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Orígenes de la novela, Tomo III cover

Orígenes de la novela, Tomo III

Chapter 180: SCENA V
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About This Book

Una introducción ofrece un estudio crítico sobre la génesis de la novela española, centrándose en el análisis de la Celestina: cuestiones de autoría, fecha, fuentes clásicas e italianas, variantes textuales, caracteres, estilo y su influencia en drama y novela. La segunda parte reúne novelas dialogadas y textos contemporáneos que ilustran temas, lenguaje, modismos, ortografía y rasgos tipográficos de la época. El volumen expone además los criterios editoriales y de transcripción empleados, respetando la ortografía original en las reproducciones (corrigiendo solo errores evidentes) y adaptando la ortografía académica en la introducción para facilitar la lectura.

LA LENA

Por D. A. V. D. V. PINCIANO

Al Illustriss. y Excellentiss. S. D. Pedro Enriquez de Azebedo,
Conde de Fuentes, d'el Consejo d'Estado,
Gouernador del de Milan y Capitan general en Italia,
por el Rey Católico N. S.

Aquí la marca del impresor. Representa el ave Fénix renaciendo de sus cenizas; en medio las iniciales G B P, y en torno del Fénix una orla con esta leyenda bilingüe: «Della mia morte eterna vita io vivo. Semper Eadem».

En Milan. Por los herederos del quon. Pacifico Poncio et Iuan Baptista Picalia compañeros. 1602. Con licencia de los Superiores[745].

Ill.mo y Exc.mo Señor:

Si bien conozco qu'el ciego Vulgo recibe con más voluntad el mal (por serle como natural) que la vtilidad de vna sabia prouidencia (tan agena dél) para dar de mano a las occasiones, que siempre andan llenas de inconuenientes, que suelen causar la inquietud de los tristes que se dexan lleuar de las vanas fantasmas de sus falsas imaginaciones, no por eso he querido dexar de lleuar adelante el jocosso concepto qu' en mi ocio he formado (rompiendo lanças en vn frenetico y desesperado Celoso) con fin de aliuiar á V. S. algun rato en la vacacion de sus graues ocupaciones, renouando el reconocimiento de mi obligacion a su seruicio. Y assegurado de que será recibido con el alegre rostro que pide mi desseo, he ossado sacarle a luz a la sombra de su Excellentiss. nombre: con seguridad de que sólo él basta para defenderle, y que su imperfeccion se disimule o eche menos de ver. Suplico a V. E. le mande poner a los pies de las memorias qu'el tiempo le ha de consagrar por sus heroicas virtudes, las quales llaman a celebrarlas al humilde talento que antes de ahora he dedicado a V. E., a quien Dios guarde.

En Milan a I de abril. 1602, D. Alfonso Velazquez de Velasco.

A LOS LECTORES

Hallando en mi ociosidad empeñada la melancolia en diuersos pensamientos de los graciosos tiros que muchas mugeres del tiempo viejo hizieron, y en la consideración d'el ardiente furor de aquel triste que siente el mortal veneno de vna celosa desconfiança (de cuyos rauiosos desconciertos me ha tocado gran parte), me puse (por mi pasatiempo, como en vengança del daño receuido) a componer esta ridiculosa Comedia, en que algunos ratos he refrescado los espiritus de cierta seca tristeza mia. La recompensa que pretendo es que, como será d'entretenimiento, sirua tambien de vtil consejo y exemplo, para escusar pasion tan terrible, que consume en su proprio fuego al insensato a quien toca. Esto creo bastará para que dissimulen las faltas que hallaren en la disposicion del conceto y estilo. Y para que mi jocosa intencion y simpleza halle fauorable construccion, y no sea juzgada sino segun su effeto, consideren que hablo en el papel como al primero que encuentro en la calle. No he querido aplicar argumentos sobre los actos, teniendolos por superfluos, siendo todos tan eslabonados, y assí, euitando la prolixidad, me remito al prologo de mi famosa Lena, a quien (qual es) os encomiendo por otra tal. Valete.

EL DOCTOR IVAN TOLERANTE AL MANSO LECTOR

Soneto.

Aqui verás el fin, vida y locura
Del celoso Antecuco impertinente,
Que a discrecion de vn necio negligente,
Dexa la joya que guardar procura.
Astuta vieja; sieruo con cordura;
Requestada mujer vana, que siente
Desconfiança d'ella; floreciente
Donzella con madrastra, en estrechura;
Viuda recatada y viejo sano;
Moços sin padre, libres y opulentos;
Humores vanos, de diuersas gentes.
Nota bien sus desgustos y contentos;
Abr'el ojo, Lector, qu'está en tu mano
Biuir en paz, sin mil inconuenientes.
Huye los acidentes
Que aqui verás, seguro y sin sospecha,
De tu metad: pues nada te aprouecha.
Aquel tener la estrecha
(Pobre assombrado) menos tu recelo,
Si ya el Cuclillo te annunció su duelo.

Impatiens operabitur stultitiam (Prou., 25).

NOTAS:

[745] A la vuelta de la portada léese esta sentencia de Terencio: «Nullum est iam dictum, quod dictum non sit prius». Y debajo: «Et nugae seria ducunt».


INTERLOCVTORES

Lena, Tercera.
Ceruino.
Marcia, segunda muger de Cer.
Cassandra, hija de Cer. y de otra muger.
Morueco, hermano de la primera.
Inocencio, Bachiller, criado de Cer.
Bezerilla, Page de Marcia.
Violante, viuda.
Damasio}
Macias } hijos de Violante.
Cornelio, su criado.
Aries, padre de Marcia.
Vigamon, su criado.
Ramiro, Baruero.
Policena, su hija.

Damasio ama a Marcia.—Macias ama a Cassandra.—Aries ama a Violante.—Cornelio ama a Policena.


ACTO PRIMERO
SCENA I

Lena haze el Prologo

Terrible cosa es que no se pueda (sino por marauilla) hazer colada que no llueua. No ay ya biuir en este mal Mundo, pues, como el lobo, tanto empeora quanto más envegece; bien necio es quien de ti se fia[746]. Qué se hizo aquel cortés respecto que la buena memoria de mi madre de su tiempo me contaua? iziendo que como se via vna persona de edad, fuesse quien fuesse, andauan las reuerencias hasta el suelo; siendo en todas partes bien vista y acariciada sin nunca hallar puerta cerrada: porque se biuia a la buena, sin las falsas sospechas que ay el dia de oy. Creo que m'engendró la desgracia, y que si tuuiesse en las manos oro, se me bolueria plomo, pues no pesco con mis designos sino mordedores cangrejos que me destruyen. Entré (que no deuiera) en casa de aquel maldito Ceruino, a mostrar a la señora Marcia, su muger, ciertas galanterias de que suelen gustar las damas curiosas como ella, y al punto de concertarnos sobreuino el mal hombre, y sin más, ni más, llamandome de vieja hechizera, alcahueta, encoroçada, con otra sarta de injurias (que por mi crédito y honrra callo) me dió tal granizo de torniscones, que a sus pies cayera muerta a no socorrerme en la tempestad vna buena persona que le detuuo; mas alcançandome con vn puntillazo, dió comigo por la escalera abaxo, donde perdí mi hazienda, y aun la gana de recogerla, porque se daua tal priesa con aquellas manos de osso (en la picota las vea), que la fin de vna puñada era principio de otra mayor; y assí me salí a la calle del Rey más que de passo, con dolores de bolsa y coraçon, que aun me duran por todo el cuerpo. Mas no lo siento tanto como auer perdido vna recepta de agua de rostro que me valiera vn tesoro; porque bastara a hazer hermosa a la más fea de Guinea, la qual me acabaua de dar vna deuota persona, diziendome auersela tomado a vna Condesa de no sé dónde, para quemarla, y que despues, viendola tan perfecta, de la stima se auia arrepentido. O quién la supiera! Pareceos bien, señores, el daño que aquel descomulgado me ha hecho? Mas a fe que tiene que hazer con gata que trae pelada la cola. Estoy por yrme a la justicia (si la ay en la tierra) y querellandome d'el diziendo que me ha hecho fuerça y robado mi hazienda en su casa, hazer que me la pague con las setenas. Mas probe de mí, de qué me seruirá? Pues, por el maldito fauor, en lugar de castigarle, aunque muestre la vandera rota (digo las molidas espaldas), darán más crédito a su mentira que a mi verdad. Loca sin juizio, qué digo? Por qué no le daré de mi propria mano la pena y castigo que merece? Este es el más sospechosso animal que sabemos, y al presente está tocado de tan rauiossos celos, que se le comen biuo. Ha sido casado dos vezes, y de primera muger tiene vna hija llamada Cassandra, de diez y seis a diez y siete años, encerrada en vn aposento como vna muda; tan escuro, que a medio dia se la pueden dar buenas noches; sin consentir que trate con nadie, diziendo que la donzella es como flor cubierta de rocio, que por poco que la toquen se marchita. Cada dia visita la orina, dando a entender (por amedrentarla) que en ella conosce el humor pecante. No quiere que coma bocado de carne fresca, porque halla que solicita y despierta el apetito de la salada; y de la miseria que la embia para sustentarse haze antes anotomia, temiendo no aya dentro alguna contraseña. Si meten alguna cesta de paños o de otra cosa, lo rebuelue de abaxo arriba; porque vna Reyna de Escocia (dize) s'enamoró de su enano, y que dentro de vna canasta se le metieron en su cámara. Quiere que los criados hablen como por señas, porque no los oyan las mugeres, guardandolas como si fuesen yeguas del relincho y salto del cauallo. Con esta segunda muger se casó poco ha, por ser hermosa y de buen linage; y pareciendole temprano, aun no se atreue a estrecharla tanto como querria, aunque no se pudo yr a la mano quando me hizo el tiro que os he contado. No niego auer ydo con intencion de hazersele como él merece, porque vn Cauallero, que está apassionadissimo por ella, me encomendó que la procurasse dar esta carta, y aunque no lo hize, a lo menos cumpli con arriesgarme a lo que me vino, y assi él, considerando no auer quedado por mí, restaurará (sin duda) mi pérdida, de manera que con tan buen premio como el que espero me serian buenos al mes vn par de tales encuentros. Pero para que la suerte no me salga en blanco, lo que haze el caso es procurar (ya que no pude seruirle por mi pico) que se haga por tercera persona. Mas si mientras busco gato que me saque la castaña del fuego, y voy poniendo liga al paxaro, este gentilhombre muda de pensamiento (como es costumbre de los enamorados de ogaño) no lo perderé todo? No, pues quando no me diere de comer en su casa, no me faltará de cenar en otra, con la mesma empresa. Yo soy como la balança, que se inclina a la parte que más recibe, y como cera, que aunque tenga imagen, como se le carga sello, dexa la primera y toma la forma dél. Harto he biuido para saber biuir. Es lo bueno que al punto comprehendió la buena señora a lo que yo yua; que a las que son tan discretas el diablo se lo pone delante. Qué haré, pues, yo ahora? Piensa bien, Lena, piensa y repiensa, hasta que con su verguença le hagas andar como el que tiene pintado el baruero mi vezino, que fue comido de sus proprios perros; helo de hazer si pensasse morir en la demanda. No es persona la que no sabe hazer bien y mal; quien la haze la espere, y la metad del camino está andado, porque los celos hazen a la muger más facil de rendir. Mas entretanto, ya que (transportada de colera) he echado mis verguenças (y las agenas) en la calle, dandome a conocer por solicitadora, agente o tercera (que algunos necios llaman, a l'antigua, alcahueta), vituperando esta sarta que traigo al cuello, quiero contaros vn Erasse que s'era (y el bien para nosotros sea, el mal para la manceba del Abbad) digo de parte de lo que por mí ha passado. Ante todas cosas fui donzellica niña, hasta que de doze años, cegandome el demonio (nunca se lo perdono), me enamoré de un moço de casa, que era como vn pino de oro, y auiendome a los treze años pegado el mal de los dos baços, viendome mi madre ydropica, a gran priesa (por su honrra y la mia, que siempre la he guardado como los ojos de la cara) me casó con vn hombre de más edad y templança que para la mia era menester, y assi, no pudiendo sufrir sus buenas costumbres, me le desapareci, y de lance en lance fui a dar comigo en Napoles, donde (auiendo estado en opinion de donzella, como tres semanas, en compañia de cierta viuda muy recogida (la qual me instruyó aossadas), vn mercader, persona honrrada, me tomó a su cargo, y al cabo de pocos dias (no faltandome ya quien me alentasse a biuir a mis anchuras) me resolui de tomar casa de por mí y puse tienda abierta de cortesana; y assi continué la mercancia como poco más de treinta años. (El que estuuo allí en tiempo del buen Duque de Osuna se acordará de la Buiza, que asi me llamauan entonces); y despues de mil baiuenes, prosperidades y mudanças, auiendo rematado mis prendas, haziendo como el marinero, que facilmente echa a la mar lo que del pasagero ha reciuido, se me desapareció, como humo, en dos dias, quanto en tantos años, por medio de mi pertinaz pecado, auia adquirido, quedandome solamente con los achaques que acompañan siempre a las de aquella profession; que quando más bien paradas, tienen vn pie en su casa y el otro en el Ospital; no bastando al fin (quando más prosperamente se ha nauegado) quanto pueden acumular para emplastros y çarçaparrilla. Y assi, viendome pobrissima, oluidada y sola, començandome la enojosa vejez a amenazar[747] y saltar a la cassa, embotadas en ella (por mi desgracia) las herramientas del miserable trato, me boluí a Valladolid (mi cara y desseada patria), y viendo esta Corte tan destroçada y transida, que más me parece capitulo general de alquimistas que lo que ser solia, acordé de tomar este oficio, con quatro camas que alquilar, que me es como natural: porque siempre la ramera, tercera muere o mesonera. Auiendome antes informado de que en ningun otro trato se hazen tantos negocios de honrra y prouecho como en éste, aunque corriendo muchas borrascas de las que os he contado. Lo qual siento menos, viendo por este medio tan insigne auditorio, para lo que oyreis. Tened paciencia (os ruego), que no será tiempo perdido.

NOTAS:

[746] Puesta de molde esta comedia por cajistas é impresores italianos, nada buenos conocedores de la lengua castellana, con frecuencia se hallan separadas las sílabas de algunas voces, como si perteneciesen á palabras diversas, ó juntas como si compusiesen una sola palabra las sílabas de dos. En estas primeras líneas del prólogo hay ejemplos de ambas incorrecciones. Dice la edición original: «...pues, como el Lobo, tanto empeora quanto más en vegece: biennecio es quien de ti se fía». Sobre cosas como éstas no llamaremos la atención del lector, por evitar prolijidad innecesaria.

[747] Para confirmación de lo dicho en la nota de la página anterior, véase cómo está en la edición de Milán el texto de esta frase: «començandome la enojosa vejeza á menazar»...


SCENA II

Ceruino, Inocencio.

[Cer.].—Ya sabeis, Bachiller Inocencio, que teniend'os por virtuoso y de confiança, os he metido en mi casa, y tambien la voluntad que tengo de hazeros bien con el tiempo, dand'os entretanto por prenda la guarda de toda mi honrra, la qual estimo más que hazienda y vida.

In.Sit modo dignitas incolumis. No puedo, señor, con palabras dignas, responder a tanta merced; mas en reconocimiento de la confiança, con toda fidelidad y amor seruiré a V. m. y a mi señora, de dia y de noche.

Cer.—De noche no, amigo; dexáme a mí ese cargo, que no es poco pessado. Ahora, pues, quiero que entendais de qué manera os aueis de gouernar. Y n'os espanteis de auerme visto tan colerico con aquella mula del Diablo, que no sabeis quién es ni las malas burlas que suelen hazer las tales.

In.Rectum iuditium iudicate. Qué sabemos si aquella mujer venia o no a lo que V. m. piensa? y teniendo hijos, o nietos, faltandoles el sustento, por no poderse valer de las cosas que dexó en casa, auria V. m. cargado de aquel peso su conciencia.

Cer.—Hareisme con vuestros escrupulos renegar, no sólo de la buena opinion que de vos tengo, mas estoy por dezir de otra cosa. Yo n'os quiero en mi casa para predicador; si quereis hazer a mi modo, aueis de oyr y callar, y si no, yo buscaré quien lo haga.

In.—Esto ha nascido, señor, de que quanto más pobre es vn hombre tanto más se duele de la miseria de otro. No se enoje V. m., que yo haré quanto fuere seruido, como no se atrauiesse[748] l'alma.

Cer.—N'os digo yo? Estad, pues, atento. Quando yo no estuuiere en casa, aueis vos de estar siempre en el portal, mirando como otro vigilantissimo Argos.

In.De hoc ita Ouidius:

Centum luminibus cinctum captut Argus habebat. Inque suis vicibus capicbant bina quietem, Caetera seruabant, atque in statione manebant.

Pero mala burla la hizo Mercurius a Joue missus, cantus dulcedine.

Cer.—Pues qué entendeis por eso?

In.—Que son peligrosas estas custodias, si anda Iuno celosa, pues no se puede el hombre dormir en las pajas.

Cer.—Huelgo mucho de que nos entendamos. No me dexeis entrar persona, aunque viniesse mi propria sombra; y sobre todo abrí el ojo a estas corredoras, ministras de Satanas, que traen la peste consigo. Si vos vuieredes menester alguna cosa, dezí a Bezerrica que la pida a las mugeres; y si ellas os llamaren, diganle tambien lo que quisieren; no tomeis trabajo de subir arriba. Si acaso pasaren algunos a cauallo, entraos luego en el patio; hazé llamar a mi muger con algun achaque, y entretenedla (desde abaxo) con qualque conseja, como de brujas y hechizeras, hasta que sintais que han pasado y que no bueluen: que todo es menester para que no se ponga a la ventana.

In.—Pues qué quentos sé yo para eso! tendrela dos horas con vn palmo de oydo escuchandome: dexeme V. m. con ella que Vincam meis officiis cogitationes tuas. No aurá falta en lo que yo pudiere.

Cer.—Pues con essa confianza de aquí adelante saldré seguro, y estaré fuera de casa con el ánimo repossado.

In.Magnam omnibus in rebus tuae dignitatis rationem habeo.

Cer. solo.—No pudiera hallar de Poniente a Leuante hombre mas a mi proposito que éste, porque realmente es puro y sin malicia; pero esta su sinceridad, qué me aprouechará para assegurarme de que no me podrá engañar? Pone seram, cohibe, sed quis custodiet ipsos custodes? cauta est, et ab illis incipit vxor. Guardeme Dios de quien me fió. La memoria de mil malos sucesos me inquieta y desconfia en gran manera. Mas quando d'este no aya que temer, me da cuidado pensar que (por mi desgracia) le podria engañar alguno de tantos cuclillos como siempre andan tras agenos nidos. Por otra parte, tiemblo de meter en mi casa otro más astuto, que se pueda aprouechar de la ocasion; y asi huyendo del monte vendria a dar en vn pantano, porque de los domesticos no se puede hombre guardar. Quán de esperimentado andubo aquel que tratando de casar a vn hijo cuyo moço, diziendole vno que no conuenia darle muger tan temprano y que debia esperar a que supiesse más del mundo, le respondio que s'engañaua, porque si le conociesse nunca se casaria. Casamiento y vejez corren las parejas; muchos o los más lo desean que en llegando lo aborrecen. Y asi dezia vn viejo muy sabio: Hijos, antes que casaros, ni llegar a viejos, dexaos comer de perros. Maldito sea el punto en que me vino pensamiento de meterme otra vez en semejante labyrinto. Qué dote ni erencia pueden recompensar tantos fastidios? La primera vez cortan las orejas a los ladrones, para que, tornando a hurtar, sean sin más informacion ahorcados. Lo mesmo deurian hazer al que auiendo enuiudado se casa segunda vez; pues, al cabo, al cabo, vna buena cabra, vna buena mula y vna buena muger, son tres malas bestias.

NOTAS:

[748] En el original atraueisse, sin duda por errata.


SCENA III

Macias, Violante.

[Mac.].—Con quánta fuerça, o Amor, arrojas las inuisibles flechas, cuyas heridas se sienten en medio del coraçon, donde con ser ciego tan incierto aciertas, derramando por las venas el oculto veneno, con que enciendes la pureza de los más elados pechos. Qué cetro ay que te pueda hazer resistencia, teniendolos todos a tu dominio sujetos? Quién ay que no siga tu estandarte? Quién puso a Troya en tanta ruina y desuentura, que d'ella no dexó casi cenizas? Quién afeminó el robusto y fuerte braço de Hercules, y puso en sus vengadoras manos, en lugar de la pesada maza, vna ligera rueca? Sino tú: que escudriñando los más escondidos senos del mar, en su profundo abismo a los mudos peces enciendes, a las aues en la region del ayre no perdonas; ni menos a los brutos animales, a quien traes en continua guerra. Qué braueza muestran los feroces leones, los crueles tigres, los fuertes toros y los ligeros cieruos, quando se sienten heridos de tu flecha? Al fin, todo este mundo, y el que no vemos, no es otra cosa sino vna vnion y suaue liga con que todas estan trauadas; tú las crias, conseruas y entretienes; por ti respiran y no se acaban; serian los hombres peores que las fieras si tú no fuesses el cebo y alimento de sus coraçones. Mas ay de mí, que con ser tan benigno, me tines qual nueuo Ticyo, sin esperança de mejorar mi triste suerte. (Sale Violante).

Vio.—Qué deuaneos son essos, hijo mio? Buelue sobre ti, que si el amor te ciega, la razon te deue guiar, conociendo que no pretendes cosa imposible, y que la violencia y aspereça del deseo impide más que aprouecha al fin de lo que se intenta. No t'esquiues ni huyas de mí, pues (como tierna madre) voy (teniendo por propria tu pena) tratando de darte entera satisfacion, con esperança de hazerte en breue contento.

Mac.—Esso, señora mia, es (a mi parecer) vender el pellejo del lobo antes de caçarle. En qué funda V. m. lo que se promete, viendome mordido de vn aspide, sin ningun remedio? Estando la vida tan a punto de perderse, aumenta más el sentimiento y pena la tardança de la muerte, si ya no me diessen a beuer de aquella agua de Beocia, que dizen quita de todo punto la memoria. Mas la de la cosa tan amada, que ya está impressa en mi alma, no se puede borrar, si la vida no se acaba.

Vio.—Terrible cosa es auer de contrastar contra la insolencia de tu locura. Dime, por qué te afliges y desconfias tanto? Quien dessea sanar, descubre al medico la dolencia.

Mac.—En mal de muerte no ay medico que acierte, y assi la primera cosa que desampara al paciente es la esperança de cobrar la salud.

Vio.—La escura niebla de tu passion te confunde la vista de los ojos d'el entendimiento; que si con prudencia considerasses el fin de las cosas, ninguna (por difficultosa que fuese) te pareceria impossible.

Mac.—Y aun por serlo esta tanto, no pudiendo sanar (como Telepho) sino con el hierro que me hirió (lleuandome tras sí mi dolor) desespero de la vida, si bien no puedo dezir que biuo, pues ni amanece ni anochece para mí.

Vio.—Huelga de tener vida, que con ella mucho se alcança.

Mac.—Y quando se acaba no falta nada, y así hagan las tristezas a su voluntad, que entonces mi mal acabará comigo.


SCENA IIII

Violante, Vigamon, Ramiro.

[Vio.].—Al punto que sale el muerto marido de casa, se deuria la muger yr a enterrar con él biua, porque no lleuan tanto mal los defuntos como dexan a las viudas biuas. Porque, fuera de innumerables fastidios y cuidados que las cercan y acompañan continuamente, quedan tan sujetas a la ruin fama, que aunque hagan milagros se tiene mala sospecha d'ellas. Si andan las desconsoladas limpias y asseadas, luego las lenguas de oro las leuantan que rabian. Si van al descuido mal aliñadas, no falta quien diga que la ipocresia atiende más al prouecho que al fausto, y que ellas s'entienden. Despues d'esto, qué trabajo se puede comparar al que se padece en el gouierno de los hijos? Criandolos de pequeños, con tantos de los malos dias y peores noches, comportando las viciosas amas, guardandolos, enseñandolos, proueyendolos, teniendo cuidado de aumentar y conseruar la hazienda, que en siendo grandes dissipan y consumen con tantos distrahimientos, malas compañias, pendencias, juegos, trages y amores, con que dan siempre ocasiones a las tristes madres para andar fuera de sí como locas sin sentido, sin más bien ni consuelo de no tener[749] quien las vaya a la mano.

Ram.—Señora mía, beso las manos a V. m.

Vio.—Dios os guarde, Ramiro; huelgome mucho de veros con buena disposicion.

Ram.—Lo mesmo puedo yo dezir, aunque en el rostro muestra V. m. yr descontenta.

Vio.—Amarga de mí, no es mucho que s'eche de ver en él la passion de que el coraçon anda lleno: estoy tan cansada del mundo, que desseo se acabe ya esta miserable vida.

Ram.—Santo Dios, qué oyo? Puede tener ocasion para tanto aborrecerse vna señora principal, honrrada, rica, estimada, con dos hijos y vna hija que valen vnas Indias?

Vio.—Yo tengo más bienes de los que se parecen de fuera, que merezco; pero en mi espiritu, y de mis puertas adentro, más trabajos y desgustos que puede lleuar vna muger tan flaca como yo; pues pensando descansar quando mis hijos fuessen hombres, tengo ahora con ellos intolerables penas.

Ram.—Mucho me pesa de oyr esso. Ay alguna pendencia que los inquieta?

Vio.—No es essa la causa; más estoy por dezir que es otra peor.

Ram.—De quien ellos son, no se puede pensar cosa mala. Digame V. m. lo que ay.

Vio.—Diréoslo, como a persona tan de mi casa, y asi lo tendreis secreto por amor de mí.

Ram.—No dude V. m., porque quando es menester tengo menos lengua que vn pescado.

Vio.—No creo yo menos de vuestra persona. Aueis, pues, de saber que yendo Macias con Damasio (que no deuiera) a las bodas de Ceruino, vió alli a Cassandra su hija (que es, como deueis de saber, en estremo hermosa y agraciada), y quedó tan enamorado d'ella, que no pudiendo verla despues acá (por tenerla el padre de manera que apenas ve Sol ni Luna) ha dado en tan terrible melancolia, que no basta nadie a hacerle comer ni beber, sino a pura fuerça; haziendo tantos estremos, que temo no venga su mal secreto a dar en manifiesta locura; y para remediar esto, voy a tratar con el señor Aries, su suegro, que sea medio para que se la dé por muger, que entiendo nos estará bien a ambas partes.

Ram.—Essa, señora, no es cosa, a mi parecer, que aya de dar tanta pena a V. m.

Vio.—No es gran mal verme a punto de tener vn hijo loco?

Ram.—No seria pequeño; mas no deue estar en esse peligro, y no dudo de que el señor Ceruino no alce los ojos al cielo en oyendo semejante embaxada. Lo rezio fuera quando el señor Macias la pretendiera por otra via; que en tal caso le podriamos atar desde luego, pues seria agua hiruiendo sobre la quemadura: porque yo voy cada quinze dias a afeitar a su padre, y puedo dezir con verdad no auerla visto en dos años tres vezes.

Vio.—Haga Dios lo que más sea de su seruicio. No es esta la casa?

Ram.—Sí, señora. Ta, ta, ta.

Vig.—Quién llama?

Ram.—Mi señora Violante de Cabrera viene a hablar al señor Aries.

Vig.—Entre su merced si es seruida, que yo le voy a auisar.

NOTAS:

[749] En el original, temer.


SCENA V

Lena, Inocencio.

[Len.].—Quiero ver si aurá salido de casa aquel maluado de Ceruino, que le tengo de armar vn lazo que no se m'escape, aunque esté más vigilante que una grulla. A su puerta veo, si la vista no m'engaña, aquella buena persona que me libró de sus malditas manos; sí, él es. Ahora es tiempo de emplear mis cuentas en beneficio de mi bolsa: quiero entrarle con el sabrosso peccado del'adulacion, bisbisando mis oraciones. E ne nos enducas, liberenos, vita eterna amen. Señor mio, bien auenturado el cuerpo que por l'anima trabaja. No piense que lo digo por el bien que me hizo librandome de la furia de aquel su Escaliote, sino porque no creerá la fama que corre por toda esta ciudad de sus virtudes y buena vida: dichosa yo si tan sola una vez al mes se acordasse de mí en sus deuotas oraciones.

In.—Yo tengo, hermana mia, tantos pecados, que no me bastarán para la milesima parte d'ellos; mas confio en la gran misericordia.

Len.—Ella sea loada sin fin. Digame, amor mio, ha salido de casa aquel turco?

In.—Si no fuesedes muger y apasionada, os reprehenderia acerbamente, porque no se puede dar ese nombre a ningun cristiano.

Len.—Y qué perro ay tan rauiosso como él fue comigo?

In.—Cierto que yo quedé escandalizado de ver lo que pasó. Son dias infaustos: otra vez mirá con qué pie entrais en casas agenas.

Len.—A la fe, no quedó por esso, pues en lunes metí el derecho, sin tocar al lumbral de la puerta. Y porque no soy nada agorera, bueluo en martes, a ver si no estando él (no le quiero tomar en la boca) en casa, podré dezir dos palabras a la señora Marcia.

In.—Ni él está en casa ni vos la podeis hablar. Liberam non habeo facultatem, porque me ha mandado que no la dexe ver a persona ninguna, aunque venga su propria sombra, y particularmente a bohonero ni corredora; este entiendo que es vuestro trato.

Len.—Triste de mí, que la necessidad me haze algunas vezes vsar d'esse oficio, por no dar en otro peor: que al fin es ganar el pan con el sudor que Dios manda.

In.—Assi, Unusquisque propriam mercedem accipiet secundum suum laborem. Pero porque os tengo lástima, voy procurando que se os bueluan vuestras cosas. Teneis familia que sustentar?

Len.—Familia dize, hijo mio? No menos de cinco pobrissimas hijas; las cuatro donzellas, como tantas perlas, y la mayor viuda de veinte y tres años, que se me ha buelto a casa con dos criaturicas, y asi biuimos con la miseria que puede pensar. Y por no auer hallado qué labrar, ni entrado bocado de carne en mi casa en estos tres dias, me embiaron a vender aquellas galanterias, algunas hechas de sus proprios cabellos (que los tienen como hebras de oro). Mire quáles estarán las desamparadas ahora, auiendolas quitado en esta casa lo que las auia de ayudar. Hu, hu, hu.

In.Doleo dolorem tuum. No lloreis, os ruego, que me rompeis las entrañas de compassion. Y assi, adeuinando todo esso, lo he ya puesto en conciencia al señor Ceruino. Y porque Erigere iacentem debemus, yo le boluere a hablar.

Len.—A tan mal hombre quiere ablandar con palabras? Guardese de tal cosa, pues siendo vn Faraon, seria para más endurecerle; no le pediria el ojo derecho, aunque me le vuiesse sacado. Si lo pudiesse alcançar de la señora, bien, y si no, sobre su alma vaya, porque peor haze quien a perro viejo incita. Dexeme, mi bendito, besar esas santas manos.

In.—No, esso no, absit.

Len.—Veale yo alcalde de corte.

In.—Dios os acompañe.

Len.—Ahora sí que que va bien encaminada l'agua al molino: éste es sin duda de aquellos que cuentan de la tierra de Bauia, donde los trigos se siegan con escaleras; al fin, el que yo he menester. Benditas sean mis lagrimas, y rebenditos ojos, que tan a punto las dexais caer. Estad con buen ánimo, que y'os prometo tantas de las de Alaexos quantas aueis derramado; y ya es tiempo de cumpliros la palabra, porque no puedo más paladear.


SCENA VI

Damasio, Cornelio.

[Dam.].—Crees, Cornelio, que hará Lena algun buen efeto?

Cor.—Tengolo, señor, por hecho: y si faltare, será más por culpa de la suerte que de su diligencia: si ya no haze como los maliciossos cirujanos, que no quieren cerrar las llagas por la ganancia que tienen d'ellas.

Dam.—Parecete que va buena la carta?

Cor.—Mal año para quantos de a real las venden en Lisboa. Va que ablandará vna peña. Mas si por desgracia no, aprouechare, que no es posible (porque las hojas verdes muestran no estar el arbol seco) a dos va la vencida: echar otra que encienda más el fuego.

Dam.—Asi la tengo ya a punto, a las mil marauillas; aunque más querria que no fuesse menester.

Cor.—Podrasse creer esso sin escrupulo?

Dam.—Sobre mi conciencia. Has visto los estremos que haze mi hermano con sus amores?

Cor.—No es marauilla, por ser los primeros, que son siempre como el calor de San Lorenço y el frio de San Vicente, que dan mucha pena y duran poco; ó fuego de paja, que presto da llama y muere.

Dam.—Cierto que no es mi amor de menos quilates que el suyo, aunque no m'encierro a llorar, ni doy tantos suspiros como él; y no creo poderse acabar, no sólo tan presto como tú dizes, mas en ningun tiempo.

Cor.—Bueno es esso para Cornelio, que por no ser filósofo no sabe dar más razon de que (con soportacion de V. m.) no lo cree.

Dam.—Por qué no lo cr'es?

Cor.—Ya he dicho que no lo alcanço; mas por auer estado con otros amos enamorados (a quien via oy fuego, mañana nieue y aborrecer un dia lo que otro amaron) me ha hecho la esperiencia incredulo.

Dam.—Sabes a quién acaece assi?

Cor.—A todos.

Dam.—Esso no, saco mi blanca. Solamente a aquellos que aman a mugeres de poco valor; que como para su fuego cortan la leña en pequeño monte, al mejor tiempo se les acaba. Mas cómo podré yo esperar qu'el mio se consuma, siendo infinita la belleza y el valor de quien es la leña y el fuego, donde suauemente estoy ardiendo, y puedo dezir que nunca bueluo a verla, que no halle en ella nueuas gracias?

Cor.—V. m. ha entrado en materia donde yo no ahondo vn palmo; y assi podra echar libremente por donde fuere seruido, y yo entretanto creeré lo que me pareciere. Mas, si vale dezir verdades, no veo en ella tantas cosas como el ciego Amor haze ver a V. m., qne segun le da a entender, nunca se vieron venir de la India Oriental tantas joyas[750] preciossas.

Dam.—A lo menos ninguna de tanto valor; ni ha salido de Vizcaya mayor asno que tú.

Cor.—Esse es el premio que recibe el que no sabe hablar a sabor del paladar.

Dam.—A lo menos, el que merece quien es tan grosero como tú, que hasta ahora me has tenido engañado con tus bachillerias, creyendo que sabías más de achaque de perfecciones; no sé cómo, o por qué, no te he sembrado los dientes en esa blasfema boca.

Cor.—Porque me saltarian d'ella hombres armados, como los del sembrado de Cadmo; pero no contra V. m., aunque más injurias me diga.

Dam.—Di, necio, no se ve claramente que Amor tiene en aquella frente su potencia y tribunal, pues con vn solo mouimiento desdeñoso o alegre condena a muerte y da vida a quien la mira? Si se apartasse la escura niebla de tu poco entendimiento, verias aquel cabello de color del sol, como encadenadas sortijas de oro, partido en ordenes, por el dilatado espacio de su frente. Las cejas ser dos enarcadas lineas, con cierta magestad tan vencedora, que nunca la mostraron tal los arcos triunfales de los Augustos de Roma. Las orejas pequeñas y puestas en lugar tan medido y compassado, que la tierra menos igualmente dista de las circunferencias del cielo qu'ellas d'el sitio conueniente. Los ojos de tan peregrina y nueua gracia, que en ellos claramente se ve la risa abraçada con la grauedad; tan dulces en el mouimiento, que el ayre circunuezino muestra quedar enamorado y desseosso de introducirse en ellos. La niña de dentro (o ojo del ojo) tan puramente negra, que considerando despues la luz de la plateada yema, parece que está la noche recogida en aquel pequeño circulo, por defenderse de la serenidad qu'en torno la ciñe. Que el parpado que los cubre es blanquissima nuuezilla delante de la cara del sol, o cataracta d'el cielo, que abriendose descubre los biuos resplendores del Parayso, y cerrandose queda por consuelo la mesma materia celeste. Que las largas y sombrias pestañas son puras violetas que s'espejan a la orilla de cristalina fuente. Que de las mexillas de su perfectissimo rostro es la tez de tanta blancura y lustre, que enfrena la imaginacion para no ver lo que falta (si falta puede llamarse aquello que, aunque no se tenga, no se siente faltar). El perfil de la nariz, que parece estar en medio de aquel hermoso teatro, como cuchillo debaxo de cuyo filo inclina y pone la embidia su cuello. Que la tierna y con dulce relieue proporcionada boca (pronunciadora de tantas sentencias y gracias, que por no dar en el infinito, no quiero contar) merece que algun angel la predique con las demas bellezas: como los dientes de perlas, el cuello de marfil y las manos de alabastro. Baste dezirte que la dichosa alma (regidora de aquella preciosa materia) la informa y mueue con tan dulces y alegres ademanes, que no se puede mirar sino con ojos de Satyro.

Quid laudem femur, aut femori confinia membra.
Has tractare iuuat, potius quam ducere partes.

Cor.—Ahora confiesso que oyr esas cosas me ha hecho gemir tacita y recalcadamente en lo íntimo de las entrañas, como el cansado cauallo quando acaua de orinar.

Dam.—Ha, ha, ha. Dígote cierto que quando pienso en sus diuinas partes, estoy en duda si la deuo llamar muger o angel.

Cor.—No la pongamos, señor, tan alta que la perdamos de vista, que todauia me quedo yo en mis treze, y no me sacarian de aqui los doze Pares de Francia.

Dam.—Esso creo yo, porque tu vista no es capaz de cosas tan altas.

Cor.—Los ojos humanos no pueden (segun dizen) percibir las cosas sino por las formas de su conocimiento; pero no nace de ay.

Dam.—Pues de qué procede tu ignorancia?

Cor.—De saber qu'es muy proprio de enamorados tener a sus damas por más hermosas de lo que son. Y assi yo, como uno d'ellos (que por ruin que sea el asno tiene su cola), creo sin ninguna duda que la mia es (sin comparacion) la más bella del mundo, y que (por mi buena ventura) no aurá ojos que tengan virtud para conocer su rara hermosura, tan perfecta como ella es y yo la contemplo. Qué me dirá V. m. a esto?

Dam.—Qu'eres vn loco desatinado.

Cor.—A lo menos atinado en esto, y dexaré de contar por estenso sus estremadas gracias, porque no quiero poner en condicion mi salud y el reposso de V. m.

Dam.—Es costumbre natural de los necios celosos, que temiendo que lo que aman se mejore, o lo vituperan, o callando ocultan lo bueno que a su parecer tienen. Mas aunque creo que estás tambien en este engaño, holgaria de oyrte dezir alguna de sus gracias, como si desuariasses con calentura o estuuiesses endemoniado.

Cor.—Si Cupido es el demonio de la fornicacion, más merece el que le sigue esse nombre qu'el d'enamorado.

Dam.—Ya te ha entrado el espiritu malino; prosigue.

Cor.—Son tan innumerables sus perfeciones como las estrellas del cielo, porque de quanto Naturaleza puede dar, la hizo vn escogido compendio, adonde se hallan todas juntas en su perfecto ser. Si V. m. tuuiese ventura de ver la gran proporcion y orden que tan curiosamente osseruó en su rostro, confessaria por fuerça que el cielo ha derramado sobr'ella quantos tesoros de gracias tiene que repartir, y que merece ser celebrada por el más esquisito milagro de hermosura.

Dam.—Tente, dame la mano, no quiero que passes más adelante por que no cayas. Pero sepa yo ahora, quién es essa alhondiga de gracias?

Cor.—Es verdad que me auergonçaré de nombrarla. La señora Policena, hija de Ramiro Coruato, insigne baruero.

Dam.—Quándo menos? A fe de quien soy que lo sospechaua. Vales quanto pessas para loar una martingala. Ha, ha, ha. Ahora sí que puedo dezir que el deuaneo ha manifestado tu modorra o locura. Dala tú el nombre que se te antojare, que la comparacion (dexando aparte la sangre de la señora) ha sido cierto estremada.

Cor.—Luego los caualleros dan en la sangre, sin mirar que es la peor cosa que las mugeres tienen, pues las haze inutiles los seis dias del mes.

Dam.—Ha, ha, ha, ha. Mala pascua te venga, vellaco desuariado, que me hazes reir sin gana. No más, que es ya tiempo de yr a saber lo que mi señora aurá hecho con Aries, que no veo la hora de salir d'este preñado.

Cor.—Antes d'entrar en él.

Dam.—El diablo te lo dixo.

NOTAS:

[750] Iojas se lee en el original.


SCENA VII

Ramiro, Violante, Damasio, Cornelio.

[Ram.].—No ve V. m. al señor Damasio que nos sale al camino?

Vio.—Ya le he visto. Y bien, adónde vas ahora, pan perdido?

Dam.—Vengo a acompañar y seruir a V. m. Pues, señora, podemos esperar algo de bueno?

Vio.—Creo que sí, porque este cauallero, auiendole parecido bien, me ha prometido de tratarlo con Ceruino su yerno, y hazer de manera que aya effeto.

Dam.—Es tan estraño el humor de aquel hombre, que lo pongo en duda.

Vio.—No ay razon para desconfiar, y muchas para darlo por hecho; y assi con esta buena esperança, anima a Macias, que te cre'rá más que a mí; haz de manera que coma y se alegre. (Entranse Violante y Ramiro.)

Dam.—Oyes, Cornelio, torna presto.

Cor.—Dexeme V. m. yr primero, que si no voy no podré boluer en un año.

Dam.—Digo qu'eres un Senequilla; sea assi. Ni presto ni tarde, mas buelue a tiempo, porque no se nos passe la ocasion.

Cor.—No hará, si yo la asgo vna vez del copete.

Dam.—Temo que con essas chanchas se te ha de oluidar a lo que te embío.

Cor.—Corria peligro, á no lleuar la memoria en la mano; detengome aposta porque me parece que no es hora de hallarla en casa, por ser a la que siempre anda a caça de bouas.

Dam.—Vete por donde sospechas que puede acudir y mira que la ofrezcas grandes cosas.

Cor.—Desde ahora la ofrezco al Leon del Moro y la encomiendo a los mochachos de la Plaçuela Vieja, a quien toca cañonizarla, que no la podrá faltar segun sus buenos passos.

Dam.—Haz lo que te digo, camina.

(Sale Ramiro.)

Dam.—Ramiro amigo, mañana os espero, y no se os oluide l'agua de olor que me aueis prometido, que no la quiero perder.

Ram.—Lo que parece V. m. al señor Curuca su padre, que nunca oluidó cosa que le prometiessen.

Dam.—Ya os entiendo: el que trae la cuerda arrastrando no está libre; hagamos ambos nuestro deuer, que yo me acuerdo, como vereis.

Ram.—De mi parte no aurá falta. Beso las manos a V. m. Assi se han de tratar estos aprendizes: cómo le he dado en los cascos! Mejor se los rompan qu'él me saque l'agua, si no viene el vino. A Policena con esso.


SCENA VIII

Ramiro, Ceruino.

[Ram.].—Bien dizen que los barueros todos parece que comen carne de lechuza, porque no pueden guardar secreto; ni yo veo la hora de topar al señor Ceruino, para bomitar el d'el casamiento de su hija, que ya estoy rebentando; alli viene.

Cer.—Qué ay por acá, Ramiro?

Ram.—Vengo de acompañar a mi señora Violante de Cabrera, que ha estado en casa del señor Aries.

Cer.—En casa de mi suegro la señora Violante?

Ram.—La mesma en casa del mesmo; y si supiesse V. m. la causa, podria ser que le fuese de mucho contento.

Cer.—Cosa del diablo es la libertad que se toman estas viudas, que so color de no tener quien les haga las cosas, estan siempre con los mantos acuestas; no me quitarán de la cabeça que no es agua limpia.

Ram.—Es possible que vna persona tan prudente haga esse juizio temerario, auiendole dicho que si supiesse a lo que ha ydo, por ventura le daria contento?

Cer.—Y hasta que sepa otra cosa me estaré en mis treze. Pues qué ay?

Ram.—No me han dado tanta licencia.

Cer.—Ya sabeis mi humor; dezí presto lo que sabeis, no me hagais entrar en alguna mala sospecha.

Ram.—No podrá ser peor, a mi parecer, aunque me tarde; no es razon que yo me atreua a dezir lo que toca al señor Aries; mas si se contenta de entender el caso, sin las personas, yo lo diré.

Cer.—Dezímelo como quisieredes y sea luego.

Ram.—Que me place. Tratarán a V. m. antes de mucho tiempo de vn cierto matrimonio.

Cer.—Mirá con qué me sale, despues de muy regateado: todo esso era? Oxala fuesse de deshazer el mio.

Ram.—Si creyesse que V. m. lo entiende assi, me atreueria a dezirle que no tiene razon, porque es muy embidiado de la ventura que ha tenido en topar con vna señora tan principal de sangre, hermosura y virtudes. Pues qué labores salen de sus manos!

Cer.—Podriaos yo responder lo que el cauallero romano a vno de sus familiares, que le dixo otro tanto, mostrandole vn pie: Vos, amigo, solamente veis que este çapato es nueuo y bien[751] hecho, pero no podeis saber dónde me lastima. Mas quién os ha dicho lo que Marcia sabe hazer de sus manos? No pensé que sabiades tanto de su hazienda como dezis.

Ram.—Selo por auer seruido la casa de su padre veinte años, y auer traido a su merced más vezes en estos braços que tengo pelos en la barua.

Cer.—Que tan grande seria entonces Marcia, a vuestro parecer?

Ram.—Por qué lo pregunta V. m.?

Cer.—Por saber la edad que tiene ahora, que sobr'ella andamos siempre en pleito.

Ram.—Será (si bien me acuerdo) de veinte y tres a veinte y quatro años. Mas boluiendo al casamiento, mire V. m. que quiero mis albricias si se haze.

Cer.—Si las quereis ganar, aueisme de dezir de quien ha de ser.

Ram.—Yo lo diré, pero con condicion que no lo ha de saber otro ninguno.

Cer.—No ayais miedo.

Ram.—De la señora Cassandra, con vn cauallero que pierde el seso por ella.

Cer.—Pues de dónde le viene? Cómo o por qué la quiere?

Ram.—No sé, señor. Yo tengo que hazer; no quiero nada de V. m.

Cer.—Esperá, esperá, qué priessa teneis? Ay alguna muela que sacar?

Ram.—A vna señora que está rauiando, y ya me tardo.

Cer.—Rauia mala la mate; sacáselas todas a mi quenta. Mas dezíme, cómo es posible que aya quien esté enamorado de mi hija, no la pudiendo ver persona biua?

Ram.—No, sino el dia que V. m. se casó.

Cer.—En vna hora?

Ram.—En vn boluer de ojos se pega aquel mal; qu'es como el arcabuzazo, que antes hiere que se oya.

Cer.—Y quién es (Dios nos defienda dél) el galan de tan seco coraçon, que tan presto se encendió?

Ram.—V. m. lo imagine, que yo no sé otra cosa.

Cer.—Vais en buen'hora. Bien dixo Alexandridas que el dia de las bodas es el principio de muchos males. Quien trata con lobos traiga el perro al lado. Deurian los que gouiernan sus casas con tanto descuido ser puestos en vn palo. A dicho de este buen hombre, yo estoy qual digan duelos: él ha seruido a mi suegro veinte años: dize que Marcia tiene quatro más; que la ha tenido en los braços tantas vezes, y esto seria por lo menos a los nue[ue] o diez. El doctor Cornejo dize que halla en sus libros auerse empreñado algunas mugeres de aquella edad. Mirá (por amor de mí) qué aliño para que no le passen al hombre por la imaginacion mil sombras y fantasmas espantosas. Desdichado de quien tiene su honrra en tan roedora carcoma, que no le da vn momento de reposso. Mas quién puede ser este tan enamoradizo? No entiendo cómo ha sido: la donzella de suyo no es maliciosa; está bien guardada; Marcia es su madrastra, y no la incitará el amor que la tiene a sacarla de donde está para que nadie la vea. Pero con todo esto, no se han mouido sin causa estos tratos que dize Ramiro. No sé qué me pueda hazer más, ni qué me traigo en esta cabeça, que terriblemente me inquieta. Fortis imaginatio generat casum. No querria que me sucediesse lo que al otro, que por auerse hallado a vn juego de toros soñó aquella noche, que tenia cuernos, y amaneció con ellos en la frente. Si el destino no se puede vencer y mi cuidado no basta, deme quien es poderosso, para rimediar mi pena, paciencia.