WeRead Powered by ReaderPub
Orígenes de la novela, Tomo II cover

Orígenes de la novela, Tomo II

Chapter 32: ARGUMENTO DEL TERÇERO CANTO DEL GALLO
Open in WeRead

Explore more books like this:

About This Book

Una introducción crítica traza el desarrollo de la narrativa breve hispánica y su relación con modelos europeos, examinando géneros, fuentes, temas y técnicas narrativas. Seguidamente se ofrecen ediciones transcritas de cuentos y novelas de los siglos XV y XVI acompañadas de notas y aparato crítico que comentan estilo, léxico, ortografía y rasgos tipográficos. El volumen explica los criterios de transcripción adoptados, preserva intencionalmente errores y variantes cuando ayudan a la comprensión histórica, y contextualiza cada texto para mostrar cómo circulaban influencias y fórmulas narrativas en ese periodo.

ARGUMENTO
DEL TERÇERO CANTO DEL GALLO

En el terçero canto que se sigue el auctor imita á Luçiano en todos sus dialogos: en los quales siempre reprehende á los philosophos y Religiosos de su tiempo[320].

Miçilo.—Esme tan sabrosa tu musica, o gallo, que durmiendo te sueño, y imagino que á oyrte me llamas. Y ansi soñando tu cançion tan suaue muchas vezes me despierto con deseo que mi sueño fuesse verdad o que siendo sueño nunca yo despertasse. Por lo qual agora avn no has tocado los primeros puntos de tu entonaçion quando ya me tienes sin pereza muy despierto con cobdiçia de oyrte: por tanto prosigue en tu graçiosa cançion.

Gallo.—Neçesitado me tienes o Miçilo á te conplazer pues tanto te aplaze mi dezir. Y ansi yo procurare con todas mis fuerças á obedeçer tu mandado. Y pues me pediste te dixesse algo del estado de los philosophos, dexemos los antiguos gentiles que saber agora dellos no hará á tu proposito, ni a mi intinçion. Pero pues en los cristianos han professado y suçedido en su lugar los eclesiasticos por ser la mas incunbrada philosophia la euangelica: por tanto quiero hablar deste proposito: y dezirte de vn poco de tiempo que yo fue vn clerigo muy rico.

Miçilo.—¿Y en qué manera era esa riqueza?

Gallo.—Serui a vn obispo desde mi niñez: y porque nunca me dio blanca en todo el tienpo que le serui hizome clerigo harto sin pensarlo yo: porque yo nunca estudié, ni lo deseé ser.

Miçilo.—Tal clerigo serias tú despues.

Gallo.—La vida que despues tube te lo mostrará. En fin procuróme pagar el obispo mi amo con media dozena de beneffiçios curados que me dio.

Miçilo.—Por cierto con gran carga te pagó[321] odiaslos todos tener y seruir?

Gallo.—No que descargauame yo: porque luego hallaua quien me los tomaua frutos por pension.

Miçilo.—Por Dios, que era ese buen disimular. Para mi yo creo que si tú ordeñas la leche y tresquilas la lana, quiero dezir: que si tú gozas los esquilmos del ganado tú te quedas el mesmo pastor. O me has de confessar que los hurtas al que los ha de auer.

Gallo.—Por Dios, gran theologo eres. No querria yo çapatero tan argutivo como tú. A la fe pues sabete que passa eso comunmente el dia de oy. Y ansi yo me lleué de seys beneffiçios curados los frutos por pension cada año que montauan mas de treçientas mil marauedises. Con esto sienpre despues que mi amo murio vibi en Valladolid vna villa[322] tan suntuosa en Castilla, donde sienpre[323] reside la corte real. Y tanbien concurren alli de todas differençias de gentes, tierras y naçiones por residir alli la Cançilleria audiençia principal del reyno. Traya á la contina muy bien tratada mi persona con gran aparato de mula y moços. Y con este fausto tenia cabida y conuersaçion con todos los perlados y señores, y por me entretener con todos con vnos fingia negoçios, y con otros procuraua tenerlos verdaderos, propios o agenos. En fin con todos procuraua tener que dar y tomar, y ansi en esta manera de vida passé mas de treynta años los mejores de mi edad sobre otros treynta que en seruiçio del obispo passé.

Miçilo.—Por cierto no me pareçe esa vida: sino morir.

Gallo.—En este tienpo yo gozé de muchas fiestas, de muchas galas: y inuençiones. Era de tanta dama querido, requerido y tenido quanto nunca galan cortesano lo fue. Porque demas de ser yo muy auentajado y platico en la cortesania tenia más, que era muy liberal.

Miçilo.—Por Dios, bien se gastauan[324] los dineros de la iglesia: que dizen los predicadores que son hazienda de los pobres.

Gallo.—Pues dizen la verdad; que porque la hazienda de la iglesia es de los clerigos se dize ser de los pobres porque ellos no tienen ni han de tener otra heredad: porque ellos suçedieron al tribu de Leui: á los quales no dio Dios otra posesion.

Miçilo.—Por Dios[325], Gallo, mejor argumentas tú que yo, y avn esa me parece grandissima razon para que los señores seglares no deuan lleuar los diezmos de la iglesia, pues ellos tienen sus mayorazgos y rentas de que se mantener.

Gallo.—Y avn otra mayor razon ay para eso, y es: que los diezmos fueron dados a los sacerdotes porque rueguen a Dios por el pueblo, y por la administraçion de los[326] sacramentos. Y ansi porque[327] los seglares no son habiles para los administrar, por tanto tengo yo[328] por aueriguado que no pueden comer[329] los diezmos. Y que ansi de todos los que lleuaren seran obligados a restituçion.

Miçilo.—O valame Dios, qué praticos estais en lo que toca a la defensa destos vuestros bienes y rentas tenporales, cómo mostrais estar llenos de vuestra canina cobdiçia. ¡Si la meytad de la cuenta hiziessedes de las almas que teneis a vuestro cargo!

Gallo.—Pues sienpre es esa vuestra opinion, que los seglares no querriades que ningun clerigo tuuiesse nada, ni avn con que se mantener.

Miçilo.—Pues qué malo seria? Antes me pareçe que les seria muy mejor, porque más libremente podrian entender en las cosas spirituales para que fueron ordenados, sino se ocupassen en las temporales; y avn yo os prometo que si el pueblo os viesse que haziades lo que deuidades a vuestro estado, que no solo no os lleuassen la parte de los diezmos que dezis que os lleuan, pero que os darian mucho más. Y avn si bien miramos el papa, cardenales, obispos, curas y todos los demas de la iglesia[330], ¿cómo hallas que tienen tierras, çiudades y villas y rentas sino desta manera? Porque los enperadores y reyes y prinçipes passados vista su bondad les dauan quanto querian para se mantener. Y pues ansi lo tienen y poseen, ya que los que agora son se lo quitasen ¿porqué con pleytos y mano armada lo han de defender?[331]. Que estan llenos los consejos reales, audiençias y chançillerías de frayles y clerigos; de comendadores y religiosos. Que ya no ay en estos publicos y generales juizios otros pleytos en qué entender sino en[332] eclesiasticos. Veamos ¿si a Jesucristo en cuyo lugar estan le quitaran la capa estando en el mundo, defendierala en juizio o con mano armada?

Gallo.—No, pues avn la vida no defendio, que antes la ofreçio de su voluntad por los honbres.

Miçilo.—Pues por eso reniego yo de vosotros[333] que todos quereis[334] que os[335] guarden vuestros[336] preuillegios y exençiones; ser tenidos honrrados y estimados de todos, diziendo que estais[337] en lugar de Cristo[338] para lo que os[339] toca de vuestra[340] propria estima y opinion, y en el hazer vosotros[341] lo que soys[342] obligados, que es en el recogimiento de vuestras[343] personas y buena fama y santa ocupacion; y en el menospreçio de las tenporales haziendas y posesiones no diferis[344] de los más crueles tiranos soldados que en los exerçitos ay.

Gallo.—Valame dios, quan indignado estas contra los eclesiasticos que los conparas con aquellos malos y peruersos y desuella caras[345].

Miçilo.—Por cierto avn no estoy en dos dedos de deziros que avn soys peores, porque soys mucho mas perniçiosos a toda la republica cristiana con vuestro mal exenplo.

Gallo.—¿Por que?

Miçilo.—Porque aquellos no han hecho profesion de ministros de dios como vosotros, ni les damos a ellos de comer por tales como a vosotros, ni ay nadie que los quiera ni deua imitar como a vosotros, y por tanto con sus vidas no hazen tanto daño como vosotros hazeis. Pues dezidme ¿teneis agora por cosa nueua, que todo quanto los eclesiasticos poseeis os lo dieron por amor de dios?

Gallo.—Ansi es verdad.

Miçilo.—Pues claro está que todos los verdaderos cristianos con tal condiçion poseemos estos bienes tenporales que estamos aparejados para dexarlos cada vez que vieremos cumplir a la gloria y honra de Jesucristo y a su iglesia y al bien de su cristiandad.

Gallo.—Tú tienes razon.

Miçilo.—¿Pues quanto mas de veras lo debria de hazer el pontifiçe, el cardenal, el obispo y ansi todos los frayles y en comun toda la clereçia pues se lo dieron en limosna, y lo professan de particular profesion? Que a ninguno dixo Cristo: si te demandaren en juizio la capa, da capa y sayo? Que si preguntamos al clerigo que si dixo Cristo a él que no contendiesse en juizio sobre estas cosas tenporales diria que no lo dixo sino al frayle, y el frayle dize, que lo dixo a los obispos y perlados que representan los apostoles, y estos diran que no lo dixo sino al papa que representa en la iglesia su mesma diuina persona, y el pontifiçe dize que no sabe qué os dezis. Que a todos veo andar arrastrados y desasosegados de audiençia en audiençia, de juizio en juizio. ¿Qué ley sufre que vn guardian o vn prior de vn monesterio de San Francisco, ó de Santo Domingo, o de San hieronimo trayga vn año y diez[346] años pleyto en vna chançilleria sobre sacar vna casa o vna miserable viña que dizen conuenirles por vn su frayle conuentual?

Gallo.—Ese tal pleyto no le trae el prior ni el guardian, sino la casa.

Miçilo.—No me digas, gallo, esas niñerias. Pues quién paga el procurador y al letrado y al escribano, y al que lo soliçita? y avn como cosa a ellos natural el pleytear tienen todos estos offiçiales perpetuamente asalariados. O dezidme, qué llaman en el monesterio la casa? las paredes, piedras y texados? Dexadme que esas cosas no son para entre niños, y lo que peor es y cosa muy de risa: que de cada dia buscais nueuos juezes. Agora dezis que el Rey no es vuestro juez, agora le quereis que os juzgue, y os someteis a su tribunal. No ay ley que os ligue ni Rey que os subjete; porque soys gente sin Rey y sin ley. Que todo genero de animal hasta las ranas tienen Rey y le demandaron a Dios: y[347] vosotros los eclesiasticos quereis vibir libres y exentos. Y ansi es neçesario que quanto mas libres soys seays mas peruersos, y ya quando os sujetais a alguno dezis que ha de ser al pontifiçe solo; y a este quereis por juez porque esta muy lexos y muy ocupado; y cometiendo la causa vos eligereis juez que no os aya de matar.

Gallo.—Tú dizes, Miçilo, la verdad. Pero ¿qué quieres que se haga en tales tienpos como estos en que estamos; que si alguno el dia de oy es sufrido, manso y bueno todos se le atreuen? cada vno piensa de tomarle la capa, y avn algunas vezes es çeuar la maliçia ajena. Quiero dezir: que es dar ocasion con tanta mansedunbre a que cada vno se atreua a tomarle lo suyo; y avnque sea eso virtud euangelica pero no sé si la podria sienpre executar el honbre con prudençia euangelica avnque más fuesse obligado a ella.

Miçilo.—Mira, Gallo, si fuesse vn hombre que tiene casa[348] hijos y muger de mantener, con estado, si le tomassen lo suyo, lo que con justo titulo posee, no creo que seria prudençia euangelica dexarlo perder. Pero tengo que este tal ligitimamente lo puede cobrar; y si puede por medios liçitos de justicia defenderlo. Pero vn fraile, o perlado: y qualquiera saçerdote que es solo: y no deue tener, ni tiene cuydado de más que de su persona, yo bien creo que seria obligado a exerçitar esta virtud euangelica.

Gallo.—Por dios, si los clerigos por ay huuiessen de yr no abria honbre del mundo que no mofasse dellos, y todo el vulgo y pueblo los tuuiesse por escarnio y risa.

Miçilo.—Por çierto más obligados son todos los eclesiasticos, pontifiçe, perlados, frayles y clerigos a Dios, que no a los honbres: y más a los sabios que a los neçios. Gentil cosa es que el pontifiçe, perlados, frayles y eclesiasticos dexen de hazer lo que deuen al seruiçio de Dios y bien de sus conçiençias, y buen exenplo de sus personas, y mejora de su Republica por lo que el vulgo vano podria juzgar. Hagan ellos lo que deuen y juzguen los neçios lo que quisieren. Ansi juzgauan de Dauid porque vaylaua delante del arca del Testamento. Ansi juzgauan de Jesucristo porque moria en la cruz. Ansi juzgauan a los apostoles porque predicauan a Cristo. Ansi juzgan agora a los que muy de veras quieren ser cristianos menospreçiando la vanidad del mundo: y siguiendo el verdadero camino de la verdad. Y quién ay que pueda escusar los falsos juizios del vulgo? Antes aquello se deue de tener por muy bueno lo que el vulgo condena por malo: y por el contrario, quereislo ver? A la maliçia llaman industria. A la auariçia y ambiçion grandeza de animo. Y al maldiziente honbre de buena conuersaçion. Al engañador injenioso. Al disimulador y mentiroso y trafagador llaman gentil cortesano. Al buen tranpista llaman curial. Y por el contrario al bueno y verdadero llaman simple. Y al que con humildad cristiana menospreçia esta vanidad del mundo y quiere seguir a Jesucristo dizen que se torna loco. Y al que reparte sus bienes con el que lo ha menester por amor de Dios dizen que es prodigo. El que no anda en trafagos y engaños para adquirir honrra y hazienda dizen que no es para nada. El que menospreçia las injurias por amor de Jesucristo dizen que es cobarde y honbre de poco animo[349]. Y finalmente conuertiendo las virtudes en viçios, y los viçios en virtudes, a los ruynes alaban y tienen por bienauenturados, y a los buenos y virtuosos vituperan llamandolos pobres y desastrados. Y con todo esto no tienen mala verguença de vsurpar el nombre de cristianos no teniendo señal de serlo. Pues pareçete, Gallo, que porque el vulgo (que es la muchedunbre destos desuariados que hazen lo semejante) juzguen mal de los eclesiasticos que menospreçien los bienes tenporales y recoxan sus spiritus en la imitaçion de su maestro Cristo dexen de hazer lo que deuen? Por çierto miserable y desuenturado estado es ese que dizes que tuuiste, ¡o Gallo! Pero dexado agora eso, que despues bolueras a tu proposito: dime yo te ruego, pues todo lo sabes: quién fue yo antes que fuesse Miçilo? Si tube esas conuersiones que tú?

Gallo.—Eso quiero yo para que me puedas pagar el mal que has dicho de mí.

Miçilo.—Que dizes entre dientes? Por qué no me hablas alto?

Gallo.—Dezia que mucho holgaré de te conplazer en lo que me demandas: porque yo mejor que otro alguno te sabre dello dar razon. Y ansi has de creer, que todos passamos en cuerpos como has oydo de mí. Y ansi te digo que tú eras antes vna hormiga de la India que te mantenias de oro que acarreauas del çentro de la tierra.

Miçilo.—Pues desuenturado de mí, quién me hizo tan grande agrauio que me quitasse aquella vida tan bienauenturada en la qual me mantenia de oro, y me truxo a esta vida y estado infeliz, que en esta pobreza de hanbre me quiero finar?

Gallo.—Tu auariçia agrande y insaçiable que a la contina tuuiste te hizo que de aquel estado viniesses a esta miseria, donde con hanbre pagas tu pecado. Porque antes auias sido aquel auaro mercader ricacho, Menesarco, deste pueblo.

Miçilo.—Qué Menesarco dizes? Es aquel mercader a quien lleuaron la muger?

Gallo.—Verguença tenia de te lo dezir. Ese mesmo fueste.

Miçilo.—Yo he oydo contar este aconteçimiento de diuersas maneras a mis vezinos: y por ser el caso mio deseo agora saber la verdad: por tanto ruegote mucho que me la cuentes.

Gallo.—Pues me la demandas yo te la quiero dezir, que mejor que otro la sé. Y ante todas cosas sabras que tu culpa fue porque con todas tus fuerças tomaste por interes saber si tu muger te ponia el cuerno. Lo qual no deuen hazer los honbres, querer saber ni escudriñar en este caso mas de aquello que buenamente se los ofreçiere a saber.

Miçilo.—Pues en verdad que en ese caso avn menos debrian los honbres saber de lo que a las vezes se les trasluze y saben.

Gallo.—Pues sabras que en este pueblo fue vn hombre rico saçerdote y de gran renta: que por no le infamar no dire su nonbre. El qual como suele aconteçer en los semejantes siendo ricos y regalados, avnque ya casi a la vejez como no tuuiesse muger propria compró vna donzella que supo que vendia vna mala madre: en la qual ovo vna muy graçiosa y muy hermosa hija. A la qual amó como a si mesmo, como es propria passion de clerigos: y criola en todo regalo mientra niña. Y quando la vio en edad razonable procuró de la trasegar porque no supiesse a la madre. Y ansi la puso en compañia de Religiosas y castas matronas que la ordenassen[350] en buenas costunbres: porque pareçiesse a las virtuosas y no tuuiesse los resabios de la madre que vendio por preçio la virginidad que era la mas valerosa joya que tubo de naturaleza.

Enseñola a cantar y tañer diuersas differençias de instrumentos de musica: en lo qual fue tan auentajada que cada vez que su angelical voz exerçitaua aconpañada con vn suaue instrumento conuertia los hombres en piedra, o encantados los sacaua fuera de si, como leemos de la vihuela de Horpheo que a su sonido hazia vaylar las piedras de los muros de Troya. En conclusion la donzella se hizo de tan gran velleza, graçia y hermosura, en tanta manera que no auia mançebo en nuestra çiudad por de alto linaxe que fuesse que no la deseasse y requiriesse auer por muger. Y tus hados lo queriendo, vuscando su padre vn honbre que en virtud y riquezas se le igualasse te la ofreçio a ti. Y tú avnque te pareçio hermosa donzella digna de ser deseada de todo el mundo: como no fuesse menor tu cobdiçia de auer riquezas que de auer hermosura: por añadirte el buen clerigo la dote a tu voluntad la açetaste. Y luego como fueron hechas las bodas, como suele aconteçer en los semejantes casamientos que se hazen más por interes mundano que por Dios, Satanas procuró reboluerte por castigar tu auarienta intençion. Y ansi te puso vn gran pensamiento de dezir que tu muger no te guardaua la fe prometida en el matrimonio. Porque despues de ser por su hermosura tan deseada de todos, por fuerça te pareçia que deuia seguir la naturaleza y condiçion de su madre. Despues que passados algunos dias que se murio tu suegro, con cuya muerte se engrandeçio[351] tu posession avnque no tu contento, porque de cada dia creçian mas tus zelos y sospecha de la castidad de tu Ginebra, la qual con su canto, graçia y donayre humillaua el çielo. ¡O quantas vezes por tu sosiego quisieras más ser casado con vna negra de Guinea que no con la linda Ginebra! Y principalmente porque suçedio que Satanas despertó la soñolienta affiçion que estaua adormida en vno de aquellos mançebos, generoso y hijo de algo de quien fue seruida Ginebra antes que casasse. El qual con gran continuaçion tornó a la requerir y passear la calle soliçitandole la casa y criados. Pero a ella poco la mouio porque çiertamente te amaua a ti: y tanbien porque ella conoçia tu amor y cuydado[352] en la guardar. Pues como tú viniesses acaso a tener notiçia de la intinçion del mançebo: porque tu demasiada sospecha y zelos te lo descubrio: procuraste vuscar algun medio por donde fuesses çierto de su fidelidad. Y ansi tu diligençia y soliçitud te truxo a las manos vna injeniosa y aguda muger gran sabia en las artes magica y inuocaçion de demonios. La qual por tus dones se comouio a tus ruegos: y se ofreçio a te dezir la verdad de lo que en Ginebra huuiesse. Y ansi començando por sus artes y conjuros halló solamente que a ti solo tu Ginebra tenia fe. Pero tú çiego de tu passion porfiauas que amaua mas a Liçinio, que ansi se llamaua el mançebo. Y la maga avn por mas te asegurar vsó contigo de vna admirable pruelba. Y fue que ella tenia vna copa que obo dedemonio por la fuerça de sus encantamentos: la qual auia sido hecha por mano de aquella gran maga Morganda: la qual copa tenia tal hado: que estando llena de vino si beuia honbre al qual su muger le era herrada se le vertia el vino por los pechos y no beuia gota. Y si su muger le era casta beuia hasta hartar sin perder gota. De la qual tú beuiste hasta el cabo sin que gota se perdio[353]. Pero avn no te satisfaziendo desta prueba le demandaste que te mudasse en la figura y persona del mançebo Liçinio, que la querias acometer con prueba que se çertificasse mas su bondad por tu seguro; y ansi fingiendo en tu casa que auias de caminar çierta xornada, que serían[354] quinze dias de ausençia, la maga te mudó en forma y persona de Liçinio, y ella tomó[355] figura de vn su paje. Y tomando en tu seno muy graçiosas y ricas joyas que huuiste de vn platero te fueste para Ginebra a tu casa la qual avnque estaua labrando ocupada en sus labores rodeada de sus donzellas, por ser salteada de tu adultero deseo fue turbada toda su color y agraçiado rostro. Y ansi con el posible desdeño y aspereça procuró por aquella vez apartarte de si dandote señas[356] de desesperaçion. Pero continuando algunas vezes que para ello hallaste oportunidad te oyo con alguna mas paçiençia. Y vista tu inportunidad y las joyas que le ofreçias: las quales bastan a quebrantar las diamantinas peñas: bastaron en ella ablandar hasta mostrar algún plazer en te oyr. Y de alli con la continuaçion de tus dadiuas y ruegos fue conuençida a te faboreçer por del todo no te desesperar. Y ansi vn dia que llorauas ante ella por mitigar tu pasion comouida de piedad te dixo: Yo effetuaria tu voluntad y demanda, Liçinio, si fuesse yo çierta que no lo supiesse nadie. Fue en ti aquella palabra vn rayo del çielo del qual sentiste tu alma trespasada. Y subitamente corrio por tus huesos, venas y nieruos vn yelo mortal que dexó en tu garganta elada la boz, que por gran pieza no podiste hablar.

Y quitando a la hora la maga el velo del encanto de tu rostro y figura por tu importunidad, como vio tu Ginebra que tú eras Menesarco su marido, fue toda turbada de verguença: y quisiera antes ser mil vezes muerta que auer caydo en tan grande afrenta. Y ansi mirandote al rostro muy vergonçosa, solamente sospiraua y sollozcaua conoçiendo su culpa. Y tú cortado de tu demasiada diligençia solamente le podiste responder diziendo: De manera, mi Ginebra, que venderias por preçio mi honrra si hallasses comprador. Desde aquel punto todo el amor que te tenia le conuertio en venenoso aborreçimiento. Con el qual no se pudiendo sufrir, ni fiandose de ti, en viniendo la noche tomando quantas joyas tenia, lo mas secreto que pudo se salio de tu casa y se fue a vuscar al verdadero Liçinio cuya figura le auias representado tú: con el qual hizo verdaderos amores y liga contra ti por se satisfazer y vengar de tu neçedad. Y ansi se fueron juntos gozandose por las tierras que mas seguras les fueron: y a ti dexaron hasta oy pagado y cargado de tus sospechas y zelos. El qual veniste a tan grande estremo de afrenta y congoja que en breue tiempo moriste[357]: y fueste conuertido en hormiga y despues en Miçilo venido en tu pobreza y miseria, hecho castigo para ti y exemplo para otros.

Miçilo.—Por cierto eso fue en mí bien empleado: y ansi creo que de puro temor que tiene desde entonçes mi alma no me ha sufrido casarme. Agora prosigue yo te ruego, Gallo, en tu transformaçion.

Gallo.—Pues emos començado a hablar de los philosophos deste tiempo, luego tras este de quien emos tratado hasta aqui te quiero mostrar de otro genero de honbres en este estado: del qual yo por transformaçion partiçipé. En cuyo pecho y vida veras vn admirable misterio o modo de vibir sin orden, sin prinçipio, sin medio y sin fin. Sin cuenta passan su vida, su comer, su beber, su hablar y su dormir. Sin dueño, sin señor, sin Rey. Ansi naçen, ansi viben, ansi mueren, que en ningun tiempo piensan que ay otra cosa más que naçer y morir. Ni tienen cuenta con çielo, ni con tierra, con Dios, ni con Satanas. En conclusion, es gente de quien se pueden dezir justamente aquellas palabras del poeta Homero: Que son inutil carga de la tierra[358]. Estos son los falsos philosophos que los antiguos pintaban con el libro en la mano al reues. Y pues pareçe que es venido el dia, en el canto que sigue se prosiguira.

Fin del terçero canto del gallo.