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Orígenes de la novela, Tomo III cover

Orígenes de la novela, Tomo III

Chapter 194: SCENA II
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About This Book

Una introducción ofrece un estudio crítico sobre la génesis de la novela española, centrándose en el análisis de la Celestina: cuestiones de autoría, fecha, fuentes clásicas e italianas, variantes textuales, caracteres, estilo y su influencia en drama y novela. La segunda parte reúne novelas dialogadas y textos contemporáneos que ilustran temas, lenguaje, modismos, ortografía y rasgos tipográficos de la época. El volumen expone además los criterios editoriales y de transcripción empleados, respetando la ortografía original en las reproducciones (corrigiendo solo errores evidentes) y adaptando la ortografía académica en la introducción para facilitar la lectura.

No desmaye'l amante porque vea
Cerrada su esperança en fuerte muro;
Sea constante y fiel, que si dessea,
Del reciproco amor está seguro,
Piense que tanto más dulce'l bien sea
Quanto el camino por do viene es duro:
Que al ánimo resuelto, impedimento
No puede auer que sea de momento.

Cor.—Page, a, page!

Bez.—Dezis a mí?

Cor.—Sí, hermano.

Bez.—Hermano? y de quando acá? Deueis de ser de aquellos por quien m'embian a mi sin herreruelo a estas horas.

Cor.—Capeador querrás dezir.

Bez.—Maldita otra cosa.

Cor.—Dios me guarde; ahora veo que no me conoces.

Bez.—Ni vos a mí.

Cor.—Mas que sí?

Bez.—Mas que no? Quién soy yo?

Cor.—Eres el page de la señora muger del señor Ceruino.

Bez.—Es verdad; mas yo no cayo en vos; alçá el sombrero.

Cor.—No puedo, qu'estoy con vn chichon en la frente.

Bez.—Pues n'os conozco.

Cor.—No? poco dulce se deue de comer en tu casa.

Bez.—Poco? No deueis vos tampoco de conocer a mis amas.

Cor.—Pues cómo es possible que no se te acuerde d'el hijo del confitero flamenco, como entras en la Especieria, a mano izquierda.

Bez.—Confitero sois?

Cor.—Sí, amigo, a tu mandado. Quién te ha enseñado tan lindo cantar?

Bez.—Lindo, sí, por cierto. Harto mejor es la seguidilla que sé yo, mas no quiere mi señor que la cante en casa, so pena de media dozena de otra colacion que la vuestra, porque dize que es desonesta.

Cor.—Y essa, hatela oydo tu amo?

Bez.—Yo me guardaré d'esso como de comer soliman; mi señora sí, que me la ha enseñado y hecho dezir mil vezes.

Cor.—Quieres me la dexar escriuir y te daré vna muy linda pelota?

Bez.—Venga.

Cor.—Ves l'aquí.

Bez.—Dadmela.

Cor.—Di primero, que te me huirás con ella.

Bez.—No haré, por vida de mi madre; tenéme vos de la faldilla.

Cor.—Toma; di, pues, presto.

Bez.—O qué linda pelota, haseme oluidado.

Cor.—No querria yo más, para que fuesses a casa en cuerpo.

Bez.—Tras esso andais: ya os entiendo. Escriuí, escriuí a priessa. (Escriue Cornelio).

Cor.No desmaye'l amante porque vea, etc.

Bez.—Dexáme ahora.

Cor.—Que me plaze; si nos encontramos otra vez, yo sé lo que te daré, y más si vas a mi tienda.

Bez.—Tom'os la palabra.

Cor.—D'acá la mano. Pues somos ya amigos, bien es que nos sepamos los nombres; cómo te llamas?

Bez.—Bezerrica, a vuestro seruicio; y vos?

Cor.—Yo Manso, a tu mandado; no te detengas, amigo.

Bez.—A Dios, Manso.

Cor.—A Dios, Bezerrica. Este mochacho y yo vendremos presto a hazer vn buey perfecto, porque no le faltan a su amo sino los cuernos, que ya me parece se los veo apuntar.

Pol.—Agora que tienes la cancion, la harás cantar a la puerta de tu Florina.

Cor.—Hallado has el musiquero; acaba ya, no seas boba, ablandate, que fuego no se mata con fuego.

Pol.—Pues para qué la has escrito?

Cor.—Para mis amos, que como son músicos, tienen el seso con ventanas y quieren auer quanto se canta, y assi me embian a media noche a caça de sonetos.

Pol.—Dime lo que has escrito.

Cor.—Cantando?

Pol.—No, porque no l'oyan los vezinos.

Cor.

El que os viesse y no cegasse
Ciego, señora, seria;
Quien perdido no quedasse
Más perdido quedaria.
Para poder escapar
De cegar o se perder,
Es el remedio n'os ver
O no saberos mirar.
Mas quien assi se librasse
Presso afligido seria:
Y si os viesse y no cegasse
Mal, Policena, veria.

Pol.—Tú me das la raposa por marta y me hazes cr'er quanto quieres.

Cor.—Pues por qué no cr'es quanto te quiero?

Pol.—Essas son otras quinientas.

Cor.—Oye, amores, por vida mia, mas yo boluere a la hora que suelo, si gustas d'ello.

Pol.—Si gusto? En condicion me lo pones? Hazme rauiar esperandote, como sueles.

Cor.—Ya sabes que no soy mio.

Pol.—Pues cúyo eres?

Cor.—De mis amos y tuyo.

Pol.—Mio?

Cor.—Assi fuesses mia, que no puedo llamar assi vn cuerpo priuado de aficion.

Pol.—Troquemos.

Cor.—Esso no, mi alma; besote las manos. (Solo). Mirá hasta dónde encaxa los celos el demonio. Como si no tuviesse que hazer con los casados. Lo que remedia y daña una copla a tiempo! Cosa estraña es lo que me quiere esta moça; mas tal burla la hago, por vida d'el Marques de la Cornia, que no la trocasse por la más repicada de la ciudad. Es cosa de burla, sino andarse el hombre tras estas ouejitas de prima tonsura. Más estimo aquel cuello que me dio el otro dia, que quanto mis gallipauos esperan de sus emparedadas. Andense ellos a coplas, que yo me estare entretanto las manos en la cinta. Quierolos lleuar esta profecia y allá se auengan.

NOTAS:

[763] Falta esta indicación en el original, como falta en la escena primera de todos los actos.

[764] En el original, Bezericca.


SCENA II

Lena, Violante, Damasio, Cornelio.

(Len.].—No veo persona en esta calle. El señor Damasio me dixo que me dexasse ver, que me queria dar vn regalo para mi enamorado. El diablo le ha dicho que le tengo. Al fin, no hay cosa secreta, por más que la persona mire por su honrra; a fe que tengo de abrir los ojos de aqui adelante, que por menos se suelen perder buenos casamientos. Sin duda lo aurá sacado el casquiuano por discrecion, entendiendo que aunque se le corta la cola al perro, siempre queda perro: que de otra manera seria imposible saberlo él ni nadie, porque no entra en mi casa sino secretamente (a medio dia) quando no parece persona biua, por euitar el escandalo de la vezindad. A lo menos, si no soy casta, tengo esto bueno, que de cauta me he preciado siempre, porque'l mal es siempre mal, mas peor quando con mal exemplo se comete. Si todas se gouernasaen con el recato que yo, no andarian hoy tantas honrras por los tableros. Piense lo que se le antojare, que tampoco él anda ahora para hazerse hermitaño: que yo no me emendaré mientras pudiere comer mi pan con corteza, y aun despues veremos. Echá la natural inclinacion a palos, que no por esso dexará de boluer. No sé con todo esto si l'espere aqui o si llegue a su casa. Si le aguardo, podrá ser que como moço descuidado se esté entreteniendo en otra parte, y que me dexe plantada hasta la noche'scura, y no puedo perder tiempo teniendo tantos negociantes, que me esperan como agua de Mayo; aunque las más vezes soy la de San Iuan, que quita el vino y no da pan. Si voy a su casa podrá la madre preguntarme lo que quiero, y no sabiendo qué responder, sin duda m'embiará jabonada. Pues no es nada soberuia la señora: dízenme que quando la pica la mosca no ay quien pueda esperar sus reziuras. Pero cómo soy necia ahora, estando más llena de cautelas que un hueuo de clara y yema? No sabré darla el pan por hogaza? No, que soy vna boba! Ea, pues, cabeça mia, Dios te me guarde de pan de ventana; hela aqui a las mil marauillas; al fin no se hizo la silla para el asno. En aquella casa ay tres que me conocen: Cornelio y sus amos; será desgracia si en llamando no responde alguno d'ellos; si fuere otra persona, o la mesma madre, diré que traigo a vender alguna cosa, la primera que me viniere a la boca; está que no ay más que pedir; con buen pie vamos. Ta, ta, ta.

Violante (dentro de la ventana).—Perdoneos Dios, amiga, esse llamar tan rezio; que toda me aueis turbado.

Len.—Ay, qué ligera de sangre es la señora!

Vio.—Qu'es lo que buscais?

Len.—Ayudame, lengua, si no, mira que te corto. Cuitada de mí, no deue ser ésta la casa que busco. El otro dia me encomendó vna señora que la traxesse vn poco de estoraque y benfuy para hazer vnas pastillas, y no acordandome de la casa, lo pregunté a tiento a vna muger que acertó a passar por aqui y me encaminó a ésta, diziendo que sin duda seria V. m., porque (dixo) es la más curiossa señora de la ciudad. Qué lamedor!

Vio.—Ay, amarga de mí, cómo s'engañó en todo; ya passó esse tiempo; mas aunque no soy la que buscais, yo tomaré vn poco si es bueno.

Len.—Es bonissimo quanto puede ser. El diablo me traxo a la memoria esta mercancia.

Vio.—Subí arriba, hermana, o esperáme ay.

Len.—Esperete vn toro. No lo traigo, aqui.

Vio.—Pues si no lo traeis con vos, para qué llamais?

Len.—Para saber la casa, auisar que lo tengo ya y boluer por ello a la mia. Tan gran pecado ha sido? perdoneme V. m.

Vio.—Andá en buen hora, que no deue de ser esso lo que buscais.

Len.—No ha sido malo el encuentro y desecha para de valde; qué haré ahora? Dar de la sarten en las brassas.

Cor.—Allá va la bienhadada.

Dam.—Es ella?

Cor.—La mesma. Daranos ahora sin duda tres ouejas negras por vna blanca; ya nos ha visto.

Dam.—Dexame con ella. Loada sea la hora en que aueis parecido a cabo de aueros buscado tres horas. Más teneis que hazer que pastelero en Carnestoliendas; bien se deue correr el oficio.

Len.—Tan bien, qu'estoy por llamarle (sino por lo que por seruir a V. m. traigo entre manos) peor que mecanico. Pobre de mí, que para poderme sustentar y mantener en la gracia de los que bien me hazen he de cumplir con todos y ser como el Sol, que assi alumbra a los buenos como a los malos; aunque deuen de pensar algunos (no lo digo por quien tanto se acuerda como V. m. de hazermela) que biuo como camaleon.

Dam.—Huelgo de no entrar en essa quenta.

Cor.—No? La primera partida de su Manual.

Len.—Aun hasta ahora no puedo dezir de qué color es la ingratitud.

Cor.—Ha hecho como el tirador de arco, que para llegar al punto va tomando la mira gran espacio sobr'el blanco; y ahora vende la salsa.

Dam.—Quereis yr a hazer lo que os dixe!

Len.—A V. m. toca mandar y a mí obedecer.

Dam.—Tomá este par d'escudos, y si bolueis con algo de bueno, yo sé lo que haré.

Cor.—No digo yo que nunca cantó en vano? Y con todo esso, haze siempre como la gata, que sin quitar los ojos de las manos come y gruñe.

Len.—Bastame la gracia de tan buen cauallero.

Cor.—Es a punto el medico, que diziendo no es menester hazer esso comigo, abre la mano y aprieta más que vna tenaza; pero tienen ambos esto de bueno (como el lobo): que nunca toman por quenta.

Dam.—Esta carta y anillos aueis de dar al Bachiller, diziendole lo que más al proposito os pareciere, para que llegue a buen puerto.

Len.—Pierda V. m. cuidado.

Dam.—Todo lo remito a vuestra discrecion.

Len.—Beso las manos á V. m.

Dam.—Con bien boluais.

Len.—Quedá en buen hora, Cornelio hijo.

(Vasse Damasio).

Cor.—Lena madre, todos los cuclillos os acompañen; como ayais concluido este negocio, haremos los dos otro aparte.

Len.—Ay, loco, loco; ya no me quiere ninguno, sino para lo que traigo entre manos; pues siempre me dexan a la luna, como tablilla de meson. Mas con todo esso, ya hablaremos más largo y tendido; que aunque se acabó el vino, el barril es el mesmo.

Cor.—Creolo, porque la zorra muere en su pelleja si no la desuellan.

Len.—Pulla es essa; basta. Lo demás para otra vez; a Dios mi... no lo quiero dezir.

(Vasse Lena).

Cor.—Pues direlo yo: fa, sol, la mayor puta vieja que ha estudiado en Valladolid. Burlaos y vereis lo que passa; tenderse quiere la niña. Con todo esso, he de procurar pescarla algunos realejos, contentandola, quando más no pueda, a ojos cerrados; acabando de comer mi pan con la salsa de más agradable imaginacion.

(Buelue Damasio).

Dam.—Quán de assiento lo tomas.

Cor.—Tambien, señor, ando yo casi enamorado, y quiero tenerla contenta; qu'es aparejadissima para sacarla quanto alcança.

Dam.—La razon?

Cor.—Porque como estas calloncas tienen la carne tan mal acostumbrada, dan liberalmente lo que les queda al que tiene paciencia para ensillarlas.

Dam.—Sacaráte el vientre de mal año.

Cor.—Por qué piensa V. m. que se dixo: Bueno está Chillon, si la vieja le dura?

Dam.—Por lo que guarda su quiñon la vieja madura; y assi vendrá a salir tu desiño el sueño del perro.

Cor.—Todo será auenturar dos ydas y venidas; y quando la suerte salga en blanco, a lo menos no tendremos que reñir sobr'el partir de la cadenilla, porque la damos a comer por onças, y assi quedaremos amigos como de antes.

Dam.—Gran hablador eres.

Cor.—Lo qu'escuecen las verdades!

Dam.—A la fé, sospecho que deues de ser a la parte.

Cor.—Nunca me passó por pensamiento, porque ya murió Calisto, y nuestra Melibea se da tanta priessa a sacarnos de pena, que la mercancia vendrá a salir poco más que de balde.

Dam.—Poco precio te parece el coraçon con que la he dado?

Cor.—Es de los que se pesan en las carnecerias de amor, que se hallan a cada passo.

Dam.—No es para ti esta materia; puedo cantar con verdad:

Quisiera yo tener diez coraçones,
Y que lleuara vno en cada dedo.

Cor.—Y porque no tenemos más de vno le conseruamos quanto podemos.

Dam.—Ya v'es lo que dize la estanza.

Cor.—Veolo, pero como soy tan grosero, no lo entiendo.

Dam.—Buen principio es para salir de tu necedad el conocerte. Dice que no desconfie por verla tan encerrada: que sea constante en la començada empresa: fiel, entiendesse secreto, qu'es la mejor parte en vn enamorado y que más satisface a las damas. Assegurame del reciproco amor; y poniendome delante que las victorias más trabajadas hazen el triunfo mayor, concluye con esta verdadera sentencia: qu'el amor rompe y allana todas las dificultades a quien con pecho valerosso se resuelue para llegar al fin que pretende. Qué te parece?

Cor.—Que lo ha V. m. interpretado muy a su proposito; pero quisiera yo que todo esso lo dixera la copla.

Dam.—Mucho más da a entender, que para ti seria algarauia.

Cor.—Pues qué concluye?

Dam.—En que está determinada de poner en execucion lo que la pide el desseo.

Cor.—Quando?

Dam.—Más tarde que yo querria. Esso estudiará ahora, y sin pensar nos lo cantará el ruiseñor.

Cor.—Cómo gusta la fortuna de casos tales! y para hazer bien no se hallará agua en Tajo[765]. Bien ha hecho V. m. en no dezir nada d'el cantar a esta buena muger.

Dam.—De semejantes no se ha de fiar sino lo forçoso, y esso con gran escaseza y recato. Vamonos a casa a consolar a Macias con esta buena nueua, que no la creerá segun es el viento fauorable.

Cor.—Yo tengo que hazer en la plaça; mandame V. m. algo?

Dam.—Que no te descuides de acudir al pagezillo, que ya v'es lo que nos importa.

Cor.—No perderé punto.

NOTAS:

[765] Agua en el Danubio dice El Celoso.


SCENA III

Cornelio, Vigamon.

[Cor.]

Si vna es buena, es por ventura,
Y si mala, de natura.

En dos palabras ha dicho la señora quanto es menester, más claro qu'el sol; y yo hago del aturdido, por dexar saborear y dar más que deuanear a mi amo. Allí veo a Vigamon, mi amigo viejo; quiero desentrañarle, para tomar vn rato de plazer.

Vig.—Vienes más a punto que la gracia a vn condenado quando está en la escalera, porque yua derecho a buscarte.

Cor.—Ya era tiempo de que nos viessemos; ay algo en que te pueda ser de prouecho?

Vig.—Mi amo me embia a llamarte.

Cor.—El señor don Galcerán a mí?

Vig.—Quánto ha que mudé dueño!

Cor.—Pues con quién estás ahora?

Vig.—Con el señor Aries de... par Dios, no sé de dónde.

Cor.—Es vn cauallero padre de vna señora que se casó poco ha con un Ceruino de tal, que biue a las Tenerias?

[Vig.].—[766]El mesmo.

Cor.—Pues de dónde me conoce él a mí?

Vig.—No te lo sé dezir.

Cor.—Mira no le ayas entendido mal.

Vig.—No eres tú Cornelio, criado de aquella señora viuda hermosa, que tiene dos hijos y vna hija?

Cor.—Qué me podrá querer?

Vig.—Menos lo sé: él te lo dirá; de qué te congoxas?

Cor.—Sabes qué cosa es ser llamado sin pensar vn pobre moço de personas tales? Haze reboluer en vn punto quanto el hombre ha hecho y pensado en toda su vida: la verguença me empacha y haze dezir esto; pero con todo esso, vamos. Como lo passas, Vigamon hermano? estáis bien acomodado?

Vig.—Casi bien, como vela a medio arbol.

Cor.—Quánto hazes de daño?

Vig.—Doze grullejas pagadas, que no ay más que pedir.

Cor.—La cama?

Vig.—De la fabrica de vnas parrillas, no la trocaria por la del guardian del Abroxo; mas no sé qué tiene, que aun durmiendo me bambaneo, sin poder hallar remedio (aunque he prouado ciento) para hazerla estar queda.

Cor.—Será sin duda algun duende.

Vig.—Oxalá, si fuesse como el de la otra, que se quexaua que vno no la dexaua repossar de noche, con que tenia amedrentada a su madre; hasta que se vino a descubrir que secretamente metia en casa vn familiar encarnado, que hazia sobr'ella la pessadilla.

Cor.—Ha, ha. No, ay[767] en casa alguna dueña que quiera hazer contigo de la duenda?

Vig.—Si esso tuuiera, medio mal, mas no ay sino vna viejeçuela, trasparente como lanterna, que gouierna la casa.

Cor.—Es tan sin dientes que no se la puedan sacar vn par de muelas?

Vig.[768].—No ay vieja para esse menester; mas llegate a herrarla: es vn Barrabas con tocas; no ha nascido (segun lo que muestra en el sacudimiento y aspereça) mula más mala d'ensillar.

Cor.—Aurá sido coxquillosa en su jouentud: mas si yo la dixesse al oydo vnas palabras que m'enseñó vn albeitar, verias marauillas.

Vig.—Como d'essas sé yo; pero tal qué aprouecha? no queda por esso.

Cor.—De manera que ya l'has tentado las coraças?

Vig.—Vna vez sola, que haziendo del cortés, la pregunté como estaua, y al punto muy escandalizada se lo fue a dezir a mi amo, añadiendo que la auia tocado el deuantal; y él (que es más seuero que Socrates) diziendo: Dura cosa es, hermano, andar a discrecion de un garrote, me puso perpetuo silencio. Y assi passo vna vida tan colerica y melancolica, que (de puro ahondar horizontes) temo al cabo de venir a dar en poeta; porque me siruo demassiadamente de la cabeça. De manera, hermano, que soy medio biuo, sin más conuersacion que la de un negro boçal que cura el cauallo; con quien passo mis ratos, hartandonos ambos de zinguerrear en vna guitarra más destemplada que discante de ramera.

Cor.—Vamos a la gula.

Vig.—Esso no falta quien me mantenga flaco, con poco gasto, fabricando siempre en seco, tanto que a cada bocado me veo en passamiento.

Cor.—Quién compra?

Vig.—Yo, por mi más negra ventura que la pez.

Cor.—No sabes la cuenta del siete y tres son treze? Ya m'entiendes!

Vig.—Demassiado, pero todo lo que se come es casi de su cosecha, y andan tan d'espacio los banquetes, que se puede hazer poca hazienda.

Cor.—Arrima la nauaja y rapa donde pudieres: no ues quánto han encarecido las cosas, que todas han crecido sino nuestros salarios, que no bastan para çapatos? No tienes algunos percances?

Vig.—Qué cosa buena puede auer en casa donde no se juega? Assi me tengo por casi enterrado.

Cor.—Tú qu'eres amigo de plazer, auias de estar con mis amos (dos puros locos de atar), que siempre me traen de acá para allá, haziendo el amor, dando músicas, en seraos, en comedias, en banquetes y en otros mil passatiempos. No ha Dios amanecido quando assidos de mí comiençan a luchar comigo, arrastrandome por aquellos suelos y haziendome pedaços quanto traigo acuestas.

Vig.—No me parece essa buena conuersacion.

Cor.—Qué importa, si quanto traigo es suyo y quanto ellos mio. El vno, toma tal jubon, y el otro, ponte aquellos calçones: vengan los torreznos, la fruta, el beuer fresco, y todo con vnas entrañas, que me tendrian los que no nos conociessen por su hermano mayor.

Vig.—No son esos caualleros como los malauenturados que dizen que para ser bien seruidos conuiene tener los criados pobres.

Cor.—Tras essa hoja hay otra: que no siruamos tanto que de puro obligados los amos no sepan con qué pagarnos; y assi he visto criados que lo pueden ser del Rey, enuejecidos y rotos, esperando los montes de oro, que nunca corren, con que los entretienen.

Vig.—Dexariame yo echar vn birote de semejantes amos como los que tú tienes. Llegate a ciertos confessos reuestidos con quatro reales que les dexaron sus padres (ganados como Dios sabe), que les parece matar a sus madres si dexan al pobre moço vn momento en reposso, como si los vuiesse comprado por esclavos; no lo puedo lleuar en paciencia. O si (como lo he desseado mil vezes) me tocasse por suerte vna[769], ser amo de alguno d'estos pelones, verias cómo me seruia d'él, haziendole correr, trotar, saltar, sudar y trabajar tanto, que no le parasse mosca encima; cada dia (por ahorrar el salario) leuantaria cosas nunca soñadas para descontar del salario, y por quitame aquella paja: hermano, otro poco a otro cabo. Mas es el diablo que para esto es menester argent, y yo no lo puedo esperar en los años de Matusalem: porque no ay en todo el Mapamundi tanta tierra como ocupa vn'hormiga que sea mia. Al fin no viene a ser puerro sino el que se trasplanta. Auria lugar para otro criado en casa d'essos señores?

Cor.—Es su madre tan auarienta, que antes mira a despedir que a recebir de nueuo.

Vig.—Buena ventura fué la tuya en topar con tales amos: daria quanto tengo por seruirlos.

Cor.—Con quántos ducaditos caerias si yo te metiesse en mi lugar? que desseo ya assentar y dexarme de tantas mocedades.

Vig.—Para esso mi amo.

Cor.—Pues troquemos.

Vig.—Oxalá, mas cómo?

Cor.—Concertemonos, que despues yo lo encaminaré.

Vig.—Burlaste o dizeslo de veras?

Cor.—Respondeme al quánto y dexame el cargo.

Vig.—No me hallo con más de quatro, y el mes que va corriendo (aunque no tanto que no me parezca vn año); darete los tres, que lo demás es para cambalachar unos calçones con éstos que andan por dexarme.

Cor.—O, esso es poco, porque te valdran más de cinco al mes los prouechos: mas por lo que te quiero me contento con quatro.

Vig.—Sea[770] assi.

Cor.—Dexame concluir vn negoçuelo en que ando, que será presto; yo te auisaré, y entonces haremos d'esta manera. Yo me despediré (resuelto) de mis amos en buena paz, fingiendo alguna ocasion, y les diré que en mi lugar les quiero dexar vn criado a toda broça, tal como bueno, que serás tú; y sin duda holgarán d'ello; y al mesmo tiempo harás otro tanto con tu amo, diziendole que soy un moço diligente, virtuoso, que nunca dexó el rosario de la mano, y tan amigo de quietud, que pienso meterme fraile.

Vig.—No anda él tras otro, doylo por hecho; quándo quieres el dinero?

Cor.—Esso, amigo, quanto antes será lo mejor, porque no nos podamos arrepentir.

Vig.—Veslo aqui, toca la mano.

Cor.Fiat.

Vig.—No nos detengamos, que t'espera mi amo con más desseo que las coles de Agosto l'agua. Voy a dezirle que estás aquí.

Cor.—En buen hora. No ha sido mala esta iornada; tendre con qué prouar la mano. Sy ganare, boluerselos he, y si no, trampear y a ello.

Vig.—Subí arriba.

NOTAS:

[766] Suplimos aquí el nombre de Vigamon, que falta en los dos textos de La Lena y de El Celoso.

[767] Falta este nombre en La Lena, pero no en El Celoso.

[768] En el original, indudablemente por errata, Ha, ha, no. Ay...

[769] Asi en el original, quizás errata, en lugar de mía.

[770] El impresor lo estampó en italiano: Sia.


SCENA IIII

Inocencio, Lena

[In.].—Omnes in omnem culpam prolabuntur. Gran peccado comete mi señor (de que ha de dar estrecha quenta) en tener tan encerrada y descontenta a vna mujer exemplo de virtud como la suya: tengo por cierto que, si por él no fuesse, no dexaria pobre desconsolado y que daria quanto tiene a quien se lo pidiesse, ocupándose siempre en hazer caridad. Mirá qué bondad de señora: ha entendido el desastre de la prima, con que otra se vuiera escandalizado y dicho que si ha hecho mal con su pan se lo coma, y en hallandose sola (con vna angustia grande) da cien suspiros de pena, por no poderla ver y ayudar como querria. Pues con qué gracia me rogó que vaya a dar un recado de su parte a aquella buena muger con estos tres ducados, por el menoscabo de su ropa, con que voy a cousolarla contentissimo, porque quien esto la embia no dexará de socorrerla adelante. Pareceme la que allí está; sí, ella es. El señor os tenga de su mano, hermana Lena; pensauades que n'os auia de venir a ver algun dia?

Len.—Y por qué auia yo de cometer tan gran pecado, pensando tal cosa de quien tiene por oficio las obras de misericordia, y principalmente la mayor de todas, que es consolar los tristes? Assi se alegre comigo quien mal me quiere, como yo con su gentil presencia; sin duda que mi ventura le ha traido aqui, porque en este punto pensaua yr a buscarle para lo que oyrá. Mas antes quiero saber a qué ha sido la buena venida; porque desseo mucho que me emplee en su seruicio.

In.—Cierto que deueis essa voluntad a l'aficion que yo os tengo. Mutuo amamus inter nos. Mi señora está tan afligida por la desgracia de aquella señora, que desde aquel punto que la di su carta anda como fuera de sí; fantasseando tan trocada, que me trae lastimado; y assi me embia a saber cómo está la buena donzella, y a rogaros que la vais luego a visitar de su parte, y digais que tenga ánimo, porque con mucho calor va tratando de remediar su pena; y tambien os da estos tres ducados por la que tomais en ser medianera entr'ellas, y dize que la disculpeis de no la escriuir, que no lo haze por euitar sospechas.

Len.—Bendita sea tal señora; al fin donde está la nobleza ay largueza; en más tengo esta memoria de su mano que vn tesoro de otra. Ay, hijo mio, quánto se consoló aquella criatura con la carta que la lleué: no pareció sino que via el cielo abierto. Dixome que fuesse otro dia a verla, como lo hize ayer; recibiome con mil caricias, besandome estas pecadoras manos; y despues de mil demandas y respuestas, me dió esta carta, con estos dos anillos, para la señora Marcia, con los cuales dize que su merced s'enternecerá; porque son los que la embió con el padre quando vino a sus bodas. Por caridad, que V. m. se los dé, encareciendola mucho la memoria que ha tenido d'esta su deuota y humilde criada.

In.—Yo lo haré muy de veras.

Len.—Si tiene, mi alma, algunas camisas que adereçar, mire que me las traiga, si no quiere que m'enoje.

In.Istam tuam voluntatem semper in ore, animoque habeo. El Señor quede con vos.

Len.—El vaya contigo, que te sobra la bondad, como la cresta al gallo.


SCENA V

Damasio, Cornelio, Lena.

[Dam.].—No se me cuece el pan por saber lo que ha hecho Lena de la carta y anillos, y el modo que aurá tenido: quieres, Cornelio, que nos vamos passeando hazia su casa?

Cor.—Si V. m. lo dessea mucho, yo muero por ello; y me parece cada hora más estrecha y larga qu'el mal año: aunque estoy casi cierto de que aurá hallado camino aproposito; porque no son tres asses peores qu'ella, ni tiene el Infierno más astuto demonio.

Dam.—Su oficio lo requiere. Llama, que aquí t'espero.

Cor.—Llegue V. m. comigo (pecador de mí), por si acaso está allí su rufian.

Dam.—Ya te entiendo; perro couarde no quiere ver lobo. Pareces de los soldados de Trencha, qu'eran treinta y seis a arrancar vn nabo.

Cor.—Mucho me pessa de oyr essas palabras; mal conoce V. m. al segundo Fierabras. Digolo porque nos la negará, no viendo persona de respecto.

Dam.—No es mala desecha.

Cor.—El diablo me ha metido entre el martillo y la vigornia.

Dam.—Miedo ha Payo, que reza; no lo digo yo? qué estás murmurando?

Cor.—Qu'estoi por dar al vellacon, en abriendo la puerta, vna cuchillada que le derribe ambas orejas, aunque sea otro Orlando.

Dam.—Alomenos, burlando. Quien leon mata en ausencia, del topo teme en presencia. No más, Fierabras; yo te marco por vn dezeno de la cama; aunque sospecho que tomaras tú ahora vnas paredes por Iaco, porque todo Milan no armaria tu miedo.

Cor.—Ya esso passa de burla; no haga V. m. que se me suelte alguna mala palabra.

Dam.—Antes creo que se te ha soltado otra cosa peor; no m'espantaria, porque perro escaldado despues tiene miedo del agua fria.

Cor.—A fe de pobre moço que si no fuesse por cierto respecto que yo me sé... basta; mejor es callar. Sepa V. m. que hast'ahora nadie me ha quebrado nueces sobre la cabeça. Bien dizen que la familiaridad d'el señor es capirote de loco para el criado.

Dam.—La rana haze del leon.

Cor.—Dexemonos de motecicos y chufetas, que por menos qu'esso he visto yo venir a buenas cuchilladas. Llamaré o no?

Dam.—Pues a qué venimos? de qué hablamos? Animo, ves me aqui para morir a tu lado; aunque como te muestras tan fiero, temo no hagas, en el furor de la colera, de la ballesta gallega, que tira a enemigos y a'migos.

Cor.—Ta, ta, ta.

Len.—Quien llama tan rezio, algo nos trae.

Cor.—Con qué nos recibe la maldita!

Len.—Señor mio, es possible que los caualleros se humanan tanto? Qué buena ventura ha traido este bien a mi pobre cabaña?

Dam.—La mia, si hallo lo que me he prometido siempre de vuestra discrecion y diligencia.

Len.—No puede faltar a persona dotada de tantas gracias. Mire V. m. lo que passa. Estando tomando el manto para ir a dar aquel recado, entró por mi puerta el buen Bachiller (que está uestido y calçado con todas sus letras en el Limbo) con tres ducados que me embio la reina de las mugeres, mandandome que fuesse luego de su parte a consolar, a V. m. y a assegurarle de que'n breue concluira el negocio muy a su gusto; con otras mil palabras buenas, y ceremonias de nunca acabar. Iurandome el cuitado que desde'l punto que leyó la carta no parece más la que antes era. Y como que lo creo yo, que quando, por mis pecados, nauegaua por los acidentes de amor, no repossaua hasta dar fondo. Tengase lo demas por dicho, y pues que está ya hecho el pico al tordo, aparejem'esas manos.

Cor.—Cómo s'encaxa la puta vieja!

Len.—Ay, ojos encantadores, qué tiempo se os va llegando! cómo se le cae al osso la pera madura en la boca! ya m'entiende.

Cor.—Harto claro lo pide: pero mi Durandarte haze orejas de mercader y buelue se a su negocio.

Dam.—Haos dado alguna carta?

Len.—No, señor.

Dam.—Qué recado distes a la mia y anillos?

Len.—El mejor del mundo, a mi parecer. Diziendole que su prima se los embia, fingiendo ser vnos que la señora Marcia la embió con el tio quando boluio de sus bodas.

Dam.—Bueno, a fe de quien soy: no ay más que hazer sino esperar lo que Dios hará.

Cor.—Ha, ha, ha.

Dam.—De qué te ries, insensato?

Cor.[771].—Riome de que quiere V. m. esperar de Dios lo que suele hazer el diablo.

Dam.—Tienes razon: por necio que vno sea acierta a dezir algo bueno; ya podras ser mi predicador y hazerme dar con los amores en vn conuento.

Len.—Lo que más ahora hemos menester son las bragas de vn motilon, que quitan los malos desseos como con la mano.

Cor.—No lo digo por tanto, yo enmudecere por quinze dias.

Dam.—Acaba ya, majadero, que no son los donaires para todos tiempos.

Cor.—Antes en este que esperamos de tanta alegria y consuelo, no ha de auer otra cosa.

Dam.—Está bien. Amiga Lena, comete al sabio y dexale hazer; en vuestras manos me he puesto, dadme buena quenta de mí.

Len.—Biua V. m., que todo se hará bien.

Cor.—O mal; otro nudico a la bolsa.

NOTAS:

[771] Damasio dice el original de La Lena, erradamente. El mismo yerro se encuentra en El Celoso.


SCENA VI

Macias, Cornelio, Bezerrica, Damasio.

[Mac.].—Ea, Cornelio, aunque creo que estás cansado, por auer ydo a cien partes, vamos, que quando el amo tiene trabajo no deue repossar el buen criado.

Cor.—Por mí, vamos donde y quando V. m. mandare.

Mac.—Es burla lo que leia anoche mi hermano en aquel libro? pues dize que l'alma del amor es la esperança, y que en faltandole muere, como la criatura careciendo de leche.

Cor.—Quien lo escriuio deuia de hablar por esperiencia. Porque viene a proposito, dire a V. m. vna estanza que cierto cauallero muy sabio embió a vn amo mio (y por contentarme la tomé de coro) que conforma con lo que dize el libro. Notela V. m., que vale más quel Cancionero General.

Mac.—No querria que fuesse de las que sueles cantar.

Cor.—Esta es contemplatiua.