WeRead Powered by ReaderPub
Orígenes de la novela, Tomo III cover

Orígenes de la novela, Tomo III

Chapter 201: SCENA IX
Open in WeRead

About This Book

Una introducción ofrece un estudio crítico sobre la génesis de la novela española, centrándose en el análisis de la Celestina: cuestiones de autoría, fecha, fuentes clásicas e italianas, variantes textuales, caracteres, estilo y su influencia en drama y novela. La segunda parte reúne novelas dialogadas y textos contemporáneos que ilustran temas, lenguaje, modismos, ortografía y rasgos tipográficos de la época. El volumen expone además los criterios editoriales y de transcripción empleados, respetando la ortografía original en las reproducciones (corrigiendo solo errores evidentes) y adaptando la ortografía académica en la introducción para facilitar la lectura.

Nasce de ociosidá el Ciego Flechero,
Que biue alimentado d'esperança:
Quien le da leche es el desseo primero
Y vanos pensamientos la criança;
Ser y vigor (si bien no verdadero),
El contento (qu'está siempre en balança),
Es muy escaso en dar; promete largo,
Presenta dulce, y da despues amargo
.[772]

Mac.—A fe qu'es buena; mas boluiendo al proposito digo, que prueuo en mí lo contrario: pues sin alimento d'esperança ha crecido, y con más fuerças que de gigante me atormenta y va priuando de la vida.

Cor.—La causa es V. m., pues le ha criado a los pechos de sus pensamientos, que le han seruido en lugar de leche d'esperança, deteniéndose en ellos sin acordarse de otra cosa.

Mac.—Dizes bien, porque l'aficion me la pintó tan hermosa desde el punto que la vi, que siendo defendido a los ojos el esterior refrigerio, la mente se retira dentro; y viendo impressos en sí mesma los rayos de aquella sobrenatural belleza, haze d'ella el manjar que dizes, de que se sustenta.

Cor.—Esto deue aquietar más á V. m.

Mac.—Antes al contrario, porque la figura que señorea y gouierna mis sentidos, enamorada de sí mesma, me fuerça a yr donde naturalmente reside, y no pudiendo, con los dientes de amor me roe el coraçon, ahogandome los espiritus.

Cor.—Passo, que oyo cantar al pagezillo; apartese V. m.

Bez.

Vistase mi esperança como viere
Qu'el bien d'el que más ama va vestido;
Siga el camino al punto por do fuere,
Y al fin se junte con quien ha seguido;
Despues (si la Fortuna no impidiere,
Embidiando d'Amor tan buen partido)
Lleuará su consuelo mano a mano,
Y el contento que pid'el caro hermano
[773].

Cor.—Bezerrica amigo, ya era tiempo de que nos viessemos: qu'es de la pelota que te di el otro dia?

Bez.—Veisla aquí, n'os la daria por vn Real; mirá como salta.

Cor.—No iugaremos vn poco?

Bez.—No tengo dineros.

Cor.—Yo te prestaré, no quede por esso.

Bez.—O, quántos reales! son todos vuestros?

Cor.—Pues cúyos auian de ser? toma, toma vno. Si tú fuesses a mi casa, yo te daria tantas de las cosas que tengo.

Bez.—Qué teneis?

Cor.—Qué? esso es largo de contar. Confitura de todas suertes[774]: maçapanes, rosquillas, mermeladas, turrones, passas, datiles.

Bez.—Datiles teneis? Traeis ay algunos?

Cor.—Sí, amigo.

Bez.—Y confites?

Cor.—Quieres que traiga aqui toda mi tienda? si yo supiera que te auia d'encontrar, no viniera sin muchas cosas que darte; mas otra vez yo te pondre como un trompo. Abre la fatriquera; no te los vea tu amo.

Bez.—Ver o qué? mal año; ni aunque fueran otros tantos, yo me los yré engullendo de dos en dos. O, si vsassen los datiles sin cuexcos!

Cor.—Luego no los has visto?

Bez.—Nunca.

Cor.—Pues yo te dare vna libra, que te comeras las manos tras ellos. Mas dexame escriuir lo que has cantado, que perdí la cancion del otro dia.

Bez.—Qué me plaze; aunque voy de priessa a llamar a vn criado d'el padre de mi señora para que vaya con nuestro Bachiller a acompañarla, que va fuera con la hija de mi amo, y él se quedará en casa, porqu'el otro dia escalaron vna junto a la nuestra.

Cor.—Di, pues, presto, que yo escriuire en vn momento.

Bez. (Lee).—Vistase mi esperança como viere, etc. Quedá con Dios.

Cor.—El te guie. Esta es vna ieringonça de palabras sofisticas, que no las entendera vn Catedratico.

Mac.—Dexamelas l'er, que por ventura me pondra delante Amor lo que el rudo ingenio no alcançare. (Lee) Vistase mi esperança como viere, etc. Quán presto halla camino lo que ha de ser.

Cor.—Loado sea la d'el Villar, traenos ese enigma alguna buena nueua?

Mac.—Rebuena a lo que entiendo.

Cor.—No lo dezia yo? al fin las más duras se maduran, como las seruas, con tiempo y paja. Aqui viene el señor Damasio, que contrapunteará sobr'el canto llano marauillosamente, porque entiende de achaque de tramas más que quatro abogados. O, cómo llega V. m. a buen tiempo!

Dam.—Qué ay?

Mac.—Esto que ha cantado el mochacho poco ha.

Dam. (Lee).—Vistase mi esperança como viere, etc. Este's canto verdadero de las Syrenas, que hará dormir a Vlysses; sus a ellas! No ay tal como perseuerar con paciencia, que con ella todo se alcança; ni castillo ay[775] tan fuerte, que alcabo no se venga a perder (por vigilante que sea el que está a la defensa) si solo ha de combatir contra muchos. Quién hiziera cre'r esto a Macias?

Mac.—N'os espanteis, hermano, que lo deue causar la falta que tengo d'esperiencia; fuera de que quanto más vno dessea, tanto más anda embuelto y atado en temores y dificultades; porque siempre de lo que se pretende es menor la esperança que el miedo de no poderlo alcançar.

Dam.—Ea, pues, Cornelio, ya que hasta aqui se ha nauegado prosperamente, no nos perdamos a la entrada del puerto; quenta con el timon, andame listo, echate vna anguilla en el cuerpo.

Cor.—No me faltaua sino tratarme (tras asno) de lerdo; más a proposito seria echarsel'a quien yo digo.

Dam.—Pierde cuidado. Aqui dize que tengamos quenta cómo sale vestida la señora Cassandra, qu'es vuestro bien, y vos, hermano, el que yo más amo, que me vista de aquella manera y las sigamos; qu'en llegando a donde van, me junte con ellas y alli nos trocaremos, quedandome yo con mi dama en lugar de la vuestra, a quien lleuareis a nuestra casa a ensartar aljofar; y la mia a mí dond'ella fuere seruida; si ya alguna desgracia no lo impidiere. Mirá qué suerte; sin duda aurá hallado el modo para que podamos seguramente pagar el diezmo al Celoso. Ea, Cornelio, haz ojos de Linceo, no las pierdas de vista por descuido; mira que no hay cosa de más ligeras alas que la ocasion: que mientras el lobo caga la oueja se salua. Ven en vn salto a auisarnos; mira dónde paran, qu'es lo que más importa para trocarnos. Entretanto vamos nosotros a rogar a Lobata que nos preste el vestido que fuere menester, fingiendo querer hazer vna burla a vn amigo muy enamorado, haziendo como que su dama le va a buscar a su casa.

Mac.—Embuste de Lena: buen dicipulo ha sacado; al fin quien trata con malos se haze malo. No nos viene poco a proposito ahora tener mi señora aun todas sus galas; no sé qu'es su intencion.

Dam.—No m'espantaria si de treinta y quatro años que puede tener (a su quenta) viendose parada como molino sin agua, y a nosotros derretidos de amor (siendo del mesmo humor) se le antojasse algo; ya lo veremos.

Cor.—Yo me voy a poner en vna saetera, cerca de su casa, que descubre media legua.

Dam.—Ya auias de ser ydo y buelto, segun mi desseo.

NOTAS:

[772] Estos versos ofrecen alguna variante en El Celoso:

«Nasce de ociosidad el ciego Archero
Que biue alimentado d'esperança;
Dale los pechos el desseo primero
Y pensamientos vanos la criança;
Ser y vigor (muy poco verdadero)
El contento (qu'está siempre en balança).
Y siendo escaso en dar, promete largo;
Muestra ser dulce y es en todo amargo».

[773] En El Celoso altérase en algunos versos la lección de esta octava:

«Vistase mi esperança como viere
Qu'el bien del que más ama va vestido;
Tome presto el camino por do fuere,
Júntese a tiempo con quien ha seguido;
Despues (si ya Fortuna no impidiere,
Embidiosa de amor, tan buen partido)
Lleuará su contento mano a mano,
Y el consuelo qu'espera el cuerdo insano
».

[774] En la edición original, suertas.

[775] En el original, oy.


SCENA VII

Cornelio.

[Cor.].—En conclusion, este Ceruino no merece la muger que tiene; semejantes hombres aurian de arar con aquellas simplonas que los plantan de azul vltramarino y oro, que a tiro de arcabuz se parecen. No como la señora Marcia, que se los enxerirá de verd'escuro, que son ciertos cuernecitos que no salen vn pelo fuera de los caxcos, más ligeros que'l mal frances moderno; que no haze aquél los espantajos que el antiguo (dand'os vn leva eius por las narizes) y es más dulce que la sarna (casi gentileza tenerle) y tan poco temido, que hasta las damas sin miedo le acometen, y ninguno por él con ellas vale menos, como bullan las arenicas del rubio Tajo. No puede dexar de ser ésta de las más solenes burlas que se hallan escritas en el Bocacio. En fin, qualquiera debe enseñar a le'r, escriuir y hazer coplas a sus hijas; porque son de tanta virtud como las alcarchofas, y (segun dizen las comadres) de gran vtilidad contra la pudicicia, qu'es vna trabajossa enfermedad. Lo que haria al caso es que ninguna tuuiesse ojos ni orejas, que son las ventanas del coraçon. Dizen mil grosseros que poder escriuir los pensamientos es comodidad para saber ser malas. A la que canta por Natura (si gusta de las cosas d'el mundo) tanto la importa saber le'r y lo demás como no saberlo. No echan los necios de ver que las ignorantes, fiando los secretos de los criados, se hazen sus esclauas; y que se hallan algunos tan atreuidos, que presumen tambien yr a la parte, con amenazas de que descubriran sus faltas (o sobras), y si no lo alcançan (ellas se lo saben) mudando oy de vn amo y mañana de otro, van publicando las desgracias de las tontas inocentes. Mas estas Sibylas, estas doctas, saben gouernarse de manera que apenas ellas mesmas entienden lo que hazen. Veis aqui ahora el exemplo, que por tener esta señora tantas letras, ha sabido engañar a vn hombre tan sabio como el bachiller Inocencio (que le podrian poner (como dizen) inter oues et boues et reliquia pecora campi), pues siendo el principal ministro de la transformacion qu'esta noche se hará, piensa ayunar a pan y agua. Mal haya el diablo, que no me ha de tocar sino el escriuir simplemente los auisos; porque los criados somos como la campana, que suena para otros, y no le quedan sino los golpes d'el badajo. Alli salen las salidas damas: de morado va la de Macias; juraralo yo sin verla, porque tengo por menos pessado vn cosolete a prueua que vn virgo. Quiero darme priessa para auisar a mis amos, qu'estan espiritados.


SCENA VIII

Ceruino, Marcia, Innocencio, Cassandra.

[Cer.].—Marcia, amores, ya veis que me dexais solo; por amor de mí que os vengais en acabando las Vísperas.

Mar.—Y'os lo prometo, que no me querria quedar tan presto en la Iglesia.

Cer.—Oyslo, Inocencio? n'os aparteis d'ellas; mirá no las pissen, que aurá mucha gente.

Mar.—Por cierto que pareceria tan bien el Bachiller entre las mugeres como nosotras en el coro.

Cer.—O, qué donosa razon! hazé, hermano, lo que y'os digo. No me contenta nada, Cassandra, esse tu manto; baxo les está mejor a las donzellas.

Cas.—Y la pragmatica?

Cer.—Yo pagaré la pena.

Mar.—Assi aurá ello de ser. No quereis que vea dónde pone los pies?

Cer.—Dexalda caer, que Inocencio la leuantará.

Cas.—El coraçon me dize que será ello assi antes que buelua a casa.

Cer.—Marcia, mirá que os pongais en part'escura; apartaos quanto más pudieredes, que andarán cien insolentes que os quitarán la deuocion que lleuais.

Mar.—No ayais miedo; en nombre de Dios vamos. Qué os parece, Inocencio, de la mala condicion d'este mi hombre? Por vuestra vida, no me teneis lástima?

In.—Y cómo, señora! Summa est hominum peruersitas. Mil vezes he dicho entre mí qu'es V. m. martir con él; en verdad que no tiene razon. Auria de tener otra muger que le hiziesse padecer del mal que tanto teme; mas no lo permita Dios. Es más que verdad lo que dezia mi maestro: que de todo quanto la tierra produce, con alma vegetatiua y sensible, no ay cosa a quien la muger no pass'en miseria, pues sola ella ha menester comprar con sus bienes a quien ha de ser señor de su persona.

Mar.—Paciencia.

In.—Sí, señora, por amor del Señor. Ahora que tengo tiempo quiero encomendar a V. m. aquella pobre señora, qu'es vna obra meritoria.

Mar.—Y'os prometo que por esso he salido de casa, que no me siento con el ánimo reposado ni nada buena (Vamos poco a poco). No sé qué me tengo desde qu'entendí su desgracia. Ahora pienso hablar a vna grande amiga mia, prima de la abadessa del Monasterio donde pienso ponerla (que vendra a encontrarnos sola por no dar nota) y espero que todo se hará bien.

Cas.—Ya no puedo más, que se ha alargado vna cinta de'l chapin y se me sale del pie. Entremos si V. m. es seruida en esta casa a apretarla.

Mar.—N'ora buena. (Aquí se truecan).


SCENA IX

Ramiro, Policena.

[Ram.].—Si me vendiesse por esclauo en vna galera, tengo de comprar vna casa, para no andar en estos alquileres. (Policena a la ventana). Siempre has de estar a la ventana, rapaza? Mirando los bencejos se junta el ajuar? No lo has aprendido, cierto, de tu madre.

Pol.—Estaua mirando, padre, si venia, para saber si se ha de hazer la cena en esta o en la otra casa.

Ram.—Confundido me has con la respuesta. De manera, tarauilla, que por estar a la ventana vendre más presto y se hará de cenar con lo que aún está en la plaça? Policena, Policena, mira que no se me antoje jugar de petrina, que si comienço me comere las manos tras ello.

Pol.—Esso seria de pessar de auerme castigado sin culpa.

Ram.—Antes me daria contento; no más, picotera; limpiame luego essos bacines y aguamaniles como vn oro, y metelos con los paños y estuches en l'arca grande; y sea presto, no me pagues hecho y por hazer. Huela la casa a hombre; no la tocaria a vn pelo de la ropa más que a las niñas de mis ojos, porqu'es la mesma bondad. Mas es menester aparejar la medicina antes que venga la dolencia, y assi (porque no se m'estrague) quiero procurar de sacudir la pessadumbre que traigo (por su causa) a cuestas; no quiero que me suceda alguna desgracia; que no puedo tener oficial que me ayude sin sospecha, y solo gano tres vezes menos de lo que solia. Que se puede esperar de mercancia que (como cañafistola) baxa ciento por ciento de precio, y que a duras penas (aun dando dineros con ella) hallais quien os la quiera sacar de casa? Sino lo que de la otra Policena, hija del rey Priamo; pues quanto más hermosas, tanto mayor es la desuentura del que ha de lidiar con ellas. Quiero resoluerme de tomar muger que mire por mí y por ella; mas (pobre de mí), quién sufrirá el infierno de daca la madrastra, toma la hijastra, si ya el diablo no las concierta? No sé qué me haga; cierto la vida que passo no es para llegar a nietos. Qué tentacion tomó a mi madre quando quitandome de sastre (por ser, como dizen, oficio de ladrones) me puso a baruero? Deuió sin duda de topar con alguno que l'acerto a poner la madre en su lugar (que padecia mucho d'ella), pues si esto no fuera, qué me faltaua a mí, dexandome libre, para venir a ser alguacil o mercader? Al fin, es mundo: todo anda errado, pues poss'en en él las cosas aquellos para quien no se hizieron. Como yo ahora, que con más altos pensamientos que vn principe de Salerno, soy vn pobre baruero. No acabas, Policena?

Pol.—No me falta sino vn aguamanil.

Ram.—Quando quieres todo lo hazes en vn pensamiento; pero es el diablo qu'eres antojadiza.

Pol.—Y más ahora, que me muero por vnos botines.

Ram.—No te faltarán.

Pol.—Y de cena no dize nada? Yo baxo allá.

Ram.—No, que voy por recado y quiero cenar en la otra casa.

Pol.—Buelua pronto, padre, que tengo miedo si no estoy a la ventana.

Ram.—Pues de quándo acá ha la niña temor del Coco? a buen seguro que tú le pierdas presto. Pareceme que oyo a la madre, que no podia estar vn momento sin compañia.


SCENA X

Ramiro, Ceruino, Marcia, Inocencio.

[Ram.].—Beso las manos de V. m.

Cer.—Dios os guarde, Ramiro; qué buscais tan tarde por estos barrios?

Ram.—Soy ya más vezino de V. m.

Cer.—Cómo assi?

Ram.—He alquilado aquella casita de la esquina.

Cer.—Sea en hora buena; mucho me huelgo de teneros por vezino.

Ram.—Estaré más cerca para seruir á V. m. Ya me parece que se va haziendo hora de cenar.

Cer.—Por esso espero aqui a mi muger y a mi hija, que han ydo a Visperas y auran topado con algunas comadres, que las tendran parlando quanto han soñado desde que nascieron.

Ram.—Ya no podran tardar, aunque si están en las Huelgas acaban muy tarde. La pobreça, señor, escusa vn criado; con licencia de V. m. me voy a comprar de cenar, que por ser recien mudado no ay nada en casa.

Cer.—Vais norabuena. Cómo lo entendio bien el que oyendo predicar ser necessario para saluarse que cada vno lleue su cruz, se fue a gran priessa a tomar a su muger a cuestas, teniendola por tal!

Mal entendido lazo de la gente!
Que las más vezes junta
Dos contrarios humores,
Con sola vna pregunta
Y vn sí (senzillamente
Dado) qu'en mil cuidados y temores
Tiene siempre despues al más valiente.

Si no fuera por el negro respecto del mundo (que dize que buena muger y buen casamiento s'entiende, no de serlo, sino d'el que no se habla) me fuera ahora a traer a la mia arrastrando por aquellos cabellos, dandola mil puntillazos. Huelguense, pues hazen oy Carnestoliendas. Quiero que mi suegro se ria de mí, si puede otro dia, tanto comigo que las dexe oyr otras Visperas este año; es verdad que me quitará que no enclaue la ventana, que por amor d'él dexé abierta. Alli vienen; délas Dios tanta gota, que nunca más se leuanten, amen, amen, amen. Sin duda que aueis ayudado a cojer las sobrepellizes.

Mar.—Marauilla fuera si no me salierades[776] a recibir con vuestros pudrimientos; veis aqui al bachiller y a Vigamon, que os diran si son acabadas las Completas.

Cer.—Preguntá a mi compañon si yo soy ladron.

In.—Es cierto (por est'anima pecadora) que se leuantaron al Nunc dimittis.

Cer.—De aqui adelante seran las Visperas rezadas en casa, que no las quiero tan largas fuera.

(Salesse Ceruino a la calle).

Mar.—Yo sufrire quanto pudiere; subios arriba, Cassandra.

In.—Ya está en su camara. Señora, no sea part'el marido para que V. m. pierda lo que oy con tanta deuocion ha ganado; que siempre el insidiador anda más solicito quando nos ve yr por el camino de nuestro verdadero descanso y contento.

Mar.—Dios se lo perdone a quien tan bien m'empleó.

NOTAS:

[776] En la edición original, salieriades.


ACTO QVARTO
SCENA I

Violante, Cornelio.

[Vio.].—Cornelio.

Cor.—Señora.

Vio.—Dond'está Damasio, que no ha dormido en casa esta noche?

Cor.—Lleuaronle vnos amigos suyos que han venido de Salamanca, y por ser tarde se quedó con ellos; no la dé pena a V. m., que'en buena parte está. Y no le aurá faltado regalo y contento.

Vio.—Pues cómo no me has dicho nada?

Cor.—Mandóme que no lo hiziesse. La jouentud, señora, ha de passar su carrera, porque quando el moço es viejo, es viejo moço, y lo que ahora disculpa la edad, en la madura da que reyr a las gentes.

Vio.—Ay, Cornelio, Cornelio, qué retoricadas escusas de traidor descarado son essas? En mal punto pusiste los pies en mi casa; tú, vellaco, eres el inuentor y maestro de los vicios de mis hijos; tú se los tramas, y me los has de dos palomas sin hiel buelto milanos.

Cor.—Nuestra señora de Prado me valga con V. m. Déme licencia, pues tan mal parezco ante sus ojos, y con esto saldremos ambos de pena. Parece que me ha visto V. m. el juego, porque no desseaua sino semejante ocasion para yrme con Dios, porque a vn moço le sobra vn amo; por esso V. m. mande hazer quenta comigo, y tambien yo la haré de auer perdido el tiempo en parte de donde pensaua salir con otro pelo.

Vio.—Esso es lo que yo he más menester; yo voy a missa: en boluiendo lo haré de muy buena gana; porque la muerte del lobo es la vida de los corderos.


SCENA II

Macias, Cornelio.

[Mac.].—Bien me puedo (o amor, grande y benigno señor) dar de oy más por bien pagado de quanto por amar he padecido; y si culpandote (con impaciencia vanamente) he pronunciado algunas palabras contra ti, ahora (arrepentido de todo coraçon) confiesso que la mayor de tus penas es pequeña y muy facil de lleuar en comparacion de tan grandes premios; pues de la tempestad de los suspiros y del infierno de los afanes lleuas a la luz y gozo de todos los deleites d'esta vida. En este punto oy hablar a Cornelio y no parece; bueno es que se descuide quando más es menester; donde aurá ydo? No sé cómo podremos sacar a mi hermano y boluer a mi alma a su casa. Mal aya el diablo; a fe que se pudiera Ceruino dar con vn canto en los pechos antes que me sacara la pressa de las manos, a no tener tal prenda en su casa. O, qué terrible cosa es auer por fuerça de refrenar el apetito y gusto, y priuarse de su contento: mas quien siembra ha de compensar la esterilidad con l'abundancia. Pero lo que más me lastima es ver que esta pobre señora (como tiene en tanto la honrra) no ve la hora de boluerse a su casa, assegurada ya de tenerme por suyo.

Cor.—No estaria más vn solo dia en esta casa si me dorassen.

Mac.—Cuitado de mi, qué oyo?

Cor.—Es este el galardon de mis seruicios?

Mac.—Parece que s'está quexando Cornelio. Hermano Cornelio.

Cor.—Ya es la hermandad acabada.

Mac.—Vienes con vn gesto como si te vuiesse mordido vna biuora.

Cor.—Hame mordido otra peor que biuora; yo me voy, señor, a sacar mi hato, que estoy resuelto de no sufrir más insolencias de mugeres.

Mac.—Este veneno me faltaua, para hazer amargas todas mis dulçuras: bien dizen que el A B C que haze comedia, haze tragedia. Cómo, Cornelio, es possible que en tan gran necessidad nos quieres desamparar?

Cor.—Yo no soy bueno para necessidades, sino para hazer malos a Vs. ms., como acabo de oyr de boca de mi señora, con palabras que no se podrian dezir a vn capeador; y por esto me quiero alargar sin ninguna réplica.

Mac.—Estraño eres en mirar a sus palabras conociendola; no sabes ya quán terribl'es con nosotros quando s'enoja?

Cor.—Si ellos se quieren estar como pollos en cesta, yo no; porqu'estimo mi honrra (aunque pobre moço) como el más estirado.

Mac.—Por vida de Damasio (que sé que le quieres más que a mí) que (dexando aparte la colera) veas cómo nos deuemos gobernar para que salgamos bien d'este negocio.

Cor.—Yo no me quiero empachar más en cosa de Vs. ms., pues soy (segun dize mi señora) quien los distrahe, antes yrme con Dios en haziendo mi quenta.

Mac.—No esperaua yo cierto essa respuesta de tí, ni menos mi hermano: pues me dixo ayer que como boluiesse a casa te queria dar vn vestido y diez ducados. De mí no digo nada.

Cor.—Y dónde los tien'él para darmelos?

Mac.—No tiene la renta de Toro y la de Boezillo, qu'es erencia de vn tio nuestro y ha quatro años que goza d'ella?

Cor.—Y tiene cierto los diez ducados?

Mac.—Y aun más de ciento y cinquenta.

Cor.—Pequeña lluuia gran viento aplaca: del amor del señor nasce la obediencia del criado, y el qu'es fiel nunca se mueue a hazer bien por la esperança del premio; y assi no lo haré, ni por diex, ni por mil, sino por mi buena ley y porque no se diga por mí: quando el malo ayuda, os dexa el pesso a cuestas, y aun oso dezir por dar desgusto a mi señora; perdoneme V. m. si le pessa d'ello.

Mac.—Nosotros queremos más para ti que para quantas madres ay en el mundo. Qué te parece que hagamos?

Cor.—Yo lo remediaré todo; dexem'el cargo. He pensado esta noche, mas no perdamos tiempo, que la esperiencia es maestra en los casos que ocurren. Vna cosa quiero de Vs. ms., y es que si acaso yo diere en manos de la Iusticia, me ayuden a diestro y a siniestro.

Mac.[777].—Por qué temes d'ella?

Cor.—Porque no querria dar d'el humo en el fuego, y qu'el verdugo me hiziesse las lechuguillas con los pies. Si Vs. ms. han esta noche estado en el plazer de Niquea, yo no he llorado mis pecados, antes gozado de mi Policena como vn paladin: la qual me ha dado la llaue de la casa donde han morado hast'ahora, y otra contrahecha, además de la que tiene su padre, de vn'arca grande que dexaron de mudar ayer por ser tarde; para que en remuneracion de mi trabajo tome lo que hallare dentro (effetos de amor, que haze a los hijos ladrones y enemigos de sus padres). No quiera V. m. saber mas: mi señora es ida a la Yglesia, y la casa está sola; lleue V. m. a la señora Cassandra a la casa que he dicho de Ramiro.

Mac.—Y si acaso él estuuiesse alli?

Cor.—Quien mucho mira al viento, ni siembra ni planta a tiempo; haga V. m. lo que le digo, que cosa hecha cabeça tiene. No ay otra llaue de la puerta sino ésta, y Policena está preuenida para que si el padre se la pidiere l'entretenga con aquí estaua, allí la pusse, acullá os la di, hasta que yo buelua y se la dé a ella; y estamos seguros, porque no hallará quien se la mude sino despues de Missa mayor.

Mac.—Ay, ay.

Cor.—No hazen al caso los suspiros quando se trata del remedio.

Mac.—Suspiro por lo que pierdo y podria suceder.

Cor.—Conforme a lo que viniere nos gouernaremos, que en el camino s'endereça la carga; haga V. m. lo que digo presto, pues no ay tiempo para mas consideraciones. Dios da hilo a tela hurdida.

Mac.—Yo voy por ella.

Cor.—Vaya V. m., qn'el palo torcido se endereça torciendole al reues; yo me adelanto a tener abierta la puerta. (Solo.) Terrible simpleza es la de los que seruimos: que ponemos la vida a cada passo en mil peligros por nuestros amos, no esperando d'ellos otro galardon sino al primero descuido vn «hermano, otro poco a otro cabo, que no os he menester en mi casa». Mas gran necio seria yo si por las palabras de la madre dexasse los (mientras dura el granillo) que me son tan compañeros y liberales. Quien no soba, buen pan no coma; quiero cogerme ahora estos diez ducaditos (vengan de do vinieren), que con ellos y el vestido me pondre como vn Palmerin de Oliua. A fe de pobre moço, que se podra dar a este (si se nos logra) el precio de los tiros. Andaos a ser celoso, y embiaros han a donde ni el Papa ni el Emperador no tienen Embaxador; quiero dezir (con perdon de quien me oye) a la maldita y descomulgada region de Cornoualla. Yo prometo, si me caso, que tengo de lleuar a beuer mis patos quando llueua, que la violencia de no dexar hazer su curso a la Natura trae semejantes acidentes. Mas qué no acomete vna persona quando siente que no se fian d'ella? Quanto a mí, yo confiesso que todo lo echaria a doze, y por ventura que han passado las agrauiadas de treze, porque los gallipauos no se aurán dormido (yo los fio) con las purgas.

(Juntanse en casa de Ramiro.)

Esta cerradura, señora mia, es de golpe y se abre por de dentro, tirando assi el pestillo; prueue V. m.; esté diestra para que no s'embarace al salir, y esto ha de ser en oyendo tosser. Subasse presto a su apossento: baxe al punto el señor Damasio y metasse en l'arca, que con el mesmo ardid le sacarán y será lleuado a casa de Ramiro.

Mac.—Mucho me quadra, mas temo no se desmaye de congoxa.

Cor.—No tenga miedo, que los ratones d'esta casa son enamorados y como tales nos han ayudado con agujeros que han hecho, para que pueda respirar, y ya yo lo he prouado más de quatro veces; quanto más que ha de durar poco. Ahora salgasse V. m., dexeme cerrar la puerta; esté a la mira; yo lleuaré las llaues a Policena y m'encerraré con ella en yendo el padre con l'arca; que vale ahora tanto como la de Noe, quando buscando nueuo mundo andaua rellena de todas las reliquias de la tierra.

Mac.—La de Marsella te guie.

NOTAS:

[777] En la edición original, esto, por errata, lo dice Cornelio.


SCENA III

Cervino, Ramiro, Inocencio.

Cer.—La casa de Cesar no solamente ha d'estar sin macula, mas sin sospecha della. Digan mi suegro y quantos me tienen por estremado celoso lo que quisieren: que lo he sido, lo soy y lo sere; dando siempre gracias a quien me da conocimiento para serlo; en que me tengo por Rey de los hombres, pues sé tener a mis mugeres de manera que no me puedan hacer de los juegos de passa passa, que suelen las que tienen algunos Iuanes por maridos. Atengome al cantarcico Portugues que dize:

O homen que a moller naon garda
Merece de trazer albarda.

Presto s'engaña quien mal no piensa: tú que tienes que hacer en tu casa, no te alexes d'ella. Dizen que andan en vn predicamento el Celoso y el Cornudo: porque actu vel potentia, el que no lo es lo puede ser. Y si esto es assi (como lo es) no sé yo qué razon ay para que vn hombre que tiene muger moça y hermosa, como yo, no guarde su cabeça de tan estraña Metamorphosis. Es verdad que os toca vna enfermedad comunicable: sino para hazeros vergonçosa conseja d'el vulgo. Mejor están los cuernos en el pecho qu'en la frente. Fors etiam nostris, inuidit quaestibus aures. Porque a qué amigo osareis quexaros que, si no se rie de vos, no se aproueche de la ocasion, instruido y encaminado, para tomar su parte de la visceracion? Esta mañana en la plaça me dixo vno en secreto que cierta donzella principal se salio anoche de casa de su padre, y que se está a plazer con su enamorado. Qué atreuimiento del demonio? A no auer contado mis ouejas, descuidaos y vereis lo que passa. Perro viejo no ladra en vano. (Ramiro llama a su puerta con l'arca.)

Ram.—Ta, ta, ta. Aurasse la rapaza subido a los desuanes. Tata, tata, tata. Por mi fe, que la tengo de dar en abriendo dos repelones. Tatata, tatata, tatata.

Cer.—Ramiro, quereis sin para qué dar con la puerta en tierra? Si vuiesse alguno en casa, ya os auria oydo aunque estuuiesse sordo.

Ram.—A mi hija dexé aqui poco ha; no sé cómo no responde. Aurá salido fuera, la loca, a buscarme. Suplico a V. m. mande que estos hombres descargen en su casa mientras bueluo, que la quiero yr a buscar.

Cer.—(Lo que más he yo menester)[778]. Norabuena. Amigos, aliuiaos, que no sabeis quánto ha de durar la fiesta.

Ram.—Ios a beuer y bolué luego a mi puerta, que y'os pagaré vuestro trabajo. Mande V. m. que se mire por ess'arca, que tengo dentro vn gran tesoro.

Cer.—Yo voi fuera. Bachiller, dad buena quenta d'ella.

In.—Ya lo guardaré como el dia del domingo.

Cer.—No me viene poco a proposito la vezindad de Ramiro, porque con vna mira apuntará a dos cosas. Quiero encomendarle que tenga quenta con quien entrare o saliere en la mia, y estoy cierto de que me será fiel espia. Mas como dize el Iudio: De quien me fio me guarde'l Dio; de quien no me fio, me guardaré yo.

NOTAS:

[778] Este aparte de Cervino se halla sacado de su lugar en La Lena. Lo colocamos conforme al texto de El Celoso.


SCENA IIII

Macias, Lena, Inocencio.

[Mac.].—Lo peor de desollar, Lena, es la cola; todo quanto os he visto no vale nada, si no hazeis de manera que Inocencio salga a la calle; que con esto la cosa sucedera como desseamos. Mirá qu'en teniendola fuera de casa, aueis de tosser; qu'es la seña que tiene para salir al punto.

Len.—Hasta aqui la mar está sossegada, pues no se oye rumor de marineros. No se muestre V. m.; apartesse y dexeme hazer mi oficio, Santo Viceto, in secula, amen. Señor Licenciado, cómo está V. m.? que me parecen años los dias que no tengo ventura de verle.

In.—No creo yo menos, Lena, de vuestra bondad; estoi bueno para lo que os cumpliere, gracias sean dadas al Señor. Huelgome de aueros encontrado; porque os sé dezir que ayer tarde, voluiendo a casa, me dixo mi señora que ya auia concertado el negocio de su prima, y que se auia puesto en manos de quien lo hará muy a su gusto, de que venia alegrissima; y despues acá no he sabido otra cosa, porque no la he visto, a causa de auer reñido con nuestro amo anoche sobre cena.

Len.—Qué me quenta? Llegueseme acá por amor de mí, no nos oya algun espiritu malino de allá dentro.

In.—Aun no auia yo mirado en tanto; teneis más que razon.

Len.—Digame, por amor de mí, qué fue la causa? Hem, hem, hem.

In.—Vinieron a tratar del bien auenturado san Iuan, y diziendo ella que san Iuan Euangelista es digno de gran veneracion, respondio él: es assi; más el de oy no es él, sino Baptista. A que replicó mi señora, que sabia bien ser el Euangelista; y aunque yo la hazia señas que se'ngañaba, con todo esso porfió tanto, diziendo que no inoraua'l Calendario, que'l (ya amostazado de auer buelto casi de noche a casa) se leuantó enojado, profiriendo: Bien dixo el sabio rey don Alonso, que para ser vno buen matrimonio auia de ser el marido sordo y la mujer ciega. Beatus vir qui habitat cum muliere sensata; y entendiendo ella que la llamaua insensata, començó más alterada a injuriarle. Y él entonces, buelto a mí, dixo: N'os parece, bachiller, ocasion esta para renegar de mugeres? y diola un bofetoncillo que no matara vna mosca. Con qu'ella s'entró grittando en la camara de la señora Cassandra y s'encerro con ella, donde aun s'estan juntas, sin auer querido salir vn passo. Mas yo sospecho que andaua (como los medicos) buscando'l mal, y assi quando yo estuuiera en lugar de su marido, quizá que hiziera más con ella.

Len.—Hem, hem, hem. Por esso dizen que es más fuerte el vinagre de vino dulce; pues V. m., que parece vn silo de paciencia, la vuiera meneado los huessos, a fe que lo deuia de merecer. Hem, hem, hem. V. m. la ponga en razon, que no la estará bien si su marido la comiença a perder el respecto: yo sé bien la tempestad que se leuanta quando el enemigo de nuestra fragil natura se mete entre marido y muger. Hem, hem, hem. Mas espero qu'esta riña de san Iuan será la paz de todo el año, porque passada la furia, la señora se aplacará, procediendo adelante como quien es, que al fin se ha de seruir al marido como a señor, y guardarse dél como de vn traidor. Hem, hem, hem. Estoy muy resfriada.

In.—Bien se os parece.

Len.—No me sabria dar algun remedio?

In.—Y tal como bueno. Tomareis esta noche vna escudilla la más caliente que pudieredes y muy arropada; dormí sobr'ello, que amanecereis como vna mançana.

Len.—Pues qué tengo que tomar caliente?

In.—Ya n'os lo he dicho?

Len.—No, por cierto.

In.—N'os espanteis, porque voy enucleando algunas arduas questiones que nuperrime se me han mouido en la especulatiua, las quales me traen desuelado y como fuera de mí.

Len.—Mucho me pessa de su desassosiego. Y con quién han sido las quistiones?

In.—No es esso, hermana. Question viene de quaero, que es buscar, disputar, dudar, et similia.

Len.—Quistion de cuero se apacigua con sueño. Otra gracia querria que me hiziesse.

In.—Ya sabeis lo que teneis en mí. Omnia prorsus officia debeo.

Len.—Desseo mucho saber en qué mes cae la Epifania este año.

In.—Ya es passada, mas viene siempre en Enero.

Len.—O, pecadora de mí, quise dezir la Ascension.

In.—Mucho va de vno a otro: es menester verlo en el Calendario o Tabella temporaria Festorum mobilium, y no oso estar más aqui; la primera vez que nos veamos os lo sabré dezir.

Len.—Alomenos digame quando haze la Luna.

In.—Cierto que sois curiosa, esperá. Aureo numero seis; Epacta 26, miercoles a las siete de la tarde; y esta noche passada ha auido eclypse, que començó a las diez y duró hasta las quatro de la mañana.

Len.—Grandes dolores de cabeça aurá causado. No me haria merced de darme alguna oracion de su mano contra los duendes qu'en la casa adonde biuo andan?

In.—Acabá por amor de mí, n'os detengais más, que aun no estando mi amo en casa le temo.

Len.—El Señor le acompañe.

In.—Y vaya con vos. Ay sinceridad como la d'esta buena muger en el mundo?


SCENA V

Ramiro, Policena, Ceruino [Inocencio], Bezerrica, Damasio.

[Ram.].—Adónde has estado hasta ahora, chorlita? No me veria ya sin ti.

Pol.—Antes de digan, digas; y el padre dónde anda que no ha tenido lastima de dexarme sola en vna casa donde anda vna fantasma, que d'espanto me ha tenido tendida, desmayada más de vna hora, y como bolui en mí, le fuí luego a buscar a la otra casa; y n'osara tornar a ésta si no me vuiera encontrado Cornelio, el criado de aquellos caualleros, que me ha enseñado una oracion, la qual se ha dezir en los temores, por l'alma del postrero ahorcado.

Ram.—Y cómo era la fantasma?

Pol.—E... e... era vna cosa la... la... larga, que me parecio abraçarme, y me cubrió el co... co... coraçon, tanto que me cai de mi estado como muerta.

Ram.—Ta... ta... tartamuda te ha dexado el espanto; fue, necia, de[779] tu sombra; baxa, baxa acá, abre la puerta, que voy a passar l'arca de casa del señor Ceruino, donde la pusse hasta que pareciesses o muerta o biua. Seruidor, señor Doctor.

In.—En buen hora sea mentado.

Ram.—Vengo por mi arca.

In.—Señor.

Cer.—Qué ay?

In.—Viene Ramiro por su arca.

Cer.—Pareció ya vuestra hija?

Ram.—Sí, señor, tuuo no sé qué miedo de verse sola, y fue a buscarme a la otra casa.

Bez.—O, qué espada dorada tan linda que está en esta arca.

Cer.—Qué espada? qué sabes tú?

Bez.—Tienela vn señor que está dentro.

Cer.—Señor que está dentro? qué dizes?

Bez.—Sí, señor, yo le he visto.

Cer.—Qu'es esto, Ramiro?

Ram.—Mira V. m. a las palabras de los mentirosos niños?

Cer.—Pues ellos suelen dezir las verdades, y muchas se descubren con la mentira. A buena quenta, yo quiero ver lo que ay.

Bez.—Sí, señor, dentro está.

Ram.—Son mis estuches dorados y recado de la tienda; estás borrachito, merdosso?

Cer.[780].—Digo que abrais, si no quereis que nos oyan los vezinos.

Ram.—Qué me plaze. (Abre Ramiro l'arca.)

Cer.—Assi, mal hombre, traidor, infame, cornudo.

Ram.—Qué insolencia es ésta? D'esta manera se tratan los hombres honrrados en esta casa; tras auerme robado mi hazienda? Iusticia ay en la Corte. (Sale Damasio de l'arca.)

Cer.—Y a vos que os parece? Es buena gentileza meteros d'esta manera en casa agena?

Dam.—Hablá con quien me metió. Mas qué teneis vos que ver en que yo me haga lleuar como me diere gusto por toda la ciudad?

Cer.—Lleuen os a casa del diablo, pero no a la mia.

Dam.—Ay más, si os pesa tanto, que pagaros el alquiler del tiempo que ha estado l'arca en vuestro portal? (Sale Damasio empuñando y vasse.)

Ram.—Señor Ceruino, haga V. m. que parezca mi hazienda, pues me ha faltado en su casa; dexemonos de quentos: no seamos tras cornudos apaleados.

Cer.—Ambos me lo pagareis con las setenas, a pena de ruin hombre. Al fin, la muger y el vino engañan al más fino.