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Orígenes de la novela, Tomo III cover

Orígenes de la novela, Tomo III

Chapter 74: COMEDIA LLAMADA FLORINEA
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About This Book

Una introducción ofrece un estudio crítico sobre la génesis de la novela española, centrándose en el análisis de la Celestina: cuestiones de autoría, fecha, fuentes clásicas e italianas, variantes textuales, caracteres, estilo y su influencia en drama y novela. La segunda parte reúne novelas dialogadas y textos contemporáneos que ilustran temas, lenguaje, modismos, ortografía y rasgos tipográficos de la época. El volumen expone además los criterios editoriales y de transcripción empleados, respetando la ortografía original en las reproducciones (corrigiendo solo errores evidentes) y adaptando la ortografía académica en la introducción para facilitar la lectura.

COMEDIA LLAMADA FLORINEA

QUE TRACTA DE LOS AMORES DEL BUEN DUQUE FLORIANO CON LA LINDA Y MUY CASTA Y GENEROSA BELISEA, NUEUAMENTE HECHA: MUY GRACIOSA Y SENTIDA, Y MUY PROUECHOSA PARA AVISO DE MUCHOS NECIOS

COMPUESTA POR
EL BACHILLER JOAN RODRIGUEZ FLORIAN

Vista y examinada, y con licencia impresa.

(Escudo del librero con sus iniciales A. G. en la base.
Representa al halcón sujetado por una mano de persona,
y debajo la leyenda:

post, tenebras, spero, lecem)

Vendese en Medina del campo en casa de Adrian Ghemart.

1554

EL BACHILLER IOAN RODRIGUEZ ENDEREÇANDO LA COMEDIA LLAMADA FLORINEA A VN ESPECIAL AMIGO SUYO, CONFAMILIAR EN EL ESTUDIO, ABSENTE.

Como sea ansi que el amor no compadezca ocio, para del que ama al que es amado, ansi en mí esta tal fuerça ha hecho a mi mano sacar osadia de temor, y fuerças de flaqueza; para que en aquello que el coraçon desseoso de vuestro seruicio, y hambriento de vuestra buena presencial communicacion de amigo no puede exercitarse estando tan distantes en las moradas: a lo menos desde acá os signifique la memoria que tengo de vos. Y pues las obras son pregonero de la voluntad (segun atestigua la sentencia del diuino Gregorio) quise con esta pequeña obra (vista por los leyentes la pequeñeza de mi possibilidad para os seruir) veays vos la integridad de mi amorosa voluntad, en representaros como mejor mi pluma me permitiere aquello que, aunque aqui por comedia leeran los leyentes, vos vistes parte de ello, antes que vuestra partida me experimentasse en soledad de vuestra buena familiaridad, y mi descontento me acompañasse de ociosidad, y la ociosidad me diesse nombre de historiador comico, si a los leyentes les paresciere, que por sola vuestra causa le merezco.—Vale felix.

COMIENÇA VN PROEMIO DEL AUTOR DE LA COMEDIA FLORINEA: DANDO EN ELLA AUISOS POR EL PROEMIO AL LECTOR.

Muy gran daño pare la mala compañía[656].

O sabio lector, recoge tu mente
aquesta comedia queriendo leer,
do flores de dichos podras escoger
y auisos de males que ay en la gente.
Aqui podras ver el inconueniente
que suelen causar malas compañías
y las vanidades de las mocerias:
recoge lo bueno con seso prudente.

El amor todo lo postpone y nada vee sino como ame y goze del amor.

Del buen Floriano illustre y amante
tendras buen auiso, si fueres señor,
que mires qué daños le traxo el amor,
qué bascas y gastos y mal tan pujante:
Ni honra ni estado ya pone delante,
en todo pretende cumplir su cobdicia,
ni oye a Lydorio fundado en justicia,
escucha a malsines creyendo los ante.

Muy poco se deue la hembra fiar de sí mientras fuere moça, y ansi ha de ser recatada de todo lo que oye y vee.

Pues miren las damas en la Belisea,
tan sancta y honesta y tan recogida,
que puesto que en todo no dio de caida,
amor tal la puso que ya vacilea:
Ya tiene por bueno amar lo que afea;
Marcela y Iustina con su mal consejo
la hazen que niegue al buen padre viejo,
no dando le el sí en lo que el dessea.

Mucho afan y peligro ahorra el padre que, en siendo para ello la hija, la da a su marido o dispone de su estado.

Auisen los padres tener más cuidado
de dar a sus hijas de presto marido,
que pierden congoxa y ganan oluido
de algun gran desmancho que den a su estado:
No duerman diziendo que Dios les a dado
las hijas muy castas, honestas, santeras,
que al fin ya se viendo que son casaderas,
si anda Marcelia, tendran mal recado.

La floxedad en los señores haze de fieles sieruos, malos, y de leales ladrones, donde no ay buen conoscimiento.

Entienda cualquiera en bien gouernar
a sí y a su casa que Dios le aya dado;
no pierda con ocio lo que es allegado
con grandes congoxas y grande afanar:
Que vn floxo señor más suele dañar
con ser descuidado a los sus siruientes,
pues mala cobdicia despierta las gentes
de entrar en lo ageno que no veen guardar.

La nobleza de la casta mucho ayuda a la virtud. Del vicio de la carne, huyr es lo más seguro, las occasiones.

Los vicios y embustes de gente ociosa
a quien noble casta no da soffrenadas
aqui descubiertas verás bien asuadas
si notas muy bien, lector, cada cosa:
Verás la luxuria de carne ceuosa
que oy tiene en el orbe muy grande poder,
verás el peligro de pobre muger
a do no la guardan si es moça y hermosa.

Las mugeres naturalmente son escasas y pedigüeñas.

Verás los embustes que saben vrdir
por guardar su honra y cumplir apetito
del vicio en que puestas es muy infinito
ansi en luxuria como en el pedir:
Ni a todas las taches por mí tal dezir,
mas todas las teme y estaras guardado,
que para en los vicios no andar cenagado
orar bien por todas, y de ellas huyr.
Tendras gran auiso quando esto leyeres
guardar la manera que cada qual quiere
o que graue o triste, o alegre, o qual fuere
hablar alto, o baxo, segun que entendieres:
Y entre las malicias, risadas, plazeres
verás las verdades de lo que ora passa
de amos y moços y gentes de casa,
segund al estado de cada qual vieres.
Y quando encontrares en cosas lasciuas
no tomes lecion de malos desseos,
mas piensa que en baxo de sus casos feos
ay grandes auisos por donde bien viuas:

Comparacion.

Que estando en las eras el pan si lo acribas,
la paja va fuera que el grano cubria;

Comparacion.

tambien so las hojas, la fruta se cria;

Applicacion.

reprocha tú el mal, y el bien bien recibas.

Concluye con el lector. Promete para otro año
continuar la comedia.

Con tanto concluyo, lector, te rogando
que des por lo bueno a Dios los loores
y suplas las faltas de los escriptores,
de lo que te escriuen te aprouechando:
Las bodas del buen Floriano esperando
para otro año de más vacacion,
adonde la historia tendra conclusion
a Dios dando gracias, allá nos llegando.
Amen.

NOTAS:

[656] Esta reflexión, como las demás que se ven al frente de cada estrofa, hállanse en el impreso original colocadas á los márgenes, en letra redondilla.


INTRODUZENSE EN LA PRESENTE COMEDIA LAS PERSONAS SIGUIENTES

Floriano, cauallero.
Lydorio, su camarero.
Polytes, paje.
Felisino, }
Fulminato,} criados de Floriano.
Pinel, }
Lucendo, cauallero, padre de Belisea.
Belisea, donzella.
Iustina, donzella.
Despensero de Lucendo.
Grisindo, paje de Lucendo.
Marcelia, alcahueta.
Liberia, donzella.
Gracilia, donzella.
Vn estudiante.

Diuidese la presente obra en quarenta y tres scenas o actos.


ARGUMENTO DE LA PRIMERA SCENA

QUE ES COMO PROEMIO DE TODA LA OBRA.

Floriano despues de algunos dias ser passados, que ouo llegado al pueblo donde residia Belisea, descubre a Lydorio su camarero y antiguo criado en su casa; la causa por qué, dexando su señorio y naturaleza, se vino a tan extrañas y lexos tierras, y por qué hizo parada en el pueblo donde a la sazon residia. Y despues de certificarle de estar herido de amores de Belisea, y pedirle fauor para su enfermedad, passadas largas razones entre los dos, y mas terciando Fulminato, embia por su consejo vna carta con Polytes a Belisea.

Floriano, Lydorio, Felisino, Fulminato, Polytes.

[Flor.]—Ahora que el fin del caminar a dado principio a nuestra quietud, te quiero, Lydorio, declarar el intento de mi venida: porque sabida la causa, sepas ayudarme a buscar los más sufficientes medios para que mi enfermedad halle remedio y mis altos pensamientos el complimiento de mis difficiles y arduos desseos. Pero quiero que seas auisado de dos cosas, para conseguir este fin muy menesterosas y vtiles. La vna es, que acompañando el silencio de tu lengua a tus oydos para me oyr, y atencion para me entender, y voluntad para me fauorescer, y amor para la diligencia en el obrar, tus zelosos y castos desseos no contradigan a lo que sintieren inclinada mi voluntad. La segunda será, que a tu libre y sagaz prouidencia la acompañe diligente presteza y auisada solicitud para buscar mi remedio.

Lyd.—Señor, para hombre tan sin pliegue a tu voluntad y tan obligado a tu seruicio seria escusado tan obscuro y largo proemio: sino luego al descubierto me di como yo te entienda lo que quiere tu voluntad, pues que sabes que a de ser en tu seruicio el niuel de mis obras.

Flor.—Siempre tu buen seruicio me ha sido testigo del desseo que a mis cosas tengas. Por tanto sin más rodeos te quiero aclarar mi voluntad, porque la claridad de mi hablar ponga obligacion en tu fidelidad, para que ponga cuidado tu libre juyzio en buscar aliuio a mi subjecion. Y pues mi pena exterior publica bien el ay del captiuo coraçon, no será menester descubrirte más mi mal.

Lyd.—Antes te veo tan nueuo en la manera de viuir, que ni de antes te entiendo, ni agora sé lo que me quieras mandar.

Flor.—No sin causa es dicho ser mal animal de conoscer el hombre y difficil de entender su coraçon, a Dios tan solo manifestado. Y pues tus palabras protestan no saber tú la causa de mi mal, sabras que el salir yo de mi casa y de mi naturaleza, y el venir adonde agora estamos, todo ha sido por la fuerça y poder de aquella que par no tiene oy en el mundo en hermosura y todo buen atributo.

Lyd.—Y quién tal podra ser que baste a mudarte muy en otro del que solias?

Flor.—Aquella cuyo merescimiento me da gran loor en solo nombrarme y ser su captiuo.

Lyd.—Mucho derogas a tu nobleza en te rendir sin auer quien baste a prenderte.

Flor.—No me atajes en la sentencia y no errarás en el juzgar. Porque allá antes que la viesse, como su fama de bondad y hermosura hinchiendo el mundo viniesse a mi noticia, dudoso de tanto valor y incredulo de lengua vulgar, embié por un criado de mi casa en secreto a verla y sacar su retracto. Por el qual, visto por mí, conosci ser nada lo que nadie me podia allá contar. Porque no menos ventaja haze la grandeza de mi señora a la fama que las no amantes lenguas me lleuauan, quanto excede lo viuo a lo pintado, y lo existente a lo por formar. Visto, pues, el retracto de su incomparable hermosura, me rendio alla por tan suyo, que ya como a perfection de mi sér no platicaua mi desseo sino de dessealla, y mis ojos sino de vella, y mi coraçon sino de amalla, y mi entendimiento sino de contemplalla. Y como por la muerte de mi padre me halló el amor más libre, luego me mandó dexar el gouierno del estado a mi madre y que viniesse a darle las llaues de mi dichosa prision. Vine, vila, y conosci ser nada lo que de ella se me podia dezir en absencia. Y finalmente, tengo hecho pleytesia a su vassallaje, y tengo tan inclinada mi memoria a pensar en ella, y mi entendimiento por tan suyo, que no puedo saber otro bien ni otra gloria sino de Belisea, a la qual de libre voluntad amo, con firme fe la adoro, y como gloria de mi coraçon, no es possible apartar de ella mi memoria ni desprender mi voluntad. Y pues sabes lo que querias, prouea tu libre prudencia en lo que mi captiua voluntad no puede sino amar la muerte y descansar con el tormento. Cata, pues, suelto el enigma: mira cómo estamos ya, como dizen, las manos en la masa.

Lyd.—Aunque vea tu querer muy afixado en tu perdicion, el mio, que muy firme está en tu seruicio, no me consiente callar donde tu señorio y mi poco atreuimiento no me dan suelta al dezir.

Flor.—Pues sé que no bastaras a sacarme de mi acertado parescer en amar, yo quiero libertarte a que me digas el tuyo. Y sé bien que tú mismo aprobarás por mí contra ti, si contra mi desseo piensas proceder.

Lyd.—De tu nueua licencia me nasce para te hablar nueua osadia, acompañada con el deuido acatamiento que mi persona a la tuya deue: empero porque auiendo testigos tus cosas iran en plaça antes que el tiempo (que aclara todas las cosas) lo pida, y tambien porque a tus criados no se les dé motiuo de atreuimiento para con tu persona, porque viendo me hablar contigo tan de asiento, sin saber la licencia que para ello me tienes dada, vendran a perder algo del reuerencial temor que inferiores deuen a su señor, porque la mucha familiaridad pare menosprecio, por tanto, será bien que mandes (si te paresce) aquellos moços salir de la sala.

Fel.—No ves, Fulminato, en qué precio de almoneda nos trae Lydorio?

Ful.—Yo lo he oydo: que descreo del agareno y de toda la ley del Alcoran si no estoy por yr a él, y en presencia de mi amo echalle la lengua a los pies, para que sepa cómo se habla de Fulminato. Y aun si, lo que yo querria, se me pone en defensa, dexarsela por pieça mayor de todo su cuerpo. Y aun espera y verás la obra comer a vn plato con mi dezir.

Fel.—Y calla, está quedo, no te oya Floriano, e oyamos en qué se determina.

Flor.—Ya me paresce, Lydorio, que buscas de corrido de lo que as pensado cómo te escabullir sin ser conoscido tu yerro. Y por tanto quiero que aya testigos de tu confusion y mi mucho acertamiento, los quales atribuyan la victoria a quien la mereciere. Oyslo, Fulminato y Felisino? llegaos acá. Agora tú, Lydorio, procede, y vosotros oyd quán armado está contra mí de argumentos.

Lyd.—Aunque de ser contra ti me guarde Dios, y pues hazes juezes de tu causa los que de ti an de ser juzgados, digo que me paresces muy aborrecedor de tu descanso: pues sin muy manifiesto por qué, te matas con tus manos.

Flor.—Y cómo no causa hallas tú el morir yo por quien tan justa, deuida y necessariamente muero? Agora te digo que sobre tal fundamento podras leuantar muy falso edificio.

Lyd.—Veo, señor, tan firmado tu parescer en tu daño, que hallo menos inconueniente el seguirte que prouecho en el contrariarte. Y aunque el consejo no se deue donde no ay voluntad al recebirle, ni se espera fructo en el effectuarle, no empero callaré a que mi sana voluntad te auisa pongas delante en lo que tu alto merescimiento se deua estimar, y la nobleza de tus antepassados, y la limpieza de tu sangre, y la qualidad de tu estado, y el cuento de tu persona. Y mira, señor, que no te dexes gouernar por la libertada y fauorescida juuentud, sin que con el freno del preuenir de las cosas le des tales sofrenadas, que puedas lleuarla subjecta a la razon; en especial no te deues fiar como mancebo de ti mesmo en este caso de cobdicia sensual de la lasciuia y ardor libidinoso de la cenagosa y limosa carne, enemigo tan pujante y tan notorio y continuo nuestro: porque en la pelea de este vicio de la luxuria, muy pocos acometedores vimos gozosos del triunpho de victoria, ni aun pocos acometidos escapar de muerte, o cayda, o herida. Y si en lo dicho te soy molesto, mandame callar en lo por dezir.

Flor.—Cómo que tan presto piensas derrocar mi firmeza de que no busque mi desseo la consecucion de su gloria? Cata que el amar es al hombre natural, porque el amor es obra de la virtud concupiscible.

Lyd.—Amor virtuoso.

Flor.—Bien dize: porque por fuerça y atraydo de la virtud, ama hombre lo bueno. Y ansi por esto quiere Dios por solo amor ser seruido, y como bien nuestro ser amado: esto no es ansi?

Lyd.—La mesma verdad.

Flor.—Pues ansi a mí me es necessario endereçar mis desseos, como a vltimo fin, en la gloria de mi señora Belisea.

Fel.—Atame essa christiandad.

Flor.—Y es me no menos necessario confessar su poder, y en mí la nobleza, y todo lo demás que tú pones por estoruo para no la amar y querer y adorar: pues en ella está mi vida y en su mano las llaues de mi muerte. Esso mesmo me demuestra que hago aleuosia gastar algun momento de mi triste vida sino en pensar en ella: porque si con sólo auer oydo en absencia la fama de su valor no fuera su captiuo, fuera muy de vituperar, quánto más, auiendo merescido mis ojos verla, no se rendirá mi coraçon en amarla y morir por ella? Y si todo hombre naturalmente busca la gloria como a vltimo fin y descanso, pues por qué yo menos y no más que todos amaré y querré aquella gloria, a cuyo desseo soy tan lleuado y tan justamente forçado?

Ful.—O hi de puta, y qué diuinidad para dar gloria! no basta loco, sino herege?

Flor.—Dizes algo, Fulminato? calla, calla, dexa hablar a Lydorio. Di, di, no enmudezcas: que yo sé, Lydorio, que mi mucha justicia ha puesto freno a tus demasias y silencio a tus reproches, y enmudescimiento á tus argumentaciones. Confiessa, confiessa conmigo la potencia de mi señora. Y pues con tus consejos sabes que no as de ganar tierra en lo que, yo acertando, tienes tú por error, prudencia será hazer de la necessidad virtud y de los morales consejos venir a los actuales hechos.

Lyd.—Qué es, señor, lo que me mandas, que lo haré, pues que ansi quieres?

Flor.—Quiero que, como libre tú de tal passion, busques algun vado por donde a mi tormento pueda venir aliuio.

Ful.—Cómo, señor, que vna sola muger ha de bastar a darte pena? calla por Dios, que afrentas a los que tu pan mantiene. Descreo de quantos en Dios no creen y a ti no an temor, si no me as dado más pena que en mandarme hazer pieças. Auisen me quién ella es y guienme a su casa, que aunque pese a todo el mundo, te la traygo a la cama; y dame licencia yre a tomar algunas armas; y si aun en esto ay tardança, muestrenme su casa, y comiença me a esperar con ella de la mano, y veamos si abrá quien diga a Fulminato blanco as el ojo, sino tú, que huyes de conoscer a quien tengas en tu casa.

Flor.—O, cómo es otra cosa el hablar a saluo de la experiencia en los peligros!

Ful.—Y pones duda en mi palabra?

Flor.—Quiero que no hables lo que deroga al poder de mi señora Belisea.

Fel.—No te marauilles, señor: porque su esfuerço le haze a Fulminato sobresalido en algunas cosas. Y el camino más sin rodeos para que de tu descanso le ganemos todos, es que tú, señor, escriuas de tu mano, declarando a tu señora tu pena: porque por ventura tú penas por ella, y ella o no lo sabe o no te conosce: que yo te juro, a pena de mentiroso, que si ella sabe quien tú eres y sabe tu mal, y sabe ser ella la causadora, que ella venga muy presto a lo bueno. Porque la muger es yesca muy dispuesta adonde el tal fuego prenda, y preso no se apaga tan ayna, porque no saben tener medio en el amar, como tan poco en el aborrescer. Y pues tú estas determinado de seguir tu voluntad, y tu voluntad es de amar a essa señora, ni los consejos de Lydorio virtuosos aqui quadran, ni el arriscado parescer de Fulminato es cumplidero. Porque en aquello se deue poner el hombre de honra, con que presuma no descaer de su estima, no saliendo con su intento. Y aunque el camino de mensajerias que yo digo parezca en sí más largo, pero si Dios pone la mano, suele ser muy breue, porque a quien Dios quiere ayudar, la casa le saue.

Flor.—O, cómo as acertado! bien paresce que tú ayas visto el inspirante rostro de mi señora, pues de ella te fue infundido tal consejo.

Fel.—Infundí por ay: qué spiritu sancto para embiar inspiraciones! nunca el diablo le sacará de dezir heregias y de adorar por Dios vna muger.

Flor.—Qué dices de merescer?

Fel.—Trastroca me essas razones. Digo, señor, que el merescer de tu señora no se deue ansi tratar.

Flor.—De su merescer hablas, y tan a sobrepeyne? Y cómo no miras que hablando de mi señora se an de premeditar las palabras y ser muy de peso las razones? Y quien osará mirar su rostro sin quedar conuertido en nueuo ser?

Fel.—En ser de asno.

Flor.—Quién pensará merescer el menor de sus fauores? quién sabra estimar su gracia? su compostura, su gentileza, su donayre, su semblante ayrado, su alegria, su grauedad, su honestidad, su poder, su proeza de sangre?

Lyd.—Tú, Felisino, le has metido en cosa que no tendra fin.

Ful.—Por mucho hablar mucho errar. El diablo te hizo tan reagudo, pues por tu causa no cesssara oy de loar vna muger: que solo con el buen vestido le ha visto buen parescer, que tambien le tiene vn palo atauiado, pues dizen dame vestido y darte he vellido. Pues loela quanto se pagare: que al fin es muger, y por menos perfecta fue hecha para el hombre, como la silla para el cauallo.

Fel.—Calla calla, que yo lo soldaré: que él ni oye ni entiende, y tengo por mí que ya no sabe si estamos aqui. A, señor, cata que en la tardança suele auer peligro en cosas que estan en fauor de fortuna, y que quien passa punto que passa mundo; escriue luego y no dilates tu salud.

Flor.—Bien dizes, den me aparejo y quedate tú que la lleues.

Ful.—Como esso cierto es lo que yo buscaua: y di te el consejo y aun quieres me el pellejo?

Flor.—Qué dizes? que hablays muy baxo o yo estoy sordo.

Fel.—Digo que a no ser yo allá tan conoscido, que holgaria de lleualla. Pero si como conoscido en aquella casa, y sospechoso con mis entradas y salidas, me piden qué quiero? a no dar tal respuesta, tus hechos van en plaça: y será la primera en piedra, y lo segundo, va mi vida jugada.

Lyd.—Ay te esperaua; y aun tienes rason de querer viuir.

Flor.—Qué dizes, Lydorio, qué te paresce a ti?

Lyd.—Que Felisino da bastante razon en su escusa.

Flor.—Pues vaya Fulminato, porque no diga que no me siruo de su persona.

Ful.—Esso seria yr yo por carne al hambriento leon.

Flor.—Qué dizes de leon?

Ful.—Que me voy a armar mientras escriues y sea presto; porque yo á los de Lucendo no les huyre mas el rostro que a los caçadores el animoso y real leon. Y aun sepas que si allá me tuercen ojo, que aure de hazer de las mias: porque no me sufre el coraçon, ni es en mi mano desenuaynar sobre colera despierta, sin manchar la espada en sangre.

Lyd.—Señor, no hagas mensajero sino de quien no aya sospecha, y a quien no le sea injuria una mala respuesta. Polytes, como sabes, es paje callado y cuerdo y hombrezito para todo cobro, y también ya él tiene noticia de aquella casa.

Fel.—Y aun cómo ansi? que pocas vezes que falte en casa le hallarán sino por allá.

Flor.—Pues salios fuera, y embiadme le a mi recamara luego; y no me entre negocio ninguno.

Ful.—Allá quedaras. Oy, Felisino, contemos este dia con piedra blanca; y digamos que oy nascimos, y con dicha.

Fel.—Qué, tambien guardas el stylo de los antiguos, que los dias prosperos contauan con piedras blancas, y aquellos solos dezian que auian viuido; y los de mal successo, con piedras negras, y aquellos hallauan auer muerto?

Ful.—A la fe no en balde he estado yo en Cordoba, y hallé madre en Carmona, y me llaman Fulminato. Oy en dia seruir de pelillo, buena parola, facto ninguno.

Fel.—Tú eres el que yo buscaua, que oy mis buenas cautelas me hizieron nascer.

Ful.—Buena cosa es la conformidad de las voluntades en los que conforman en la librea: porque la paz entre nosotros, y la guerra con la hazienda de nuestramo, y al señor oy en dia pelo y pelon, y vnguento en los caxcos.

Fel.—Y aun esso es lo más seguro para pelechar, en especial que oy la justicia con quien no tiene pluma juega a luego pagar.

Lyd.—Ea, concluyd las consejas y buscad a Polytes.

Ful.—Vamos, Felisino, abaxo, que he alli al paje. A, hermano Polytes, Floriano te llama de priessa.

Pol.—Alguna parleria de mastresala tendremos: allá voy, que si no hay testigos, negar y auisar para otro dia, y entro en nombre de Dios.


ARGUMENTO DE LA SCENA II

Salidas al jardin Belisea y Justina su donzella, solazando Justina a Belisea, entra Polytes con la carta de Floriano. La qual por fauor de la Justina dexando, se va con buena esperança que le pone Justina. Y Justina lee la carta a Belisea, aunque contra su voluntad.

Belisea, Justina, Polytes.

[Bel.].—Descendamos, Justina, vn rato al cenadero, ya pues va cayendo la siesta; pues agora es el proprio tiempo de gozar de su frescura, y del armonia de las auezitas, que en su possibilidad alaban al Criador.

Just.—Por mi vida que huelgo en extremo de verte de tal parescer; porque me paresce que ha mill años que allá no baxé, y gozanlo los pajes a su proposito. Y aun para mi santiguada, que si en mi mano estuuiesse, que más me hallarian entre los claueles y frutales dél que no como tú estás tras treynta puertas pudiendo gozarlo.

Bel.—Donosa guarda harias tú de la fruta.

Just.—Cómo no nos hemos de ver en esso, passando por ello? Torno a dezir que me espanto de tu poco salir a te solazar, en especial pues tienes padre que todo lo haurá en dicha. No sé cómo ansi eres tan differente en condicion a todas las mugeres, mayormente señoras y donzellas: no lo haurian conmigo ansi, que más amiga me hizo Dios de soltura y libertad.

Bel.—Y aun ay verás qué pocas vezes ay dos coraçones humanos en todo concordes: porque si essa es tu condicion y de todas las mugeres, la mia es muy contraria. Porque no me da plazer sino el recogimiento. Y en tanto me aplaze esto, que no sólo la mala conuersacion me es aborrescible, pero aun la buena me es molesta, por sólo no quadrar con mi voluntad. Y tambien más ayna se pierde Dios entre las gentes, y se halla en la fuga y apartamiento del mundo. Y por esso haze ventaja la vida contemplatiua, que lo ha con Dios, a la actiua, que lo ha con las gentes, aunque por Dios.

Just.—Bien estoy en esso, pero todavia tengo por mí que si en esso que tú quieres, que es la soledad, fuesses contradicha y te mandassen no salir, que lo desseasses; empero porque está en tu querer, por tanto no te da pena el no te solazar; y si te priuassen dello, lo buscarias de rincon en rincon. Porque la priuacion de vna cosa incita el apetito a ella, mayormente en las hembras, y muy más en las encerradas doncellas. Porque ansi como se les vieda más, ansi dessean más. Y por lo contrario aquello que de facil se nos concede, de facil lo dexamos perder, y auido, lo tenemos tan en menos, quanto menos nos cuesta. Y que sea esto ansi, mira lo en el baxar deste jardin; que tú que puedes cada rato, nunca baxas a él, e yo que no se me concede, siempre querria hallarme en él.

Bel.—Por manera que segun tu sentencia la falta de la libertad abre camino al peccado y es occasion al mal. Por donde, a ser lo que dizes ansi como aprueuas, hierran los zelosos padres en priuar de muchas libertades a las recogidas doncellas, las quales, libertadas en aquello, podrian perder la honra y la honestidad con lo demas. Pues la donzella, sin estas dos cosas, deuiera ser antes enterrada que nascida. Y la quiebra de la hembra no es como la del varon, porque ella cayendo en este deslizadero, o se leuanta tarde, o pocas vezes, o nunca. E dado que se leuanta, jamas le falta vn sino en la honra y vna promptitud al retorno del vicio; lo que al varon, por ser más libre de su condicion natural, no le queda señal de auer caydo. Y aun lo que más es, que muchas vezes a ellos les da honra el mundo en hazer cosas en que la triste de la muger jamas dexa de perderla. Por manera que, pues tanto inconueniente y tan abierto peligro y tan notorio y gran daño se le siga a la muger de la libertad, mira quán sin razon va fundada tu razon.

Just.—Lo dicho por muy bien dicho loando; digo, como de primero, que el vedarnos vna cosa nos pone a la auer más cobdicia; porque muchas cosas, a no se nos vedar, no las traeriamos a la memoria, y, vedadas, nos perdemos por ellas. La causa desto denla los letrados, que yo antes lo probaré con exemplos que con razones.

Bel.—Dame vna.

Just.—Mira lo que Faustina hizo por la llaue, y aun lo que más es, lo que hizo Eua con solo vn arbol que Dios le prohibio, pospuestos todos los del parayso que Dios les concedio comer; y ansi concluyo mi intento.

Bel.—Bien me huelgo que sepas tales exemplos, y determino de no tratar contigo más en esta materia, pues te veo tan del vando de los hombres contra las mugeres. Y pues baxamos a nos solazar, holguemonos.

Just.—Sea como mandares; pero no podemos (hablando la verdad) negar que los extremos más vanderizan en las mugeres que no en los hombres, y aun que a ellos les hemos de afirmar y defender lo contrario por nuestro abono. Y en lo demas, mira si mandas que llame las donzellas para que te den plazer.

Bel.—No quiero sino que me cantes alguna cosa, porque me cae muy en gracia tu voz, y para mí no ay otro semejante solaz mundano que oyr musica.

Just.—Auia de ser de buena garganta.

Bel.—Con la tuya me contento por el presente, y no lo vendas más caro, pues haziendo lo que te ruego liberalmente ganas gracias.

Just.—Aunque en ello no pienso sacar vanagloria, quiero dezir vno que me viene a la memoria, pues que pidiendo la cosa de presto obligas te a suplir todas las quiebras.

Bel.—Di, que a todo me offrezco.

CANCION DIRIGIDA A BELISEA, MUY CONFIADA
EN SU BONDAD

Just.

En la lucha del amor
nadie viua descuidado,
pues al muy más confiado
suele tratar muy peor.

Bel.—O, cómo es cosa sentida, y buena, y nueua, y bien sonada; di, di más si sabes.

Just.—Ya pensé que con esto te enhadaras; pero pues ansi mandas dire la buelta de la cancion:

Sólo sale victorioso
quien con él no se ha tomado
y el que es dél más oluidado
se llame vanaglorioso;
Mas al cabo es muy mejor
nadie viuir descuidado,
pues al muy más esforçado
suele llagar muy peor.

Pol.—O, qué buena oportunidad! abierto está, y no ay quien me impida el paso. En nombre de Dios entro con el pie derecho.

Bel.—O, cómo me pesa que acabaste, que la buelta fue aun mejor. Acuerdate que me des essa letra, que la quiero aprender. Pero mira que viene no sé quién: ve, mandalo salir, y harás al jardinero poner mejor cobro en la puerta.

Just.—Señora, vn paje es; ya pues nos a visto, y el vee que le hemos visto, sepamos qué quiere. Porque o yo mal conozco, o él es de Floriano, aquel cauallero de gran estima que por tu seruicio ha hecho grandes gastos y fiestas y cursa mucho la calle.

Bel.—Ay ay, no quiero saber qué busca, sabido cúyo es, y tú sepas que recibo pena en verle.

Just.—No seas agora tan estraña de condicion, pues la tienes tan buena. Por qué quieres ansi asconderte del mundo? mira que te dio Dios muchas causas para te mostrar, e ya que te recates, no de vn paje, con quien no quadra en ti la sospecha.

Bel.—Buena estaria la honra de la mujer si sólo guardasse su honra de las manifiestas sospechas y los notorios daños de su bondad.

Just.—En cosa de bondad no alterco contigo, pues tengo clara tu victoria.

Pol.—Por Dios, bien me ha succedido, que he alli a Belisea y a Justina. Esta negra carta no sé cómo la de: pues hazer del no conoscido, es por de más, pues aun de los perros desta calle lo soy. Ya quiero a Dios y a ventura llegar, pues a los osados fauoresce la fortuna. Y quien no se auentura, no nauega. Allá llego, que como viere que me hablan yre respondiendo.

Just.—A, el galan, qué buscays por la huerta?

Pol.—Quiero hazer del bobo sobre sello, y hablar como quien no conosce. Señora hermosa, entré con sólo intento de ver esta frescura; pero los ojos occupados en la vuestra, se olvidan de mirar otra cosa.

Just.—Qué te paresce, mi señora?

Bel.—Todas las cosas nueuas aplazen: pero dexale dar más de sí, y veremos qué tal sea; porque al primer razonar no es conoscido vn hombre.

Just.—Pues alegrate, que el solaz tenemos en las manos, y verás cómo por te dar alegria me tengo de requebrar con él. Dezidme, pues, con cúya licencia entrays en lo ajeno?

Pol.—Señora hermosa, al principio tomé la licencia de la puerta, que hallé abierta; pero agora tomandola de vos, pido la enmienda de mi excesso, aunque a la verdad tal no acertar como el mio presente, notorio acertamiento es, y tal pérdida mia sera contada por auentajada ganancia, y muy venturosa fortuna.

Just.—Luego ganancia y acertamiento llamas el venir por yerro tuyo y ventura nuestra a ponerte en manos de quien te tome la prenda?

Pol.—En ser prendado tuyo me contaré por bienandante, mayormente si con verme tú tal mirasses en tratar bien la prenda que ya tienes en tu poder.

Bel.—Y qué prenda es? que yo te la haré tornar.

Pol.—Por tu piadosa bondad te beso pies y manos, que gran confiança a puesto essa respuesta a mi desconfiada venida.

Just.—Bien me paresce, señora, que por sola su confession se le puede pedir el daño que otras veces haurá hecho en lo ajeno.

Pol.—Antes de agora he sido yo prendado y aun por entero preso de vuestra hermosura; pero nunca tuue ventura de ponerme en vuestras manos hasta este punto, adonde vuestra lindeza puede como en cosa propria aprouecharse del despojo del sentenciado de vuestro poder.

Bel.—Andate, Justina, a essas, y ganarte as ser motejada de fea; valierate más no auer hablado, para no auer errado, y tras el yerro lleuar el pago que merescio tu locura. Baste, pues, ya lo hablado, y tú, hermano, vete con Dios.

Pol.—La majestad de vuestra presencia pone pasmo en mi torpe lengua y temor en mi atreuimiento a os pedir vna merced.

Just.—Di lo que querras, que pues tanto eres mio, soy obligada a te fauorescer ante mi señora.

Pol.—Con tal esfuerço tomando osadia, te suplico tomes essa carta.

Bel.—Bien creo que ni tu mensaje me será vtil ni tus passos te dexarán de acarrear algun castigo a ti y a otros exemplo. Quitamelo delante, Justina, que ya yo me adeuinaua lo que podria ser, y harás poner mejor cobro en la puerta, que el jardinero no quedará sin su merescido. Anda, hermano, vete de mi presencia, que en saber cúyo eres adeuino tus costumbres, y en saber cúyo eres sospecho quien te embia, y en saber cúyo eres entiendo cúya sera la carta, y en saber cúya ella sea, sé que busca de mi enojo su daño y tu perdicion por mensajero; dado que diz que los mensajeros no merescen culpa, pero en tales casos no ay quien les escuse. Cata que no seas tú el Vrias Hetheo. Y dirasle por respuesta del mensaje, que no oyre a esse atreuido de cauallero; que se precie de traer con otras tales tratos, y que conmigo procure todo desuio, porque ni mi honra con él gana ni mi honestidad se satisfaze con sus embaxadas.

Pol.—Por qué tu magnifica nobleza condena mi innocencia antes de oyr mi justicia?

Bel.—Sea el oyrte que no parezcas más delante mí.

Just.—Ay, mi señora, no te muestres furiosa hasta saber el por qué. Cata que como la honestidad de la donzella padesce detrimento y peligra entre los hombres, ansi la nobleza corre riesgo y aun se pierde con la furia. Y aun el demasiado sentimiento tuyo pone sospecha de tu bondad y limpieza y casto sentimiento delante de quien no te conozca muy bien. Y nunca condenes sin oyr las partes, para no tener de qué presto te arrepentir con el tan de improuiso te determinar. Veamos la carta, y vista, verás qué tanto ayas de soltar la rienda al enojo: aunque a tu nobleza y estado de persona en pocos tiempos y en ninguna sazon paresce bien el tan apitonado y furioso impetu. Cúya es la carta, gentil hombre? y perded todo temor.

Pol.—Qué atauio para perdelle! quiero empero soldarlo como pudiere. Hermosa, he visto la ira de essa señora contra mi innocencia, la qual con la culpa que en mí publica su pena me añade temor de offender a quien se deue todo seruicio. La carta es ésta, y es de vn preso.

Bel.—Ni sé qué pueda preso (cosa no duecha) pedirme, ni puedo no recatarme del anzuelo encubierto en tus reposadas razones. Y porque no tengo por oro todo lo que en tu muestra reluze, ve con Dios.

Just.—Pues yo tomo, señora, la carta a todo mi risgo, y tú ve con Dios, que a la primera vista te dare respuesta: en que descargaré la tempestad, que quiça se resoluera toda en solos truenos.

Pol.—Con vuestro fauor yendome lleuo buena nueua a Floriano, y triste para este mi vuestro coraçon.

Just.—Anda, harás lo que digo, y tú perseuera, pues la perseuerancia gana la corona del vencimiento en la pelea.

Pol.—Los angeles queden en tu compañia, pues yo no puedo yr sin la tuya en mi memoria. Esto queda aun razonable para primera audiencia. Agora, loando a Dios por mi ganancia, me voy, pensando cómo satisfazer a Floriano para ganar albricias: aunque a la verdad más las deuo yo que no él de lo que queda tramado.

Bel.—Qué hablauas con aquel al despedirle?

Just.—Hinchele de viento por cumplimiento de buena criança.

Bel.—De tales comedimientos es libre la donzella, sin caer en caso de mala criança: porque burlando ni de veras la donzella con ningun hombre en tales coloquios gana honra si no es su marido, y aun ha de ser puesta en su poder. Porque el hilo de la honra es más delgado que el de Portugal con que tú labras, y guardate de todo hombre te torno a dezir.

Just.—De hombre bien dizes; pero este es muchacho.

Bel.—De essa manera, hombre llamarás tú a mi señor, que está ya en lo más alto de la edad, quando a vn mancebo tan grande como su padre, y tan astuto como mercader, y más hablado que relator llamas muchacho. Pues andate, Justina, a esso con tus buenas entrañas, y hallarte as burlada. Cata que dize el vulgar dicho: que de los necios, los infiernos; y de los perezosos, los hospitales: y de las mugeres mal auisadas y menos remiradas, se pueblan los públicos burdeles.

Just.—Mas vao; y si supiera la verdad, cómo le mande perseuerar?

Bel.—Qué dizes de perseuerar? y mira que con persona particular hablar entre dientes es especie y señal de traycion.

Just.—De tal me guarde Dios; sólo dixe que el perseuerar en los malos propuestos acarrea los daños contados: que agora, loado Dios, a saluo está quien repica. Y dexando esto, leamos la carta, y no te me encojas, que por vida de mi señor y tu padre Lucendo, que ya que yo la lea, que la tienes tú de oyr, porque quiça aurá en ella con qué riamos.

Bel.—Malas coxquillas de burla son las que lo han con la honra y honestidad, pero haz como quisieres, que dos oydos tengo: vno para abrirle al oyrla, y otro para cerrarle al consentimiento en no aceptarla.

Just.—Pues oye qué dize el sobrescrito.

CARTA DE FLORIANO A BELISEA

A la muy suprema en todo merescimiento, tan libre señora de su querer quanto yo captiuo de su beldad, mi señora Belisea.

Si el affligido coraçon que me dio osadia para os publicar mi intolerable tormento, causado por vuestro libre poderio, me diera fuerças para poder lleuar con sufrimiento mi tan graue pena, nunca con la presente osara molestaros, no meresciendo de vos aun audiencia para mi libertad. Pero a vuestra clemencia pido que se apiade y fuerce a vos mesma a leer ésta, en parte declaratiua de la graue pena que por vos este vuestro Floriano siente. Y aunque mucho pido, pero suplico os por la respuesta; y sea si mandays, que vuestra mano me dé, en castigo de mi loco atreuimiento, la accelerada muerte o algun aliuio a mi padescer. Y si deliberays, señora mia, que yo pene y viua para que en mí executeys con saña vuestra justicia, mostrando en mí vuestro poder, con el mesmo poder me dad el poderlo ya sufrir: que soy contento de os contentar, pues por vuestra voluntad vino, vuestro querer me sustenta y mi vida pende de vuestras manos. Las quales humildemente besando, quedo por vuestro cautiuo, Floriano.

Bel.—Bien era yo adeuina de lo que podria dezir carta tan loca.

Just.—Antes me paresce que es para tornar a leer, pues aqui poco menos que por diosa te confiessa.

Bel.—Ay, dexame de essas vaziedades, que me llamas la ira, que aun no querria tomar por cosa tan sin ningun tino ni ser, ni entidad, ni concierto. Vamos, vamos arriba, que ya el sol nos ha priuado por oy de sus rayos, demostrandonos las estrellas.

Just.—Dexadas essas metaphoras, vamos donde mandares.

Bel.—Cierra essa puerta, y dad me la mano a esta escalera, y subamos.


ARGUMENTO DE LA SCENA III

En que Lydorio haze gran sentimiento por la perdicion de Floriano. Fulminato y Felisino se hazen a vna para poder medrar. Tracta de lleuar Fulminato a Felisino en casa de Marcelia. Polytes da a Floriano respuesta de su carta, y dale vn collar de oro para Justina y un jubon de brocado con sus calças al Polytes, y tornale a dar otra carta para su señora Belisea.

Lydorio, Felisino, Fulminato, Polytes, Floriano.

[Lyd.]—O alto y sapientissimo Dios, qué profundos son tus secretos juyzios! O quánta lastima es ver perder tan a vela suelta vn tal cauallero, mancebo y dotado de tantas gracias y poder mundano! Grande daño es este, si el saber diuino no saca algun mayor bien deste grande mal: pues que a Dios es ligera cosa sacar buenos fines de malos principios y peores medios. Pero en tanto que Dios lo remedia, duelome con lo que veo, pues no le basta dexar su estado y su naturaleza, pero que a bueltas de todo oluide a sí mesmo por sola vna muger. No en vano dixo Adan, vista la muger: que por ella dexaria el hombre el padre y la madre. Pues por otra parte veo el desassossiego de toda la casa, y la perdicion de la hazienda, y con esto ardo entre dos fuegos. Porque aconsejar a Floriano es pensar de poner luzio el adobe lauandole. Pues seguir tras su querer, no hago lo que deuo a la lealtad que a sus padres di. Los de casa a todos les paresce que la hazienda de Floriano les es comun: lo vno malo y lo otro peor; de manera que con lo que Pedro sana, Maria enferma. Porque con lo que Floriano ha de satisfazer a su appetito, él pierde el alma lo principal, pierde la honra, la vida en condiciones, el patrimonio se disminuye, la hazienda anda en manos de enemigos de su dueño y amigos de ella; porque quanto menos guarda ay en la casa y en la hazienda, tanto los criados oluidan de la fidelidad y cobran del saber de lo ajeno. Porque el aguijero llama al ladron, y la occasion combida al pecado.

Fel.—Ansi que, hermano Fulminato, ya me haurás bien entendido y tendrás bien ojeado el camino para nuestra medra.

Ful.—Calla ya, que descreo de la vida de los condenados si de plazer de nuestra conformidad para el descorchar de la colmena no estoy como fuera de mí, pues más quatro manos que dos lleuan y pueden.

Lyd.—En lo que estamos, benedicamos. Esto es lo que yo lloro: porque si a Floriano lo auiso, tendra me más por enemigo que por fiel.

Fel.—Pues aun tú no pienses que lo sabes todo: porque para ruindades, gran prouecho me hizo ser vn año estudiante y otro moço de cura.

Ful.—Pues calla, que creo que todo nos será menester tu sciencia y la mia: porque Lydorio es sabio y virtuoso y leal, y antiguo criado de casa; y con saber todos los rincones della, si nos huele, nos tiene de hazer daño para nuestro pellechar.

Fel.—Para esso guardalle los passos, y el uno sobarcado y el otro en vela. Porque si un hombre apercebido vale más que dos descuidados, sí que más valdremos y más podremos y más haremos dos recatados que vno seguro.

Lyd.—Pues allá os espero al freir de los ajos.

Ful.—Pues vamos a ver a nuestramo y aseguremos el campo, desmintiendo espias. Y aun tambien, si Floriano quiere, le dare en las manos vna muger que, pagandoselo, le traera a su amiga a las vñas, por más encerrada y guardada que esté. Y aun dello me cabria mi ganancia, si la fortuna endereçasse bien.

Fel.—Dime, dime, qué, tienes nido?

Ful.—Mas vao. Y cómo ouiera yo escapado del inuierno sin algun hogar? y tú, tan bisoño eres que te mantiene sola vista?

Fel.—Pues qué quieres? que harto çanqueo y ando y rodeo, pero no hallo cosa de asiento.

Ful.—Aun no tan mal si hazes como el cuclillo en ajeno nido; pero encomiendate a mí si quieres, y duerme seguro. Pero ó descreo de los recabitas y si no creo que nos ha oydo todo quanto hablamos Lydorio, que veslo está en el corredor.

Fel.—No haurá; pero si ouiere, hecho es: haga como se pagare.

Ful.—No eres auisado en esso: antes agora le halaguemos a sobrepeyne, porque la prudencia muchos males y daños preuiene.

Lyd.—A, Fulminato.

Ful.—Quién me llama?

Lyd.—Busca al paje Polytes y sube acá.

Ful.—El que llega acaso, que aguardó que le mentasen.

Pol.—Qué se trataua de mí?

Lyd.—Sube presto. Adónde andas al cabo de vn hora que pide Floriano por ti, que no ay quien te saque de rastro?

Fel.—No ay ygual trabajo, sin penar y morir, que es esperar.

Ful.—Y aun por esso dizen, y bien, que quien espera desespera.

Fel.—Señor Lydorio, lleguemos á la puerta todos, pues no es traycion escuchar, sabiendo lo que se ha de platicar de los que hablan.

Lyd.—Escuchad, pues que tañen.

Ful.—Y aun qué negro de bien. Que si él tanto sintiesse de mugeres y supiesse tanto de ser enamorado como de la musica sabe, él se guardaria más dellas, y las tendria en lo que se deuen tener, y aun acortaria su pena.

Lyd.—Calla, dexa esso, que cada vno haze segun es y segun con quien lo ha. Y escucha, que comiença a cantar.

GLOSA DEL MOTE «QUIEN ESPERA DESESPERA»

Flor.