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San Ignacio de Loyola

Chapter 54: El Debate:
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About This Book

Presenta la vida y obra del fundador de la Compañía de Jesús, ofreciendo una biografía acompañada de bibliografía y un análisis filosófico de los Ejercicios espirituales, considerados aquí como vehículo doctrinal y ético. El autor examina las fuentes internas y externas que inspiraron el texto, expone sus teorías morales y su método espiritual, y valora su influencia en la formación de conciencias y en la vida social. Incluye prólogo y consideraciones sobre la situación intelectual contemporánea, proponiendo la doctrina examinada como respuesta al materialismo y al escepticismo. El estudio combina erudición documental con una intención apologética y pedagógica.

“Don Luis Salves y Fernández, oficial de tercer grado del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos y secretario del Archivo general de los Ministerios de Instrucción Pública y Bellas Artes y Fomento,

CERTIFICO: Que por el Negociado correspondiente se ha remitido a esta dependencia el expediente de adquisición de la obra de don Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos titulada Francisco Valles (el Divino), en la que existe un documento cuya copia literal es como sigue:

Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.—Excelentísimo señor: El señor académico de número de esta Corporación encargado de examinar la obra que después se expresará, ha emitido el siguiente dictamen: Ha examinado esta R. Academia el libro titulado: “Los grandes filósofos españoles: Francisco Valles (el Divino). Biografía, datos bibliográficos, sus doctrinas filosóficas y método, por Eusebio Ortega y Benjamín Marcos, con un prólogo del doctor don Adolfo Bonilla y San Martín. Madrid. Imprenta Clásica Española; 1914”, a los efectos del artículo 1.º del Real Decreto de 23 de junio de 1899. La importancia del doctor Francisco de Vallés, como usualmente se ha llamado hasta hoy, o de Valles, como no sin fundamento le llaman los autores de este libro, es notoria en nuestro pasado científico, ya se le considere como el más reputado práctico de su época, en cuyo orden llegó a primer médico de cámara de Felipe II, conquistando este puesto no por favor, sino por su misma fama y por el acierto con que asistió al Rey en una grave enfermedad, y fué nombrado protomédico de todos los reinos y señoríos de Castilla, altisonante título que pocos alcanzaron; ya se mire a los libros de su Facultad, que compuso, y que, divulgados por Europa en varias ediciones, diéronle universal reputación doctrinal; ya, finalmente, a los Tratados en que, remontándose sobre los datos y experiencias propias de su noble oficio, discurrió, si no siempre con acierto, siempre con cordura y con harta profundidad muchas veces, habida cuenta del estado general de los conocimientos en su siglo, sobre los más elevados objetos propuestos a la mente humana. En cuanto puso mano este doctor acreditó su inteligencia preclara y el generoso esfuerzo de una vida consagrada enteramente al estudio, figurando en primera línea entre los más sabios, siendo luminar de muchos y demostrando con su insigne ejemplo la aptitud de los españoles para todo género de especulaciones y trabajos científicos. Divulgar el conocimiento de la vida y doctrinas filosóficas de un médico-filósofo del siglo XVI, y español, por añadidura, es empresa digna de loa en la esfera científica, por cuanto contribuye al progreso de la historia de la ciencia, y particularmente a la de la ciencia española, y en la esfera política o nacional aún más meritoria, ya que tiende a destruír la funesta y absurda preocupación que a tantos amilana hoy de nuestra ineptitud para ciertos estudios; viendo lo que hizo y consiguió el doctor Valles en otro tiempo, se animarán los que en el nuestro se sientan con vocación para sus mismas o análogas ocupaciones. Este intento patriótico parece que va unido al histórico-científico en los autores del libro, los cuales se proponen publicar otros varios, dedicados a los principales filósofos que han florecido en nuestra patria, y sólo el propósito merece ya premio, como estímulo; y la manera de realizarlo en este volumen, respecto del doctor Valles..., también debe ser calificada como de mérito relevante, por los documentos nuevos que aporta a la biografía del célebre doctor, por la buena distribución de las partes del libro, por la claridad y sencillez en la expresión, por lo mesurado e imparcial de su crítica, y aun por la brevedad..., circunstancias todas que aconsejan la adquisición de este libro para las bibliotecas públicas. Y habiendo aprobado la Academia el preinserto informe, tengo la honra de comunicarlo a V. E. para su conocimiento y resolución que estime más acertada, devolviéndole adjunto el expediente que ha motivado esta consulta. = Dios guarde a V. E. muchos años. = Madrid, 15 de abril de 1914. = El Académico

Secretario perp.º, Eduardo Sanz y Escartín. = Rúbrica. = Excelentísimo Sr. Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes. Cuyo expediente, sellado con el de esta Dependencia se devuelve al Negociado de que procede.

Y para que conste, a solicitud de los interesados, expido la presente, sellada con el de este archivo y visada por el jefe del mismo. Madrid, doce de noviembre de mil novecientos catorce.Luis Salves (rúbrica).==V.º B.º: El Jefe del Archivo, J. Criado y Aguilar (rúbrica). = Hay un sello del Ministerio de Instrucción.”

 

APÉNDICE II

JUICIOS CRÍTICOS

DE LA PRENSA

ACERCA DEL TOMO PRIMERO DEDICADO A

FRANCISCO DE VALLES

(EL DIVINO)

 

 

JUICIOS CRÍTICOS

que ha merecido a la prensa española nuestra OBRA y su primer tomo[270].

En El Imparcial escribió el Sr. Gómez Baquero:

“Dos inteligentes periodistas, don Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos, han emprendido una obra ardua, verdaderamente atrevida, bien que en tales empeños es noble el atrevimiento. Se trata de la publicación de una Biblioteca de los grandes filósofos españoles.

El primer tomo, consagrado a Francisco de Valles (el Divino), médico de Felipe II, se ha publicado recientemente. A juzgar por él, la Biblioteca tiene un fin de vulgarización. Aspiran los autores a dar a conocer en ella la vida y obras de los principales pensadores españoles, narrando su biografía y resumiendo sus doctrinas.

A mi parecer, sería mucho más útil y menos difícil de realizar con relativa perfección una Biblioteca de filósofos españoles compuesta de los textos de los mismos filósofos, trasladados al castellano, cuando primitivamente estuvieren escritos en latín o en otro idioma. Los textos son insustituíbles, son el hecho mismo, la materia primera del conocimiento, siempre que se trata de Literatura o de las obras de la palabra extraliterarias (entendiendo la Literatura en el sentido corriente o estético). Las biografías de los autores, la crítica de los textos, el examen de las doctrinas, la historia externa de los documentos y la bibliografía, como parte de ella, son complementos utilísimos, a veces imprescindibles; pero complementos, al fin, que no pueden suplir al texto, sin el cual no cabe adquirir más que un conocimiento de segunda mano. Con todo, la empresa acometida por los señores Ortega y Marcos es utilísima, de grandes dificultades, y tal, que acaso requerirá la colaboración de muchos y muy versados especialistas, para llevarla a cabo con la perfección que pide su objeto. La iniciativa es plausible y revela afición a los estudios filosóficos y amor a la cultura.

Los autores han tenido la feliz idea de encomendar el prólogo del primer volumen al señor Bonilla y San Martín, autor de una notable Historia de la Filosofía española, en publicación, y que es entre los eruditos españoles uno de los más versados en estos estudios y de los más capaces para llevarlos a término feliz. En su prólogo, muy claro y ceñido al asunto, como de quien domina la materia, resume el señor Bonilla de un modo excelente las doctrinas de Valles, las clasifica y califica con acierto y aporta muchas noticias bibliográficas pertinentes al asunto.

Los señores Marcos y Ortega dan a conocer en su obra algunos datos nuevos, tocantes a la biografía del insigne médico de Felipe II, según hace notar el señor Bonilla, y muestran en todo el libro, en el cual hay pormenores de buen gusto, como la reproducción de la portada de la primera edición de la Sacra Philosophia, de Valles (Turín. 1587), un plausible entusiasmo por enaltecer la fama de los pensadores españoles.”

El Liberal:

“Don Benjamín Marcos y D. Eusebio Ortega, conocidos e inteligentes periodistas, han comenzado la publicación de una “Biblioteca filosófica”.

El primer tomo, consagrado al estudio de las obras de Francisco de Valles, “el Divino”, demuestra plenamente que los señores Marcos y Ortega han emprendido labor tan difícil y fatigosa como es la de divulgar, en una serie de volúmenes, los métodos y las teorías de los grandes filósofos españoles y la revolución que produjeron en la sociedad, cuando les ha permitido realizarla con fruto y perseverancia una sólida cultura, bien escogida y meditada.

En esta labor apologético-expositiva siguen las huellas de Juan Pablo Forner, Gumersindo Laverde Ruiz y Marcelino Menéndez y Pelayo, y así estudian primeramente la bibliografía de Francisco Valles y el medio universitario en que desenvolvió su enseñanza, y hacen después una serena crítica de sus doctrinas filosóficas.

Fué Valles “el Divino”, que por cierto tuvo cuentas con Mateo Alemán, famoso médico de cámara de Felipe II, pensador de mérito, discreto, equilibrado, más aristotélico que platónico, de tendencias eclécticas y conciliadoras, y, en el fondo de su pensamiento escolástico. No tiene la valentía de Gómez Pereira o de Cardoso, ni la erudición de Vives, ni la profundidad de Suárez o de Fox Morcillo, ni el sentido crítico de Pedro de Valencia o de Francisco Sánchez, y mucho menos es un Espinosa o un Raimundo Lulio.

Está a la altura de Simón Abril, de Venegas, de Arias Montano o de Gaspar Cardillo de Villalpando, y aun acaso no llegue a estos dos últimos.

Como dice Adolfo de Bonilla, en un breve y concienzudo juicio crítico de Francisco Valles, “el Divino”, es éste de los que han visto las chispas del espíritu, pero ignoran la fortaleza de su yunque y la crueldad dé su martillo.

Es, sin embargo, oportuna y meritoria la divulgación que los señores Marcos y Ortega hacen de la biografía y escritos de Francisco Valles, “el Divino”, que dista mucho de ser un pensador vulgar, y aun pudiera figurar con más justicia que otros en el “Philosophen Lexikon, de Eisler.”

Heraldo de Madrid:

“Se ha puesto a la venta el primer tomo de la “Biblioteca filosófica de los grandes filósofos españoles”, que editan nuestros queridos compañeros en la Prensa don Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos.

Este primer tomo lo consagran por entero al “Divino Vallés”.

Después de una completísima biobibliografia de Vallés, se extiende en consideraciones amplias acerca de sus doctrinas en todos los ramos de la filosofía. Intercalados en el texto lleva varios interesantísimos grabados. El tomo, lujosamente editado, consta de más de cuatrocientas páginas en 8.º, y se vende en Madrid, a cuatro pesetas ejemplar.

“Como la obra se lo merece, prometemos ocuparnos de ella con más extensión”[271].

El Universo:

«LOS GRANDES FILÓSOFOS
ESPAÑOLES»

“Los periodistas señores don Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos, inteligentes operarios de esta labor enunciadora y fatigante como ninguna, que consiste en averiguar lo que no importa, pensando en que quizá importará a los demás, acaban de tener un gesto absurdo: comenzar la publicación de una Biblioteca, en que revivan los escritos de Los grandes filósofos españoles. Decimos que el gesto es absurdo, porque es todo lo contrario, representa todo lo contrario, exige todo lo contrarío que el oficio en que somos compañeros los señores Ortega y Marcos y nosotros.

Es decir, los señores Ortega y Marcos andan ahora averiguando, en los escritos de los grandes filósofos de España, lo que de seguro les importa a ellos, arrostrando el peligro de que no les importe a las gentes. ¿Absurdo el gesto, dijimos? Y heroico también, porque para eso habrán robado tiempo al descanso, en aras de un patriótico impulso, en ofrenda a su amor a lo trascendental, huyendo, al paso, unas horas de “lo que dicen los reformistas” y la “actitud de Montero”...

El acervo glorioso de la Filosofía española desfilará por esta Biblioteca, que ahora comienza con el interesantísimo y documentado estudio del perínclito doctor de cámara de la R. M. de Felipe II, Francisco de Valles, que acredita a los señores Marcos y Ortega como espíritus disciplinados en este linaje de abandonadas investigaciones, y amantes de los prestigios de la Ciencia hispana.

Felicitamos efusivamente a los inteligentes compañeros, y deseámosles el éxito feliz a que su patriótico empeño tiene derecho.

V. E.

La Correspondencia de España:

“Dos laboriosos y cultos periodistas, los señores Marcos González y Ortega, han acometido una empresa de gran importancia.

Han decidido estudiar, en una serie de libros, quiénes han sido los más grandes pensadores españoles, sus métodos y teorías, y la evolución o revolución que produjeron con ellos en la Ciencia y en la sociedad.

Siguen las huellas de Forner, Laverde y Menéndez y Pelayo, campeones principales de la labor apologética-expositiva en España.

Empiezan la Biblioteca filosófica que se proponen fundar, con un libro dedicado a Francisco de Valles (el Divino), médico y filósofo español del siglo XVI.

La primera parte de la obra está dedicada a la biografía y bibliografía de Valles y a la descripción del medio universitario en que desenvolvió sus enseñanzas.

Publican, con ella, cuatro documentos nuevos: tres, relativos al nombramiento de médico de cámara de Felipe II, con 60.000 maravedís de quitación y 20.000 más de ayuda de costa al año, y otro, concerniente al mayorazgo fundado por Valles y su esposa, Juana de Vera, en Madrid, el 12 de agosto de 1587, a favor de sus hijos Gabriel y Diego.

El resto de la obra está dedicado a la exposición de las doctrinas de Valles.

Éste era denominado “el Galeno español”. Elogiáronle Boerhaeve y Piquer, entre otros. Sus comentarios hipocráticos son muy notables.

Su Methodus medendi, y, sobre todo, su obra maestra, De Sacra Philosophia, merecen la atención de todos los eruditos.

Valles conocía el latín, el griego y el hebreo. Creía en todas las supersticiones científicas de su época; pero, no obstante, demuestra en sus obras que tenía clarísimo juicio y vasta erudición.

Era, en suma, si no un gran filósofo, un pensador distinguidísimo y un médico eminente, dado el estado de la Medicina en el siglo XVI.

El prólogo del señor Bonilla y San Martín es notabilísimo.

Retratos y reproducciones fotográficas de documentos ilustran la obra, que debe figurar en la biblioteca de toda persona amante de los estudios filosóficos.

V.

Diario Universal:

“El intento de dar a conocer y divulgar las obras de los filósofos españoles, que han emprendido los señores Ortega y Marcos, es altamente patriótico y digno de loa. Cuanto en este sentido se haga nos parecerá poco, y con esto ya queda dicho que, aparte las cualidades intrínsecas de la obra, el solo hecho de haberse lanzado a escribirla ya nos obliga al elogio.

Además, el libro no es malo. Acaso adolezca del defecto de ser un poco desordenado, sin duda a causa de la colaboración; pero, de todos modos, este defecto no es muy considerable en una obra del género a que pertenece la escrita por los señores Ortega y Marcos.

La armonía de conjunto, si en todo libro es de desear, en unos es más necesaria que en otros. La obra, de carácter puramente literario, en que ante todo ha de atenderse a producir en el lector una profunda impresión de belleza, quedará siempre estropeada si en su composición no se atiende escrupulosamente a darle ese aspecto armonioso y elegante del conjunto.

Cuando el libro, aunque literario, ya no es de literatura pura, sino que tiene derivaciones o veleidades críticas, filosóficas o eruditas—sobre todo eruditas—, ya podemos perdonar un poco la armonía en gracia a otras cosas más importantes.

En honor a la verdad, no puede decirse que los señores Marcos y Ortega se hayan cuidado de ello extraordinariamente al escribir su obra sobre Francisco de Valles, médico de Felipe II, llamado por su saber el Divino y autor de muchas e interesantes obras de Medicina y Filosofía, entre las que descuella el notabilísimo tratado De sacra Philosophia. No se han cuidado grandemente de esto de la armonía; pero en cambio han conseguido darnos un trabajo completísimo tanto en la parte biográfica de Valles como en el estudio del medio universitario en que se formó y desarrolló parte de sus actividades, como en la exposición y análisis de sus doctrinas.

En estos tres aspectos, esenciales en todo trabajo del género a que pertenece el de los señores Marcos y Ortega, han hecho lo necesario para darnos una obra seria, documentada y clara. Han aportado a la biografía de Valles datos nuevos y desconocidos y han publicado por primera vez algunos documentos que hasta ahora permanecían desconocidos o conocidos sólo de algún ratón de biblioteca. Y en la exposición y análisis de las doctrinas del biografiado han atendido especialmente a la claridad, como es lógico en esta clase de trabajos destinados a la vulgarización, y como, desgraciadamente, no se practica mas que por muy pocos, pues es sabido que los que se dedican a estas cosas de la Filosofía se consideran siempre en el caso—para darse importancia—de procurar que nadie los entienda.

Fantasio.

El Correo Español:

“Dos notables periodistas, Eusebio Ortega y Benjamín Marcos, han dado comienzo a una tarea meritoria, digna de loa y altamente simpática, por la que les acompaña nuestro más sincero aplauso.

Hoy, que en Literatura se abre campo, cada día más, lo superficial, lo frívolo, lo poco documentado; cuando apenas nada se estudia intensa y extensamente, sino que los que trabajan en las letras diríase que lo hacen, en su mayoría, para el cultivo tan sólo de la extravagancia, adquiriendo desarrollo extraordinario la afición a las cosas extranjeras, vienen dos jóvenes, ya dedicados de lleno al periodismo, y honrando por tal a la clase, a vindicar las glorias nacionales que abundan en el campo científico-filosófico.

La intención de tan ilustradísimos compañeros no puede ser más sana. Quieren recordar las grandes figuras españolas que se han dedicado a estudios de Filosofía, y con ello han de prestar un servicio especial a las letras patrias. Nuestros compatriotas, siguiendo corrientes de frivolidad, contaminados con las teorías y doctrinas de los alemanes y franceses, han olvidado que en España contamos con recursos propios, con filósofos que nada tienen que envidiar a los de otras naciones, y que no necesitamos acudir al Extranjero los que contamos con figuras de tan gran relieve como Séneca y Prudencio, en la España romana; Maimónides y Averroes, en la de los árabes; Raimundo Lulio y Alfonso X, Servet y Valles, Suárez y el Brocense, Hervás Panduro y Balmes, entre los cristianos.

Los señores Ortega y Marcos, por el primer volumen publicado, demuestran lo mucho que han estudiado y lo mucho que saben de estas cuestiones, examinando la obra magna llevada a efecto por el sabio médico de Felipe II, Francisco de Valles (el Divino), como le calificara el Rey Prudente. Además de la biografía de Valles, en la que aparecen documentos de valor reconocido, hacen los autores un competente estudio de la Universidad Complutense, y analizan, al final, las doctrinas filosóficas de Valles, el influjo que tuvieron en las ideas antiguas y el que tienen en las modernas.

Merece la obra de los señores Marcos y Ortega la simpatía de los buenos, de los amantes del pasado nacional.

El Correo:

“Ardua tarea es la emprendida por los señores Ortega y Marcos, iniciada con la publicación del primer tomo de su “Biblioteca de los grandes filósofos españoles”. Anunciamos en el número anterior que dedicaríamos, si no el espacio que la obra se merece, alguna extensión para examinar al divino Valles, a quien dedican los autores su meritorio trabajo.

Nosotros suponemos a los señores Ortega y Marcos con la suficiente preparación para estudiar a nuestros más eminentes pensadores de todas las épocas. Hasta ahora nadie osó realizar tamaño plan.

Contamos, sí, con meritísimos trabajos acerca de determinados pensadores, llámense Luis Vives, Ramón Lull, Fox Morcillo, Fernando de Córdoba o Luis de León; pero una serie de estudios, con plan determinado, que ponga de manifiesto los conocimientos que en todos los ramos del saber legaron a la posteridad nuestros príncipes del saber, al rodar de los siglos; esto, repetimos, se hace ahora por vez primera. Y cierto que buena falta nos hacía resucitar las glorias de aquellos portentosos varones, que al pasar por el suelo patrio marcaron huella imperecedera. Los señores Ortega y Marcos, jóvenes con arrestos sobrados, sabrán dar cima a su obra y merecerán el aplauso de las futuras generaciones.

Necesitaríamos emborronar muchas cuartillas si hubiésemos de analizar por partes el Francisco de Valles. Pasando por alto el prólogo del doctor Bonilla y San Martín, preciado esquema de la obra filosófica del médico de Felipe II., hacemos resaltar la primera parte de la obra que los autores consagran a la biografía y bibliografía de Valles, las más completas hasta ahora, si bien en otra edición creemos que sea agrandada. A la fe de bautismo y otros preciados e inéditos documentos que insertan los señores Ortega y Marcos, añadirán otros no menos valiosos, cuya existencia auguramos. Para resaltar la figura de Valles, no pudieron dejar de hablar los autores del medio ambiente de Valles, y para ello consagran un extenso capítulo a estudiar la Universidad de Alcalá, cuna del biografiado para la ciencia, y donde hoy reposan sus cenizas venerandas.

La segunda parte del libro va dedicada al análisis de las doctrinas del filósofo de Covarrubias. Todos los esfuerzos dedican los autores a dar a conocer la independencia de criterio de Valles, advertida ya por Laverde, Menéndez y Pelayo y otros de nuestros historiadores, aunque no desmenuzada como en la obra presente. Relacionan los autores con las demás escuelas del siglo XVI las doctrinas defendidas por el médico de Felipe II, marcando bien sus tendencias conciliadoras entre Platón y Aristóteles, si bien resaltan su peripatetismo y a veces su amor a las teorías de la Escolástica, y, en suma, no dejan punto de contacto con otros filósofos españoles, que no quede debidamente marcado en su obra.

Por todo ello, a lo que hemos de añadir la buena presentación de la obra, por sus condiciones tipográficas, no dudamos que tendrá aceptación, pues consideramos que obra de esta índole no debiera faltar a nadie que se precie de conocer algo siquiera de lo que constituyó la ciencia española en el siglo XVI.

Felicitamos sinceramente a los señores Ortega y Marcos y deseámosles muchos éxitos como el obtenido con este su primer libro.

Dunquerque.

El Mundo:

UN LIBRO DE
ACTUALIDAD

Los cultos escritores don Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos han publicado recientemente el primer volumen de su Biblioteca Filosófica. El título del libro es Francisco de Valles (el Divino), y está consagrado, no sólo a la biografía y bibliografía del eximio doctor, hijo de nuestra noble e histórica villa de Covarrubias, sino también, y, sobre todo, a sacar del olvido, presentándolas ante la opinión científica actual, las ideas y doctrinas que en Filosofía profesó y enseñó uno de los pensadores españoles más notables del siglo XVI, las ideas y doctrinas del gran médico de cámara de Felipe II, maestro preclaro de la famosa Universidad de Alcalá.

La obra, dedicada a nuestro augusto Soberano don Alfonso XIII, abre su texto con un prólogo, admirablemente escrito por el ilustre catedrático de la Universidad Central don Adolfo Bonilla y San Martín, prólogo que, en brillante síntesis, erudita y castiza, digna de la docta pluma que la trazó, muestra en conjunto el hondo pensamiento filosófico del divino Valles.

Los esclarecidos publicistas señores Ortega y Marcos encabezan el fondo de este primer volumen con una Introducción o idea de lo que va a ser su Biblioteca Filosófica de los grandes filósofos españoles, y la Introducción, de estilo correcto y llano, adornada de citas y nombres gloriosos, en la que descuella el gusto selecto de humanistas de los dos escritores, afirmándose en las doctrinas tradicionales de las escuelas de nuestra Península, alza un canto de alabanza a la “Ciencia española”.

Yo, desde que allá por los años de mi juventud, leí las cartas preciosísimas de don Marcelino sobre la realidad de la “Ciencia española”, cartas de las que no sé qué alabar más, si el vigor y la claridad de la doctrina o el aticismo y rica pompa con que su áureo lenguaje castellano deslumbra, soy partidario convencido de la existencia en la Historia del pensamiento filosófico español, sin que para dicha fe me hayan estorbado, ni en poco ni en nada, mi libertad y juicio, mi positivismo y mi evolucionismo. De modo que, por este lado, sólo encomios de mi parte merece la docta y patriótica labor de los señores Marcos y Ortega.

La característica culminante de casi todos los maestros que cultivaron la Filosofía en nuestra Patria fué, y aun parece que sigue siendo, el armonismo. Unir en una síntesis lógica y natural, hija de la observación y del raciocinio, el fenómeno y la causa, lo subjetivo y lo objetivo, el ideal y la realidad, el espíritu y la materia, Platón y Aristóteles, he aquí el trabajo constante del pensamiento científico español. Y así son armonistas San Isidoro, Gundisalvo, Mauricio, Raimundo Lulio, Sabunde, Luis Vives—“la cumbre más alta del Renacimiento”—, Miguel Servet, Fox Morcillo, el Brocense, la mayoría de los teólogos españoles, Juan de Dios Huarte y Navarro, doña Oliva, y contribuyeron a este armonismo los estudios positivos de los médicos y anatómicos peninsulares de los siglos XV y XVI, sobresaliendo en la labor Villalobos, Bernardino Montaña de Montserrat, Llobera de Avila, Valverde, Andrés Laguna, Luis Collado, Alcázar, Velázquez, Antonio Cartagena y tantos otros, siendo antes que todos ellos Arnaldo de Villanova; armonismo que se sublima y diviniza en Fray Luis de León, en Santa Teresa de Jesús, en nuestros místicos.

El armonismo filosófico español parece como si respondiera a condiciones geográficas e históricas de la Península ibérica. Al igual que la Religión, el Arte, los usos, las costumbres y el Derecho son frutos naturales de las razas y de las influencias del medio ambiente, pudiendo afirmarse que el sol, la luz, el aire, los elementos de sustentación, el género de vida, resultan a la postre las verdaderas causas de estas reacciones de nuestra psiquis, del mismo modo la Ciencia reviste modalidades y formas propias y peculiares de las regiones en que se cultiva; que con ser la verdad una y la misma para todo el Universo, es piedra preciosa de la cual cada hombre y cada pueblo sólo ven la brillante faceta que les cupo en suerte.

Encrucijada la tierra de España, donde pueden registrarse los estratos étnicos de la evolución humana, ha sido también cruz de los caminos en la que concurrieron los sentimientos y ritos religiosos, las ideas filosóficas, los adelantos positivos y científicos, los aleteos sublimes del Arte, de las distintas razas que sobre este suelo se afrontaron. Pero por condiciones del remanso en que tan diversas corrientes de la vida forman el remolino, al mezclarse y fundirse los rasgos antropológicos y los destellos del juicio, la fortaleza de los cuerpos y los anhelos del alma, como en crisol que aquilata y refina el oro, como en lente que reúne y mezcla en la intimidad de su foco central los mil rayos dispersos de la luz, de igual manera aquí las doctrinas más varias, las preocupaciones más diversas, la emotividad hecha sistemas y dogmas y la experiencia hecha saber, se sincopan por alquimia divina del espíritu en un solo ente: la Unidad.

Por eso el gnosticismo alejandrino, acarreado por Prisciliano, toma un carácter esencialmente peninsular y ofrece sus dones aprovechables a la obra común de los armonistas; por eso el misticismo escéptico y agotante de los primeros islamitas y de Al-Gacel, trasunto de las concepciones quietistas de la India, lo mismo que el talmudismo del Sepher Jatzirah y el cabalismo hebreo, al pasar por las críticas y doctrinas de Ben-Badja, de Abu-Beker-ben-Abd-el-Melek-ben-Tofail, de Averroes, de Salomón-ben-Gabirol, de Ben-Ezra, de Jehudá-Levi, de Abraham-ben-David, de Maimonides, de Moisés de León, se desnudan de la desesperanza absorbente, del milagro caldeo, de la Taumaturgia de Samaria y ofrecen sus preciados frutos, aquellos únicamente útiles a las escuelas cristianas, que los emplean en la obra sublime de la Unidad.

Este es el motivo por el cual el pensamiento abstracto, juego de especulaciones discursivas, de la Filosofía germánica, no ha podido entrar en la Ciencia española, y, en cambio, el positivismo contemporáneo y la doctrina de la evolución se enseñorearon rápidamente de nuestras enseñanzas y disciplinas. Y es que la Filosofía germánica resulta cosa extraña a la libertad del espíritu español; mientras que el positivismo adáptase de modo admirable, como instrumento de trabajo, a la condición independiente e individualista de nuestra alma nacional, y la doctrina de la evolución nos proporciona el fundamento científico de la unidad, es decir, del armonismo.

Claro que aquí hemos tenido pensadores geniales y aparentemente independientes de este canon filosófico nacional, como han sido Gómez Pereira, Francisco Sánchez y Martín Martínez, entre otros. Mas si escudriñamos atentamente en la Antoniana Margarita, en la obra del apóstol español del escepticismo, y en la Filosofía de Martín Martínez, nos convenceremos bien pronto que las tendencias recónditas de estos sabios, en el fondo, no son otras que las armonistas; ellos buscan el principio universal, la unidad, razón y fundamento del carácter propio que toma la Ciencia en España.

Armonistas han sido en estos mismos días hombres tan doctos y “libres de la república de las letras” como Menéndez y Pelayo y don Estanislao Sánchez Calvo. La ciencia biológica en España, por lo general, empezando por Cajal y llegando al más modesto investigador de laboratorio, cuando se pone a filosofar, tiende al armonismo, sello del saber de la raza.

Pues armonista fué también el divino Valles, situación espiritual que evidencian el libro singular de Sacra Philosophia y mil disquisiciones metafísicas sembradas dentro de sus múltiples obras.

Para explicar Valles el primer capítulo del Génesis tropezó con dos escollos insuperables: el espíritu rígido e intolerable de su tiempo, y el desconocimiento de ciertas verdades sobre Mitología que los estudios y las investigaciones posteriores pusieron en claro. Pienso que si tan poderosos medios hubiesen podido estar al alcance del eximio doctor de la Universidad complutense, y la dureza de la época se lo hubiera permitido, nuestro gran médico armonista habría interpretado el comienzo de la Biblia, partiendo de la creación fenoménica ex nihilo, noción forzosamente impuesta al entendimiento del hombre, hubiera partido, repito, de los cultos prehistóricos turanianos de la “serpiente”, del “árbol” y del “fuego”, y así se daría cuenta del simbolismo que encierra la leyenda del “Paraíso”. Mas de todos modos el divino Valles sostiene la doctrina racional y científica de que el mundo—fenómeno—no es ad aeterno, ni su formación hija de la casualidad... Pero estas digresiones las dejo para unos comentarios que pienso hacer de las hermosísimas conferencias que el ilustre, culto y elocuente entre los elocuentes, D. Diego Tortosa, canónigo de la Catedral de Madrid, ha pronunciado la Cuaresma pasada en la iglesia de San Ginés; entonces será ocasión de volver sobre ellas. Adelanto, no obstante la idea de que, en el fondo, no me separan del ilustradísimo orador de la cátedra sagrada mas que detalles e interpretaciones, pues yo me atengo a la frase luminosa de Sánchez Calvo: “¡Oh, Ciencia! ¡La verdadera Ciencia! Eres teología. De ti saldrá el conocimiento de Dios”.

Conste sólo que no reputo al divino Valles de ecléctico, sino de armonista, concepto bien diferente, y que el armonismo filosófico español se adelantó varias centurias a la síntesis de la ciencia contemporánea columbrando la suprema verdad del Ser, la Unidad. Este armonismo puede expresarse en la siguiente fórmula:

El dualismo repugna al entendimiento humano como absurdo, pues desposee al Ser de su obligada condición de infinitud. El Ser—la realidad—se hace vida por la sensación. Las sensaciones son la única fuente de nuestra existencia y de nuestros conocimientos. De las sensaciones nacen los instintos; de los instintos, los sentimientos; de los sentimientos, las ideas; las ideas producen los juicios, y los juicios, los universales. Luego los universales tienen una única base: las sensaciones. Y como las sensaciones no son mas que actos de la realidad, cuando nosotros sentimos somos la realidad sintiendo; cuando nosotros pensamos somos la realidad que piensa, y todos nuestros estados de conciencia son estados de conciencia de la realidad. Que en últimas cuentas, el Ser—la realidad—y nosotros y todo lo que existe constituímos la misma cosa: la Unidad.

Envío, pues, a don Eusebio Ortega y a don Benjamín Marcos mi felicitación más entusiasta por su obra patriótica y científica al dar a la estampa el hermoso libro Francisco de Valles (el Divino), primer volumen de la utilísima Biblioteca filosófica de los grandes filósofos españoles, que se proponen publicar, animándoles con mi modesto parecer a que perseveren en tan provechosa labor.

Tomás Maestre.

El Debate:

“Los señores Ortega y Marcos han emprendido una labor tan ardua como digna de loa: la publicación de una Biblioteca filosófica.

Todo lo que tienda a facilitar la lectura de nuestros GRANDES FILÓSOFOS, trasladando sus doctrinas de los apergaminados infolios no abundantes y molestos de manejar, merece aplauso.

¿Qué razón tuvieron los señores Marcos y Ortega para comenzar por Valles?

Lo ignoramos, y los autores no nos la explican.

La división en biografía, bibliografía y análisis de las obras es lógico y admisible. Así como muy oportuna la adición de apéndices que contienen capítulos de las obras originales, en los cuales podemos juzgar del estilo, de las dotes de exposición y aun del latín del filósofo médico.

Desde luego la parte de más interés bajo el punto de vista filosófico es la tercera, en que se exponen y comentan las opiniones de Valles.

Con fidelidad y cierta perspicuidad lo consiguen hacer los coleccionadores. Mas sin reducirlas a un cuerpo científico, y por ende, sistemático.

Parecía lo natural que se hubiesen ajustado a las divisiones tradicionales entre los escolásticos, que no son artificiales por cierto, antes fundadas en la realidad. Así habríamos sabido con menos trabajo qué opina Valles en Dialéctica, en Criteriología, en Ontología, en Cosmología, en Psicología, en Teodicea y en Ética.

Los señores Ortega y Marcos optan por englobar en el análisis cuestiones que pertenecen a los comentarios relativos, verbigracia, a las influencias que sufrió Valles, al estado de las ciencias filosóficas en sus días, a lo que añadió, al caudal científico anteriormente existente, a su ortodoxia, etcétera, etc. Todo esto aparte y detrás de un resumen completo y metódico de las teorías del Divino, habría estado muy en su punto, y de ello hubiese podido juzgar con conocimiento de causa el lector. Ahora, y tal y como se le ofrece, difícil le será si no tiene hechos estudios profundos y contraída costumbre; ésta y aquéllos no presumibles en el vulgo intelectual a que la colección se destina.

A la sección bibliográfica no tenemos reparo que oponer.

Nos ha parecido abundante, aquilatada y perspicua.

Biografía apenas tuvo Valles, feliz, si los hombres que no tienen historia lo son como los pueblos.

Una innovación introducen los jóvenes escritores en el nombre del Divino, al cual quitan el acento de la e, queriendo persuadirnos de que se pronuncia Valles y no Vallés, cual hasta el presente se juzgaba y decía.

El argumento en que se fundan... ¡no prueba!

Dicen que en la partida de bautismo no está acentuado el apellido. ¡Tampoco está acentuada la a de sábado, pues se escribe en dicho documento: sabado!

¡Medradas estaban de ortografía las partidas de bautismo del siglo XVI!

Además, que antiguamente no se acentuaba ninguna palabra aguda acabada en consonante; sólo a mediados del siglo XIX se hizo la excepción de que se acentuaran las agudas concluídas en las consonantes n y s.

Lo más débil de todo el volumen se nos figura... la Introducción del Sr. Bonilla San Martín, tan repleta de erudición indigesta y fácil, como falta de sentido filosófico y de profundidad y novedad; y... el prólogo de los coleccionadores, en el que tropezamos con distracciones de positiva importancia. Pudieron excusarse. Porque para los propósitos de la Biblioteca, no eran imprescindibles las disquisiciones de carácter general a que se entregan los señores Marcos y Ortega.

Mas, lo repetimos, el pensamiento orientador es nobilísimo, y la ejecución en el primer paso, acertada... en lo principal, que es lo que importa conforme al perínclito alcalde de Zalamea.

Rafael Rotllan.

La Tribuna.

“Los cultos periodistas señores Ortega y Marcos han publicado recientemente el primer volumen de su “Biblioteca Filosófica de los grandes filósofos españoles”. La tarea no puede ser más simpática y digna de aplauso. Nuestros compatriotas, contaminados con las teorías o doctrinas de Alemania y Francia, han olvidado que en España contamos con filósofos que nada tienen que envidiar a los de otras naciones. Ahora que se pregona muy alto que carecemos, si no de filósofos, sí de escuelas filosóficas propiamente dichas, salen los señores Ortega y Marcos a la palestra, para probar que en España aparecieron de tiempo en tiempo pensadores que dejaron huella en el campo de la Filosofía, los cuales, apartándose de la corriente, trazaron nuevas sendas, seguidas en tropel por muchos de nuestros compatriotas y por no pocos extranjeros. Los autores del Francisco de Valles, por este primer volumen publicado, demuestran lo mucho que han estudiado sobre estas cuestiones.

Al texto de la obra precede un prólogo, admirablemente escrito por el ilustre profesor de la Universidad Central don Adolfo Bonilla y San Martín. Sigue al prólogo una introducción e idea de lo que va a ser su “Biblioteca de filósofos españoles”; hacen a continuación el estudio bibliográfico más completo del divino Valles, y completan el volumen con un análisis de las doctrinas filosóficas del gran médico de Felipe II, haciendo resaltar el criterio independiente de Valles en muchas de las cuestiones filosóficas, como también sus tendencias conciliadoras de Platón y Aristóteles, aunque con marcada predilección por este último.

Con defectos y todo, la obra de los señores Ortega y Marcos merece la simpatía y el apoyo de los buenos, de los amantes de nuestro glorioso pasado nacional.

H.”

Juventud Administrativa:

“Nuestros queridos amigos y compañeros los señores Ortega y Marcos han publicado un libro, que titulan Valles, el Divino, en cuyas páginas, llenas de bella filosofía, no dejan de interesar un instante, y con esta última producción revelan una vez más los referidos amigos su talento y maestría como publicistas. De seguir por ese camino, nosotros creemos que no han de tardar en conquistarse el puesto que merecen en la generación de escritores contemporáneos.

En otro número nos ocuparemos de esta obra más extensamente.”

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En efecto, el 15 de junio se expresó así:

“En el número 19 de nuestra Revista dimos un avance de esta admirable obra de nuestros estimados compañeros en la Prensa los señores don Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos, sintiendo que la publicación de artículos de interés y de actualidad, que no admitían demora, hayan retrasado, bien a pesar nuestro, la breve crítica que brindamos hoy a nuestros lectores.

Con exquisito tacto han realizado los señores Marcos y Ortega una labor altamente provechosa, dando a la publicidad la biografía del gran filósofo español Francisco de Valles, que por sus maravillosas curaciones mereció del gran Rey Don Felipe II el sobrenombre de “El Divino”. Este médico extraordinario y profundo filósofo que, aisladamente, parecía a veces pitagórico, otras aristotélico, y las más platónico, era, en el fondo de su educación filosófica, acérrimo partidario del aristotelismo escolástico. Dueño de un talento fecundísimo, legó a la posteridad considerable número de obras, a cual más notables, entre ellas la intitulada Methodus medendi.

En la forma expositiva han sabido los señores Ortega y Marcos aunar la aridez de los estudios filosóficos con la amenidad de curiosa documentación, empezando por la biografía de Valles, continuando con la bibliografía del mismo, siguiendo con una breve ojeada a la historia de la Universidad de Alcalá de Henares y terminando con el análisis de las doctrinas filosóficas de Valles. Complementa este delicioso volumen un excelente prólogo del ilustrado académico doctor don Adolfo Bonilla San Martín, veinte apéndices, dechado de latinidad, y buen número de curiosos fotograbados.

Con verdadera deleitación hemos leído todas las páginas, habiéndonos confirmado en el juicio que anteriores trabajos de los mismos autores nos habían merecido, sin las cuales esta nueva obra hubiérales bastado para acreditarse como escritores excelentes.

Ardua es la empresa acometida, por lo árida, obscura y poco amena, dado que requiere la lectura, hojeo y estudio de obras, pergaminos y documentos antiguos, redactados unos en idiomas extranjeros y en lenguas muertas, como el griego y el latín otros; pero la vasta ilustración de los amigos Marcos y Ortega les hará salir airosos en la totalidad de la serie que, bajo la denominación de Biblioteca de los grandes filósofos españoles, piensan publicar, y que, seguramente, obtendrán idéntico éxito al logrado con el primer volumen, al que seguirán los dedicados a Sabuco de Nantes y a Gómez Pereira.”

El Diluvio, de Barcelona:

“En las esferas superiores de la intelectualidad española se está sintiendo la necesidad de despertar de su modorra el espíritu de nuestra patria por medio de un movimiento filosófico que levante los ánimos a las alturas del pensamiento, arrancándolos del escepticismo y la inercia espiritual en que vegetan. De esta noble aspiración se hizo cargo Ortega y Gasset en su discurso del Ateneo, y a su llamamiento han respondido algunos espíritus cultivados, entre ellos, probablemente, los autores del libro cuyo título encabeza estas líneas.

La importancia mayor que esta publicación reviste se cifra en que no se trata de un libro aislado, sino del primero de una serie que ha de abarcar, si la predicción se cumple, a todos los filósofos españoles. La cuestión que se presenta al llegar a este punto es la siguiente: ¿Han existido realmente filósofos españoles?

Si por “filosofía” se entiende un sistema universal de todas las ciencias, nuestra opinión es que no hemos tenido filósofos. Han existido en España, como en todas partes, hombres que han filosofado, que han llegado muchas veces a las entrañas de las cosas, pero no han formado un sistema, y sin esto no hay propiamente Filosofía. Se han atenido todos nuestros pensadores anteriores a nuestro tiempo, ora a Platón, ora a Aristóteles, permitiéndose alguna vez formar opinión propia sobre determinado asunto, pero no un sistema bueno o malo. Ni lo han hecho, ni podían hacerlo en los tiempos anteriores a la revolución, estando España dominada por el tradicionalismo.

Bastan estas consideraciones para formarse idea de lo que fué Valles como filósofo a mediados del siglo XVI, en plena Inquisición española. Fué, en verdad, un espíritu culto con pujos de independencia, pero pesaba sobre él la autoridad religiosa, que se limitó a comentar. El libro que ha valido a Valles el título de FILÓSOFO fué Sacra Philosophia, que pudo llamarse igualmente Teología, pues no se aparta un ápice de la Escritura, sino que se guía por ella. Su calidad de médico insigne le permite ilustrar ciertos puntos con sus conocimientos científicos sin llegar a ser original para merecer el nombre de filósofo.

Como quiera que sea, debemos agradecer a los autores que se han tomado este trabajo y se preparan a otros mayores, a fin de dar a conocer los tesoros intelectuales de nuestro siglo de oro, que llenaron el mundo y se hallan ahora envueltos en el polvo de los siglos. Algunos nombres se han salvado del olvido; otros, no; pero las obras de unos y otros son casi inaccesibles. El esfuerzo de los editores y comentadores los volverá a poner en circulación.

No podemos terminar esta nota sin hacer constar que, a juicio nuestro, son demasiado tímidos nuestros comentadores y apegados a la ortodoxia, que no lo sería más un contemporáneo del autor comentado. Este empeño les hace incurrir en infidelidades, atribuyendo al autor lo que ha pensado para salvarlo de toda tacha anticatólica. Así y todo, los inquisidores tacharon sus escritos, cosa que no harían con los de los comentaristas Eusebio Ortega y Benjamín Marcos, modelo de catolicismo.

El prólogo del señor Bonilla es la obra de un maestro y contiene en pocas páginas una cantidad de doctrina que avalora esta edición y viene a ser el frontispicio del monumento que se va a levantar a la llamada filosofía española.”

El Demócrata publicó un artículo-resumen del doctor Maestre en El Mundo, con las fotografías de los autores.

El Eco de Alcalá, en distintos números, recogió el apéndice que se refiere a la historia de la Universidad de Alcalá de Henares.

Por no hacer más pesado este apéndice, no recogemos cuánto dijeron casi todos los periódicos de provincias y muchas revistas técnicas, nacionales y extranjeras, aprovechando esta oportunidad para reiterarles nuestro sincero reconocimiento.

HOMENAJE DEL PUEBLO DE COVARRUBIAS A LOS AUTORES

El pueblo de Covarrubias, cuna de Francisco de Valles (el Divino), tuvo a bien honrar a los autores del libro con un homenaje, de cuyo acto se levantó un acta.

La prensa, refiriéndose a esto, dijo:

El Universo:

EN HONOR DE
DOS PERIODISTAS

“Comunican de Covarrubias (Burgos) que el Ayuntamiento de dicha villa ha celebrado sesión solemne y extraordinaria, a la que concurrieron, además del Concejo en pleno, todas las autoridades y el pueblo en masa.

En dicha sesión se tributó un homenaje de gratitud a los periodistas madrileños señores Ortega y Marcos, por la publicación del primer tomo de su “Biblioteca filosófica de los grandes filósofos españoles”, en el que estudian a Francisco de Valles (el Divino), hijo ilustre de esta villa y honra de las letras patrias, agradeciendo a dichos señores la atención finísima que han tenido para Covarrubias, al propio tiempo que realizan su labor cultural y de difusión de la Filosofía española, siendo aclamados”[272].

El Liberal de Avila:

“Ya dijimos a nuestros lectores que habíamos recibido un ejemplar del primer tomo de la “Biblioteca filosófica de los grandes filósofos españoles”, con el que nuestros queridos amigos don Benjamín Marcos y don Eusebio Ortega estudian a Francisco de Valles (el Divino).

Pues bien; como el pueblo donde Valles naciera, Covarrubias, tuviera conocimiento de esta obra, el Ayuntamiento de dicha villa celebró sesión solemne y extraordinaria, asistiendo el pueblo en masa y las autoridades todas, dedicándola exclusivamente a tributar un homenaje a nuestros compañeros en la Prensa señores Ortega y Marcos, con motivo del meritísimo trabajo acerca del filósofo covarrubiano.

El alcalde-presidente, don Lucas González, hizo un elocuente discurso, manifestando cuán grato le era hablar en aquellos momentos para rendir un homenaje al que fué gloria de este pueblo y honra de la ciencia filosófica española, Valles, y a los señores Ortega y Marcos, que han realizado esta obra admirable de difusión, de cultura patria, como es la que representa la publicación de su “Biblioteca filosófica”.

En vista de ello pidió a sus compañeros de Concejo que se tomara algún acuerdo sobre el particular.

Enterados los señores capitulares—dice el acta de dicha sesión—de lo manifestado por la presidencia y queriendo dar una prueba de gratitud a los cultísimos periodistas madrileños don Benjamín Marcos y don Eusebio Ortega, por su obra consagrada al gran Valles, acordaron por unanimidad:

1.º Hacer constar en acta el agradecimiento de esta villa, y en su representación el de este Ayuntamiento, hacia dichos señores periodistas, por su meritísimo trabajo.

2.º Aceptar con sumo gusto y como un honor la ofrenda que hacen los señores Marcos y Ortega del ejemplar primero de su “Biblioteca filosófica de los grandes filósofos españoles”, dedicado al gran Francisco de Valles, como primicias de su labor cultural, a quienes este Ayuntamiento felicita cordialmente; y

3.º Que para satisfacción de dichos señores se expida a su favor por esta alcaldía una copia certificada del acta de esta sesión.”

*
* *

Los señores Marcos y Ortega reciben miles de felicitaciones por el acuerdo del Ayuntamiento de Covarrubias.

En Madrid se trata de rendirles un homenaje.

No hemos de ocultar nuestra satisfacción por los éxitos de estos dos amigos y compañeros, uniendo a estas felicitaciones la nuestra muy sincera y a ese homenaje que se les prepara.”[273]

El Imparcial:

“Nuestros queridos compañeros en la Prensa don Eusebio Ortega y don Benjamín Marcos han obtenido un éxito considerable con su obra Francisco de Valles (el Divino), que figura a la cabeza de la Biblioteca filosófica de los grandes filósofos españoles. En los pocos días que lleva publicada esta obra casi se ha agotado la copiosa edición del libro, que es uno de los más interesantes que han visto la luz en España, y el pueblo de Covarrubias les ha tributado un homenaje de gratitud.

Reciban por esto, una vez más, nuestra sincera felicitación.”

Diario de Burgos:

“Siempre estuvieron las columnas del Diario de Burgos propicias para hacerse eco de todo lo que significara progreso, pero más cuando de un modo directo afectara a los intereses culturales, morales o materiales de la capital o de la provincia.

Hace poco tiempo dedicamos justísimos elogios a la obra recientemente publicada por el meritísimo y laureado escritor burgalés D. Isidro Gil, en la que resucita, por decirlo así, timbres de gloria provinciana, excesivamente olvidados.

Hoy lo hacemos también gustosos de la obra, valiosísima por cierto, de otro escritor burgalés, el cual, aunque novel, se revela como gran escritor y conocedor de nuestras glorias científicas pasadas en este su primer trabajo literario, consagrado al hijo de Covarrubias Francisco de Valles, gloria de la ciencia española.

Hasta ahora, ni los historiadores de la filosofía española, ni los biógrafos de Valles han hecho un estudio tan completo del filósofo covarrubiano, ya en lo que atañe a su biobibliografía, bien a las teorías filosóficas que cultivó y a las veces ideó con acierto.

El señor Ortega, amante como el que más de las glorias patrias y entusiasta de cuanto atañe a su provincia, con la valiosa cooperación de don Benjamín Marcos, han emprendido una serie de trabajos que ha de merecerles el aplauso de todo el que sienta en sus venas la sangre española.

Quieren estudiar, como ellos mismos dicen, quiénes han sido los más distinguidos pensadores españoles, “cuáles los métodos y teorías por éstos expuestos y la evolución o revolución que produjeron en la ciencia y en la sociedad tales hombres y tales teorías”.

Los pensadores españoles de los pasados siglos, padres en los más de los casos de ideas y teorías que dieron renombre más tarde a talentos no más que medianos de otros países, es preciso que renazcan, que sean divulgados, que lleguen al alcance de nuestros escolares y también que tengan eco en el extranjero, donde a muchos sabios les preocupan ya los nuestros.

A esto obedece el plan trazado por los señores Ortega y Marcos: a encauzar por pasados gloriosos derroteros la moderna ciencia, para reconquistar la gloria que entonces nos cupo. Seguros estamos de que los autores del Francisco de Valles verán coronada su obra por el éxito.

En ella hay mucho que aprender acerca de la vida de Valles y de sus doctrinas. Por vez primera publican la fe de bautismo del Hipócrates español (así llamaron a Valles), amén de otros documentos, hasta la fecha inéditos, tres de ellos relativos al nombramiento de médico de cámara de Felipe II (en 15 de octubre de 1572), y otro al mayorazgo fundado por Valles y su mujer Juana de Vera en Madrid, a 12 de agosto de 1587, en favor de sus hijos Gabriel y Diego de Valles.

A esto, que los autores colocan en la parte biográfica de Valles, sigue una completísima bibliografía vallesiana, un capítulo dedicado a estudiar el medio ambiente universitario en que vivió el Divino, y completa, finalmente, la obra una razonada y metódica exposición de las doctrinas de Valles en todos los órdenes de la filosofía, puntos de contacto con otros pensadores españoles, sin contar aquellos en que nuestro ilustre paisano revela peculiar originalidad.

Nunca agradecerán Burgos y Covarrubias lo bastante a los señores Ortega y Marcos el estudio que a hijo tan glorioso como Valles han dedicado. No dudamos de que nuestros Ayuntamiento y Diputación tomarán alguna iniciativa. El libro, que consta de más de 400 páginas, en 8.º, en lujoso papel, lleva intercalados con el texto seis interesantes grabados relativos a Valles.

Felicitamos sinceramente a los autores, deseándoles constantes éxitos y hacémosles saber que nosotros somos los primeros en aplaudir sus iniciativas en pro de la ciencia española.”