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San Ignacio de Loyola

Chapter 26: EN INGLÉS
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About This Book

Presenta la vida y obra del fundador de la Compañía de Jesús, ofreciendo una biografía acompañada de bibliografía y un análisis filosófico de los Ejercicios espirituales, considerados aquí como vehículo doctrinal y ético. El autor examina las fuentes internas y externas que inspiraron el texto, expone sus teorías morales y su método espiritual, y valora su influencia en la formación de conciencias y en la vida social. Incluye prólogo y consideraciones sobre la situación intelectual contemporánea, proponiendo la doctrina examinada como respuesta al materialismo y al escepticismo. El estudio combina erudición documental con una intención apologética y pedagógica.

LA VÍRGEN SANTÍSIMA DICTANDO A SAN IGNACIO LOS «EJERCICIOS»

instruyéndose durante el tiempo que estuvo en Manresa, y procuró salir un gran maestro[66].

DE LA AYUDA QUE LA SANTÍSIMA VIRGEN LE PRESTÓ PARA ESCRIBIR LOS “EJERCICIOS”

Son muchos los autores que afirman que San Ignacio recibió, durante el tiempo que estuvo en Manresa, las visitas de la Virgen, y que le dictaba los Ejercicios.

Sin embargo de esto, en la gran obra Monumenta Ignaciana se dice que esta doctrina se tiene como probable, pero no nos atrevemos a tomarla como segura[67], aunque esta tradición ha venido creyéndose durante cuatro siglos y hasta se han hecho pinturas y esculturas en las que se representa a San Ignacio escribiendo sobre una roca y la Virgen, teniendo sobre sus rodillas al niño Jesús y asido con sus divinas manos por debajo de los sobacos, en actitud de dictar a San Ignacio.

Ningún documento fehaciente que acredite esto dejó San Ignacio, y el único testimonio, que algunos autores atribuyeron a Laynio, no se ha encontrado aún[68].

Únicamente ha llegado hasta nosotros una narración del P. Gonzalo de Cámara, que afirma oyó de labios de San Ignacio, y que racionalmente se ha venido admitiendo, los siguientes extremos:

“Primero. Que Dios enseñaba a San Ignacio como un maestro enseña a su discípulo, porque no tenía quien le enseñase.

“Segundo. Muchas veces y por mucho tiempo, estando en oración, veía con los ojos interiores la humanidad de Xpo.

“Tercero. A Nuestra Señora también a visto en símil forma.

“Cuarto. Estas cosas que a visto le confirmaron entonces (cuando se encontraba en Manresa) y le dieron tanta confirmaçion siempre de fe, que muchas veçes a pensado consigo etc.”[69].

De todo lo cual se deduce como cierto: que San Ignacio escribió los Ejercicios en Manresa, teniendo cierta ilustración sobrenatural; que en Manresa sólo Dios fué su maestro y ningún otro hombre de los mortales (lo cual no significa que San Ignacio nada aprendiera de los hombres, sino que ningún hombre puede atribuírse este nombre de maestro de Ignacio); que muchas veces vió a Jesucristo, y, aunque San Ignacio no dice cuántas veces vió a la Virgen María, si eran más o menos frecuentes sus visitas, pero afirma que vió a ambos; y, así, dice[70]: “Y con sollozos sintiendo seer la Madre y el Hijo intercesores..., viendo y sintiendo los Mediadores...”

El P. Juan Creixell, S. J., asegura, por último, que San Ignacio recibió auxilio directo de Cristo y de la Virgen para escribir los Ejercicios.

Por último, hemos de aducir el testimonio de aquel pasaje que se encuentra en el códice Piedad de los Amigant (fol. 23), en que se dice: “San Inacio dió los exercicios espirituales a la señora Angela de Amigant, luego que se los uvo dictado la Virgen. Es constante que la Virgen Santísima enseñó los exercicios espirituales, que oi dia practica la Compañia de Jesus a San Inacio. Conociendo el Santo el copioso fruto que se coje dellos, los comunicó a la señora Angela de Amigant, como tan discipula de su enseñanza. Assí lo declara el processo de la canonizazion de San Ignacio, folio 377.”

Esto es cuanto se puede alegar en este sentido.

Por lo cual, si San Ignacio nunca reveló esto claramente, pudieron ser muchas las causas que a ello le obligaron, o porque entendiera que todos debían tener como cierta la autoridad de la Santa Iglesia Católica al aprobar los Ejercicios Espirituales, no por estar estos escritos con una ilustración particular, sino por altas y divinas inspiraciones.

DE LAS FUENTES EXTERNAS DE LOS “EJERCICIOS”

Lo primero que se necesita consignar es qué libros leyó San Ignacio en Manresa, esto es, mientras hacía los ejercicios, y cuáles los que leyó en Loyola, o sea antes de hacer los ejercicios, porque si encontraras en ellos pasajes que convengan con los de otros autores, terminaremos por comprender que los había leído.

El propio Santo, contando a Consalvio las cosas por él realizadas, dice, refiriéndose a los libros que leyó en la casa paterna de Loyola: “Le dieron un Vita Christi y un libro de la Vida de los Santos, en Romance.”

Respecto a los que leyó en Manresa, solía decir con frecuencia:

En Manresa hauia uisto primero el Gerçonzito y nunca mas hauia querido leer otro libro de deuocion.

Por último, dice: “Ordinariamente leya a la misa de pasión”.

Hay que tener en cuenta que—según nos dice Menéndez y Pelayo—[71] “en los primeros años del siglo XVI apenas había en España libros de devoción, y éstos no eran de primer orden.

“Faltaban, además, catecismos; faltaba sólida instrucción dogmática en la gran masa del pueblo y hasta en los conventos de monjas: y, si es verdad que circulaban, entre la gente piadosa, libros tan maravillosos y de tan pura doctrina como el Kempis que entonces llamaban Contemptus mundi, la Escala Espiritual de San Juan Clímaco, algunos tratadillos de San Buenaventura, las Epistolas de Santa Catalina de Sena y pocos más...”

Por tanto, las principales fuentes externas del libro de los Ejercicios son: Vita Christi, Kempis o Imitación de Cristo, Flos Sanctorum y la Santa Biblia.

Para que el lector se dé cuenta de la importancia de estas obras, parécenos conveniente apuntar algunos juicios explicativos de ellas.

Vita Christi.

Esta obra es una exposición y comentario de la vida del Salvador, según los evangelistas, interpretados por los más ilustres varones de la Tradición y de la Patrística, poniéndose al final de cada capítulo oraciones muy piadosas que revelan un espíritu abrasado en el divino amor.

Esta obra maestra[72] es del insigne teólogo alemán Ludolfo de Sajonia, conocido con el nombre de El Cartujano, que pasó de la Orden de Santo Domingo, a la que perteneció unos veintiséis años aproximadamente, a la Cartuja de Estrasbusgo, hacia el 1340, falleciendo el 10 de abril de 1378.

La edición de este libro, en cuatro grandes tomos, es, seguramente, la que manejó el ermitaño de Manresa, pues es la traducida del latín a romance familiar castellano por el franciscano Ambrosio Montesino, impresa en Sevilla por los años 1520, en la casa de Juan Cromberger.

Imitación de Cristo.

Este libro es uno de los que mayores ediciones se han hecho en el mundo.

La traducción fué hecha por el Cicerón español de la obra De imitatione Christi et conteptus mundi, atribuída a Tomás de Kempis.

Realmente, no hay libro alguno que sea mejor compañero del hombre en todas las vicisitudes de la vida que éste.

Él prodiga fuerzas al desconfiado que tiene caídas las alas del corazón y da alientos al descontentadizo, al acongojado y al que se ve asido por una voluntad propia irresistible.

Él lleva el consuelo al triste, templa los gozos del que tiene una demasiada alegría. Con su lectura se siente y se nota la pequeñez del hombre ante la grandeza de Dios y hace discurrir por el camino más llano y para contemplarse uno mismo en el espacio más claro.

Él auxilia en los trabajos, ilumina en las dudas, guía para el buen vivir y, como dice el inmortal autor del Símbolo de la fe, es el libro del menosprecio del mundo y de seguir a Cristo.

Flos Sanctorum.

Débese este libro a Fray Diego de la Vega, de la Orden de San Jerónimo, que se imprimió el año 1421 en Zaragoza, y a Fray Domingo de Saltanas, de la Orden de Predicadores, que la imprimió en Sevilla el año 1555[73].

El primero llevaba por título: Doctrina Cristiana, lo que debe cada uno creer, temer, obrar, desear, etc.

Comprende este libro las vidas de Cristo, de la Virgen y de los Santos, con los misterios de nuestra Sacrosanta Religión, y en forma para ser leído en todos los días del año, por el orden en que la Iglesia celebra sus fiestas.

San Ignacio leía diariamente este libro cuando oía la Santa Misa y para meditar sobre ellas en los ratos de oración.

La substancia, pues, de estos libros, por ser de todos conocida, huelga ponderarla en relación con la enseñanza y el provecho que de su lectura asidua se obtiene.

La Santa Biblia.

La Sagrada Escritura, como el Breviario, han sido y serán siempre compañeros inseparables del religioso.

Sin duda alguna se puede asegurar que San Ignacio leía detenidamente y a diario la Biblia, conjunto de libros inspirados por el Espíritu Santo, y que, según el inmortal León XIII, haciendo suyas frases de esclarecidos padres de la Iglesia “son fuentes inexhaustas de celestial sabiduría y prados amenísimos, donde se apacientan, con sobrehumano deleite, las ovejas de Cristo”[74].

Como el Santo fundador no conocía el latín, leería las ediciones de Ambrosio de Montesinos, de 1512, que sólo se insertan las epístolas y evangelios; el Nuevo Testamento de Francisco de Encina, edición dedicada al Emperador Carlos V[75], la Políglota de Alcalá, hecha bajo los auspicios del gran Cardenal Cisneros[76] o la Políglota de Amberes, costeada por Felipe II y que se editó de 1569 a 1576.

Para que el lector se dé cuenta de cómo coincidió San Ignacio con estas obras en la redacción de los Ejercicios Espirituales, vamos a poner a dos columnas los textos de aquéllos y de éste.

Texto sagrado del “Vita Christi”.

E entró el ángel donde estaua ella... Díxole: Dios te salue llena eres de gracia... concebirás en el vientre e parirás fijo. (I, V, IV y VIII.)

Mira que Santa Ysabel tu prima concibió en su vejez. (Ibíd., p. X.)

Ves aquí la sierua del Señor, hágase en mí según tu palabra. (Ibíd., p. XI.)

E acaeció que como oyesse la salutación de la Virgen María Santa Ysabel, que se gozó el ynfante en su vientre, e fué luego llena de Espíritu Santo santa Ysabel e alçó una boz muy grande e dixo: O Señora, bendita eres tu entre todas las mugeres e bendito es el fruto de tu vientre. (I. VI. III.)

Engrandece mi ánima al Señor. (Ibídem, párrafo VI.)

E estuuose en la casa de Santa Ysabel la virgen María quasi por el espacio de tres meses. (Ibíd., párrafo VII.)

E yuan todos para que cada uno se manifestase por súbdito del emperador... Subió Josph de Nazareth de la provincia de Galilea con la Virgen María, su esposa, que Texto sagrado de los “Ejercicios”.

Entrando el ángel a donde estaba María; la saludó diciéndole: Dios te salve llena de gracia, concebirás en tu vientre y parirás un hijo.

Y mira que Elisabet tu parienta, ha concebido un hijo en su vejez.

He aquí la sierva del Señor, cúmplase en my segun tu palabra.

Y como oyese Elisabet la salutación de nuestra Señora, gozóse el niño en el vientre della, y llena del Spiritu Santo Elisabet, exclamó con una gran voz y dixo: vendita seas tu entre las mugeres y vendito sea el fruto de tu vientre.

Engrandece my anima al Señor.

María estuvo con Elisabet quasi tres meses, y después se tornó a su casa.

Ascendió Joseph de Galilea a Bethelen, para conocer subiection a César con María su esposa y muger ya preñada. estaua preñada, a Belén de Judá cibdad de Dauiz. (I, IX, II.)

Parió a su hijo primogénito... enboluiolo su madre en pañales e reclinolo en un pesebre. (Ibíd., párrafo III.)

E... se ayuntó con aquel ángel una gran multitud de cauallería celestial que alabauan a Dios e dezian: gloria sea a Dios en las alturas, e en la tierra sea paz a los hombres de buena uoluntad. (Ibíd., párrafo VI.)

Catad que os evangelizo e declaro un gozo muy grande que será a todo el pueblo..., porque hoy es nascydo a vosotros el Salvador. (Ibíd., párrafo V.)

E uinieron estos pastores con feruor e sin tardança alguna, e hallaron a la Virgen María e a Joseph e al infante puesto en el pesebre. (Ibíd., párrafo VII.)

E los pastores tornáronse glorificando e alabando a Dios en todas las cosas... (Ibíd., párrafo IX.)

Fué llamado su nombre Jesús, el qual fué por el ángel nombrado antes que en el vientre fuesse concebido. (I, X, I.)

Sabed que auemos visto, estando nosotros en Oriente, su propia estrella e uenymos a lo adorar. (I, XI, IV.)

Parió a su hijo primogénito y lo embolbió en paños y lo puso en el pesebre.

*
* *

Llegose una multitud de exercito çelestial que dezia: gloria sea a Dios en los çielos.

*
* *

Manifiesto a uosotros grande gozo, porous hoy es nascido el Saluador del mundo.

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* *

Vinieron con priesa y hallaron a María y a Joseph y al niño puesto en el pesebre.

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* *

Tornaron los pastores glorificando y laudando al Señor.

*
* *

El nombre dél es llamado Jesús, el qual es nombrado del ángel ante que en el vientre se concibiese.

Vimos la estrella dél en oriente y venimos a adorarle.

E inclinados en tierra adoraronlo... E los reyes, hallado el infante, abrieron sus thesoros e ofrecieronle oro, encienso e mirra. (I, XX, VI et VII.)

Recibieron respuesta en sueños... que no voluiesen a él... e ansi se tornaron por otro camino a su tierra. (Ibíd., párrafo IX.)

Un par de tortolas o dos palominos. (I, XII, I.)

Lo tomó en sus palmas y lo repuso entre sus brazos. (Ibíd., párrafo V.)

Agora dexas, Señor, a tu siervo según tu palabra en paz.

Confessaua al Señor... fablaua dél a todos los que esperauan la redencion de Jerusalen e de Isrrael. (Ibíd., párrafo IX.)

Leuantate e toma al niño e a la madre e huye para el reyno de Egipto. (I, XIII, I.)

Toma el ynfante e a su madre e vueluete con ellos para la tierra de Isrrael. (I, XIV, I.)

Leuantandose... tomó al infante... e a su madre... e començó a voluerse a la tierra de Isrrael. (Ibíd.)

Aprouechaua Christo en edad, e en sabiduría e gracia. (I, XV, XI.)

*
* *

Postrandose por tierra lo adoraron y le presentaron dones, oro encienso y mirra.

*
* *

Rescibieron respuesta estando durmiendo, que no tornasen a Herodes, y por otra vía tornaran a su región.

Un par de tortolas o dos hijos de palomas.

Tomolo en sus braços.

*
* *

Agora, Señor, dexa a tu siervo en paz.

*
* *

Viniendo después, confesaba al Señor y hablaba dél a todos los que esperaban la redención de Israel.

Lebántate y toma el niño y a su madre y huye a Egipto.

Lebántate y toma el niño y su madre, y ba a la tierra de Israel.

*
* *

Leuantandose uino en la tierra de Israel.

*
* *

Aprouechaba en edad, sapiencia e gracia.

¿Por ventura no es este hijo de vn carpintero?

¿No sabiades que a las cosas que cumplen a la honra de my Padre avía yo de estar presente? (I, XIV, VIII.)

Déxame agora... porque desta manera conuiene a entramos que cumplamos en perfeccion toda justicia. (I, XXI, IV.)

E descendió el Espíritu Sancto sobre él ansí como paloma e quedose sobre su cabeza... e sonó la boz del Padre diziendo: este es mi fijo muy amado en el qual yo me dy contentamiento. (Ibíd., párrafos VII et VIII.)

El diablo... se acercó a él, diziendo: si hijo de Dios eres, di que estas piedras se tornen en pan; si eres hijo de Dios, derríbate de aquí abaxo: todas estas cosas te daré... si te pusieres en tierra de rodillas e me adorares. (I, XXIII, párrafos V, VII y VIII.)

Vinieron los ángeles allegándose a él seruianlo. (Ibíd., párrafo XIV.)

Quitad estas cosas de tan Sancto lugar como es este, e no queráys hazer la casa de mi Padre casa de negociación. (I, XXVI, I.)

¿Por auentura es este aquel carpintero?

*
* *

¿No sabeis que en las cosas que son de my Padre me conviene estar?

*
* *

Haz esto por el presente, porque assí es menester que cumplamos toda la iusticia.

*
* *

Vino el Espiritu Santo y la voz del Padre desde el çielo afirmando: este es my hijo amado, del que estoy muy satisfecho.

*
* *

Llegandose a él el tentador, le dize: si tú eres hijo de Dios dy que estas piedras se tornen en pan: héchate de aquí abaxo: todo esto que vees te daré, si postrado en tierra me adorares.

*
* *

Vinieron los angeles y le seruían.

*
* *

Quitá estas cosas de aquí, y no querays hazer mi casa cassa de mercadería.

Ansi resplandezca vuestra luz delante de los hombres, que vean vuestras buenas obras, e glorifiquen a vuestro Padre que en los cielos es. (I, XXXIV, I.)

Mas yo os digo: amad a vuestros enemigos, e hazed bien a los que os aborrescieron. (I, XXXV, V.)

¿Qual es este a quien los vientos e la mar obedecen? (Ibíd., párrafo II.)

E mirad que os enbío como oueja en medio de lobos... e mirad que seais prudentes como las serpientes... e sed simples como las palomas. (I, LII, I.)

De gracia e sin precio recebiste el don de gracia e sin precio lo administrado... ninguna cosa llenares..., ni oro ni plata. (I, LI, III.)

Le son perdonados muchos pecados, porque amó mucho... e dijo el Señor a la muger: perdonados te son todos tus pecados... la fe tuya te fizo salua... anda vete en paz. (I, LX, IV.)

Lázaro ven fuera. (II, XVII, VI.)

Desatadlos e trahédmelos; e si alguno os dixere algo, dezid que el Señor los ha menester, e luego en ese punto os los dexaran traher. (II, XXXVI, I.)

Assi vuestra luz alumbre delante los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre, el quál está en los çielos.

Yo os digo a vosotros que ameys a vuestros enemigos y agáys bien a los que os aborresçen.

¿Quién es este al cual el viento y la mar obedescen?

Mirad que os enbío a vosotros como obejas en medio de lobos; por tanto sed prudentes como serpientes y simples como palomas.

No querays poseer oro ni plata; lo que graciosamente recibís, dadlo graciosamente.

*
* *

Perdonanse a ella muchos peccados, porque amó mucho, y dixo a la muger: tu fe te ha hecho salua; vete en paz.

*
* *

Lázaro ven fuera.

Desatadlos y traédmelos; y si alguno os dixere alguna cosa, dezid que el Señor los ha menester, y luego los dexará.

O hijo de David salvanos en las alturas... Bendito es e sea este que viene en el nombre del Señor. (II, XXVII, II.)

Tomad e comed.

Triste está mi ánima fasta la muerte.

E acaesció que vino sobre él vn sudor como gotas de sangre que corría en tierra. (Ibíd., párrafo VIII.)

Como a ladron me salisteis a prender con espadas e con lanças... cada día estaua con vosotros en el templo enseñando e predicando e no me prendistes. (Ibíd., párrafo VIII.)

Dios te salue, rey de los judíos... Dábanla en la cara bofetadas. (Ibíd., párrafo V.)

E salió luego Jhesús... trayendo en su cabeça corona de espinas e un manto de púrpura encarnado, e un cetro de caña en la mano... E entonces dixoles Pilatos: Ecce homo. (Ibíd., párrafo VI.)

No tenemos otro rey sino César. (Ibídem, párrafo VII.)

Este es Jhesú nazareno, rey de los judíos. (II, LXIII, IV.)

Ya, tú eres el que destruyes el templo de Dios... Abaxa de la cruz. (Ibíd., párrafo VII.)

Sáluanos, hijo de David; bendito el que viene en nombre del Señor. Sáluanos en las alturas.

Tomad y comed.

Triste está my ánima hasta la muerte.

Su sudor era como gotas de sangre que corrían en tierra.

*
* *

Como a ladrón me avéis salido a prender con palos y armas, quando cada día estava con vosotros en el templo enseñando, y no me prendistes.

*
* *

Dios te salue, rey de los iudios. I dábanle de bofetadas.

*
* *

Salió, pues, Jesús, fuera, coronado de espinas y vestido de grana, y dixoles Pilatos: e aqui al hombre.

*
* *

No tenemos, rey sino a Çesar.

*
* *

Jesús naçareno, rey de los iudios.

*
* *

Tú eres el que destruyes el templo de Dios, baxa de la cruz.

¿Quién nos reboluerá la piedra que está puesta a la entrada del monumento? (II, LXXI, II.)

Bien sé que buscáys a Jhesú-christo crucificado e nazareno; leuantose, no es aquí. (Ibíd., párrafo IV.)

No queráys temer. Id e recontad estas cosas a mis hermanos, e dezildes que vayan a Galilea, e alli me verán. (Ibíd., párrafo II.)

Es verdad que el Señor es resuscitado e apareció a San Pedro. (II, LVVVII, I.)

O agenos de buen entendimiento... o tardios e detenidos de coraçon... en creer en las cosas que hablaron los profetas; ¿por ventura no sabés que fué menester que padeciesse Christo estas cosas, e que por esta manera entrasse en su gloria? (II, LXXVI, II.)

Recebid e tomad el Espíritu Sancto... Todos los pecados que vosotros perdonáredes a los hombres, serán perdonados a ellos... (Ibíd., párrafo VII.)

¿Quien nos alçará la piedra de la puerta del monumento?

*
* *

A Jesú nazareno buscáis; ya es resucitado, no está aquí.

*
* *

No temáys. Yd y dezid a mis hermanos que vayan a Galilea, porque alli me verán.

*
* *

Verdaderamente el Señor a resuscitado y aparescido a Simon.

O nesçios y tardos de corazón para creer todo lo que han hablado los prophetas, ¿no era neçesario que Xpo. padesçiese y asi entrase en su gloria?

*
* *

Recebid el Spíritu Sancto; a aquellos que perdonáredes los peccados, les serán perdonados.

Podríamos continuar aduciendo textos de ambos libros para probar la identidad de uno y otro; mas no hemos de dar a esto importancia alguna, puesto que nadie, al tratar de la vida y misterios de N. S. Jesucristo, puede alterar, en gran manera, el texto de los cuatro Evangelistas.

Igualmente podríamos sacar párrafos contextes de Flos Sanctorum, de Vita Christi, de la Imitación de Cristo y de los Ejercicios; mas tal labor, además de pesada, resulta un tanto enojosa, por lo cual, nos permitimos remitir al lector, si desea comprobar esto, al tomo 55 de Monumenta Ignatiana, páginas 64 y siguientes.

Autores hay, también, que sostienen que San Ignacio tomó para su obra muchos pasajes del libro escrito por el V. P. García Cisneros, de la Orden de San Francisco, titulado Ejercicios de la vida espiritual en 1400.

El P. Lorenzo Nieto dice acerca de esto: “que Fray Xanones dió a Ignacio y le enseñó unos ejercicios espirituales, en los cuales se ejercitó Ignacio, cuando estaba en Manresa, para lo cual venía al monte Serrato”[77].

El Padre Joaquín Bonanat añade: “Le dió unos ejercicios espirituales del hermano García de Cisneros, de esta casa”[78].

También el Padre Miguel de Santa Fe dice que “le dió unos ejercicios espirituales de Cisneros”[79].

Santiago Campomany y Francisco Godofredo, Prior del monasterio de Monte Serrato, dicen que Ignacio recibió los ejercicios de Xanones, por el Ejercitatorio del Padre Cisneros.

Igual sostienen los PP. Ribadeneyra y Girón, S. J., y el P. Lerma, O. S. Ben.

Sin embargo de todo esto, el Padre Yepes afirma[80] que San Ignacio aprendió los ejercicios espirituales en él (convento de Montserrat), que después con tanta gloria suya y de su religión esparció y publicó por todo el mundo.

El abad Constantino Cayetano, de la Orden de San Benito, publicó en Venecia, el año 1641, una obra titulada: De religioso Sancti Ignatii sive Euncionis fundatoris Societatis Jesu per patres benedictinos institutione. Deque libello exercitiorum ejusdem al Exercitatorio U. S. D. García Cisnerii abbatis benedictine magna ex parte denunpto. Constanti abbatis Cajetani vindicis benedictine libri duo[81].

El P. Juan Marcial Besse, de la Orden de San Benito, dice respecto a esta obra[82]: “Los primeros capítulos del segundo libro intentan verdaderamente establecer, contra Ribadeneyra, que los Ejercicios Espirituales no han sido compuestos en Manresa, pues el autor busca y pone de relieve minuciosamente lo que puede haber de común entre el libro de Cisneros y el de San Ignacio.”

“De aquí se deduce esta conclusión: ¿Será preciso encarecer la importancia de la tesis sostenida en esta obra? El buen sentido habrá hallado la razón.”

Esta opinión la han compartido muchos autores, no sólo del siglo XVII, sino de nuestros días. Y así encontramos al P. Bruno Albers, de la Orden de San Benito, que dice: “Y estos mismos jesuítas deben su nacimiento y sus ejercicios a la Orden de San Benito, pues ya en el año 1496 (el autor debió decir el 1500) García, abad del Monte Serrato, publicó un libro de ejercicios, el que después tomó el fundador de los jesuítas, lo cambió un poco y lo dió a sus alumnos y discípulos”[83].

Sin embargo de todo lo expuesto, quien lea el Ejercitatorio[84] podrá ver que si hay algunos lugares comunes a ambos autores, no obstante, se diferencian bastante en el orden y en la exposición, y muchas cosas hay en el libro de los Ejercicios que ni siquiera se mencionan en el Ejercitatorio, como el principio y fundamento, el examen particular, del Reino de Cristo, de las dos vigilias, los tres binarios y todas las demás reglas para escoger el momento oportuno de elección y reforma de vida.

El Ejercitatorio es, como si dijéramos, un libro para guiar a los maestros.

Los Ejercicios, en cambio, sirven para que los maestros puedan guiar, en efecto, pero también pueden guiarse por sí mismos los ejercitantes con sólo leerle y meditarle.

En la Regla de San Benito dice el Padre Pierdet O. S. B.: “Estos ejercicios resultaron maravillosos, pues hasta entonces no eran conocidos y fundados en un sistema en que las eternas verdades de la fe, existen íntimamente unidas e interiormente encadenadas y contienen todo lo que al alma pueda purificar, limpiar, formar y salvarla, y especialmente para llevarla al escalón de la perfección que Dios en ella impuso, y al plan a que ella está llamada a recibir, según predestinación divina”.

El autor de los Ejercicios se inspiró para escribir el capítulo de los tres grados de la humanidad, reduciendo a tres los doce que constituyen, según el Patriarca de los monjes de Occidente, toda la escala de la perfección.

De otros autores a quienes leyera San Ignacio, bien en Loyola o en Manresa, y de los que tomara pensamientos o ideas para su libro, se ha dicho bastante[85], pero como esta reseña biográfica va extendiéndose demasiado, no queremos decir más sobre este punto, terminando con lo siguiente: San Ignacio, cuando escribió este maravilloso libro, carecía de ilustración científica[86] y apenas había leído alguno que otro libro piadoso; por tanto, mal podía tomar pasajes, ideas, pensamientos, sentencias, etc., de libros que no vió, como se le quiere atribuír.

Y, expuestos estos datos biográficos, pasaremos a estudiar su bibliografía.

CAPILLA-SEPULCRO DE SAN IGNACIO

 

 

PARTE SEGUNDA

BIBLIOGRAFÍAS

BIÓGRAFOS

DE

SAN IGNACIO DE LOYOLA

PRIMERA PARTE

BIÓGRAFOS
DEL SANTO

Como la vida del Santo ha sido escrita, según al principio dijimos, por muchos y muy autorizados autores, en nuestro deseo de ilustrar cuanto podamos al lector, nos ha parecido procedente aportar una ligera relación de la mayoría de los escritores que dedicaron su pluma y su inteligencia a estudiar con todo detenimiento a San Ignacio en su vida y en su insigne e ínclita fundación.

Para mejor conocimiento de tales datos, haremos primero una relación de los biógrafos españoles y después detallaremos los que escribieron en otros idiomas.

BIÓGRAFOS
NACIONALES

Astraín (P. Antonio, S. J.): Historia de la Compañía de Jesús, tomo I. San Ignacio de Loyola; 1540.

Ribadeneyra (Pedro): Vida del bienaventurado Ignacio de Loyola, fundador de la Religión de la Compañía de Jesús; 1585-86.

García (Francisco, S. J.): Vida, virtudes y milagros de San Ignacio de Loyola; 1685.

Nieremberg (J. Eusebio, S. J.): Vida de San Ignacio.

Ortiz Lorenzo: Origen e institución de la Compañía de Jesús en vida de San Ignacio.

Fluviá: Vida de San Ignacio.

Creixell (Juan, S. J.): San Ignacio en Barcelona y en Manresa. Reseña histórica de la vida del Santo[87].

Ricardo (José María, S. J.): San Ignacio de Loyola.

Astraín (Antonio, S. J.): Historia de la Compañía de Jesús en la asistencia de España; 1902.

Luque Fajardo (F.): Vida de San Ignacio, fundador de la Compañía de Jesús.

Mir: Vida de N. P. San Ignacio de Loyola.

AUTORES QUE ESCRIBIERON
EN LATÍN
LA VIDA DEL SANTO

Maffeé (Juan Pedro, S. J.): De vita et moribus Ignatii Lojolae qui Societatem Jesu fundavit; 1585.

Polanco (Juan Alfonso, S. J.): Vita Ignatii Loiloae et rerum Societatis Jesu historia; 1894.

Acta Sanctorum. Jul., tomo VII.

Monumenta Ignatiana, tomo II.

Bidermann (J.): De Ignatio Loyola, libri 3. Dillincal; 1625.

Bombino (P. P.): Vita Sancti Ignatii; 1615.

Compendium vitæ S. Ignatii Loyola, S. J., Fundatoris.

Lyrous (Adrianus): Apopthemata sacra Ignatii De Loyola.

Pérez de Vera: Breve compendium metro heroico adaptatum vitæ apostolorum instar Divi Ignatii a Loyola.

Bartolus (P. Daniel): De vita et institutio Sancti Ignatii Loyola.

Gretieros (Jac.): Ignatii, libri V, apologetici pro vita B. P. Soc. Jesu fundationis adversus calumnias Lithi Miseni.

EN ITALIANO

Ribadeneyra (P. Petro): Ignatio Loyola vita del P. tradutta da Giovanni Giolito de Ferrari.

Bartolli (Daniel): Della vita e del Instituto di S. Ignazio; 1650.

Virgilio Nolasco: Vita del Patriarca Sant Ignatio di Loyola; 1701.

Tachi Venturi (Pedro, S. J.): Della prima edizione della vita de N. S. P. Ignazio, scriteta dal P. P. Ribadeneyra.

Lucas: Vida scripta di St. Ignatio di Loyola.

Bartolus: Vita et institutio de Sancto Ignatio, fundatore de la Compania di Guiesu.

EN FRANCÉS

Bouhours (Domingo, S. J.): La vie de Saint-Ignace, fondateur de la Compagnie de Jesu; 1679.

Clair (Charles): La vie de S. Ignace de Loyola, d’après Pierre Ribadeneyra son premier biographe; 1891.

Denis (Ant.): Saint Ignace de Loyola, son aimable sainteté, son admirable pussance, et son culte; 1885.

Bibliothèque de la Compagnie de Jesu, tomo I. Ignatio Loyola.

Sonaveerbogel: Bibliothèque Historie de la C. J., tomo X. Bibliographie[88].

EN INGLÉS

Rose Stewart (S. J.): Sant Ignatius Loyola and the early (Jesuits); 1891.

Thomsom (Francis): Life of St. Ignatius Loyola.

EN ALEMÁN

Nieuweuhoff (Villem van): Leven van den M. Ignatius van Loyola; 1892.

Genelli (Chr.): Leben des H. Ignatius von Loyola; 1848.

 

 

BIÓGRAFOS

DE LOS

«EJERCICIOS ESPIRITUALES»

SEGUNDA PARTE