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Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2) cover

Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2)

Chapter 18: CAPÍTULO XV
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About This Book

This work offers a wide-ranging survey of natural and moral observations about the Americas, describing indigenous religions, rites, temples, priests, and sacrifices including human offerings; cataloging superstitions, funerary practices, and ceremonies that sometimes parallel Christian sacraments; and analyzing political institutions, calendars, writing and record-keeping, laws, architecture, economic organization, and communication systems among various peoples such as the Mexica and the Incas. The author balances ethnographic description with reflections on how knowledge of local customs might inform evangelization and governance, and frequently compares American practices with classical and Old World precedents.

CAPÍTULO XV

De los Monasterios de Doncellas que inventó el Demonio para su servicio.

Como la vida religiosa (que á imitacion de Jesu-Cristo y sus Sagrados Apóstoles han profesado y profesan en la Santa Iglesia tantos siervos y siervas de Dios) es cosa tan acepta en los ojos de la divina Magestad, y con que tanto su santo nombre se honra, y su Iglesia se hermosea; así el padre de la mentira ha procurado, no solo remedar esto, pero en cierta forma tener competencia, y hacer á sus Ministros que se señalen en aspereza y observancia. En el Perú hubo muchos Monasterios de Doncellas, que de otra suerte no podian ser recibidas; y por lo menos en cada provincia habia uno, en el cual estaban dos géneros de mugeres: unas ancianas, que llamaban Mamacónas, para enseñanza de las demás: otras eran muchachas, que estaban allí cierto tiempo, y despues las sacaban para sus Dioses, ó para el Inca. Llamaban esta casa ó Monasterio, Acllaguáci, que es casa de escogidas; y cada Monasterio tenia su Vicario ó Gobernador, llamado Apopanáca, el cual tenia facultad de escoger todas las que quisiese, de cualquier calidad que fuesen, siendo de ocho años abajo, como le pareciesen de buen talle y disposicion. Estas encerradas allí eran doctrinadas por las Mamacónas en diversas cosas necesarias para la vida humana, y en los ritos y ceremonias de sus Dioses: de allí se sacaban de catorce años para arriba, y con grande guardia se enviaban á la Corte: parte de ellas se diputaban para servir en las Guácas y Santuarios, conservando perpetua virginidad: parte para los sacrificios ordinarios que hacían de Doncellas, y otros extraordinarios por la salud, ó muerte, ó guerras del Inca: parte tambien para mugeres ó mancebas del Inca, y de otros parientes ó Capitanes suyos, á quien él las daba; y era hacerles gran merced: este repartimiento se hacía cada año. Para el sustento de estos Monasterios, que era gran cuantidad de Doncellas las que tenian, habia rentas y heredades propias, de cuyos frutos se mantenian. A ningun padre era lícito negar sus hijas cuando el Apopanáca se las pedía para encerrarlas en los dichos Monasterios, y aun muchos ofrecian sus hijas de su voluntad, pareciéndoles que ganaban gran mérito en que fuesen sacrificadas por el Inca. Si se hallaba haber alguna de estas Mamacónas ó Acllas delinquido contra su honestidad, era infalible el castigo de enterrarla viva, ó matarla con otro género de muerte cruel. En Méjico tuvo tambien el Demonio su modo de Monjas, aunque no les duraba la profesion y santimonia mas de por un año; y era de esta manera: dentro de aquella cerca grandísima, que dijimos arriba, que tenia el templo principal, habia dos casas de recogimiento, una frontero de otra; la una de varones, y la otra de mugeres. En la de mugeres solo habia Doncellas de doce á trece años, á las cuales llamaban las mozas de la penitencia: eran otras tantas como los varones: vivian en castidad y clausura como doncellas diputadas al culto de su Dios. El ejercicio que tenian era regar y barrer el templo, y hacer cada mañana de comer al Idolo y á sus Ministros de aquello que de limosna recogían los Religiosos. La comida que al Idolo hacian eran unos bollos pequeños en figura de manos y pies, y otros retorcidos como melcochas. Con este pan hacían ciertos guisados, y poníanselo al Idolo delante cada dia, y comíanlo sus Sacerdotes, como los de Bel, que cuenta Daniel[32]. Estaban estas mozas trasquiladas, y despues dejaban crecer el cabello hasta cierto tiempo. Levantábanse á media noche á los maitines de los Idolos, que siempre se hacían, haciendo ellas los mismos ejercicios que los Religiosos. Tenian sus Abadesas, que las ocupaban en hacer lienzos de muchas labores para ornato de los Idolos y templos. El traje que continuamente traían, era todo blanco, sin labor, ni color alguna. Hacían tambien su penitencia á media noche, sacrificándose con herirse en las puntas de las orejas en la parte de arriba; y la sangre que se sacaban, poníansela en las mejillas; y dentro de su recogimiento tenian una alberca, donde se lavaban aquella sangre: vivian con honestidad y recato. Y si hallaban que hubiese alguna faltado, aunque fuese muy levemente, sin remision moria luego, diciendo que había violado la casa de su Dios; y tenian por agüero y por indicio de haber sucedido algun mal caso de estos, si veian pasar algun raton ó murciélago en la capilla de su Idolo, ó que habian roído algun velo; porque decian, que si no hubiera precedido algun delito, no se atreviera el raton ó murciélago á hacer tal descortesía. Y de aquí procedian á hacer pesquisa; y hallando el delincuente, por principal que fuese, luego le daban la muerte. En este Monasterio no eran admitidas Doncellas sino de uno de seis barrios, que estaban nombrados para el efecto; y duraba esta clausura, como está dicho, un año, por el cual ellas ó sus padres habian hecho voto de servir al Idolo en aquella forma; y de allí salian para casarse. Alguna semejanza tiene lo de estas Doncellas, y mas lo de las del Perú, con las Vírgenes Vestales de Roma, que refieren los Historiadores, para que se entienda como el Demonio ha tenido codicia de ser servido de gente que guarda limpieza, no porque á él le agrade la limpieza, pues es de suyo espiritu inmundo, sino por quitar al sumo Dios, en el modo que puede, esta gloria de servirse de integridad y limpieza.