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Obras dramáticas de Eurípides (3 de 3) cover

Obras dramáticas de Eurípides (3 de 3)

Chapter 24: NOTAS
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About This Book

Una colección de traducciones al español de tragedias del dramaturgo griego que presenta dramas mitológicos donde confluyen dioses y mortales. Destacan episodios de reconocimiento filial y conflicto ritual: un joven criado en un templo descubre su verdadero origen, sufre sospechas y un intento de envenenamiento, y finalmente se produce un reconocimiento que reconcilia a su madre y a él. Las piezas exploran la arbitrariedad divina, la piedad y la culpa humana, la tensión entre honor privado y sanción pública, y recurren al coro y a pasajes líricos para articular emociones y reflexionar sobre identidad, destino y las consecuencias de la pasión.

NOTAS


[1] «Atlas —dice Hesíodo— sostiene en sus hombros el cielo en los confines de la tierra, allá en el país de las Hespérides». Era hijo de Jápeto y de Clímene, hija del Océano y hermana de Menecio, Prometeo y Epimeteo.

[2] Esta diosa fue Pléyone, madre de las siete Pléyades, hijas suyas y de Atlas.

[3] Maya, una de las Pléyades.

[4] Delfos, famosa ciudad de la antigua Grecia, junto al Parnaso y las riberas del golfo Criseo. Creían los griegos que era el centro de la tierra.

[5] Atenas.

[6] Erecteo o Erictonio, cuarto rey de Atenas, era hijo de la Tierra y de Hefesto, y reinó en aquella ciudad hacia el año 1489. Dicese que Atenea, al verlo cojo y contrahecho, como su padre, lo encerró en un cesto y lo dio a guardar a Aglauro, prohibiéndole mirarlo; pero esta no la obedeció, y encontró en el cesto un niño, cuyas piernas eran dos serpientes.

[7] Aglauro, hija de Cécrope, que, según unos, fue atormentada por las Furias por haber desobedecido la orden de Atenea de no mirar el cestillo en que le dio a guardar a Erictonio; según otros, fue convertida en roca por Hermes, por entrometerse indiscretamente en los amores de este dios y de su hermana Herse, y, por último, según otros, se sacrificó voluntariamente por su patria en una guerra.

[8] Collares de esta forma.

[9] De Calcodonte, rey de la Eubea, padre de Elefénor, uno de los héroes griegos del sitio de Troya. Calcodonte murió en una batalla que le dio Anfitrión y los tebanos. (V. el Heracles Furioso).

[10] De la Jonia, región del Asia Menor, separada de la Eolia por el río Hermo, y regada por el Meandro y el Caistro.

[11] Castalia, fuente de la Fócida, entre Delfos y el Parnaso, muy celebrada de los poetas, así llamada de la virgen Castalia que, huyendo de Apolo, fue convertida en fuente. Virgilio, en sus Geórgicas, dice así: Castaliam molli divertitur orbita clivo.

[12] Peán, himno religioso, especialmente el que se cantaba a Apolo. Virgilio, en su Eneida, VI. 657, dice así: laetumque choro paeana canentis; y Claud., in Ruf., praef. n. 11, Omnis, io paean, regio sonat.

[13] El águila, que, como se sabe, era mensajera de Zeus, consagrada a él por ser la reina de las aves, como él era rey del cielo.

[14] La voz del cisne.

[15] En el istmo de Corinto.

[16] Advocación de Apolo como guardián de las calles. (V. nuestra nota a Las Fenicias).

[17] Heracles.

[18] Vanagloriábanse las mujeres griegas de su habilidad en esta clase de labores, especialmente las atenienses, que las ofrecían primorosas a Atenea en la fiesta de las Panateneas.

[19] Yolao, su escudero, que cauteriza las heridas de la hidra.

[20] Belerofonte, que montado en el caballo Pegaso dio muerte a la Quimera.

[21] Famoso gigante, de quien Horacio (III, od. IV) dice:

Sed quid Typhoeus et validus Mimas,
Aut quid minaci Porphyrion statu,
Quid Rhoetus evulsisque truncis
Enceladus, jaculator audax,
Contra sonantem Palladis aegida
Possent ruentes?

Y nuestro divino Herrera, en su oda a don Juan de Austria:

—¡Oh duro y no cansado pecho!
Por quien cayó vencido,
Y en peligroso estrecho
Mimante pavoroso fue deshecho.

[22] Especie de junco con que hacían los tirsos.

[23] Según dice Estrabón (IX, pág. 420), en el centro de la Tierra había dos palomas que, por orden de Zeus, vinieron a él de los extremos de la Tierra. Eurípides, como se ve en la réplica de Ion, dice que eran las gorgonas quizá para asustar a las mujeres, o para expresar el terror con que los mortales debían visitarlo.

[24] Nació, como hemos dicho, de la Tierra y de Hefesto, esto es, ex Vulcani semine, Minervam appetentis. (Véanse las notas que van al principio de esta tragedia).

[25] Eurípides alude aquí a la guerra de Erecteo con Eumolpo, rey tracio que con numeroso ejército vino a devastar el Ática. Consultado entonces el oráculo, ordenó que fuesen sacrificadas las hijas de Erecteo. Este las atrajo a su campamento e inmoló a Ctonia, una de ellas, y las demás se precipitaron desde unos peñascos, por haber jurado antes que si moría una, las demás la seguirían. Erecteo venció a Eumolpo, hijo de Poseidón, y su padre, por vengarlo, lo hirió con su tridente.

[26] Los mitólogos no dicen que Eolo fuese padre de Juto, sino Helén. Apolod. Bibliot., lib. I, cap. 7. dice así: Ἕλληνος δὲ καὶ Νύμφης Ὀρσηΐδος, Δῶρος, Ξοῦθος, Αἴολος. De Helén y de la ninfa Orseida fueron hijos Doro, Juto y Eolo. Doro fue el tronco de los dorios; Juto, de los aqueos; Eolo, de los eolios, e Ion, el protagonista de esta tragedia, de los jonios, los cuales pasaron al Asia Menor y fundaron Éfeso, Mileto, Miunte, Lébedos, Colofón, Priene, Teos, Eritras, Focea, Clazomene, Quíos y Samos. Así lo contaba la tradición, aunque la historia diga que todo esto sucedió dos siglos antes, cuando los heráclidas invadieron el Peloponeso y arrojaron de allí a los aqueos, los cuales expulsaron a su vez a los jonios, que fundaron las doce colonias mencionadas.

[27] Trofonio y Agamedes fueron dos hermanos, famosos arquitectos que edificaron el templo de Apolo en Delfos. Hirieo, rey de Orcómeno, los llamó para que construyesen su tesoro. Así lo hicieron, en efecto, aunque con tanta malicia que, de noche, por una puerta secreta, entraban en él y robaban a Hirieo. Súpolo este, que los cogió en un lazo, y Trofonio, para que su hermano no le descubriese, le cortó la cabeza y pudo huir con tan sangriento despojo, muriendo a poco en una caverna cerca de Lebadea (Beocia). Apolo, agradecido porque le había edificado su templo, le concedió el don de profetizar lo futuro. Pausanias cuenta (Beot., IX, 39) que cuando alguno quería consultarlo debía pasar muchos días purificándose en el templete o capilla de la Buena Dicha (δαίμονος ἀγαθοῦ καὶ τύχης). Bañábase en el arroyo llamado Hercina y solo comía carne consagrada de la que se sacrificaba a unos seis dioses, probada por un sacerdote para declarar si Trofonio lo recibiría benévola o agriamente. El ánimo y más solemne sacrificio era el de un carnero, que se inmolaba en un hoyo llamado Agamedes. Si los augurios eran favorables, llevábanlo a las aguas de Hercina, en donde dos muchachos de trece a catorce años lo ungían y lavaban; de allí lo llevaban los sacerdotes al nacimiento de dicho arroyo, en donde bebía nuevamente el agua del olvido y el de la memoria; después le enseñaban la estatua de Trofonio, obra de Dédalo, y la adoraba. Poníanle un saco de lino y le daban su calzado. El oráculo estaba en una montaña, y la caverna no era natural, sino obra de los hombres y regular su figura. Para bajar a ella tenía que valerse de una estrecha escalera y había de llevar en cada mano una torta hecha con miel. En esta caverna había un hoyo de una braza de alto y dos de ancho en donde se colocaba el curioso para conocer las respuestas de Trofonio, que consistían en visiones o en voces articuladas e inteligibles. Las tortas estaban destinadas a las culebras que se criaban allí. Recibíanlo los sacerdotes a la salida, que tardaba más o menos tiempo, y lo sentaban en la silla del recuerdo, preguntándole lo que había visto u oído. Entregábanlo luego al cuidado de sus servidores, los cuales le transportaban a la capilla de la Buena Dicha, en donde volvía en sí al cabo de algún tiempo.

[28] Como el oráculo de Delfos era tan célebre en toda Grecia, de aquí también que se le hiciesen ricas ofrendas y presentes de todo género, como esclavos, vasos sagrados, obras de arte, etc. El respeto y la veneración que le profesaban todos los griegos hizo que depositasen en él sus tesoros, cuya posesión más tarde, cuando las creencias religiosas no eran tan vivas, produjeron la guerra sagrada (355 a 345 antes de Jesucristo) y la invasión de los galos, mandados por Breno (278 antes de Jesucristo).

[29] Nosotros decimos, al contrario, que mal de muchos es consuelo de tontos. Pensando cristianamente, no debemos nunca regocijarnos de las desdichas ajenas, aunque sean semejantes a las nuestras, pero como no todos piensan así, lo más común es sentir y expresar lo contrario, ya porque la soledad de los males nos horroriza, ya porque así creemos que de este modo apreciarán los demás en su justo valor nuestros sufrimientos, experimentándolos en propia cabeza. Tal parece ser el sentido de estas palabras de Ion.

[30] Este principio desenvuelve el poeta en La Andrómaca, pues Neoptólemo, el hijo de Aquiles, muere en Delfos por haber osado acusar a Febo como autor del asesinato de su padre.

[31] Rasgo de benevolencia hacia el bello sexo, rarísimo en Eurípides, pues ya dice que hay mujeres buenas, lo cual para él es mucho decir.

[32] Esto es, con Apolo, porque la invocación es a Leto. Estas palabras envuelven dos sentidos: el uno se refiere al anterior agravio que Creúsa recibió de Febo y a la esperanza de que lo repare, y el otro es el de significar un vago deseo, cuyo fundamento no pueden penetrar los demás interlocutores.

[33] Sin duda la pena del estuprador era una multa pecuniaria, y por esto dice Ion que estos dioses, para pagarlas, tendrían necesidad de desprenderse de las riquezas acumuladas en sus templos.

[34] Ilitía, genialis tori custos, como le llama Séneca, diosa que presidía a los partos. Según unos, era advocación de Artemisa o Hera, y según otros, una deidad, distinta de ellas, hija de esta última.

[35] Según algunos mitólogos, Atenea salió armada de la cabeza de Zeus, con la cooperación de Hefesto; según otros, del titán Prometeo.

[36] Νίκη, Victoria, sobrenombre de Atenea, bajo cuya advocación tenía un santuario en la ciudadela de Atenas.

[37] «Cuando se baja de la ciudadela (dice Pausanias, cap. I, 28, 4), antes de llegar a la ciudad que yace a su falda, en dirección de los Propileos, se encuentra una fuente, y, junto a la eminencia, un santuario consagrado a Pan y Apolo. En él, según se dice, se unieron Apolo y Creúsa, la hija de Erecteo». Esta capilla o santuario (Herod., VI, 105) se edificó después de la batalla de Maratón, cuando el dios llamó al correo Fidípides, encargado de pedir socorro a los espartanos, al monte Partenio, y reprendió a los atenienses porque descuidaban su culto, prometiéndoles ayudarle en la guerra. Desde entonces se le honró allí con sacrificios cotidianos y con antorchas. Así es que su culto y el de las hijas de Aglauro se celebraba al mismo tiempo, ya en razón al lugar en donde estaban sus templos, ya porque estas otras divinidades locales protegían, como Pléyades, los campos y ganados. Sus capillas estaban, sin duda, hacia el mismo paraje de la ciudadela, en su parte más elevada, y como a la mitad de ella (Herod., VIII, 53). Su fiesta (según Hesiquio) se denominaba πλυντήρια, pues se confundían con las Pléyades, como hemos dicho, y sus nombres Ἕρση y Πάνδροσος, aludían al rocío; de aquí que su culto se trueque con el de Atenea, pues en el templo de esta, en lo alto del alcázar, se hallaba la oliva sagrada, apellidada (Apolod., III, 14, 1-2) πανδρόσιον. Las hijas de Aglauro formaban una especie de trinidad, como las Gracias; y así como estas bailaban con las Musas y las Ninfas (Horac., 88, I, 4, 6) y las Nereidas en la mar, y las Sílfides del norte al claro de la luna, y Dioniso con las Ménades todas las noches en el Parnaso, así también estas tres hermanas bailaban con Pan, que las acompañaba tocando la flauta, como Apolo acompañaba a las Musas con la lira.

[38] El texto dice οὐ πέδον τίκτει τέκνα, la tierra no engendra hijos, negación de muchas fábulas que aseguran lo contrario, y que contradice las creencias de algunos pueblos que se miraban como autóctonos, contándose entre ellos los atenienses. Eurípides ha dicho antes también que Erecteo era hijo de la Tierra.

[39] Esto mismo viene a decir Aristófanes en Las Nubes, 603, cuando exclama: Παρνασσίαν θ᾽ ὃς κατέχων πέτραν σὺν πεύκαις σελαγεῖ Βάκχαις Δελφίσιν ἐμπρέπων, κωμαστὴς Διόνυσος.

[40] Recuérdese que el coro está compuesto de esclavas de Creúsa.

[41] Sabido es que los pueblos gentílicos se enorgullecían mucho de esta cualidad, y que los atenienses no eran de los menos vanos en esta parte. Tal empeño provenía en parte del deseo que han mostrado casi todos los pueblos de hacer creer a los demás en su antigua existencia, causa de infinitos errores, así cronológicos como históricos, en el natural anhelo de alegar un título más legítimo de posesión y dominio que los venidos después al mismo lugar, y por último, en el carácter egoísta y exclusivo de esos antiguos estados. La historia y las sagradas letras a un tiempo niegan terminantemente la verdad de tales asertos.

[42] Este discurso de Ion es notable en más de un concepto, así por la dulce serenidad que todo él respira, cuanto por lo apropiado a su situación y a su carácter. Diríase que ha sido la fuente en donde bebió el maestro León el aromático néctar que perfuma a algunas de sus más celebradas odas, si no supiéramos que en ellas se advierte ese descontento de todo lo mundano, esa eterna e inextinguible aspiración a algo más elevado que no se puede encontrar en la tierra, diferencia capital y característica entre la poesía gentílica y la cristiana.

[43] En griego, Ἰών, participio de aor. 2, del verbo εἶμι, voy.

[44] El texto griego vulgar dice así: Ἔχει δόλον τύχαν θ᾽ ὁ παῖς, cuya traducción literal es esta: habet dolum fortunamque hic puer. Tyrwhitt vierte así la frase: fortunam dolo et astutia comparatam; Theobaldo Fix, dolum et sinistri aliquid; pero el primero supone que el texto no escribe δόλον, sino δόλιον, lo cual no es cierto, y el segundo no justifica su versión, puesto que la de su texto es la que nosotros damos más arriba. En esta duda apelamos, como de ordinario, al sentido y a los antecedentes y consiguientes del verso, que pueden explicárnoslo, y no vacilamos en adoptar la corrección de Hartung y, por grande que sea el respeto que el texto deba merecernos, el cual, a nuestro juicio, debe posponerse cuando no sea inteligible, como ahora sucede. El coro, llevado de ese espíritu de exclusivismo que distingue a los ciudadanos de los antiguos estados, habla una y otra vez de extranjeros, y parece temer que, además de Juto, entre algún otro en la real familia, que mañana pueda ser su soberano. A nuestro parecer, este verso alude a ese temor, y en su consecuencia aceptamos la sustitución de κρύφιον por τύχαν.

[45] Porque Juto era también extranjero, según antes hemos visto, cuya circunstancia concurre también en Ion.

[46] Según dice Estrabón (IX, 3, pág. 288, 17, El Parnaso), en su parte meridional forma con sus peñascos una especie de anfiteatro; en una de sus cimas estaba el oráculo y la ciudad, abrazando el espacio de una media legua. Allí yacía también Licorea, en cuyo lugar se edificó después Delfos y el templo de Apolo. Cerca estaba la fuente Castalia.

[47] Como las mujeres no son de ordinario fieles guardadoras de secretos, y Eurípides tenía formada de ellas idea bien poco favorable, no es extraño que revelen el misterio a su dueña, no obstante las amenazas de Juto. Adviértase además que para ellas es extranjero, y Creúsa ateniense y del linaje de Erecteo, y, por último, que de ordinario la mejor manera de difundir un secreto es encargar que se guarde.

[48] Ya antes de ahora hemos visto repetidas veces que los personajes de Eurípides expresan este deseo en situaciones análogas. Suelen añadir que anhelan hundirse en las entrañas de la tierra, o precipitarse desde empinada roca. Así lo leemos en Hécuba, Orestes, Las Fenicias, Heracles furioso y en Helena.

[49] Alude aquí Eurípides, en boca del Pedagogo, a la frecuencia con que los mortales cohonestaban sus maldades invocando la intervención de los dioses. Ya hemos visto en Orestes que Helena atribuye a Afrodita toda la culpa de sus escándalos, y que los dioses, especialmente Zeus, sirvieron no poco a muchas mujeres griegas para santificar sus adulterios y liviandades.

[50] En Las Fenicias, versos 363 y 364, dice también Polinices, hablando con Yocasta:

ὡς δεινὸν ἔχθρα, μῆτερ, οἰκείων φίλων,
καὶ δυσλύτους ἔχουσα τὰς διαλλαγάς.

[51] Esta laguna Tritónide se halla en el África propiamente dicha (hoy llamada Farooun o El Laudeah) hacia el sur, y en comunicación con otro lago denominado Palus Lybica. Heródoto dice que en la laguna Tritónide desagua el caudaloso río Tritón. Píndaro apellida Tritón a un golfo desconocido; en la Beocia había un arroyuelo de este mismo nombre; y Apolonio, en sus Argonautas, llama así al Nilo. Esta voz Τρíτων parece derivada de τρέω, tremo, y a Atenea se le daba el nombre de Τριτογένεια, según cierto mito, acaso de origen egipcio, que la hacía hija de Poseidón y de la ninfa Tritónide. Lucano, en su Fars., IX, 350-4, se expresa de este modo:

Hanc et Pallas amat, patrio quae vertice nata
Terrarum primam Libyen... tetigit, stagnique quieta
Vultus vidit aqua, posuitque in margine plantas,
Et se dilecta Tritonida dixit ab unda.

[52] Alude aquí Eurípides a la lira primitiva, compuesta de dos cuernos unidos por la base y sujetos a cierta distancia por la extremidad, desde la cual hasta la primera bajaban cuatro, seis o siete cuerdas, de donde el nombre de tetracordon o hexacordon con que se le distingue. Tal es la forma con que se representa la lira en algunas urnas funerarias.

[53] Llamose Flegra cierto paraje de Palene, península de la Macedonia, en donde se suponía que pelearon dioses y gigantes, y otro cerca de Bayas y de Cumas, en Italia.

[54] El adjetivo γοργὸς, ὴ, ὸν, terrible, vivo, activo, ardiente, violento, rápido, parece derivatio de ὀργὴ, ῆς, pasión, orgullo, crueldad, sed de venganza. Todos saben que Γοργώ era un atributo esencial de Atenea, cuyo escudo αἰγίς (de ἀΐσσω) hace temblar el orbe. Hesiquio dice que γοργόνις y αἰγίδες significan lo mismo. Γοργωπός indica una mirada ceñuda, como el torvus o trux latino. Ahora bien: si γοργίδες equivale a ἰοκεανίδες, y γοργάδες a ἁλιάδης (Hesiquio), indudablemente aluden a cierta propiedad de la mar, a su cólera y violentas tempestades. Adviértase que Forcis, el padre de las Gorgonas, habitaba en la extremidad de la tierra, en el profundo mar, y que Ceto, su madre, era una de las nereidas.

[55] Se da en Anatomía el nombre de vena cava (de cavus, cóncavo), sin duda a causa de su diámetro considerable, a dos venas por las cuales vuelve al corazón la sangre del cuerpo; una es la vena cava torácica, llamada también superior o descendente, y otra la vena cava abdominal, inferior o ascendente.

[56] El hallazgo del hijo, que para Juto no es de Creúsa, y a quien le conviene ocultárselo.

[57] Estas máximas son inmorales en alto grado, porque si solo hemos de ser piadosos mientras nos favorezca la fortuna, debemos ser impíos cuando nos aflija, esto es, casi siempre. Tampoco se puede asentar de una manera tan absoluta que podemos hacer daño a nuestros enemigos. Nuestra religión no solo lo prohíbe terminantemente, sino que nos manda amarlos; y entre los gentiles no eran lícitos todos los medios de ofensa, ni en todos los casos.

[58] Esta es la Hécate, invocada por los mágicos y por los criminales, de quien hablamos ya en Las Fenicias, al verso 108.

[59] El 20 del mes βοηδρομιών (septiembre y octubre) salía de Atenas una procesión hacia Eleusis llevando la estatua de Dioniso, y en la fuente Calícoro las mujeres de Eleusis danzaban en coros y alababan al dios con sus cantos. Plut. Phoc., c. 28, pág. 754; Pausan., I, 38, 6, página 93. El escol. a las Ran. de Aristófanes, v. 323. Llamábanse las Vigésimas porque se celebraban el 20 de dicho mes, y, según indica el coro, los extranjeros no podían tomar parte en ellas.

[60] Ya hemos dicho que el Parnaso tenía dos cumbres, y que en una de ellas brillaban de noche las antorchas que alumbraban a los devotos de Dioniso.

[61] Orión, hijo de Hirieo, nació de la piel de un buey, con cuya carne obsequió aquel a Zeus, Poseidón y Hermes en una de sus correrías, por cuya razón los dioses le premiaron concediéndole un hijo en su vejez. Astuto e infatigable cazador, desafió a Artemisa, o según otros, desdeñó su amor. Ella se vengó suscitándole un escorpión, que lo mordió, de cuyas resultas falleció. A sus ruegos, sin embargo, debió después ser trasladado al cielo, en donde forma una constelación de las más brillantes.

[62] Se le adoraba bajo la figura de una serpiente.

[63] El árbol de la mirra es descrito por Plinio, XII, 15, 16, Sect. 33-35. Crecía en la Arabia y en las islas, ya espontáneamente, ya merced al cultivo humano, y llegaba hasta la altura de cinco varas. Dos veces al año se le hacía una hendidura a lo largo del tronco, y de ella manaba el perfume. Plinio afirma que la mejor manaba naturalmente del árbol.

[64] Tal era la costumbre de los griegos, según dice Dióg. Laerc. Anach. (1, 8, 5, 104): καὶ θαυμάζειν φησὶ, πῶς Ἕλληνες ἀρχόμενοι μὲν ἐν μικροῖς πίνουσι, πλησθέντες δὲ ἐν μεγάλοις.

[65] Cualquier ruido que se oyese al celebrar un sacrificio, como el de escupir, toser, quejarse, respirar, etcétera, se miraba como de mal agüero. Por esto se imponía silencio antes de comenzar, y si involuntariamente se rompía, los romanos le llamaban dirae, y los griegos, βλασφημίαι. Teofrasto, al trazar el carácter del imprudente, dice que cuando su madre quiere consultar las aves, las interrumpe con sonidos de mal agüero: εἰς ὀρνιθοσκόπον τῆς μητρὸς ἐξελθούσης, βλασφημῆσαι.

[66] Había dos ciudades con el nombre de Biblos, una en Fenicia, a la orilla del mar, entre Trípoli y Beirut, célebre por el culto que se tributaba en ella a Tammuz (el Adonis griego); y la otra en el bajo Egipto, a igual distancia de los brazos de mar Artabequico y Termatiaco. Es probable, sin embargo, que el poeta aluda aquí a cierto paraje de la Tracia llamado βιβλίνη, celebrado por sus vinos, Aten. I. 31. B., o a un arroyuelo de Naxos citado por Delio en Steph. Byz., y Simo en Etym. M., pág. 197.

[67] El texto griego dice así: γυμνὰ δ᾽ ἐκ πέπλων μέλη ὑπὲρ τραπέζης ἧχ᾽ ὁ μαντευτὸς γόνος, cuya traducción latina es la siguiente: nuda tum ex pallio membra supra mensam proyecit vaticinio declaratus filius. Musgrave, sin asustarse de lo ridículo que parece su versión, asegura que Ion se sube desnudo sobre la mesa y habla después con los convidados. M. Artaud se expresa de esta manera: Alors le fils désigné par l’oracle dechire ses vêtements, il se roule sur la table, et s’écrie. Nosotros, aunque desconfiamos del acierto, nos limitamos a decir que, descubriendo su pecho, arengó a los convidados, omitiendo su ascensión a la mesa, por parecernos ridículo, innecesario y no autorizado por el texto, que, usando de la palabra μέλη, no dice que desnudo se subiera en la mesa, sino que solo ciertas partes del cuerpo, esto es, sus brazos al hablar.

[68] Recuérdese que Creúsa había ido a la hospedería del templo de Delfos.

[69] Apolod., III, 15, 1, dice así: Γήμας δὲ Ἐρεχθεὺς Πραξιθέαν τὴν Φρασίμου καὶ Διογενείας τῆς Κηφισοῦ, ἔσχε παῖδας Κέκροπα, Πάνδωρον, Μητίονα, θυγατέρας δὲ, Πρόκριν, Κρέουσαν, Χθονίαν, Ὠρείθυιαν, ἣν ἥρπασε Βορέας. «Erecteo se casó con Praxitea, hija de Fráximo y de Diogenía, la hija del Cefiso, y engendró a Cécrope, Pandoro y Metión, varones, y a Procris, Creúsa, Ctonia y Oritía, a la cual robó Bóreas». Sabido es que el Cefiso es un riachuelo que nacía en el monte Parnés, bañaba los muros de Atenas, y atravesando el Pireo, desembocaba en el golfo Sarónico. Ion lo llama padre, como de ordinario se hace siempre con los ríos.

[70] Las aras y altares consagrados a los dioses solían estar adornados de guirnaldas del árbol especial que cada uno amaba. Así es probable que estas fuesen de laurel. A veces el mismo escultor las representaba en la piedra. Ovid., Trist., V. eleg. 5, v. 9, dice:

Araque gramineo viridis de caespite fiat,
Et velet tepidos nexa corona focos.

[71] El cestillo y las envolturas.

[72] Esta ἀναγνώρισις, o reconocimiento, está perfectamente trazada y desenvuelta, y bastaría para dar a Eurípides preciada palma de poeta dramático. No hemos querido interrumpir la lectura con notas impertinentes, ya por ser innecesarias, ya para dejar libre al lector de saborear sus clásicas bellezas. Todo camina naturalmente, sin afectación ni violencia, y al mismo tiempo que recrea nuestro ánimo y nos interesa, pinta dulcísimos afectos perdurables y eternos para el hombre. La ansiedad de Creúsa, viéndose amenazada de muerte; la ira su hijo, la esperanza que agita a aquella al ver el cestillo, su resolución de dejar el ara, sin acordarse ya del peligro; la sorpresa de Ion, los tiernos abrazos de ambos al reconocerse, el deseo legítimo del hijo de que su padre participe también de su dicha, el dolor de la madre, obligada a revelar su falta a su propio hijo; las dudas de este y la delicadeza con que las expone, sin faltar al respeto de su madre, todo esto es bello en sumo grado y digno de nuestro estudio.

[73] Heródoto, lib. V, c. 66, dice así: μετὰ δὲ (Κλεισθένης), τετραφύλους ἐόντας Ἀθηναίους δεκαφύλους ἐποίησε, τῶν Ἴωνος παίδων Γελέοντος καὶ Αἰγικόρεος καὶ Ἀργάδεω καὶ Ὅπλητος ἀπαλλάξας τὰς ἐπωνυμίας, ἐξευρὼν δὲ ἑτέρων ἡρώων ἐπωνυμίας ἐπιχωρίων...; pero después Clístenes dividió en diez las cuatro tribus atenienses, mudando sus nombres, que eran los de los hijos de Ion, Geleón, Egícoro, Argadeo y Hoples, e inventó otros en su lugar alusivos a héroes indígenas.

[74] Hacia el año 1440 los jonios invadieron la Ogigia occidental y la Egialea, y dieron a estos dos países su nombre (después el Ática y la Acaya). Cuando los dorios penetraron en el Peloponeso (1190), los jonios de la Egialea, expulsados por los aqueos, se refugiaron en el país de sus hermanos del Ática; pero como esta hallábase ya muy poblada de eolios, corintios y epidauros, se dirigieron, al mando de Neleo y de otros hijos de Codro, a las Cícladas y a la costa occidental del Asia Menor y a las islas vecinas, y fundaron las doce ciudades de la Jonia. Fue un pueblo muy civilizado, y dejó su nombre a un dialecto, a un modo de la música, y a un orden arquitectónico.

[75] Los dorios habitaban primero al pie del Eta; apoderáronse después de la Histiótide; y cuando los arrojaron de ella los cadmeos, se fijaron a la falda del Pindo y se llamaron macedones. Unidos después con los melieos de Traquinia, se posesionaron de la Driópide, que tomó el nombre de Dórida. Subyugaron luego la Hemonia, abandonándola en seguida, y atacando dos veces vanamente el Peloponeso, del cual se apoderaron al fin, unidos con los Heráclidas y los eolios. Conquistaron también a Mégara y la isla de Creta, y fundaron diversas colonias, como Rodas, Bizancio, Siracusa, etc.

[76] La Acaya fue una región del Peloponeso habitada desde 1184 por los aqueos ftióticos, que le dieron su nombre, expulsando de ella a los jonios. Formaban una federación de doce ciudades.

[77] Río, promontorio de la Acaya, a la entrada del golfo de Corinto.

[78] Esta Tebas asiática, distinta de la griega de Epaminondas, arrasada por Alejandro, y de la egipcia, famosísima todavía por sus ruinas, no se encuentra siquiera mencionada en los diccionarios geográficos.

[79] Llama insular a Neoptólemo por haber nacido en Esciros, isla próxima a Tesalia.

[80] Ambas ciudades formaban parte de la Tesalia meridional, aunque pertenecían a regiones diversas, porque Ftía correspondía a la Ftiótide, y Farsalia a la Histecoide.

[81] Hermíone, hija de Helena y Menelao, hermano de Agamenón.

[82] La última parte del soliloquio de Andrómaca declara cuál es el fundamento religioso y tradicional de esta tragedia, como indicamos en el Argumento. El uso de los prólogos de nuestro poeta, como signo para muchos de su falta de capacidad dramática para intercalarlos en la acción, en la forma ordinaria, no satisface a nadie. Los inteligentes teóricos y prácticos en tales asuntos saben todos perfectamente que es una de las tareas más fáciles del autor dramático. Suponer, por tanto, que Eurípides no pudiera hacerlo, es con toda evidencia tan absurdo como inverosímil. Su origen o su causa verdadera nos es desconocida.

[83] Hay aquí dos palabras griegas, parte de una frase elíptica, πόθεν, de dónde, de qué, que se ha traducido de distintas maneras. Naturalmente, preferimos la nuestra, más conforme, a nuestro parecer, con el texto y con el buen sentido.

[84] Empieza el poeta a emprenderla con el bello sexo, y continúa poco después en las palabras de Andrómaca.

[85] Hermíone no puede responder al coro sin haber oído antes preguntas, acusaciones o alusiones que lo justifique; y como ni consta así por el texto, ni se indica tampoco en las palabras del coro nada que exprese sorpresa alguna por este de la posibilidad siquiera de haber sido escuchado, hay que suponer, o que faltan algunos versos perdidos para nosotros, o que oyera Hermíone, ignorándolo en absoluto el mismo coro, algo que le molestara y que le arrancara su respuesta, de otro modo inexplicable.

[86] Nombre de varios ríos de la antigua Grecia. El texto dice: δρóσον, rocío.

[87] Andrómaca, según costumbre de Eurípides, censurada por Aristófanes en Los Acarnienses, debía aparecer en la escena macilenta, flaca y mal vestida, y así se desprende de sus frases rebosando amarga ironía.

[88] Lugar del nacimiento de Neoptólemo, que tuvo por padres a Aquiles y Deidamía.

[89] La abnegación de Andrómaca antójasenos excesiva.