Dama de merescimiento
a mis ojos más hermosa,
gloria de mi perdimiento,
aliuio de mi tormento,
de flores de damas rosa;
Esperança de perdidos,
ganados en os amar,
pues despertays mis gemidos,
leuantad vos mis sentidos
para que os sepan loar.
Hizo os Dios tan robadora
de coraçones humanos,
que vos quedays por señora
de aquel que os viere a la hora,
y él se queda en vuestras manos;
Y ansi yo, vuestro captiuo,
pues miraros meresci,
con dichosa muerte viuo
y por gran gloria reciuo
por vos me oluidar de mí.
Porque en ver os, si quedara,
fuera de vuestra prision,
a mí mesmo condenara
y de mi poder quitara
este vuestro coraçon.
Porque quien de vos partiere
libre de vuestra cadena,
no sé qué más muerte quiere
que el rato que en sí viuiere
fuera de carcel tan buena.
Ansi quiero que sepays
que no me es de agradescer
por dezir que me matays,
pues más gloria en mí causays
quanto es más mi padescer.
Pues por vos los amadores
tendran gloria en ser vencidos,
venturosos mis dolores,
pues en la prision de amores
soy de los esclarescidos.
Hizo me Dios venturoso
en ver vuestra hermosura;
gano nombre victorioso
donde quier que dezir oso
he volado en tal altura;
porque vista mi baxeza
de quien ve vuestro poder,
mirando vuestra grandeza,
dira que vuestra alteza
puesta en mí se va a perder.
Y ansi ruego no mireys
a vuestro merescimiento,
porque no os apiadareys
deste que morir vereys
en tan dichoso tormento;
Mas mirad la obligacion
que posistes en mirarme,
para quedar yo en prision,
donde pide la razon
que dessee no librarme.
Porque más sere perdido
quanto por mí me cobrare,
y en más gloria soy subido
y más soy fauorescido
si por vuestro me nombrare.
Pues terneys cierto de mi
jamás os poder dexar,
dama más linda que vi,
no os offendays vos en mí
queriendo me castigar.
No me juzgueys lisongero
por dezir que me matays;
que de mayor muerte muero
porque no mori primero,
y esto os ruego me creays.
Y si por esto os paresce
que deueys de castigar me,
dad la pena que meresce
al que por vuestro se offresce,
y luego mandad matar me.
Porque vista la occasion
que tengo para quereros,
fue forçosa mi prision,
obligando mi razon
a ser vuestro luego en veros.
Y ansi vos podeys hazer
como cosa vuestra en mí;
mas si a mí pensays perder
sin a vos en mi offender,
catad que no será ansi.
Mandastes que a veros fuesse
aunque no hauia que mandarme;
que quien vuestro rostro viesse
no es possible no se os diesse
por vuestro, qual quise darme;
Mas mirad lo que mandays
y mirad lo que podeys;
que si la mano no alçays
al tormento que me days,
muy presto me perdereys.
Y aunque pensays que en perderme,
linda dama, no perdeys,
si sin vos podeys hauerme,
facil os es deshazerme,
mas tal no me hallareys;
Porque yo sin vos no viuo,
y en vos no puedo morir,
carcel de libre captiuo,
pena do gloria reciuo,
dónde yre sin vos no yr?
Vos, dama, soys mi esperança,
vos mi muerte, vida y gloria,
vos mi bienauenturança,
vos de mis males bonança,
vos pinzel de mi memoria;
Yo sin vos soy el perdido,
yo sin vos el que más muero,
yo sin vos el mesmo oluido,
yo sin vos el mal nascido,
yo sin vos quien mal me quiero.
Vos sin mí de más valer,
vos sin mí más sublimada,
vos sin mí soys de querer,
vos sin mí soys de temer,
vos sin mí soys adorada;
Yo por vos soy muy dichoso,
yo por vos quien resuscita,
yo por vos vanaglorioso,
yo por vos el más gozoso
que en casa de amor habita.
Y pues tal por vos me veys
y sin vos yo tal me hallo,
ni vos mi muerte querreys,
y aun dezir que no podreys
matarme, oso affirmallo;
Lo vno, pues vos hallays
en vos, dama, mi viuir;
tambien porque os engañays
si de nueuo vos pensays
matar mi viejo morir.
Por tanto, mi nueuo amor,
despida mi nueua muerte
tu grande nueuo fauor,
contra mi nueuo dolor,
de nueuo causado en verte;
Y aunque yo por verte muero,
más muriera en no te ver:
que aunque asi muero, no muero,
pues muero al viuir primero
que viui sin tuyo ser.
COMPARACION
Mi triste viuir passado,
que tu claridad no via,
fue vn tiempo de ñublado
sepulcro triste y cerrado
que mi virtud consumia;
Vn contino nauegar
por vn mar de pensamientos,
con lastre de gran pesar[697],
sin gouernalle lleuar,
viento en popa de tormentos.
Andar de ciego sin guia,
comer que gusto no daua,
caminar do no sabia,
hablar lo que no entendia,
buscar lo que no hallaua;
Vn viuir muy soñoliento,
vn ver de fiestas sin ojos,
casa muy sin fundamiento,
cardo corredor al viento,
lleuado por mil antojos.
Mas despues que la creciente
de aguas dulces del amor,
deriuadas de tal fuente,
de dama tan eminente
me mostraron su dulçor,
La gloria de lo passado
del todo me hazen lançar,
del gusto dello enojado,
bien como hombre mareado
lance fuera el tal manjar.
APPLICA
Y ansi queda el coraçon
de lo gozado vazio
y, con nueua alteracion,
lleno de doble passion,
con temor de algun desuio;
Porque en ver le de mí ageno,
aunque pare más salud,
dama, aunque por vos peno,
adoro os y a mí condeno,
con temor de ingratitud.
Aunque yo no condenaros
osaré, sino seruiros,
y con siempre dessearos
no oso, triste, llamaros
más claro que con sospiros;
Porque mi tan grande gloria
ha de ser muy embidiada,
tened vos de mí memoria,
y ansi saldre con victoria
de todos, sin más espada.
Aunque osaré affirmar,
con que algo me consuelo,
que nadie os sabrá amar,
ni nadie os osa llamar,
pues volays tan par del cielo:
Pero yo, que merescí
veros sin luego acabarme
quando de vos me parti,
contemplando a vos en mí,
tengo por justo estimarme.
Partime sin os dexar,
dexando vuestra presencia;
que si por no me alexar
os pensays de mí enojar,
dadme luego penitencia;
Porque menos no podré
de os dar tales enojos,
ni ser vuestro callaré,
hasta que, muerto, tendré
la tierra sobre los ojos.
Y aun alli, si hablar pudiesee,
mi lengua os confessaria,
porque el coraçon viuiesse,
en el qual, si se abriesse,
vuestro nombre se hallaria:
Y ansi sé que, si quereys
que no muera yo jamas,
en la mano lo teneys,
y aun muy más me matareys
con muerte que tura más.
CONCLUYE
Concluyo, dama, al pediros
más gracias de las pedidas,
que, si oys mis sospiros,
vereys que en esto escriuiros
mis ansias van esculpidas.
Y dichoso este papel
quando esté en vuestra mano;
mas yo dichoso por él,
que en lo pensar queda hufano
este vuestro captiuo Floriano[698].
O alto entendimiento de hombre! y dichosa tú, señora, que tal esposo has cobrado! porque yo me embeuesci en la lectura tanto, que ni he sentido ni entendido con quién lo hauia. Toma, toma, mi señora, que razon es que tengas tú vn tal papel como éste; y aun razon es que galardones mucho vn tal captiuo, con le dar toda libertad que en ti pudiere, pues no menos libertas a ti. Y porque yo te siento que tienes gana de le tornar a leer, y con razon, yo salgo a entender que te den presto de cenar, porque diré que te quieres luego acostar.
Bel.—Anda, haz lo que te paresciere, que ni estoy bien en mí, ni sé qué te diga de lo que siento, sino que me dexes, que quiero tornar a leer esta contemplacion del que mi coraçon ama.
NOTAS:
[697] Por mera curiosidad copiamos aquí una enmienda manuscrita referente á este verso, que se halla en el ejemplar que seguimos. Dice: con desastre y gran pesar.
[698] Así en el original, pero sobran sílabas al verso. Quizás deba leerse: vuestro captiuo Floriano.
ARGUMENTO DE LA SCENA XLIII
Venida la hora, va Floriano a ver a Belisea, y lleua consigo a Polytes. Floriano queda de pedir a Belisea por muger a Lucendo, como venga otro dia; y con esto se despiden, y concluye la comedia.
Floriano, Polytes, Fulminato, Felisino, Pinel, Belisea, Justina.
[Flor.].—O soberano poder de Dios, y que descuydo el mio! que ya creo que es cerca del dia; porque me paresce hauer vn año que me eché a dormir. Polytes, Polytes!
Pol.—Señor.
Flor.—Qué hora es?
Pol.—Dara las onze.
Flor.—Del dia?
Pol.—A dó va por ay? Señor, digo que aun no es media noche.
Flor.—Mira bien en ello, no te engañes y me destruyas.
Pol.—Todos los reloxes he contado, y aun el chico de la sala no ha dado más de las onze agora.
Flor.—Pues dime, acuerda se te bien si nos mandaron yr antes?
Pol.—Ya tornamos a las de antaño?
Flor.—Pues qué me dices?
Pol.—Señor, mandaron nos estar allá en dando la vna.
Flor.—Pues luego tiempo es ya de començar se a adereçar los que han de yr conmigo.
Pol.—Qué hambre tiene el diablo de lo que tengo para mí que no ha de ser para cobrar. Anda, señor, que aún ay harto tiempo; porque como todos estan ya preuenidos, no es menester dar les tan mala noche; basta llamar los media hora antes. Porque para salir antes con antes, y andar rondando allá la casa, ornando las calles, en lo primero se auentura a perder mucho, y en lo segundo no se gana nada.
Flor.—Pues dame esse discante, y en tanto apercibe a essos, para que en dando las doze estemos todos para botar; porque más vale ganar por ante mano, que perder por punto menos.
Pol.—Toma, señor, cata ay la vihuela, y las velas quedan ardiendo; yo voy a entender en lo que mandas. O, valas me, Dios! y qué adelantadizo está Floriano en el cuydado de ver ya a Belisea! Él se echó armado, como ha de yr, sobre la cama, y aun no ha hecho sino sospirar, que no ha pegado ojo, e ya se le haze tarde. Por esso dizen que es gran afan esperar, mayormente en tal caso; pues a mí bien pienso que no me va menos que a él en yr a punto, pero dormido he vn buen rato. Y aun Floriano temo que no va tan sobre seguro como yo, porque Belisea todo me paresce que lo encamina por vn amor virtuoso, si no buelue la hoja. Pero éstos me paresce que estan durmiendo de veras, como quien no les va nada en el ir o no. A, Fulminato, asuadas que tú buscas cómo no yr allá esta noche. A, Fulminato, no despiertas?
Ful.—O, reniego del hijo de Latona: y qué andas trasgueando? y qué buscas ya tan presto?
Pol.—Que os llama Floriano.
Pin.—Pues alto, demonos priessa a vestir.
Fel.—O, cómo agora andaua en lo mejor del sueño! y aun que te perdonara la muerte del Soldan, por el sueño de hasta medio dia.
Ful.—No estamos en casa de tanto sosiego. Pero el mal que veo es que de catorze moços despuelas que somos, y de quinze escuderos, y otros tantos continos y otros tres tantos officiales, y una chusma de pajes, y los más ya hombres, toda la lazeria ha de cargar sobre los que agora aqui estamos.
Fel.—Fauores son de señor echar mano del criado de quien más se fia.
Pin.—Y aun por esso llama Floriano a Fulminato a cada passo. Pero qué te queria anoche, qué te mandaua buscar de priessa? por ventura si eran quexas de la tu Marcelia?
Ful.—No fueran luego más sus dias.
Pin.—Cosa de parlerias serian.
Ful.—Pues no fue menos, sino que me pedia qué fuera de mí la noche de marras.
Pol.—Y habló te de la capa?
Ful.—Quando fuere hombre contando, dexa le acabar y no preguntarás sin razon; porque todo se anduuo, y todo se lo parlaron, pero a todo le satisfize; que desque le dixe que me aparté en seguida de vnos den casa de Lucendo, que senti que yrian a parlar a su señor, que nos haurian visto, por donde Lucendo reñiria con su hija Belisea, e yo por más correr y acortar les los passos perdi la capa, que aunque se me cayera vna pierna no lo sintiera, podiendo correr.
Fel.—Pues en qué paró la plática?
Ful.—En amonestarme que me ouiesse bien con todos, y en dezir me que ya tiene mandada hazer librea rica para toda su gente, porque quiere armar vnos torneos. Y porque ellos no los osara hazer sin mí, mayormente que son de a pie, por contentar me me manda dar otra capa de las suyas, la qual luego me dio anoche el camarero, que vale por tres de la otra; sino que por el rico recamado no la traere muy a la contina, siquiera porque no digan que las justicias no me la quitan, y que dissimulan conmigo, y con otros luego executan.
Pin.—Y aun éste es el renegadero destos palacios: que este por panfarron medre más que tres buenos y fieles siruientes.
Ful.—Qué dizes, Pinel, pésate de mi bien?
Pin.—Peccado es la embidia, que me cabe mal en la posada; pero digo que en todo eres venturoso.
Pol.—A la fe, al que Dios ha de ayudar, sabe le bien hallar; pero si os paresce, vamos de aqui, no salga Floriano.
Fel.—Vamos, que yo ya estoy hecho vn relox.
Pin.—Pues yo para tener me con dos no me falta heuilla, si piedras no andan, que desatinan de noche mucho.
Pol.—Pues asuadas que a todo esso vaya Fulminato con el faldamento de la capa por escudo, y la espada en la vayna.
Ful.—Pues no estás fuera de mi propósito; porque donde yo fuere, si soy conoscido, no haure menester desenuaynar para que nos dexen el campo franco.
Pol.—Oyd, hermanos, que está Floriano tañendo, y bien, con la vihuela.
Ful.—Sus cuidados y los mios todos son de vn peso. Por Dios, no tenga él en más que le amanezca tañendo, y dexar nos ansi bausanes, que yo tengo a quantos nos podran salir al encuentro esta noche; y si no, veldo, que ya comiença a cantar.
Fel.—Oye oye, que aun no ha dado la doze, y allá no hemos de estar antes de la vna, sino es para perder tiempo.
Pin.—Pues, por cierto, harto ganado tiempo será gozar de tal musica, aunque ni durmamos, ni comamos; oyd.
PAUANA DE SU SEÑORA
Flor.
Vos soys, Belisea, mi gloria cumplida,
mi bien todo entero, mi nueua esperança;
por veros ya muero con tanta tardança,
por ver que la hora aun no es ya venida;
al tiempo maldigo,
pues vsa conmigo
con su tardança de enemigo.
Ay, quándo podré yo verme en la gloria
de aquel parayso de vuestro vergel!
dichosas las plantas que vos veys en él,
mas yo más que todos en vuestra memoria;
mas ay, que hora veo
que muy poco creo
del bien que en vos halla mi desseo.
Ful.—A la fe, al buen hombre acuerdan se le los passos del pasto que allá deuió de tener, y, como cauallo castizo, con aquella reminiscencia relincha.
Fel.—Y calla, que ni gustas, ni nos dexas oyr; que con tal potranca, no te paresce que qualquier potro auiuaria?
Flor.
Vos sola soys gloria por vos merescida,
pues otro ninguno no ay que os merezca;
vos soys de las damas la más escogida;
dichoso el amante que por vos padezca;
mas ay, si yo fuesse
quien solo os siruiesse
y solo quien por vos muriesse!
Vos soys el retracto del summo poder,
que Dios ha mostrado en las criaturas;
angélica imagen que acá en las baxuras
ensalçays a Dios en tal os hazer;
soys sola vna
a quien fortuna
obedece desde la cuna.
Vos soys mi prision y mi libertad;
yo vuestro captiuo, y tan venturoso,
que es tanta mi gloria, que hablarla no oso,
porque es offendida vuestra majestad;
ansi yo callo
el bien que hallo
en ser vuestro libre vasallo.
Vos soy paradero de mis pensamientos;
vos soys el pinzel con que mi memoria
esculpe en mi alma tal contentamiento,
que en vos halla objecto de su mayor gloria,
pues con gran razon
el mi coraçon
descansa con tal contemplacion.
Pol.—O, qué alta pauana, y qué bien cantada! quiero, pues ya calla, entrar para que sepa que le aguardamos.
Flor.—Qué hora es, di, Polytes?
Pol.—Señor, acaba de dar las doze, y todos estan ya a punto.
Flor.—Pues alto, vamos, y cierra esta camara, y el postigo de la puerta principal harás le quedar apretado. Pero di, Fulminato, vas sin armas, por te differenciar de essotros que van bien a punto? o vas ansi más suelto para poder dar vn arremetida a tornar a mirar por la casa, porque en tanto no nos roben?
Ful.—Bien huelgo, señor, que me ayas entendido, porque para tantos ladrones como andan en estos tiempos no haze poco bien mi sagaz preuenimiento; en especial que a todo entiendo de acudir acá y allá. Y aun quiero dar vna cala a las calles hasta allá; porque podays yr sin estropieço, si no fuere de cosa de espinilla.
Pin.—Siempre el diablo ayuda a los suyos; que ya éste tiene con qué se nos escabullir como la otra noche, y aun con que se lo agradezca Floriano como gran valentia y ardid.
Fel.—Ay verás que todo es ventura este mundo.
Pol.—Yo seguro, pues, que, aunque él va delante, que antes que nos allá, él esté en la cama.
Ful.—Allá yran estos necios; pues ya les hurté el cuerpo, bueluo a guardar la casa desde mi cama.
Fel.—Ya no paresce Fulminato.
Pol.—Antes se me antojó que hizo que yua delante y se abscondio al rincon del portal.
Flor.—Ea, vosotros venid callando, que ya estamos a la puerta de la huerta; vosotros os apartad por ay, donde aguardeys más secretos.
Pol.—Oye, señor, que dentro hablan.
Bel.—O Justina, duermes?
Just.—Antes oyo hablar a la puerta; ya tocaron: la seña es aquella; allá voy.
Pol.—Señor, ya abren; si mandas estemos a punto, que más vale, por sí o por no, que estemos para dar antes que para recebir.
Flor.—Bien hablauas si yo no viniera a ver a mi señora, de donde no puede salir mal.
Just.—O, bendito el señor que te me dexó ver bueno; mi señora queda sola par de la fuentezica del cenadero. Por esso acaba, señor, de entrar; cerraré, que no la dexemos sola.
Flor.—Pues yo voy allá.
Just.—Señor, perdona, dexa me primero ver qué haze. A, señora, dame albricias, que aqui mi señor Floriano.
Bel.—Passo, passo, loca, que yo te las mando.
Flor.—Y aun yo tambien, pues de ellas mia es la ganancia. Y perdona me que llegué antes que me lo mandasses.
Bel.—La licencia del entrar en la huerta te escusa en todas essas culpas, en especial que tu persona meresce mucho más; y el grande amor sano que te tengo se estiende a hazer yo mucho más por ti que esto que es perdonar te; donde sobre yo bien quererte y esperar de verte, no ha procedido yerro de tu parte en el llegar, si primero no le ouo de la mia en te mandar venir. Y ansi, dexando ya rodeos ni proemios, te sienta donde ya otra vez te dieron licencia; y tú no has desmerecido en mí porque no vaya muy adelante. Agora, pues, que, señor mio, estás sentado e yo sentada, te ruego me digas; por qué tú allá en tu casa, en mi absencia (porque segun el papel que me dio Marcelia ayer tarde) ni tú deues de hauer dormido, ni deues de dar te vagar a ti mesmo para pensar en lo que a tu salud cumpla? Pues mira que ya de oy más no quiero sino que como cosa de mí, a mí querida y apreciada, te tractes bien y a los tuyos, y pongas todo reposo en tu casa, tomando le tú en tu persona primero. Y lo segundo que te pido que me digas es: para qué juntamente quieres que yo ni tú andemos hechos trasgos de noche, y por los huertos sin dormir? porque si lo hazes por obligar me a más amarte y a menos oluidar te, sepas que no tiene lugar en mí, donde el amor que te tengo pueda crescer más. Si lo hazes por pensar que tu cobdicia desordenada hallará algun momento, a bueltas de tantas muestras de amor y fauores, descuydo en mi cuydado sobre la guarda de la integridad de mi persona, piensa trabajas en vano pensar alcançar más de mí, mientras nuestras visitas no tuuieren licencia de ser más de dia y públicas que agora. Y pues yo a la bastarda he dicho lo que quiero, tú agora muy al breue me responde sobre lo dicho tu parescer. Y huelgo que, aunque essos ayan oydo mi tosco hablar, tu elegante facundia ya pueda yo oyr sola. Por tanto, por hazer te plazer, pues bien sé que no vienes sino por solo ver me, y solo hablar me, aparta te allá, Justina, ay en mi presencia, pues tienes tambien con quién deuas hazer otro tanto como yo, con tanto que no aya en ti más que retraer.
Just.—Pues antes que me quexe de que me pidas zelos de mi guarda, ni antes que yo haga lo que me mandas y lo que mi señor Floriano dessea, que es yo apartar me, quiero, si tú me das licencia y su merced me lo permite, hablar le yo primero delante de ti, y aun del que trae consigo, pues mi plática será en bien comun de todos; por tanto, deue se preferir al bien particular.
Bel.—Algun desatino será asuadas.
Just.—Señora, no me afrentes en presencia de tu querido, que tambien haurá quien torne por mí si por bien es.
Flor.—Que teneys justicia grande! dezid lo que os paresce, pues conmigo es la plática, que con no me apartar de mi señora, todo os oyré para que ella dé la sentencia de vuestra justicia contra mí.
Just.—Antes seremos todos en tu seruicio y fauor, y muy a lo manifiesto: pero quiero desengañar te de vna cosa, que por no la saber no podras preuenir la, y aconsejar te otra como a mi señor.
Flor.—Dezid, mi Justina, lo que os paresciere, con que no sea en daño de mi señora, ni en dissuadir me de ser suyo.
Just.—Antes todo va a parar en esso que tú desseas e yo querria ver muy cumplido. Pero desengaño te que, aunque te ama mi señora tanto como puede, y más que te sabe ni osa dezir, ni yo alcanço, a lo menos sé esto de ella: que aunque la fuerça del amor la trae a este lugar, y la traera todas las vezes que no aya estoruo y tú se lo pidas, pero en todo haze contra su condicion. Y ansi, pues la amas tanto y la tienes por esposa (como lo es) tuya, no la traygas tan a su costa a tu contentamiento, en especial que ni tú podras escalar los jardines cada noche, ni ella estar en vela esperando te, y ni tú lleuarás desque ydo más de saber que te ama, y oyr que te habla. Porque para yr más adelante tiene se ella tan puesta debaxo de vna llaue de guarda de su persona y honra, la qual llaue trae mi señor Lucendo su padre, de manera que si no se la pides a él, y él quiere darla, ni tú hallarás más thesoro del hallado, ni ay más mineros que romper.
Flor.—Por cierto, vos haueys hablado bien, y vuestro consejo me deue de cumplir. Y digo que qualquiera cosa haré que me digays, pues sé que es para mi bien. Pero no sé qué llaue es essa que tengo de pedir; que si es de oro, yo la haria tan grande como la puerta mayor desta casa.
Just.—No son menester rodeos, sino que, mi señor, pues tienes el sí de esposa de mi señora, que pidas el sí de su padre, y tendras la por muger como la sancta iglesia lo manda, y tú lo desseas, y ella lo querria, y su padre no lo desdirá. Pero cumple que sea hoy en todo caso, porque andan muchos tras mi señor que le han pedido la hija, y no lo turbes todo en ser postrero.
Flor.—Por cierto, si ello consiste en sólo esso, que antes de comer le embie de mi parte el más merescedor tercero y delegado que tuuiere.
Just.—Pues sabe que montará tanto quanto desque, ello hecho, confio en Dios que me lo diras antes de veynte dias.
Flor.—Pues qué me monta a mí que me lo persuadays vos, si mi señora no me lo manda, para que sea el consejo y el mandamiento todo vno en gran merced mia?
Bel.—Señor, no osaré salir del mandado de Justina, y ansi me paresce que te aconseja bien, para que nuestras cosas no anden siempre a lumbre de estrellas, sino a claridad de sol, pues de ello Dios será seruido.
Flor.—Pues yo digo que lo haré, como a quien tanto le va en ello, y por el consejo os quedo obligado, Justina, y por la merced, sin esperar licencia te tomo las manos y las beso.
Just.—Ya, ya; agora que me quedays buenos obedientes, me aparto a vsar de mi licencia a parlar contigo, señor Polytes; paresce te que quedan buenos? pues ya tú tornas a tus porfias? Di, paresce te que no has de guardar más tiempo, que estando delante de mi señora, y alli junto, no puedes poner freno a tus meneos, y tassa a tus desseos?
Pol.—Perdona me, señora de mi vida, que las hablaste tan bien cortado y tan liberalmente, y tan a punto todo hablado, que no sé cómo pudo la razon refrenar me en no te tomar en mis braços y arrebatar te delante de ellos al medio del razonamiento, y a ellos dar lugar que obrassen, y a ti tender sobre estas olientes violetas, debaxo la suauidad destos jazmines tan bien encañados.
Just.—A la fe, agora os digo que sí, por mi salud, que haueys dentrar por vna puerta tú y tu señor, y que hasta que aquella llaue que le dixe cobre, que no cobres tú más que él. Por esso está como honesto quedo acompañado, si no quieres como atreuido y desmandado quedar deshonesto solo.
Pol.—Pues el amor que te tengo me manda que no te obedezca, mi atreuimiento me obliga a que te suffra quantas injurias me dixeres.
Just.—Pues tan poco pienses que está todo hecho en que, a trueque de hablar yo lo que quiera, te dexe obrar lo que desseas. Que si tú no miras más por mí en que nos oyra Belisea, miraré yo por ti en yrme para ella, de manera que dañes a tu señor y a ti.
Pol.—Anda, mi señora, que estos jazmines nos encubren, y el armonia de las aues anteuiene a nuestro sonido, y el gargantear de la fuente atapa nuestro bullicio. Quanto más que ellos estan a solas y son dos, y amantes, marido y muger, y entenderan en sumar sus cuentas.
Just.—Pues por mi salud que agora no sumes tú esta. Ay, desdichada yo, y qué teson eres, que no oso quexar me de tus demasias, por no dar mala sospecha de mi deshonra y tu mal miramiento.
Pol.—Perdona, mi señora, que donde fuerça ay, derecho se pierde, y do ay amor, no cabe occasion, pues vale más buena possession que larga esperança.
Bel.—Agora que, señor mio, la sensualidad, con permitir te, lo razonable, en ti querra ser más atreuida para pensar que dando le el dedo ha de lleuar la mano, y en mí la mia me podria hazer más oluidadiza y descuydada de lo que me ha mandado la razon, de lo qual no osaré exceder, paresce me que nos salgamos a nuestra mano con lo hecho: tú en que gozauas y desseauas, e yo, como tuya, te di entrada en mi jardin para coger la que los hombres dezis que es fructa de palacio. Ansi que agora, amigo, te reposa, porque ni demos occasion de que nos juzguen[699] los criados donde no tienen los amos por qué, y tambien porque auezemos a la sensualidad yr bien enfrenada por la mano de la razon, de manera que, dando le la razon rienda, corra quanto pudiere, y dando le la soffrenada, pare sin más resabio ni corcobo de falta de subjection a quien lo manda que pare quando es justo, y que se espacie quando se le permite.
Flor.—Ay, señora de mi coraçon, que os amo tanto, que paresce, segun la sensualidad, que no quisiera amar os tanto, por no obedescer os tan liberalmente, por sólo no os enojar. Y junto con esto, veo os tan señora en fauorescerme, y tan buena y honesta en el gouernarme, que no tiene mi sensualidad, desmandada en el medio de su mayor contentamiento y gozo, atreuimiento ni fuerça para resistir a vuestra razon. Por donde oso dezir que quisiera poder os querer tanto como os quiero, y hallar os algo menos buena que soys, porque ansi tan al descubierto no se vieran ser tan contrarios vuestra gran bondad con mi gran ardiente sensualidad, y en hazer lo que hago, en parar como me lo mandays, quiero más ser cobarde hombre que desmandado y reprehendido vuestro amante.
Bel.—En tanto, mi señor, te tendre en más, en quanto, tú teniendome en más, buscares más licencias para gozar en mí lo que con la voluntad agora a su tiempo me tengo toda por tuya. Y ansi, pues que, con no hablar tanto como la otra noche, el obrar y occupacion de las manos paresce que ha dado priesa a que se fuesse la noche, y venga ya el dia, sin offrescer me de nueuo por tuya, me dexa entre los de mi casa agora mostrar me ser mia. Y con esta paz, de todo amor, con las lagrimas en los ojos, me despido contra mi voluntad, por la necessidad de la honra mia, que tan por tuya, es justo que me tenga en más de aqui adelante. Y ruego te que en lo que te he permitido tocar sea como cosa tuya, y en lo que me he guardado sea que me perdones como por cosa mia hasta que Dios lo ordene: el qual te guie y te me dexe ver presto como yo desseo y mi honra me obliga.
Flor.—Por yr me con la dulçura de vuestra plática no quiero azedar mi gusto con ya más responder os, de que con vuestra licencia me voy, para entender en lo que Justina me aconsejó.
Just.—Ay, señor mio, y qué mal lo has hecho conmigo! pero mezquina yo, que son ya despartidos, y creo que han visto el daño que en mí has hecho.
Pol.—Señora, ansi hauran visto el bien grande mio, y pues ya no ay tiempo para más razones, vamos con Floriano, por que cierres la puerta.
Just.—Señor Floriano, Dios vaya contigo, y cata que cumple que no pongas descuydo en lo que te dixe, porque a mi señor Lucendo le dan gran priesa, y él da la mayor a la hija, y mi señora resiste hasta ver conjectura, en que si le dize el padre que tú le pides por muger (pues la ama tanto que le ha de pedir su parescer y contentamiento) pueda ella sin nota suya dezir que quiere a ti, nombrando[700] entre los otros.
Flor.—Muy bien será ansi; yo entiendo en ello oy antes que coma, y tú queda con Dios.
Fel.—Ya salen, hermano Pinel; pues vamos.
Flor.—Todos callando nos vamos, que es tarde, y no quiero que seamos conoscidos por las calles, ni vistos entrar de los de casa.
Pol.—Señor, todo se podra hazer ansi, Dios mediante; mouamos.
Just.—Ya son ydos, Dios vaya con ellos; ya he cerrado la puerta y ruydo hizo más que suele, que no paresce sino que apregona mi mal gouierno. Mezquina yo, qué mal supe aprouechar me del consejo y buen exemplo de mi señora! Pero quiero yr allá, no sospeche algo, que agora me cumple a mí poner (como dizen) cuero y correas, para que ellos concluyan su hecho, antes que por su dilacion, de la honestidad de mi señora se venga a manifestar la presteza de la poca guarda mia.
Bel.—Qué has hecho allá tanto? fueron se?
Just.—Sí, señora, e ya cerré la puerta.
Bel.—Pues a ti cómo te fue con tu Polytes?
Just.—Señora, estaua me contando de que antes que partiessen esta noche cantó Floriano a la vihuela, de mientras los criados se armauan para acompañar le, vna pauana en tu loor y discantando la entrada del jardin, cosa muy alta y facunda.
Bel.—Pues por qué no se la pedias?
Just.—Ya no me quedó por esso, que ya me quedó de hauerla y traer me la para la primera vista, que Dios querra que sea presto, porque bien viste cómo al claro se lo dixe a Floriano; y aun agora al despedir le a la puerta le torné a hazer acordante en ello, diziendole el cómo se haga; y porque cumple que sea ansi, y luego, y él quedó que no comeria antes que te pida por muger; y hecho esto, yo lo doy por concluydo.
Bel.—Vamos, cierra essa escalera; yrme he a dormir vn rato, que me hallo algo descontenta.
Just.—Vamos, mi señora, que eso causa la absencia del tu esposo; pero presto se te quitará con llamar le marido, para que os gozeys a honra vuestra y contento de mi señor tu padre. Para que os dé Dios fruto de bendicion que perpetue vuestra casta, y ellos y todos digamos que loado sea Dios, que lo encaminó tan bien para su gloria perpetua. Amén.
Acaba la comedia no menos util que graciosa y compendiosa:
llamada Florinea; nueuamente compuesta.
Impressa en Medina del Campo en casa de
Guillermo de Millis, tras la iglesia
mayor. Año de 1554.