1610

Y escapa en rueda quimérica;

Y negro punto parece

Que en torno se desvanece

A la fantástica luz,

Y sus lúgubres aullidos

1615

Que pavorosos se extienden

Los aires rápidos hienden

Más prolongados aún.

Y a tan continuo vértigo,

A tan funesto encanto,

1620

A tan horrible canto,

A tan tremenda lid,

Entre los brazos lúbricos

Que aprémianle sujeto

Del hórrido esqueleto,

1625

Entre caricias mil,

Jamás vencido el ánimo,

Su cuerpo ya rendido

Sintió desfallecido

Faltarle Montemar;

1630

Y a par que más su espíritu

Desmiente su miseria,

La flaca, vil materia

Comienza a desmayar.

Y siente un confuso,

1635

Loco devaneo,

Languidez, mareo

Y angustioso afán;

Y sombras y luces,

La estancia que gira,

1640

Y espíritus mira

Que vienen y van.

Y luego a lo lejos,

Flébil en su oído,

Eco dolorido

1645

Lánguido sonó,

Cual la melodía

Que el aura amorosa

Y el agua armoniosa

De noche formó;

1650

Y siente luego

Su pecho ahogado

Y desmayado,

Turbios sus ojos,

Sus graves párpados,

Flojos caer;

La frente inclina

Sobre su pecho,

Y, a su despecho,

Siente sus brazos

1660

Lánguidos, débiles

Desfallecer.

Y vió luego

Una llama

Que se inflama

1665

Y murió;

Y perdido

Oyó el eco

De un gemido

Que espiró.

1670

Tal, dulce

Suspira

La lira

Que hirió

En blando

1675

Concento

Del viento

La voz,

Leve,

Breve

1680

Són.

En tanto en nubes de carmín y grana

Su luz el alba arrebolada envía,

Y alegre regocija y engalana

Las altas torres el naciente día:

1685

Sereno el cielo, calma la mañana,

Blanda la brisa, trasparente y fría,

Vierte a la tierra el sol con su hermosura

Rayos de paz y celestial ventura.

Y huyó la noche y con la noche huían

1690

Sus sombras y quiméricas mujeres,

Y a su silencio y calma sucedían

El bullicio y rumor de los talleres;

Y a su trabajo y a su afán volvían

Los hombres y a sus frívolos placeres,

1695

Algunos hoy volviendo a su faena.

De zozobra y temor el alma llena;

¡Que era pública voz, que llanto arranca

Del pecho pecador y empedernido,

Que en forma de mujer y en una blanca

1700

Túnica misteriosa revestido,

Aquella noche el diablo a Salamanca

Había, en fin, por Montemar venido!...

Y si, lector, dijerdes ser comento,

Como me lo contaron, te lo cuento.




CANCIÓN DEL PIRATA

Con diez cañones por banda,

Viento en popa, a toda vela,

No corta el mar sino vuela

Un velero bergantín:

5

Bajel pirata que llaman

Por su bravura el Temido,

En todo mar conocido

Del uno al otro confín.

La luna en el mar rïela,

10

En la lona gime el viento,

Y alza en blando movimiento

Olas de plata y azul;

Y ve el capitán pirata,

Cantando alegre en la popa,

15

Asia a un lado, al otro Europa,

Y allá a su frente Stambul.1

[Nota 1: Nombre que dan los Turcos a Constantinopla]

«Navega, velero mío,

Sin temor,

Que ni enemigo navío,

20

Ni tormenta, ni bonanza

Tu rumbo a torcer alcanza,

Ni a sujetar tu valor.

«Veinte presas

Hemos hecho

25

A despecho

Del Inglés,

Y han rendido

Sus pendones

Cien naciones

30

A mis pies.

«Que es mi barco mi tesoro,

Que es mi Dios la libertad,

Mi ley la fuerza y el viento,

Mi única patria la mar.

35

«Allá muevan feroz guerra

Ciegos reyes

Por un palmo más de tierra;

Que yo tengo aquí por mío

Cuanto abarca el mar bravío,

40

A quien nadie impuso leyes.

«Y no hay playa,

Sea cualquiera,

Ni bandera

De esplendor,

45

Que no sienta

Mi derecho

Y dé pecho

A mi valor.

«Que es mi barco mi tesoro....

50

«A la voz de '¡barco viene!'

Es de ver

Cómo vira y se previene

A todo trapo a escapar;

Que yo soy el rey del mar,

55

Y mi furia es de temer.

«En las presas

Yo divido

Lo cogido

Por igual:

60

Sólo quiero

Por riqueza

La belleza

Sin rival.

«Que es mi barco mi tesoro....

65

«¡Sentenciado estoy a muerte!

Yo me río.

No me abandone la suerte,

Y al mismo que me condena

Colgaré de alguna entena,

70

Quizá en su propio navío.

«Y si caigo,

¿Qué es la vida?

Por perdida

Ya la di,

75

Cuando el yugo

Del esclavo,

Como un bravo,

Sacudí.

«Que es mi barco mi tesoro....

80

«Son mi música mejor

Aquilones;

El estrépito y temblor

De los cables sacudidos;

Del negro mar los bramidos

85

Y el rugir de mis cañones.

«Y del trueno

Al són violento,

Y del viento

Al rebramar,

90

Yo me duermo

Sosegado,

Arrullado

Por el mar.

«Que es mi barco mi tesoro,

95

Que es mi Dios la libertad,

Mi ley la fuerza y el viento,

Mi única patria la mar.»




EL CANTO DEL COSACO

Donde sienta mi caballo los pies no vuelve
a nacer yerba.—Palabras de Átila




CORO

¡Hurra, Cosacos del desierto! ¡Hurra!

La Europa os brinda espléndido botín:

Sangrienta charca sus campiñas sean,

De los grajos su ejército festín.

5

¡Hurra! a caballo, hijos de la niebla!

Suelta la rienda, a combatir volad.

¿Veis esas tierras fértiles? las puebla

Gente opulenta, afeminada ya.

Casas, palacios, campos y jardines,

10

Todo es hermoso y refulgente allí;

Son sus hembras celestes serafines,

Su sol alumbra un cielo de zafir.

¡Hurra, Cosacos del desierto....

Nuestros sean su oro y sus placeres,

15

Gocemos de ese campo y de ese sol;

Son sus soldados menos que mujeres,

Sus reyes viles mercaderes son.

Vedlos huír para esconder su oro,

Vedlos cobardes lágrimas verter....

20

¡Hurra! volad: sus cuerpos, su tesoro

Huellen nuestros caballos con sus pies.

¡Hurra, Cosacos del desierto....

Dictará allí nuestro capricho leyes,

Nuestras casas alcázares serán,

25

Los cetros y coronas de los reyes

Cual juguetes de niños rodarán.

¡Hurra! volad a hartar nuestros deseos;

Las más hermosas nos darán su amor,

Y no hallarán nuestros semblantes feos,

30

Que siempre brilla hermoso el vencedor.

¡Hurra, Cosacos del desierto....

Desgarraremos la vencida Europa

Cual tigres que devoran su ración;

En sangre empaparemos nuestra ropa

35

Cual rojo manto de imperial señor.

Nuestros nobles caballos relinchando

Regias habitaciones morarán;

Cien esclavos, sus frentes inclinando,

Al mover nuestros ojos temblarán.

40

¡Hurra, Cosacos del desierto....

Venid, volad, guerreros del desierto,

Como nubes en negra confusión,

Todos suelto el bridón, el ojo incierto,

Todos atropellándoos en montón.

45

Id, en la espesa niebla confundidos,

Cual tromba que arrebata el huracán,

Cual témpanos de hielo endurecidos

Por entre rocas despeñados van.

¡Hurra, Cosacos del desierto....

50

Nuestros padres un tiempo caminaron

Hasta llegar a una imperial ciudad;

Un sol más puro es fama que encontraron,

Y palacios de oro y de cristal.

Vadearon el Tibre sus bridones,

55

Yerta a sus pies la tierra enmudeció;

Su sueño con fantásticas canciones

La fada de los triunfos arrulló.

¡Hurra, Cosacos del desierto....

¡Qué! ¿No sentís la lanza estremecerse,

60

Hambrienta en vuestras manos de matar?

¿No veis entre la niebla aparecerse

Visiones mil que el parabién nos dan?

Escudo de esas míseras naciones

Era ese muro que abatido fué;

65

La gloria de Polonia y sus blasones

En humo y sangre convertidos ved.

¡Hurra, Cosacos del desierto....

¿Quién en dolor trocó sus alegrías?

¿Quién sus hijos triunfante encadenó?

70

¿Quién puso fin a sus gloriosos días?

¿Quién en su propia sangre los ahogó?

¡Hurra, Cosacos! ¡Gloria al más valiente!

Esos hombres de Europa nos verán.

¡Hurra! nuestros caballos en su frente

75

Hondas sus herraduras marcarán.

¡Hurra, Cosacos del desierto....

A cada bote de la lanza ruda,

A cada escape en la abrasada lid,

La sangrienta ración de carne cruda

80

Bajo la silla sentiréis hervir.

Y allá después en templos suntüosos,

Sirviéndonos de mesa algún altar,

Nuestra sed calmarán vinos sabrosos,

Hartará nuestra hambre blanco pan.

85

¡Hurra, Cosacos del desierto....

Y nuestras madres nos verán triunfantes,

Y a esa caduca Europa a nuestros pies,

Y acudirán de gozo palpitantes,

En cada hijo a contemplar un rey.

90

Nuestros hijos sabrán nuestras acciones,

Las coronas de Europa heredarán,

Y a conquistar también otras regiones

El caballo y la lanza aprestarán.

¡Hurra, Cosacos del desierto! ¡Hurra!

95

La Europa os brinda espléndido botín.

Sangrienta charca sus campiñas sean,

De los grajos su ejército festín.




EL MENDIGO

Mío es el mundo: como el aire libre,

Otros trabajan porque coma yo;

Todos se ablandan si doliente pido

Una limosna por amor de Dios.

5

El palacio, la cabaña

Son mi asilo,

Si del ábrego el furor

Troncha el roble en la montaña,

O que inunda la campaña

10

El torrente asolador.

Y a la hoguera

Me hacen lado

Los pastores

Con amor,

15

Y sin pena

Y descuidado

De su cena

Ceno yo;

O en la rica

20

Chimenea,

Que recrea

Con su olor,

Me regalo

Codicioso

25

Del banquete

Suntüoso

Con las sobras

De un señor.

Y me digo: el viento brama,

30

Caiga furioso turbión;

Que al són que cruje de la seca leña,

Libre me duermo sin rencor ni amor.

Mío es el mundo: como el aire libre....

Todos son mis bienhechores,

35

Y por todos

A Dios ruego con fervor;

De villanos y señores

Yo recibo los favores

Sin estima y sin amor.

40

Ni pregunto

Quiénes sean,

Ni me obligo

A agradecer;

Que mis rezos

45

Si desean,

Dar limosna

Es un deber.

Y es pecado

La riqueza,

50

La pobreza

Santidad;

Dios a veces

Es mendigo,

Y al avaro

55

Da castigo,

Que le niegue

Caridad.

Yo soy pobre y se lastiman

Todos al verme plañir,

60

Sin ver son mías sus riquezas todas,

Que mina inagotable es el pedir.

Mío es el mundo: como el aire libre....

Mal revuelto y andrajoso,

Entre harapos

65

Del lujo sátira soy;

Y con mi aspecto asqueroso

Me vengo del poderoso,

Y adonde va, tras él voy.

Y a la hermosa

70

Que respira

Cien perfumes,

Gala, amor,

La persigo

Hasta que mira,

75

Y me gozo

Cuando aspira

Mi punzante

Mal olor.

Y las fiestas

80

Y el contento

Con mi acento

Turbo yo,

Y en la bulla

Y la alegría

85

Interrumpen

La armonía

Mis harapos

Y mi voz,

Mostrando cuán cerca habitan

90

El gozo y el padecer,

Que no hay placer sin lágrimas, ni pena

Que no transpire en medio del placer.

Mío es el mundo: como el aire libre....

Y para mí no hay mañana,

95

Ni hay ayer;

Olvido el bien como el mal,

Nada me aflije ni afana;

Me es igual para mañana

Un palacio, un hospital.

100

Vivo ajeno

De memorias,

De cuidados

Libre estoy;

Busquen otros

105

Oro y glorias,

Yo no pienso

Sino en hoy.

Y doquiera

Vayan leyes,

110

Quiten reyes,

Reyes den;

Yo soy pobre,

Y al mendigo,

Por el miedo

115

Del castigo,

Todos hacen

Siempre bien.

Y un asilo dondequiera

Y un lecho en el hospital

120

Siempre hallaré, y un hoyo donde caiga

Mi cuerpo miserable al espirar.

Mío es el mundo: como el aire libre,

Otros trabajan porque coma yo;

Todos se ablandan, si doliente pido

125

Una limosna por amor de Dios.




SONETO

Fresca, lozana, pura y olorosa,

Gala y adorno del pensil florido,

Gallarda puesta sobre el ramo erguido,

Fragrancia esparce la naciente rosa.

5

Mas si el ardiente sol lumbre enojosa

Vibra del can en llamas encendido,

El dulce aroma y el color perdido,

Sus hojas lleva el aura presurosa.

Así brilló un momento mi ventura

10

En alas del amor, y hermosa nube

Fingí tal vez de gloria y de alegría.

Mas ¡ay! que el bien trocóse en amargura,

Y deshojada por los aires sube

La dulce flor de la esperanza mía.




A TERESA
DESCANSA EN PAZ

Bueno es el mundo, ¡bueno! ¡bueno! ¡bueno!
Como de Dios al fin obra maestra,
Por todas partes de delicias lleno,
De que Dios ama al hombre hermosa muestra;
Salga la voz alegre de su seno
A celebrar esta vivienda nuestra;
¡Paz a los hombres! ¡gloria en las alturas!
¡Cantad en vuestra jaula, crïaturas!
DON MIGUEL DE LOS SANTOS ÁLVAREZ, "María"













¿Por qué volvéis a la memoria mía,

Tristes recuerdos del placer perdido,

A aumentar la ansiedad y la agonía

De este desierto corazón herido?

5

¡Ay! que de aquellas horas de alegría,

Le quedó al corazón sólo un gemido,

Y el llanto que al dolor los ojos niegan

Lágrimas son de hiel que el alma anegan!

¿Dónde volaron ¡ay! aquellas horas

10

De juventud, de amor y de ventura,

Regaladas de músicas sonoras,

Adornadas de luz y de hermosura?

Imágenes de oro bullidoras,

Sus alas de carmín y nieve pura,

15

Al sol de mi esperanza desplegando,

Pasaban ¡ay! a mi alredor cantando.

Gorjeaban los dulces ruiseñores,

El sol iluminaba mi alegría,

El aura susurraba entre las flores,

20

El bosque mansamente respondía,

Las fuentes murmuraban sus amores....

¡Ilusiones que llora el alma mía!

¡Oh! ¡cuán süave resonó en mi oído

El bullicio del mundo y su ruïdo!

25

Mi vida entonces cual guerrera nave

Que el puerto deja por la vez primera,

Y al soplo de los céfiros süave,

Orgullosa despliega su bandera,

Y al mar dejando que a sus pies alabe

30

Su triunfo en roncos cantos, va velera

Una ola tras otra bramadora

Hollando y dividiendo vencedora;

¡Ay! en el mar del mundo, en ansia ardiente

De amor volaba, el sol de la mañana

35

Llevaba yo sobre mi tersa frente,

Y el alma pura de su dicha ufana.

Dentro de ella el amor cual rica fuente,

Que entre frescura y arboledas mana,

Brotaba entonces abundante río

40

De ilusiones y dulce desvarío.

Yo amaba todo: un noble sentimiento

Exaltaba mi ánimo, y sentía

En mi pecho un secreto movimiento,

De grandes hechos generoso guía:

45

La libertad con su inmortal aliento,

Santa diosa, mi espíritu encendía,

Contino imaginando en mi fe pura

Sueños de gloria al mundo y de ventura:

El puñal de Catón, la adusta frente

50

Del noble Bruto, la constancia fiera

Y el arrojo de Scévola valiente,

La doctrina de Sócrates severa,

La voz atronadora y elocuente

Del orador de Atenas, la bandera

55

Contra el tirano macedonio alzando,

Y al espantado pueblo arrebatando;

El valor y la fe del caballero,

Del trovador el arpa y los cantares,

Del gótico castillo el altanero,

60

Antiguo torreón, do sus pesares

Cantó tal vez con eco lastimero

¡Ay! arrancada de sus patrios lares,

Joven cautiva, al rayo de la luna,

Lamentando su ausencia y su fortuna;

65

El dulce anhelo del amor que aguarda,

Tal vez inquieto y con mortal recelo,

La forma bella que cruzó gallarda,

Allá en la noche entre el medroso velo,

La ansiada cita que en llegar se tarda

70

Al impaciente y amoroso anhelo,

La mujer y la voz de su dulzura,

Que inspira al alma celestial ternura,

A un tiempo mismo en rápida tormenta

Mi alma alborotaban de contino,

75

Cual las olas que azota con violenta

Cólera, impetüoso torbellino;

Soñaba al héroe ya, la plebe atenta

En mi voz escuchaba su destino;

Ya al caballero, al trovador soñaba,

80

Y de gloria y de amores suspiraba.

Hay una voz secreta, un dulce canto,

Que el alma sólo recogida entiende,

Un sentimiento misterioso y santo,

Que del barro al espíritu desprende,

85

Agreste, vago y solitario encanto,

Que en inefable amor el alma enciende,

Volando tras la imagen peregrina

El corazón de su ilusión divina.

Yo, desterrado en extranjera playa,

90

Con los ojos, extático seguía

La nave audaz que argentada raya

Volaba al puerto de la patria mía;

Yo cuando en Occidente el sol desmaya,

Solo y perdido en la arboleda umbría,

95

Oír pensaba el armonioso acento

De una mujer, al suspirar del viento.

¡Una mujer! En el templado rayo

De la mágica luna se colora,

Del sol poniente al lánguido desmayo

100

Lejos entre las nubes se evapora;

Sobre las cumbres que florece el mayo

Brilla fugaz al despuntar la aurora,

Cruza tal vez por entre el bosque umbrío,

Juega en las aguas del sereno río.

105

¡Una mujer! Deslízase en el cielo

Allá en la noche desprendida estrella;

Si aroma el aire recogió en el suelo,

Es el aroma que le presta ella.

Blanca es la nube que en callado vuelo

110

Cruza la esfera y que su planta huella,

Y en la tarde la mar olas la ofrece

De plata y de zafir donde se mece.

Mujer que amor en su ilusión figura,

Mujer que nada dice a los sentidos,

115

Ensueño de suavísima ternura,

Eco que regaló nuestros oídos;

De amor la llama generosa y pura,

Los goces dulces del placer cumplidos,

Que engalana la rica fantasía,

120

Goces que avaro el corazón ansía;

¡Ay! aquella mujer, tan sólo aquella

Tanto delirio a realizar alcanza,

Y esa mujer, tan cándida y tan bella,

Es mentida ilusión de la esperanza;

125

Es el alma que vívida destella

Su luz al mundo cuando en él se lanza,

Y el mundo con su magia y galanura

Es espejo no más de su hermosura;

Es el amor que al mismo amor adora,

130

El que creó las sílfides y ondinas,

La sacra ninfa que bordando mora

Debajo de las aguas cristalinas;

Es el amor que recordando llora

Las arboledas del Edén divinas,

135

Amor de allí arrancado, allí nacido,

Que busca en vano aquí su bien perdido.

¡Oh llama santa! ¡celestial anhelo!

¡Sentimiento purísimo! ¡memoria

Acaso triste de un perdido cielo,

140

Quizá esperanza de futura gloria!

¡Huyes y dejas llanto y desconsuelo!

¡Oh mujer! que en imagen ilusoria

Tan pura, tan feliz, tan placentera,

Brindó el amor a mi ilusión primera...!

145

¡Oh Teresa! ¡Oh dolor! Lágrimas mías,

¡Ah! ¿dónde estáis que no corréis a mares?

¿Por qué, por qué como en mejores días

No consoláis vosotras mis pesares?

¡Oh! los que no sabéis las agonías

150

De un corazón, que penas a millares

¡Ay! desgarraron, y que ya no llora,

¡Piedad tened de mi tormento ahora!

¡Oh! ¡dichosos mil veces! sí, dichosos,

Los que podéis llorar y ¡ay! sin ventura

155

De mí, que, entre suspiros angustiosos,

Ahogar me siento en infernal tortura!

Retuércese entre nudos dolorosos

Mi corazón, gimiendo de amargura!...

También tu corazón, hecho pavesa,

160

¡Ay! llegó a no llorar, ¡pobre Teresa!

¿Quién pensara jamás, Teresa mía,

Que fuera eterno manantial de llanto

Tanto inocente amor, tanta alegría,

Tantas delicias y delirio tanto?

165

¿Quién pensara jamás llegase un día,

En que, perdido el celestial encanto,

Y caída la venda de los ojos,

Cuanto diera placer causara enojos?

Aun parece, Teresa, que te veo

170

Aerea como dorada mariposa,

Ensueño delicioso del deseo,

Sobre tallo gentil temprana rosa,

Del amor venturoso devaneo,

Angélica, purísima y dichosa,

175

Y oigo tu voz dulcísima, y respiro

Tu aliento perfumado en tu suspiro.

Y aun miro aquellos ojos que robaron

A los cielos su azul, y las rosadas

Tintas sobre la nieve, que envidiaron

180

Las de mayo serenas alboradas;

Y aquellas horas dulces que pasaron

Tan breves ¡ay! como después lloradas,

Horas de confïanza y de delicias,

De abandono, y de amor y de caricias.

185

Que así las horas rápidas pasaban,

Y pasaba a la par nuestra ventura;

Y nunca nuestras ansias las contaban,

Tú embriagada en mi amor, yo en tu hermosura;

Las horas ¡ay! huyendo nos miraban,

190

Llanto tal vez vertiendo de ternura,

Que nuestro amor y juventud veían,

Y temblaban las horas que vendrían.

Y llegaron en fin.... ¡Oh! ¿quién impío

¡Ay! agostó la flor de tu pureza?

195

Tú fuiste un tiempo cristalino río,

Manantial de purísima limpieza;

Después torrente de color sombrío,

Rompiendo entre peñascos y maleza,

Y estanque, en fin, de aguas corrompidas,

200

Entre fétido fango detenidas.

¿Cómo caíste despeñado al suelo,

Astro de la mañana luminoso?

Ángel de luz, ¿quién te arrojó del cielo

A este valle de lágrimas odioso?

205

Aun cercaba tu frente el blanco velo

Del serafín, y, en ondas fulgoroso,

Rayos al mundo tu esplendor vertía,

Y otro cielo el amor te prometía.

Mas ¡ay! que es la mujer ángel caído

210

O mujer nada más y lodo inmundo,

Hermoso ser para llorar nacido,

O vivir como autómata en el mundo.

Sí, que el demonio en el Edén perdido

Abrasara con fuego del profundo

215

La primera mujer, y ¡ay! aquel fuego

La herencia ha sido de sus hijos luego.

Brota en el cielo del amor la fuente

Que a fecundar el universo mana,

Y en la tierra su límpida corriente

220

Sus márgenes con flores engalana;

Mas ¡ay! huíd: el corazón ardiente

Que el agua clara por beber se afana

Lágrimas verterá de duelo eterno,

Que su raudal lo envenenó el infierno.

225

Huíd, si no queréis que llegue un día,

En que, enredado en retorcidos lazos

El corazón, con bárbara porfía

Luchéis por arrancároslo a pedazos:

En que al cielo en histérica agonía

230

Frenéticos alcéis entrambos brazos,

Para en vuestra impotencia maldecirle,

Y escupiros, tal vez, al escupirle.

Los años ¡ay! de la ilusión pasaron;

Las dulces esperanzas que trajeron

235

Con sus blancos ensueños se llevaron,

Y el porvenir de oscuridad vistieron:

Las rosas de amor se marchitaron,

Las flores en abrojos convirtieron,

Y de afán tanto y tan soñada gloria

240

Sólo quedó una tumba, una memoria.

¡Pobre Teresa! al recordarte siento

Un pesar tan intenso...! embarga impío

Mi quebrantada voz mi sentimiento,

Y suspira tu nombre el labio mío:

245

Pára allí su carrera el pensamiento,

Hiela mi corazón punzante frío,

Ante mis ojos la funesta losa,

Donde vil polvo tu beldad reposa.

¡Y tú feliz, que hallaste en la muerte

250

Sombra a que descansar en tu camino,

Cuando llegabas, mísera, a perderte,

Y era llorar tu único destino:

Cuando en tu frente la implacable suerte

Grababa de los réprobos el sino...!

255

¡Feliz! la muerte te arrancó del suelo,

Y otra vez ángel te volviste al cielo.

Roída de recuerdos de amargura,

Árido el corazón sin ilusiones,

La delicada flor de tu hermosura

260

Ajaron del dolor los Aquilones:

Sola, y envilecida y sin ventura,

Tu corazón secaron las pasiones,

Tus hijos, ¡ay! de ti se avergonzaran,

Y hasta el nombre de madre te negaran.

265

Los ojos escaldados de tu llanto,

Tu rostro cadavérico y hundido,

Único desahogo en tu quebranto,

El histérico ¡ay! de tu gemido:

¿Quién, quién pudiera, en infortunio tanto,

270

Envolver tu desdicha en el olvido,

Disipar tu dolor y recogerte

En su seno de paz? ¡Sólo la muerte!

¡Y tan joven, y ya tan desgraciada!

Espíritu indomable, alma violenta,

275

En ti, mezquina sociedad, lanzada

A romper tus barreras turbulenta.

Nave contra las rocas quebrantada,

Allá vaga, a merced de la tormenta,

En las olas tal vez náufraga tabla,

280

Que sólo ya de sus grandezas habla.

Un recuerdo de amor que nunca muere

Y está en mi corazón; un lastimero

Tierno quejido que en el alma hiere,

Eco süave de su amor primero:

285

¡Ay! de tu luz en tanto yo viviere

Quedará un rayo en mí, blanco lucero,

Que iluminaste con tu luz querida

La dorada mañana de mi vida.

Que yo como una flor que en la mañana

290

Abre su cáliz al naciente día,

¡Ay! al amor abrí tu alma temprana,

Y exalté tu inocente fantasía:

Yo inocente también: ¡oh! ¡cuán ufana

Al porvenir mi mente sonreía,

295

Y en alas de mi amor con cuánto anhelo

Pensé contigo remontarme al cielo!

Y alegre, audaz, ansioso, enamorado,

En tus brazos en lánguido abandono,

De glorias y deleites rodeado,

300

Levantar para ti soñé yo un trono:

Y allí, tú venturosa y yo a tu lado,

Vencer del mundo el implacable encono,

Y en un tiempo sin horas y medida

Ver como un sueño resbalar la vida.

305

¡Pobre Teresa! Cuando ya tus ojos

Áridos ni una lágrima brotaban,

Cuando ya su color tus labios rojos

En cárdenos matices cambïaban,

Cuando de tu dolor tristes despojos

310

La vida y su ilusión te abandonaban,

Y consumía lenta calentura

Tu corazón al par de tu amargura,

Si en tu penosa y última agonía

Volviste a lo pasado el pensamiento,

315

Si comparaste a tu existencia un día

Tu triste soledad y tu aislamiento;

Si arrojó a tu dolor tu fantasía

Tus hijos ¡ay! en tu postrer momento,

A otra mujer tal vez acariciando,

320

Madre tal vez a otra mujer llamando,

Si el cuadro de tus breves glorias viste

Pasar como fantástica quimera,

Y si la voz de tu conciencia oíste

Dentro de ti gritándote severa,

325

Si, en fin, entonces tú llorar quisiste,

Y no brotó una lágrima siquiera

Tu seco corazón, y a Dios llamaste,

Y no te escuchó Dios, y blasfemaste,

¡Oh! ¡crüel! ¡muy crüel! ¡martirio horrendo!

330

¡Espantosa expiación de tu pecado!

¡Sobre un lecho de espinas maldiciendo,

Morir el corazón desesperado!

¡Tus mismas manos de dolor mordiendo,

Presente a tu conciencia lo pasado,

335

Buscando en vano con los ojos fijos,

Y extendiendo tus brazos a tus hijos!!

¡Oh! ¡crüel! ¡muy crüel!... ¡Ah! yo entre tanto,

Dentro del pecho mi dolor oculto,

Enjugo de mis párpados el llanto

340

Y doy al mundo el exigido culto:

Yo escondo con vergüenza mi quebranto,

Mi propia pena con mi risa insulto,

Y me divierto en arrancar del pecho

Mi mismo corazón pedazos hecho.

345

Gocemos, sí; la cristalina esfera

Gira bañada en luz: ¡bella es la vida!

¿Quién a parar alcanza la carrera

Del mundo hermoso que al placer convida?

Brilla radiante el sol, la primavera

350

Los campos pinta en la estación florida:

Truéquese en risa mi dolor profundo....

¡Que haya un cadáver más! ¿Qué importa al mundo?




NOTES

EL ESTUDIANTE DE SALAMANCA

PARTE PRIMERA

Instead of Cuento, later editions read Leyendas.

The introductory quotation is taken from the "Don Quijote," Part I, chap. 45. The words were addressed by Don Quijote to members of the rural police who were arresting him for depredations committed on the highway. The full sentence in Ormsby's translation reads: "Who was he that did not know that knights-errant are independent of all jurisdictions, that their law is their sword, their charter their prowess, and their edicts their will?" This Spanish declaration of independence was frequently used as a slogan by the Romanticists. Espronceda is here making the quotation apply more particularly to his lawless hero.

1. Era más de media noche: the poet begins with a characteristic Romantic landscape, gloomy, medieval, fantastic, uncanny. He is trying to create a mood of horror. He follows the Horatian precept of beginning the plot in the middle (in medias res). The situation here introduced is not resumed until Part Four is reached. Parts Two and Three supply the events leading up to the duel. The Duque de Rivas's "Candil" begins in similar fashion:

Más ha de quinientos años

En una torcida calle,

Que de Sevilla en el centro

Da paso a otras principales;

Cerca de la media noche,

Cuando la ciudad más grande

Es de un grande cementerio

En silencio y paz imagen;

De dos desnudas espadas

Que trababan un combate

Turbó el repentino encuentro

Las tinieblas impalpables.

El crujir de los aceros

Sonó por breves instantes

Lanzando azules centellas,

Meteoro de desastres.

Y al gemido ¡Dios me valga!

¡Muerto soy! y al golpe grave

De un cuerpo que a tierra vino

El silencio y paz renacen, etc.

This was first published in "El Liceo," 1838. The Duque de Rivas may have been influenced by our text, but such introductions were a Romantic commonplace. See M. Fernández y González, "Crónicas romanescas de España. Don Miguel de Mañara, memorias del tiempo de Carlos V," Paris, 1868. The story begins "Era la media noche"; and, later, "Hacía mucho tiempo que Sevilla estaba entregada al sueño y al silencio." Espronceda is here following his sources closely.

2. antiguas historias: not a mere rhetorical statement. These old stories actually existed. See the study of sources in the Introduction.

4. lóbrego: I follow the reading of the 1840 edition. Later editions changed to lóbrega, making the adjective agree with tierra instead of silencio. Either reading makes good sense, but in cases of doubt I follow the Editio Princeps.

11. fantasmas: this noun is usually masculine, but is often feminine in popular speech. The distinction between the masculine and feminine meanings given in most dictionaries does not apply in Espronceda. He uses both genders indifferently.

19. sábados: Saturday was the usual day when, according to popular belief, witches attended their yearly aquelarre or sabbath. The favorite meeting-place for Spanish witches was said to be the plain around Barahona (Soria).

27. gótico: admiration for the Gothic was a characteristic of Romanticism.

37. Salamanca: the famous university city of Spain. Its founding antedates the Carthaginians and the Romans. The university of Palencia was transferred to Salamanca by Fernando III in 1239. Neither the university nor the city retains much of its ancient importance. See Gustave Reynier, "La Vie universitaire dans l'ancienne Espagne," Paris, 1902.

38. armas y letras: these words summarize the Renaissance ideal of culture. The perfect gentleman must combine literature and arms. Letters were not considered to be apart from active life. Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, and many others of Spain's great writers of the classic period exemplify this ideal.

53. embozado: to avoid breathing the cool mountain air of his country, a Spaniard frequently draws the corner of his cape over his face, concealing it. He is then embozado, 'muffled.' When a woman is heavily veiled she is tapada. This national custom has been effectively used by Spanish poets, novelists, and dramatists. It offered a plausible excuse for the concealment or confusion of identity.

64. calle: this word is the object of atraviesa, l. 72.

65. la calle del Ataúd: this dismal name does not seem to be of Espronceda's own invention. It is found in José Gutiérrez de la Vega's "Don Miguel de Mañara," 1851. Espronceda probably used some earlier edition of the prose romance of Don Miguel de Mañara.

96. que: a relative adverb used with the force of a genitive Translate 'whose.'

100. Segundo Don Juan Tenorio: see the Introduction.

PARTE SEGUNDA

The quotation is taken from Byron's "Don Juan," Canto IV, stanza 72, the description of Haidée's tomb. I restore the first two words, omitted in all previous editions, without which the passage is devoid of meaning. The way in which this passage has been garbled was pointed out by Piñeyro, "El Romanticismo en España," Paris, 1904.

181. de luceros coronada: this verse occurs also in Meléndez Valdés' "Rosana en los fuegos." See Foulché-Delbosc, "Quelques Réminiscences dans Espronceda," Revue Hispanique, XXI, p. 667.

218. hoja tras hoja, etc.: in the first part of "Faust," Margarete pulls out one by one the petals of a daisy to determine whether or not Faust loves her. Is this a reminiscence of Margarete's Er liebt mich—liebt mich nicht?

242. pasó: translate by the English perfect tense. There are many other cases in these poems where the preterit had best be rendered by the perfect.

245. miraran: here and elsewhere the second (-ra) tense of the imperfect subjunctive is equivalent to a simple past. This use of the tense is frequent. At other times this tense is better rendered by a pluperfect indicative, when the common subjunctive meaning does not serve.

268. These verses are the most frequently quoted of the whole poem.

268. juguete: I retain, though with some doubt, the reading of the original. Later editions have changed to juguetes.

278. The thought of these verses is that mean objects may present a beautiful appearance when viewed through a telescope. "Distance lends enchantment." So woman when viewed through the illusion of fancy is better than the woman of reality. This thought is developed farther in "A Teresa."

298. A frequently recurring thought in Espronceda, typical of Romantic pessimism. Truth is man's greatest enemy, he holds. Illusion is friendly.

318. In this and what follows, Elvira is plainly a copy of Ophelia. The influence of Hamlet cannot be doubted. Churchman has pointed out that Elvira is a composite of Goethe's Margarete, Shakespeare's Ophelia, and the Haidée and Doña Julia of Lord Byron. See "Byron and Espronceda," Revue Hispanique, Vol. XX, p. 164.

324. otra: I retain the original reading. Later editions erroneously read otras.

347. Vaso de bendición: `blessed vessel,' i.e. an individual peculiarly favored with the divine blessing. The phrase vaso de elección is commoner, meaning one chosen for a particular mission or appointed task. The latter term is frequently applied to the Apostle Paul (Acts ix, 15).

359. Mas despertó también de su locura, etc.: Ophelia did not recover her reason before dying. Likewise she was drowned, while Elvira dies of love.

364. El bien pasado y el dolor presente: an obvious reminiscence of Dante's: