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Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2) cover

Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2)

Chapter 55: CAPÍTULO XXI
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About This Book

This work offers a wide-ranging survey of natural and moral observations about the Americas, describing indigenous religions, rites, temples, priests, and sacrifices including human offerings; cataloging superstitions, funerary practices, and ceremonies that sometimes parallel Christian sacraments; and analyzing political institutions, calendars, writing and record-keeping, laws, architecture, economic organization, and communication systems among various peoples such as the Mexica and the Incas. The author balances ethnographic description with reflections on how knowledge of local customs might inform evangelization and governance, and frequently compares American practices with classical and Old World precedents.

CAPÍTULO XXI

De Pachacúti Inca Yupángui, y lo que sucedió hasta Guaynacápa.

Pachacúti Inca Yupángui reinó sesenta años, y conquistó mucho. El principio de sus victorias fue, que un hermano mayor suyo, que tenia el Señorío en vida de su padre, y con su voluntad administraba la guerra, fue desbaratado en una batalla que tuvo con los Chángas, que es la nacion que poseia el valle de Andaguaylas, que está obra treinta ó cuarenta leguas del Cuzco, camino de Lima; y así desbaratado, se retiró con poca gente. Visto esto el hermano menor Inca Yupángui, para hacerse Señor, inventó, y dijo, que estando él solo, y muy congojado, le habia hablado el Viracócha, Criador, y quejándosele, que siendo él Señor universal, y Criador de todo, y habiendo él hecho el Cielo, el Sol, el mundo y los hombres, y estando todo debajo de su poder, no le daban la obediencia debida, antes hacian veneracion igual al Sol, al trueno y á la tierra, y á otras cosas, no teniendo ellas ninguna virtud mas de la que les daba; y que le hacía saber, que en el Cielo donde estaba, le llamaban Viracócha Pachayachachíc, que significa Criador universal; y que para que creyesen que esto era verdad, que aunque estaba solo, no dudase de hacer gente con este título, que aunque los Chángas eran tantos, y estaban victoriosos, que él le daría victoria contra ellos, y le haría Señor, porque le enviaría gente, que sin que fuese vista, le ayudase; y fue así, que con este apellido comenzó á hacer gente, y juntó mucha cuantidad, y alcanzó la victoria, y se hizo Señor, y quitó á su padre y á su hermano el Señorio, venciéndolos en guerra: despues conquistó los Chángas; y desde aquella victoria instituyó, que el Viracócha fuese tenido por Señor universal, y que las estatuas del Sol y del trueno le hiciesen reverencia y acatamiento, y desde aquel tiempo se puso la estatua del Viracócha mas alta que la del Sol y del trueno y de las demás Guácas; y aunque este Inca Yupángui señaló chácras, tierras y ganados al Sol y al trueno y á otras Guácas, no señaló cosa ninguna al Viracócha, dando por razon, que siendo Señor universal y Criador, no lo habia menester. Habida, pues, la victoria de los Chángas, declaró á sus soldados, que no habian sido ellos los que habian vencido, sino ciertos hombres barbudos que el Viracócha le habia enviado, y que nadie pudo verlos sino él, y que éstos se habian despues convertido en piedras, y convenia buscarlos, que él los conocería; y así juntó de los montes gran suma de piedras, que él escogió, y las puso por Guácas, y las adoraban, y hacian sacrificios, y éstas llamaban los Pururáucas, las cuales llevaban á la guerra con grande devocion, teniendo por cierta la victoria con su ayuda; y pudo esta imaginacion y ficcion de aquel Inca tanto, que con ella alcanzó victorias muy notables. Este fundó la familia llamada Inacapánaca, é hizo una estatua de oro grande, que llamó Indiillápa, y púsola en unas andas todas de oro de gran valor, del cual oro llevaron mucho á Caxamalca, para la libertad de Atahualpa, cuando le tuvo preso el Marqués Francisco Pizarro. La casa de éste, criados y Mamacónas que servian su memoria, halló el Licenciado Polo en el Cuzco, y el cuerpo halló trasladado de Patallacta á Totocache, donde se fundó la Parroquia de San Blas. Estaba el cuerpo tan entero, y tan bien aderezado con cierto betun, que parecia vivo. Los ojos tenia hechos de una telilla de oro tan bien puestos, que no le hacian falta los naturales, y tenia en la cabeza una pedrada, que le dieron en cierta guerra. Estaba cano, y no le faltaba cabello, como si muriera aquel mismo dia, habiendo mas de sesenta ó ochenta años que habia muerto. Este cuerpo, con otros de Incas, envió el dicho Polo á la ciudad de Lima por mandado del Virey Marqués de Cañete, que para desarraigar la idolatria del Cuzco fue muy necesario; y en el Hospital de San Andrés, que fundó el dicho Marqués, han visto muchos Españoles este cuerpo con los demás, aunque ya están maltratados y gastados. Don Felipe Caritópa, que fue bisnieto ó rebisnieto de este Inca, afirmó, que la hacienda que éste dejó á su familia era inmensa, y que habia de estar en poder de los Yanáconas Amáro y Tito y otros. A éste sucedió Topa Inca Yupángui, y á éste otro hijo suyo llamado del mismo nombre, que fundó la familia que se llamó Capac Ayllo.