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Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4) cover

Metamorfóseos o Transformaciones (2 de 4)

Chapter 31: FÁBULA V.
By Ovid
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About This Book

A sequence of mythic tales recounts lovers' tragedies, divine passions, and acts of vengeance that culminate in physical metamorphoses: secret and thwarted romances turn to death and plants, gods disguise themselves to pursue mortals, hubris brings punishments transforming humans into animals, rocks, or trees, and heroic feats free captives but also provoke new fates. Linked episodes offer etiologies for natural phenomena and social customs while blending dramatic narrative and lyrical description to explore change, loss, and the porous boundary between human and divine.

FÁBULA V.

TEREO VIOLA Á FILOMELA.

Luego que Filomela entró en la pintada nave,[177] y esta en alta mar: „Ya he vencido, clama Tereo; conmigo traygo el objeto de mi ternura.” Triunfa el bárbaro; y no cabiéndole ya el gozo en su pecho, no aparta los ojos de su querida, semejante al ave de Júpiter[178] que devora con sus miradas á la tímida liebre que ha llevado á su nido entre las garras. Quando llegaron á las costas de Tracia, y hubieron desembarcado, Tereo conduxo á la Princesa á un viejo castillo situado en lo interior de unos bosques. Allí fue donde la desdichada Filomela, pálida y trémula, preguntando por su hermana, desechos sus ojos en llanto, y temiendo todas las cosas en un sitio tan silvestre, fue encerrada por el tirano, quien la descubrió entonces su exêcrable intento, y triunfó de ella con violencia, como de una muger sola y sin auxîlio.

(70) Tereo encierra en un antiguo castillo á Filomela
su cuñada despues de haberla violado y cortado
la lengua.

En vano implora el favor de su padre y hermana; en vano llama á los supremos Dioses. Despues de tan sensible afrenta, queda pasmada, trémula é inmóvil, así como la tímida oveja, que herida por un viejo lobo, aunque se vea desasida de su boca, le parece que aun no está segura; ó como la débil paloma, que viendo sus plumas salpicadas de su sangre, teme aun las crueles uñas que la habian preso. Vuelta ya en sí, se entrega á los transportes del mas cruel despecho: se arranca los cabellos, se hiere el pecho, y prorumpiendo en un torrente de lágrimas: „¿Qué has hecho, bárbaro? exclama, levantando al cielo las manos. ¿Qué exêcrable crímen has cometido, cruel? ¡Qué! ¿no pudieron ablandarte ni las lágrimas de mi padre, ni sus ruegos, ni el interes de mi hermana, ni los respetables derechos del matrimonio, ni la inocencia de una doncella que te fue confiada? Todo, todo lo has atropellado. Yo me he hecho adúltera contra mi desgraciada hermana, y tú marido de entrambas. No merecia yo tan cruel tratamiento. ¿Por qué no llevas al cabo tus maldades? ¿Por qué ¡ó pérfido! no me quitas esta vida, para que no falte ningun delito? ¡Oxalá lo hubieras hecho antes de cometer tan detestable crímen! Así á lo menos tuviera el consuelo de baxar inocente á la mansion de las sombras.

„Mas si los Dioses han visto una accion tan perversa; si supone algo su poderío; si no feneció todo conmigo, yo espero vengarme de tu atrevimiento. Yo misma publicaré tu delito aun á costa de mi pudor. Si llego á verme libre, toda la tierra lo oirá de mi boca; y si quedo encerrada en medio de este bosque, haré resonar los árboles y rocas con mis gritos y quejas. Á lo menos el cielo y los Dioses, si hay alguno que lo habite, me oirán y vengarán.” Estas voces encendieron la cólera del tirano; el cobarde temió los efectos de las amenazas de Filomela, y estimulado de una y otra causa, asiendo por los cabellos á la desdichada Princesa, la ató los brazos atras, y desenvainó la espada de que iba ceñido.

Á su vista concibió Filomela la esperanza de su muerte, y le presentó su hermosísima garganta: mas quando invocaba el socorro de su padre, y se esforzaba á gritar, el bárbaro la sacó la lengua con unas tenazas, y se la cortó á raiz con el afilado acero. Al caer su lengua en el suelo, parecia que aun murmuraba y se quejaba; y como salta la cola de una culebra, que ha sido separada del resto del cuerpo, así palpitaba y hacia varios movimientos, qual si buscara los vestigios de su señora. Se dice (cosa que parece increible) que despues de una accion tan bárbara, sació aun este monstruo muchas veces su pasion en el estropeado cuerpo.

Despues de tantos delitos, tuvo la osadía de presentarse á su esposa, quien luego que le vió pregunta por su hermana; pero el pérfido, exhalando fingidos suspiros, la dice que habia muerto, y las lágrimas que con arte derramaba autorizaron su impostura. Progne, rasgando entonces los vestidos magníficos con que estaba adornada, y desnudándose de ellos, se vistió de luto, erigió un cenotafio,[179] y tributó á su hermana, aun no difunta, todos los sufragios debidos á los manes. La lloró; pero ¡ah! sus lágrimas debian correr por una causa mas digna de llanto que la misma muerte.