WeRead Powered by ReaderPub
Orígenes de la novela, Tomo III cover

Orígenes de la novela, Tomo III

Chapter 184: SCENA IX
Open in WeRead

About This Book

Una introducción ofrece un estudio crítico sobre la génesis de la novela española, centrándose en el análisis de la Celestina: cuestiones de autoría, fecha, fuentes clásicas e italianas, variantes textuales, caracteres, estilo y su influencia en drama y novela. La segunda parte reúne novelas dialogadas y textos contemporáneos que ilustran temas, lenguaje, modismos, ortografía y rasgos tipográficos de la época. El volumen expone además los criterios editoriales y de transcripción empleados, respetando la ortografía original en las reproducciones (corrigiendo solo errores evidentes) y adaptando la ortografía académica en la introducción para facilitar la lectura.

NOTAS:

[751] Bin, por errata, en la edición de Milán.


SCENA IX

Ceruino, Inocencio, Bezerrica.

[Cer.].—Ta, ta, ta.

In.—Quién llama?

Cer.—Yo soy, llama a Bezerrilla[752].

Bez.—Aquí estoy, señor.

Cer.—Adónde has estado dende que yo salí de casa?

Bez.—Donde V. m. me manda que esté.

Cer.—Di la verdad, vellaquillo.

Bez.—Allí he estado, por vida de mi madre.

In.—Dize lo que es cierto, por esta ánima pecadora.

Cer.—Quién os pregunta nada? entraos allá.

In.Linguam fallax non amat veritatem.

Cer.—No te has quitado de aquí?

Bez.—Nunca, sino quando mi señora me llamó para limpiar el estrado.

Cer.—Y mientras tú lo hazias, baxó ella abaxo?

Bez.—No, señor.

Cer.—Y el Bachiller subió arriba?

Bez.—Tampoco.

Cer.—Quién ha hablado con él?

Bez.—Ninguno, que yo aya visto.

Cer.—Y oydo?

Bez.—Ni oydo, sino al mismo cantando sus latines.

Cer.—Qué vestidos traia aquel que estuuo aquí?

Bez.—Quién, señor?

Cer.—El que vino a visitar a tu ama.

Bez.—Yo no he visto sino aquel gatazo negro que viene siempre a visitar la cocina.

Cer.—Donosso os me hazeis, y aun esso es lo que yo he menester; entrá, entrá en casa, que vos soys una mala pieça.

NOTAS:

[752] Bezerilla en la edición de Milán; no esta sola, sino muchas veces.


ACTO SEGVNDO
SCENA I

Lena, Inocencio.

[Len.].—Cornelio ha venido a sacarme de casa con vn par de ducados. Mal año para quantos auogados ay en Chancilleria, y vna higa para mí, si les fuere a consultar la causa del señor Damasio, en la qual sé más que Presidente y Oydores, y aun estoy por dezir que todos los alcaldes quando más estan en su Acuerdo. Si aun no estando el horno caliente se muestra tan liberal, qué puedo esperar quando los fauores de la dama anden en su punto? Sus, Lena, manos a la labor; valgate ahora tu ciencia y abilidad; haz como quien eres. Mas tantas vezes va la cabra a las coles, que dexa el pellejo. Animo, que las mercancias de mucho prouecho no se adquieren sino con gran peligro: es esta la primera de tus hazañas? Sí, que tan mercader queda quien pierde como el que gana[753]. Mas qué digo? Veisme aqui libre y escusada de yr a casa d'el Cauallero d'el Vnicornio, pues viene alli mi Doctor, con tantas letras sobre el bonete, que le haré creer que las anguillas no son peces. Benedictus, benedicta et in secula, sed libranos de mal, amen. En hora buena vea yo a mi buen señor. Sin duda que vendrá ya de visitar algunas santas casas. Al fin, no vale otra cosa de esta vida sino el auerse empleado con caridad en buenas obras; qu'el bien hazer nunca se pierde. Dichosa madre que tal hijo parió, que yo apenas he tenido tiempo para passar mi corona, por auerme ocupado en remendar vnas camisas a ciertos romeros que van a Cerueros.

In.—Dig'os verdad, que estando en casa (con sobrarme tiempo) no puedo recorrer mis estudios, y así me voy al cimenterio de la Magdalena a dezir mis deuociones; por eso ved lo que me mandais.

Len.—Bueno seria mandar a quien desseo seruir de ojos. Hase V. m. acordado de lo que me prometió?

In.—Aunque no le he oluidado, no he podido hazer nada con mi señora, por ser su marido muy sospechoso; mas no perderé la ocasion.

Len.—Mayor caridad que essa podria hazer si quisiese.

In.Cupio rem gratam facere. Y assí decíme en qué, que siendo como dezis, me emplearé (como vereis) ex toto corde.

Len.—Es obra tal que si en acabandola muriesse, granizaria el cielo angeles para lleuarle al Paraiso.

In.—Yo no desseo sino hazer bien.

Len.—Y tal bien como éste! Qué cosa ay de más merecimiento que escusar los escandalos que puede auer entre dos grandes linages! Qué digo dos linages? En dos ciudades, donde podrian nacer tantas enemistades, que muriessen personas sabe Dios quántas.

In.—Decíme, pues, lo que es presto, que se me haze tarde.

Len.—Es vna de las grandes cosas que aurá oydo en su vida; pero por el padre que l'engendró, que quando por euitar estos escandalos no lo quiera hazer, ni emplearse en tan santa obra, no diga palabra a persona del mundo: que si yo no supiesse con quién hablo y quánto pueda ayudar a remediarlo, antes me dexara coser la boca.

In.Quis est quem tibi fidum praestare possis? Seguramente lo podeis dezir. Com'os llamais?

Len.—Tengo (con reuerencia) más nombres que vn menudo de[754] puerco. Lena Corcuera de Cienfuegos, natural de Valuerde, a su mandado.

In.—He conocido yo de essos apellidos personas muy honrradas y en grandes puestos. Era por ventura vuestro pariente Corcuera, Maestresala del Conde de la Gomera, que vino a ser Tesorero del de Oñate y murio Contador del Marques de Falces?

Len.—Al fin, como hombre de letras, ha sacado en limpio vn parentesco que no le hallará vna hanega de trigo. No fue menos que hermano de mi padre, que fue casado tres vezes, y a mí me vuo en la segunda, llamada Calidonia de Cienfuegos.

In.Copia flores propinquorum. Mucho me huelgo de tratar con persona de tan buena casta, y así señora Llena de Cienfuegos, tornemos ad rem nostram, que aqui quedará todo seguramente enterrado.

Len.—Ha de saber, pues, que vna gran donzella... (mire que va en secreto).

In.—Assi lo tomo yo: Tacitum relinquam.

Len.—Prima hermana de la señora Marcia, instigada del enemigo malo, se huyó de su casa con vn cauallero.

In.—Prima hermana de mi señora? Credibile non est. Mirá lo que dezis.

Len.—Primissima digo.

In.—Y que se ha huido?

Len.—Huido, y aportado a esta ciudad, que ni su padre ni deudos no saben d'ella, ni menos de quien la sacó, aunque los andan buscando por mil partes, haciendo grandes diligencias y promessas para hazer crudo estrago en quantos hallaren culpados; mire qué derramamiento de sangre se verá y quántos rencores, para nunca cesar las enemistades. Ahora la pobre donzella está, conociendo su error, arrepentida; dessea meterse en algun monasterio, por medio de la señora su prima, y que aquel cauallero se buelua a su casa a dar muestra de sí, para que no se entienda auerla él sacado. Y esto no se podria venir a saber sino por boca de V. m.

In.—Ya os he dicho que n'os os dé pena esso, porque yo hago las cosas debaxo de las faldas.

Len.—Tanto que mejor. Podrasse dezir que ella, por huir de las vanidades del mundo, se vino de su motivo al olor de la santidad[755] de las monjas d'esta ciudad.

In.Recte profecto. Consilium mihi tuum probatur.

Len.—Prouado? Si V. m. la viesse, tendria más lastima d'ella, porque es vna rosa de diez y seis años, aunque ahora está tan marchita y afligida, que parece vna santica.

In.—Pues qu'es lo que yo podré hazer por ella a vuestro parescer?

Len.—Qué? No menos que darla la vida.

In.—Luego es muerta?

Len.—Poco menos.

In.—D'esa manera poco haré yo en resucitar los biuos; mas vengamos al modo.

Len.—A esso voy. La cuitadita, informada de algunas personas espirituales, que (por su virtud) la han dicho ser yo la que deuria, ha hecho confiança de mis tocas, rogandome que lleue o embie a la señora Marcia vna carta en la qual se la descubre y quenta B por B y C por C el caso, pidiendola consejo y socorro en su tribulacion. Y pues V. m. dize que yo no la puedo hablar, si quisiere encargarse de hazerla esta buena obra[756], aqui la traigo.

In.Pietatem exerce. Dadmela, hermana mia, que yo lo haré de muy buena gana, que cierto la obra es santissima.

Len.—No querria que nos vuiesse visto aquel enemigo de su amo.

In.—No tengais miedo, que nunca sale de casa si yo no quedo en ella.

Len.—Si la señora despues de auerla contado el caso estuuiesse dura, diziendo no tener parienta fuera de aqui (porque como son personas de calidad no quieren a las vezes, por su honrra, acetar lo que les parece vergonçosso), digala que bien se puede fiar de nosotros; y acuerdese de que la primera cosa que la ha de dezir sea que la dueña a quien su marido trató tan mal le ha dicho todo esto y dado essa carta, que creo bastará por su mucha bondad.

In.Praestabo quod a te mandatum est libentissime. Y vso del superlatiuo para daros a entender con quántas veras haré lo que m'encomendais; y porque, a mi parecer, in hoc tota res agitur, quiero boluerme a casa a ver si lo podré poner luego en execucion.

Len.—Los truenos y demoniaciones le acompañen.

In.—Ellos vayan en vuestra guardia.

Len.—Es posible que haga la Natura los hombres y que no se acuerde más d'ellos? No uerá este pedaço de carne con ojos vn cuerno en una barreña de leche. Bien aya la burra que acá le traxo, y qué bueno es el hombre; ya no podia sufrir más la risa. Gentil centinela para un antecuco como su amo; bueno se le va poniendo el cimero. Lena, Lena, tú si que te puedes sola llamar nata y flor de las mugeres del arte y aun de los doctores de Valladolid, pues has sabido inuentar de repente tan estremada conseja, y tan a punto y bien colorarla; mas tengo vna lengua que corta y cose; pero contra vn celoso qué no sale a cuento? Al fin los maestros hazen bien las cosas. Quiero con tan buen pie boluerme a mi casa, que tengo el mal del lobo en el cuerpo, y despues yre a buscar al señor Damasio, que no seran de oy más passos perdidos. Amen.

NOTAS:

[753] En la edición de Milán, cana.

[754] Da se lee en el original.

[755] Sentidad en el original.

[756] Ibid, obre.


SCENA II

Aries, Ramiro.

[Ar.].—Pareceme que es ya tiempo de yr a hablar a my yerno: holgarme ya[757] mucho de acertar a dar gusto a la señora Violante, que cierto no he visto muger que más me hincha el ojo, ni que con tanta gracia diga su razon. Cómo me venis, Ramiro (en buena fé), a proposito. (Sale Ramiro.)

Ram.—Tendria a buena dicha que se ofreciesse en qué poder seruir a V. m. Si soy bueno para alguna cosa, aqui estoy como de cera.

Ar.—Sois bonissimo para todo. Ahora voy a tratar con Ceruino lo que mi señora Violante me mandó.

Ram.—V. m. haze como quien es.

Ar.—Todos somos obligados a seruir a semejantes personas.

Ram.—Y piensa V. m. hazer algo?

Ar.—Espero que sí. Mas dezíme (por vida mia), cómo teneis tanta amistad con ella? A fé que os tengo embidia.

Ram.—He sido todo de su marido, y lo mesmo soy ahora de sus hijos, que puedo dezir auerlos criado; y assi tengo aquella casa siempre abierta para cuanto d'ella he menester.

Ar.—Cierto que la dama es digna de ser amada de todo el mundo, y si yo por vuestro medio pudiesse entrar en su gracia y alcançar algun fauor, sé de quánto prouecho os seria.

Ram.—Cómo fauor? No se piense tal cosa, que se le haze muy gran agrauio. Si me dixesse V. m. que se casaria con ella, entonces seria otra cosa, y por ay lleuarmela. Mas cómo, señor, es possible oluidar tan presto la defunta? Bien dizen qu'el dolor de muger muerta dura hasta la puerta.

Ar.—No sabeis lo que dixo Hipponacte, que de vn casamiento no se pueden esperar sino dos dias buenos: el de las bodas y el de la muerte de la muger?

Ram.—Tambien dizen ellas que no ay dia malo sin marido.

Ar.—Dexemos esso, como quiera que sea; dald'vn tiento: qué sabemos? Podeis perder mas que las palabras?

Ram.—Vna palabra inquieta toda vna vida; y assi no seria pequeño daño si (como me podria succeder) las perdiesse con el pellejo para siempre: pues viniendo a oydos de sus hijos, m'embiarian a poner tienda al otro mundo, donde nunca he podido saber la ganancia que tienen los barueros, que entiendo andan todos chamuscados.

Ar.—Bien lo podeis hazer diestramente, que para todo teneis abilidad.

Ram.—Aqui sale a punto el señor Ceruino.

Ar.—Andá en buen'hora, y mirá que no me oluideis.

Ram.—No haré otra cosa.

NOTAS:

[757] Es decir, ia.


SCENA III

Ceruino, Aries.

[Cer.].—Señor, adónde en hora buena tan temprano?

Ar.—A tratar con V. m. vn negocio que nos importa mucho.

Cer.—Mandárame[758] V. m. llamar, que yo le vuiera escusado este trabajo.

Ar.—Desseaua tambien ver a mi hija; pero luego yremos, que lo hemos de auer a solas.

Cer.—Como V. m. mandare.

Ar.—Dizen, señor Ceruino (y es assi), qu'el que nos quiere por parientes nos honrra, porque no queriendo dezir otra cosa emparentar que hazerse pares, quien procura ser par nuestro presupone que nosotros somos mejores que él; porque, naturalmente, cada vno apetece y pretende su aumento, ó verdadero ó aparente. La señora Violante de Cabrera, muger que fué de Satyron Curuca, ha venido a mi casa a rogarme que proponga á V. m. matrimonio entre Macias (q'es el menor de dos hijos que tiene) y la señora Cassandra. Ya sabemos que los Curucas y Cabreras son de las casas más antiguas de España, y que su calidad y hazienda son de las mejores d'esta ciudad. El (a más de dessearlo mucho, por estar en estremo enamorado de las buenas partes de la donzella) tiene vna mejora de su padre de mucha importancia; es bien diciplinado y virtuoso (que no importa menos que el ser bien nascido), y así soy de parecer que se deue abraçar el partido.

Cer.—No se puede negar lo que V. m. dize (aunque seso, dinero y bondad no es siempre verdad). Pero dos cosas no me agradan: la vna, que diziendose que se la he dado (si se la diesse) sabiendo que estaua enamorado d'ella (que antes de ahora me ha zurriado en las orejas) seria dar a entender que mi hija vuiesse hecho alguna liuiandad por la qual me fuesse forçosso casarla con él; que a mi parecer es negocio de gran consideracion. Y la otra es, que yo (por hablar claro) no querria que su hermano, con esta ocasion, entrando en mi casa, intentasse qué sé yo de Marcia; que es muy proprio de los que biuen a costa de la comunidad.

Ar.—Essas son dos friuolissimas razones; antes muy viles escusas. Quanto a la primera, la verdad tiene siempre su lugar; y quanto a la segunda, digo que es gran vajeza pensar tal cosa, que deue de proceder de tener poco credito de vna muger tan principal y virtuosa como mi hija, cuya bondad es bien conocida en esta ciudad, y crea que me pessará mucho si perseuera en sus estremos.

Cer.—Está bien, señor, yo pensaré en ello y responderé a V. m. con breuedad.

Ar.—Dexesse de buscar el pelo en el hueuo; yo soy de parecer que se acete el partido y que tratemos quanto antes de las capitulaciones. Entremonos a ver a Marcia.

Cer.—Malas lançadas.

NOTAS:

[758] En el original, Mandaráme.


SCENA IIII

Cornelio, Macias.

[Cor.].—Crea V. m. que perdemos tiempo, porque estoy informado de vno que ha seruido en casa más de vn año, que no la dexa ver ventana sino por Iubileos, y si sale de casa, de manera que a penas se le pueden ver los ojos. Lo demás del tiempo está tan pressa, como si vuiesse hecho algun maleficio.

Mac.—Vamos, que con todo esso, quiero imitar al elefante, que no pudiendo nadar se contenta con pasearse a la orilla del rio; porque ver las paredes que guardan mi preciosso tesoro me será como refrescarme en l'ardiente sed que por verla padezco, y consuelo para los ojos corporales (embidiossos de los d'el entendimiento) que con mi gran daño la v'en siempre.

Cor.—No puede, señor, vno ser buen criado y adulador; quiere V. m. que le diga lo que entiendo?

Mac.—Di lo que quisieres.

Cor.—Con essa licencia me atreueré a dezir lo que el filosofo Panecio respondió a vn moço que le preguntó si seria bien que vn sabio fuesse enamorado: Dexemos estar al sabio, mas tú y yo, que no lo somos, no nos empeñemos en cosa tan combatida y violenta, que haze a los hombres esclauos de otros y menos preciados de sí mesmos.

Mac.—Es muy de sabios predicar las cosas más como siruen que como ellas son.

Cor.—Sea como fuere: yo no persuadi a V. m. a salir a espaciarse para andarnos por aquí, calle arriba y calle abaxo, papando viento, que es vn despropositado deuaneo; el suspirar, ramo de locura; el llorar, locura espresa, y el demasiado deseo, archilocura.

Mac.—Si amor, o Cornelio, fuese acto uoluntario, tendrias razon de reprehenderme; mas siendo forçosso, la reprehension es tan indiscreta como seria dezir a vn enfermo que haze necedad en morirse. Assi que si quieres ser el buen criado que dizes, deues atender antes a seruirme dandome ayuda que consejo[759].

Cor.—V. m. tome de buena parte quanto le digo, pues sabe que arriscaré mil vidas por su seruicio.

Mac.—Procura, pues, buscarme quien sepa curar de mal de amores, aunque sea (como se sacan los espiritus) a fuerça de conjuros; y si no tiene cura, déxame morir del mal que mi estrella me ha destinado. Piensas tú que desde aquel para mi triste dia de las bodas de Ceruino (donde mi hermano me lleuó como por fuerça) no antevi todo esto? Cr'e que se me representó tan claramente como lo prueuo ahora: pues viendo entonces las gracias de mi señora Cassandra, yva quanto podia deteniendo la vista y escusando el mago acento de su dulcissima voz. Mas ay, ay de mí, que mal se puede el hombre esconder de un rayo quando Dios quiere herirle. Es su habla tan melodiossa y de tan gran efficacia, que sugetaria la más rebelde y contraria resistencia de amor; adulçaria la aspera amargura; attraheria la terca rusticidad; deprauaria la santitad; encarcelaria la libertad, y ablandaria vn coraçon de diamante. No se mostró Siques[760] tan bella al dios Cupido su amigo, ni la diosa Venus al hermoso pastor Paris quando ganó la mançana. De vna sola vez que acaso me miró, vi salir biuamente de sus diuinos ojos vn espiritu de fuego, acompañado de tan gran potencia, que al punto se apoderó de mi coraçon y me sujetó a esta terrible seruitud de amor en que me veo; tanto que los sentidos esteriores, dexando lengua y pulsos sin vida, se retiraron adentro a darle soccorro; mas no pudiendo en aquel punto y por la mesma via, embiaron al'alma por embaxadora a aquellos celestiales ojos; y no imaginando qué poder esperar, me parti de alli, creyendo que l'alma me seguiria, mas en su lugar traxe comigo este tirano espiritu, y dende entonces no tengo nueua ninguna d'ella. Mira tú ahora lo que será de mí.

Cor.—Por menos he yo visto otros en la casa de los orates.

Mac.—Qué dizes, hermano Cornelio?

Cor.—Digo, señor, que bien dizen que grande amor es gran dolor. En mí prueuo ahora que las penas agenas tambien duelen a quien las oye. Nunca crey hasta este punto que esta passion amorosa tiene la virtud de las nominas que cuentan del otro negromante, que hazia andar en pie cuerpos sin almas. Pero no se han de comprar lutos a cada canto de mochuelo que se oye en el tejado. Más estimado es lo que con más trabajo se alcança. Veamos en qué para el casamiento, y quando por el camino que lleua no hagamos nada, pareceme que deuemos fundar toda nuestra empressa en Lena y en el señor Damasio; porque si la madrastra continúa el amor que le muestra, el negocio está en la mano, pues sin duda gustará de que aya quien tenga contenta a la señora Cassandra, que sabe ya lo que passa y deue estar con más ansias que Ero; porque en el imperio de Cupido los desseos, penas y deleites son iguales.

Mac.—Tras las grandes esperanças está el desesperar. Al buen consolador, amigo, no le duele la cabeça; ruega a Dios que se effetue el casamiento, que qualquiera otra cosa es hazer torres en el viento.

Cor.—Por qué, señor?

Mac.—Porque tengo por impossible que aquella señora, siendo quien es y recien casada, comience tan presto a agrauiar al marido. Ni quando (dexando esto aparte) quisiesse, no sé si podria hazerlo.

Cor.—No ha oydo dezir V. m. que donde ay mugeres ay modo? Quiera ella, que fácilmente le hallará; porque todas en esta materia son doctas, y ella (a buen seguro) no alcança menos que otra quanto es menester. Piensa V. m. que se le hará muy dificultoso engañar al marido? Es (por ventura) Ceruino más que vn hombre?

Mac.—Y parecete poco si lo es?

Cor.—Poquissimo, porque las mugeres son de la piel d'el diablo, y la más simple d'ellas engañará a vn colegio de Catones. Y en vn siglo tan sabio, qué comodidad no es suficiente? Quanto mas, teniendo dentro de casa la mejor tercera que podriamos dessear.

Mac.—Tercera en casa! Cómo nunca me has dicho tal cosa? Podémonos fiar d'ella?

Cor.—Sin ninguna duda.

Mac.—Dime presto quién es, que me has buelto l'alma al cuerpo.

Cor.—Luego no estaua tan lejos como pensaua.

Mac.—Basta que reside más donde ama.

Cor.—Tambien tengo yo mi rato de melancolia; pero siempre me estoy entero como mi madre me pario, y si pensasse que por amar me auia de faltar vn pelo, desde ahora tocaria caxa contr'amor y sus sequaces.

Mac.—No me quiebres la cabeça; di si quieres quién es aquella persona.

Cor.—Es la desconfiança, que es el todo en aquella casa.

Mac.—La desconfiança? Segun esso, quieres que desconfiando me dessespere?

Cor.—No me passa por pensamiento.

Mac.—Declarate, pues, que no te entenderia Seneca.

Cor.—No sabe V. m. que no ay leona ni tigre, a quien ayan quitado los hijos, como es vna muger ofendida de desconfiança? No hay cosa por que más presto se haga enemiga d'el marido: y esta señora me dizen que lo está en gran manera, y asi deue de tener más desseo de vengarse que quien la busca.

Mac.—Quando las ancoras están firmes, no falta consuelo presente, ni esperança de lo que está por venir. Boluamonos a casa, que esas son consideraciones a la ventura.

Cor.—No ay dia sin noche. No nos quexemos tan presto d'el amor, que por ventura será más benigno de lo que pensamos; y sus fructos, quanto en su flor son más amargos, tanto son más dulces quando maduros, y en teniendo saçon, de fuerça han de caer. Paciencia, señor, qu'el tiempo es enemigo de los que sin él se apressuran: él como buen consejero lo dira, y mientras no se puede golopear, trotemos.

NOTAS:

[759] El final de este párrafo se halla corregido así en El Celoso: «Deues atender á seruirme, dandome antes ayuda que consejo».

[760] En el original, al margen, Psyches.


SCENA V

Inocencio, Lena.

[In.].—Grauem curam suscepi. Dónde hallaria yo ahora aquella buena muger? que sin duda lo es, segun sus caritatiuos passos. Gran descuido ha sido no preguntarla adónde mora. Anceps valde sum. Auré de buscarla por essos ospitales de donde nunca sale, aunque más acude, segun me dixo, a la Concepcion; alli pienso hallarla.

Len.—Ce, ce, ce, señor Licenciado, algun buen espiritu le trae siempre a dond'es desseado. En este punto, estando cogiendo vnos paños, que por mi deuocion he lauado, del ospital de Esgueua, me vino vn mensage de aquella señora diziendo que dessea mucho saber el recado que he dado a su carta, y si puede esperar buen suceso de su negocio. Y asi, diziendo quien dexa caridad por caridad no peca, lo dexé todo y sali a buscar a V. m.

In.—Fue mi ventura echar por esta calle, viendome perplexo por no saber adónde os podria hallar; que soy tan corto, que aún no sé vuestra casa.

Len.—No me corro yo poco d'esso, y asi quiero que la sepa en todo caso; que para personas tales la tengo siempre abierta. Sabe, hijo mio, la casa de los locos, que llaman Orates?

In.—No sé otra cosa.

Len.—Pues pared en medio de un oficial de tinteros, peines, calçadores, mangos, lanternas, peonças y macetas de sellos es mi pobre abitacion, a su mandado.

In.—Con tantas y tan buenas señas, no podré errar ya; huelgo mucho de saberla.

Len.—Tenemos algo con que poder consolar los tristes?

In.[761]—Ya he dado la carta a mi señora; leyola delante de mí, y segun lo que pude colegir, entiendo auerla pesado mucho d'el mal suceso de la prima.

Len.—De manera que entendió V. m. lo que dezia la carta?

In.—Las palabras no, porque leia para sí; digolo por auer visto que mudó de color suspirando, aunque lo queria dissimular.

Len.—Qué piensa qu'es el amor de la sangre? Dezia mi buen marido (que era vna persona entendida) que la sangre se muda facilmente en agua.

In.—O, qu'escogida sentencia! boluemela a dezir (por amor de mí) que la quiero encomendar a la memoria para no menester.

Len.—Que l'agua se muda presto en sangre.

In.—Y como qu'es ello assi; y de ay proceden las alteraciones y desmayos, que llaman mal de coraçon. Nunca os ha tocado algo d'esto?

Len.—No ha auido muger que más presto se alterasse que yo; mayormente en mis preñados, que he sido en estremo antojadiza.

In.—Al fin el entendimiento del hombre se sustenta aprendiendo. Compra la buena doctrina, y no la vendas, porque no tiene precio. Preguntóme quién me auia dado la carta. Dixesselo puntualmente (como me aduertistes) y luego medio turuada me mandó salir diziendo: yo respondere, que no puedo ahora porque vendrá mi marido.

Len.—Y halo hecho?

In.—De otras empresas más arduas he yo salido con honrra. Iacta sunt à nobis fundamenta rei. Veis aqui la respuesta.

Len.—El Rey le dé, assi como me la da V. m.,

vna Presidencia, que más de quatro Presidentes ay que no saben tantos latines.

In.—No perderiades vos nada en ello; pero Bonae artes honore vacant. Mandóme mi señora que os rogasse que consoleis y deis ánimo a aquella persona de su parte, diziendola que su merced lo remediará todo muy presto.

Len.—Biua mil años tan buena criatura, perfecta y noble señora.

In.—Yo me voy, que es ya tiempo; si fuere menester otra cosa, auisámelo, que n'os faltaré; y el Señor os dé salud para que por vuestro medio se hagan muchas obras semejantes, que cierto Hoc tuo facto laudabuntur omnes.

(Entrase Inocencio.)

Len.—Nunca él le falta. Sin duda que me deue de tener este por la segunda Puta vieja latin sabeis, pues me jeringonça la mayor parte de lo que habla. A buen seguro que aurá la maestra escrito en esta carta mil petrarquerias; porque (segun me ha dicho l'ama que la crió) sabe quanto ay en Amadis, que no hay más que dezir. Pues el señor Damasio, que ha poco que vino del estudio con las botas llenas de latin, responderá a las mil marauillas y aurá entr'ellos vn passatiempo del otro mundo; y a mí no me faltará contento, pues he de ser repagada del entonar estos organos.

NOTAS:

[761] Lena dice equivocadamente en el texto que seguimos. La misma errata se halla en el de El Celoso.


SCENA VI

Aries, Ramiro, Vigamon.

[Ar.].—Vigamon!

Vig.—Señor.

Ar.—Qué hora es?

Vig.—Las nueue daran, si no han dado.

Ar.—Mas pensé que se le auian de oluidar al relox en la faltriquera. Veme a llamar a Ramiro presto; dile que venga a hablarme, que tengo con él vn negocio de importancia[762].

Vig.—Iré a su casa o a la plaça?

Ar.—Más cierto será hallarle en la tienda; mas por sí o por no, vete por la plaça, que podria ser hallarle en l'acera de S. Francisco recogiendo nueuas que contar a sus descansalenguas. No es el que alli va?

Vig.—El mesmo; Ramiro, ¡a Ramiro! no oys? Ramiro, esperá con la maldicion.

Ram.—Essa te llueua a cuestas; qué gentil criança de patan!

Ar.—Esperá, hermano Ramiro: parece que no quereis oyr; dónde vais tan negociado?

Ram.—Ando por mudar de casa, y asi voy depriessa a buscar al dueño de vna que me vendrá a proposito, y quiero acudir con tiempo, antes que otro me gane por la mano, que andan muchos golossos por ella; V. m. me perdone si no me detengo.

Ar.—Esperá vn poco, por amor de mí. Aueis visto más a mi señora Violante?

Ram.—Señor, no.

Ar.—Ya he tratado con mi yerno de aquel negocio que sabeis.

Ram.—Sea muy en hora buena. V. m. me dé licencia, que no me puedo rascar la cabeça.

Ar.—Veamonos.

Ram. (solo).—Como me desocupe. Renegá de viejo que no adeuina; en effeto, a este se le ha entrado de rondon la sensualidad en el cuerpo. Mirá, por amor de mí, qué seca llamada: querria él ahora que yo tomasse el pulso al gato; mejor le arrastren; no haria semejante vajeza si me diesse quanto tiene. Es aquella señora una bendita, y quando no lo fuesse, menos lo haria; porque, fuera de ser oficio de ruines hombres, está de por medio aquel desenuainador de Damasio su hijo, que trae el seso (como los cangrejos) en la escarcela; no querria darle ocasion para que me matasse y que despues, entendiendo el por qué, dixesse toda la ciudad entonces: benditas sean manos que tal hizieron. Si quisiere hazerse la barua, labarsela he con mil aguas de olores; si sangrarse, hasta que no le quede gota en el cuerpo m'emplearé en su seruicio de mil amores; pero alcahuete yo, no es cosa. Es lo bueno, que quando yo pudiesse ponerlos a braço partido, le tendria por la misma castidad; porque quando más vn viejo presume hazer del valiente, es para perder antes con antes el pellejo. Mas dexado esto aparte, qué cosa es ver vn venerable anciano que pone en punto de aguja seso, honrra, hazienda y vida a discrecion de vna flaca muger? Qué pensamientos le acompañarán, quando despues de auer sido marido treinta años, se ve a pique de andar su honrra por los cantones, mostrado con el dedo, hecho passatiempo y fabula del pueblo, sin poderse librar del mercado que se haze en nuestras tiendas? Mas quién no mofaria de ver derramar lo que con tanta tenacidad se ha escasseado toda la vida, conociendo su impotencia, con quien presume que le puede renouar y hazer un Sampson (sin copete) a fuerça de sus enuaimientos y filtros amorossos, de los quales nos libre Dios, y a estos caxquiuanos, tocados de la mesma yerua?

NOTAS:

[762] El diálogo está mal dividido en la edición de Milán. Le restituímos conforme al texto de El Celoso.


SCENA VII

Cornelio, Macias, Damasio.

[Cor.].—Quién pudiesse adeuinar en qué casa aurá entrado a sembrar cuernos l'astutissima Lena! deue de estar emboscada, pues no la podemos descubrir en tantas horas.

Mac.—Va en mi poca ventura, para que acabe de abrasarme sin ningun remedio.

Cor.—No se congoxe V. m., que ella se nos pondra presto delante; y quando no se cate, le hará ver la luna en el pozo.

Mac.—En ventura el cuidado duerme y reposa; mas triste d'el que no sabe en quántas braças de agua se halla, teniendo l'alma colgada de vn hilo, sin ver dónd'está asido. A lo menos, supiessemos de otra que me pudiese dar algun remedio, para que mi fantasia, preñada de vano desseo, muriesse o abortasse.

Cor.—Resistir las pasiones viene de varonil esfuerzo, y a los coraçones flacos les falta en las aflicciones mayores.

Mac.—Dichoso se puede llamar en esta vida el que tiene dolor que se puede resistir.

Cor.—El enojo mata quien no l'estima. En vna noche nasce vn hongo: haga V. m. ánimo de leon, que con ser el mio de oueja, me basta para hazer que su fantasia haga presto treze hijos varones.

Mac.—Está bien; yo veré lo que hazes.

Cor.—Verá que soy como la higuera, que da fructo y no haze flor.

Mac.—Con todo esso, temo no seas antes como la lechuza, que tiene mucha pluma y poca carne.

Cor.—Esta carne nos destruye.

Mac.—Estaria en casa Lena quando dixo aquél que auia salido?

Cor.—Si vuiera ydo solo algun pobreto como yo, no fuera mucho negarla; mas viendo essa presencia de emperador (considerando el prouecho), se la quitara de los braços para dársela: qu'estos rufianes siempre hazen de semejantes viejas mulas de alquiler; y porque no se pierda viaje, quando ellas caminan los dexan (como tablilla) en casa para entretener con palabras a los que vinieren (Sale Damasio). Alli veo al señor Damasio, y a mi parecer alegre; deue de traernos algo de bueno.

Dam.—De dónde vienen los vagabundos?

Mac.—De buscar a Lena, que nos trae perdidos.

Dam.—No sois buenos podencos.

Mac.—Vos, hermano, teneis tanta ventura, que si intentassedes bolar saldriades con ello.

Dam.—En este punto se acaba de yr, auiendome recreado el coraçon con agua de angeles.

Mac.—Para vos es el mundo; dadnos alguna buena nueua.

Dam.—Y tal como la que y'os traigo. Veis aqui la respuesta de mi carta.

Mac.—Es posible? Mostrá, por vida de quien la embia; dexáme l'er, que me aueis resucitado.

Dam.—No se dan semejantes cosas en otras manos.

Mac.—A mí, que soy vuestro hermano y secretario, no se me ha d'esconder nada.

Dam.—Ay pocos renglones.

Mac.—Pocos o muchos, l'edlos ya si me quereis bien.

Dam.—No puede alargarse, por qu'está con mucho recelo de su marido.

Mac.—Al fin ha escrito?

Dam.—Quatro renglones.

Cor.—Mucho se puede dezir en pocos; y si esta vez ha tenido tiempo para escriuir quatro, la segunda será de ocho, la tercera de diez y seis y la quarta ya de uencida (estando más assegurada) será viniendo a los pactos, porque deue (a lo que sospecho) de andar bien cerca de rendirse.

Mac.—Ea, acabemos ya, que y'os prometo que deue de ser bonissima, segun la vendeis cara.

Dam.—Ahora quitaos los sombreros, hincaos de rodillas, y sin pestañear, estad atentos. Donde vas tú, desalumbrado? (Haze que se va Cornelio).

Cor.—Voy por vn par de candelas, para que se lea la epistola con todas sus ceremonias.

Dam.—Escucha, loco.

CARTA

No tengo (Esperança mia) ingenio ni tiempo para agradecer con palabras dignas el amor que V. m. en su dulcissima carta significa tenerme, ni el contento y satisfacion con que quedo de mi dichosa suerte, por tenerme est'enemigo con tanta tirania y recato, qu'es marauilla auer podido tomar la pluma; y assi (desseadissimo bien mio) diré cortamente, que l'aficion con que le correspondo es tan grande quan pequeña la comodidad para podersela mostrar con las obras y breuedad que desseo. A que m'esforçaré por todos los medios possibles. Entre tanto, note bien alguna persona de confiança lo que saliere cantando mi pagezillo: que d'esta manera yré dando auiso de mis pensamientos a quien será siempr'el vnico subjecto d'ellos; en cuya memoria me encomiendo.

No te parece, Cornelio, qu'es carta digna de vna reuerencial atencion?

Cor.—Y avn porque lo sospechaua, y estar más deuotamente, queria yo encender candelas a Piedegrulla.

Mac.—Ahora conozco ser verdad lo que las mugeres dizen: que no es amor el que presto no corresponde, y assi el d'esta dama es (sin duda) plusquamperfecto.

Dam.—Todas las deudas reciben recompensa de diuersas maneras, sino ésta, que no se puede pagar sino con el mesmo amor.

Cor.—V. m. será pagado alomenos en gentil moneda. Qué le parece a V. m., señor Macias? No me concederá ahora que quien sabe escriuir esto sabrá tambien ponerlo por obra, y contentar a quien teme ahogarse en vn palmo de agua?

Mac.—No cantemos triunfo antes de la victoria.

Dam.—Bien has entendido, Cornelio, el auiso; a ti toca ahora estar alerta, para que quando el page saliere de casa entiendas bien sin perder vn acento lo que cantare. Lleua contigo vn librillo de memoria y alguna niñeria que darle, porque te lo diga y dexe escriuir.

Cor.—No perderé punto.

Dam.—Más contentos podemos yr ahora a saber la respuesta que aurá dado vuestro suegro a su suegro.

Mac.—Buena o mala, a lo menos vuestro negocio va en popa.

Dam.—Dezí nuestro, pues es camino infalible para llegar a lo que tanto desseais. Fuera melancolia, la libertad se nos restituye, y no aurá Historia que haga mencion de más dichosos amantes.

Cor.—Oxala, y despues a la mañana con cien moros peleasse. La priessa que se dan las mugeres al mal.


SCENA VIII

Aries, Vigamon, Policena, Ramiro.

[Ar.].—Vigamon, Vigamon, a Villanchon; donde está este animalazo?

Vig.—Aqui estoy, señor.

Ar.—No oyes, porque duermes más que vn liron; no tienes verguença?

Vig.—Por Dios, señor, poca cuando estoy traspuesto. Verguença es andar salteando caminos, mas el dormir no daña a otros y aprouecha al que duerme.

Ar.—Razon de tu aljaba; basta que te hazes donosso entremanos, vente comigo. Llama allí.

Vig.—Ta, ta, ta.

Pol.—Quién est'ay?

Vig.—Quién manda V. m. que diga?

Ar.—Pregunta si está en casa Ramiro.

Vig.—Está en casa el señor Ramiro?

Pol.—Quién le busca?

Ar.—Yo le quiero hablar.

Pol.—En este punto acaba de salir: no pued'estar vn tiro de piedra.

Ar.—Corre, dile que l'estoy esperando. No pensé que tenia Ramiro hija tan hermosa.

Pol.—No lo soy poco para quien bien me quiere.

Ar.—Queda sola en casa?

Pol.—Más de lo que yo querria. Por qué lo pregunta V. m.?

Ar.—Por entrar a hablarla de más cerca. Abra, mi alma, la puerta.

Pol.—Ay gracia como esta? ya no ay viejos en el mundo. Espere vn poco, que mi padre le meterá en casa, alli viene. (Apartasse Vigamon).

Ar.—Vengais en buen'hora, amigo Ramiro; estaua preguntando a vuestra hija si es comoda esta casa, que me parece bueno el puesto.

Pol.—Ay embustero como éste? No le crea, padre, que ha querido entrar, requebrandome como si fuera de veint'y cinco años.

Ram.—Calla, picotera, qu'eres vna chorlita sin juizio.

Ar.—Queria entrar a esperaros en casa; fuera mal hecho?

Ram.—V. m. es señor de quanto yo tengo, y como tal puede entrar y salir quando fuere seruido.

Pol.—Quién oye a mi padre? y despues l'espanta su mesma sombra, y el menor viento que se mueue en casa. Mal lograda me coma la tierra si por sólo esso negare de oy más la entrada, venga quien quisiere.

Ram.—No lo digo por tanto, bachillera; no suba yo allá. Ha visto V. m. la colera de la rapaza? es pintiparada la madre que la parió; pero tras esso, la honestidad del mundo.

Ar.—Bien se le parece. Vamonos passeando vn poco, que tengo que deziros.

Ram.—Puedo seruir en algo a V. m.?

Ar.—Ya vos sabeis en qué me podriades hazer amistad, y no aueis querido; mas quiero que querais en todo caso.

Ram.—Todauia está V. m. en aquel proposito?

Ar.—Y no puedo hazer menos. Ya sabeis, Ramiro, quánto dessea mi señora Violante contentar a Macias su hijo, qu'está perdido de amores por Cassandra, hija de mi yerno; y está en mi mano darle la donzella en las suyas, o desahuciarle. Y assi tengo por cierto que si la dais a entender esto, se resoluerá de fauorecerme como desseo.

Ram.—Es posible que Ramiro Coruato aya oido de la boca de Caton semejante cosa? No quisiera por quanto tengo que vuiera llegado a mi noticia. Aunque creo qu'es por prouarme, o no conocer bien a aquella señora.

Ar.—Querria conocerla mejor.

Ram.—Pues si dexa de saber algo, yo se lo dire a V. m. de P a pa: es visnieta de don Aluar, nieta de don Beltran e hija de Rodrigo de Cabrera el bueno. De parte de madre, es...

Ar.—No me sé dar a entender: digo que la querria conocer de más cerca.

Ram.—Y yo respondo a esso que no soy bueno para tal effeto, porque nunca ha auido traidores ni alcahuetes en mi linage.

Ar.—A fe que os tenia por más amigo.

Ram.—No tiene V. m. mayor seruidor para qualquiera otra cosa. Dé vn tiento a Cornelio, criado de sus hijos, que me parece a proposito para semejantes embaxadas, y podria ser que acetasse la empresa; mas por descargo de mi conciencia digo que tampoco él no hará nada.

Ar.—Ahora bien, paciencia. Con todo esso, quiero yr a referirla lo que con Ceruino he tratado.

Ram.—Anda V. m. en contratos con ella y busca otros medios tan flacos?

Ar.—Y avn por esso he menester tercero que nos concierte.

Ram.—V. m. con su mucha prudencia y auctoridad lo podrá guiar todo, de manera que llegue al puerto desseado.

Ar.—Pues auiendome fiado de vos, no me quereis dar este contento, muera esto aquí. Y mirá bien que no hagais lo que suelen los de vuestr'oficio; que son todos orejas y lenguas, porque nos pessaria a ambos d'ello.

Ram.—Ya V. m. me conoce.

Ar.—Vigamon!

Vig.—Señor.

Ar.—Ve a casa de mi señora Violante de Cabrera, sabe si la podré besar las manos.

(Solo.) No soñaua el que pintó niño a Cupido, porque propriamente el amar es de los moços. Ahora acabo d'entender que la prudencia y el amor no pueden estar juntos, porque contra este tirano no vale edad, seso ni grauedad, pues donde haze pie no dexa su furor, sino con el açadon y la pala, cuyo plazer se acaba en vn punto, y la verguença acompañada de vn frio arrepentimiento dura para siempre. Vanas esperanças, daños más que ciertos, cortas alegrias, pessares perpetuos, dulçores contrahechos, confitados en penosa amargura; liga donde caen los desdichados, cruel y desesperada enfermedad, afistolada llaga, eterno daño, passion que enloda al moço y anega al viejo, y fin que deuora y consume todo bien, con suspiros que importunan lo poco que nos queda de tan miserable vida. Conociendo yo esto, he intentado hazer comigo como los medicos, que quando pierden la esperança de la salud d'el enfermo, estudian solamente en dar aliuio a su pena, al mal de dentro y apostema escondida, aplicando epithimas y fomentos, con qu'el dolor menos le fatigue. Mas es (o gran verguença de mis años) echar leña al fuego en que me abraso, pues en lugar de diminuir mi penosso cuidado, va por momentos creciendo. Pero qué marauilla, pues Socrates, hablando de vn subiecto amoroso, dize que estando viendo vn libro con vna donzella, espalda con espalda, llegando su cabeça a la d'ella, sintió en aquel punto vna puntada en vn lado, como picada de araña, que cinco dias despues, ormigueando, le llegó al coraçon vna começon continua. Mas a mí diré yo auerme mordido el ardiente apetito, que, sin sentir, se ha apoderado de mis entrañas, o la sangre feminil que sin defensa, con el dulce mouimiento de su vista, me assaltó; tirando inuisible sangre, que al punto se m'entró, por los ojos, en las venas, y no consintiendome tocarla, queriendose boluer por donde vino, me haze seguir por fuerça a quien podria sacarme de pena. Mas por ser mi sangre tan espessa y fria, no puede penetrar por aquellos diuinos ojos a mezclarse con la suya, purissima, sutil y dulce: de donde a más no poder nasce el desseo que me deseca y consume, de transformarme en ella. Heu patior telis vulnera facta meis.

(Vuelve Vigamon).

Está en casa?

Vig.—Sí, señor, y esperando a V. m.


ACTO TERCERO
SCENA I[763]

Cornelio, Policena, Bezerrica[764].

[Cor.].—Gran contento es seruir a estos mancebilletes baruiponientes: porque fuera de que siempre me dan que reyr, son afables y de prouecho, pues caen liberalmente con lo que tienen. Acuerdaseme ahora (y es verdad) de lo que dixo vn cierto poeta o filosofo a un amo mio, estando en buena conuersacion, tratando de amores: que era de opinion ser el amor vn ramo de profecia; porque quando vienen aquellas frenesias o fantasias al enamorado, acierta a dezir cosas, que si no lo estuuiesse no las alcançaria. Como Macias, mi amo; que teniendo la cabeça como quando su madre le parió, quando le toma la tirria o le assalta el accidente d'el amor, le oyo algunas sentencias que despues de passado creo que no las entiende mas que su cauallo. (Policena a la ventana.) Alli veo a mi linda Policena: quierola recrear con vn poco de viento de Laus laudis, qu'es el que más contenta a las moças, que siempre quieren más al que mejor las sabe engañar. Será bien hazer como que no la he visto.

Pol.—A, buena pieça! a, gentilhombre! Dios me perdone el testimonio que te leuanto.

Cor.—Perdoname tú, amores, a mí, que no te auia visto, por vida d'essos ojos, garfios de coraçones.

Pol.—Bien creo yo que no me has visto, y aun qu'es lo que menos disseas, porque ay otra que te haze yr traspuesto, pensando en ella, sin acordarte de mí.

Cor.—Cómo podré acordarme de otra, si desd'el punto que te vi, mi alma, dexando sus proprios pensamientos, colocó en su lugar los de tu persona? la qual no me dexa acordar ni aun de la mia, tanto, que aun durmiendo, la imaginacion para en ti, como acontecio la noche passada, que soñandome contigo y queriendo abraçarte, me hallé burlado, y assi creo sin duda que ahora despierto lo soy de ti.

Pol.—No es tiempo de burlas, embustero. Tos, amor y fuego no pueden estar secretos. Piensas que no sé lo que passa con Florina, la hija de Mastre Machin el sastre? ay, buena pieça, quál eres!

Cor.—Quién te ha echado essa pulga en la oreja, mi alma? Qué Machin? qué sastre? qué Florina? qué me dizes?

Pol.—Tal prouecho te haga como el aceite a las sardinas, que si hará, por ser castaña, que de fuera engaña, y tú buytre, pues dexando lo bueno te abates a lo corruto y hediondo; mas el mal frances me vengará de ti y de la señora Coxa.

Cor.—Esso tiene más la pieça? Quien no conoce Coxa, de Venus no goça.

Pol.—Qué dizes entre dientes?

Cor.—Acuerdome ahora de qu'estando vn malhechor en la escalera, le presentaron vna moza perdida coxa, para librarle si se quisiesse casar con ella; y al punto que la vio, boluiendose al verdugo, dixo: Hazé presto, hermano, vuestro oficio, que renquea. Qué hará vn hombre libre como yo? No me buelques el estomago con esos merdosos celos, pues podria estar antes la mar sin peces que yo sin amarte vn hora; y qualquiera palabra que enojada me dizes es un perro rauioso que me arranca las entrañas. Los arboles, amores, que tienen profundas las raizes, no se pueden trasplantar como quiera. No me aparto de ti el espacio de vna vña. Dime, por amor de mí, dónde está tu padre?

Pol.—Y para qué lo quieres tú saber?

Cor.—Para si no ha de boluer tan presto entrarme vn rato a desenojarte.

Pol.—Quierome reir sin gana. Ha, ha, ha. Entrar o qué? No se hizo la gragea para los puercos: ya, ya! antes te vea yo hazer cuartos.

Cor.—Mejor seria reales, pues soy todo tuyo.

Pol.—Ay, cara de salteador de caminos; no sé por qué no te tiro algo a essa cabeça de Hurdemalas.

Cor.—Perro hambriento, vida, no hace caso d'el palo. Quien se quema, se sople. Yo sé que de las injurias que me dizes te quedará la pena.

Pol.—Tú, traidor, falso enemigo, sabes que las mereces peores.

Cor.—A fe de hidalgo que no tienes razon, y que te hazes agrauio en pensar que ay en esta tierra otra ninguna por quien yo diesse vn passo, ni el menor pelo que traigo acuestas. Quanto más que no conozco (por los annales de Roma) tal hombre, ni muger; y si hallares lo contrario, toma esta daga y sacame la lengua con ella.

Pol.—Bien lo sabes fingir; mas si primero no atas, como dizen, el asno a la puerta, jurando de casarte comigo, no te cr'eré si me dixesses el credo, ni atrauesarás más estos lumbrales. No, por el siglo de mi madre.

Cor.—Pues tras qué ando yo? Para luego es tarde: dame acá essa mano. Mas escucha, amores, que oyo cantar.

Bez.