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Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2) cover

Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2)

Chapter 13: CAPÍTULO X
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About This Book

This work offers a wide-ranging survey of natural and moral observations about the Americas, describing indigenous religions, rites, temples, priests, and sacrifices including human offerings; cataloging superstitions, funerary practices, and ceremonies that sometimes parallel Christian sacraments; and analyzing political institutions, calendars, writing and record-keeping, laws, architecture, economic organization, and communication systems among various peoples such as the Mexica and the Incas. The author balances ethnographic description with reflections on how knowledge of local customs might inform evangelization and governance, and frequently compares American practices with classical and Old World precedents.

CAPÍTULO X

De un extraño modo de idolatría que usaron los Mejicanos.

Como dijimos, que los Reyes Incas del Perú substituyeron ciertas estatuas de piedra hechas á su semejanza, que les llamaban sus Guaoiquíes ó hermanos, y les hacían dar la misma veneracion que á ellos; así los Mejicanos lo usaron con sus dioses; pero pasaron estos mucho más adelante, porque hacian dioses de hombres vivos, y era en esta manera: Tomaban un cautivo, el que mejor les parecia, y antes de sacrificarle á sus Idolos, ponianle el nombre de el mismo Idolo, á quien habia de ser sacrificado, y vestíanle y adornábanle de el mismo ornato que á su Idolo, y decían, que representaba al mismo Idolo. Y por todo el tiempo que duraba esta representacion, que en unas fiestas era de un año, y en otras era de seis meses, y en otras de menos, de la misma manera le veneraban y adoraban, que al propio Idolo, y comia, bebia y holgaba. Y cuando iba por las calles, salia la gente á adorarle, y todos le ofrecian mucha limosna; y llevábanle los niños, y los enfermos para que los sanase y bendijese, y en todo le dejaban hacer su voluntad, salvo, que porque no se huyese, le acompañaban siempre diez ó doce hombres, adonde quiera que iba. Y él, para que le hiciesen reverencia por donde pasaba, tocaba de cuando en cuando un cañutillo, con que se apercibia la gente para adorarle. Cuando estaba de sazon y bien gordo, llegada la fiesta, le abrian, mataban y comian, haciendo solemne sacrificio de él. Cierto pone lástima ver de la manera que Satanás estaba apoderado de esta gente, y lo está hoy dia de muchas, haciendo semejantes potages y embustes á costa de las tristes almas y miserables cuerpos que le ofrecen, quedándose él riendo de la burla tan pesada que les hace á los desventurados, mereciendo sus pecados que le deje el altísimo Dios en poder de su enemigo, á quien escogieron por dios y amparo suyo. Mas, pues se ha dicho lo que basta de las idolatrías de los Indios, síguese que tratemos del modo de religion ó supersticion, por mejor decir, que usan de sus ritos, de sus sacrificios, de templos, y ceremonias, y lo demás que á esto toca.