas—que Rosas no es mas que el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires: que no hay, en la actualidad, Presidente de aquella República, por que ningun pacto existe que ligue las provincias Arjentinas. El error del Sr. Guizot es injustificable, y aumenta la lista de los que cada dia se cometen respecto de nosotros.
Algunas personas han querido escusar esa ignorancia, diciéndonos que ni tienen medios de averiguar lo que pasa en estos paises, ni su situacion vale la pena de ser estudiada.—No: esa es una mala excusa de la ignorancia. Cualesquiera que hayan sido los estravíos de la prensa en nuestra América, mucho, muchísimo bueno se ha escrito en ella; y el Rio de la Plata no es el que ménos ha contribuido, en ciertas épocas á aumentar el caudal de útiles conocimientos, sobre las rejiones bañadas por este inmenso estuario.
Cualesquiera tambien que nuestras locuras sean, no es verdad que hayamos merecido por ellas la suerte de Gomorra—que deban estos paises borrarse de la lista de los pueblos cultos y cristianos. No: los jérmenes del bien, de la civilizacion, del progreso moral, existen con bastante vigor para resistir, como lo están haciendo hace tantos años, los esfuerzos que hace la barbarie por desarraigarlos. Los que vuelven el rostro con desden á la situacion de estas rejiones, lo hacen por abandono, por pereza, por no tomarse el trabajo de ayudar y sostener el buen principio: le dejan perecer, pudiendo salvarle, y luego nos escarnecen por que ha perecido.
Los sucesos, que, hace seis meses, empiezan á desarrollarse, muestran que la Europa ha comprendido al fin la conveniencia, la necesidad, de dar apoyo en la América al principio civilizador. A nosotros toca apoyar esa nueva tendencia; y los escritores públicos, mas que muchos otros, tienen la obligacion de hacerlo, elevando la imprenta á la altura conveniente, haciéndola servir á derramar en el exterior conocimientos exactos sobre los hombres y las cosas de nuestros paises; y á combatir, con enerjia y con templanza, la impostura de los que trabajan por envolver entre sombras la verdad.
Noviembre 19 de 1845.
JUICIO SOBRE EL GOBIERNO DE
ROSAS.
Si Rosas fuera mas hábil, ó ménos altanero, evitaria con gran cuidado la publicacion de ciertos actos, indispensables para la conservacion de ese sistema monstruoso, fundado en las dos principales basas del terror y del engaño. Para sostener este último, necesita estar proclamando principios liberales, amor á las instituciones republicanas; hablando siempre de su sumision á la ley, de su respeto á las garantias y derechos de los ciudadanos; mientras que la necesidad de sostener el elemento del terror le pone en diaria y patente contradiccion con las palabras y protestas que incesantemente repite. Mejor seria para él, ocultar á los ojos del mundo los documentos con que el mas ignorante de los hombres puede reprocharle la hipocresia y el embuste de todas sus palabras.
Esta reflexion nos sujiere la publicacion hecha por la Gaceta, de las últimas reelecciones de los Gobernadores de Tucuman y Catamarca; y de las resoluciones confiriéndole facultades estraordinarias. En todos esos documentos, lo mismo que en los que, por servilísima imitacion, dicta y pública la jente del Cerrito, se repiten hasta empalagar las palabras leyes, republicanismo, libertad, sentimiento americano. Y sin embargo, en donde quiera que gobierna Rosas y sus amigos, no hay un solo pueblo donde los Gobernadores no sean constantemente reelejidos, y donde no estén investidos de facultades estraordinarias; es decir, donde no esté suspendida toda ley, toda garantia, y aniquilada completamente la division de los poderes públicos, que forman la esencia de toda constitucion republicana: para reemplazarlos por la irresponsable voluntad de un soldado.
Las supuestas leyes que conceden á los mandones de todas las provincias Arjentinas y del Cerrito ese poder arbitrario y discrecional, se fundan uniformemente en lo escepcional de las circunstancias, y en la necesidad de que "toda otra ley, toda otra razon, todo otro sentimiento se posponga á la imperiosa exijencia de salvar la patria".[18] ¿Pero qué sistema es este, que, en 15 años seguidos del mas libre é ilimitado ejercicio, conserva los paises donde rije en un estado escepcional; que no permite que las leyes ejerzan imperio alguno; y que no ofrece otro medio de salvar la patria que el de depositar toda la autoridad pública en manos de un solo hombre? Y no de un hombre como quiera; sino precisamente del que representa y tiene en sus manos la fuerza material, el poder de las armas. ¿Cual es en el mundo la República [ya que tan republicanos se proclaman] fundada en esa monstruosa organizacion? Rosas, Oribe, la turba embustera de parásitos que viven para ensalzarlos entonan el coro, que les mandan repetir, de quejas y denuestos contra la tirania de las naciones Europeas, á quienes, sin creerlo ellos mismos, atribuyen miras de dominacion y de conquista. Pero en esas naciones el ciudadano piensa lo que quiere; habla y escribe lo que piensa; su propiedad es suya; suyo el fruto de su trabajo; su casa es un recinto donde ninguno penetra por la fuerza, y nadie, desde el Monarca para abajo, puede privarle de su libertad ni de sus bienes, sino en nombre de la ley; y por un juicio regular en el que el acusado es el que tiene mas garantias. Pero en los paises donde imperan estos republicanos eminentes donde se proclama este gran sistema americano, los hombres son arrastrados por centenares á las prisiones; sus bienes son confiscados en provecho de los delatores ó de los verdugos; ninguno sabe para quien trabaja; nadie está cierto de que, al acostarse hoy, amanecerá mañana bajo el techo de su hogar; porque basta la simple voluntad del que reune todos los poderes del Estado, unidos á la fuerza material, para privarlo á un tiempo de sus bienes, de su libertad y de su vida. Si alguno hay tan imprudente que niegue que esto pasa en los pueblos donde domina Rosas, Oribe y los suyos, les citaremos los textos con sus firmas de los decretos de confiscacion; las publicaciones hechas por ellos de presos sacados, de á 200 y 400, de las cárceles donde entraron, sin que se les dijera porqué; y de donde salieron, no por sentencia de juez, sino porque lo pidieron los almirantes Mackau y Dupotet. Les citaremos, sobre todo, esos decretos que los invisten con las facultades estraordinarias; esos, porque nada como eso desmiente la hipócrita vocingleria de leyes, de libertad, de republicanismo, de sistema americano.
Y si ese es el sistema americano; si consiste en vivir como vivimos hace 15 años; en que Estanislao Lopez gobierne en Santa Fé hasta que se muera; Ibarra en Santiago, Benavides en San Juan, Rosas en Buenos Aires, y así todos los demas, hasta que llegue tambien el momento de morir; si consiste en que no tengamos hogar, ni propiedad, ni libertad individual; en que la mitad de una jeneracion se pase con las armas en la mano; en que los campos no se cultiven, y la educacion se abandone, y ningun trabajo útil se emprenda, y los principios de la moral, y las prácticas relijiosas se vayan poco á poco olvidando; hasta desaparecer y dejar al hombre la sola vida estúpida y material que le asemeja á la bestia;—si en eso consiste, mandones dementes y frenéticos, el sistema americano que proclamais; mejor, mil veces mejor estábamos bajo el sistema colonial, y estariamos bajo el dominio de cualquiera potencia civilizada y cristiana.
Porque no es verdad que esta vida que llevamos sea el destino del hombre en la creacion; y cualquier Gobierno que permitiera llenar el que realmente debe ser; que asegurase á los ciudadanos su libertad, sus derechos; y mejorase su condicion social: cualquiera, fuese cual fuese su nombre; con solo esas condiciones, seria preferible mil veces á eso que vosotros llamais sistema americano.
Por fortuna de las naciones que pueblan este vasto continente, no es verdad que sea vuestro sistema el que ellas buscan, por el que tanto han luchado. No; al contrario; la América se afana tras del mismo sistema de libertad y de perfeccion que rije en los Estados Unidos y en la Europa Constitucional: vosotros solos, os oponeis á la realizacion de ese deseo; y os afanais por sostituir á una organizacion legal, á gobiernos de libre y democrática eleccion, el sistema salvaje de la pampa y el sombrío despotismo de Montezuma. A eso llamais sistema americano, eso prueban vuestras leyes de facultades estraordinarias, vuestras interminables reelecciones, y vuestra bajisima sumision á la voluntad de un déspota, á quien remedais míseramente y cuyo látigo os hace temblar.
Gritad republicanismo y sistema americano: por toda contestacion os recordaremos siempre los decretos que en las provincias que domina Rosas, y en las zanjas del Cerrito, os invisten con las maldecidas facultades estraordinarias. Buscad jóvenes cuya intelijencia degradais, y cuya reputacion aniquilais en la cuna, haciéndolos escribir en defensa de ese sistema brutal; jóvenes que aun tienen mucho que vivir, y que, todavia en la mitad de su carrera, han de avergonzarse de mirar al rostro á los que hayan leido sus producciones: todas ellas, todo el papel que les hagais borrar, no deshará jamas el convencimiento que dán vuestros decretos de facultades estraordinarias; ellos solos destruyen toda la sofistería de vuestro hipócrita palabreo.
Noviembre 27 de 1845.
NAVEGACION DE LOS RIOS
INTERIORES.
I.
Escribir sobre esta materia, despues de tanto como se ha escrito, de dos años acá en las dos márjenes del Rio de la Plata, parecerá tal vez una repeticion fastidiosa. Profesando, sin embargo, opiniones muy diversas de las que jeneralmente hemos oido emitir sobre el particular, deseamos ver si podemos traer la discusion á un terreno nuevo, en vez de seguir á Rosas en el que sus adversarios le han permitido, hasta ahora, elejir á su placer.
El ha mostrado su natural astucia, elijiendo el único que le ofrecia ventaja.—Jeneralizando las teorías abstractas del derecho público, sobre navegacion de aguas interiores, ha evitado la discusion esencial y práctica de la libertad de navegar el Paraná:—tratando únicamente del derecho que Buenos Aires tiene para excluir al extranjero, de la navegacion de ese rio, ha evadido fácilmente el exámen del que tienen las otras provincias litorales para admitir en sus puertos todos los pabellones. El ha cuidado esmeradamente de no ventilar sus derechos, sino como cuestion de la Nacion Arjentina con el extranjero: nosotros creemos que ha debido, y debe tratarse, como cuestion entre Buenos Aires y las demas provincias litorales. La complicacion, que en los momentos actuales ha sobrevenido, de un elemento extranjero, aparecerá entonces en su verdadera luz.
Rosas, atrincherado en citas y doctrinas del derecho de jentes y en declaraciones generales del Conde Aberdeen, prueba muy fácilmente que ninguna nacion extranjera puede exijir, de derecho, la navegacion de un rio interior contra la voluntad del soberano á quien ese rio pertenece; y aplicando esa doctrina á los sucesos de Hoy, concluye que la Francia y la Inglaterra atropellan inicuamente los derechos de la Confederacion Arjentina. Otros le han negado aquel principio jeneral: nosotros se lo concedemos de plano; pero negamos la aplicacion, y con ella la consecuencia final. No es la Nacion Arjentina quien se opone á la libre navegacion del Paraná; es el solo y único gobierno de Buenos Aires; mientras que las otras provincias arjentinas, á quienes la cuestion interesa, desean, piden á voces, necesitan vitalmente esa libertad de navegacion, tan léjos de oponerse á ella. La historia de las revueltas domésticas de aquellos pueblos, desde poco despues de la comun emancipacion, y los hechos que Hoy vemos, prueban incontestablemente esa verdad.
El Paraná, desde la confluencia del Paraguay hasta que se vacia en el Plata, corre bañando territorio de cuatro provincias arjentinas;—Corrientes y Entre Rios en la márjen izquierda, Santa Fé y Buenos Aires en la derecha. De todas ellas, solo esta última tiene interés—interés segun el sistema anti-económico y estrecho que hasta ahora se ha seguido—en que buques extranjeros no suban el Paraná; por qué mientras el término final de las expediciones de ultramar sea la rada de Buenos Aires, ella sola hace todo el comercio de tránsito con las demas provincias. Estas, por el contrario, tienen el mas alto interés mercantil, económico y político, en hacer el comercio directo con el extranjero; en no pagar á Buenos Aires los derechos y gastos del comercio de tránsito, en particular de las rentas de las Aduanas; y en no permanecer en impotente dependencia de la voluntad del Gobierno de Buenos Aires; que, alegando necesidades de guerra ciertas ó supuestas, cierra cuando le parece toda comunicacion por las aguas, incluso el comercio mismo de tránsito.
Esa posicion, los sentimientos y disposiciones que ella engendra en las provincias litorales, son tan evidentes, que argumento ninguno puede ponerlas en duda. Haber desconocido Buenos Aires esos intereses y esos sentimientos, ha sido en todos tiempos, una de las primeras causas de desavenencia y rompimiento de parte de las provincias. Casi siempre han justificado ellas sus procedimientos alegando el domino exclusivo que Buenos Aires pretendia en las aguas de la República, y la no participacion de las otras provincias en las ventajas pecuniarias que de esas aguas sacaba la Capital.
Rosas, que se proclama fundador de la Confederacion Arjentina, es entre todos los gobiernos de Buenos Aires, el que mas tirantez y obstinacion ha mostrado en negar á las provincias confederadas, que ocupan las márgenes del Paraná, toda participacion en las ventajas que Buenos Aires deriva del comercio directo con el extrangero. Aplicando la lejislacion y los arreglos hechos para la navegacion de rios que, como el Escalda, corren por territorios de naciones diversas é independientes, á la de un rio que solo baña provincias de una misma nacion niega á las que llama sus hermanas, á las que tienen derechos perfectamente iguales á él, lo que aquella legislacion niega á las naciones extrangeras. Arrogándose el derecho de someter esas provincias á su sistema, basta que una se separe de él, como sucede Hoy en Corrientes, para que el Dictador cierre de un golpe el Paraná, y aniquile en todas las otras aun el mezquino comercio de tránsito que permite á los que le obedecen.
El solo es, pues, quien cierra los rios al extranjero, contra la voluntad, contra los intereses mas esenciales de las demas provincias. Estas tienen, para abrirlos, el mismo derecho que tiene él para cerrarlos. No es verdad, por consiguiente, que la Nacion Arjentina rehuse al extranjero la entrada al Paraná; Corrientes, provincia tan Arjentina como Buenos Aires, tiene abiertos sus puertos á todos los pabellones, por expresas leyes de su legislatura, hace mas de cinco años; Santa Fé y Entre Rios, los admitieron igualmente en el tiempo en que se vieron emancipados del poder de Rosas; y los admitirian Hoy, como el principio de su prosperidad y engrandecimiento.
Sin negar, pues, el principio jeneral de que los extranjeros no tienen derecho á navegar el Paraná contra la voluntad de la nacion Arjentina, negamos la aplicacion que hace Rosas de ese principio; y decimos: que tres de las cuatro Provincias Arjentinas bañadas por el Paraná, quieren que el extranjero le navegue, y que solo hay una que se opone á las demas.
No pretendemos que esa circunstancia dá derecho al extranjero para forzar, en tiempo de paz, y sin negociacion alguna previa, el paso por las aguas de la provincia que resiste: pero no se puede desconocer que modifica de tal manera el principio general del derecho público, que su aplicacion viene á ser completamente imposible.
La República Arjentina no tiene Hoy autoridad alguna nacional: la investidura dada á Rosas de entretener las relaciones exteriores no se extiende á decidir por sí y ante sí, una cuestion tan grave; á disponer de los derechos é intereses de las otras provincias. El extranjero, pues, que acepta el permiso que las provincias del Alto Paraná le conceden de comerciar con ellas, que desea aprovecharse de él, y que no encuentra autoridad nacional á quien recurrir para que remueva el obstáculo que la sola provincia de Buenos Aires opone; puede, cuando ménos, pedir, con buen derecho, al gobierno de esta, que haga tales arreglos, que salvando lo que crea convenir á sus intereses provinciales, y evitando el comercio con las costas de su provincia, no le prive del beneficio que las otras le conceden y deje libre el tránsito hácia ellas; porque las aguas que bañan las costas de la Provincia de Buenos Aires no son aguas del particular dominio de esa provincia, sino de la Nacion Arjentina; y del mismo modo que Corrientes no podria hacer en la parte del rio que corre por su territorio, obras que impidiesen su curso, ó le desviasen, en daño de las provincias de mas abajo, así tampoco estas pueden poner trabas á la libre comunicacion que las de arriba desean.
Tratando ahora de la entrada que buques extrangeros se han forzado en el Paraná, fácil será demostrar que ella no viola principio alguno de derecho internacional, ni ofende las prerogativas de la Nacion Arjentina. La Inglaterra y la Francia no han dicho; "entramos al Paraná por que la ley comun de las naciones nos dá derecho de entrar, aunque la Nacion Arjentina no quiera." No; ellas reconocen plenamente el derecho de los arjentinos: sus gobiernos lo han declarado así solemnemente: pero han entrado al Paraná por razones del todo independientes de ese derecho.
Desde luego, la Francia y la Inglaterra no fueron á aquel Rio, sino despues de hallarse en guerra con Rosas; ¿y quien no sabe que la guerra envuelve el desconocimiento de todos los derechos?
Pero, á mas de eso, hay otro motivo que autorizaria para entrar al Paraná, no solamente á la Inglaterra y á la Francia, sino á todas las demas naciones cuyos súbditos se hallan en el caso que expresaremos.
Extrangeros de diversos paises se han establecido en las provincias arjentinas del alto Paraná, y en el Paraguay, con pleno consentimiento de los Gobiernos de los respectivos paises: eso les dió el derecho de disponer libremente de los frutos de su industria, y de la propiedad que acumulasen. Sobreviene una cuestion, puramente doméstica, entre dos provincias arjentinas—la de Buenos Aires y la de Corrientes; y abusando entonces de la ventaja que le dá el dominio de la parte baja del rio, Rosas cierra enteramente la comunicacion con aquella provincia; y priva á los extranjeros establecidos en ella y en todo el alto Paraná de disponer de los frutos y propiedades que acumularon lícitamente.—No permite que se saquen de allí bajo bandera ninguna neutral, y niega á la suya, única que navega el rio, el permiso de traerlas á los mercados á que eran destinadas. Quedan, pues, todos esos extranjeros privados del libre uso de su propiedad, y sufren inmensas pérdidas, por una querella puramente doméstica de Rosas; quedan esas propiedades encerradas no solo en Corrientes que está en guerra con el Dictador, sino en el Paraguay y otros puntos, que no lo están. Semejantes trabas violan abiertamente derechos adquiridos por los súbditos extranjeros, sea en virtud de tratados existentes, sea por el consentimiento del libre ejercicio de su comercio y de su industria en aquellos parajes. Si Rosas, pues, abusa de su dominio en los rios, en perjuicio de los extranjeros, claro es que dá á estos el derecho de oponerse al abuso; de emplear la fuerza contra la fuerza; de penetrar á traer la propiedad extranjera, que el Dictador, en violacion de derechos incuestionables, no consiente buenamente que se traiga.
Esas son las razones por que se fuerza la entrada al Paraná; no por desconocer el derecho ni la soberania de la Nacion Arjentina en aquel Rio. Rosas, solo Rosas, es el causador de esa hostilidad; como él, y solo él, es quien se opone á la libertad de la navegacion, que Corrientes, Entre Rios y Santa Fé desean y necesitan para prosperar.
Puede ser que otra vez volvamos sobre este asunto.
Enero 2 de 1846.
II.
Manifestamos en uno de nuestros números anteriores el aspecto en que, á juicio nuestro, debe considerarse la cuestion de la navegacion del Paraná;—no con relacion á pretensiones del extranjero, sino como cuestion de entre las diversas provincias Arjentinas situadas sobre las márjenes de aquel rio. La nueva declaracion de principios del Paraguay viene á apoyar los derechos y las ventajas de esas provincias. Aquella República abre sus puertos á todos los extranjeros, declara que tiene derecho á la navegacion libre del Paraná, y que la oposicion del Dictador de Buenos Aires al goce de ese derecho es una de las causas que motivan y justifican la guerra.
Las naciones que han reconocido la independencia del Paraguay, y las que en adelante la reconozcan, envuelven naturalmente en ese reconocimiento el de los derechos todos de la soberania, incluso el dominio de las aguas y su uso para el comercio. Una de las mas naturales y mas comunes consecuencias del reconocimiento de la independencia de un nuevo Estado es la celebracion de tratados de comercio, navegacion y amistad: aquellas naciones, pues, los celebrarán con el Paraguay; adquirirán, por ellos, derechos á navegar en las aguas y puertos de esa República; y por consecuencia á transitar por las que pertenecen á las provincias arjentinas, que forman la parte mas baja del rio. El Paraguay quedará, respecto de estas provincias, en una posicion análoga—y no decimos idéntica por razones que daremos mas adelante—á la en que se halló la Béljica despues de su separacion de la Holanda en 1832. Las aguas y puertos belgas en la parte superior del Escalda de nada, ó de muy poco, servirian al comercio del mundo, si las pretensiones del Rey de Holanda al uso y navegacion exclusiva de la parte baja de aquel rio hubiesen sido respetadas en toda su estension. La Béljica seria un pais independiente, con puertos tan importantes como Amberes, y no podria usar de su derecho de abrirlos al comercio de todo el mundo; cosa, en realidad, opuesta á toda idea de conveniencia y de justicia comun. Los mismos motivos que hubo para hacer los arreglos que sobre el Escalda existen, habrá para que se reduzca á Rosas á entrar por algunos, cualesquiera que sean, con tal que dén por resultado el tránsito por sus aguas hasta el alto Paraná. Si hay diferencia en esos motivos, es enteramente en contra de las pretensiones del Dictador: porque no ofrece el Paraná las grandes dificultades que el Escalda para conciliar los intereses de sus diversos soberanos. Aquel rio europeo corre por entre ciudades y comarcas opulentas, las mas industriosas, tal vez, de todo el continente europeo; y que perteneciendo á Estados diversos, tienen rivalidades y celos comerciales; tienen intereses fabriles que protejer, las unas contra la supremacia de las otras; tienen que multiplicar sus medios de vijilancia contra el contrabando y el fraude, en proporcion de las inmensas facilidades que ofrecen á esas operaciones clandestinas los centenares de vapores que cruzan aquellas aguas, los muchos y rapidísimos medios de comunicacion y de transporte por tierra. Conciliar esos intereses, que no es posible, en realidad desatender, era y es Hoy la gran dificultad para el arreglo de la navegacion del Escalda. Pero nada de eso sucede respecto de nuestro magnífico Paraná, que baja por entre soledades incultas, y bosques primitivos; y sobre cuyas márjenes, en una extension de 150 leguas, se hallan apénas tres ciudades capitales de Provincia, y 7 ú 8 villas de escasísima poblacion, de ninguna industria, de muy poco comercio, y aun ese, dependiente de la Capital de Buenos Aires. Entre ellos, por consiguiente, ni puede existir rivalidad alguna fundada, ni hay intereses notables que conciliar. Siempre hemos creido, por eso, que no es posible, ni sensato, aplicar á los rios interiores de nuestra América, especialmente á los afluentes del Plata, los principios de derecho de jentes, ni la lejislacion y reglamentos prácticos, que rijen la navegacion de los Rios en Europa; sino que deben sufrir grandes modificaciones, en virtud de las diferencias expresadas, y de otras muchas de análoga naturaleza.
Creemos, entretanto, que un arreglo justo y racional para la navegacion del Paraná hasta el Paraguay no puede ofrecer las dificultades que la del Escalda; y que, si en este último rio se ha hallado medio de conciliar, en parte, intereses tan complicados como los que existen, debe esperarse que se llegue mas fácilmente á un arreglo respecto del Paraná.
Reconocida la independencia del Paraguay, y con ella la soberania y el uso de sus aguas, Rosas no tendria, en realidad, derecho para quejarse de que se le exijieran esos arreglos: la cuestion que podria promover seria contra el reconocimiento de la independencia paraguaya; pero consumado este, la navegacion del rio, fundada en tratados del Estado reconocido, no es mas que una consecuencia natural del reconocimiento.
Ese es, á juicio nuestro, el nuevo punto de vista en que las últimas declaraciones del Paraguay colocan la cuestion de la navegacion del Paraná. Si Buenos Aires tuviera otro Gobierno que el de Rosas, él comprenderia, á la primera mirada, que su interés estaba en no dar entrada á cuestion ninguna; sino, por el contrario, en adoptar de plano la basa de la libre navegacion, como un principio seguro de riqueza, de desarrollo, de engrandecimiento futuro; limitando los arreglos á las leyes de policia y aduanas, para protejer su comercio contra el contrabando, y para derivar del permiso de tránsito una renta, que, sin gravar desproporcionadamente al comercio ni á la navegacion extranjera, creceria y llegaria á ser muy considerable, á medida que aquellos se desarrollasen. Pero nada de esto puede esperarse de gobernantes de los principios de Rosas: por fortuna creemos no engañarnos cuando pensamos que nuestros principios son los que profesan jeneralmente los enemigos del dictador, los que en el órden natural de las cosas han de ser llamados á reemplazar el sistema y las ideas de aquel mandon, cuando suene la hora de su castigo. Aun por eso consideramos como dos ideas íntimamente ligadas, la del desaparecimiento de Rosas, y la de la prosperidad futura de los pueblos que baña el Paraná.
Enero 15 de 1846.
III.
Al lado de la reconvencion á que contestamos ayer se nos hace otra, de naturaleza análoga relativa á las ideas que profesamos y hemos emitido sobre la navegacion del Paraná. ¡Como! se dice: ¿Un hijo de Buenos Aires aboga por franquicias comerciales en favor de las otras provincias, cuando no pueden concedérseles sino á expensas de las ventajas que el comercio y la navegacion de Buenos Aires reportarán, mientras sea este el único puerto donde todos los demas pueblos de la República hayan de venir á proveerse de lo que consumen? Es este un reproche en que toman parte aun algunos enemigos mortales de Rosas, persuadidos, de buena fé, á que las ventajas comerciales de las provincias ribereñas importan necesariamente pérdidas proporcionales para la de Buenos Aires.
Ese error, á juicio nuestro, ha sido una de las causas principales de apartamiento y de guerras civiles en las provincias arjentinas: ni creemos posible reconciliarlas, ó unirlas en un vínculo de sincera y permanente amistad, mientras se obre en consonancia con aquel error. No se nos oculta que la adopcion práctica de nuestras ideas nada ménos importaria que un cambio fundamental en el sistema político y económico seguido en Buenos Aires, en todas las épocas—lo mismo en las de su aislamiento que en las que ha formado parte de la república reunida en una representacion comun. Pero precisamente por eso es que deseamos que se medite seriamente ese cambio; que se estudien en los ensangrentados anales de nuestro atraso social, los efectos del sistema hasta hoy seguido; y se examinen los que producirá el opuesto.
Desde luego tenemos el convencimiento de que Buenos Aires, muy léjos de perder con la libre navegacion del Paraná, ganaria inmensamente en ella y en la consiguiente prosperidad de las provincias litorales. La situacion de Buenos Aires le dá ventajas que conservará siempre porque nadie puede quitárselas. Las expediciones de ultramar llegan á sus puertos sin grandes dificultades; mientras que para llegar á los puertos del Paraná necesitan la mitad mas de tiempo, y á veces otro tanto, que el que emplean para venir de Europa á Buenos Aires.
Los obstáculos puramente naturales que causan ese retardo solo pueden vencerse por buques de vapor, pero estos no se pueden emplear como marina mercante, destinada al comercio de ultramar; las expediciones mercantiles han de continuar haciéndose, como basta hoy, en buques de vela, y estos han de hallar, por lo general, mas economía, en rendir su viaje en Buenos Aires que en Santa Fé, en la Bajada, en Corrientes. Buques de vapor se ocuparán entonces en transportar los electos de Buenos Aires á todos aquellos puertos; como para ese tráfico, y en rios como los nuestros, son admirablemente propios los buques de aquella clase. Buenos Aires conservará, pues, sus ventajas de puerto de depósito, y aunque no todas las expediciones se detengan precisamente allí, y suban algunas como subirán, directamente á los puertos del Paraná, lo que por esas dejaria Buenos Aires de ganar, siempre seria mucho ménos que lo que aventajaria en el aumento del comercio, consecuencia necesaria de la libertad.
Por otra parte, la mejora y prosperidad de las provincias vecinas será siempre uno de los mayores beneficios que Buenos Aires puede recibir. ¿Que gana él, que ganaria jamas, en tener por vecinos pueblos miserables, obligados á buscar en el pillage y en la guerra lo que no pueden adquirir por el comercio ó por la industria; que se hacen soldados por que no hallan otra profesion á que dedicarse, que consumen muy poco y nada producen? ¿Qué ha adelantado Buenos Aires con la pobreza de su vecina Santa Fé? Veinteicinco años hace que tuvo que comprar la paz á precio de un tributo anual; de un tributo que no era otra cosa que dar buenamente á aquel pueble lo que, si no se le daba, venia él á arrebatar de las estancias del norte de su vecina. Si en vez de esa miseria, Santa Fé hubiese gozado, al ménos, una situacion igual á la de Buenos Aires, guardadas las proporciones de la poblacion de ambas, claro es que esa última provincia, léjos de tener que contribuir al sosten de su vecina, habria mantenido con ella un cambio de artículos que recíprocamente necesitasen, y que seria de ventaja comun. Pregúntese si entre la multitud de ciudades que cubren las márjenes del Misissipi, del Rin, ó del Escalda, hay alguna atrasada y en miseria, por causa de la prosperidad de las otras; ó si, por el contrario, todas progresan á un mismo tiempo, sirviéndose las unas de auxiliares á las otras. ¿Por qué no han de seguir nuestras provincias esa misma ley, que es ley natural del desarrollo social y económico de los pueblos? ¿No es una contradiccion inesplicable el empeño con que Buenos Aires procura alejar de sus fronteras las hordas depredadoras de los indios ó de los ladrones alzados, que las saquean, y la obstinacion en un sistema cuyo efecto es aumentar en esas propias fronteras el número de pobres, que tienen por necesidad, que hacerse depredadores y ladrones? Las exijencias de una política sensata y las necesidades de la administracion vienen tambien en apoyo de los intereses puramente mercantiles y materiales. No es posible—no es racional—esperar que haya paz y cordial intelijencia entre diversas provincias de un mismo estado, cuando las unas jimen en miseria completa, mientras otras nadan comparativamente en la abundancia; sin que esa diferencia sea efecto de causas naturales, si no de malos sistemas administrativos. Los mismos celos, la misma envidia que nace en el seno de una familia, cuando uno de sus miembros, con iguales derechos á los otros, es objeto de una exclusion injusta que lo condena á inferior condicion, esos mismos deben necesariamente existir entre los varios miembros de un cuerpo político: el que se mire injustamente deprimido, ha de vivir en perpétua rebelion contra los que quieren gozar solos, de ventajas que deben ser comunes. Claro es, que sistema ninguno político ó económico, puede alcanzar á destruir las desventajas que nacen de la naturaleza. Las provincias enclavadas en el corazon de la República, como Catamarca, la Rioja, Santiago, jamas podrán por muchas concesiones que se les hicieran adelantar en la misma proporcion que Buenos Aires, Santa Fé ó Corrientes, situadas sobre rios navegables. Pero esas diferencias no ofenden, por que no son efecto de la injusticia de los hombres, sino obra de la naturaleza misma: no son ellas de las que nosotros hablamos.
El secreto de mantener la paz en los pueblos consiste en crearles intereses materiales: esta verdad, demostrada por el estudio de los hechos que dieron nacimiento á lo que se llama la ciencia económico-política, se aplica lo mismo á las relaciones de unos estados, con otros independientes, que á los diversos miembros de un mismo estado. Los pueblos ricos y prósperos abominan la guerra civil, que destruye su prosperidad: los que nada tienen que perder, son los únicos que ganan en la revuelta: el objeto, pues, de los que gobiernan debe ser propender, por todos medios, á crear en las diversas provincias del Estado los mismos intereses, los mismos estímulos, salvar siempre las diferencias que la naturaleza ofrece. Los Estados Unidos de Norte América—esa nacion que todas sus hermanas del Sur tomaron por modelo, muchas veces equivocadamente, ¿conservaria acaso su envidiable union, ó habria adquirido el prodijioso desarrollo en que marcha, si unos Estados hubiesen sido privados de las naturales ventajas que gozaban otros? ¿Por qué no imitar en eso á aquella nacion, como nos hemos empeñado en imitarla en lo que no podiamos realizar?
Si todo lo que hemos dicho es, como creemos, fundado en razon, en justicia, en buenos principios de política y de economía, no vemos por que el hecho de ser porteños nos imponga el deber de renegar esos principios, de obrar contra convicciones, y de predicar que el engrandecimiento de nuestra provincia consiste en el empobrecimiento de las otras que componen nuestra República. No, mil veces no. En nuestro modo de concebir el amor á la Patria, de buscar su prosperidad y su lustre, no entran los elementos cordobes, entrerriano, ó porteño: entra solo la idea colectiva de arjentinos; y consideramos tan obligado al que nació en Buenos Aires á promover la prosperidad de Tucuman, como al que vé ocultarse el Sol tras de los Andes á trabajar por el bien de los que abrevan sus ganados en las aguas del Paraná.
Ese es nuestro credo, en la gran cuestion de la organizacion social, económica y política de nuestra patria; y ese creemos tambien que es el de la mayor parte de nuestros amigos políticos.
Marzo 19 de 1846.
IV.
Otra vez hemos dicho, muy de paso, que no creiamos oportuno examinar la cuestion si será ventajosa ó perjudicial al interés comun del Rio de la Plata la ereccion de un Estado independiente, formado por la separacion de las provincias de Entre Rios y Corrientes de la familia Arjentina: la razon que entonces teniamos para pensar así subsiste todavia: nada vemos que nos persuada á que esa separacion tendrá lugar, ni aun á que se trata seriamente de ella; ¿y para que ajitar una cuestion tan grave, puramente en teoría?
Entretanto, muchos datos que últimamente hemos recojido, y que nos llegan de diversas partes y personas, nos muestran que esa cuestion empieza á ocupar á algunos espíritus, con motivo de los rumores, cada vez mas esparcidos, de que Corrientes y Entre Rios formarán una alianza contra el dictador de Buenos Aires; y que, como es inevitable y natural hay diverjencia grande de pareceres. Sentiriamos que semejante discusion se entablase ahora, y en esa forma; no por otra cosa que por el tiempo que se pierde, y por lo que distrae la atencion y el espíritu de otra cuestion infinitamente mas importante, de resultados mas inmediatos, y sobre todo mas prácticos.
El problema que á Entre Rios y Corrientes importa ventilar y resolver es, como promoverán mas rápida, y mas sólidamente, el desarrollo de los elementos de prosperidad que encierran, como aumentarán su poblacion, sus consumos, sus productos, y por consiguiente, su comercio y su riqueza. Para eso, nada importa que sean provincias arjentinas, ó un estado independiente: lo mismo pueden conseguir aquellos objetos en una condicion que en otra: y mas pronto los conseguirán, cuanto ménos se embarazen con cuestiones de agregacion ó separacion política. El estudio meditado de la historia de nuestra emancipacion revela, con evidencia irresistible, que la causa principal del atraso y desórden en que vivimos, es haber empleado en esas estériles cuestiones el tiempo y los recursos que habriamos debido emplear en promover la riqueza nacional, en atraer emigracion, en facilitar canales á la navegacion y al comercio. Cada ensayo de organizacion política, cada tentativa de agregacion ó separacion de diversas provincias ó estados, ha producido siempre una guerra civil ó extranjera, y consumido improductivamente los brazos y el dinero del Estado. ¿Y qué quedó en compensacion de tan valiosos sacrificios? Nada, sino jérmenes de desunion y de desórden.
Quisiéramos, por eso, que la cuestion, que empieza á ocupar los espíritus, de si convendria ó no la separacion de las dos provincias entrerrianas, no produjese embarazos ni tropiezos; nosotros ni apoyamos, ni combatimos la idea; si hubiese en ella uniformidad de pareceres, nada tendriamos que oponer; pero, desde que no la hay, desde que sea necesario discutir, creemos que se pierde tiempo en ajitar hoy esa cuestion; y deseariamos, mas bien, que se pensára ya, y se trabajára, sin pérdida de momento, en encontrar los medios mas prontos y mas eficaces de asegurar al Entre Rios y á Corrientes, lo mismo que á Santa Fé, la navegacion libre del Paraná y el libre comercio de sus respectivos puertos. Ese es ahora el interés evidente de aquellas provincias, esa su necesidad vital: su derecho para procurar satisfacerla, en su presente condicion de provincias arjentinas, es incuestionable; ligarse para reclamar el ejercicio de ese derecho, y de los demas que corresponden á provincias realmente federadas, seria una cosa que comprenderiamos mas que cualquier otra; y ménos dudas abrigariamos á cerca de las miras que se atribuyen á Urquiza, si se nos dijese que aquel era el fondo de su pensamiento.
En efecto, el Entre Rios, como Santa Fé y Corrientes, jamas pueden esperar adquirir el completo desarrollo de que son capaces, mientras permanezcan en el sistema de aislamiento mercantil en que hoy se hallan: situadas sobre rios navegables, el simple comercio de cabotaje no puede bastar á elevarlos al grado de prosperidad que les daria la libertad de navegacion y de comercio trasatlántico. Prescindiendo de razones que otras veces hemos expuesto, y que cualquiera comprende, nos fijaremos en una, que vale por muchas otras. La naturaleza ha puesto obstáculos á la navegacion del Paraná aguas arriba, que no pueden vencerse con utilidad del comercio, sino por medio del vapor: las ventajas de ese magnífico rio, como canal de comunicacion y de riqueza, jamas pueden aprovecharse cumplidamente por buques de vela: sabido es que, en la estacion del verano, en aquella precisamente en que las aguas están mas crecidas, un buque de vela tiene que emplear noventa dias, término medio, para remontar de Buenos Aires al Paraguay, y muchas veces ciento veinte y aun ciento cincuenta. Un buque de vapor andará la misma distancia en 15 dias; y no es necesario decir que, en el comercio, todo gasto ocasionado meramente por demoras que pueden evitarse, es un gasto en pura pérdida, un capital empleado improductivamente, que aumenta el precio de las mercaderias, en daño del introductor ó del consumidor.
Ahora bien: no puede racionalmente esperarse que el Paraná se navegue por vapor, en una escala que sea de utilidad al comercio, mientras su navegacion no sea libre para todos los pabellones de los pueblos marítimos. En nuestros paises no hay todavia ni ha de haber, en mucho tiempo, capitales propios que destinar á empresas semejantes: ó no han de realizarse, ó han de deberse á capitales extranjeros pero es evidente que estos no se emplearán en la navegacion de un rio, si no les es libremente permitida, de modo que, sin esta libertad, las provincias litorales del Paraná pierden inevitablemente todas las ventajas que la navegacion por vapor debe ofrecerles.
Esas ventajas no se limitan al comercio: los inmensos bosques del Paraná y sus islas, como tambien los del Chaco, de que hoy se saca menguadísimo producto, lo darian entonces muy abundante, proveyendo al gran consumo de leña que los vapores usarian en vez de carbon: esa nueva industria ocuparia muchos brazos del pais y muchos del extranjero; establecimientos para esos trabajos se levantarian en varios puntos de las hoy desiertas soledades de aquel rio, y servirian de oríjen á otras tantas poblaciones, que se estenderian sobre sus costas.
Imposible nos parece que los que mandan en las provincias de Entre Rios y Santa Fé no comprendan, como comprendemos nosotros, y como han comprendido el Paraguay y Corrientes, que la prosperidad y la paz de todos esos pueblos dependen esencialmente de la libertad de navegacion y comercio en el Paraná; y que de ellos, de ellos mismos, es de quien debe emanar esa gran innovacion.