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Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2) cover

Historia natural y moral de las Indias (vol. 2 of 2)

Chapter 72: CAPÍTULO X
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About This Book

This work offers a wide-ranging survey of natural and moral observations about the Americas, describing indigenous religions, rites, temples, priests, and sacrifices including human offerings; cataloging superstitions, funerary practices, and ceremonies that sometimes parallel Christian sacraments; and analyzing political institutions, calendars, writing and record-keeping, laws, architecture, economic organization, and communication systems among various peoples such as the Mexica and the Incas. The author balances ethnographic description with reflections on how knowledge of local customs might inform evangelization and governance, and frequently compares American practices with classical and Old World precedents.

CAPÍTULO X

Del segundo Rey, y de lo que sucedió en su reinado.

Hechas las exequias de el Rey difunto, los ancianos y gente principal, y alguna parte del comun, hicieron su junta para elegir Rey, donde el mas anciano propuso la necesidad en que estaban, y que convenia elegir por cabeza de su ciudad persona que tuviese piedad de los viejos, de las viudas y huérfanos, y fuese padre de la República, porque ellos habian de ser las plumas de sus alas, las pestañas de sus ojos, y las barbas de su rostro; y que era necesario fuese valeroso, pues habian de tener necesidad de valerse presto de sus brazos, según se lo habia profetizado su Dios. Fué la resolución elegir por Rey un hijo de el antecesor, usando en esto de tan noble término, de darle por sucesor á su hijo, como él lo tuvo en hacer más confianza de su República. Llamábase este mozo Vitzilovítli, que significa, pluma rica: pusiéronle corona Real, y ungiéronle, como fué costumbre hacerlo con todos sus Reyes, con una uncion que llamaban divina, porque era la misma con que ungian su Idolo. Hízole luego un Retórico una elegante plática, exhortándole á tener ánimo para sacarlos de los trabajos, servidumbre y miseria, en que vivian oprimidos de los Azcapuzálcos, y acabada, todos le saludaron, y le hicieron su reconocimiento. Era soltero este Rey, y pareció á su Consejo, que era bien casarle con hija del Rey de Azcapulzálco, para tenerle por amigo, y disminuir algo con esta ocasion de la pesada carga de los tributos que le daban; aunque temieron, que no se dignase darles su hija, por tenerles por vasallos. Mas pidiéndosela con grande humildad y palabras muy comedidas, el Rey de Azcapuzálco vino en ello, y les dió una hija suya llamada Ayauchiguál, á la cual llevaron con gran fiesta y regocijo á Méjico, é hicieron la ceremonia y solemnidad del casamiento, que era atar un canto de la capa de el hombre con otro del manto de la muger, en señal de vínculo de matrimonio. Naciole á esta Reina un hijo, cuyo nombre pidieron á su abuelo el Rey de Azcapuzálco, y echando sus suertes, como ellos usan, (porque eran en extremo grandes agoreros en dar nombres á sus hijos), mandó, que llamasen á su nieto Chimalpopóca, que quiere decir rodela que echa humo. Con el contento que el Rey de Azcapuzálco mostró del nieto, tomó por ocasion la Reina su hija, de pedirle tuviese por bien, pues tenia ya nieto Mejicano, de relevar á los Mejicanos de la carga tan grave de sus tributos, lo cual el Rey hizo de buena gana con parecer de los suyos, dejándoles en lugar del tributo que daban, obligacion de que cada año llevasen un par de patos ó unos peces en reconocimiento de ser sus súbditos, y estar en su tierra. Quedaron con esto muy aliviados y contentos los de Méjico, mas el contento les duró poco, porque la Reina, su protectora, murió dentro de pocos años, y otro año despues el Rey de Méjico Vitzilovítli, dejando de diez años á su hijo Chimalpopóca. Reinó trece años: murió de poca mas edad de treinta. Fué tenido por buen Rey, diligente en el culto de sus Dioses, de los cuales tenian por opinion, que eran semejanza los Reyes, y que la honra que se hacia á su Dios, se hacia al Rey, que era su semejanza, y por eso fueron tan curiosos los Reyes en el culto y veneracion de sus Dioses. Tambien fue sagaz en ganar las voluntades de los comarcanos, y trabar mucha contratacion con ellos, con que acrecentó su ciudad, haciendo se ejercitasen los suyos en cosas de la guerra, por la laguna, apercibiendo la gente para lo que andaban tramando de alcanzar, como presto parecerá.