LOS SIETE LIBROS DE LA DIANA
DE
GEORGE DE MONTEMAYOR
DIRIGIDA AL MUY ILLUSTRE SEÑOR
DON JUAN DE CASTILLA DE VILLANOUA,
SEÑOR DE LAS BARONÍAS DE BICORB Y QUESA
EPÍSTOLA
AL MUY ILLUSTRE SEÑOR DON JUAN DE CASTELLA DE BILLANOUA, SEÑOR DE LAS BARONÍAS DE BICORB Y QUESA, DE GEORGE DE MONTEMAYOR.
Aunque no fuera antigua esta costumbre, muy illustre Señor, de dirigir los autores sus obras a persona de cuyo valor ellas lo recibiessen, lo mucho que V. M. meresce assi por su antigua casa, y esclarecido linaje, como por la gran suerte y valor de su persona, me mouiera á mí y con muy gran causa a hazer esto. Y puesto caso que el baxo estilo de la obra, e el poco merescimiento del autor della, no se auia de estender a tanto, como es dirigirlo á V. M., tampoco tuuiera otro remedio, sino este, para ser en algo tenida. Porque las piedras preciosas no reciben tanto valor del nombre que tienen, pudiendo ser falsas y contrahechas, como de la persona en cuyas manos estén. Supplico á vuestra merced debaxo de su amparo y correction recoja este libro assi como el estrangero autor della recogido: pues que sus fuerças no pueden con otra cosa seruir a vuestra merced. Cuya uida y estado nuestro Señor por muchos años acresciente.
AL DICHO SEÑOR
Mecena fue de aquel Maron famoso
particular señor y amigo caro,
de Homero, (aunque finado) el belicoso
Alexandro, gozó su ingenio raro:
Y así el de Villanoua generoso
del lusitano autor ha sido amparo,
haciendo que un ingenio baxo y falto
hasta las nubes suba, y muy más alto.
DE DON GASPAR DE ROMANI, AL AUTOR
Soneto.
Si de Madama Laura la memoria
Petrarca para siempre ha leuantado
y a Homero assi de lauro ha coronado
escribir de los griegos la uictoria:
Si los Reyes tambien para más gloria
vemos que de contino han procurado
que aquello que en la uida han conquistado
en muerte se renueve con su historia,
Con mas razon serás, ¡o, excelente
Diana!, por hermosa celebrada,
que quantas en el mundo hermosas fueron.
Pues nadie meresció ser alabada,
de quien asi el laurel tan justamente
merezca más que quantos escriuieron.
HIERÓNYMO SANT PERE,
Á GEORGE
DE MONTEMAYOR
Soneto.
Parnaso monte, sacro y celebrado:
museo de Poetas deleytoso,
venido a parangon con el famoso
paresceme que estás desconsolado.
—Estoylo, y con razon; pues se han passado
las Musas, y su toro glorioso,
á este que es mayor monte dichoso,
en quien mi fama, y gloria se han mudado.
Dichosa fué en extremo su Diana,
pues para ser del orbe más mirada
mostró en el monte excelso su grandeza.
Allí vive en su loa soberana,
por todo el uniuerso celebrada,
gozando celsitud, que es más que alteza.
ARGVMENTO DESTE LIBRO
En los campos de la principal y antigua ciudad de Leon, riberas del rio Ezla, huuo una pastora llamada Diana, cuya hermosura fué extremadissima sobre todas las de su tiempo. Esta quiso y fue querida en extremo de un pastor llamado Sireno: en cuyos amores hubo toda la limpieza, y honestidad possible. Y en el mismo tiempo, la quiso más que si, otro pastor llamado Syluano, el qual fué de la pastora tan aborrecido, que no auia cosa en la uida á quien peor quisiesse. Sucedió pues, que como Sireno fuesse forçadamente fuera del reyno, a cosas que su partida no podía escusarse, y la pastora quedase muy triste por su ausencia, los tiempos y el coraçon de Diana se mudaron; y ella se casó con otro pastor llamado Delio, poniendo en oluido el que tanto auia querido. El qual, viniendo despues de un año de ausencia, con gran desseo de ver á su pastora, supo antes que llegasse como era ya casada. Y de aqui comiença el primero libro, y en los demás hallaran muy diuersas historias, de casos que verdaderamente han succedido, aunque van disfraçados debaxo de nombres y estilo pastoril[1210].
LIBRO PRIMERO
DE LA DIANA DE GEORGE DE MONTEMAYOR
Baxaua de las montañas de Leon el oluidado Sireno, á quien amor, la fortuna, el tiempo, tratauan de manera, que del menor mal que en tan triste uida padescía, no se esperaua menos que perdella. Ya no lloraua el desuenturado pastor el mal que la ausencia le prometia, ni los temores de oluido le importunauan, porque vía cumplidas las prophecías de su recelo, tan en perjuyzio suyo, que ya no tenía más infortunios con que amenazalle. Pues llegando el pastor a los verdes y deleitosos prados, que el caudaloso rio Ezla con sus aguas va regando, le vino a la memoria el gran contentamiento de que en algun tiempo allí gozado auia: siendo tan señor de su libertad, como entonces subjecto a quien sin causa lo tenía sepultado en las tinieblas de su oluido. Consideraua aquel dichoso tiempo que por aquellos prados, y hermosa ribera apascentaua su ganado, poniendo los ojos en solo el interesse que de traelle bien apascentado se le seguía, y las horas que le sobrauan gastaua el pastor en solo gozar del suaue olor de las doradas flores, al tiempo que la primauera, con las alegres nueuas del uerano, se esparze por el uniuerso; tomando a uezes su rabel, que muy polido en un çurron siempre traíaces una çampoña, al son de la qual componía los dulces versos con que de las pastoras de toda aquella comarca era loado. No se metia el pastor en la consideracion de los malos, o buenos successos de la fortuna, ni en la mudança y uariacion de los tiempos; no le passaua por el pensamiento la diligencia, y codicias del ambicioso cortesano, ni la confiança y presuncion de la Diana celebrada por solo el uoto y parescer de sus apassionados: tampoco le daua pena la hinchaçon, y descuydo del orgulloso priuado. En el campo se crió, en el campo apascentaua su ganado, y ansi no salian del campo sus pensamientos, hasta que el crudo amor tomó aquella possession de su libertad, que él suele tomar de los que más libres se imaginan. Venia pues el triste Sireno los ojos hechos fuentes, el rostro mudado, y el coraçon tan hecho a sufrir desuenturas, que si la fortuna le quisiera dar algun contento fuera menester buscar otro coraçon nueuo para recebille. El uestido era de un sayal tan aspero como su uentura, un cayado en la mano, un çurron del brazo yzquierdo colgando. Arrimose al pie de un haya, començo a tender sus ojos por la hermosa ribera, hasta que llegó con ellos al lugar donde primero auia uisto la hermosura, gracia, honestidad de la pastora Diana, aquella en quien naturaleza sumó todas las perfeciones, que por muchas partes auia repartido. Lo que su coraçon sintio imaginelo aquel que en algun tiempo se halló metido entre memorias tristes. No pudo el desuenturado pastor poner silencio á las lagrimas, ni escusar los sospiros que del alma le salian. Y boluiendo los ojos al cielo, començo a dezir desta manera: ¡Ay, memoria mia! enemiga de mi descanso, no os ocuparades mejor en hazer me oluidar desgustos presentes, que en ponerme delante los ojos contentos passados? ¿Qué dezis, memoria? Que en este prado vi á mi señora Diana. Que en el comence a sentir lo que no acabaré de llorar. Que junto a aquella clara fuente, cercada de altos y verdes sauces, con muchas lagrimas algunas vezes me juraua, que no auia cosa en la vida, ni noluntad de padres, ni persuasion de hermanos, ni importunidad de parientes que de su pensamiento le[1211] apartasse. Y que quando esto dezia, salian por aquellos hermosos ojos vnas lagrimas, como orientales perlas, que parescian testigos de lo que en el coraçon le quedaua, mandandome só pena de ser tenido por hombre de baxo entendimiento, que creyesse lo que tantas vezes me dezia. Pues espera vn poco, memoria, ya que me aueis puesto delante los fundamentos de mi desuentura (que tales fueron ellos, pues el bien que entonces passé, fué principio del mal que ahora padezco) no se os oluiden, para templar me este descontento, de poner me delante los ojos vno a vno, los trabajos, los desassossiegos, los temores, los recelos, las sospechas, los celos, las desconfianças, que aun en el mejor estado no dexan al que verdaderamente ama. ¡Ay, memoria, memoria, destruydora de mi descanso! ¡quan cierto está responder me, qu'el mayor trabajo que en estas consideraciones se passaua, era muy pequeño, en comparacion del contentamiento que a trueque dél recebia; Vos, memoria, teneis mucha razon, y lo peor dello es tenella tan grande. Y estando en esto, sacó del seno un papel, donde tenia embueltos vnos cordones de seda verde y cabellos[1212] y poniéndolos sobre la verde yerua, con muchas lagrimas sacó su rabel, no tan loçano como lo traía al tiempo que de Diana era fauorescido, y començo a cantar lo siguiente:
¡Cabellos, quanta mudança
he visto despues que os vi
y quan mal paresce ahí
esta color de esperança!
Bien pensaua yo cabe ellos
(aunque con algun temor)
que no fuera otro pastor
digno de verse cabe ellos.
¡Ay, cabellos, quantos dias
la mi Diana miraua,
si os traya, ó si os dexaua,
y otras cien mil niñerias!
Y quantas vezes llorando
¡ay!, lagrimas engañosas,
pedia celos, de cosas
de que yo estaua burlando.
Los ojos que me matauan,
dezid, dorados cabellos,
¿que culpa tuue en creellos,
pues ellos me assegurauan?
¿No vistes vos que algun dia,
mil lagrimas derramaua
hasta que yo le juraua,
que sus palabras creya?
¿Quien vió tanta hermosura
en tan mudable subjecto?
y en amador tan perfecto,
quien vio tanta desuentura?
Oh, cabellos ¿no os correys,
por venir de ado venistes,
viendo me como me vistes
en uerme como me veys?
Sobre el arena sentada
de aquel rio la ui yo
do con el dedo escriuió:
antes muerta, que mudada.
Mira el amor lo que ordena,
que os uiene hazer creer
cosas dichas por mujer,
y escritas en el arena.
No acabara tan presto Sireno el triste canto, si las lagrimas no le fueran a la mano, tal estaua como aquel a quien fortuna tenia atajados todos los caminos de su remedio. Dexó caer su rabel, toma los dorados cabellos, bueluelos a su lugar, diziendo: ¡Ay, prendas de la más hermosa, y desleal pastora, que humanos ojos pudieron ver! Quan a vuestro saluo me aueis engañado. ¡Ay, que no puedo dexar de veros, estando todo mi mal en aueros visto! Y quando del çurron sacó la mano, acaso topó con una carta, que en tiempo de su prosperidad Diana le auia embiado; y como lo vio, con vn ardiente sospiro que del alma le salia, dixo: ¡Ay, carta, carta, abrasada te vea, por mano de quien mejor lo pueda hazer que yo, pues jamas en cosa mia pude hazer lo que quisiesse; malhaya quien ahora te leyere! Mas ¿quien podra hazerlo? Y descogiendola vio que dezia:
CARTA DE DIANA A SIRENO
Sireno mio, quan mal suffriria tus palabras, quien no pensasse que amor te las hazia dezir! Dizes me que no te quiero quanto deuo, no sé en que lo uees, ni entiendo cómo te pueda querer mas. Mira que ya no es tiempo de no creerme, pues vees que lo que te quiero me fuerça a creer lo que de tu pensamiento me dizes. Muchas vezes imagino que assi como piensas que no te quiero, queriendote mas que a mi, assi deues pensar que me quieres teniendo me aborrescida. Mira, Sireno, que'l tiempo lo ha hecho mejor contigo, de lo que al principio de nuestros amores sospechaste, y quedando mi honra a saluo, la qual te deue todo lo del mundo, no auria cosa en él, que por ti no hiziesse. Suplicote quanto puedo, que no te metas entre zelos y sospechas, que ya sabes quan pocos escapan de sus manos con la uida, la qual te dé Dios con el contento que yo te desseo.
¿Carta es esta, dixo Sireno sospirando, para pensar que pudiera entrar oluido en el coraçon donde tales palabras salieron? ¿Y palabras son estas para passallas por la memoria, al tiempo que quien las dixo, no la tiene de mí? ¡Ay, triste, con quanto contentamiento acabé de leer esta carta, quando mi señora me la embió, y quantas vezes en aquella hora misma la bolui a leer. Mas págola ahora con las setenas: y no se suffria menos, sino venir de vn extremo a otro: que mal contado le seria a la fortuna, dexar de hazer comigo, lo que con todos haze. A este tiempo por vna cuesta abaxo, que del aldea venia al verde prado, vio Sireno venir vn pastor su passo a passo, parandose a cada trecho, vnas vezes mirando el cielo, otras el verde prado y hermosa ribera, que desde lo alto descubria: cosa que mas le augmentaua su tristeza, viendo el lugar que fue principio de su desuentura: Sireno le conoscio, y dixo buelto el rostro hazia la parte de donde venia: ¿Ay, desuenturado pastor, aunque no tanto como yo, en qué han parado las competencias que comigo trayas por los amores de Diana? y los disfauores que aquella cruel te hazia, poniendolos a mi cuenta? Mas si tú entendieras que tal havia de ser la summa, quánto mayor merced hallaras que la fortuna te hazia, en sustentarte en un infelice estado, que a mí en derribarme dél, a tiempo que menos lo temia? A este tiempo el desamado Syluano tomó vna çampoña, y tañendo vn rato, cantaua con gran tristezza estos versos:
Amador soy, mas nunca fuy amado;
quise bien, y querré, no soy querido;
fatigas passo, y nunca las he dado;
sospiros di, mas nunca fuy oydo:
quexarme quise, y no fuy escuchado,
huyr quise de amor, quedé corrido;
de solo oluido, no podré quexarme,
porque aun no se acordaron de oluidarme.
Yo hago a todo mal solo vn semblante,
jamas estuue oy triste, ayer contento,
no miro atras, ni temo yr adelante;
vn rostro hago al mal, o al bien que siento.
Tan fuera voy de mi, como el dançante,
que haze a qualquier son mouimiento,
y ansí me gritan todos como a loco;
pero segun estoy aun esto es poco.
La noche a vn amador le es enojosa,
quando del dia atiende bien alguno:
y el otro de la noche espera cosa
qu'el dia le haze largo y importuno;
con lo que vn hombre cansa, otro reposa,
tras su desseo camina cada vno,
mas yo siempre llorando el dia espero:
y en viendo el dia, por la noche muero.
Quexarme yo de amor, es escusado:
pinta en el agua, o da bozes al viento:
busca remedio en quien jamas le ha dado
que al fin venga a dexalle sin descuento.
Llegaos a él a ser aconsejado,
dirá os un disparate y otros ciento.
Pues quién es este amor? Es una sciencia
que no la alcança estudio ni experiencia.
Ama a mi señora a su Sireno;
dexaua a mí, quiça que lo acertaua:
yo triste a mi pesar, tenia por bueno,
lo que enla vida y alma me tocaua.
A estar mi cielo algun dia sereno,
quexara yo de amor si le añublaua,
mas ningun bien diré que me ha quitado,
ved cómo quitará lo que no ha dado.
No es cosa amor, que aquel que no lo tiene
hallará feria a do pueda comprallo,
ni cosa que en llamandola, se uiene,
ni que le hallareys, yendo á buscallo:
Que si de uos no nace, no conuiene
pensar que ha de nascer de procurallo:
y pues que jamas puede amor forçarse,
no tiene el desamado que quexarse.
No estaua ocioso Sireno, al tiempo que Syluano estos versos cantaua, que con sospiros respondia a los vltimos accentos de sus palabras, y con lagrimas solennizaua lo que dellas entendia. El desamado pastor, despues que vuo acabado de cantar, se començo a tomar cuenta de la poca que consigo tenia: y como por su señora Diana auia oluidado todo el hato y rebaño, y esto era lo menos. Consideraua que sus seruicios eran sin esperanza de galardon, cosa que a quien tuuiera menos firmeza, pudiera facilmente atajar el camino de sus amores. Mas era tanta su constancia que puesto en medio de todas las causas que tenia de oluidar a quien no se acordaua dél, se salia tan a su saluo dellas, y tan sin perjuyzio del amor que a su pastora tenia, que sin miedo alguno cometia qualquiera imaginación[1213] que en daño de su fe le sobreuiniesse. Pues como viό Sireno junto a la fuente, quedó espantado de velle tan triste, no porque ignorasse la causa de su tristeza, mas porque le paresció, que si él huuiera rescebido el mas pequeño fauor que Sireno algun tiempo rescibio de Diana, aquel contentamiento bastara para toda la uida tenelle. Llegó se a él, y abraçandose los dos, con muchas lagrimas se boluieron a sentar encima de la menuda yerba: y Syluano començo á hablar desta manera: ¡Ay, Sireno, causa de toda mi desuentura, o del poco remedio della, nunca Dios quiera que yo de la tuya reciba uengança, que quando muy a mi saluo pudiesse hacello no permitiria el amor que a mi señora Diana tengo, que yo no fuesse contra aquel en quien ella con tanta voluntad lo puso. Si tus trabajos no me duelen, nunca en los mios haya fin: si luego que Diana se quiso desposar, no se me acordo que su desposorio y tu muerte auian de ser a vn tiempo, nunca en otro mejor me vea que este en que aora estoy. Pensar deues, Sireno, que te queria yo mal, porque Diana te queria bien y que los fauores que ella te hazia eran parte para que yo te desamasse: Pues no era de tan baxos quilates mi fe, que no siguiesse a mi señora, no solo en quererla, sino en querer todo lo que ella quisiesse. Pesarme de tu fatiga, no tienes porque agradescermelo: porque estoy tan hecho a pesares que aun de bienes mios me pesaria, cuanto más de males agenos.
No causó[1214] poca admiracion a Sireno las palabras del pastor Syluano; y ansi estuuo un poco suspenso, espantado de tan gran suffrimiento y de la qualidad del amor que a su pastora tenia. Y boluiendo en si, le respondio[1215]. Por ventura, Syluano, has nascido tú para exemplo de los que no sabemos suffrir las aduersidades que la fortuna delante nos pone? O acaso te ha dado naturaleza tanto animo en ellas que no solo baste para suffrir las tuyas, mas que aun ayudes a sobrelleuar las agenas? Veo que estás tan conforme con tu suerte, que no te prometiendo esperança de remedio, no sabes pedille mas de lo que te da. Yo te digo, Syluano, que en ti muestra bien el tiempo, que cada dia va descubriendo nouedades muy agenas de la imaginacion de los hombres. O quánta más embidia te deue tener este sin ventura pastor, en verte suffrir tus males, que tú podrias tenelle a él al tiempo que le veias gozar sus bienes. ¿Viste los fauores que me hazia? Viste la blandura de palabras, con que me manifestaua sus amores? Viste como lleuar el ganado al rio, sacar los corderos al soto, traer las ouejas por la siesta a la sombra destos alisos, jamas sin mi compañia supo hazello? Pues nunca yo vea el remedio de mi mal, si de Diana esperé, ni desseé, cosa que contra su honrra fuesse, y si por la ymaginacion me pasaua, era tanta su hermosura, su valor, su honestidad, y la limpieza del amor que me tenia, que me quitauan del pensamiento qualquiera cosa que en daño de su bondad imaginaua[1216]. Esto creo yo por cierto, dixo Syluano sospirando: porque lo mesmo podré affirmar de mi. Y creo que no vuiera nadie que en Diana pusiera los ojos, que osara dessear otra cosa, sino verla y conuersarla. Aunque no sé si hermosura tan grande, en algun pensamiento, no tan subiecto como el nuestro, hiziera algun excesso, y mas si como yo un dia la vi, acertara de vella, que estaua sentada contigo, junto a aquel arroyo, peinando sus cabellos de oro: y tú estauas teniendo el espejo, en que de quando en quando se miraua. Mas no sabiades los dos, que os estaua yo acechando deste aquellas matas altas, que estan junto a las dos enzinas: y aun se me acuerda de los uersos que tú le cantaste, sobre auerle tenido el espejo en quanto se peinaua. Cómo los vuiste a las manos, dixo Sireno? Syluano le respondió: El otro dia siguiente hallé aqui vn papel, en que estauan escritos, y los leí, y aun los encomende a la memoria. Y luego vino Diana por aqui llorando, por auellos perdido, y me preguntó por ellos; y no fue pequeño contentamiento para mí, ver en mi señora lagrimas que pudiesse[1217] remediar. Acuerdome, que aquella fue la primera vez que de su boca oí palabra sin yra, y mira quan necessitado estaua de su fabor[1218], que de decirme ella que me agradecía darle lo que buscaba, hize tan grandes reliquias[1219] que mas de un año de grandisimos males desconte por aquella sola palabra, que traya alguna apariencia de bien. Por tu uida, dixo Sireno, que digas los uersos, que dizes que yo le canté, pues los tomaste de coro. Soy contento, dixo Syluano, de esta manera dezian.
De merced tan extremada
ninguna deuda me queda,
pues en la misma moneda,
señora, quedays pagada.
Que si gozé estando alli
viendo delante de mi
rostro, y oyos soberanos:
vos tambien viendo en mis manos
lo que en vuestros ojos vi.
Y esto no os parezca mal,
que de vuestra hermosura
vistes sola la figura,
y yo vi lo natural.
Vn pensamiento extremado,
jamas de amor subjetado,
mejor uee, que no el captiuo,
aunque el uno uea lo biuo,
y el otro lo debuxado.
Qvando esto acabó Sireno de oyr, dixo contra Syluano: plega a Dios, pastor, que el amor me dé esperança de algun bien impossible, si ay cosa en la vida con que yo mas facilmente la passasse que con tu conuersacion, y si agora en estremo no me pesa que Diana te aya sido tan cruel, que siquiera no mostrasse agradecimiento a tan leales seruicios, y a tan verdadero amor como en ellos has mostrado. Syluano le respondio sospirando. Con poco me contentara yo, si mi fortuna quisiera; y bien pudiera Diana, sin offender á lo que a su honra, y a tu fe deuia darme algun contentamiento, mas no tan solo huyó siempre de darmele, mas aun de hazer cosa por donde imaginasse que yo algun tiempo podria tenelle. Dezia yo muchas vezes entre mí: Aora esta fiera endurescida no se enojaria algun dia con Sireno, de manera que por vengarse dél, fingiesse favorescerme a mi? Que vn hombre tan desconsolado, y falto de fauores, aun fingidos los ternia por buenos. Pues quando desta tierra te partiste, pense verdaderamente, que el remedio de mi mal me estaua llamando a la puerta, y que el oluido era la cosa más cierta, que despues de la ausencia se esperaua, y más en coraçon de muger. Pero quando despues vi las lagrimas de Diana, el no reposar en la aldea, el amar la soledad, los continuos sospiros, Dios sabe lo que senti. Que puesto caso que yo sabia ser el tiempo vn medico muy aprouado para el mal que la ausencia suele causar, vna sola hora de tristeza no quisiera yo que por mi señora passara, aunque della se me siguieran a mí cien mil de alegria. Algunos dias, despues que te fuyste, la vi junto a la dehesa del monte, arrimada a vna enzina, de pechos sobre su cayado, y desta manera estuuo gran pieça antes que me viesse. Despues alçó los ojos, y las lagrimas le estoruaron verme. Deuia ella entonces imaginar en su triste soledad, y en el mal que tu ausencia le hazia sentir, pero de ay a vn poco (no sin lagrimas, acompañadas de tristes sospiros) sacó vna çampoña, que en el çurron traya; y la començo a tocar tan dulcemente, que el valle, el monte, el rio, las aues enamoradas, y aun las sierras de aquel espesso bosque quedaron suspensas, y dexando la çampoña al son que ella auia tañido, començo esta cancion:
Cancion.
Ojos que ya no veys quien os miraua,
(quando erades espejo en que se via)
qué cosa podreys ver que os dé contento?
Prado florido y verde, do algun dia
por el mi dulce amigo yo esperaua,
llorad comigo el graue mal que siento.
Aqui me declaró su pensamiento,
oyle yo cuytada,
mas que serpiente ayrada,
llamandole mil vezes atreuido.
Y el triste alli tendido[1220],
paresce que es ahora, y que lo veo,
y aun esse es mi desseo,
¡ay si lo viesse yo, ay tiempo bueno!
ribera vmbrosa, qué es del mi Sireno?
Aquella es la ribera, este es el prado,
de alli parece el soto y valle vmbroso,
que yo con mi rebaño repastaua.
Veys el arroyo dulce y sonoroso,
a do pascia la siesta mi ganado
quando el mi dulce amigo aqui moraua.
Debaxo aquella haya verde estaua,
y veys alli el otero
a do le vi primero,
y a do me vio: dichoso fue aquel dia,
si la desdicha mia,
vn tiempo tan dichoso no acabara.
O haya, o fuente clara,
todo está aquí, mas no por quien yo peno.
Ribera vmbrosa, qu'es de mi Sireno?
Aqui tengo un retrato que me engaña,
pues veo a mi pastor quando lo veo,
aunque en mi alma está mejor sacado:
Quando de verle llega el gran desseo
de quien el tiempo luego desengaña,
a aquella fuente voy, que está en el prado,
Arrimolo a aquel sauze y a su lado
me assiento (ay amor ciego)
al agua miro luego,
y veo a mí y a él, tomo la via
quando él aqui viuia.
Esta inuencion vn rato me sustenta,
despues caygo[1221] en la cuenta
y dize el coraçon, de ansias lleno:
ribera vmbrosa, qu'es d'el mi Sireno?
Otras vezes le hablo, y no responde
y pienso que de mí se esta vengando,
porque algun tiempo no le respondia,
Mas digole yo triste assi llorando:
hablad, Sireno, pues estays adonde
jamas ymaginó mi fantasia.
No veys, dezi, que estays n'el alma mia?
Y él todavia callado
y estarse alli a mi lado:
en mi seso le ruego que me hable:
¡qué engaño tan notable
pedir a una pintura lengua o seso!
¡ay tiempo, que en un peso
está mi alma y en poder ageno!
ribera umbrosa, qu'es del mi Sireno?
No puedo jamas yr con mi ganado,
quando se pone el sol, a nuestra aldea,
ni desde ella uenir a la majada,
Sino por donde, aunque no quiera, uea
la choça de mi bien tan desseado,
ya por el suelo toda derribada:
Allí me assiento un poco y descuidada
do ouejas y corderos,
hasta que los uaqueros
me dan bozes diziendo: ha pastora,
en que piensas aora,
y el ganado pasciendo por los trigos?
mis ojos son testigos
por quien la yerua crece al ualle ameno;
ribera umbrosa, qu'es d'el mi Sireno?
Razon fuera, Sireno, que hizieras
a tu opinion más fuerça en la partida
pues que sin ella te entregué la mia:
¿Mas yo de quién me quexo? ¡ay, perdida!
¿pudiera alguno hazer que no partieras
si el hado o la fortuna lo queria?
No fue la culpa tuya ni podria
creer que tú hiziesses
cosa con que offendiesses
a este amor tan llano y tan sencillo,
ni quiero presumillo,
aunque aya muchas muestras y señales;
los hados desiguales
me an anublado vn cielo muy sereno;
ribera vmbrosa, qu'es del mi Sireno?
Cancion mira que vays adonde digo,
mas quedate comigo,
que puede ser te lleue la fortuna
a parte do te llamen importuna.
Acabado[1222] Syluano la amorosa cancion de Diana, dixo a Sireno (que como fuera de si estaua oyendo los uersos que despues de su partida la pastora auia cantado): quando esta cancion cantaua la hermosa Diana, en mis lagrimas pudieran ver si yo sentia las que ella por tu causa derramaua: pues que no queriendo yo della entender que la auia entendido, dissimulando lo mejor que pude (que no fue poco podello hazer) llegueme adonde estaua. Sireno entonces le atajó diziendo: Ten punto, Syluano; ¿que vn coraçon, que tales cosas sentia pudo mudar fe? O constancia, o firmeza, y quantas pocas uezes hazeis assiento sobre coraçon de hembra, que quanto mas subiecta está á quereros, tanto mas propuesta[1223] para oluidaros. Y bien creya yo que en todas las mugeres auia esta falta, mas en mi señora Diana, jamas pensé que naturaleza auia dexado cosa buena por hazer. Prosiguiendo pues Syluano por su historia adelante, le dixo: Como yo me llegase más adonde Diana estaua, vi que ponia los ojos en la clara fuente, adonde prosiguiendo su acostumbrado officio, començó a dezir. Ay ojos y quanto más presto se os acabaran las lagrimas que la ocasion de derramabas; ay mi Sireno, plega a Dios que antes que el desabrido inuierno desnude el verde prado de frescas y olorosas flores, y el ualle ameno de la menuda yerua, y los arboles sombrios de su uerde hoja, uean estos ojos tu presencia tan desseada de mi anima, como de la tuya deuo ser aborrecida. A este punto alçó el diuino rostro, y me uido: trabajó por disimular el triste llanto, mas no lo pudo hazer, de manera que las lagrimas no atajassen el passo a su disimulacion. Leuantose a mi, diziendo: Sientate aqui, Syluano, que asaz vengado estás, y a costa mia. Bien paga esta desdichada lo que dizes que a su causa sientes si es uerdad que es ella la causa. Es possible, Diana, (le respondi) que eso me quedaua por oyr? En fin, no me engaño en dezir, que nasci para cada dia discubrir nueuos generos de tormentos, y tú para hazerme más sinrazones, de las que en tu pensamiento pueden caber. Aora dudas ser tú la causa de mi mal? Si tú no eres la causa d'el, quién, sospechas que mereciesse tan gran amor? O qué coraçon auria en el mundo si no fuesse el suyo, a quien mis lagrimas no vuiessen ablandado? E a esto añadi otras muchas cosas, de que ya no tengo memoria. Mas la cruel enemiga de mi descanso, atajó mis razones, diziendo: Mira, Syluano, si otra vez tu lengua se atreue a tratar de cosa tuya y a dexar de hablarme en el mi Sireno, a tu plazer te dexaré gozar de la clara fuente donde estamos sentado. Y tú no sabes que toda cosa que en mi pastor no tratare, me es aborrescible y enojosa? y que a la persona que quiere bien, todo el tiempo que gasta en oyr cosa fuera de sus amores le parece mal empleado? Yo entonces, de miedo que mis palabras no fuessen causa de perder el descanso que su vista me offrescia, puse silencio en ellas, y estuue alli vn gran rato gozando de ver aquella hermosura sobrehumana, hasta que la noche se dexó venir (con mayor presteza de lo que yo quisiera) y de alli nos fuymos los dos con nuestros ganados al aldea. Sireno sospirando, le dixo: grandes cosas me has contado (Syluano) y todas en daño mio; desdichado de mí, quán presto vine a esperimentar la poca constancia que en las mugeres ay. Por lo que los deuo me pesa. No quisiera yo, pastor, que en algun tiempo se oyere dezir, que en vn vaso, donde tan gran hermosura y discrecion juntó naturaleza, hubiera tan mala mixtura, como es la inconstancia que comigo ha usado. Y lo que más me llega al alma, es que el tiempo le a de dar a entender lo mal que comigo lo ha hecho: lo qual no puede ser sino a costa de su descanso. ¿Cómo le ua de contentamiento despues de casada? Syluano le respondió: dizenme algunos que le ua mal, y no me espanto, porque como sabes, Delio su esposo, aunque es rico de los bienes de fortuna, no lo es de los de naturaleza, que en esto de la disposicion ya ves quan mal le va. Pues de otras cosas de que los pastores nos preciamos, como son tañer, cantar, luchar, jugar al cayado, baylar con las mozas el Domingo, paresce que Delio no ha nascido para más que mirallo. Aora pastor (dixo Sireno) toma tu rabel y yo tomaré mi çampoña, que no ay mal que con la musica no se passe, ni tristeza que con ella no se acresciente. Y templando los dos pastores sus instrumentos con mucha gracia y suauidad començaron a cantar lo siguiente.
SYLVANO
Sireno, en qué pensauas, que mirandote
estaua desde el soto, y condoliendome
de uer con el dolor qu'estás quexandote?
Yo dexo mi ganado alli, atendiendome,
que en quanto el claro sol no ua encubriendose
bien puedo estar contigo entreteniendome.
Tu mal me di[1224] pastor, que el mal diziendose
se passa a menos costa, que callandolo,
y la tristeza en fin va despidiendose.
Mi mal contaria yo, pero contandolo,
se me acrecienta, y más en acordarseme
de quan en vano, ay triste, estoy llorandolo.
La vida a mi pesar veo alargarseme,
mi triste coraçon no ay consolarmele,
y vn desusado mal veo acercarseme.
De quien medio esperé, vino a quitarmele,
mas nunca le esperé, porque esperandole,
pudiera con razon dexar de darmele.
Andaua mi passion sollicitandole,
con medios no importunos, sino licitos,
y andaua el crudo amor ella estoruandole,
Mis tristes pensamientos muy solicitos
de vna á otra parte reboluiendose,
huyendo en toda cosa el ser illicitos,
pedian a Diana, que pudiendose
dar medio en tanto mal, y sin causartele
se diesse: y fuesse vn triste entreteniendose.
Pues qué hizieras, di, si en vez de dartele
te le quitare? ay triste, que pensandolo,
callar querria mi mal, y no contartele.
Pero despues (Sireno) ymaginandolo
vna pastora inuoco hermosissima,
y ansi va a costa mia en fin passandolo.
SIRENO
Syluano mio, vna afeccion rarissima,
vna verdad que ciega luego en viendola,
vn seso, y discrecion excelentissima:
con una dulce habla, que en oyendola,
las duras peñas mueue enterneciendolas,
qué sentiria un amador perdiendola?
Mis ouejuelas miro, y pienso en viendolas
quantas uezes la uía repastandolas
y con las suias propias recogiendolas.
Y quantas uezes la topé lleuandolas,
al rio por la siesta, a do sentandose,
con gran cuidado estaua alli contandolas?
Despues si estaua sola, destocandose,
vieras el claro sol embidiosissimo
de sus cabellos, y ella alli peinandose,
Pues (o Syluano amigo mio carissimo)
quantas uezes de subito encontrandome
se le encendia aquel rostro hermosissimo.
Y con qué gracia estaua preguntandome
que como auia tardado, y aun riñiendome
y si esso m'enfadaua halagandome.
Pues quantos dias la hallé atendiendome
en esta clara fuente, y yo buscandola
por aquel soto espesso, y deshaziendome,
Cómo qualquier trabajo en encontrandola
de ouejas y corderos, lo oluidauamos
hablando ella comigo, y yo mirandola.
Otras uezes (Syluano) concertauamos
la çampoña y rabel con que tañiamos,
y mis uersos entonce alli cantauamos.
Despues la flecha y arco apercebiamos
y otras uezes la red, y ella siguiendome
jamas sin caça a nuestra aldea boluiamos.
Assi fortuna anduuo entreteniendome
que para mayor mal yua guardandome,
el qual no terná fin, sino muriendome.
SYLUANO
Sireno, el crudo amor que lastimandome
jamas cansó, no impide el acordarseme
de tanto mal, y muero en acordandome.
Miré a Diana, y ui luego abreuiarseme
el plazer y contento, en solo uiendola,
y a mi pesar la uida ui alargarseme,
O quantas uezes la hallé perdiendola,
y quantas uezes la perdi hallandola,
y yo callar, suffrir, morir sirviéndola[1225]?
La uida perdí yo, quando topandola
miraua aquellos ojos, que ayradissimos
boluia contra mí luego en hablandola.
Mas quando los cabellos hermosissimos
descogia y peinaua, no sintiendome
se me boluian los males sabrosissimos.
Y la cruel Diana en conosciendome
boluia como fiera, que encrespandose
arremete al leon, y deshaziendome.
Vn tiempo la esperança, ansi burlandome
mantuuo el coraçon entreteniendole,
mas el mismo despues desengañandome,
burló del esperar, y fue perdiendole.
No mucho despues que los pastores dieron fin al triste canto, uieron salir dentro el arboleda que junto al rio estaña, una pastora tañendo con una çampoña, y cantando con tanta gracia y suauidad como tristeza: la qual encobria gran parte de su hermosura (que no era poca) y preguntó Sireno, como quien auia mucho que no repastaua por aquel valle, quién fuesse[1226]. Syluano le respondió: esta es una hermosa pastora, que de pocos dias acá apascienta por estos prados, muy quexosa de amor, y segun dize con mucha razon, aunque otros quieren dezir, que ha mucho tiempo que se burla con el desengaño. Por uentura, dixo Sireno, está en su mano el desengañarse? Si, respondió Syluano, porque no puedo yo creer, que ay muger en la uida, que tanto quiera que la fuerça del amor le estorue entender si es querida, o no.
De contraria opinion soy. De contraria (dixo Syluano) pues no te irás alabando, que bien caro te cuesta auerte fiado en las palabras de Diana, pero no te doy culpa, que ansi como no ay a quien no uença su hermosura, assi no aurá a quien sus palabras no engañen. ¿Cómo puedes tú saber esso, pues ella jamas te engañó con palabras, ni con obras? Verdad es (dixo Syluano) que siempre fuy della desengañado, mas yo osaria jurar (por lo que despues acá ha sucedido) que jamas me desengañó a mi, sino por engañarte a ti. Pero dexemos esto, y oyamos esta pastora que es gran amiga de Diana, y segun lo que de su gracia y discreccion me dizen, bien meresce ser oyda. A este tiempo llegaua la hermosa pastora junto a la fuente, cantando este soneto.
Soneto.
Ya he uisto yo a mis ojos más contento
y he uisto mas alegre el alma mia,
triste de la que enfada do algun dia
con su uista causó contentamiento.
Mas como esta fortuna en un momento
os corta la rayz del alegria,
lo mismo que ay de vn es, a un ser solia,
ay de un gran plazer a un gran tormento.
Tomaos allá con tiempos, con mudanças,
tomaos con mouimientos desuariados,
vereys el coraçon quan libre os queda.
Entonces me fiaré yo en esperanças,
quando los casos tenga sojuzgados
y echado un clauo al exe de la rueda.
Despues que la pastora acabó de cantar se uino derecha a la fuente adonde los pastores estauan, y entretanto que uenia, dixo Syluano (medio riendo) no hagas sino hazer caso de aquellas palabras, y acceptar por testigo el ardiente sospiro con que dió fin a su cantar. Desso no dudes (respondió Sireno) que tan presto yo la quisiera bien como aunque me pese creyera todo lo que ello me quisiera dezir. Pues estando ellos en esto llegó Seluagia, y quando conoscio a los pastores, muy cortesemente los saludó, diziendo: Qué hazeys, o desamados pastores, en este verde y deleytoso prado? No dizes mal, hermosa Seluagia, en preguntar qué hazemos (dixo Syluano) hazemos tan poco para lo que deuiamos hazer, que jamas podremos concluyr cosa que el amor nos haga dessear? No te espantes desso, dixo Seluagia, que cosas ay que antes que se acaben, acaban ellas a quien las dessea. Syluano respondio: a lo menos si hombre pone su descanso en manos de muger, primero se acabará la uida, que con ella se acabe cosa con que se espere recebille. Desdichadas destas mugeres (dixo Seluagia) que tan mal tratadas son de uuestras palabras. Mas destos hombres (respondio Syluano) que tanto peor lo son de uuestras obras. Puede ser cosa más baxa, ni de menor ualor, que por la cosa más liuiana del mundo, olvideys uosotras a quien más amor ayais tenido? Pues ausentaos algun dia de quien bien quereys, que a la buelta aureys menester negociar de nueuo. Dos cosas siento, dixo Seluagia, de lo que dizes, que uerdaderamente me espantan, la vna, es que ueo en tu lengua al reues de lo que de tu condicion tuue entendido siempre, porque imaginaua yo quando oya hablar en tus amores, que eras en ellos vn Fenix, y que ninguno de quantos hasta oy an querido bien, pudieron llegar al estremo que tú as tenido, en querer a una pastora que yo conosco, causas harto sufficientes para no tratar mal de mugeres, si la malicia no fuera más que los amores. La segunda es que hablas en cosa que no entiendes, porque hablar en oluido, quien jamas tuuo esperiencia dél, más se deue atribuir a locura que a otra cosa. Si Diana jamas se acordo de ti, cómo puedes tú quexarte de su oluido? A ambas cosas, dixo Syluano, pienso responderte, si no te cansas en oyrme. Plega a Dios que jamas me uea con más contento del que aora tengo, si nadie, por más exemplo que me trayga puede encarecer el poder que sobre mi alma tiene aquella desagradescida, y desleal pastora (que tú conoces, y yo no quisiera conocer) pero quanto mayor es el amor que le tengo, tanto más me pesa, que en ella aya cosa que pueda ser reprehendida; porque ay está Sireno, que fue más fauorescido de Diana que todos los del mundo lo an sido de sus señoras y lo ha oluidado de la manera que todos sabemos. A lo que dizes, que no puedo hablar en mal, de que no tengo esperiencia, bueno seria que el medico no supiesse tratar de mal que él no uuiesse tenido, y de otra cosa, Seluagia te quiero satisfazer, no pienses que quiero mal a las mugeres, que no ay cosa en la uida a quien más dessee seruir: mas en pago de querer bien, soy tratado mal, y de aqui nasce dezillo yo, de quien es su gloria causarmele. Sireno que auia rato que callaua, dixo contra Seluagia. Pastora, si me oyesses, no pornias culpa a mi competidor (o hablando mas propriamente, a mi charo amigo Syluano) dime, por qué causa soys tan mouibles, que en un punto derribais a un pastor de lo más alto de su uentura, a lo más baxo de su miseria? Pero sabeys a qué lo atribuyo? a que no teneys uerdadero conoscimiento de lo que traeys entre manos; tratays de amor, no soys capazes de entendelle, ved cómo sabreys aueniros con el. Yo te dixo Sireno (dixo Seluagia) que la causa porque las pastoras oluidamos, no es otra, sino la misma porque de uosotros somos oluidadas. Son cosas que el amor haze y deshaze: cosas que los tiempos y los lugares las mueuen o las[1227] ponen silencio: mas no por defecto del entendimiento de las mugeres, de las quales ha auido en el mundo infinitas que pudieran enseñar a uiuir a los hombres, y aun los enseñaran a amar, si fuera el amor cosa que pudiera enseñarse. Mas con todo esto, creyo que no ay mas baxo estado en la uida, que el de las mugeres: porque si os hablan bien, pensays que estan muertas de amores; si no os hablan, creeys que de alteradas y fantasticas lo hazen; si el recogimiento que tienen no haze a nuestro proposito, teneys lo por hypocresia: no tienen desemboltura que no os parezca demasiada: si callan, dezis que son necias, si hablan, que son pesadas: y que no ay quien las suffra, si os quieren todo lo del mundo, creeys que de malas lo hazen, si os oluidan, y se apartan de las occasiones de ser enfamadas, dezis que de inconstantes y poco firmes en un proposito. Assi que no está en más pareceros la muger buena, o mala, que en acertar ella a no salir jamas de lo que pide uuestra inclinacion. Hermosa Seluagia (dixo Sireno) si todas tuuiessen ese entendimiento y biueza de ingenio, bien creo yo que jamas darian occasion a que nosotros pudiessemos quexarnos de sus descuydos. Mas para que sepamos la razon que tienes de agrauiarte de amor, ansi Dios te de el consuelo que para tan graue mal es menester, que nos cuentes la hystoria de tus amores, y todo lo que en ellos hasta aora te ha succedido (que de los nuestros sabes más de lo que nosotros te sabremos dezir) por uer si las cosas que en él as passado te dan licencia para hablar en ellos tan sueltamente. Que cierto tus palabras dan a entender ser tú la más esperimentada en ellos, que otra jamas aya sido. Seluagia le respondio: si yo no fuere (Sireno) la más esperimentada, seré la más mal tratada que nunca nadie penso ser, y la que con más razon se puede quexar de sus desuariados effectos, cosa harto sufficiente para poder hablar en él. Y porque entiendas por lo que passé, lo que siento de esta endiablada passion, poned un poco uuestras desuenturas en mano del silencio, y contaros he las maiores que jamas aueys oydo.
En el ualeroso y inexpugnable reino de los Lusitanos, ay dos caudalosos rios que cansados de regar la mayor parte de nuestra España, no muy lexos el vno del otro entran en el mar Oceano, en medio de los quales ay muchas y muy antiguas poblaciones, a causa de la fertilidad de la tierra ser tan grande, que en el uniuerso no ay otra alguna que se yguale. La uida desta prouincia es tan remota y apartada de cosas que puedan inquietar el pensamiento, que si no es quando Venus, por manos del ciego hijo, se quiere mostrar poderosa, no ay quien entienda en más que en sustentar una vida quieta, con sufficiente mediania, en las cosas que para passalla son menester. Los ingenios de los hombres son aparejados para passar la uida con assaz contento, y la hermosura de las mugeres para quitalla al que mas confiado biuiere. Ay muchas casas por entre las florestas sombrias, y deleytosos ualles: el termino de los quales siendo proueydo de rocio del soberano cielo, y cultiuado con industria de los habitadores dellas, el gracioso uerano tiene cuydado de offrecerles el fruto de su trabajo, y socorrerles a las necessidades de la uida humana. Yo uiuia en una aldea que está junto al caudaloso Duero (que es vno de los dos rios que os tengo dicho) adonde está el suntuosissimo templo de la diosa Minerua, que en ciertos tiempos del año es uisitado de todas o las más pastoras y pastores que en aquella prouincia biuen. Començando un dia, antes de la celebre fiesta a solemnizalla las pastoras y nymphas, con cantos y hymnos muy suaues, y los pastores con desafios de correr, saltar, luchar, y tirar la barra, poniendo por premio para el que uictorioso saliere, quales una guirnalda de uerde yedra, quales una dulce çampoña, o flauta, ó un cayado de nudoso fresno, y otras cosas de que los pastores se precian. Llegando pues el dia en que la fiesta se celebraua, yo con otras pastoras amigas mias: dexando los seruiles, y baxos paños, y uistiendonos de los mejores que teniamos, nos fuymos el dia antes de la fiesta determinadas de uerlas aquella noche en el templo, como otros años lo soliamos hazer. Estando pues como digo en compañia de estas amigas mias, uimos entrar por la puerta, una compañia de hermosas pastoras, a quien algunos pastores acompañauan: los quales dexandolas dentro, y auiendo hecho su deuida oracion, se salieron al hermoso ualle, por que la orden de aquella prouincia era que ningun pastor pudiesse entrar en el templo, más que a dar la obediencia, y se boluiesse luego a salir, hasta que el dia siguiente pudiessen todos entrar a participar de las cerimonias y sacrificios que entonces hazian. Y la causa desto era, porque las pastoras y Nimphas quedassen solas y sin ocasion de entender en otra cosa, sino celebrar la fiesta regozijandose vnas con otras, cosas que otros muchos años solian hazer, y los pastores fuera del templo en vn uerde prado que alli estaua, al resplandor de la nocturna Diana. Pues auiendo entrado los pastores que digo en el suntuoso templo, despues de hechas sus oraciones y de haber offrescido sus offrendas delante del altar, junto a nosotros se assentaron. Y quiso mi uentura que junto a mi se sentasse una dellas para que yo fuesse desuenturada todos los dias que su memoria me durasse[1228]. Las pastoras venian disfraçadas, los rostros cubiertos con unos uelos blancos y presos en sus chapeletes de menuda paja subtilissimamente labrados con muchas guarniciones de lo mismo tan bien hechas y entretexidas, que de oro no les lleuara uentaja. Pues estando yo mirando la que junto a mi se auia sentado, ui que no quitaua los ojos de los mios, y quando yo la miraua, abaxava ella los suyos fingiendome quererme uer sin que yo mirasse en ello. Yo desseaua en estremo saber quién era, por que si hablasse comigo, no cayesse yo en algun yerro a causa de no conocella. Y todauia todas las uezes que yo me descuydaua, la pastora no quitaua los ojos de mí, y tanto que mil uezes estime por hablalla[1229], enamorada de unos hermosos ojos que ella solamente tenia descubiertos. Pues estando yo con toda la atencion possible, sacó la más hermosa y la más delicada mano, que yo despues acá he uisto, y tomandome la mia, me la estuuo mirando un poco. Yo que estaua más enamorada della de lo que se podria dezir, le dixe: Hermosa y graciosa pastora, no es sola essa mano, la que aora está aparejada para seruiros, mas tambien lo está el coraçon, y el pensamiento de cuya ella es. Ysmenia (que assi se llamaua aquella que fue causa de toda la inquietud de mis pensamientos) teniendo ya imaginado hazerme la burla que adelante oireys, me respondio muy baxo, que nadie lo oyesse: graciosa pastora, soy yo tan uuestra, que como tal me atreui a hazer lo que hize, suplicoos que no os escandalizeys, porque en uiendo uuestro hermoso rostro, no tuue más poder en mi. Yo entonces muy contenta me llegué más a ella, y le dixe (medio riendo). ¿Cómo puede ser, pastora, que siendo uos tan hermosa os enamoreys de otra que tanto le falta para serlo, y más siendo muger como uos? Ay pastora, respondió ella, que el amor que menos uezes se acaba es este, y el que más consienten passar los hados, sin que las bueltas de fortuna ni las mudanças del tiempo les vayan a la mano. Yo entonces respondi: si la naturaleza de mi estado me enseñara a responder a tan discretas palabras, no me lo estoruara el desseo que de seruiros tengo: mas creeme, hermosa pastora, que el proposito de ser uuestra, la muerte no será parte para quitarmele. Y despues desto los abraços fueron tantos, los amores que la vna á la otra nos deziamos, y de mi parte tan uerdaderos, que ni teniamos cuenta con los cantares de las pastoras, ni mirauamos las danças de las Nymphas, ni otros regozijos que en el templo se hazia[1230]. A este tiempo importunaua yo a Ysmenia que me dixesse su nombre, y se quitasse el reboço, de lo qual ella con gran dissimulacion se escusaua y con grandissima astucia mudaua proposito. Mas siendo ya passada media noche, y estando yo con el mayor desseo del mundo de verle el rostro, y saber cómo se llamaua, y de adónde era, comence a quexarme d'ella, y a dezir que no era possible que el amor que me tenia fuesse tan grande, como con sus palabras me manifestaua: pues auiendole yo dicho mi nombre, me encubria el suyo, y que cómo podia yo biuir, queriendola como la queria, si no supiesse a quién queria, o adónde auia de saber nueuas de mis amores? E otras cosas dichas tan de veras que las lagrimas me ayudaron a mouer el coraçon de la cautelosa Ysmenia, de manera que ella se leuantó: y tomandome por la mano me apartó hazia una parte, donde no auia quien impedir nos pudiesse y començo a dezirme estas palabras (fingiendo que del alma le salian). Hermosa pastora, nascida para inquietud de un espiritu, que hasta aora ha biuido tan esento quanto ha sido possible, quien podra dexar de dezirte lo que pides auiendote hecho señora de su libertad? Desdichado de mí, que la mudança del habito te tiene engañada aunque el engaño ya resulta en daño mio. El reboço que quieres que yo quite, ues lo aqui donde lo quito, dezirte he mi nombre, no te haze mucho al caso, pues aunque yo no quiera me uerás mas uezes de las que tú podras suffrir. Y diziendo esto, y quitandose el reboço, vieron mis ojos un rostro que aunque el aspecto fuesse un poco uaronil, su hermosura era tan grande que me espantó. E prosiguiendo Ysmenia su plática, dixo: y por que, pastora, sepas el mal que tu hermosura me ha hecho, y que las palabras que entre las dos como de burlas han passado son de ueras: sabe que yo soy hombre y no muger, como antes pensauas. Estas pastoras que aqui uees por reyrte comigo (que son todas mis parientas) me han uestido desta manera que de otra no pudiera quedar en el templo, a causa de la orden que en esto se tiene. Quando yo hube entendido lo que Ysmenia me auia dicho, y le ui como digo en el rostro, no aquella blandura, ni en los ojos aquel reposo que las donzellas por la mayor parte solemos tener, crey que era uerdad lo que me dezia, y quedé tan[1231] fuera de mi, que no supe qué respondelle. Todauia contemplaua aquella hermosura tan estremada, miraua aquellas palabras que me dezia con tanta dissimulacion (que jamas supo nadie hazer cierto de lo fingido como aquella cautelosa y cruel pastora). Vime aquella hora tan presa de sus amores, y tan contenta de entender que ella lo estaua de mi, que no sabria encarecello, y puesto caso que de semejante passion hasta aquel punto no tuuiesse experiencia (causa harto sufficiente para no saber dezilla) todavia esforzandome lo mejor que pude la hablé desta manera: Hermosa pastora, que para hazerme quedar sin libertad, o para lo que la fortuna se sabe, tomaste el habito de aquella que el de amor a causa tuya ha professado, bastara el tuyo mismo para uencerme sin que con mis armas proprias me vieras rendido. Mas quién podra huir de lo que la Fortuna le tiene solicitado? Dichosa me pudiera llamar si uuieras hecho de industria lo que a caso hiziste: porque a mudarte el habito natural, para solo verme y dezirme lo que desseauas, atribuyeralo yo a merecimiento mio y a grande afeccion tuya, mas ver que la intencion fue otra aunque el efecto aya sido el que tenemos delante, me haze estar no tan contenta como lo estuuiera, a ser de la manera que digo. Y no te espantes, ni te pese deste tan gran desseo: por que no ay mayor señal de una persona, querer todo lo que puede, que dessear ser querida de aquel a quien ha entregado toda su libertad. De lo que tú me as oydo podras sacar, qual me tiene tu uista. Plegue a Dios que vses tambien del poder que sobre mi as tomado, que pueda yo sustentar el tenerme por muy dichosa hasta la fin de nuestros amores, los quales de mi parte, no lo ternán en quanto la uida me durare. La cautelosa Ysmenia me supo tambien responder a lo que dixe, y fingir las palabras que para nuestra conuersacion eran necessarias, que nadie pudiera huyr del engaño en que yo cay, si la fortuna de tan difficultoso laberinto con el hilo de prudencia no le sacara. Y assi estuuimos hasta que amanescio, hablando en lo que podria imaginar, quien por estos desuariados casos de amor ha passado. Dixome que su nombre era Alanio, su tierra Gallia, tres millas de nuestra aldea: quedamos concertados de uernos muchas uezes. La mañana se uino, y las dos nos apartamos con más abraços, y lagrimas, y sospiros de lo que aora sabré dezir. Ella se partio de mi, y boluiendo atras la cabeça por uerla, y por uer si me miraua, ui que se yua medio riendo, mas crey que los ojos me auian engañado. Fuese con la compañia que auia traydo, mas yo bolui con mucha más porque lleuaua en la imaginacion los ojos del fingido Alanio, las palabras con que su vano[1232] amor me auia manifestado, los abraços que dél auia recebido, y el crudo mal de que hasta entonces no tenia experiencia. Aora aueys de saber, pastores, que esta falsa y cautelosa Ysmenia tenia un primo, que se llamaua Alanio, a quien ella más que a si queria: porque en el rostro, y ojos, y todo lo demas se le parecia, tanto que si no fueran los dos de genero differente, no uuiera quien no juzgara el uno por el otro. Y era tanto el amor que le tenia que quando yo a ella en el templo le pregunté su mismo nombre, auiendome de dezir nombre de pastor, el primero que me supo nombrar fue Alanio: porque no ay cosa más cierta, que en las cosas súbitas encontrarse la lengua con lo que está en el coraçon. El pastor la queria bien mas no tanto como ella a él. Pues quando las pastoras salieron del templo para boluerse a su aldea, Ysmenia se halló con Alanio su primo, y él por usar de la cortesia que a tan grande amor como el de Ysmenia era deuida, dexando la compañia de los mancebos de su aldea, determinó de acompañarla (como lo hizo) de que no poco contentamiento recibio Ysmenia, y por darsele a él en alguna cosa, sin mirar lo que hazia, le contó lo que comigo auia passado, diziendoselo muy particularmente, y con grandissima risa de los dos, que tambien le dixo, como yo quedaua, pensando que ella fuesse hombre, muy presa de sus amores. Alanio quando aquello oyo, dissimuló lo mejor que él pudo, diziendo que auia sido grandissimo donayre. Y sacandole todo lo que comigo auia passado que no faltó cosa, llegaron a su aldea. E de ay a ocho dias (que para mí fueron ocho mil años) el traydor de Alanio (que assi lo puedo llamar con más razon que él ha tenido de oluidarme), se uino a mi lugar, y se puso en parte donde yo pudiesse uerle, al tiempo que passaua con otras zagalas a la fuente que cerca del lugar estaua. E como yo lo uiese, fue tanto el contentamiento que recibi, que no se puede encarescer, pensando que era el mismo que en habito de pastora auia hablado en el templo. E luego yo le hize señas que se uiniesse hazia la fuente a donde yo yua y no fue menester mucho para entendellas. El se uino, y allí estuuimos, hablando todo lo que el tiempo nos dio lugar: y el amor quedó (a lo menos de mi parte) tan confiado que aunque el engaño se descubriera, (como de ay a poco dias se descubrio) no fuera parte para apartarme de mi pensamiento. Alanio tambien creo que me queria bien, y que desde aquella hora, quedó preso de mis amores, pero no lo mostró por la obra tanto como deuia. Assi que algunos dias se trataron nuestros amores con el mayor secreto que pudimos, pero no fue tan grande, que la cautelosa Ysmenia no lo supiesse: y uiendo qne ella tenia la culpa, no solo en auerme engañado, mas aun en auer dado causa a que Alanio descubriendole lo que passaua, me amasse a mi, y pusiesse a ella en oluido, estuuo para perder el seso, mas consolose con parezelle, que en sabiendo yo la uerdad, al punto oluidaria. Y engañauase en ello, que despues le quise mucho más, y con muy mayor obligacion. Pues determinada Ysmenia de deshazer el engaño, que por su mal auiame hecho, me escriuio esta carta:
CARTA DE YSMENIA PARA SELUAGIA
Seluagia, si a los que nos quieren tenemos obligacion de quererlos, no ay cosa en la uida a quien más deua que a ti, pero si las que son causa que seamos oluidadas deuen ser aborrescidas, a tu discrecion lo dexo. Querria te poner alguna culpa, de auer puesto los ojos en el mi Alanio, mas ¿qué hare desdichada, que toda la culpa tengo yo de mi desuentura? Por mi mal te ui. ¡O Seluagia! bien pudiera yo escusar lo que passé contigo, mas en fin desembolturas demasiadas las menos uezes succeden bien. Por reyr una hora con el mi Alanio, contandole lo que auia passado, lloraré toda mi uida, si tú no te dueles d'ella. Suplicote quanto puedo, que baste este desengaño, para que Alanio sea de ti oluidado, y esta pastora restituyda en lo que pudieres, que no podras poco, si amor te da lugar a hazer lo que suplico.
Quando yo esta carta ui, ya Alanio me auia desengañado de la burla que Ysmenia me auia hecho, pero no me auia contado los amores que entre los dos auia, de lo qual yo no hize mucho caso, porque estaua tan confiada en el amor que mostraua tenerme, que no creyera jamas, que pensamientos passados, ni por venir, podrian ser parte para que él me dexasse. Y porque Ysmenia no me tuuiesse por descomedida, respondi a su carta desta manera:
CARTA DE SELUAGIA PARA YSMENIA
No sé, hermosa Ysmenia, si me quexe de ti, o si te dé gracias, por auerme puesto en tal pensamiento, ni creo sabria determinar quál destas cosas hazer, hasta que el successo de mis amores me lo aconseje. Por vna parte me duele tu mal, por otra veo que tú saliste al camino a recebille. Libre estaua Seluagia al tiempo que en el templo la engañaste, y aora está subiecta a la uoluntad de aquel a quien tú quesiste entregalla. Dizesme que dexe de querer a Alanio: con lo que tú en esse caso harias, puedo responderte. Vna cosa me duele en estremo, y os uer que tienes mal de que no puedes quexarte, el qual da muy mayor pena a quien lo padesce. Considero aquellos ojos con que me uiste, y aquel rostro que despues de muy importunada me monstraste, y pesame que cosa tan parescida al mi Alanio, padezca tan estraño descontento. Mira qué remedio este para poder auello en tu mal. Por la liberalidad que comigo has usado en darme la más preciosa joya que tenias, te beso las manos. Dios quiera que en algo te pueda seruir. Si uieres allá el mi Alanio, dile la razon que tiene de quererme; que ya él sabe la que tiene de oluidarte. Y Dios te dé el contentamiento que desseas, con que no sea a costa del que yo recibo en uerme tan bien empleada.
No pudo Ysmenia acabar de leer esta carta, porque al medio della, fueron tantos los sospiros y lagrimas que por sus ojos derramaua, que penso perder la uida llorando. Trabajaua quanto podia porque Alanio dexasse de querer, y buscaua para esto tantos remedios, como él para apartarse donde pudiesse uerla. No porque la queria mal, mas por parecelle que con esto me pagaua algo de lo mucho que me deuia. Todos los dias que en este proposito biuio, no vuo alguno que yo dexasse de uerle: porque el camino que de su lugar al mio auia jamas dexaua de ser por él passado. Todos trabajos tenia en poco, si con ellos le parescia que yo tomaua contento. Ysmenia los dias que por él preguntaua, y le dezian que estaua en mi aldea, no tenia paciencia para suffrillo. E con todo esto no auia cosa que más contento le diesse, que hablalle en él. Pues como la necessidad sea tan ingeniosa que uenga a sacar remedios donde nadie penso hallarlos, la desamada Ysmenia se auenturó a tomar uno, qual pluguiera a Dios, que por el pensamiento no le passara, y fue fingir que queria bien a otro pastor llamado Montano, de quien mucho tiempo auia sido requerida. Y era el pastor con quien Alanio peor estaua: y como lo determinó, assi lo puso por obra por uer si con esta subita mudança podria atraer a Alanio a lo que desseaua, porque no ay cosa que las personas tengan por segura, aunque la tengan en poco, que si de subito la pierden, no les llegue al alma el perdella. Pues como uiesse Montano que su señora Ysmenia tenia por bien de corresponder al amor que él tanto tiempo le auia tenido, ya oyreys[1233] lo que sintiria. Fue tanto el gozo que recibio, tantos los seruicios, que le hizo, tantos los trabajos en que por causa suya se puso, que fueron parte juntamente con las sin razones que Alanio le auia hecho, para que saliesse uerdadero, lo que fingiendo la pastora auia començado; y puso Ysmenia su amor en el pastor Montano con tanta firmeza, que ya no auia cosa a quien más quisiesse que a él, ni que menos deseasse uer que al mi Alanio. Y esto le dio ella a entender lo mas presto que pudo, paresciendole, que en ello se vengaua de su oluido, y de auer puesto en mí el pensamiento. Alanio aunque sintio en estremo el ver a Ysmenia perdida por pastor con quien él tan mal estaua, era tanto el amor que me tenia, que no daua a entenderlo quanto ello era. Mas andando algunos dias, y considerando que él era causa de que su enemigo fuesse tan favorescido de Ysmenia, y que la pastora ya huía de uelle (muriendose no mucho antes quando no le ueia) estuuo para perder el seso por enojo, y determinó de estorbar esta buena fortuna de Montano. Para lo qual començo nueuamente de mirar a Ysmenia, y de no uenir a uerme tan publico como solia ni faltar tantas uezes en su aldea, porque Ysmenia no lo supiesse. Los amores entre ella y Montano yuan muy adelante, y los mios con el mi Alanio, se quedauan atras todo lo que podian, no de mi parte, pues sola la muerte podria apartarme de mi proposito, mas de la suya, que jamas pense uer cosa tan mudable. Porque como estaua tan encendido en colera con Montano, la qual no podia ser executada, sino con amor en la su Ysmenia, y para esto las uenidas a mi aldea era gran impedimiento, y como el estar ausente de mi, le causasse oluido, y la presencia de la su Ysmenia grandissimo amor, el boluio a su pensamiento primero, y yo quedé burlada del mio. Mas con todos los seruicios que a Ysmenia hazia, los recados que le embiaua, las quexas que formaua della, jamas la pudo mouer de su proposito, ni uuo cosa que fuesse parte para hazelle perder un punto d'el amor que a Montano tenia. Pues estando yo perdida por Alanio, Alanio por Ysmenia, Ysmenia por Montano, succedio que a mi padre se le offresciessen ciertos negocios sobre las dehesas del Estremo, con Phileno, padre del pastor Montano; para lo qual los dos uinieron muchas uezes a mi aldea, y en tiempo que Montano, o por los sobrados fauores que Ysmenia le hazia (que en algunos hombres de baxo espiritu causan fastidio) o porque tambien tenia celos de las diligencias de Alanio, andaua ya un poco frio en sus amores. Finalmente que él me uio traer mis ouejas a la majada, y en uiendome començo a quererme, de manera (segun lo que cada dia yua moustrando) que ni yo a Alanio, ni Alanio a Ysmenia, ni Ysmenia a él, no era possible tener mayor afection. Ved qué estraño embuste de amor. Si por uentura Ysmenia yua al campo, Alanio tras ella, si Montano yua al ganado, Ysmenia tras él, si yo andaua al monte con mis ouejas, Montano tras mi. Si yo sabia que Alanio estaua en un bosque donde solia repastar, allá me yua tras el. Era la más nueua cosa del mundo oyr cómo dezia Alanio sospirando, ¡ay Ysmenia!, y cómo Ysmenia dezia ¡ay Seluagia!, y cómo Seluagia dezia ¡ay Montano! y cómo Montano dezia ¡ay mi Alanio! Succedio que un dia nos juntamos los quatro en una floresta, que en medio de los dos lugares auia, y la causa fue, que Ysmenia auia ydo a uisitar unas pastoras amigas suyas, que cerca de alli morauan; y quando Alanio lo supo, forçado de su mudable pensamiento, se fue en busca della, y la halló junto a un arroyo, peinando sus dorados cabellos. Yo siendo auisada por un pastor, mi uecino, que Alanio yua a la floresta del ualle (que assi se llamaua) tomando delante de mí unas cabras que en un corral junto a mi casa estauan encerradas, por no yr sin alguna occasion, me fuy donde mi desseo me encaminaua, y le hallé a él llorando su desuentura, y a la pastora riendose de sus escusadas lagrimas, y burlando de sus ardientes sospiros. Quando Ysmenia me uio, no poco se holgo comigo, aunque yo no con ella; mas antes le puse delante las razones que tenia para agrauiarme del engaño passado; de las quales ella supo escusarse tan discretamente, que pensando yo que me deuia la satisfaction de tantos trabajos, me dio con sus bien ordenadas razones a entender, que yo era la que le estaua obligada, porque si ella me auia hecho una burla, yo me auia satisfecho tan bien que no tan solamente le auia quitado a Alanio, su primo, a quien ella auia querido mas que a si, mas que aun tan aora tambien le traya al su Montano muy fuera de lo que solia ser. En esto llegó Montano, que de una pastora amiga mia, llamada Solisa, auia sido auisada que con mis cabras uenia a la floresta del ualle. E quando alli los quatro discordantes amadores nos hallamos, no se puede dezir lo que sentíamos, porque cada uno miraua a quien no queria que le mirasse. Y preguntaua al mi Alanio la causa de su oluido; él pedia misericordía a la cautelosa Ysmenia, Ysmenia quexauase de la tibieza de Montano; Montano de la crueldad de Seluagia. Pues estando de la manera que oys, cada uno perdido por quien no le queria, Alanio al son de su rabel començo a cantar lo siguiente:
No más, nympha cruel: ya estas vengada,
no prueues tu furor en un rendido:
la culpa a costa mia está pagada.
Ablanda ya esse pecho endurescido,
y resuscita un alma sepultada
en la tiniebla escura de tu oluido;
que no cabe en tu ser, ualor y suerte,
que un pastor como yo pueda offenderte.
Si la ouejuela siempre ua huyendo
de su pastor, colerico y ayrado,
y con temor acá, y allá corriendo,
a su pesar se alexa del ganado;
mas ya que no la siguen, conosciendo
que es más peligro auerse assi alexado,
balando buelue al hato temerosa,
será no recebilla justa cosa.
Leuanta ya essos ojos que algun dia,
Ysmenia, por mirarme leuantauas,
la libertad me buelue que era mia,
y un blando coraçon que me entregauas.
Mira (Nympha) que entonces no sentia
aquel senzillo amor que me mostrauas,
ya triste lo conozco y pienso en ello,
aunque ha llegado tarde el conoscello.
¿Cómo que fue possible, di, enemiga,
que siendo tú muy más que yo culpada,
con titulo cruel, con nueua liga,
mudasses fe tan pura y estremada?
¿Qué hado, Ysmenia, es este que te obliga
a amar do no es possible ser amada?
Perdona, mi señora, ya esta culpa,
pues la occasion que diste me desculpa.
¿Qué honra ganas, di, de auer uengado
vn yerro a causa tuya cometido?
¿qué excesso hize yo, que no he pagado,
qué tengo por suffrir, que no he suffrido?
¿Qué animo cruel, qué pecho ayrado,
qué coraçon de fiera endurescido,
tan insuffrible mal no ablandaria,
sino el de la cruel pastora mia?
Si como yo he sentido las razones,
que tienes, o has tenido de oluidarme:
las penas, los trabajos, las passiones,
el no querer oyrme, ni aun mirarme,
llegasses a sentir las occasiones,
que sin buscallas yo, quissiste darme:
ni tú ternias que darme más tormento,
ni aun yo más que pagar mi atreuimiento.
Ansi acabó mi Alanio el suaue canto y aun yo quisiera que entonces se me acabara la uida, y con mucha razon, porque no podria llegar a más la desuentura, que a uer yo delante mis ojos aquel que más que a mí queria, tan perdido por otra, y tan oluidado de mí. Mas como yo en estas desuenturas no fuese sola, dissimulé por entonces, y tambien porque la hermosa Ysmenia, puestos los ojos en el su Montano, començaua a cantar lo siguiente:
¡Qvan fuera estoy de pensar
en lágrimas escusadas,
siendo tan aparejadas
las presentes, para dar
muy poco por las passadas!
Que si algun tiempo trataua
de amores de alguna suerte,
no pude en ello offenderte,
porque entonces m'ensayaua,
Montano, para quererte.
Enseñauame a querer,
suffria no ser querida:
sospechaua quan rendida,
Montano, te auia de ser,
y quan mal agradescida.
Ensayéme como digo,
a suffrir el mal de amor:
desengañese el pastor
que compitiere contigo,
porque en balde es su dolor.
Nadie se quexe de mi,
si me quiso, y no es querido;
que yo jamas he podido
querer otro sino a ti,
y aun fuera tiempo perdido.
Y si algun tiempo miré,
miraua, pero no uia;
que yo, pastor, no podia
dar a ninguno mi fe,
pues para ti la tenia.
Vayan sospiros a cuentos,
bueluanse los ojos fuentes,
resusciten accidentes:
que passados pensamientos
no dañarán los presentes.
Vaya el mal por donde va,
y el bien por donde quisiere:
que yo yre por donde fuere,
pues ni el mal m'espantará,
ni aun la muerte si uiniere.
Vengado me auia Ysmenia del cruel y desleal Alanio, si en el amor que yo le tenia cupiera algun desseo de vengança, mas no tardó mucho Alanio en castigar a Ysmenia, poniendo los ojos en mí, y cantando este antiguo cantar.
Amor loco ¡ay amor loco!
yo por uos, y uos por otro.
Ser yo loco, es manifiesto:
por uos ¿quien no lo será?
que mayor locura está
en no ser loco por esto;
mas con todo no es honesto
que ande loco,
por quien es loca por otro.
Ya que uiendoos, no me ueys,
y moris porque no muero,
comed aora a mi que os quiero
con salsa del que quereys
y con esto me hareys
ser tan loco,
como uos loca por otro.
Qvando acabó de cantar esta postrera copla, la estraña agonia en que todos estauamos no pudo estoruar que muy de gana no nos riessemos, en uer que Montano queria que engañasse yo el gusto de miralle, con salsa de su competidor Alanio, como si en mi pensamiento cupiera dejarse engañar con apariencias de otra cosa. A essa hora comence yo con gran confiança a tocar mi çampoña, cantando la cancion que oyreys; porque a lo menos en ella pensaua mostrar (como lo mostre) quanto mejor me auia yo auido en los amores, que ninguno de los que alli estauan.
Pves no puedo descansar
a trueque de ser culpada,
guardeme Dios de oluidar,
más que de ser oluidada.
No solo donde ay oluido
no ay amor ni puede auello,
mas donde ay sospecha dello
no ay querer, sino fingido.
Muy grande mal es amar,
do esperança es escusada;
mas guardeos Dios de oluidar,
que es ayre ser oluidada.
Si yo quiero, ¿por que quiero,
para dexar de querer?
¿que más honrra puede ser,
que morir del mal que muero?
El biuir para oluidar,
es uida tan afrentada,
que me está mejor amar,
hasta morir de oluidada.
Acabada mi cancion, las lagrimas de los pastores fueron tantas, especialmente las de la hermosa pastora Ysmenia, que por fuerça me hizieron participar de su tristeza, cosa que yo pudiera bien escusar, pues no se me podia atribuir culpa alguna de mi gran desuentura (como todos los que alli estauan, sabian muy bien). Luego a la ora nos fuymos cada uno a su lugar, porque no era cosa que a nuestra honestidad conuenia estar a horas tan sospechosas fuera dél. E al otro dia mi padre sin dezirme la causa, me sacó de nuestra aldea, y me ha traydo a la nuestra, en casa de Albania mi tia, y su hermana, que uosotros muy bien conoceys, donde estoy algunos dias ha, sin saber qué aya sido la causa de mi destierro. Despues acá entendi, que Montano se auia casado con Ysmenia, y que Alanio se pensaua casar con otra hermana suya, llamada Syluia. Plega a Dios que ya que no fue mi uentura podelle yo gozar, que con la nueua esposa se goce, como yo desseo (que no seria poco) porque el amor que yo le tengo, no suffre menos, sino dessealle todo el contento del mundo. Acabado de dezir esto la hermosa Seluagia començo a derramar muchas lagrimas: y los pastores le ayudaron a ello por ser un officio de que tenian gran esperiencia. E despues auer gastado algun tiempo en esto, Sireno le dixo: hermosa Seluagia, grandissimo es tu mal, pero por muy mayor tengo tu discrecion. Toma exemplo en males agenos, si quieres sobrelleuar los tuyos; y porque ya se haze tarde, nos uamos a la aldea, y mañana se passe la fiesta junto a esta clara fuente donde todos nos juntarémos. Sea assi como lo dizes (dixo Seluagia) mas porque aya de aqui al lugar algun entretenimiento, cada uno cante una cancion, segun el estado en que le tienen sus amores. Los pastores respondieron que diera ella principio con la suya: lo qual Seluagia començo a hazer, yendose todos su passo a passo hazia la aldea.
Zagal, quien podra passar
uida tan triste y amarga,
que para biuir es larga,
y corta para llorar?
Gasto sospiros en uano,
perdida la confiança:
siento que está mi esperança
con la candela en la mano.
¡Que tiempo para esperar
que esperança tan amarga,
donde la uida es tan larga,
quan corta para llorar!
Este mal en que me ueo,
yo le merezco ¡ay perdida!
pues uengo a poner la uida
en las manos del desseo.
Jamas cesse el lamentar[1234];
que aunque la uida se alarga,
no es para biuir tan larga
quan corta para llorar.
Con un ardiente sospiro, que del alma le salia, acabó Seluagia su cancion, diziendo: Desuenturada de la que se uee sepultada entre celos y desconfianças, que en fin le pornan la uida a tal recaudo, como dellos se espera. Luego el oluidado Sireno començo a cantar al son de su rabel esta cancion:
Ojos tristes, no lloreys,
y si llorades pensad,
que no os dixeron verdad,
y quiça descansareys.
Pues que la imaginacion
haze causa en todo estado,
pensá que aun soys bien amado,
y teneys menos passion:
Si algun descanso quereys,
mis ojos, imaginad,
que no os dixeron uerdad,
y quiça descansareys.
Pensad que soys tan querido,
como algun tiempo lo fuystes.
Mas no es remedio de tristes
imaginar lo que ha sido.
Pues ¿qué remedio terneys,
ojos? alguno pensad,
si no lo pensays, llorad:
o acabá, y descansareys.
Despues que con muchas lagrimas el triste pastor Sireno acabó su cancion, el desamado Syluano desta manera dio principio a la suya.
Perderse por ti la uida,
zagala, será forçado,
mas no que pierda el cuydado
despues de auerla perdida.
Mal que con muerte se cura
muy cerca tiene el remedio,
mas no aquel que tiene el medio
en manos de la uentura.
E si este mal con la uida
no puede ser acabado
qué aprouecha a un desdichado
uerla ganada, o perdida?
Todo es uno para mi
esperança, o no tenella:
que si oy me muero por uella
mañana porque la ui.
Regalara yo la uida,
para dar fin al cuydado,
si a mi me fuera otorgado,
perdella en siendo perdida.
Desta manera se fueron los dos pastores en compañia de Seluagia, dexando concertado de uerse el dia siguiente en el mismo lugar; y aqui haze fin el primer libro de la hermosa Diana.
Fin del primer libro de la Diana.