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Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2) cover

Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2)

Chapter 47: CAPÍTULO XIII
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About This Book

This work offers a wide-ranging survey of natural and moral observations about the Americas, describing indigenous religions, rites, temples, priests, and sacrifices including human offerings; cataloging superstitions, funerary practices, and ceremonies that sometimes parallel Christian sacraments; and analyzing political institutions, calendars, writing and record-keeping, laws, architecture, economic organization, and communication systems among various peoples such as the Mexica and the Incas. The author balances ethnographic description with reflections on how knowledge of local customs might inform evangelization and governance, and frequently compares American practices with classical and Old World precedents.

CAPÍTULO XII

Del gobierno de los Reyes Incas del Perú.

Muerto el Inca que reinaba en el Perú, sucedia su hijo legítimo, y tenian por tal el que habia nacido de la muger principal del Inca, á la cual llamaban Coya; y ésta, desde uno que se llamó Inca Yupángui, era hermana suya, porque los Reyes tenian por punto casarse con sus hermanas; y aunque tenian otras mugeres ó mancebas, la sucesion en el Reino era del hijo de la Coya. Verdad es, que cuando el Rey tenia hermano legítimo, antes de suceder el hijo, sucedía el hermano, y tras éste, el sobrino de éste, é hijo del primero; y la misma órden de sucesion guardaban los Cúracas y Señores en las haciendas y cargos. Hacíanse con el difunto infinitas ceremonias y exequias á su modo excesivas. Guardaban una grandeza, que lo es grande, y es, que ningun Rey que entraba á reinar de nuevo, heredaba cosa alguna de la vajilla, tesoros y haciendas del antecesor, sino que habia de poner casa de nuevo, y juntar plata y oro, y todo lo demás de por sí, sin llegar á lo del difunto; lo cual todo se dedicaba para su adoratorio ó guáca, y para gastos y renta de la familia que dejaba, la cual con su sucesion toda se ocupaba perpetuamente en los sacrificios, ceremonias y culto del Rey muerto, porque luego lo tenian por Dios, y habia sus sacrificios y estatuas, y lo demás. Por este órden era inmenso el tesoro que en el Perú habia, procurando cada uno de los Incas aventajar su casa y tesoro al de sus antecesores. La insignia con que tomaba la posesion del Reino era una borla colorada de lana finisima, mas que de seda, la cual le colgaba en medio de la frente, y solo el Inca la podia traer, porque era como la corona ó diadema Real. Al lado colgada hácia la oreja, si podían traer borla y la traían otros Señores; pero en medio de la frente solo el Inca, como está dicho. En tomando la borla, luego se hacian fiestas muy solemnes, y gran multitud de sacrificios, con gran cuantidad de vasos de oro y plata, y muchas ovejuelas pequeñas hechas de lo mismo, y gran suma de ropa de cumbí muy bien obrada, grande y pequeña, y muchas conchas de la mar de todas maneras, y muchas plumas ricas, y mil carneros, que habian de ser de diferentes colores, y de todo esto se hacia sacrificio; y el sumo Sacerdote tomaba un niño de hasta seis ú ocho años en las manos; y á la estatua del Viracocha decia juntamente con los demas ministros: Señor, esto te ofrecemos, porque nos tengas en quietud, y nos ayudes en nuestras guerras, y conserves á nuestro Señor el Inca en su grandeza y estado, y que vaya siempre en aumento, y le des mucho saber para que nos gobierne. A esta ceremonia ó jura se hallaban de todo el Reino, y de parte de todas las guacas y santuarios que tenian; y sin duda era grande la reverencia y aficion que esta gente tenia á sus Incas, sin que se halle jamás haberles hecho ninguno de los suyos traicion, porque en su gobierno procedian, no solo con gran poder, sino tambien con mucha rectitud y justicia, no consintiendo que nadie fuese agraviado. Ponia el Inca sus Gobernadores por diversas Provincias, y habia unos supremos é inmediatos á él: otros mas moderados; y otros particulares con extraña subordinacion, en tanto grado, que ni emborracharse, ni tomar una mazorca de maiz de su vecino se atrevian. Tenian por máxima estos Incas, que convenia traer siempre ocupados á los Indios; y así vemos hoy dia calzadas, caminos y obras de inmenso trabajo, que dicen era para ejercitar á los Indios, procurando no estuviesen ociosos. Cuando conquistaba de nuevo una Provincia, era su aviso luego, luego pasar lo principal de los naturales á otras Provincias, ó á su Corte; y éstos hoy dia los llaman en el Perú Mitimas, y en lugar de estos plantaba de los de su nacion del Cuzco, especialmente los orejones, que eran como caballeros de linage antiguo. El castigo por los delitos era riguroso. Así concuerdan los que alcanzaron algo de esto, que mejor gobierno para los Indios no le puede haber, ni mas acertado.


CAPÍTULO XIII