NOTAS:
[779] En El Celoso no se halla la partícula de que aquí sigue á necia.
[780] En este lugar y en el inmediato hállase equivocado el nombre de Cervino en los dos textos. Dice Cor.
SCENA VI
Ceruino, Inocencio, Bezerrica.
[Cer.].—Inocencio!
In.—Señor.
Cer.—N'os he yo dexado en guarda de mi casa?
In.—Sí, señor.
Cer.—Aueis estado siempre aqui?
In.—Sin apartarme vn minuto.
Cer.—Pues cómo se ha hecho esta maldad?
In.—Qué maldad puede cometer vn hombre cerrado en vn'arca? Tuuiessemos assi todos los malos y podriamos dormir a sueño suelto, sin temor de ladrones. Quanto más que son cosas de moços y auran querido hazer alguna burla al barbero y a su hija. Nunca V. m. siendo estudiante hizo l'ánima pecadora? Cómo d'essas le podria yo contar!
Cer.—Mirá a quién he yo encomendado mi honrra.
In.—No está mal guardada quando el que la podria quitar viene debaxo de llaue.
Cer.—Quitaosme de delante, insensato, no me hagais...
In.—Mire V. m. que se deue tener respecto a vn hombre graduado como yo, porque d'este palo nascen los Oydores y Presidentes que mandan el mundo. Si, que yo no soy zaorí, para ver lo qu'está en las arcas cerradas: por qué no lo adeuinó V. m. quando la hizo descargar en casa? Auctor horum malorum praeter te nemo fuit.
Cer.—O, Ramiro traidor. Ben acá, Bezerrilla: baxó abaxo Marcia?
Bez.—No, señor.
Cer.—Hombre'n arca en mi casa! Inocencio, yd luego a llamar a mi suegro (que nunca él lo fuera); dezidle que se llegue luego aqui, que me importa mucho. Dime, mochacho, cómo viste aquel hombre?
Bez.—Desde la ventana de la despensa.
Cer.—Dilo todo, no tengas miedo.
Bez.—Abriendosse aquell'arca, salió d'ella la señora Cassandra.
Cer.—Y quién abrió a Cassandra?
Bez.—No sé, señor; ella creo que venia abierta.
Cer.—Y qué hazia entonces el bachiller?
Bez.—Estauasse a la puerta de la calle hablando con vn fraile.
Cer.—Y despues qué hizo Cassandra?
Bez.—Subiosse arriba.
Cer.—Y subida ella?
Bez.—Baxó aquel señor con no sé que ropa en el braço, la espada dorada en la mano, y metiosse en l'arca.
Cer.—Esta ha sido vna de las mayores maldades que se han visto en el mundo. Sus, manos a la sangre. Quiero matar primero al traidor enarcado, y despues daré tras estas maluadas, que no se me yrán sin castigo. Estos eran los casamientos del señor Aries! Bezerrilla, si viniesse mi suegro, dile que me espere, que luego bueluo.
SCENA VII
Damasio, Macias, Cornelio, Aries.
[Dam.].—En vn punto estan dicha y desdicha, y las desgracias siempre aparejadas. No hay contento en esta vida que no traiga consigo el desgusto, ni alegria sin mezcla de llanto. Es tan cierto esto como seguir la sombra al que al sol camina. Al fin, lo que menos se teme es más de temer. Mas ya que nuestra mala suerte ha querido que aquel rapaz aya descubierto el más gracioso caso que de amores ha sucedido, auemos, hermano, de procurar que aqueñas señoras no padezcan, porque su pena nos seria de perpetua infamia. Es menester preuenirnos y començar a reparar el daño, por que las desdichas son como los peces, que por marauilla vienen solos en la redada.
Mac.—Cortá de mí por donde quisieredes: tengo por mejor obrar antes con peligro que padecer despues con verguença. El daño que haze la mala suerte se ha de remediar con valerosa mano. Haz tu deuer y venga lo que viniere. Vamos luego a sacarlas de su casa.
Dam.—Gentil emendar de auiesso: bien dizen que naturalmente la iouentud (como poco esperta) no mide ni considera los peligros, y assi no me marauillo de que vuestra resolucion sea más gallarda que prudente.
Cor.—Si vuieran considerado lo que pudiera suceder, a buen seguro que aún se estuuieran en los jardines de Tantalo.
Dam.—Qué dizes, Cornelio?
Cor.—Digo, señor, que corriendo inconsideradamente en negocio tan arduo, seria uestir antes el jubon que la camisa.
Dam.—Es como dizes. Velocitatem sedendo tempera.
Mac.—Esso s'entiende quando el tiempo da lugar, y porque falta, diré antes yo: Tarditatem surgendo tempera; que no se ha de perder momento en consultas quando la necesidad constriñe a menear las manos.
Dam.—Estemos a la mira para socorrerlas, si fuere menester, y assi cumpliremos con ambas cosas. Qué te parece, Cornelio?
Cor.—Que V. m. habla como vn Seneca y el señor Macias como cauallero de la Tabla redonda, cuyo parecer se ha de executar quando no aya otro remedio. Mas yo espero ponerle, por via del señor Aries; y por ventura la Fortuna no nos sera tan enemiga, ni passará la cosa tan mal como tememos. Mas entretanto, vn ojo en la sarten y otro en el gato; tenganme buen animo, qu'en el templo de Iupiter dizen auia dos cubas de vino, vna de bueno y otra de malo. No nasce rosa sin espina: ya es hecho; busquemos vnguento que poner en la llaga, antes que venga a encancerarse. Yo quiero que Vs. ms. vean ahora quién es Cornelio Ceruantes de Pisuerga; que vn hombre a las vezes vale por ciento, y que muchas, ciento no valen por vno.
Dam.—Pues qué medio tienes tú con Aries?
Cor.—Por lo menos el de la señora doña Luxuria, que a la vejez le haze jugar de lomo.
Dam.—Es possible?
Cor.—Eslo tanto, que me ha prometido vnas Indias por que le sirua de tercero.
Dam.—Sepamos con quién.
Cor.—No, que s'enojarán Vs. ms. si se lo digo.
Mac.—No podras tú dezir ni hazer cosa de que nos pesse: dilo libremente.
Cor.—Con mi señora (quando menos), por quien beue los ayres dend'el dia que le habló sobre el casamiento.
Dam.—Ha, ha, ha, y tú qué le has dicho?
Cor.—No le quise dexar sin esperança, adeuinando que los passos en que andamos nos lleuariau a auerle menester; que por esso tambien tengo ya hecho con Vigamon su criado vn cambalache de dueños, con que se tiene más por Vs. ms. que de su amo. Alli viene, deue de yr a reñir nuestra pendencia; dexenme con él.
Mac.—No ay negocio tan perdido que poniendol'en manos de vn prudente no se pueda esperar algun remedio.
Cor.—Beso las manos a V. m. Qué alteracion es essa?
Ar.—Es por yr de priessa a casa de mi yerno.
Cor.—Tengo que dezir a V. m. sobr'el negocio que m'encomendó.
Ar.—Vení a hablarme a la tarde.
Cor.—No será possible, porque tengo mucho que hazer a causa de que mañana, en amaneciendo, me parto para Cerueros, adonde voy en romeria.
Ar.—Esperá vn poco. Bachiller, vayasse delante, diga a mi yerno que luego seré con él. Pues, amigo, qué tenemos?
Cor.—Tratéla (señor) del negocio en bonissima coiuntura, con tan grata audiencia, que quisiera (a lo que sospecho) que durara mi plática hast'ahora.
Ar.—Al fin?
Cor.—Podré cr'er (me dixo poniendose de mil colores) que ay en el mundo quien se acuerde demí? Y aunque no me dió el sí, ni me dixo de no, eché de ver que tiene perdida la mala voluntad a V. m.; pero como muger prudente no quiere descubrir su coraçon tan presto.
Ar.—Mucho contento recibo de oyr esso; bolué, os ruego, a darla otro tiento.
Cor.—No será possible, porqu'está muy enojada ahora contra su hijo el mayor.
Ar.—La causa?
Cor.—A V. m. todo se le puede dezir. Estando el señor Damasio enamorado de la hija de Ramiro el baruero, por orden de la moça (para lo que V. m. puede pensar) se metio en vn'arca que de la casa donde han biuido se auia de mudar ayer a otra que ha tomado, y por ser tarde la dexó hasta esta mañana, y lleuandola halló la puerta cerrada por auer salido la hija no sé a qué, y mientras boluia, la descargaron los ganapanes en casa de aquel cauallero yerno de V. m. (con su buena licencia), por no dexarla en la calle, y queriendo despues sacarla, no sé cómo se vino a echar de ver lo que auia dentro. De que mi señora está muy congoxada, temiendo no hayan sospechado que aya sido por hazer algun mal en aquella casa; mas la pura verdad es ésta.
Ar.—Es cierto lo que me aueis dicho?
Cor.—Ciertissimo; assi yo tenga buen viage o nunca d'el buelua.
Ar.—Luego de la hija de Ramiro andaua enamorado el Damasio? Y aun por esso me dixo Vigamon vn dia qu'era toda vuestra.
Cor.—En el cúya se engañó. Es como le he dicho; yo sé bien lo que ay entr'ellos.
Ar.—Al fin la inocencia es seguro escudo; y cr'er muy presto, ligereza. Vos me aueis dado dos nueuas vna mejor que otra, con que m'he alegrado mucho. Tomá este doblon para guantes.
Cor.—No, suplico a V. m.
Ar.—Qué cosa es no? Tomá os digo.
Cor.—V. m. me quier'echar vn'argolla al cuello, y yo me doi por su perpetuo esclauo; beso las manos a V. m. Yo le asseguro de que si aprieta, vendra presto al fin de su intento.
Ar.—Y vos no ayudareis a ello?
Cor.—Estos (señor) son dos moços muy libres (como todos los hijos de viudas) y quierenme mal de muerte, porque les digo lo que les conuiene; y assi no quiero estar con ellos por ninguna cosa, aunque mi señora no me quiere dar licencia.
Ar.—Pues cómo, esso tengo en vos? Tampoco yo quiero que os salgais de su casa, y me obligo a daros más al doble en ella de lo que ganais; quereis otra cosa?
Cor.—No he seruido tanta merced como recibo de V. m. Mas no es possible dexar de partirme, por la obligacion de cumplir el voto que hize ya ha muchos dias; y como soy mortal, no es justo perder la buena ocasion que se me ofrece ahora de vn cauallero que me quiere bien y va a lo mesmo, que me hará la costa yda y buelta por que le acompañe.
Ar.—Digo que n'os aueis de yr en ninguna manera; sufrí con discrecion, pues la teneis, sus mocedades; que qualquiera palabra mala que os dixeren la pondré a mi cuenta, y la romeria se hará otro año, y podria ser comigo, porque tambien pienso yr, si me caso, a Cerueros.
Cor.—Si V. m. me mandasse yr a Roma descalço, lo haré mejor que por el Rey.
Ar.—Y'os lo agradezco. Con esto quiero yr a sacar a mi yerno de la opinion que deue tener.
Cor.—Es tanto el odio que tengo contra el Damasio, que me holgaria (en alguna manera) de que aquel cauallero creyesse que se auia hecho lleuar assi por amor de su hija, para que le hiziesse matar.
Ar.—No suceda tal, que iria la honrra de la mia de por medio.
Cor.—Encargo a V. m. (por quien es) la de Policena, qu'es vna donzella honesta y muy recogida.
Ar.—N'os dé pena, que basta ser muger para escusar lo que la pueda hazer daño, y mirá que no me oluideis.
Cor.—Yo lo desseo como[781] V. m.
NOTAS:
[781] El impresor lo estampó en italiano: come.
ACTO QVINTO
SCENA I
Violante, Cornelio, Ramiro.
[Vio.].—Sali acá, Lobata, dadme vn manto y venios comigo, desdichada de mí. No sé qué he oido a vnos que a mi puerta estauan tratando de vna pendencia que han tenido mis hijos. Bien me dixistes vos que auian salido de casa de mala manera. Estos son los embustes de aquel embahidor de Cornelio, que de los más modestos y obedientes me los ha hecho los más libres y viciossos d'esta ciudad. Estoy resuelta o acabar d'echarle de mi casa, o dexarlos con él y meterme en vn monasterio. No sé adonde pueden estar, cuitada de mí. (Entran Ramiro y Cornelio alborotados.) Qué ruido es este? Desuella caras, traidor, enemigo, qué has hecho de mis hijos?
Cor.—Ellos quedan sanos y en saluo, y yo por defenderlos traigo mi pago.
Ram.—Es como dize Cornelio, y lo qu'él tiene no será nada.
Vio.—Dezíme (amarga de mí) adónde los dexastes?
Ram.—En la plaçuela de San Llorente.
Vio.—Venios comigo, Ramiro; dexá a esse mal hombre.
Cor.—No lo digo yo?
SCENA II
Aries, Morueco, Cornelio.
[Ar.].—En effeto este mi yerno es un mal hombre; bien dizen las obras con el bestial nombre que tiene.
Mor.—Ya V. m. lo ve.
Ar.—Vamonos, por amor de mí, a saber cómo está el herido; que por ser criado de aquella casa lo siento mucho más. Alli nos sale al encuentro, de que no me huelgo poco. Cómo estais, amigo? Qué ha sido esto? Creed que me ha dado tanta pena vuestra desgracia, quanto contento recibo ahora de veros en pie.
Cor.—No esperaua yo menos de V. m. Iuansse (señor) mis amos a passear al Espolon, y sin por qué, Ceruino, acompañado de diez o doze escapados de las horcas, nos assaltó en aquel passo estrecho que va de la Boheriza[782] al Rio, entre las casas del Duque de Bexar y la Rondilla. Viendo esto, hezimos los tres vna hilera, y cargando los más sobre'l señor Damasio, trayendole acossado, y viendole yo en mal término, arrebaté d'el carro de vn serrano vn toçuelo (que me deparó mi ventura) y dime con él tan buena maña, que los hice retirar más que de passo, tanto que auiendome cebado en ellos, me hallé a Ceruino al lado, el qual a traicion me dio vn reues de que me ha mancado esta mano. Sobreuino luego el teniente y prendiole; los demás ladrones, de alguaciles y porquerones seguidos, s'encomendaron a sus pies; no sé lo que despues ha sucedido.
Ar.—Qué le parece a V. m., señor Morueco, de la temeridad d'este atronado? Que se aya ydo sin más verificacion a poner mano a las armas, deshonrrandose con tanto escandalo del pueblo.
Mor.[783].—Mucho ha que le tengo yo pronosticado este desatino.
Ar.—Andá, hijo, gouernaos bien, y auisáme lo que fuere menester, que yo tendré cuidado de saber de vos.
Cor.—Beso las manos de V. m.
Ar.—Quiero en todo caso prou'er a lo que a mi hija conuiene, que la sangre y su mucha virtud (en que imita bien a su madre) me obligan a mirar por ella y a sacarla de tan angustiada vida como este loco le haze passar. Y descubriré ahora a V. m. vn secreto, de donde conocera la mucha virtud de Marcia. Hame jurado que se está tan virgen como el dia en que nascio, porque Ceruino no es hombre, escusandose con que vn'amiga que ha tenido de viudo le ha ligado.
Mor.—Yo lo creo por mi fe; tengalo V. m. por ciertissimo, porque ha muchos dias que le veo andar tras Sanchez el boticario de la rinconada, y nunca me ha querido dezir lo que con él tiene, aunque se lo he preguntado.
Ar.—Pues para con V. m. yo quiero escriuir luego a Monsiñor Cornaro[784], que es todo mio, que me auise si la podré casar con otro, atento la impotencia d'este malauenturado.
Mor.—Haga V. m. que conste, que yo se la dare libre en quinze dias, sin embiar tan lexos.
Ar.—Tanto que mejor.
Mor.—Pues V. m. pretende anular el matrimonio, será bueno que yo tambien le apriete para que case a mi sobrina, pues se ofrece tan buena ocasion, y qu'entretanto la meta en un monasterio o casa donde esté tratada como quien ella es: que no querria verla caer por desesperacion en algun inconueniente de los que cada dia acontecen. Tengo por gran desatino e imprudencia no dar quanto antes dueño a las donzellas que quedan sin madre que mire por ellas; quanto más con las partes de mi sobrina, y la que tiene de nuestro abuelo en el monte de Toroços.
Ar.—Si le parece a V. m. vamos juntos a hablar al licenciado Ceruera mi Letrado sobre ambas cosas, y segun su consejo nos gouernaremos.
Mor.—Por mejor tengo al Doctor Vaca, que trata ant'el Prouisor de muchos casos matrimoniales.
Ar.—Vamos a ambos, que no dañarán dos consultas y pareceres; no perdamos tiempo.
SCENA III
Damasio, Violante, Ramiro, Macias.
[Dam.].—No es, señora, gran indignidad venir vna persona como V. m. a semejante cosa?
Vio.—No es mucho peor que vosotros me deis ocasion para ello? (Entrase Damasio.)
Ram.—Señora, esté V. m. muy contenta, pues la ha dado Dios dos hijos como leones; porque lo han hecho tan valerosamente, que han ganado oy mil voluntades.
Vio.—Querria yo (triste de mí) que esse valor se mostrasse siendo más virtuossos que otros, y que se echasse de ver en el buen gouierno de sus personas y de tanta hazienda como su padre los dexó y yo les he conseruado y aumentado. Madre desconsolada, viuda de veinte años, que he consumido la flor de mi joventud criandolos con perpetuo cuidado, sin auerme (por su causa) querido boluer a casar, con salirme muchos buenos partidos, y vltimamente el de vn cauallero que está a pique d'eredar el Estado de Mont'agudo.
Ram.—No lo ha querido Dios, porque V. m. criasse con más aficion a estos caualleros y a mi señora Valentina; él se los guarde, que si prosiguen como han començado, por todo el mundo se hablará dellos.
Vio.—Pobre de mí; si estas pendencias succeden vna vez bien, a la segunda o tercera salen mal d'ellas.
Ram.—Esta no ha sido por su culpa; yo me hallé casi presente, pues vi yr a quel desatinado con vna manada de rufianes (que robarian la peste a San Roque), y metiendo todos mano contra ellos, qué auian de hazer?
Vio.—El enojo que yo tengo es con aquel malino de Cornelio.
Ram.—Contra Cornelio, señora? Ahora digo qu'el hazer bien no aprouecha todas vezes; por vida de mi Policena que merece ser bien querido de todo el mundo, quanto más de V. m., porque lo ha hecho como leal y valiente criado. Arisgar la vida el moço por el amo ya ha mucho que no se vssa en Valladolid. (Buelue a salir Damasio.)
Dam.—Sabe V. m. cómo ha de ser aqui adelante?
Vio.—Peor que peor si no ay emienda.
Dam.—Digo que, sinos quiere bien a mi hermano y a mí, ha de hazer quenta de que tiene tres hijos, poniendo en este numero a Cornelio, a quien tenemos más obligacion que a ninguno de nuestro linage. Porque al tiempo de las necesidades los parientes son poco fieles, los amigos se desaparecen, y este entonces se muestra más desentrañadamente, en quanto nos toca.
Ram.—Cierto que lo merece.
Vio.—Tenedle vosotros en el lugar que quisieredes, que yo os dexaré en su tutela, apartandome (yo sé bien de qué manera) de ver y oyr tantas desverguenças. (Entrase Violante.)
Ram.—Enojada se ha entrado mi señora; V. m. es mal sufrido y ella impaciente, porque como tan buena madre, le duelen estas cosas que oye.
Dam.—El sufrimiento y la obediencia es muy justa y deuida cosa, mas no hemos de dormir (como dizen) hasta los treinta años con nuestra madre; ni ella ha de tirar tanto la cuerda, que se rompa; porque ya no somos niños y segun las edades han de ser los castigos.
Ram.—Es assi, señor, que los niños, porque no entienden ni temen otra cosa, se castigan con el açote; mas los hombres con las reprehensiones, las quales se deuen oyr de los padres con humildad y respecto, teniendolas siempre en la memoria, para guardarse de allí adelante de darles ocasiones de pena: porque todas sus asperezas van endereçadas al bien de sus hijos, y al fin, la cura del rigurosso cirujano es más segura que la del blando y piadosso medico.
Dam.—Hablais como vn Canton[785]; cierto que no he oydo sacamuelas que tan apuntadamente diga lo que alcança: quién pensara que de la boca de Ramiro podían salir razones tan acicaladas, que bastan a conuertir los más descaminados y perdidos! Salí acá, Macias, oyreis marauillas. (Sale Macias.)
Mac.—Qué ay? Estamos seguros?
Dam.—Hame predicado Ramiro la obediencia y humildad, despauilandose tanto el senescacho, que con gran admiracion he dicho: Bendito seas tú, Señor, que assi como Balaam oyó la voz del que le lleuaua, me has hecho sentir la d'el mentecato Ramiro.
Mac.—Y vos qué dezis a esto? No aurá para mí algo?
Ram.—Vs. ms. andan de torneo; no m'espanto de verlos aturdidos: dexemonos de donaires; acuerdense de que quien deue de resto no está libre, qu'es lo que haze al caso; hagamos de manera que se cobre mi ropa, que no sé imaginar cómo me la sacaron de l'arca.
Mac.—Como quiera que haya sido, aqui os la pagaremos si se perdiesse; quereis mas?
Dam.—Y'os l'asseguro; vengamos a lo que os importa más. Ya sabeis l'amistad antigua que teneis en nuestra casa, la qual aueis conseruado con vuestra buena seruitud; y conociendo el amor que nos teneis, desseamos que saqueis el fructo del que os tenemos, y assi buscamos ocasion en que poderos aprouechar. Conoceis tambien las buenas partes de nuestro Cornelio, a quien tenemos en el lugar que aueis oydo; y d'esta manera creo que abraçareis la voluntad con que os daré parte de lo que mi hermano y yo auemos tratado: y es quán bien nos vendrá que le casemos con Policena vuestra hija, y para esto nosotros los ayudaremos, de manera que no les falte nada.
Ram.—Entendiendo assi lo que V. m. me ha dicho y propuesto, no haria lo que deuo si llanamente no sometiesse mi voluntad a su disposicion; y assi los dexo el cuidado y doy a Vs. ms. mis vezes para poder libremente hazer della lo que fueren seruidos. Pero con vna condicion.
Dam.—Y es?
Ram.—Que mi señora Violante piense tambien en casarme; que por sí puede juzgar la melancolica vida de los viudos: esto se entiende quando Vs. ms. l'ayan aplacado.
Mac.—Ya yo la he desenojado y está muy contenta.
Dam.—Todo lo que pedis está ya pensado, y assi os daremos vna muger que os vendrá de perlas.
Ram.—Vea yo a Vs. ms. señores de dos grandes ciudades.
Mac.—Que tan grandes, por vida mia?
Ram.—Por lo menos, como la de Suntiem de la China, que (si no miente el que lo escriue) ha menester vn hombre para atrauesarla de puerta a puerta, caminar con buen cauallo todo vn dia sin pararse (esto sin les arrabales, que son otro tanto) y es de tanta gente, que en media hora pueden juntar doscientos mil combatientes, los cien mil a cauallo.
Dam.—Essa sea la mia.
Mac.—Y la mia?
Ram.—La Cestiérnega, fundada al pie d'el alto monte de San Cristoual, media leguecita de aqui (porque no se canse), que no tiene alcalde, alguazil, porqueron, escriuano, medico, boticario, cura ni sacristan (falta para biuir en paz y con salud mil años), abundantissima de quixones y turmas de tierra, que son bonissimas para los auogados y mejores para los nouios.
Mac.—Agrauiado quedo; y con todo esso, quando lo seais, y'os haré el banquete y dare essa fruta.
Ram.—Como quiera que sea, no veo l'hora. Al fin es verdad que muger ni mal año nunca faltan. Mas de veras, a quién me quieren dar Vs. ms?
Dam.—Qué nos dareis porque os lo digamos?
Ram.—Quanto tengo, sino a mi hija.
Mac.—Essa ya se ha dado.
Dam.—Ahora y'os lo quiero dezir: aparejá la colacion.
Ram.—Sepamos antes si lo vale.
Dam.—Vale vn Perú. A Lena Corcuera de Cienfuegos, la corredora.
Ram.—Mucha gente es essa para tan pobre despensa como la mia, y más si trae cola.
Dam.—No, qu'es rabona, y vna Fenix que nunca ha parido, y fuera de ser honrrada quanto otra de su manera, es la mesma diligencia para hazeros de oro en poco tiempo.
Ram.—No sea como l'aue de caça, de quien dixo aquel ser bastante para mantener vna casa en hambre y lazeria aunque tenga veinte personas. En conclusion (señores mios) no me descontenta el partido, por ser de la edad que yo he menester para no andar assombrado dentro y fuera de casa, metiendo en ella alguna tortolica de las que ahora se vssan. Mas de hazienda, cómo está?
Mac.—No sabe lo que se tiene.
Dam.—Esso me haze poner en duda el quererlo hazer; pero nosotros (qu'es toda nuestra) haremos que venga en ello por fuerça; quanto más que no es Ramiro para desechar, y assi podeis perder cuidado. Pero vna cosa queremos de vos.
Ram.—Y es, señor?
Dam.—Que no alceis la quexa de aquel traidor de Ceruino.
Ram.—Como Vs. ms. me fauorezcan, antes haré instancia para que le corten la cabeça.
Vio. (dentro).—No acabais d'entrar en casa?
Dam.—Ya vamos, señora.
Vio. (de la ventana).—Por amor de mí, que de oy más tengais mejor assiento y seso; no andeis en estas rebueltas, que me quitais la vida.
Dam.—Ramiro, entrá a refrescaros con nosotros.
Ram.—Vs. ms. me perdonen, qu'es tiempo de acudir a casa; que aunque tengo ya buen oficial, para mi hija es tarde.
Dam.—Regalalda mucho, que presto la echaremos de casa, haziendo nuestro deuer con ella como buenos amigos.
Ram.—Con essa confiança voy; biuanme Vs. ms. mil años.
Mac.—Dios os guarde.
NOTAS:
[782] En el texto de El Celoso se lee este nombre así: Bueyeriza.
[783] Me en los dos textos.
[784] En El Celoso dice Cornibus.
SCENA IIII
Aries, Ramiro.
[Ar.].—Ya aureis sabido la pendencia de Ceruino con los hijos de mi señora Violante?
Ram.—Como quien se halló presente a quanto ha passado; y si V. m. supiesse la causa que tuuo, lo tendria por gran desconcierto y locura. Para dezir verdad, este yerno de V. m. es vn terrible hombre.
Ar.—Siempre he temido, viendole tan desatinado, que le auia de suceder alguna desgracia.
Ram.—Yo temo no vaya esta vez en ruina quanto tiene, y aun dudo de la vida. Assaltar a dos caualleros tan emparentados con la casa de Cabra, donde está el Rey, y tantos de los alcaldes, es otro que palabras. Pues burlense con el Licenciado Bicornis, que le prendió; a fe que apretandole los cordeles, le haga alargar los cerraderos de la bolsa, y aun de la boca. Veremos ahora cómo sale del insulto, de la herida del criado, del hurto de mi hazienda, de auerme tocado en la honrra, con tanto vituperio. Y de lo que más importa, que son las blasfemias, que se le prueuan con cien testigos tan honrrados como él.
Ar.—Yo vengo ahora de verle y hele hallado tan manso, que porque le ayude a salir d'este trabajo me ha confessado todas sus menguas. Y assi, auiendome ya informado de que sin litigar podré dar a mi hija otro marido, lo pretendo hazer quanto antes me sea possible.
Ram.—Qu'es lo que oyo? sueño, o qué me tengo? Casar con otro a la señora Marcia? Puedense ya tener dos maridos juntos? Qué les faltaria a las locas?
Ar.—No va por ay. Quiero que sepais vna cosa, de que os quedareis abobado.
Ram.—Qu'es, por vida de V. m.?
Ar.—Que Ceruino aun no ha podido pagar el deuito a mi hija.
Ram.—Cómo es esso? Pues a fe que es ella para hazerse pagar en otro que doblones! ¿Tiene acaso algun menoscabo en su persona, que le ha impedido?
Ar.—Dize que con vn hechizo le han hecho impotente.
Ram.—Basta, ya estoy al cabo; crea V. m. que siempre estos estremados celosos tienen algunos defectos que los traen con aquellos espantos.
Ar.—No tengais duda. Aueis visto a Cornelio?
Ram.—Sí, señor.
Ar.—Tiene más mal de la herida?
Ram.—No tiene otra cosa, y aquélla es pequeña.
Ar.—Cómo le podria yo ver?
Ram.—Ha dado a V. m. alguna buena esperança?
Ar.—La esperança en que me ha puesto es tan pequeña quan grande es el desseo; y para que sepais mi intencion, os digo que si por el modo intentado no ay remedio, quiero tratar por otra via de casarme con esta señora.
Ram.—Esse sí (señor) qu'es el camino real y seguro.
Ar.—Quierol' embiar a llamar; si le veis antes, dezidle, os ruego, que me hallará en las Arrepentidas.
Ram.—Yo se lo diré, encontrando con él.
NOTAS:
[785] Sic en ambos textos.
SCENA V
Lena, Macias.
[Len.].—No será bien (pues quien primero toma no se arrepiente) dexar enfriar el amor de mis escaramuçantes (porque no dura más en ellos que de Nauidad a Sant Esteuan). Más pierde quien más verguença tiene. Bueno seria auerles enseñado el camino y perderme yo en el bosque. No quiero (porque no ay cosa que tan facilmente se quiebre como la voluntad d'el hombre) aguardar más, a peligro de que les dé fastidio, el pedirles la buena pro les haga, y que vssen comigo como el que mientras llueue se mete debaxo del arbol, y passada l'agua le haze leña para su fuego. Querranseme ahora (si viene a mano) esconder en vn trigo segado. A punto me llega el menor, de cuyas palabras se puede fiar tanto como de vna soga pudrida. Señor Macias el enamorado, dichoso, rico y gentil hombre.
Mac.—Qué ay por acá, Lena bella, discreta y agraciada?
Len.—Parece que començamos a tirarnos las verdes. Vengan mis chapines y tocas.
Mac.—Rato ha que las vi passar.
Len.—Passador malo me atrauiesse si lo dexare passar. Y el señor Damasio, está tambien con modorra?
Mac.—Por esso vengo de tomar vn poco de aire, que me he sentido esta noche algo pessado.
Len.—No ay sordez peor que no querer responder a proposito. Pues no me hagan entonar tan alto que nos oyan los mudos.
Mac.—No son los tiempos siempre de vna manera: seria mejor atender de oy más a lo que conuiene a nuestras almas y pensar lo que somos y a qué auemos de venir, dexandonos de vanidades que tan caro cuestan.
Len.—Este es el primero sermon que ha hecho pollo a raposa, que no se hallará en Esopete. Estoy por reirme sin gana. Ha, ha, ha. Ahora digo que tambien se toman zorras viejas de las que han otras vezes dexado la cola en el lazo. Despues de pan y vino cogido, y lo que peor es, comido y beuido, damos en santitades. Antes se ha vno de oluidar de sí que d'el proximo. De aqui adelante yo ataré mejor mi dedo: quien tal haze, que tal pague.
Mac.—Ya me parece que os vais entonando, como dixistes poco ha: guardaos de oyr essa cancion a cauallo.
Len.—Qué me dize V. m.? Hablemos claro, no ay para qué mascarme las palabras. Aunque se oluiden las buenas obras, siempre ha de durar el respecto que se deue a las tocas.
Mac.—Y aun por no auer oluidado yo las vuestras, digo que os guardeis.
Len.—Alomenos guardarme he de tratar con gentes que traen las cabeças tan llenas de aquello que no es bueno sino para nauegar.
Mac.—De viento quereis dezir: mirá cómo corremos las parejas. Quien os sufre essa injuria, no merece algo?
Len.—Digo que se ha de cumplir lo prometido, porque d'esta manera se aumenta y conserua el credito; y vueluo a dezir que quiero mi buena estrena.
Mac.—Dos cosas son prometer y cumplir. Mas qué cosa es buena estrena? que antes nosotros la pretendemos de vos.
Len.—Y de qué norabuena? Aun seria peor esso que lo d'el qu'emplaça a su acreedor. Yo sé bien lo que me deuen y lo que por ellos he hecho.
Mac.—Pero no lo que nosotros pensamos hazer por vos: que andamos desuelados por daros contento y descanso, y no lo acabais de entender; la vna mano tira y la otra hila.
Len.—Señor mio, al orinar se conocen las yeguas; tanto me dirá, que me cosa la boca: sepa yo, pues (antes que muera), lo que me tiene la ventura guardado.
Mac.—No es poco.
Len.—Alomenos biene poco a poco.
Mac.—No aueis oydo decir: nunca mucho costó poco?
Len.—Con esso me destetaron. Mas no sé lo que m'espero; y bien que me costará ya muy caro.
Mac.—Esso más es que descoser la boca. Quiero's lo dezir, por no venir a las manos.
Len.—Pues tras qué ando yo? Daua la esperança por verme con V. m. a la melena, pagandome de mi mano en contado.
Mac.—Mas lo querriades sin contar. Dexemos esto, que ya son amores. Queremos casaros, ea, acabemos ya.
Len.—V. m. me parece que tiene en la vna mano el pan y en la otra el palo. Oxalá, que ya mi requebrado hizo flux.
Mac.—Es posible?
Len.—Al confessor y al médico se ha de descubrir todo. He descubierto que cubria vna andrajosa y que la tiene preñada, y como amor no puede sufrir acompañado, al punto le di passaporte. No ay, señor, que fiar de rufianes, pues auiendo yo sacado a este traidor (oliendo a estiercol) de rascar la mula del canonigo Frechilla, trayendole como vn palmito y dadole quanto tenia (a qué quieres boca) me ha dado este pago.
Mac.—Alguna secreta virtud deue tener, pues Lena (maestra d'estas labores) ha hecho tanto por sus pedaços.
Len.—Mas pensé que por sus ojos bellidos. Daria lo que me queda porque fuesse de veras lo que V. m. me dize, para oluidar a aquel vellaco. Mas a fe, burlase V. m.?
Mac.—Mi hermano's lo dirá. Como quien soy, que os queremos casar.
Len.—Con quién? Con quién, por vida mia?
Mac.—Quando menos, con Ramiro, baruero, cirujano y un poco fisico; hombre maduro, acreditado y bien acondicionado.
Len.—No es el de la hija bonita, donde ya me'ntiende?
Mac.—El mesmo.
Len.—No me parece mal; mas no sé si me querra con tan poca dote.
Mac.—Todo lo suple vuestra persona y buenas partes: ya le tenemos medio conuertido.
Len.—Harianme Vs. ms. su perpetua esclaua; si no me oluidan, no faltará en qué seruirselo.
Mac.—Dexanos el cuidado, y tambien de regalaros por lo que os aueis fatigado en guiarnos la dança, y quanto os he dicho ha sido por tentaros.
Len.—Bueno seria pensar otra cosa; no querria ser tenida por tan necia; todo se me alcança. Beso las manos a V. m.
Mac.—Con bien vais.
Lena, sola.—Con esta buena esperança quiero començar a ordenar mi ajuar y esforzarme quanto pudiere a salir de pecado y huir de que se diga por mí que no ay ramera ni alcahueta que no venga a morir en el hospital o de hambre. Cómo se mejoran las horas quando Dios quiere y quánto aprouecha seruir a los buenos! Al fin no queda carne en la carneceria, por mala que sea; y en effeto, la muger es como la yedra, que arrimada al tronco se sustenta verde y fresca, y apartada se seca. Bueno será ponerme de veinte y cinco alfileres para echar mejor el garauato a Ramiro; que aunque no soy para desechar, todo lo auré menester, porque me parece que ha dado mucho de sí. Mas si cenare solamente vna ensalada, no se dirá que me voy a dormir ayuna.
SCENA VI
Cornelio, Aries, Inocencio.
[Cor.].—Dixo cierto sabio que cada vno tiene su defeto, y que el suyo era la muger que tenia, sin la qual en todo lo demás era bien afortunado. Deue (sin duda) de ser vn pessado inconueniente, pues vn hombre tan justo y prudente sentia alterada toda su quietud y vida por la mala cabeça de su muger. Qué deuemos pensar los pobretos como yo? Verdaderamente que me pone en cuidado el humorcillo de Policena, y assi estoy entre si me casaré o no me casaré, como pinaza en la mar, combatida de dos vientos. No querria hazer como muchos necios, que primero hazen las cosas y despues las piensan. Esta mañana al salir de casa, la primera cosa que oi, fue toser a un cabron, y aunque me dizen lo suelen hazer por la mudanza d'el tiempo, lo he tomado por mal aguero. Mas otra cosa me da mucho que pensar, y es auer oydo que los casamientos y partos del verano son muy peligrosos. La razon desto deue d'estar en la esperiencia, pues no ay astrologo que la sepa adeuinar sino con dos dedos. Echome a nadar a la ventura (como hizo mi padre) en el lago tocado d'el Vnicornio. Quiero poner las manos en el rostro, por no topetar con la frente, y hazer lo que mis amos me aconsejan: que si Ramiro no tiene casa, tampoco yo gozo de hogar ni viñas. Ellos me prometen lo qu'es bueno, y mi señora casi el ajuar entero; Ramiro no tiene otro heredero y hallase con granillo; la moça es cortada a mi medida; deuola (segun me jura) su honrra, y está espiritada por mi gentileza; buenos señores y amigos: puedome passear poco menos que a cauallo, pelando cada dia mis patos; qué quiero más? Ramiro me ha dicho qu'el señor Aries me dessea hablar; deue de labrar el fuego. Es, pues, burla que tendré mala rentilla en él? Quiero yr a buscarle y cargarl'he de palabras que sean como el estruz, que ni es bestia ni aue, gouernandome de manera que le vaya chupando sin sentir, y aumentando el desseo con falsas esperanças, sin acordarme d'él más que de las nuues de ant'año. Alli está; quiero hazer del dolorido para que valga más la mercancia.
Ar.—Vengais en buen'hora; pues, amigo, cómo está la mano? He entendido que la herida es pequeña, de que me huelgo mucho.
Cor.—Qué importa, si quien me la dio la haze grande, pues yua con ánimo de cortarme cercen el braço.
Ar.—El está donde lo pagará todo. Hablastes más a mi señora Violante?
Cor.—No ha media hora, haziendo vn largo razonamiento sobre V. m.
Ar.—En fin?
Cor.—En fin (señor) está de manera que vn ciego echaria de ver de qué pie coxea, pues da señales de lo mucho que gusta de oyr mentar a V. m.
Ar.—Podré cr'er esto?
Cor.—Bueno seria dudar de cosa tan puesta en razon; sí, que no se hallan a cada passo las calidades que mi señora ha entendido de V. m.! Ella es persona muy sabia, y como tal (por no mostrar ligereza) no se quiere declarar tan fácilmente; mas presto nos desengañará el coxo. Entretanto sepa V. m. que le tiene perdida la mala voluntad.
Ar.—El tiempo trae las cosas a quien con más razon puede'sperarlas; mas el mio es tan corto quanto larga en ella essa buena voluntad; y assi, no siendo para mí esperanças tardias, ni menos pretender inclinarla con los amorosos terminos, de que suelen pagarse las mugeres (aunque no las que son tan acuerdas como ella), estoy resuelto de pretenderla por via de casamiento, si ya no hallamos otra más corta.
Cor.—Essa, señor, es infalible, si no se atrauesasse el desseo que tiene de casar antes a la señora Valentina, que (dize) comiença ya a parecer mal en casa. De los hijos, V. m. lo sabe de su boca. Mas he pensado vna cosa desde que Ramiro me dixo que Ceruino es impotente, y que V. m. pretende dar otro marido a aquella señora, y es que sea el señor Damasio, si quisiesse venir en ello; pero pongolo en duda, por verle tan embaraçado con aquella donzella.
Ar.—No más, basta esto por ahora, que viene alli el Bachiller; no quiero que entienda lo que vamos tratando. Andá en buen'hora, y de quando en quando, vna puntadica, por amor de mí.
Cor.—Ya estoy al cabo. (Sale Inocencio.)
Ar.—De dónde viene ahora el buen Inocencio?
In.—Ya V. m. lo puede pensar.
Ar.—Pues qué ay?
In.—Nunca le falta mala ventura al desgraciado. Ha ydo al Corregidor vn cauallero moço (nomine Macias Curuca) echando chispas, haziendo grandes requerimientos, diziendo que el herido tiene el pasmo y qu'está ya en las manos de Dios.
Ar.—Esso es assi.
In.—Por otra parte, el padre de Bezerrica (que no parece) pidiendole quenta d'él, y que hasta que se le dé, le tengan a buen recaudo. Y assi, le han buelto a estrechar la prision. Y hallandosse afligido m'embia a supplicar a V. m. que por amor d'el Señor no le desampare, y que se vaya tratando d'el casamiento de la señora Cassandra, qu'él gustará de que se effectue. Y qu'en lo que toca a mi señora, él mesmo hará fe bastante para que sin más aueriguacion la pueda V. m. dar a quien la quisiere. Qu'él pretende (cansado ya de las cosas del mundo) retirarse a vida solitaria. Encomiendosele a V. m., amore Dei.
Ar.—Porque se allana, y el nombre que ha tenido de mi yerno, yré a entender lo que ay; y si puedo, le haré dar en fiado vna casa por carcel (como no sea la suya).
In.—Esso no importa, pues no quiere entrar más en ella.
Ar.—Yo huelgo mucho d'ello. Vayasse, bachiller, haga buena compañia a las mugeres y digalas lo que passa, que yo yré a verlas. Aries (solo). Ahora sí que a mi gusto podré traçar y juntar, a menos costa mia ya, la de Ceruino; quiero encaxarme adonde desseo, para passar mejor la enojossa vejez. Será bien acudir a Macias para que apriete a su hermano, y que de tres casas hagamos sola vna, de consuelo y alegria; no quiero dormir mientras está el hierro caliente.
SCENA VII
Damasio, Macias, Cornelio.
[Dam.].—Hermano, adónde ha ydo Cornelio?
Mac.—Es tan diligente, que donde quiera es de cr'er que nos está siruiendo. Veisle alli.
Cor.—A dónde yuan Vs. ms.?
Mac.—A buscarte, que no sabemos estar sin ti vn momento, y vamos cortando de tus pedaços.
Cor.—No ay pocos de que assir, segun ando destroçado. Pagados quedamos, pues yo tambien he roido los çancajos a Vs. ms.
Dam.—Con quién las has auido, por tu vida?
Cor.—Adeuinelo V. m.
Mac.—Ea, dilo.
Dam.—Con el señor Aries, que anda en todo y por todo de nuestra parte.
Mac.—Qué dize?
Cor.—Tanto ha dicho y yo contrapunteado, que no lo quiero dezir.
Dam.—Bueno es esso; acaba d'echarlo.
Cor.—Que la señora Marcia será de V. m. y la señora Cassandra me parece que la lleuará vn cauallero de Tortosa.
Mac.—Qué dizes? Estás loco?
Cor.—Como se lo quento.
Mac.—Gentil nueua me traes para venir tan alegre; cómo eres necio!
Dam.—Dizeslo de veras?
Cor.—No son cosas para burlar con ellas. Assi se la dexarán de dar, como el señor Aries alcançar lo que pretende.
Mac.—No nos dirás qué quiere?
Cor.—Quando menos que mi señora le caliente la cama.
Mac.—De qué manera?
Cor.—Como la calentó a su padre.
Mac.—Y quando mi señora viniesse en ello?
Cor.—Entonces él lo trocará todo y hará que V. m. tenga lo que dessea.
Dam.—Cómo sabes tú todo esso?
Cor.—Porque lo ha tratado comigo y se contentará d'esta manera.
Dam.—Tú eres a punto el aliento, que ahora calienta, ahora enfria; o como el alacran, que hiere, y con su aceite sana. Gran cosa es tener criado que no haya menester consejo. Para dezir verdad, tú mereces mejores amos que nosotros.
Cor.—Yo los tengo mejores que sabria dessear.
Mac.—Entremonos, hermano, persuadamos a mi señora, que si yo no alcanço esto d'ella, me quiero ir a Flandes.
Dam.—Poco será menester para esta coniuncion, porque la deuemos de tener de manera (con la platica de nuestros amores) que no deue dessear otra cosa. Entretanto, toma tú, Cornelio, estos diez ducados, que ha mucho que son tuyos.
Cor.—Adeudarse haze al hombr'esclauo. Beso las manos a V. m. Y el señor Macias, no piensa sino injuriarme?
Mac.—Toma quanto tengo, que todo es tuyo.
Cor.—Sí, por cortesia, pero no querria yo ver siempre esse toma desnudo.
SCENA VIII
Morueco.
[Mor.].—Ahor'acabo d'entender ser los celos de las más violentas y bestiales passiones que pueden tocar a vn hombre: porque si vna vez se assientan en la cabeça d'el que se consume y seca inuestigando vna tan escura verificacion, le haze cometer ridiculossos desatinos. Bien dixo aquel qu'el celoso es loco de arte mayor, pues como tal, tiene miedo hasta de su mesma sombra, y de cosas nunca vistas, oydas ni pensadas: mirandolas como en espejo de alinde, que se las representa muy mayores de lo que son. Biuiendo el cuitado siempre, en el mal hecho vn Argos y en el bien ciego topo, con vna inuengable yra, que no se le puede acabar sino con la vida, por ser infinito el numero de los que dessea herir y matar, para satisfacer la rauiosa saña que tiene contra todo lo que teme; temiendo de quanto imagina. Y puede tanto esta frenesia, que aun contra sí mesmo le buelue: tanto, que ha auido alguno que para saber si su muger le haria los husos tuertos (por si s'empreñasse, poderla conuencer de adulterio) se hizo (quando menos) capar. Poco le ha faltado a nuestro Ceruino para hazer otro tanto. Veis aqui lo que resulta d'estos escusados celos, cuya vengança más hiere que sana al que los tiene. Como Lepido, que vino a morir de pena. Mas bueno seria, si Macias, que con tanta voluntad ha pedido por muger a mi sobrina Cassandra, se saliesse ahora fuera. Quiero yr, a la ventura, a ofrecersela; que espero mirará quién es, y que la señora Violante considerará quán bien estará a ambas partes. Riome del buen viejo Aries Gonçalo, que estando el pie en la sepultura (para alargar la vida) pretende lo que (quando menos se cate) le hará cantar a la puerta vn Requiem aeternam. Porque la muger es como la yedra, que corrompe y arruina la pared que acaricia y abraça. Como le cuadra bien lo que otro viejo respondió a vno que le reprehendia porqu'en tal edad se casaua: No fuera yo viejo si tuuiera seso; basta que quando le tuue me tuue. De quán diferente humor está Ceruino, que dexa tan facilmente muger e hija (no viendo la hora d'echarlas de sí), y porque yo ayude y le dé mi granja para retirarse, me da la renta que tien'en Tordehumos, de que yo me contento por apartarle de mí. Y ya resuelto, voy a echar vn lance, donde por ventura quedaré con los demas enredado; que la señora Valentina es pieça que facilmente me hará embarcar por su seruicio.
SCENA IX
Lena, Ramiro.
[Len.].—Mereceria que m'echassen en vn rio, si despues de auer tenido escuela de humanidad treint'años no supiesse mi quenta y quisiesse venir a ser esclaua, de señora de mi casa y anchura. Quiero ver cómo passa el negocio; que quando Ramiro no se contente de mi estar poco en casa (buscándome la escama en el cogote) no quiero que passe adelante nuestro casamiento. Seria bueno (por no saber su condicion, al cabo de mi vejez) dar de nalgas en vn prado de hortigas, que nunca fueron buenas para salsa. Tambien será bien saber lo que tiene, porqu'es menester más que manteles limpios a la mesa. Quiero capitular antes con aquellos mis señores, que cabeça sin lengua a calabaça se parece. Mas digamos ahora qu'él fuesse mal acondicionado y pobre (nunca coz de garañon hizo mal a yegua), ¿no me le traeré yo como leche a vna mano, pues va la pierna donde quiere la rodilla? Y quando la despensa no esté muy bastecida, dexaré yo las manos en el seno a Policena? Es verdad que no es la moça (cayendo en las mias) para que anden los regalos rodando por casa (aunque se case) y venga a ser la tienda de mi nouio la más frequentada y famosa desta ciudad! Quiero m'engolfar: que no puede faltar nada a quien ha sabido hazer de vn celoso vn satyro; qu'esto me da vn coraçon de elefante. Aqui viene mi velado y todo mi bien.
Ram.—Amores, cara de Pascua florida, ya qu'estamos tan adelante, bien te puedo pedir vna cosa a credito, como mia.
Len.—Tal puede ser que no aya lugar.
Ram.—Que me dexes besar essa boca de perlas.
Len.—Esso es? Dios me defienda d'el enemigo malo. La primera cosa que no se permite a los desposados; no haria por todo 'l mundo semejante pecado: hagase antes lo que diz'el cura.
Ram.—No me puedo yr a la mano, porque vienes oliendo a mil ambares.
Len.—El más perfecto olor de la muger es n'oler a nada. A tiempo seremos.
Ram.—Adónde vas, amores?
Len.—A buscar a mis buenos señores.
Ram.—Es en vano, porque están (como en consejo d'Estado) tratando de muchos casamientos, y ha passado vna cosa de risa.
Len.—Y es?
Ram.—Que proponiendo el señor Morueco el de la señora Violante con el señor Aries, respondio ella que antes se meteria monja que hazer tal agrauio a los huessos de su marido, porque daria que dezir a las gentes, si al cabo de tan larga viudez, teniendo hijos é hija para casar, los diesse antes padrastro. En esto saltó aquel loco de Macias diziendo: señor Morueco (pues lo dessea tanto) V. m. se casará con nuestra hermana y mi señora con el señor Aries, a quien nosotros holgamos de tener por padre. Y assi se lo podrá V. m. dezir de nuestra parte. Y que se tenga de oy más por señor desta casa; en lo demas no me entremeto, pues mi señora quiere ser forçada. Mirá si aurá dado bien que reir.
Len.—Ha, ha, ha. La señora Violante no querria salir de tan largo ayuno sino con carne fresca, mas no le faltará consolador. Qué rollo de muger! si yo fuera hombre, me perdiera por ella.
Ram.—Si supiesses lo que ay debaxo de aquel mongil, de veras lo dirias.
Len.—Y vos sabeislo?
Ram.—No quieres que lo sepa, si la he echado ventosas y sangrado de braços y touillos cien vezes?
Len.—Y tocado, a, no? Quitáosme de delante, que me rebolueis la sangre en el cuerpo. No ay cosa que más cuidado me dé en este casamiento que auer de tener marido priuilegiado para poder emplear sus cinco sentidos donde otros no pueden vno.
Ram.—No me has de ser celosa, si quieres que biuamos como dos palomicas sin hiel.
Len.—Al fin, en qué han parado las pláticas?
Ram.—Ya quedan todos concertados.
Len.—Decime cómo.
Ram.—El señor Aries, con mi señora Violante; el señor Morueco, con la señora Valentina; el señor Damasio, con la señora Marcia; el señor Macias, con la señora Cassandra; el señor Cornelio, con la señora Policena, y el señor Ramiro, con mi señora Lena, qu'están presentes. Y todos quieren pedir al Corregidor la libertad de Ceruino, que pues las partes se contentan, es justo que se halle a las fiestas y bodas de su muger, de su hija, de su suegro y de su cuñado. Y porque las piensan hazer muy solenes, me embian a preuenir los menestriles de la ciudad, y assi (para que se lo diga) voy a buscar al trompeta Iuan Cornier. Sabrásme dezir adónde le podria hallar?
Len.—Si, hermano, donde vos teneis los pies. Mirá que con la priessa no se os caya alguna mentira.
Ram.—Si me cayere, la hallaré en tu casa, donde començaremos a tratar de nuestros pucheros.
SCENA VLTIMA
Cornelio.
[Cor.].—De parte del señor Ceruino, guarda mayor de los montes, se haze saber a todo el insigne auditorio que los que no se fiaren de sus consortes estarán tan seguros como de no caer las ojas d'el arbol en fin de otoño. Porque los celos son contra el natural ingenio de las mugeres: cosolete de araña para los arcabuzazos; la curiosidad, en todas partes viciosa, y en ésta mas perniciosa. Y assi (mouido de piedad y celo fraterno) amonesta que ninguno (de qualquiera calidad que sea) los tenga, dentro ni fuera de casa; so pena de que no le podrá faltar mala ventura. Antes, que todo el mundo se arme de la quieta y mansa paciencia. Porque la esperiencia le ha hecho tocar con la mano que todas las sutilezas y vigilancia de los espantados Lepidos (que no quieren dexar hazer su curso a la Natura) son açadones con que los cuitados sacan de los centros de sus sospechas las inuisibles cornetas de la Fama. Y aduierte que se burlan más d'el que se fatiga en poner remedio que d'el pacifico que lo dissimula o ignora, y qu'es menester gran ingenio para cuitar tan inutil y enojosso conocimiento. Por lo qual aconseja (sobre su conciencia) que cada vno renueue en su casa la costumbre de los prudentissimos Romanos (a quien deue imitar) que quando boluian a las suyas, lo embiauan delante a auisar a las mugeres para no cogerlas de sobresalto, descuidadas y mal compuestas. Y porque'l sereno podria hazer mal a las damas (que son más delicadas), las combida con su cena y casa, ofreciendolas que no faltará de la fruta más agradable a sus gustos.
Valete et plavdite.