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Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2) cover

Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2)

Chapter 64: CAPÍTULO II
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About This Book

This work offers a wide-ranging survey of natural and moral observations about the Americas, describing indigenous religions, rites, temples, priests, and sacrifices including human offerings; cataloging superstitions, funerary practices, and ceremonies that sometimes parallel Christian sacraments; and analyzing political institutions, calendars, writing and record-keeping, laws, architecture, economic organization, and communication systems among various peoples such as the Mexica and the Incas. The author balances ethnographic description with reflections on how knowledge of local customs might inform evangelization and governance, and frequently compares American practices with classical and Old World precedents.

CAPÍTULO II

De los antiguos moradores de la Nueva-España, y cómo vinieron á ella los Navatlácas.

Los antiguos y primeros moradores de las Provincias que llamamos Nueva-España, fueron hombres muy bárbaros y silvestres, que solo se mantenian de caza, y por eso les pusieron nombre de Chichimécas. No sembraban ni cultivaban la tierra, ni vivian juntos, porque todo su ejercicio y vida era cazar, y en esto eran diestrísimos. Habitaban en los riscos y mas ásperos lugares de las montañas, viviendo bestialmente sin ninguna policía, desnudos totalmente. Cazaban venados, liebres, conejos, comadrejas, topos, gatos monteses, pájaros, y aun inmundicias, como culebras, lagartos, ratones, langostas y gusanos, y de esto y de yerbas y raíces se sustentaban. Dormian por los montes en las cuevas, y entre las matas: las mugeres iban con los maridos á los mismos ejercicios de caza, dejando á los hijuelos colgados de una rama de un árbol, metidos en una cestilla de juncos, bien hartos de leche, hasta que volvian con la caza. No tenian superior, ni le reconocian, ni adoraban Dioses, ni tenian ritos, ni Religion alguna. Hoy dia hay en Nueva-España de este género de gente, que viven de su arco y flechas, y son muy perjudiciales, porque para hacer mal y saltear se acaudillan y juntan, y no han podido los Españoles, por bien ni mal, por maña ni fuerza, reducirlos á policía y obediencia, porque como no tienen pueblos, ni asiento, el pelear con éstos es puramente montear fieras, que se esparcen y esconden por lo mas áspero y encubierto de la sierra: tal es el modo de vivir de muchas Provincias hoy dia en diversas partes de Indias. Y de este género de Indios bárbaros principalmente se trata en los libros, de procuranda Indorum salute, cuando se dice, que tienen necesidad de ser compelidos y sujetados con alguna honesta fuerza, y que es necesario enseñarlos primero á ser hombres, y despues á ser Cristianos. Quieren decir, que de estos mismos eran los que en la Nueva-España llaman Otomíes, que comunmente son Indios pobres y poblados en tierra áspera; pero están poblados, y viven juntos, y tienen alguna policía, y aun para las cosas de Cristiandad, los que bien se entienden con ellos, no los hallan menos idóneos y hábiles, que á los otros que son mas ricos y tenidos por mas políticos. Viniendo al propósito, estos Chichimécas y Otomíes, de quien se ha dicho que eran los primeros moradores de la Nueva-España, como no cogian, ni sembraban, dejaron la mejor tierra y mas fértil sin poblarla, y esa ocuparon las naciones que vinieron de fuera, que por ser gente política, la llaman Navatláca, que quiere decir, gente que se explica y habla claro, á diferencia de esotra bárbara y sin razon. Vinieron estos segundos pobladores Navatlácas de otra tierra remota hácia el Norte, donde ahora se ha descubierto un Reino, que llaman el Nuevo-Méjico. Hay en aquella tierra dos Provincias: la una llaman Aztlan, que quiere decir, lugar de Garzas: la otra llamada Teuculhuacán, que quiere decir, tierra de los que tienen abuelos divinos. En estas Provincias tienen sus casas y sus sementeras, y sus Dioses, ritos y ceremonias, con órden y policía, los Navatlácas, los cuales se dividen en siete linages ó naciones; y porque en aquella tierra se usa, que cada linage tiene su sitio y lugar conocido, pintan los Navatlácas su origen y descendencia en figura de cueva, y dicen que de siete cuevas vinieron á poblar la tierra de Méjico, y en sus librerías hacen historia de esto, pintando siete cuevas con sus descendientes. El tiempo que ha que salieron los Navatlácas de su tierra conforme á la computacion de sus libros, pasa ya de ochocientos años, y reducido á nuestra cuenta fue el año del Señor de ochocientos y veinte, cuando comenzaron á salir de su tierra. Tardaron en llegar á la que ahora tienen poblada de Méjico, enteros ochenta años. Fue la causa de tan espacioso viage, haberles persuadido sus Dioses (que sin duda eran Demonios que hablaban visiblemente con ellos), que fuesen inquiriendo nuevas tierras de tales y tales señas, y así venian explorando la tierra, y mirando las señas que sus Idolos les habian dado, y donde hallaban buenos sitios, los iban poblando, y sembraban y cogian, y como descubrian mejores lugares, desamparaban los ya poblados, dejando todavia alguna gente, mayormente viejos y enfermos, y gente cansada: dejando tambien buenos edificios, de que hoy dia se halla rastro por el camino que trajeron. Con este modo de caminar tan de espacio gastaron ochenta años en camino que se puede andar en un mes, y así entraron en la tierra de Méjico el año de novecientos y dos á nuestra cuenta.