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San Ignacio de Loyola

Chapter 65: ÍNDICE
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About This Book

Presenta la vida y obra del fundador de la Compañía de Jesús, ofreciendo una biografía acompañada de bibliografía y un análisis filosófico de los Ejercicios espirituales, considerados aquí como vehículo doctrinal y ético. El autor examina las fuentes internas y externas que inspiraron el texto, expone sus teorías morales y su método espiritual, y valora su influencia en la formación de conciencias y en la vida social. Incluye prólogo y consideraciones sobre la situación intelectual contemporánea, proponiendo la doctrina examinada como respuesta al materialismo y al escepticismo. El estudio combina erudición documental con una intención apologética y pedagógica.

APÉNDICE III

CARTA

QUE SU SANTIDAD EL PAPA LEÓN XIII DIRIGIÓ AL PREPÓSITO GENERAL DE LA COMPAÑÍA DE JESÚS, P. LUIS MARTÍN, EL DÍA 8 DE FEBRERO DE 1900

 

 

“Amado Hijo, salud y bendición apostólica.

 

Cuan eficazmente puedan ayudar los Ejercicios, de San Ignacio, a la salvación de las almas, lo lleva ya demostrado la experiencia de tres siglos. Y considerada la naturaleza de las cosas, no podía ser de otra manera. Todos los extravíos de la vida del hombre nacen del obscurecimiento en su alma de las verdades divinas, único freno capaz de detenerle en el camino de sus deplorables desórdenes; y precisamente la virtud propia de los Santos Ejercicios y su gloria especial consiste en que derraman sobre dichas verdades torrentes de nueva luz y maravillosamente nos las esclarecen cuando se nos presentan confusas.

Por otra parte, es evidente que el orden moral de la humana sociedad dimana de la moralidad individual de los miembros de ella. Es indudable, pues, que los días de retiro empleados en la meditación de las verdades eternas promueven, con la santificación de los individuos, el bien general de la sociedad.

Tan sabia persuasión ha inspirado a varios Padres de la Compañía de Jesús, sobre todo en Francia y en Bélgica, la idea de fundar casas de retiro para la clase obrera, ya que es ésta blanco privilegiado de las insidiosas maniobras de los malvados para corromperla.

Con la más viva satisfacción hemos visto establecerse dicha Obra y hemos tenido noticia de los frutos abundantísimos que hasta el presente se han cosechado de ella, siendo, como es, uno de Nuestros preferentes cuidados, como de ello dan harto testimonio Nuestros actos, el bien de las clases trabajadoras.

No podemos, por consiguiente, dejar de pagar merecido tributo de elogios a esa noble iniciativa de los hijos de la Compañía, y muy de corazón rogamos a Dios la colme de abundantes bendiciones, etc.

El Pontífice Pío X, en un Breve del 8 de diciembre de 1904, dice:

“Siempre hemos tenido en particular estima la práctica de los Ejercicios espirituales, singularmente en la forma en que los dispuso, sin duda por inspiración del Cielo, San Ignacio, por su especial eficacia en orden a la reforma de costumbres y fomento de la vida cristiana. Hoy, empero, elevados al cargo del supremo apostolado, más claramente comprendemos de cuán extraordinario auxilio puede sernos tal práctica para Nuestra emprendida tarea de restaurar en Cristo todas las cosas, si además de darse a los clérigos, se generaliza entre los mismos seglares.

....................................

No pudisteis, en verdad, discurrir medio más eficaz de ayudar a la clase obrera, expuesta en estos tiempos a tantos peligros. Porque llamando sus almas a la consideración de las verdades eternas, y convenciéndolos de que para bienes más altos y más gloriosos nacieron, que no para los muy bajos y caducos de la presente vida, se les fortalecerá en la conciencia de sus respectivos deberes, y los que ocupan inferior posición social no se dejarán tan fácilmente engañar por la seducción socialista que reduce toda la felicidad del hombre a los limitados goces de su terrena existencia, etc.

APÉNDICE IV

DOS CARTAS MUY INTERESANTES

 

 

No hemos podido resistir a la tentación de publicar aquí dos cartas cruzadas entre dos amigos (personajes ambos), en la que el firmante, hablando por experiencia propia, expone su firme creencia de que debe su conversión a haber hecho los Ejercicios, y, en su virtud, aconseja a un su amigo, un algo empecatado y un mucho disipado, a que los haga también, confiado en que cambiará de vida y se salvará.

Bien desearíamos que, al verse sorprendidos con la publicación de estas cartas se sintiera tocado el último de la gracia de Dios, y, creyendo que todos estos signos son aldabonazos que Nuestro Señor da en su corazón, hiciera los Ejercicios, siquiera fuese para complacer a su entrañable amigo, que tanto se lo encarece, pues confiamos en que lo demás lo harían el Espíritu Santo y San Ignacio.

He aquí las cartas cuyo texto ninguno de los dos creen que poseo, aunque sí saben la conozco:

PRIMERA:

Mi querido P. L.: De todas las satisfacciones que he experimentado en este mundo (placeres, riquezas, negocios, morada-palacio, consideración general, etcétera, etcétera), una de las más íntimas, duraderas y que mayor consuelo me ha proporcionado siempre, ha sido la de hacer el bien, en todo su extenso campo de acción; y cuando he logrado, o espero lograr la vuelta al redil de una oveja descarriada; cuando consigo llevar, siquiera sea en la proporción de un grano de arena la tranquilidad al espíritu o la esperanza de obtenerla al que la sufre; cuando, en fin, confío y espero salvar a un hermano, a un amigo a quien quiero por deber de cristiano y por inclinación natural de simpatía y afecto, entonces, créeme, siento una alegría tan grande, que no la puedo expresar.

Esta satisfacción y esta alegría he sentido al recibir tu carta, en cuyas líneas creo adivinar un estado de ánimo precursor de un cambio radical en ti, y como consecuencia de ello la calma y la paz de espíritu en los años que te restan de vida y la seguridad de que cuando llegue el día, el momento inevitable, epílogo obligado de esta farsa que se llama vida, podrás emprender el viaje tranquilo y, confiando en la divina misericordia, salvar tu alma para siempre. Porque no lo dudes, P. L., Dios te llama... está dando aldabonazos cada vez más fuertes en la puerta de tu corazón... Dios quiere salvarte; pero, respetando la libertad que otorgó al hombre, sólo te pide tu voluntad... algo así como tu consentimiento..., tu primer paso hacia Él.

El ambiente que respiras, tu larga etapa de vida descuidada, el egoísmo de los que te rodean, tus compromisos, tus pasiones, tu carácter agriado por las contrariedades, tus inclinaciones naturales, como las de todo humano mortal, hacia lo que deleita, etc., etc., todo eso será tan real como quieras y posiblemente se te figurarán dificultades insuperables (es la única arma-engaño, bomba sin metralla que el espíritu del mal posee para inflar la imaginación y para impedir que vuelvas a Dios); pero yo te digo y te aseguro que todo caerá como castillo de naipes y se reducirá a polvo desde el momento en que des aquel primer paso, te arrepientas, hagas tu propósito de enmienda y confieses con la noble humildad del que reconoce lealmente sus faltas, que has devuelto mal por bien, que esto hemos hecho todos (yo el primero) con Dios.

Ponte de acuerdo con el Padre Rector de los Padres Jesuítas de ahí; ve a Loyola, a Valencia, a Manresa, ahí mismo, donde quieras, pero haz los Ejercicios durante siete días, y pondré mi mano en el fuego si, haciéndolos con fe y buen deseo, no consigues lo que anhelas.

Te lo aconseja un convencido, un convertido, un amigo leal y desinteresado; te lo aconsejo yo, cuya vida ya conoces y que, por consiguiente, nada puedo echarte en cara... que, como tú, anduve dando tumbos por esos mundos de Dios hasta que por su misericordia infinita me acogió al primer intento que, para acercarme a Él, hice.

Y ha hecho más: me dió una compañera virtuosa, muchos hijos y riquezas, bienestar y felicidad, e hizo aún más, mucho más, permitió que se cebase en mí la tremenda tribulación, que ya tu conoces[274], y rendido el natural tributo de dolor y pena, inherente a la flaqueza humana, durante los primeros días (recuerda mi estado de postración cuando, enfermo aún, me visitaste) obró en mí el milagro (otro nombre no tiene, dado lo tremendo de la caída, las perspectivas en aquel entonces y mis doce hijos a cuestas) de que reaccionase rápidamente, y, aceptando, resignado, la horrible prueba, me considerase y me considere hoy, tanto o más feliz que cuando nadaba en la abundancia. Y esta tranquilidad, esta paz interior, créeme, no la cambio por la vida agitada de antes.

Esto... yo mismo no me lo explico, pero constituye una prueba de la omnipotencia y bondad del Señor. Y esto que me ha ocurrido a mí y a tantos otros, ¿no ha de servirte de estímulo para seguir mi ejemplo?

Conque a hacer Ejercicios; esa es tu ruta, empréndela animoso, lleno de confianza y Dios hará el resto, te bendecirá y te colmará de ventura, aun en este mundo........

....................................

No demores la solución de un asunto cuyas consecuencias son eternas, rechaza sin pretender profundizar ni refutarlas, cuantas objeciones han de presentársete con satánico ingenio por el espíritu del mal: entrégate a Dios sin condiciones y sigue escrupulosamente los consejos de su ministro en la tierra, el varón virtuoso, sabio y prudente, de que te hablé en mi anterior. Haz los Ejercicios.

Te envía un estrecho abrazo tu siempre buen amigo,

J...

Un consejo te doy: reza todas las noches tres avemarías, para que la Virgen, de la que me consta eres devoto, te alcance la gracia de tu vuelta al redil. ¿Te acuerdas de tus plegarias en Lourdes?

SEGUNDA:

Querido P. L.: Recibí tu afectuosísima carta, y no puedes imaginarte cuánto te agradezco, a la vez que me produce satisfacción vivísima, el que hayas interpretado fielmente la intención que movió mi ánimo a escribirte en el sentido en que lo hice; la sinceridad que reflejan tus líneas me tranquiliza en absoluto sobre el particular; lo necesitaba; pues te confieso ingenuamente que al recordar mi pasado y los ejemplos (¡!) que de mí han recibido mis amigos, sentía cierto calorcillo en las mejillas al meterme a predicador!

La bondadosa acogida que han merecido mis escritos, por un lado, y el fraternal afecto que te profeso, que parece haberse aumentado, desde que he entrevisto la probabilidad, digo mal, la seguridad, con la ayuda de Dios, de devolverte la tranquilidad... la paz... y al propio tiempo asegurar la salvación de tu alma, me impelen a abusar de tu bondad y a distraer de nuevo tu atención...

Poca autoridad tengo, es verdad; pero a veces Dios se vale de un ser despreciable para sus fines, como se valió de unos incultos pescadores para fundar nada menos que su Iglesia, sin que esto quiera decir, ni muchísimo menos, que pretendo compararme con aquellos Santos. De todos modos, créeme, P. L., el que te escribe con el alma—dices bien—y con el mejor y más desinteresado de los deseos, no es ya G. o D., el que conociste en otros tiempos, ni siquiera el que contemplaste agotado y decaído ante la aparente desgracia, que precisamente ha sido el toque decisivo de la misericordia del Altísimo. No creas, sin embargo, que sea un “perfecto”; sigo siendo barro quebradizo, “tierra baja” e infecunda, pero tengo tan hondamente grabado en mi alma, por la gracia de Dios, el convencimiento de que unos cuantos años de vida, buenos o malos, en este pícaro mundo son tan poquísima cosa comparados con la eternidad que indefectiblemente nos espera y que encierra el terrible dilema, que este pensamiento me impulsa a hacer partícipe de mis convicciones a quien quiera oírme con buena voluntad... ¿Y cómo no hacerlo contigo, con quien me une media vida de amistad?

..............................

Porque tú has sufrido y sufres, querido P. L., pero tranquilízate, pues, sea cual fuere el motivo de tus penas, de tus amarguras, de tus remordimientos..., todas tus culpas, sean de la índole que fueren, todo desaparecerá, D. M..., ante un acto sincero de contrición y de confianza en la misericordia divina, de reconocimiento de tus errores, de leal y firme propósito de enmienda, y comenzará para ti una nueva era de paz y tranquilidad, no exenta de un sincero deseo de reparar en cuanto sea posible y cuanto sea susceptible de reparación, porque Dios no pide imposibles ni nada que no esté en nuestra mano realizar.

Ello dará a tu vida otra orientación, se te abrirán horizontes nuevos, y entre la práctica del bien y el cumplimiento de tus obligaciones y deberes materiales, perfectamente compatibles con la práctica de la virtud, se deslizarán tus días tranquilamente, disfrutando de una paz y bienestar, del que no tienes idea, porque sospecho que nunca en tu vida la has experimentado...

Lo primordial es que estés decidido, pase lo que pase (que no pasará nada, tenlo por seguro), a dedicar lo más pronto posible ocho o diez días de retiro..., a hacer una especie de balance general de tu existencia para apreciar serenamente lo que ha sido tu vida hasta el presente y lo que debe ser en lo futuro... Se acerca la Cuaresma...; luego, Pascua... ¿Cuántos años hará que no has cumplido el precepto pascual?

No trato de hacerte presión, ni mucho menos aconsejarte que precipites los acontecimientos; antes al contrario, entiendo debes reflexionar mucho, y precisamente la reflexión tiene su principal enemigo en la precipitación; pero no demores más de lo indispensable el desenlace, decidido ya en principio; no olvides que la lucha está entablada entre el espíritu del bien y el del mal; tú eres la presa que el primero trata de conquistar y el segundo retener a todo trance; así que no faltarán dejaciones, dificultades... vulgares tretas del espíritu maligno para conseguir demoras e impedir lleves a la práctica tus buenos intentos. Desconfía y ponte en guardia contra ficticios obstáculos; te lo prevengo porque a mí me pasó lo mismo. Tu voluntad es la que ha de decidir e inclinar el fiel de la balanza en uno o en otro sentido. Pídele todos los días a Dios, por mediación de su Santa Madre, de la que todo buen español es devoto, que te conceda el toque decisivo de la gracia. Una lágrima, un solo suspiro pueden abrirte las puertas del Cielo. Humillarse ante el Supremo Hacedor..., ante su Ministro en la tierra, enaltece, ennoblece, dignifica... La sensación del perdón es algo tan hermoso, tan hondamente sentido y de tan inefable goce y aligeramiento de espíritu, que no puede explicarse. Yo tuve la dicha de experimentarlo cuando me confesé, después de transcurridos muchos años sin haberlo hecho!... ¡Cuán dificultoso me parecía entonces el paso a dar!...; pero si no es posible recordar..., pero si volveré a caer..., qué triste va a serme la vida sin tales o cuales pasatiempos..., pero cómo reparar tal enormidad!..., etc., etc.

¡Cuán fácil me pareció después!... ¡Con qué suavidad, con qué mano maestra, con qué fraternal afecto fué mi confesor sondeando los más recónditos repliegues de mi conciencia, facilitándome la labor, hasta reunir y aquilatar, sin esfuerzo alguno para mí, y en breve tiempo, la esencia de mis culpas de tantos años!...

Amigo P. L.: Procura hallar (la encontrarás, si la buscas con buena voluntad) la oportunidad, y aprovéchala; unos días de descanso, de retiro, de Ejercicios, no prejuzgan nada... ¡tantos hemos perdido, mal empleados en este mundo!... Te va en ello tu felicidad, y desde luego te afirmo que no te arrepentirás del empleo y resultados de esos días..., al contrario, no cesarás, durante el resto de tu vida, de bendecir el momento en que te decidiste a ocuparlos tan sabiamente. Créeme, haz pronto los Ejercicios.

Te abraza de corazón tu viejo amigo y novel predicador,

J.

Espero que tu buena y santa esposa unirá sus preces a las nuestras; y si, lo que no creo, Dios se resistiese a oír las mías, por indignas, no resistirá seguramente a las plegarias de ella, que como esposa y madre pedirá, como sólo saben pedirlo las que ostentan tan hermosos títulos, la salvación del esposo y de sus hijos.

*
* *

Quiera Dios que estas cartas, cuyo texto puede alcanzar a muchos corazones, sirva como de toque de atención, y algunos de nuestros lectores, entendiendo que es la voz de Dios quien les habla, se decidan también a cambiar de vida haciendo los Ejercicios y gánese su alma para siempre.

Este fruto sería suficiente para darnos por muy satisfechos de la labor que nos hemos impuesto en este libro.

 

 

ÍNDICE

 Páginas.
Dedicatoria: A los caballeros de la Congregación de Nuestra Señora del Pilar y de San Francisco de BorjaVII
AlocuciónIX
PrólogoXV
Introducción1
Promesa cumplida.—Nuestros propósitos. La gran campaña social.—Estado social y filosófico de nuestro siglo.—Influencia benéfica de la Filosofía.—Los Ejercicios, de San Ignacio, encierran la verdadera filosofía3
Biografía:
Parte primera. Biografía de los Ejercicios Espirituales y de San Ignacio de Loyola31
Preámbulo: Características o particularidades del libro de los Ejercicios Espirituales, de San Ignacio.—Argumento.
Nexo del libro.—Opiniones autorizadas acerca de la bondad del libro.—La Iglesia y los últimos Papas.—Fuentes internas y externas en que se inspiró San Ignacio
para hacer este libro
33
Biografía de los Ejercicios35
Parte primera36
Del nexo de los Ejercicios40
Opiniones autorizadas acerca de la bondad del libro42
De las fuentes de los Ejercicios66
De la ayuda que la Santísima Virgen le prestó para escribir los Ejercicios73
De las fuentes externas de los Ejercicios77
Vita Christi79
Imitación de Cristo80
Flos Sanctorum81
La Santa Biblia82
Texto sagrado del «Vita Christi»84
Texto sagrado de los Ejercicios85
Parte segunda.—Bibliografías:
Biógrafos de San Ignacio de Loyola.—Primera parte107
Biógrafos del Santo109
Biógrafos nacionales110
Autores que escribieron en latín la vida del Santo111
En italiano. En francés112
En inglés. En alemán113
Biógrafos de los Ejercicios Espirituales.—Segunda parte115
El libro más leído.—Ediciones en español. Ediciones en latín.—Ediciones de la Compañía de Jesús.—Obras relacionadas con nuestro Santo117
Ediciones traducidas al latín124
Ediciones traducidas al latín por la Compañía
de Jesús
130
Comentadores de los Ejercicios Espirituales.—Tercera parte135
Comentadores137
Autores que escribieron acerca de San Ignacio.—Cuarta parte139
Otros escritores. Autores españoles141
Autores latinos142
Doctrinas filosóficas que se encierran en el libro de los Ejercicios Espirituales, de San Ignacio de Loyola145
Capítulo primero: El siglo XVI.—Aspecto religioso.—Aspectos científico y prodigioso.—Portae inferi non praevalebunt. La figura de San Ignacio147
Capítulo II: Por qué es filósofo San Ignacio.—Su intuición de la belleza intelectual y moral.—Fecundidad de sus verdades psicológicas.—Abstrae para ser más claro.—La doctrina evangélica, compatible con los progresos de la civilización159
Capítulo III: La Filosofía escolástica en los Ejercicios Espirituales.—Errores de otros filósofos que se refutan.—Las facultades en las operaciones humanas.—San Ignacio frente a los filósofos materialistas.—La fe y la razón, antorchas de la verdad cristiana203
Capítulo IV: La verdadera ciencia dimana de Dios.—Influencia de la filosofía de los Ejercicios en el mundo.—Teoría de la gracia.—Síntesis de las doctrinas filosóficas que se encierran en los Ejercicios259
Apéndices281
I. Informe de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas referente al tomo I de esta Biblioteca, dedicado a Francisco de Valles (el Divino)283
II. Juicios críticos de la prensa acerca del tomo I, dedicado a Francisco de Valles
(el Divino)
291
El Imparcial293
El Liberal296
Heraldo de Madrid298
El Universo299
La Correspondencia de España301
Diario Universal303
El Correo Español306
El Correo308
El Mundo311
El Debate321
La Tribuna325
Juventud Administrativa326
El Diluvio, de Barcelona329
Homenaje del pueblo de Covarrubias a los autores333
El Universo. En honor de dos periodistas334
El Liberal, de Avila335
El Imparcial337
Diario de Burgos338
III. Carta que S. S. el Papa León XIII dirigió al Prepósito General de la Compañía de Jesús, P. Luis Martín, el día 8 de Febrero de 1900343
IV. Dos cartas muy interesantes349

GRABADOS QUE CONTIENE ESTA OBRA

 Páginas.
Verdadero retrato de San IgnacioIX
Casa solariega donde nació el Santo28
La Virgen, dictándole los Ejercicios73
Capilla de Loyola104
Retrato del Santo-Fundador-Filósofo144
Casa de Loyola153
San Ignacio convenciendo a San Francisco Xavier201
Tres épocas del Santo240

 

 

FE DE ERRATAS

Dice.Debe decir. Línea. Págs.
a todotodo1214
En la Revue occidentale dijo tambiénEn la Revue occidentale 2444
apperibusopperibus2850
el cardenal Pallotial cardenal Palloti,158
prae, -valebuntprævalebunt15152
cosas divinos ycosas divinas y
humanoshumanas14164
xempleumexemplum26197
quanquam12198
finen verofinem vero13212
vovisvobis10212
CoudillacCondillac19242

 

ES PROPIEDAD DEL AUTOR

QUEDA HECHO EL DEPÓSITO

QUE MARCA LA LEY

SAN IGNACIO DE LOYOLA

TERMINÓSE DE IMPRIMIR ESTE LIBRO

EN LA IMPRENTA DE CARO RAGGIO

EL DÍA 19 DE MARZO, FIESTA

DE SAN JOSÉ, DEL AÑO

MCMXXIII

MADRID

 

 


COOPERANTIBUS
Huic volumini, gratitudo nostra, nomina sua erunt, sciant, ut in honoris tabula.
A. M. D. G.
Finis.