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Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2) cover

Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2)

Chapter 17: CAPÍTULO XIV
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About This Book

This work offers a wide-ranging survey of natural and moral observations about the Americas, describing indigenous religions, rites, temples, priests, and sacrifices including human offerings; cataloging superstitions, funerary practices, and ceremonies that sometimes parallel Christian sacraments; and analyzing political institutions, calendars, writing and record-keeping, laws, architecture, economic organization, and communication systems among various peoples such as the Mexica and the Incas. The author balances ethnographic description with reflections on how knowledge of local customs might inform evangelization and governance, and frequently compares American practices with classical and Old World precedents.

CAPÍTULO XIV

De los Sacerdotes y oficios que hacian.

En todas las naciones del mundo se hallan hombres particularmente diputados al culto de Dios verdadero ó falso, los cuales sirven para los sacrificios, y para declarar al pueblo lo que sus Dioses les mandan. En Méjico hubo en esto extraña curiosidad; y remedando el Demonio el uso de la Iglesia de Dios, puso tambien su orden de Sacerdotes menores, mayores y supremos, y unos como Acólitos, y otros como Levitas. Y lo que mas me ha admirado, hasta en el nombre parece que el Diablo quiso usurpar el culto de Cristo para sí, porque á los supremos Sacerdotes, y como si dijésemos Sumos Pontífices, llamaban en su antigua lengua Papas los Mejicanos, como hoy dia consta por sus historias y relaciones. Los Sacerdotes de Vitzilipúztli sucedian por linages de ciertos barrios diputados á esto. Los Sacerdotes de otros Idolos eran por eleccion ó ofrecimiento desde su niñez al templo. Su perpetuo ejercicio de los Sacerdotes era incensar á los Idolos, lo cual se hacia cuatro veces cada dia natural: la primera en amaneciendo: la secunda al medio dia: la tercera á puesta del Sol: la cuarta á media noche. A esta hora se levantaban todas las Dignidades del templo, y en lugar de campanas tocaban unas bocinas y caracoles grandes, y otros unas flautillas, y tañían un gran rato un sonido triste; y despues de haber tañido, salia el Hebdomadario ó Semanero, vestido de una ropa blanca como Dalmática, con su incensario en la mano lleno de brasa, la cual tomaba del brasero ó fogon que perpetuamente ardia ante el altar, y en la otra mano una bolsa llena de incienso, del cual echaba en el incensario y entrando donde estaba el Idolo, incensaba con mucha reverencia. Despues tomaba un paño, y con la misma limpiaba el altar y cortinas; y acabado esto, se iban á una pieza juntos, y allí hacían cierto género de penitencia muy rigurosa y cruel, hiriéndose y sacándose sangre en el modo que se dirá, cuando se trate de la penitencia que el Diablo enseñó á los suyos: estos maitines á media noche jamás faltaban. En los sacrificios no podian entender otros sino solos los Sacerdotes, cada uno conforme á su grado y dignidad. Tambien predicaban á la gente en ciertas fiestas, como cuando de ellas se trate diremos: tenian sus rentas; y tambien se les hacían copiosas ofrendas. De la uncion con que se consagraban Sacerdotes, se dirá tambien adelante. En el Perú se sustentaban de las heredades, que allá llaman Chácaras de sus Dioses, las cuales eran muchas, y muy ricas.