APOLO DELFICO

A MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.

SALUD.

El señor Pancracio de Roncesvalles, llevador desta, dirá á vm. señor Miguel de Cervantes, en qué me halló ocupado el dia que llegó á verme con sus amigos. Y yo digo, que estoy muy quejoso de la descortesia que conmigo se usó en partirse vm. deste monte sin despedirse de mí, ni de mis hijas, sabiendo quanto le soy aficionado, y las musas por el consiguiente; pero si se me dá por disculpa que le llevó el deseo de ver á su Mecenas el gran conde de Lemos en las fiestas famosas de Napoles, yo la acepto y le perdono.

Despues que vm. partió deste lugar, me han sucedido muchas desgracias, y me he visto en grandes aprietos, especialmente por consumir y acabar los poetas que iban naciendo de la sangre de los malos que aqui murieron, aunque ya, gracias al cielo y á mi industria, este daño está remediado.

No sé si del ruido de la batalla, ó del vapor que arrojó de sí la tierra, empapada en la sangre de los contrarios, me han dado unos vaguidos de cabeza, que verdaderamente me tienen como tonto, y no acierto á escribir cosa que sea de gusto, ni de provecho: asi, si vm. viere por allá que algunos poetas, aunque sean de los mas famosos, escriben y componen impertinencias y cosas de poco fruto, no los culpe, ni los tenga en menos, sino que disimule con ellos; que pues yo que soy el padre y el inventor de la poesia, deliro y parezco mentecato, no es mucho que lo parezcan ellos.

Envio á vm. unos privilegios, ordenanzas y advertimientos, tocantes á los poetas: vm. los haga guardar y cumplir al pie de la letra, que para todo ello doy á vm. mi poder cumplido quanto de derecho se requiere.

Entre los poetas que aqui vinieron con el señor Pancracio de Roncesvalles, se quejaron algunos de que no iban en la lista de los que Mercurio llevó á España, y que asi vm. no los havia puesto en su Viage. Yo les dixe, que la culpa era mia y no de Vm. pero que el remedio deste daño estaba en que procurasen ellos ser famosos por sus obras, que ellas por sí mismas les darian fama y claro renombre, sin andar mendigando agenas alabanzas.

De mano en mano, si se ofreciere ocasion de mensagero, ire enviando mas privilegios, y avisando de lo que en este monte pasare. Vm. haga lo mesmo, avisandome de su salud, y de la de todos los amigos.

Al famoso Vicente Espinel dará vm. mis encomiendas, como á uno de los mas antiguos y verdaderos amigos que yo tengo.

Si D. Francisco de Quevedo no huviere partido para venir á Sicilia, donde le esperan, toquele vm. la mano, y digale que no dexe de llegar á verme, pues estaremos tan cerca; que quando aqui vino, por la subita partida no tuve lugar de hablarle.

Si vm. encontrare por allá algun transfuga de los veinte que se pasaron al vando contrario, no les diga nada, ni los aflija, que harta mala ventura tienen, pues son como demonios, que se llevan la pena y la confusion con ellos mesmos, do quiera que vayan.

Vm. tenga cuenta con su salud, y mire por sí, y guardese de mí, especialmente en los caniculares, que aunque le soy amigo, en tales dias no va en mi mano, ni miro en obligaciones, ni en amistades.

Al señor Pancracio de Roncesvalles tengale vm. por amigo, y comuniquelo; y pues es rico no se le dé nada que sea mal poeta. Y con esto nuestro señor guarde á vm. como puede y yo deseo. Del Parnaso á 22. de Julio, el dia que me calzo las espuelas para subirme sobre la Canicula, 1614.

              Servidor de Vm.
               Apolo Lucido

En acabando la Carta, vi que en un papel aparte venia escrito.



PRIVILEGIOS, ORDENANZAS, y advertencias, que Apolo envia á los poetas Españoles.

Es el primero, que algunos poetas sean conocidos tanto por el desaliño de sus personas, como por la fama de sus versos.

Item, que si algun poeta dixere que es pobre, sea luego creido por su simple palabra, sin otro juramento ò averiguacion alguna.

Ordenase, que todo poeta sea de blanda y de suave condicion, y que no mire en puntos, aunque los traiga sueltos en sus medias.

Item, que si algun poeta llegáre á casa de algun su amigo ò conocido, y estuviere comiendo y le convidare, que aunque él jure que ya ha comido, no se le crea en ninguna manera, sino que le hagan comer por fuerza, que en tal caso no se le hara muy grande.

Item, que el mas pobre poeta del mundo, como no sea de los Adanes y Matusalenes, pueda decir que es enamorado, aunque no lo esté, y poner el nombre á su dama como mas le viniere á cuento, ora llamandola Amarili, ora Anarda, ora Clori, ora Filis, ora Filida, ò ya Juana Tellez, ò como mas gustare, sin que desto se le pueda pedir ni pida razon alguna.

Item, se ordena que todo poeta de qualquier calidad y condicion que sea, sea tenido y le tengan por hijodalgo en razon del generoso exercicio en que se ocupa, como son tenidos por cristianos viejos los niños que llaman de la piedra.

Item, se advierte que ningun poeta sea osado de escribir versos en alabanzas de principes y señores, por ser mi intencion y advertida voluntad, que la lisonja ni la adulacion no atraviesen los umbrales de mi casa.

Item, que todo poeta comico, que felizmente huviere sacado á luz tres comedias, pueda entrar sin pagar en los teatros, si ya no fuere la limosna de la segunda puerta, y aun esta, si pudiese ser, la escuse.

Item, se advierte que si algun poeta quisiere dar á la estampa algun libro que él huviere compuesto, no se dé á entender que por dirigirle á algun Monarca, el tal libro ha de ser estimado, porque si él no es bueno, no le adobará la direccion, aunque sea hecha al prior de Guadalupe.

Item, se advierte que todo poeta no se desprecie de decir que lo es, que si fuere bueno, será digno de alabanza, y si malo, no faltará quien lo alabe, que quando nace la escoba &c.

Item, que todo buen poeta pueda disponer de mí, y de lo que hay en el cielo á su beneplacito: conviene á saber, que los rayos de mi cabellera los pueda trasladar y aplicar á los cabellos de su dama, y hacer dos soles sus ojos, que conmigo serán tres, y asi andará el mundo mas alumbrado; y de las estrellas, signos y planetas puede servirse de modo, que quando menos lo piense, la tenga hecha una esfera celeste.

Item, que todo poeta á quien sus versos le huvieren dado á entender que lo es, se estime y tenga en mucho, ateniendose á aquel refran: ruin sea el que por ruin se tiene.

Item, se ordena que ningun poeta grave haga corrillo en lugares públicos, recitando sus versos, que los que son buenos en las aulas de Atenas se havian de recitar, que no en las plazas.

Item, se da por aviso particular que si alguna madre tuviere hijos pequeñuelos, traviesos y llorones, los pueda amenazar y espantar con el coco, diciendoles: guardaos, niños, que viene el poeta fulano, que os echará con sus malos versos en la sima de Cabra, ò en el pozo Airon.

Item, que los dias de ayuno no se entienda que los ha quebrantado el poeta que aquella mañana se ha comido las uñas al hacer de sus versos.

Item, se ordena que todo poeta que diere en ser espadachin, valenton y arrojado, por aquella parte de la valentia se le desague y vaya la fama que podia alcanzar por sus buenos versos.

Item, se advierte que no ha de ser tenido por ladron el poeta que hurtare algun verso ageno, y le encajare entre los suyos, como no sea todo el concepto y toda la copla entera, que en tal caso tan ladron es como Caco.

Item, que todo buen poeta, aunque no haya compuesto poema heroico, ni sacado al teatro del mundo obras grandes, con qualesquiera aunque sean pocas pueda alcanzar renombre de Divino, como le alcanzaron Garci Laso de la Vega, Francisco de Figueroa, el capitan Francisco de Aldana, y Hernando de Herrera.

Item, se da aviso que si algun poeta fuere favorecido de algun principe, ni le visite á menudo, ni le pida nada, sino dexese llevar de la corriente de su ventura, que el que tiene providencia de sustentar las sabandijas de la tierra y los gusarapos del agua, la tendrá de alimentar á un poeta por sabandija que sea.

En suma, estos fueron los privilegios, advertencias y ordenanzas que Apolo me envió, y el señor Pancracio de Roncesvalles me truxo, con quien quede en mucha amistad, y los dos quedamos de concierto de despachar un propio con la respuesta al señor Apolo, con las nuevas desta Corte. Darase noticia del dia para que todos sus aficionados le escriban.



LA NUMANCIA.

TRAGEDIA

DE MIGUEL DE CERVANTES SAAVEDRA.

INTERLOCUTORES.

CIPION.
JUGURTA.
GAYO MARIO.
DOS EMBAXADORES DE NUMANCIA.
SOLDADOS ROMANOS.
QUINTO FABIO.
MAXIMO: hermano de Cipion.







JORNADA I.



SCENA I.



Salen
CIPION
y
JUGURTA.

CIPION.

Esta dificil y pesada carga
Que el senado Romano me ha encargado,
Tanto me aprieta, me fatiga y carga,
Que ya sale de quicio mi cuidado:
Guerra de curso tan estraño y larga,
Y que tantos Romanos ha costado,
Quién no estará suspenso al acabarla,
O quién no temerá de renovarla?

JUGURTA.

Quién, Cipion? quien tiene la ventura
Y el valor nunca visto, que en tí encierras,
Pues con ello y con él está segura
La victoria y el triunfo destas guerras.

CIPION.

El esfuerzo regido con cordura
Allana al suelo las mas altas sierras,
Y la fuerza feroz de loca mano
Aspero vuelve lo que está mas llano:
Mas no hay que reprimir á lo que veo.
La furia del exercito presente,
Que olvidado de gloria y de trofeo
Yace embebido en la lascivia ardiente:
Esto solo pretendo, esto deseo
Volver á nuevo trato á nuestra gente,
Que enmendado primero el que es amigo,
Sujetaré mas presto al enemigo.
Mario?

Sale GAYO MARIO.

GAYO MARIO.

      Señor?

CIPION.

Haz que á noticia venga
De todo nuestro exercito en un punto,
Que sin que estorbo alguno le detenga
Parezca en este sitio todo junto,
Porque una breve platica ó arenga
Les quiero hacer.

GAYO MARIO.

       Harelo en este punto.

CIPION.

Camina, porque es bien que sepan todos
Mis nuevas trazas y sus viejos modos.

Vase GAYO MARIO.

JUGURTA.

Séte decir, señor, que no hay soldado
Que no te tema juntamente y te ame;
Y porque ese valor tuyo estremado
De Antartico á Calisto se derrame,
Cada qual con feroz animo osado,
Quando la trompa á la ocasión le llame,
Piensa de hacer en tu servicio cosas
Que pasen las hazañas fabulosas.

CIPION.

Primero es menester que se refrene
El vicio que entre todos se derrama,
Que si este no se quita, en nada tiene
Con ellos que hacer la buena fama:
Si este daño común no se previene,
Y se dexa arraigar su ardiente llama,
El vicio solo puede hacernos guerra
Mas que los enemigos desta tierra.

Dentro se echa este vando, haviendo primero tocado á recoger el atambor.

        Manda nuestro General
        Que se recojan armados
        Luego todos los soldados
        En la plaza principal,
        Y que ninguno no quede
        De parecer á esta vista,
        So pena que de la lista
        Al punto borrado quede.

JUGURTA.

No dudo yo, señor, sino que importa
Regir con duro freno la milicia,
Y que se dé al soldado rienda corta
Quando él se precipita en la injusticia:
La fuerza del exercito se acorta
Quando va sin arrimo de justicia,
Aunque mas le acompañen á montones
Mil pintadas vanderas y esquadrones.

A este punto han de entrar los mas soldados que pudieren, y GAYO MARIO, armados á la antigua, sin arcabuces, y CIPION se sube sobre una peñuela que está en el tablado, y mirando á los soldados, dice:

CIPION.

En el fiero ademan, en los lozanos
Marciales aderezos y vistosos
Bien os conozco, amigos, por Romanos;
Romanos digo, fuertes y animosos;
Mas en las blancas delicadas manos
Y en las teces de rostros tan lustrosos
Allá en Bretaña pareceis criados,
Y de padres Flamencos engendrados.
El general descuido vuestro, amigos,
El no mirar por lo que tanto os toca,
Levanta los caidos enemigos,
Y vuestro esfuezo y opinion apoca.
Desta ciudad los muros son testigos
Que aun hoy están qual bien fundada roca,
De vuestras perezosas fuerzas vanas,
Que solo el nombre tienen de Romanas.
Pareceos, hijos, que es gentil hazaña
Que tiemble del Romano nombre el mundo,
Y que vosotros solos en España
Le aniquileis y echeis en el profundo?
Qué floxedad es esta tan estraña?
Qué floxedad? si mal yo no me fundo,
Es floxedad nacida de pereza,
Enemiga mortal de fortaleza.
La blanda Venus con el duro Marte
Jamas hacen durable ayuntamiento:
Ella regalos sigue, él sigue el arte
Que incita á daños, y á furor sangriento:
La Cipria diosa estese agora á parte,
Dexe su hijo nuestro aloxamiento:
Que mal se aloxa en las marciales tiendas
Quien gusta de banquetes y meriendas.
Pensais que solo atierra la muralla
El ariete de ferrada punta,
Y que solo atropella la batalla
La multitud de gente y armas junta?
Si el esfuerzo y cordura no se halla
Que todo lo previene y lo barrunta,
Poco aprovechan muchos esquadrones,
Y menos infinitas municiones.
Si á militar concierto se reduce
Qualquier pequeño exercito que sea,
Vereis que como sol claro reluce,
Y alcanza las victorias que desea:
Pero si á floxedad él se conduce,
Aunque abreviado el mundo en él se vea,
En un momento quedará deshecho
Por mas reglada mano y fuerte pecho.
Averguenceos, varones esforzados,
Ver que á nuestro pesar con arrogancia
Tan pocos Españoles y encerrados
Defiendan este nido de Numancia.
Diez y seis años son y mas pasados,
Que mantienen la guerra y la jactancia
De haver vencido con feroces manos
Millares de millares de Romanos.
Vosotros os venceis, que estais vencidos
Del baxo antojo femenil liviano,
Con Venus y con Baco entretenidos,
Sin que á las armas estendais la mano.
Correos agora, sino estais corridos,
De ver que este pequeño pueblo Hispano
Contra el poder Romano se defienda,
Y quando mas rendido, mas ofenda.
De nuestro campo quiero en todo caso
Que salgan las infames meretrices,
Que de ser reducidos á este paso
Ellas solas han sido las raices.
Para beber no quede mas de un vaso,
Y los lechos un tiempo ya felices,
Llenos de concubinas, se deshagan,
Y de fagina y en el suelo se hagan.
No me huela el soldado á otros olores,
Que al olor de la pez y de resina,
Ni por gulosidad de los sabores
Traiga aparato alguno de cocina,
Que el que busca en la guerra estos primores,
Muy mal podrá sufrir la corazina:
No quiero otro primor ni otra fragrancia
En tanto que Español viva en Numancia.
No os parezca, varones, escabroso
Ni duro este mi justo mandamiento,
Que al fin conocereis ser provechoso,
Quando aquel consigais de vuestro intento.
Bien sé se os ha de hacer dificultoso
Dar á vuestras costumbres nuevo asiento;
Mas sino las mudais, estará firme
La guerra, que esta afrenta mas confirme.
En blandas camas, entre juego y vino
Hallase mal el trabajoso Marte;
Otro aparejo busca, otro camino,
Otros brazos levantan su estandarte;
Cada qual se fabrica su destino;
No tiene aqui fortuna alguna parte;
La pereza fortuna baxa cria,
La diligencia imperio y monarquia.
Estoy con todo esto tan seguro
De que al fin mostrareis que sois Romanos,
Que tengo en nada el defendido muro
Destos rebeldes barbaros Hispanos,
Y asi os prometo por mi diestra y juro
Que si igualais al animo las manos,
Que las mias se alarguen en pagaros,
Y mi lengua tambien en alabaros.

Miranse los soldados unos à otros, y hacen señas à uno de ellos, GAYO MARIO, que responda por todos, y asi dice

GAYO MARIO.

Si con atentos ojos has mirado,
Inclito General, en los semblantes
Que á tus breves razones han mostrado
Los que tienes agora circunstantes,
Qual havreis visto sin color, turbado,
Y qual con ella, indicios bien bastantes
De que el temor y la verguenza á una
Los aflixe, molesta, é importuna:
Verguenza de mirarse reducidos
A terminos tan baxos por su culpa,
Que viendo ser por tí reprehendidos
No saben á su falta hallar disculpa:
Temor de tantos yerros cometidos;
Y la torpe pereza que los culpa,
Los tiene de tal modo, que se holgaran
Antes morir que en esto se hallaran.
Pero el lugar y tiempo que les queda
Para mostrar alguna recompensa,
Es causa que con menos fuerza pueda
Fatigar el rigor de tal ofensa:
De hoy mas con presta voluntad y leda
El mas minimo de estos cuida y piensa
De ofrecer sin reves á tu servicio
La hacienda, vida y honra en sacrificio.
Admite pues de sus intentos sanos
El justo ofrecimiento, señor mio,
Y considera alfin que son Romanos,
En quien nunca faltó del todo el brio.
Vosotros, levantad las diestras manos
En señas que aprobais el voto mio.

SOLDADOS.

Todo lo que aqui has dicho confirmamos,
Y lo juramos.

TODOS.

             Sí juramos.

CIPION.

Pues arrimada á tal ofrecimiento
Crecerá desde hoy mas mi confianza,
Creciendo en vuestros pechos ardimiento,
Y del viejo vivir nueva mudanza;
Vuestras promesas no se lleve el viento,
Hacedlas verdaderas con la lanza,
Que las mias saldran tan verdaderas
Quanto fuere el valor de vuestras veras.

SOLDADO.

Dos Numantinos con seguro vienen
A darte, Cipion, una embaxada.

CIPION.

Porqué no llegan ya? en qué se detienen?

SOLDADO.

Esperan que licencia les sea dada.

CIPION.

Si son embaxadores, ya la tienen.

SOLDADO.

Embaxadores son.

CIPION.

                Dales entrada,
Que aunque descubra cierto ó falso pecho
El enemigo, siempre es de provecho.
Jamas la falsedad vino cubierta
Tanto con la verdad, que no mostrase
Algun pequeño indicio, alguna puerta
Por donde su maldad se investigase:
Oir al enemigo es cosa cierta
Que siempre aprovechó, antes que dañase,
Y en las cosas de guerra la experiencia
Muestra que lo que digo, es cierta ciencia.

Entran dos Embaxadores Numantinos, PRIMERO y SEGUNDO.

PRIMERO.

Si nos das, buen señor, grata licencia
De decir la embaxada que traemos,
Do estamos, ó ante sola tu presencia,
Todo á lo que venimos te diremos.

CIPION.

Decid, que á donde quiera doy audiencia.

PRIMERO.

Pues con ese seguro que tenemos,
De tu real grandeza concedido,
Dare principio á lo que soy venido.
Numancia, de quien yo soy ciudadano,
Inclito General, á tí me envia
Como al mas fuerte Cipion Romano,
Que ha cubierto la noche, ó visto el dia,
A pedirte, señor, la amiga mano
En señal de que cesa la porfia
Tan trabada y cruel de tantos años,
Que ha causado sus propios y tus daños.
Dice que nunca de la ley y fueros
Del Romano senado se apartára,
Si el insufrible mando y desafueros
De un consul y otro no la fatigára:
Ellos con duros estatutos fieros
Y con su estrecha condicion avara
Pusieron tan gran yugo á nuestros cuellos,
Que forzados salimos dél y de ellos,
Y en todo el largo tiempo que ha durado
Entre ambas partes la contienda, es cierto
Que ningun General hemos hallado
Con quien poder tratar de algun concierto.
Empero agora, que ha querido el hado
Reducir nuestra nave á tan buen puerto,
Las velas de la guerra recojemos,
Y á qualquiera partido nos ponemos.
Y no imagines que temor nos lleva
A pedirte las paces con instancia,
Pues la larga experiencia ha dado prueba
Del poder valeroso de Numancia:
Tu virtud y valor es quien nos ceba,
Y nos declara que será ganancia
Mayor de quantas desear podremos
Si por señor y amigo te tenemos.
A esto ha sido la venida nuestra:
Respondenos, señor, lo que te place.

CIPION.

Tarde de arrepentidos dais la muestra,
Poco vuestra amistad me satisface,
De nuevo ejercitad la fuerte diestra,
Que quiero ver lo que la mia hace,
Ya que ha puesto en ella la ventura
La gloria mia, y vuestra desventura:
A desverguenza de tan largos años
Es poca recompensa pedir paces:
Seguid la guerra, renovad los daños,
Salgan de nuevo las valientes haces.

EMBAXADOR SEGUNDO.

La falsa confianza mil engaños
Consigo trae: advierte lo que haces,
Señor, que esa arrogancia que nos muestras,
Renovará el valor en nuestras diestras;
Y pues niegas la paz, que con buen zelo
Te ha sido por nosotros demandada,
De hoy mas la causa nuestra con el cielo
Quedará por mejor calificada,
Y antes que pises de Numancia el suelo,
Probarás do se estiende la indignada
Furia de aquel que siendote enemigo,
Quiere serte vasallo y fiel amigo.

CIPION.

Teneis mas que decir?

PRIMERO.

                     No: mas tenemos
Que hacer, pues tu, señor, ansi lo quieres,
Sin querer la amistad que te ofrecemos,
Correspondiendo mal á ser quien eres.
Pero entonces verás lo que podemos,
Quando nos muestres tu lo que pudieres:
Que es una cosa razonar de paces,
Y otra romper por las armadas haces.

CIPION.

Verdad dices, y ansi para mostraros
Si sé tratar en paz, y obrar en guerra,
No quiero por amigos aceptaros,
Ni lo seré jamas de vuestra tierra,
Y con esto podeis luego tornaros.

SEGUNDO.

Que en esto tu querer, señor, se encierra?

CIPION.

Ya he dicho que sí.

SEGUNDO.

                   Pues sús al hecho:
Que guerras ama el Numantino pecho.

Salense los Embaxadores y QUINTO FABIO, hermano de CIPION dice.

El descuido pasado nuestro ha sido
El que os hace hablar de aquesa suerte;
Mas ya ha llegado el tiempo, ya es venido,
Do vereis nuestra gloria y vuestra muerte:

CIPION.

El vano blasonar no es admitido
De pecho valeroso, honrado y fuerte,
Templa las amenazas, Fabio, y calla,
Y tu valor descubre en la batalla,
Aunque yo pienso hacer que el Numantino
Nunca á las manos con nosotros venga
Buscando de vencerle tal camino,
Que mas á mi provecho le convenga:
Yo haré que abaxe el brio y pierda el tino,
Y que en sí mesmo su furor detenga.
Pienso de un hondo foso rodeallos,
Y por hambre insufrible subjetallos:
No quiero ya que sangre de Romanos
Colore mas el suelo desta tierra:
Basta la que han vertido estos Hispanos
En tan larga, reñida, y cruda guerra:
Exercitense agora vuestras manos
En romper y cabar la dura tierra,
Y cubranse de polvo los amigos
Que no lo estan de sangre de enemigos:
No quede de este oficio reservado
Ninguno que le tenga preminente:
Trabaje el decurion como el soldado,
Y no se muestre en esto diferente:
Yo mismo tomare el hierro pesado,
Y romperé la tierra facilmente.
Haced todos qual yo, y vereis que hago
Tal obra con que á todos satisfago.

QUINTO FABIO.

Valeroso señor y hermano mio,
Bien nos muestras en esto tu cordura,
Pues fuera conocido desvario
Y temeraria muestra de locura,
Pelear contra el loco airado brio
Destos desesperados sin ventura:
Mejor será encerrallos, como dices,
Y quitarles al brio las raices.
Bien puede la ciudad toda cercarse,
Sino es la parte por do el rio la baña.

CIPION.

Vamos, y venga luego á efectuarse
Esta mi nueva poco usada hazaña,
Y si en nuestro favor quiere mostrarse
El cielo, quedará subjeta España
Al senado Romano solamente
Con vencer la soberbia de esta gente.


SCENA II.


Sale una doncella coronada con unas torres y trae un castillo en la mano, la qual significa ESPAÑA, y dice

ESPAÑA.

Alto, sereno, y espacioso cielo,
Que con tus influencias enriqueces
La parte que es mayor desde mi suelo,
Y sobre muchos otros le engrandeces,
Muevate á compasion mi amargo duelo,
Y pues al afligido favoreces,
Favoreceme á mí en ansia tamaña,
Que soy la sola desdichada España.
Bastete ya que un tiempo me tuviste
Todos mis fuertes miembros abrasados,
Y al sol por mis entrañas descubriste
El reyno escuro de los condenados:
A mil tiranos, mil riquezas diste,
A Fenices y Griegos entregados
Mis reynos fueron, porque tu has querido,
O porque mi maldad lo ha merecido.
Será posible que contino sea
Esclava de naciones estrangeras,
Y que un pequeño tiempo yo no vea
De libertad, tendidas mis banderas?
Con justisimo titulo se emplea
En mí el rigor de tantas penas fieras,
Pues mis famosos hijos y valientes
Andan entre sí mesmos diferentes.
Jamas en su provecho concertaron
Los divididos animos briosos,
Antes entonces mas los apartaron
Quando se vieron mas menesterosos;
Y ansi con sus discordias convidaron
Los barbaros de pechos codiciosos
A venir y entregarse en mis riquezas,
Usando en mí y en ellos mil cruezas.
Sola Numancia es la que sola ha sido
Quien la luciente espada sacó fuera,
Y á costa de su sangre ha mantenido
La amada libertad suya primera:
Mas ay! que veo el termino cumplido,
Y llegada la hora postrimera
Do acabará su vida y no su fama,
Qual Fenix renovandose en la llama!
Estos tan muchos timidos Romanos,
Que buscan de vencer cien mil caminos,
Rehuyen de venir mas á las manos
Con los pocos valientes Numantinos.
O si saliesen sus intentos vanos,
Y fuesen sus quimeras desatinos,
Y esta pequeña tierra de Numancia,
Sacase de su perdida ganancia!
Mas ay! que el enemigo la ha cercado
No solo con las armas contrapuestas
Al flaco muro suyo, mas ha obrado
Con diligencia estraña y manos prestas,
Que un foso por la margen trincheado
Rodea la ciudad por llano y cuestas;
Sola la parte por do el rio se estiende,
De este ardid nunca visto se defiende.
Ansi estan encogidos y encerrados
Los tristes Numantinos en sus muros;
Ni ellos pueden salir ni ser entrados,
Y estan de los asaltos bien seguros;
Pero en solo mirar que están privados
De exercitar sus fuertes brazos duros,
Con horrendos acentos y feroces
La guerra piden ó la muerte á voces.
Y pues sola la parte por do corre
Y toca á la ciudad el ancho Duero,
Es aquella que ayuda y que socorre
En algo al Numantino prisionero,
Antes que alguna maquina ó gran torre
En sus aguas se funde, rogar quiero
Al caudaloso conocido rio,
En lo que puede ayude el pueblo mio.
Duero gentil, que con torcidas vueltas
Humedeces gran parte de mi seno,
Ansi en tus aguas siempre veas envueltas
Arenas de oro qual el Tajo ameno,
Y ansi las ninfas fugitivas sueltas,
De que está el verde prado y bosque lleno,
Vengan humildes á tus aguas claras,
Y en prestarte favor no sean avaras,
Que prestes á mis asperos lamentos
Atento oido, ó que á escucharlos vengas,
Y aunque dexes un rato tus contentos,
Suplicote que en nada te detengas:
Si tú con tus continos crecimientos
Destos fieros Romanos no me vengas,
Cerrado veo ya qualquier camino
A la salud del pueblo Numantino.

Sale el RIO DUERO con otros muchachos vestidos de rio como él, que son tres riachuelos que entran en DUERO.

DUERO.

Madre y querida España, rato havia
Que hirieron mis oidos tus querellas,
Y si en salir acá me detenia
Fue por no poder dar remedio á ellas.
El fatal, miserable, y triste dia
Segun el disponer de las estrellas
Se llega de Numancia, y cierto temo
Que no hay dar medio á su dolor extremo.
Con Orvion, Minuesa, y tambien Tera
Cuyas aguas las mias acrecientan,
He llenado mi seno en tal manera,
Que los usados margenes rebientan;
Mas sin temor de mi veloz carrera,
Qual si fuera un arroyo, veo que intentan
De hacer lo que tú, España, nunca veas,
Sobre mis aguas, torres y trincheas.
Mas ya que el revolver del duro hado
Tenga el ultimo fin estatuido
Deste tu pueblo Numantino amado,
Pues á terminos tales ha venido,
Un consuelo le queda en este estado,
Que no podran las sombras del olvido
Escurecer el sol de sus hazañas,
En toda edad temidas por estrañas.
Y puesto que el feroz Romano tiende
El paso agora por tu fertil suelo,
Y que te oprime aqui, y alli te ofende
Con arrogante y ambicioso zelo,
Tiempo vendrá, segun que ansi lo entiende
El saber que á Proteo ha dado el cielo,
Que esos Romanos sean oprimidos
Por los que agora tienen abatidos.
De remotas naciones venir veo
Gentes que habitarán tu dulce seno
Despues que como quiere tu deseo
Havrán á los Romanos puesto freno:
Godos serán, que con vistoso arreo,
Dexando de su fama el mundo lleno,
Vendrán á recogerse en tus entrañas,
Dando de nuevo vida á sus hazañas.
Estas injurias vengará la mano
Del fiero Atila en tiempos venideros,
Poniendo al pueblo tan feroz Romano
Sujeto á obedecer todos sus fueros,
Y portillos abriendo en Vaticano:
Tus bravos hijos, y otros estrangeros
Harán que para huir vuelva la planta
El gran Piloto de la nave santa.
Y tambien vendrá tiempo en que se mire
Estar blandiendo el Español cuchillo
Sobre el cuello Romano, y que respire
Solo por la bondad de su caudillo
El grande Albano: hará que se retire
El Español exercito; sencillo
No de valor, sino de poca gente,
Que iguala al mayor numero en valiente.
Y quando fuere ya mas conocido
El propio hacedor de tierra y cielo,
Aquel que ha de quedar estatuido
Por visorrey de Dios en todo el suelo,
A tus Reyes dará tal apellido,
Qual viere que mas quadra con su zelo:
Catolicos serán llamados todos,
Succesion digna de los fuertes Godos.
Pero el que mas levantará la mano
En honra tuya y general contento,
Haciendo que el valor del nombre Hispano
Tenga entre todos el mejor asiento,
Un Rey será, de cuyo intento sano
Grandes cosas me muestra el pensamiento:
Será llamado, siendo suyo el mundo,
El Segundo Filipo sin segundo.
Debaxo deste imperio tan dichoso
Serán á una corona reducidos
Por bien universal y tu reposo
Tres reynos hasta entonces divididos:
El giron Lusitano tan famoso
Que un tiempo se cortó de los vestidos
De la ilustre Castilla, ha de zurcirse
De nuevo, y á su estado antiguo unirse.
Qué invidia, y qué temor, España amada,
Te tendrán las naciones estrangeras,
En quien tu teñirás tu aguda espada,
Y tenderás triunfando tus banderas!
Sirvate esto de alivio en la pesada
Ocasion, por quien lloras tan de veras,
Pues no puede faltar lo que ordenado
Ya tiene de Numancia el duro hado.

ESPAÑA.

Tus razones alivio han dado en parte,
Famoso Duero, á las pasiones mias,
Solo porque imagino que no hay parte
De engaño alguno en estas profecias.

DUERO.

Bien puedes de eso, España, asegurarte,
Puesto que tarden tan dichosos dias,
Y á Dios, porque me esperan ya mis Ninfas.

ESPAÑA.

El cielo aumente tus sabrosas linfas.


JORNADA II.



SCENA I.


INTERLOCUTORES

TEOGENES, y CORABINO, con otros quatro
Numantinos, Gobernadores de Numancia,
y
MARQUINO, hechicero, y un CUERPO
MUERTO, que saldrá á su tiempo. Sientanse
á consejo, y los quatro Numantinos
que no tienen nombres, se señalan asi
:
PRIMERO, SEGUNDO, TERCERO, QUARTO.

TEOGENES.

Pareceme, varones esforzados,
Que en nuestros daños con rigor influyen
Los tristes signos y contrarios hados,
Pues nuestra fuerza y maña desminuyen:
Tienennos los Romanos encerrados,
Y con cobardes mañas nos destruyen,
Ni con matar muriendo no hay vengarnos,
Ni podemos sin alas escaparnos.
Y no solo á vencernos se despiertan
Los que havemos vencido veces tantas,
Que tambien Españoles se conciertan
Con ellos á segar nuestras gargantas.
Tan gran maldad los cielos no consientan;
Con rayos hieran las ligeras plantas
Que se mueven en daño del amigo,
Favoreciendo al perfido enemigo.
Mirad si imaginais algún remedio
Para salir de tanta desventura,
Porque este largo y trabajoso asedio
Solo promete presta sepultura.
El ancho foso nos estorva el medio
De probar con las armas la ventura,
Aunque á veces valientes, fuertes brazos,
Rompen mil contrapuestos embarazos.

CORABINO

A Jupiter pluguiera soberano
Que nuestra juventud sola se viera
Con todo el bravo exercito Romano
A donde el brazo rodear pudiera!
Que alli el valor de la Española mano
La mesma muerte poco estorvo fuera
Para dexar de abrir ancho camino
A la salud del pueblo Numantino.
Mas pues en tales terminos nos vemos,
Que estamos como damas encerrados,
Hagamos todo quanto hacer podremos
Para mostrar los animos osados:
A nuestros enemigos convidemos
A singular batalla, que cansados
De este cerco tan largo, ser podría
Quisiesen acabarle por tal via.
Y quando este remedio no suceda
A la justa medida del deseo,
Otro camino de intentar nos queda,
Aunque mas trabajoso á lo que creo:
Este foso y muralla que nos veda
El paso al enemigo que alli veo,
En un tropel de noche le rompamos
Y por ayuda á los amigos vamos.

NUMANTINO PRIMERO.

O sea por el foso ó por la muerte
De abrir tenemos paso á nuestra vida;
Que es dolor insufrible el de la muerte,
Si llega quando mas vive la vida;
Remedio á las miserias es la muerte,
Si se acrecientan ellas con la vida,
Y suele tanto mas ser excelente,
Quanto se muere mas honradamente.

SEGUNDO.

Con qué mas honra pueden apartarse
De nuestros cuerpos estas almas nuestras
Que en las Romanas armas arrojarse
Y en su daño mover las fuertes diestras?
En la ciudad podrá muy bien quedarse
Quien gusta de cobarde dar las muestras,
Que yo mi gusto pongo en quedar muerto
En el cerrado foso ó campo abierto.

TERCERO.

Esta insufrible hambre macilenta
Que tanto nos persigue y nos rodea,
Hacen que en vuestro parecer consienta,
Puesto que temerario y duro sea,
Muriendo, escusaremos tanta afrenta;
Mas quien morir de hambre no desea,
Arrojese conmigo al foso, y haga
Camino á su remedio con la daga.

QUARTO.

Primero que vengais al trance duro
Desta resolucion que haveis tomado,
Pareceme ser bien, que desde el muro
Nuestro fiero enemigo sea avisado,
Diciendole que dé campo seguro
A un Numantino, y otro su soldado,
Y que la muerte de uno sea sentencia
Que acabe nuestra antigua diferencia.
Son los Romanos tan soberbia gente,
Que luego aceptarán este partido,
Y si lo aceptan, creo firmemente
Que nuestro amargo daño ha fenecido,
Pues está Corabino aqui presente,
Cuyo valor me tiene persuadido
Que él solo contra tres bravos Romanos
Quitará la victoria de las manos.
Tambien será acertado, que Marquino,
Pues es un agorero tan famoso,
Mire qué estrella, qué planeta ó signo
Nos amenaza muerte, ó fin honroso,
Y si puede hallar algun camino
Que nos pueda mostrar si del dudoso
Cerco cruel, do estamos oprimidos,
Saldremos vencedores ó vencidos.
Tambien primero encargo que se haga
A Jupiter solene sacrificio,
De quien podremos esperar la paga
Harto mayor que nuestro beneficio;
Curese luego la profunda llaga
Del arraigado acostumbrado vicio,
Quiza con esto mudará de intento
El hado esquivo, y nos dará contento.
Para morir jamas le falta tiempo
Al que quiere morir desesperado:
Siempre seremos á sazon y á tiempo
Para mostrar muriendo el pecho osado,
Mas porque no se pase en valde el tiempo,
Mirad si os cuadra lo que aqui he ordenado,
Y sino os pareciere, dad un modo
Que mejor venga, y que convenga á todo.

MARQUINO.

Esa razon que muestran tus razones,
Es aprobada del intento mio,
Haganse sacrificios y oblaciones,
Y pongase en efecto el desafio:
Que yo no perderé las ocasiones
De mostrar de mi ciencia el poderio:
Yo sacaré del hondo centro escuro
Quien nos declare el bien ó el mal futuro.

TEOGENES.

Yo desde aquí me ofrezco, si os parece
Que puede de mi esfuerzo algo fiarse,
De salir á este duelo que se ofrece,
Si por ventura viene á efectuarse.

CORABINO.

Mas honra tu valor raro merece,
Bien pueden de tu esfuerzo confiarse
Mas dificiles cosas y mayores,
Por ser el que es mejor de los mejores;
Y pues tú ocupas el lugar primero
De la honra y valor con causa justa,
Yo que en todo me cuento por postrero,
Quiero ser el Haraldo desta justa.

PRIMERO.

Pues yo con todo el pueblo me prefiero
Hacer de lo que Jupiter mas gusta,
Que son los sacrificios y oraciones,
Si van con enmendados corazones.

SEGUNDO.

Vamonos, y con presta diligencia
Hagamos quanto aqui propuesto havemos,
Antes que la pestifera dolencia
De la hambre nos ponga en los extremos.

TERCERO.

Si tiene el cielo dada la sentencia
De que en este rigor fiero acabemos,
Revoquela, si acaso la merece
La justa enmienda que Numancia ofrece.


SCENA II.


Salen primero dos Soldados Numantinos MORANDRO, y LEONCIO.

LEONCIO.

Morandro amigo, á do vas,
O ácia do mueves el pie?

MORANDRO.

Si yo mismo no lo sé,
Tampoco tu lo sabras.

LEONCIO.

Cómo te saca de seso
Tu amoroso pensamiento?

MORANDRO.

Antes despues que le siento
Tengo mas razon y peso.

LEONCIO.

Eso ya está averiguado
Que el que sirviere al amor,
Ha de ser por su dolor
Con razon muy mas pesado.

MORANDRO.

De malicia ó de agudeza
No escapa lo que dixiste.

LEONCIO.

Tu mi agudeza entendiste,
Mas yo entiendo tu simpleza.

MORANDRO.

Qué, soy simple en querer bien?

LEONCIO.

Sí, si ya el querer no se mide,
Como la razon lo pide,
Con quando, como, y á quien.

MORANDRO.

Reglas quies poner á amor?

LEONCIO.

La razon puede ponellas.

MORANDRO.

Razonables serán ellas,
Mas no de mucho primor.

LEONCIO.

En la amorosa porfia
A razon no hay conocella.

MORANDRO.

Amor no va contra ella
Aunque de ella se desvia.

LEONCIO

No es ya contra la razon,
Siendo tú tan buen soldado,
Andar tan enamorado
En esta estrecha ocasion?
Al tiempo que del dios Marte
Has de pedir el furor,
Te entretienes con amor,
Que mil blanduras reparte?
Ves la patria consumida,
Y de enemigos cercada,
Y tu memoria turbada
Por amor de ella se olvida?

MORANDRO.

En ira mi pecho se arde
Por verte hablar sin cordura:
Hizo el amor por ventura
A ningun pecho cobarde?
Dexo yo la centinela
Por ir donde está mi dama?
O estoy durmiendo en la cama
Quando mi capitan vela?
Hasme tu visto faltar
De lo que debo á mi oficio,
Por algun regalo ó vicio,
Ni menos por bien amar?
Y si nada me has hallado
De que deba dar disculpa,
Porqué me das tanta culpa
De que sea enamorado?
Y si de conversacion
Me ves que ando siempre ageno,
Mete la mano en tu seno,
Veras si tengo razon.
No sabes los muchos años
Que tras Lira ando perdido?
No sabes que era venido
El fin de mis tristes daños,
Porque su padre ordenaba
De darmela por muger,
Y que Lira su querer
Con el mio concertaba?
Tambien sabes que llegó
En tan dulce coyuntura
Esta fuerte guerra dura,
Por quien mi gloria cesó.
Dilatose el casamiento
Hasta acabar esta guerra,
Porque no está nuestra tierra
Para fiestas y contento.
Mira quan poca esperanza
Puedo tener de mi gloria,
Pues está nuestra victoria
Toda en la enemiga lanza.
De la hambre fatigados,
Sin medio de algun remedio,
Tal muralla y foso en medio,
Pocos, y esos encerrados.
Pues como veo llevar
Mis esperanzas del viento,
Ando triste y descontento
Ansi qual me ves andar.

LEONCIO.

Sosiega, Morandro, el pecho,
Vuelve al brio que tenias,
Quizá por ocultas vias
Se ordena nuestro provecho:
Que Jupiter soberano
Nos descubrirá camino,
Por do el pueblo Numantino
Quede libre del Romano;
Y en dulce paz y sosiego
De tu esposa gozarás,
Y las llamas templarás
Deste tu amoroso fuego,
Que para tener propicio
Al gran Jupiter tonante,
Hoy Numancia en este instante
Le quiere hacer sacrificio.
Ya el pueblo viene y se muestra
Con las victimas é incienso.
O Jupiter, padre imenso!
Mira la miseria nuestra.


Han de salir agora dos Numantinos vestidos como sacerdotes antiguos, y traen asido de los cuernos en medio de entrambos un carnero grande, coronado de oliva ó yedra, y otras flores, y un paje con una fuente de plata y una toalla al hombro, otro con un jarro de plata lleno de agua, otro con otro lleno de vino, otro con otro plato de plata con un poco de incienso, otro con fuego y leña, otro que ponga una mesa con un tapete, donde se ponga todo esto, y salgan en esta scena todos los que huviere en la comedia en habito de Numantinos, y luego los sacerdotes, y dexando el uno el carnero de la mano, diga:

SACERDOTE PRIMERO.

Señales ciertas de dolores ciertos
Se me han representado en el camino,
Y los canos cabellos tengo yertos.

SACERDOTE SEGUNDO.

Si acaso yo no soy mal adevino,
Nunca con bien saldremos desta impresa.
Ay desdichado pueblo Numantino!

PRIMERO.

Hagamos nuestro oficio con la priesa
Que nos incitan los agueros tristes.

SEGUNDO.

Poned, amigos, acia aqui esa mesa,
El vino, encienso y agua, que trugistes,
Poneldo encima, y apartaos afuera,
y arrepentios de quanto mal hicistes,
Que la oblacion mejor y la primera
Que se debe ofrecer al alto cielo,
Es alma limpia y voluntad sincera.

PRIMERO.

El fuego no le hagais, vos, en el suelo,
Que aqui viene brasero para ello,
Que ansi lo pide el religioso zelo.

SEGUNDO.

Lavaos las manos, y limpiaos el cuello.

PRIMERO.

Dad aca el agua: el fuego no se enciende?

UNO.

No hay quien pueda, señores, encendello?

SEGUNDO.

O Jupiter! qué es esto que pretende
De hacer en nuestro daño el hado esquivo?
Cómo el fuego en la tea no se enciende?

UNO.

Ya parece, señor, que está algo vivo.

PRIMERO.

Quítate afuera, ó flaca llama escura,
Que dolor en mirarte ansi, recibo.
No miras como el humo se apresura
A caminar al lado del Poniente,
Y la amarilla llama mal sigura
Sus puntas encamina acia el Oriente?
Desdichada señal, señal notoria
Que nuestro mal y daño está presente.

SEGUNDO.

Aunque lleven Romanos la victoria
De nuestra muerte, en humo ha de tornarse
Y en llamas vivas nuestra muerte y gloria.

PRIMERO.

Pues debe con el vino rociarse
El sacro fuego, dad aca ese vino,
Y el incienso tambien que ha de quemarse.

Rocian el fuego, y á la redonda con el vino, y luego ponen el incienso en el fuego, y dice el

SEGUNDO.

Al bien del triste pueblo Numantino
Endereza, ó gran Jupiter, la fuerza
Propicia, del contrario amargo signo.

PRIMERO.

Ansi como este ardiente fuego fuerza
A que en humo se vaya el sacro incienso,
Ansi se haga al enemigo fuerza,
Para que en humo eterno, padre inmenso,
Todo su bien, toda su gloria vaya,
Ansi como tu puedes, y yo pienso.

SEGUNDO.

Tengan los cielos su poder á raya
Ansi como esta victima tenemos,
Y lo que ella ha de haber, él tambien haya.

PRIMERO.

Mal responde el aguero, mal podremos
Ofrecer esperanza al pueblo triste,
Para salir del mal que poseemos.

Hagase ruido debaxo del tablado con un barril lleno de piedras, y disparese un cohete volador.

SEGUNDO.

No oyes un ruido, amigo? viste
El rayo ardiente que pasó volando?
Presago verdadero desto fuiste.

PRIMERO.

Turbado estoy, de miedo estoy temblando,
O qué señales en el ayre veo!
Qué amargo fin nos van pronosticando!
No ves un esquadron airado y feo
De unas aguilas fieras, que pelean
Con otras aves en marcial rodeo?

SEGUNDO.

Solo su esfuerzo y su rigor emplean
En encerrar las aves en un cabo,
Y con astucia y arte las rodean.

PRIMERO.

Tal señal vitupero, y no la alabo,
Aguilas imperiales vencedoras:
Tu verás de Numancia presto el cabo.

SEGUNDO.

Aguilas, de gran mal anunciadoras,
Partios, que ya el aguero vuestro entiendo,
Ya el efecto, contadas son las horas.

PRIMERO.

Con todo, el sacrificio hacer pretendo
Desta inocente victima, guardada
Para aplacar el dios del rostro horrendo.
O gran Pluton, á quien por suerte dada
Le fue la habitacion del reyno oscuro,
Y el mando en la infernal triste morada,
Ansi vivas en paz, cierto y seguro
De que la hija de la sacra Ceres
Corresponde á tu amor con amor puro,
Que en todo aquello que en provecho vieres
Venir del pueblo triste que te invoca,
Lo allegues, qual se espera de quien eres;
Atapa la profunda escura boca
Por do salen las tres fieras hermanas,
A hacernos el daño que nos toca,
Y sean de dañarnos tan livianas

Quite algunos pelos al carnero y echelos al ayre.

Sus intenciones, que las lleve el viento:
Y ansi como yo baño y ensangriento
Este cuchillo en esta sangre pura
Con alma limpia y limpio pensamiento,
Ansi la tierra de Numancia dura
Se bañe con la sangre de Romanos,
Y aun les sirva tambien de sepultura.

Aqui ha de salir por los huecos del tablado un demonio hasta el medio cuerpo, y ha de arrebatar el carnero, y meterle dentro, y tornar luego á salir, y derramar y esparcir el fuego, y todos los sacrificios.

Mas quien me ha arrebatado de las manos
La victima? qué es esto, dioses santos?
Qué prodigios son estos tan insanos?
No os han enternecido ya los llantos
Deste pueblo lloroso y afligido,
Ni la sagrada voz de nuestros cantos?

SEGUNDO.

Antes creo que se han endurecido,
Qual se puede inferir de las señales
Tan fieras como aqui han acontecido;
Nuestros vivos remedios son mortales,
Toda es nuestra pereza diligencia,
Y los bienes agenos nuestros males.

UNO DEL PUEBLO.

Enfin, dado han los cielos la sentencia
De nuestro fin amargo y miserable,
No nos quiere valer ya su clemencia.

OTRO.
Lloremos pues en son tan lamentable
Nuestra desdicha, que en la edad postrera
Dél y de nuestro esfuerzo siempre se hable.
Marquino haga la experiencia entera
De todo su saber, y sepa quanto
Nos promete de mal la lastimera
Suerte, que ha vuelto nuestra risa en llanto.

Salense todos, y quedan solos MORANDRO y LEONCIO.

MORANDRO.

Leoncio, qué te parece?
Tendrán remedio mis males
Con estas buenas señales,
Que aqui el cielo nos ofrece?
Tendrá fin mi desventura
Quando se acabe la guerra?
Que será quando la tierra
Me sirva de sepultura?

LEONCIO.

Morandro, al que es buen soldado
Agueros no le dan pena,
Que pone la suerte buena
En el animo esforzado;
Y esas vanas apariencias
Nunca le turban el tino,
Su brazo es su estrella y signo,
Su valor sus influencias;
Pero si quieres creer
En este notorio engaño,
Aun quedan, si no me engaño,
Experiencias mas que hacer,
Que Marquino las hará,
Las mejores de su ciencia,
Y el fin de nuestra dolencia
Ser bueno, ó malo sabrá.
Pareceme que le veo:
En que estraño trage viene!

MORANDRO.

Quien con feos se entretiene
No es mucho que venga feo:
Será acertado seguirle?

LEONCIO.

Acertado me parece
Por si acaso se le ofrece
Algo en que poder servirle.

Aquí sale MARQUINO con una ropa negra de bocaci ancha, y una cabellera negra, y los pies descalzos, y en la cinta traerá, de modo que se le vean, tres redomillas llenas de agua, la una negra, la otra teñida con azafran, y la otra clara; y en la una mano una lanza barnizada de negro, y en la otra un libro, y viene MILVIO con él, y asi como entran, se ponen á un lado LEONCIO y MORANDRO.

MARQUINO.

Dó dices, Milvio, que está el joven triste?

MILVIO.

En esta sepultura está enterrado.

MARQUINO.

No yerres el lugar do le pusiste.

MILVIO.

Nó, que con esta piedra señalado
Dexé el lugar adonde el mozo tierno
Fue con lagrimas tiernas sepultado.

MARQUINO.

De qué murió?

MILVIO.

            Murió de mal gobierno:
La flaca hambre le acabó la vida,
Peste cruel, salida del infierno.

MARQUINO.

En fin, que dices, que ninguna herida
Le cortó el hilo del vital aliento,
Ni fue cancer, ni llaga su homicida?
Esto te digo, porque hace al cuento
De mi saber, que esté este cuerpo entero,
Organizado todo, y en su asiento.

MILVIO.

Havrá tres horas que le di el postrero
Reposo, y le entregué á la sepultura,
Y de hambre murió, como refiero.

MARQUINO.

Está muy bien, y es buena coyuntura
La que me ofrecen los propicios signos
Para invocar de la región oscura
Los feroces espiritus malignos:
Presta atentos oidos á mis versos.
Fiero Pluton, que en la region oscura
Entre ministros de animos perversos
Te cupo de reynar suerte y ventura,
Haz, aunque sean de tu gusto adversos,
Cumplidos mis deseos, y en la dura
Ocasion que te invoco, no te tardes
Ni á ser mas oprimido de mí aguardes.
Quiero que al cuerpo que aquí está enterrado,
Vuelvas el alma que le daba vida,
Aunque el fiero Caron del otro lado
La tenga en la ribera denegrida,
Y aunque en las tres gargantas del airado
Cerbero esté penada y escondida,
Salga, y torne á la luz del mundo nuestro,
Que luego tornará al escuro vuestro;
Y pues ha de salir, salga informada
Del fin que ha de tener guerra tan cruda,
Y desto no me encubra ó calle nada,
Ni me dexe confuso y con mas duda
La platica desta alma desdichada,
De toda ambiguidad libre y desnuda
Tiene de ser. Inviala, qué esperas?
Esperas á que hable con mas veras?
No revolveis la piedra, desleales?
Decid, ministros falsos, qué os detiene?
Cómo? no me haveis dado ya señales
De que haceis lo que digo, y me conviene?
Buscais con deteneros vuestros males,
O gustais de que yo al momento ordene
De poner en efecto los conjuros
Que ablandan vuestros fieros pechos duros?
Ea pues, vil canalla, mentirosa,
Aparejaos á duro sentimiento,
Pues sabeis que mi voz es poderosa
De doblaros la rabia y el tormento.
Dime traidor esposo de la esposa
Que seis meses del año á su contento
Está sin tí, haciendote cornudo,
[A]
Porqué á mis peticiones estás mudo?
Este hierro bañado en agua clara
Que al suelo no tocó en el mes de Mayo,
Herirá en esta piedra, y hará clara
Y patente la fuerza deste ensayo.

Con el agua de la redoma clara baña el hierro de la lanza, y luego hiere en la tabla, y debaxo ó sueltense cohetes, ó hágase el rumor con el barril de piedras.

Ya parece, canalla, que á la clara
Dais muestras de que os toma cruel desmayo.
Qué rumores son estos, ea malvados,
Que alfin venis, aunque venis forzados?
Levantad esta piedra, fementidos,
Y descubridme el cuerpo que aqui yace.
Qué es esto? qué tardais? á dó sois idos?