[Footnote A: Alusión á las puntas ó cuernos de la luna, quando crece ó mengua.]
Cómo mi mandado al punto no se hace?
No os curais de amenazas, descreidos?
Pues no espereis que mas os amenace:
Esta agua negra del Estigio lago
Dará á vuestra tardanza presto el pago.
Agua de la fatal negra laguna,
Cogida en triste noche, escura y negra,
Por el poder que en ti junto se auna,
A quien otro poder ninguno quiebra,
...... diabolica importuna,
Y á quien la primer forma de culebra
Tomó, conjuro, apremio, pido y mando,
Que venga á obedecerme aqui volando.
Rocia con el agua la sepultura, y abrese.
O mal logrado mozo, sal ya fuera,
Y vuelve á ver el sol claro y sereno;
Dexa aquella region do no se espera
En ella un dia sosegado y bueno;
Dame, pues puedes, relacion entera
De lo que has visto en el profundo seno
Digo, de aquello á que mandado eres,
Y mas, si al caso toca, y tu pudieres.
Sale el CUERPO amortajado, con un rostro de mascara, descolorido, como de muerto, y va saliendo poco á poco, y en saliendo, dexase caer en el teatro sin mover pie ni mano hasta su tiempo.
Qué es esto? no respondes? no revives?
Otra vez has gustado de la muerte?
Pues yo haré que con tu pena avives,
Y tengas el hablar á buena suerte,
Pues eres de los nuestros, no te esquives
De hablarme y responderme, mira, advierte
Que si callas, haré que con tu mengua
Sueltes la atada y encogida lengua.
Rocia el cuerpo con el agua amarilla, y luego le azota con un
azote.
Espiritus malignos, no aprovecha?
Pues esperad, saldrá el agua encantada
Que hará mi voluntad tan satisfecha,
Quanto es la vuestra perfida y dañada,
Y aunque esta carne fuera polvos hecha,
Siendo con este azote castigada,
Cobrará nueva aunque ligera vida,
Del aspero rigor suyo oprimida.
Menease y estremecese el cuerpo á este punto.
Alma rebelde, vuelve al aposento
Que pocas horas ha desocupaste.
El CUERPO.
Cese la furia del rigor violento,
Tuyo, Marquino, baste, triste, baste
La que yo paso en la region escura,
Sin que tú crezcas mas mi desventura.
Engañaste, si piensas que recibo
Contento de volver á esta penosa,
Misera y corta vida, que aora vivo,
Que ya me va faltando presurosa;
Antes me causas un dolor esquivo,
Pues otra vez la muerte rigurosa
Triunfará de mi vida y de mi alma,
Mi enemigo tendrá doblada palma,
El qual con otros del escuro vando,
De los que son sujetos á aguardarte,
Está con rabia en torno, aqui esperando
A que acabe, Marquino, de informarte
Del lamentable fin, del mal nefando,
Que de Numancia puedo asegurarte,
La qual acabará á las mismas manos
De los que son á ella mas
cercanos.
No llevarán Romanos la victoria
De la fuerte Numancia, ni ella menos
Tendrá del enemigo triunfo ó gloria,
Amigos y enemigos, siendo buenos,
No entiendas que de paz havrá memoria,
Que rabia alverga en sus contrarios senos:
El amigo cuchillo el homicida
De Numancia será, y será su vida,
Arrojase en la sepultura, y dice:
Y quedate, Marquino, que los hados
No me conceden mas hablar contigo,
Y aunque mis dichos tengas por trocados,
Al fin saldrá verdad lo que te digo.
MARQUINO.
O tristes signos, signos desdichados,
Si esto ha de suceder del pueblo, amigo,
Primero que mirar tal desventura,
Mi vida acabe en esta sepultura.
Arrojase MARQUINO en la sepultura.
MORANDRO.
Mira, Leoncio, si ves,
Por do yo pueda decir,
Que no me haya de salir
Todo mi gusto al reves!
De toda nuestra ventura
Cerrado está ya el camino,
Sino, digalo, Marquino,
El muerto, y la sepultura,
LEONCIO.
Que todas son ilusiones,
Quimeras y fantasias,
Agueros y hechicerias,
Diabolicas invenciones:
No muestres que tienes poca
Ciencia en creer desconciertos,
Que poco cuidan los muertos
De lo que á los vivos toca.
MILVIO.
Nunca, Marquino, hiciera
Desatino tan estraño,
Si nuestro futuro daño
Como presente no viera:
Avisemos este caso
Al pueblo, que está mortal;
Mas para dar nueva tal
Quién podrá mover el paso?
INTERLOCUTORES
CIPION.
En forma estoy contento en mirar como
Corresponde á mi gusto la ventura,
Y esta libre nacion soberbia domo
Sin fuerzas, solamente con cordura.
En viendo la ocasion, luego la tomo,
Porque sé que si corre, y se apresura,
Y si se pasa, en cosas de la guerra
El credito consume y vida atierra.
Juzgabades á loco desvario
Tener los enemigos encerrados,
Y que era mengua del Romano brio,
No vencerlos con modos mas usados:
Bien sé que lo havrán dicho, mas yo fio
Que los que fueren practicos soldados,
Diran que es de tener en mayor cuenta
La victoria que menos es
sangrienta.
Qué gloria puede haver mas levantada
En las cosas de guerra que aqui digo,
Que sin quitar de su lugar la espada
Vencer y sujetar al enemigo?
Que quando la victoria es grangeada
Con la sangre vertida del amigo,
El gusto mengua que causar pudiera
La que sin sangre tal, ganada fuera.
Aqui ha de sonar una trompeta desde el muro de Numancia.
QUINTO FABIO.
Oye, señor, que de Numancia suena
El són de una trompeta, y me asiguro
Que decirte algo desde allá se ordena,
Pues el salir acá lo estorva el muro.
Corabino se ha puesto en una almena,
Y una señal ha hecho de seguro:
Lleguemonos mas cerca.
CIPION.
Sea,
lleguemos.
GAYO MARIO.
No mas: que dende aqui le entenderemos.
Ponese CORABINO encima de la muralla con bandera blanca
puesta en una lanza.
CORABINO.
Romanos, ah Romanos, puede acaso
Ser de vosotros esta voz oida?
GAYO MARIO.
Puesto que mas la baxes, y hables paso,
Qualquiera tu razon será entendida.
CORABINO.
Decid al General, que acerque el paso
Al foso, porque viene dirigida
A él una embaxada.
CIPION.
Dila
presto,
Que yo soy Cipion.
CORABINO.
Escucha
el resto.
Dice Numancia, General prudente,
Que consideres bien que ha muchos años
Que entre la nuestra y tu Romana gente
Duran los males de la guerra estraños,
Y que por evitar que no se aumente
La dura pestilencia destos daños,
Quiere, si tu quisieres, acaballa,
Con una breve y singular batalla.
Un soldado se ofrece de los nuestros
A combatir cerrado en estacada,
Con qualquiera esforzado de los vuestros
Por acabar contienda tan pesada,
Y si los hados fueren tan siniestros,
Que el uno quede sin la vida amada,
Si fuere el nuestro, darse ha la tierra,
Si el tuyo fuere, acabese la guerra:
Y por seguridad deste concierto,
Daremos á tu gusto los rehenes.
Bien sé que en él vendrás, porque estás
cierto
De los soldados que á tu cargo tienes,
Y sabes que el menor en campo abierto
Hará sudar el pecho, el rostro y sienes
Al mas aventajado de Numancia:
Ansi que está sigura tu ganancia.
Respondeme, señor, si estas en ello,
Porque á la execucion se venga luego.
CIPION.
Donaire es lo que dices, risa, juego,
Y loco el que pensase de hacello.
Usad el medio del humilde ruego,
Si quereis que se escape vuestro cuello
De probar el rigor y filos diestros
Del Romano cuchillo y brazos nuestros.
La fiera que en la jaula está
encerrada
Por su selvatiquez y fuerza dura,
Si puede alli con maña ser domada
Y con el tiempo y medios de cordura,
Quien la dexase ir libre y desatada,
Daria grandes muestras de locura:
Bestias sois, y por tales encerrados
Os tengo donde haveis de ser domados:
Mia será Numancia á pesar vuestro,
Sin que me cueste un minimo soldado,
Y el que teneis vosotros por mas diestro
Rompa por ese foso trincheado,
Y si en esto os parece que yo muestro
Un poco mi valor acobardado,
El viento lleve agora esta verguenza,
Y vuelvale la fama quando os venza.
Vanse CIPION y los suyos.
CORABINO.
No escuchas mas, cobarde? ya te escondes?
Enfadate la igual justa batalla?
Mal con tu nombradia correspondes,
Mal podrás deste modo sustentalla;
En fin, como cobarde me respondes:
Cobardes sois, Romanos, vil canalla,
En vuestra muchedumbre confiados,
Y no en los diestros brazos levantados.
Perfidos, desleales, fementidos,
Crueles, revoltosos y tiranos,
Ingratos, codiciosos, mal nacidos,
Pertinaces, feroces y villanos,
Adulteros, infames, conocidos
Por de industriosas, mas cobardes manos,
Qué gloria alcanzareis en darnos muerte
Teniendonos atados desta suerte?
Encerrado escuadron, ó manga suelta
En la campaña rasa, do no pueda
Estorbar la mortal fiera revuelta
El ancho foso y muro que la veda,
Fuera bien que sin dar el pie la vuelta
Y sin tener jamas la espada queda
Ese exercito mucho bravo vuestro,
Se viera con el poco flaco nuestro.
Mas como siempre estais acostumbrados
A vencer con ventajas y con mañas,
Estos conciertos en valor fundados
No los admiten bien vuestras marañas:
Liebres en pieles fieras disfrazados,
Load y engrandeced vuestras hazañas,
Que espero en el gran Jupiter de veros
Sujetos á Numancia y á sus fueros.
Baxase, y torna á salir luego con todos los Numantinos que salieron en el principio de la segunda jornada, excepto MARQUINO, que se arrojó en la sepultura, y sale tambien MORANDRO.
TEOGENES.
En terminos nos tiene nuestra suerte,
Dulces amigos, que será ventura
Acabar nuestros daños con la muerte;
Por nuestro mal, por nuestra desventura,
Vistes del sacrificio el triste aguero,
Y á Marquino tragar la sepultura:
El desafio no ha importado un cero:
De intentar que nos queda, no lo siento,
Sino es acelerar el fin postrero.
Esta noche se muestre el ardimiento
Del Numantino acelerado pecho,
Y pongase por obra nuestro intento:
El enemigo muro sea deshecho,
Salgamos á morir á la campaña,
Y no como cobardes en estrecho.
Bien sé que solo sirve esta hazaña
De que á nuestro morir se mude el modo,
Que con ella la muerte se acompaña.
CORABINO.
Con ese parecer yo me acomodo,
Morir quiero rompiendo el fuerte muro,
Y deshacelle por mi mano todo.
Mas tieneme una cosa mal seguro,
Que si nuestras mugeres saben esto,
De que no haremos nada os aseguro.
Quando otra vez tuvimos presupuesto
De salir y dexallas, cada uno
Fiado en su caballo y brazo diestro,
Ellas que el trato á ellas importuno
Supieron, al momento nos robaron
Los frenos, sin dexarnos solo uno.
Entonces el salir nos estorbaron,
Y ansi lo harán agora facilmente,
Si las lagrimas muestran que mostraron.
MORANDRO.
Nuestro disignio á todas es patente,
Todas lo saben, ya no queda alguna
Que no se quexa dello amargamente;
Y dicen que en la buena ó ruin fortuna
Quieren en vida y muerte acompañarnos,
Aunque su compañia es importuna.
Aqui entran quatro ó mas mugeres de Numancia, y con
ellas LIRA, las mugeres traen unas figuras de niños
en los brazos, y otros de las manos, excepto LIRA que no
trae ninguno.
Veislas aqui do vienen á rogaros,
No las dexeis en tantos embarazos,
Aunque seais de acero han de ablandaros.
Los tiernos hijos vuestros en los brazos
Las tristes traen: no veis con qué señales
De amor les dan los ultimos abrazos?
PRIMERA.
Dulces señores nuestros, si en los males
Hasta aqui de Numancia padecidos,
Que son menores los que son mortales,
Y en los bienes tambien que ya son idos,
Siempre mostramos ser mugeres vuestras,
Y vosotros tambien nuestros maridos,
Porqué en las ocasiones tan siniestras
Que el cielo airado agora nos ofrece,
Nos dais de aquel amor tan cortas muestras?
Hemos sabido, y claro se parece
Que en las Romanas armas arrojaros
Quereis, pues su rigor menos empece
Que no la hambre de que veis
cercaros,
De cuyas flacas manos desabridas
Por imposible tengo el escaparos.
Peleando quereis dexar las vidas,
Y dexarnos tambien desamparadas,
A deshonras y muertes ofrecidas.
Nuestro cuello ofreced á las espadas
Vuestras primero, que es mejor partido,
Que vernos de enemigos deshonradas.
Yo tengo en mi intencion estatuido
Que si puedo, haré quanto en mi fuere
Por morir do muriere mi marido,
Y esto mesmo hará la que quisiere
Mostrar que no los miedos de la muerte
Le estorban, de querer á quien bien quiere
En buena, ó mala, en dulce, ó amarga suerte.
OTRA.
Qué pensais, varones claros?
Revolveis aun todavia
En la triste fantasia
De dexarnos y ausentaros?
Quereis dexar por ventura
A la Romana arrogancia
Las virgines de Numancia
Para mayor desventura?
Y á los libres hijos nuestros
Quereis esclavos dexallos?
No será mejor ahogallos
Con los propios brazos vuestros?
Quereis hartar el deseo
De la Romana codicia,
Y que triunfe su injusticia
De nuestro justo trofeo?
Serán por agenas manos
Nuestras casas derribadas:
Y las bodas esperadas
Hanlas de gozar Romanos?
En salir hareis error,
Que acarrea cien mil yerros,
Porque dexais sin los perros
El ganado, y sin señor.
Si al foso quereis salir
Llevadnos en tal salida,
Porque tendremos por vida
A vuestros lados morir.
No apresureis el camino
Al morir, porque su estambre
Cuidado tiene la hambre.
De cercenarla contino.
OTRAS.
Hijos destas tristes madres,
Qué es esto? cómo no hablais?
Y con lagrimas rogais
Que no os dexen vuestros padres?
Basta que la hambre insana
Os acabe con dolor,
Sin esperar el rigor
De la aspereza Romana.
Decildes que os engendraron
Libres, y libres nacistes,
Y que vuestras madres tristes
Tambien libres os criaron.
Decildes que pues la suerte
Nuestra va tan de caida,
Que como os dieron la vida,
Ansi mismo os den la muerte.
O muros desta ciudad,
Si podeis hablad, decid,
Y mil veces repetid:
Numantinos, libertad.
Los templos, las casas nuestras
Levantadas en concordia
Os piden misericordia,
Hijos y mugeres vuestras.
Ablandad, claros varones,
Esos pechos diamantinos,
Y mostrad qual Numantinos
Amorosos corazones:
Que no por romper el muro
Remediais un mal tamaño,
Antes en ello está el daño
Mas propincuo y mas seguro.
LIRA.
Tambien las tiernas doncellas
Ponen en vuestra defensa
El remedio de su ofensa,
Y el alivio á sus querellas.
No dexeis tan ricos robos
A las codiciosas manos,
Mirad que son los Romanos
Hambrientos y fieros lobos.
Desesperacion notoria
Es esta que hacer quereis,
A donde solo hallareis
Breve muerte y larga gloria.
Mas ya que salga mejor
Que yo pienso, esta hazaña,
Qué ciudad hay en España
Que quiera daros favor?
Mi pobre ingenio os advierte
Que si haceis esta salida,
Al enemigo dais vida,
Y á toda Numancia muerte.
De vuestro acuerdo gentil
Los Romanos burlarán;
Porque, decidme, qué harán
Tres mil contra ochenta mil?
Aunque estuviesen abiertos
Los muros y sin defensa,
Seriades con ofensa
Mal vengados y bien muertos.
Mejor es que la ventura
Del daño que el cielo ordene,
O nos salve, ó nos condene,
De la vida ó sepultura.
TEOGENES.
Limpiad los ojos humidos del llanto,
Mugeres tiernas, y tené entendido
Que vuestra angustia la sentimos tanto,
Que responde al amor nuestro subido,
Ora crezca el dolor, ora el quebranto,
Sea por nuestro bien diminuido,
Jamas en vida ó muerte os dejaremos,
Antes en muerte y vida os serviremos.
Pensabamos salir al foso ciertos
Antes de alli morir que de escaparnos,
Pues fuera quedar vivos aunque muertos,
Si muriendo pudieramos vengarnos;
Mas pues nuestros disignios descubiertos
Han sido, y es locura aventurarnos,
Amados hijos y mugeres nuestras,
Nuestras vidas serán de hoy mas las vuestras.
Solo se ha de mirar que el enemigo
No alcance de nosotros triunfo y gloria,
Antes ha de servir él de testigo
Que apruebe y eternice nuestra historia;
Y si todos venis en lo que digo
Mil siglos durará nuestra memoria,
Y es que no quede cosa aqui en Numancia
De do el contrario pueda haver ganancia.
En medio de la plaza se haga un fuego,
En cuya ardiente llama licenciosa
Nuestras riquezas todas se echen luego
Desde la pobre á la mas rica cosa,
Y esto podeis tener á dulce juego,
Quando os declare la intención honrosa
Que se ha de efectuar, despues que sea
Abrasada qualquier rica presea.
Y para entretener por alguna hora
La hambre que ya roe nuestros huesos,
Hareis descuartizar luego á la hora
Esos tristes Romanos que están presos,
Y sin del chico al grande hacer mejora,
Repartanse entre todos, que con esos
Será nuestra comida celebrada
Por estraña cruel necesitada.
Amigos, qué os parece? estais
en esto?
CORABINO.
Digo que á mi me tiene satisfecho,
Y que á la execucion se venga presto
De tan estraño y tan honroso hecho.
TEOGENES.
Pues yo de mi intencion os diré el resto
Despues que sea lo que digo hecho.
Vamos á ser ministros todos luego
De encender el ardiente y rico fuego.
MUGER PRIMERA.
Nosotras desde aqui ya comenzamos
A dar con voluntad nuestros arreos,
Y á la vida las vuestras entregamos
Como se han entregado los deseos.
LIRA.
Ea pues, caminemos, vamos, vamos,
Y abrasense en un punto los trofeos
Que pudieran hacer ricas las manos,
Y aun hartar la codicia de Romanos.
Vanse todos, y al salir MORANDRO, ase á LIRA
por el brazo, y detienela.
MORANDRO.
No vayas tan de corrida,
Lira, dexame gozar
Del bien que me puede dar
En la muerte alegre vida:
Dexa que miren mis ojos
Un rato tu hermosura,
Pues tanto mi desventura
Se entretiene en mis enojos.
O dulce Lira, que sueñas
Contino en mi fantasia
Con tan suave harmonia
Que vuelve en gloria mis penas!
Qué tienes? qué estás pensando,
Gloria de mi pensamiento?
LIRA.
Pienso como mi contento
Y el tuyo se va acabando,
Y no será su homicida
El cerco de nuestra tierra,
Que primero que la guerra
Se me acabará la vida.
MORANDRO
Qué dices, bien de mi alma?
LIRA.
Que me tiene tal la hambre,
Que de mi vital estambre
Llevará presto la palma.
Qué tálamo has de esperar
De quien está en tal estremo,
Que te aseguro que temo
Antes de un hora espirar.
Mi hermano ayer espiró
De la hambre fatigado,
Y mi madre ya ha acabado,
Que la hambre la acabó.
Y si la hambre y su fuerza
No ha rendido mi salud,
Es porque la juventud
Contra su rigor se esfuerza.
Pero como ha tantos dias
Que no le hago defensa,
No pueden contra su ofensa
Las debiles fuerzas mias.
MORANDRO.
Enjuga, Lira, los ojos,
Dexa que los tristes mios
Se vuelvan corrientes rios
Nacidos de tus enojos;
Y aunque la hambre ofendida
Te tenga tan sin compas,
De hambre no morirás
Mientras yo tuviere vida.
Yo me ofrezco de saltar
El foso y el muro fuerte,
Y entrar por la misma muerte
Para la tuya escusar.
El pan que el Romano toca
Sin que el temor me destruya,
Lo quitaré de la suya
Para ponerlo en tu boca.
Con mi brazo haré carrera
A tu vida y á mi muerte,
Porque mas me mata el verte,
Señora, de esa manera.
Yo te traeré de comer
A pesar de los Romanos,
Si ya son estas mis manos
Las mismas que solian ser.
LIRA.
Hablas como enamorado,
Morandro, pero no es justo
Que ya tome gusto el gusto
Con tu peligro comprado.
Poco podrá sustentarme
Qualquier robo que harás,
Aunque mas cierto hallarás
El perderte que ganarme.
Goza de tu mocedad
En fresca edad y crecida,
Que mas importa tu vida
Que la mia, á la ciudad.
Tu podrás bien defendella
De la enemiga asechanza,
Que no la flaca pujanza
Desta tan triste doncella.
Ansi que, mi dulce amor,
Despide ese pensamiento,
Que yo no quiero sustento
Ganado con tu sudor.
Que aunque puedas alargar
Mi muerte por algun dia,
Esta hambre que porfia,
En fin nos ha de acabar.
MORANDRO.
En vano trabajas, Lira,
De impidirme este camino,
Do mi voluntad y signo
Allá me convida y tira.
Tu rogarás entretanto
A los Dioses, que me vuelvan
Con despojos que resuelvan
Tu miseria y mi quebranto.
LIRA.
Morandro, mi dulce amigo,
No vayas, que se me antoja
Que de tu sangre veo roja
La espada del enemigo.
No hagas esta jornada,
Morandro, bien de mi vida,
Que si es mala la salida,
Es muy peor la tornada.
Si quiero aplacar tu brio,
Por testigo pongo al cielo,
Que de mi daño recelo
Y no del provecho mio.
Mas si acaso, amado amigo,
Prosigues esta contienda,
Lleva este abrazo por prenda
De que me llevas contigo.
MORANDRO.
Lira, el cielo te acompañe:
Vete, que á Leoncio veo.
LIRA.
Y á ti te cumpla el deseo,
Y en ninguna parte dañe.
LEONCIO ha de estar escuchando todo lo que ha pasado entre su
amigo MORANDRO y LIRA.
LEONCIO.
Terrible ofrecimiento es el que has hecho,
Y en él, Morando, se nos muestra claro
Que no hay cobarde enamorado pecho,
Aunque de tu virtud y valor raro
Debe mas esperarse; mas yo temo
Que el hado infeliz se muestre avaro.
He estado atento al miserable estremo
En que te ha dicho Lira que se halla,
Indigno cierto á su valor supremo:
Y que tu has prometido de libralla
Deste presente daño, y arrojarte
En las armas Romanas á batalla.
Yo quiero, buen amigo, acompañarte,
Y en empresa tan justa y tan forzosa
Con mis pequeñas fuerzas ayudarte.
MORANDRO.
O mitad de mi alma! ó venturosa
Amistad no en trabajos dividida,
Ni en la ocasion mas prospera y dichosa!
Goza, Leoncio, de la dulce vida,
Quedate en la ciudad, que yo no quiero
Ser de tus verdes años homicida:
Yo solo tengo de ir, yo solo espero
Volver con los despojos merecidos
A mi inviolable fe y amor sincero.
LEONCIO.
Pues ya tienes, Morandro, conocidos
Mis deseos, que en buena ó mala suerte
Al sabor de los tuyos van medidos.
Sabrás que no los miedos de la
muerte
De ti me apartarán un solo punto,
Ni otra cosa (si la hay) que sea mas fuerte.
Contigo tengo de ir, contigo junto
He de volver, si ya el cielo no ordena
Que quede en tu defensa allá difunto.
MORANDRO.
Quedate, amigo! queda enhorabuena,
Porque si yo acabáre aqui la vida
En esta empresa de peligro llena,
Tu puedas á mi madre dolorida
Consolar en el trance riguroso,
Y á la esposa de mí tanto querida.
LEONCIO.
Cierto que estás, amigo, muy donoso
En pensar que tú muerto, quedaria
Yo con tal quietud y tal reposo,
Que de consuelo alguno serviria
A la doliente madre y triste esposa:
Pues en la tuya está la muerte mia,
Seguirte tengo en la ocasion dudosa,
Mira como ha de ser, Morandro, amigo,
Y en el quedarme no me hables cosa.
MORANDRO.
Pues no puedo estorvarte el ir conmigo,
En el silencio de la noche oscura
Tenemos de asaltar al enemigo;
Lleva ligeras armas, que ventura
Es la que ha de ayudar al alto intento,
Que no la malla entretegida y dura:
Lleva ansi mismo puesto el pensamiento
En robar y traer á buen recado
Lo que pudieres mas de bastimento.
LEONCIO.
Vamos, que no saldré de tu mandado.
SCENA II.
DOS NUMANTINOS.
PRIMERO.
Derrama, ó dulce hermano, por los ojos
El alma en llanto amargo convertida,
Venga la muerte y lleve los despojos
De nuestra miserable y triste vida.
SEGUNDO.
Bien poco durarán estos enojos,
Que ya la muerte viene apercebida
Para llevar en presto y breve vuelo
A quantos pisan de Numancia el suelo:
Principios veo que prometen presto
Amargo fin á nuestra dulce tierra,
Sin que tengan cuidado de hacer
esto
Los contrarios ministros de la guerra;
Nosotros mismos á quien ya es molesto
Y enfadoso el vivir que nos atierra,
Hemos dado sentencia inrevocable
De nuestra muerte, aunque cruel, loable.
En la plaza mayor ya levantada
Queda una ardiente codiciosa hoguera,
Que de nuestras riquezas ministrada
Sus llamas sube hasta la quarta esfera:
Alli con triste priesa acelerada
Y con mortal y timida carrera,
Acuden todos, como á santa ofrenda,
A sustentar sus llamas con su hacienda.
Alli la perla del rosado Oriente,
Y el oro en mil vasijas fabricado,
Y el diamante y rubí mas excelente,
Y la extremada purpura y brocado
En medio del rigor fogoso ardiente
De la encendida llama es arrojado:
Despojos do pudieran los Romanos
Henchir los senos y ocupar las manos.
Aqui salen algunos cargados de ropa, y entran por una puerta y
salen por otra.
Vuelve al triste espectáculo la vista,
Verás con quanta priesa y quanta gana
Toda Numancia en numerosa lista
Aguija á sustentar la llama insana;
Y no con verde leño y seca arista,
No con materia al consumir liviana,
Sino con sus haciendas mal gozadas,
Pues se ganaron para ser quemadas.
PRIMERO.
Si con esto acabára nuestro daño,
Pudieramos llevallo con paciencia,
Mas ay! que se ha de dar, si no me engaño,
De que muramos todos, cruel sentencia.
Primero que el rigor barbaro estraño
Muestre en nuestras gargantas su inclemencia,
Verdugos de nosotros nuestras manos
Serán, y no los perfidos Romanos.
Han acordado que no quede alguna
Muger, niño, ni viejo con la vida,
Pues al fin la cruel hambre importuna
Con mas fiero rigor es su homicida.
Mas ves alli do asoma, hermano, una,
Que como sabes, fue de mí
querida
Un tiempo, con estremo tal de amores,
Qual es el que ella tiene de dolores.
Sale una muger con una criatura en los brazos, y otra de la
mano.
MADRE.
O duro vivir molesto!
Terrible y triste agonia!
HIJO.
Madre, por ventura habria
Quién nos diese pan por esto?
MADRE.
Pan, hijo, ni aun otra cosa
Que semeje de comer!
HIJO.
Pues tengo de perecer
De dura hambre rabiosa?
Con poco pan que me deis,
Madre, no os pediré mas.
MADRE.
Hijo, qué penas me das!
HIJO.
Pues qué, madre, no quereis?
MADRE.
Sí quiero; mas qué haré
Que no sé donde buscallo?
HIJO.
Bien podeis, madre, comprallo,
Si no yo lo compraré:
Mas por quitarme de afan,
Si alguno conmigo topa,
Le daré toda esta ropa
Por un mendrugo de pan.
MADRE.
Qué mamas, triste criatura!
No sientes que á mi despecho
Sacas ya del flaco pecho
Por leche, la sangre pura?
Lleva la carne á pedazos,
Y procura de hartarte,
Que no pueden mas llevarte
Mis floxos, cansados brazos!
Hijos del anima mia,
Con qué os podré sustentar,
Si apenas tengo que os dar
De la propia carne mia?
O hambre terrible y fuerte,
Cómo me acabas la vida!
O guerra, solo venida
Para causarme la muerte!
HIJO.
Madre mia, que me fino,
Aguijemos á do vamos,
Que parece que alargamos
La hambre con el camino.
MADRE.
Hijo, cerca está la casa
Adonde echarémos luego
En mitad del vivo fuego
El peso que te embaraza.
Entrase.
CIPION.
Qué es esto, capitanes? quién nos toca
Al arma en tal sazon? es por ventura
Alguna gente desmandada y loca
Que viene á procurar su sepultura?
O no sea algun motin el que provoca
Tocar al arma en recia coyuntura:
Que tan seguro estoy del enemigo,
Que tengo mas temor al que es amigo.
Sale QUINTO FABIO con la espada desnuda, y dice
QUINTO FABIO.
Sosiega el pecho, General prudente,
Que ya desta arma la ocasion se sabe,
Puesto que ha sido á costa de
tu gente,
De aquella en quien mas brio y fuerza cabe;
Dos Numantinos con soberbia fuerte,
Cuyo valor será razon se alabe,
Saltando el ancho foso y la muralla
Han movido á tu campo cruel batalla.
A las primeras guardias invistieron,
Y en medio de mil lanzas se arrojaron,
Y con tal furia y rabia arremetieron,
Que libre paso al campo les dexaron:
Las tiendas de Fabricio acometieron,
Y alli su fuerza y su valor mostraron
De modo, que en un punto seis soldados
Fueron de agudas puntas traspasados.
No con tanta presteza el rayo ardiente
Pasa rompiendo el ayre en presto vuelo,
Ni tanto la cometa reluciente
Se muestra ir presurosa por el cielo,
Como estos dos por medio de tu gente
Pasaron, colorando el duro suelo
Con la sangre Romana, que sacaban
Sus espadas do quiera que llegaban.
Queda Fabricio traspasado el pecho,
Abierta la cabeza tiene Oracio,
Olmida ya perdió el brazo derecho,
Y de vivir le queda poco espacio.
Fuele ansi mismo poco de provecho
La ligereza al valeroso Estacio,
Pues el correr al Numantino fuerte
Fue abreviar el camino de su muerte.
Con presta ligereza discurriendo
Iban de tienda en tienda; hasta que hallaron
Un poco de bizcocho, el qual cogieron;
El paso y no el furor atras volvieron;
El uno dellos se escapó huyendo,
Al otro mil espadas le acabaron,
Por donde infiero que la hambre ha sido
Quien les dió atrevimiento tan subido.
CIPION.
Si estando deshambridos y encerrados
Muestran tan demasiado atrevimiento,
Qué hicieran siendo libres, y enterados
En sus fuerzas primeras y ardimiento?
Indomitos, al fin sereis domados,
Porque contra el furor vuestro violento
Se tiene de poner la industria nuestra,
Que de domar soberbios es maestra.
Entrase CIPION y los suyos, y luego tocase al arma en la ciudad, y al rumor sale MORANDRO herido y lleno de sangre, con una cestilla blanca en el brazo izquierdo con algun poco de vizcocho ensangrentado, y dice
MORANDRO.
No vienes, Leoncio, di?
Qué es esto, mi dulce amigo?
Si tú no vienes conmigo,
Cómo vengo yo sin tí?
Amigo, qué? te has quedado?
Amigo, qué? te quedaste?
No eres tú el que me dexaste,
Sino yo el que te he dexado!
Qué es posible que ya dan
Tus carnes despedazadas
Señales averiguadas
De lo que cuesta este pan!
Y es posible que la herida
Que á tí te dexó difunto,
En aqueste instante y punto
No me quitó á mí la vida!
No quiso el hado cruel
Acabarme en paso tal
Por hacerme á mí mas
mal,
Y hacerte á tí mas bien!
Tú enfin llevarás la palma
De mas verdadero amigo,
Yo á desculparme contigo
Enviaré bien presto el alma:
Y tan presto, que el afan
A morir me llama y tira,
En dando á mi dulce Lira
Este tan amargo pan:
Pan ganado de enemigos,
Pero no ha sido ganado,
Sino con sangre comprado
De dos sin ventura amigos.
Sale LIRA con alguna ropa, como que la lleva á
quemar, y dice
LIRA.
Qué es esto que ven mis ojos!
MORANDRO.
Lo que presto no verán
Segun la priesa se dan
De acabarme mis enojos:
Ves aqui, Lira; cumplida
Mi palabra y mis porfias
De que tú no moririas
Mientras yo tuviese vida.
Y aun podré mejor decir
Que presto vendrás á ver
Que á tí sobrará el comer,
Y á mí faltará el vivir.
LIRA.
Qué dices, Morandro amado?
MORANDRO.
Lira, que acortes la hambre,
Entretanto que la estambre
De mi vida corta el hado.
Pero mi sangre vertida
Y con este pan mezclada,
Te ha de dar, mi dulce amada,
Triste y amarga comida.
Ves aqui el pan que guardaban
Ochenta mil enemigos,
Que cuesta de dos amigos
Las vidas que mas amaban.
Y porque lo entiendas cierto
Y quanto tu amor merezco,
Ya yo, señora, perezco,
Y Leoncio ya está muerto.
Mi voluntad sana y justa
Recibela con amor,
Que es la comida mejor
Y de que el alma mas gusta.
Y pues en tormenta y calma
Siempre has sido mi señora,
Recibe este cuerpo agora
Como recibiste el alma.
Caese muerto, y cogele en las faldas LIRA.
LIRA.
Morandro? dulce bien mio?
Qué sentis, ó qué teneis?
Cómo tan presto perdeis
Vuestro acostumbrado brio?
Mas ay triste sin ventura!
Que ya está muerto mi esposo!
O caso el mas lastimoso
Que se vió en la desventura!
Quién os hizo, dulce amado,
Con valor tan excelente,
Enamorado valiente,
Y soldado desdichado?
Hicistes una salida,
Esposo mio, de suerte,
Que por escusar mi muerte
Me haveis quitado la vida!
O pan de la sangre lleno
Que por mí se
derramó.
No te tengo en cuenta yo
De pan, sino de veneno!
No te llegaré á mi boca
Por poderme sustentar,
Si ya no es para besar
Esta sangre que te toca.
A este punto ha de entrar un muchacho hablando desmayadamente,
el qual es HERMANO de LIRA.
HERMANO.
Lira, hermana, ya espiró
Mi padre, y mi madre está
En terminos que ya, ya
Morira qual muero yo.
La hambre los ha acabado.
Hermana mia, pan tienes?
O pan, y quan tarde vienes
Que ya no hay pasar bocado!
Tiene la hambre apretada
Mi garganta en tal manera,
Que aunque este pan agua fuera,
No pudiera pasar nada.
Tomalo, hermana querida,
Que por mas crecer mi afan,
Veo que me sobra el pan
Quando me falta la vida.
Caese muerto.
LIRA.
Espiraste, hermano amado?
Ni aliento ni vida tiene:
Bien es el mal quando viene
Sin venir acompañado!
Fortuna, por qué me aquejas
Con un daño y otro junto?
Y por qué en un solo punto
Huerfana y viuda me dexas?
O duro esquadron Romano!
Cómo me tiene tu espada
De dos muertos rodeada,
Uno esposo y otro hermano!
A qual volveré la cara
En este trance importuno,
Si en la vida cada uno
Fue prenda del alma cara!
Dulce esposo, hermano tierno,
Yo os igualaré en quereros,
Porque pienso presto veros
En el cielo ó el infierno!
En el modo de morir
A entrambos he de imitar,
Porque el hierro ha de acabar
Y la hambre mi vivir!
Primero dare á mi pecho
Una daga que este pan,
Que á quien vive con afan
Es la muerte de provecho.
Qué aguardo? cobarde estoy!
Brazo, ya os haveis turbado?
Dulce esposo, hermano amado,
Esperadme que ya voy!
A este punto sale una MUGER huyendo, y tras ella un
SOLDADO NUMANTINO con una daga en la mano para matarla.
MUGER.
Eterno padre, Jupiter piadoso,
Favorecedme en tan adversa suerte!
SOLDADO.
Aunque mas lleves vuelo presuroso
Mi dura mano te ha de dar la muerte.
Entrase la MUGER adentro, y dice LIRA
LIRA.
El hierro agudo, el brazo belicoso
Contra mi, buen soldado, le convierte;
Dexa vivir á quien la vida agrada,
Y quitame la mia que me enfada.
SOLDADO.
Puesto que es el decreto del Senado
Que ninguna muger quede con vida,
Quál será el bravo pecho acelerado
Que en ese hermoso vuestro dé herida?
Yo, señora, no soy tan mal mirado
Que me precie de ser vuestro homicida:
Otra mano, otro hierro ha de acabaros,
Que yo solo naci para adoraros.
LIRA.
Esa piedad que quies usar conmigo,
Valeroso soldado, yo te juro
Y al alto cielo pongo por testigo,
Que yo la estimo por rigor muy duro:
Tuvierate yo entonces por amigo
Quando con pecho y animo seguro
Este mio afligido traspasáras,
Y de la amarga vida me priváras.
Pero pues quies mostrarte piadoso
Tan en daño, señor, de mi contento,
Muestralo agora en que á mi triste esposo
Demos el funeral, ultimo asiento:
Tambien á este mi hermano, que en reposo
Yace, ya libre del vital aliento:
Mi esposo feneció por darme vida,
De mi hermano la hambre fue homicida.
SOLDADO.
Hacer lo que me mandas está llano
Con condicion que en el camino cuentes,
Quién á tu amado esposo y caro hermano
Truxo á los postrimeros accidentes.
LIRA.
Amigo, ya el hablar no está en mi mano.
SOLDADO.
Qué tan al cabo estas? qué tal te sientes?
Lleva á tu hermano, pues que es menor carga,
Y yo á tu esposo, que mas pesa y carga.
Salense llevando los dos cuerpos.
SCENA II.
Sale una muger armada, con un escudo en el brazo izquierdo, y una lancilla en la mano, que significa la GUERRA, trae consigo á la ENFERMEDAD, arrimada á una muleta, y rodeada de paños la cabeza, con una mascara amarilla, y la HAMBRE saldrá vestida con una ropa de bocací amarillo, y una mascara amarilla ó descolorida: pueden estas figuras hacellas hombres, pues llevan mascaras.
GUERRA.
Hambre y Enfermedad, executoras
De mis terribles mandos y severos,
De vidas y salud consumidoras,
Con quien no vale ruego, mando, ó fueros,
Pues ya de mi intencion sois sabidoras,
No hay para que de nuevo encareceros
De quanto gusto me será y contento,
Que luego, luego, hagais mi mandamiento:
La fuerza incontrastable de los hados,
Cuyos efectos nunca salen vanos,
Me fuerza á que de mí sean ayudados
Estos sagaces milites Romanos,
Ellos serán un tiempo levantados,
Y abatidos tambien estos Hispanos;
Pero tiempo vendrá en que yo me mude,
Y dañe al alto, y al pequeño ayude
Que yo que soy la poderosa Guerra,
De tantas madres detestada en vano,
Aunque quien me maldice, á veces yerra,
Pues no sabe el valor desta mi mano,
Sé bien que en todo el orbe de la tierra
Sere llevada del valor Hispano,
En la dulce sazon que esten reynando
Un Carlos, un Filipo, y un Fernando.
ENFERMEDAD.
Si ya la Hambre, nuestra amiga fida,
No tuviera tomado con instancia
A su cargo, de ser fiera homicida
De todos quantos viven en Numancia,
Fuera de mí tu voluntad cumplida,
De modo que se viera la ganancia
Facil y rica que el Romano huviera,
Harto mejor de aquella que se espera.
Mas ella, en quanto su poder alcanza,
Ya tiene tal al pueblo Numantino
Que de esperar alguna buena andanza
Le ha tomado las sendas y el camino;
Mas del furor la rigurosa lanza,
Y la influencia del contrario signo
Le trata con tan aspera violencia,
Que no es menester hambre ni dolencia.
El furor y la rabia, tus sequaces,
Han tomado en sus pechos tal asiento,
Que qual si fuese de Romanas haces,
Cada qual de su sangre está sediento.
Muertes, incendios, iras, son sus paces,
En el morir han puesto su contento,
Y por quitar el triunfo á los Romanos,
Ellos mesmos se matan con sus manos.
HAMBRE.
Volved los ojos, y vereis ardiendo
De la ciudad los encumbrados techos,
Escuchad los suspiros que saliendo
Van de mil tristes lastimados pechos;
Oid la voz y lamentable estruendo
De bellas damas, á quien, ya deshechos
Los tiernos miembros en ceniza y fuego,
No valen padre, amigo, amor, ni ruego.
Qual suelen las ovejas descuidadas,
Siendo del fiero lobo acometidas,
Andar aqui y alli descarriadas
Con temor de perder las simples vidas:
Tal niños y mugeres delicadas,
Huyendo las espadas homicidas
Andan de calle en calle, ó hado insano!
Su cierta muerte dilatando en vano.
Al pecho de la amada nueva esposa
Traspasa del esposo el hierro agudo,
Contra la madre, ó nunca vista cosa!
Se muestra el hijo de piedad desnudo:
Y contra el hijo el padre con rabiosa
Clemencia levantando el brazo duro,
Rompe aquellas entrañas que ha engendrado,
Quedando satisfecho y lastimado.
No hay plaza, no hay rincon, no hay calle ó casa
Que de sangre y de muertos no esté llena,
El hierro mata, el duro fuego abrasa,
Y el rigor ferocisimo condena:
Presto vereis, que por el suelo rasa
Está la mas subida y alta almena,
Y las casas y templos mas crecidos
En polvo y en ceniza convertidos.
Venid, vereis que en los amados cuellos
De tiernos hijos y muger querida,
Teogenes afila y prueba en ellos
De su espada el cruel corte homicida,
Y como ya despues de muertos ellos
Estima en poco la cansada vida,
Buscando de morir un modo estraño
Que causó con el suyo mas de un
daño.
GUERRA.
Vamos pues, y ninguno se descuide
De executar por eso aqui su fuerza,
Y á lo que digo solo atienda y cuide,
Sin que de mi intencion un punto tuerza.
Vanse.
SCENA III.
Sale TEOGENES con dos HIJOS pequeños y una
hija y su MUGER.
TEOGENES.
Quando el paterno amor no me detiene
De executar la furia de mi intento,
Considerad, mis hijos, qual me tiene
El zelo de mi honroso pensamiento!
Terrible es el dolor que se previene
Con acabar la vida en fin violento,
Y mas el mio, pues al hado plugo
Que yo sea de vosotros cruel verdugo.
No quedareis, ó hijos de mi alma,
Esclavos, ni el Romano poderio
Llevará de vosotros triunfo ó palma,
Por mas que á sujetarnos alce el brio;
El camino mas llano que la palma
De nuestra libertad el cielo pio
Nos ofrece, nos muestra y nos advierte,
Que solo está en las manos de la muerte.
Ni vos, dulce consorte amada mia,
Os vereis en peligro que Romanos
Pongan en vuestro pecho y gallardia
Los vanos ojos, y las torpes manos!
Mi espada os sacará desta agonia,
Y hará que sus intentos salgan vanos,
Pues por mas que codicia los atiza,
Triunfarán de Numancia en la ceniza.
Yo soy, consorte amada, el que primero
Di el parecer que todos pereciesemos
Antes que al insufrible desafuero
Del Romano poder sujetos fuesemos,
Y en el morir no pienso ser postrero,
Ni lo serán mis hijos.
MUGER.
Si
pudiesemos
Escaparnos, señor, por otra via,
El cielo sabe si me holgaria;
Mas pues no puede ser segun yo veo,
Y está ya mi muerte tan cercana,
Lleva de nuestras vidas tú el trofeo,
Y no la espada perfida Romana,
Mas pues que he de morir, morir
deseo
En el sagrado templo de Diana:
Alla nos lleva, buen señor, y luego
Entreganos al hierro, al lazo y fuego.
TEOGENES.
Ansi se haga, y no nos detengamos,
Que ya á morir me incita el triste hado.
HIJO.
Madre, porqué llorais? adónde vamos?
Teneos, que andar no puedo de cansado,
Mejor será, mi madre, que comamos,
Que la hambre me tiene fatigado.
MADRE.
Ven en mis brazos, hijo de mi vida,
Do te daré la muerte por comida.
Vanse luego, y salen dos muchachos huyendo, y el uno de ellos ha
de ser el que se arroja de la torre, que se llama VIRIATO, y
el otro SERVIO.
VIRIATO.
Por dónde quieres que huyamos,
Servio?
SERVIO.
Yo por do quisieres.
VIRIATO.
Camina, qué floxo eres!
Tú ordenas que aqui muramos.
No ves, triste, que nos siguen
Mil hierros para matarnos?
SERVIO.
Imposible es escaparnos
De aquellos que nos persiguen;
Mas dí, qué piensas hacer?
O qué medio hay que nos cuadre?
VIRIATO.
A una torre de mi padre
Me pienso ir á esconder.
SERVIO.
Amigo, bien puedes irte,
Que yo estoy tan flaco y laso
De hambre, que un solo paso
No puedo dar ni seguirte.
VIRIATO.
Qué, no quies venir?
SERVIO.
No
puedo.
VIRIATO.
Si no puedes caminar,
Ahi te havrá de acabar
La hambre, la espada, ó miedo.
Y voime, porque ya temo
Lo que el vivir desbarata,
O que la espada me mata,
O que en el fuego me quemo.
Vase y sale TEOGENES con dos espadas desnudas, y
ensangrentadas las manos, y como SERVIO le ve venir, huyese
y entrase dentro.
TEOGENES.
Sangre de mis entrañas derramada,
Pues sois aquella de los hijos mios:
Mano contra ti mesma acelerada,
Llena de honrosos y crueles brios:
Fortuna en daño nuestro conjurada:
Cielos de justa piedad vacios,
Ofrecedme en tan dura amarga suerte
Alguna honrosa aunque cercana muerte!
Valientes Numantinos, haced cuenta
Que yo soy algun perfido Romano,
Y vengad en mi pecho vuestra afrenta,
Ensangrentando en él la espada y mano.
Arroja la una espada de la mano.
Una de estas espadas os presenta
Mi airada furia, mi dolor insano,
Que muriendo en batalla no se
siente
Tanto el rigor del ultimo acidente:
Y el que privare del vital sosiego
Al otro, por señal de beneficio
Entregue el desdichado cuerpo al fuego,
Que este será bien piadoso oficio.
Venid, qué os deteneis? acudid luego,
Haced ya de mi vida sacrificio,
Y esa terneza que teneis de amigos,
Volved en rabia fiera de enemigos.
Un NUMANTINO.
A quién, fuerte Teogenes, invocas?
Qué nuevo modo de morir procuras?
Paraqué nos incitas y provocas
A tantas desiguales desventuras?
TEOGENES.
Valiente Numantino, sino apocas
Con el miedo tus bravas fuerzas duras,
Toma esa espada, y matate conmigo
Ansi como si fuese tu enemigo,
Que esta manera de morir me aplace
En este trance mas que no otra alguna.
NUMANTINO.
Tambien á mí me agrada y satisface,
Pues que lo quiere ansi nuestra fortuna;
Mas vamos á la plaza adonde yace
La hoguera á nuestras vidas
importuna,
Porque el que alli venciere, pueda luego
Entregar el vencido al duro fuego.
TEOGENES.
Bien dices, y camina, que se tarda
El tiempo de morir como deseo,
Ora me mate el hierro, ó el fuego me arda,
Que gloria nuestra en qualquier muerte veo.
Entrase.
SCENA IV.
CIPION, JUGURTA, QUINTO FABIO, y GAYO MARIO, y algunos
soldados Romanos.
CIPION.
Si no me engaña el pensamiento mio,
O salen mentirosas las señales,
Que haveis visto en Numancia, del estruendo
Y lamentable son, y ardientes llamas,
Sin duda alguna que recelo y temo
Que el barbaro furor del enemigo
Contra su propio pecho no se vuelva:
Ya no parece gente en la muralla,
Ni suenan las usadas centinelas,
Todo está en calma y en silencio puesto
Como si en paz tranquila y
sosegada
Estuviesen los fieros Numantinos.
GAYO MARIO.
Presto podrás salir de aquesa duda,
Porque si tu lo quieres, yo me ofrezco
De subir sobre el muro, aunque me ponga
Al riguroso trance que se ofrece,
Solo por ver aquello que en Numancia
Hacen nuestros soberbios enemigos.
CIPION.
Arrima pues, ó Mario, alguna escala
A la muralla, y haz lo que prometes.
GAYO MARIO.
Id por la escala luego, y vos, Ermilio,
Haced que mi rodela se me traiga,
Y la celada blanca de las plumas,
Que á fe que tengo de perder la vida,
O sacar desta duda al campo todo.
ERMILIO.
Ves aqui la rodela y la celada,
La escala vesla alli la trae Olimpio.
GAYO MARIO.
Encomendadme á Jupiter inmenso,
Que yo voi á cumplir lo prometido.
CIPION.
Alza mas alta la rodilla, Mario,
Y encoje el cuerpo, y cubre la
cabeza:
Animo, que ya llegas á lo alto.
Qué ves?
GAYO MARIO.
O santos dioses! y
qué es esto?
JUGURTA.
De qué te admiras?
GAYO MARIO.
De
mirar de sangre
Un roxo lago, y de ver mil cuerpos
Tendidos por las calles de Numancia.
CIPION.
Qué no hay ninguno vivo?
GAYO MARIO.
Ni
por pienso;
A lo menos ninguno se me ofrece
En todo quanto alcanzo con la vista.
CIPION.
Salta pues dentro, y miralo bien todo.
Salta GAYO MARIO en la ciudad.
Siguele tu tambien, Jugurta, amigo;
Mas sigamosle todos.
JUGURTA.
No
conviene
Al oficio que tienes esta impresa,
Sosiega el pecho, buen señor, y espera
Que Mario vuelva ó yo con la respuesta
De lo que pasa en la ciudad soberbia:
Tened bien esa escala. O cielos justos!
Y quan triste espectáculo y horrendo
Se me ofrece á la vista! ó caso estraño!
Caliente sangre baña todo el suelo:
Cuerpos muertos ocupan plaza y calles:
Dentro quiero saltar y verlo todo.
Salta JUGURTA en la ciudad, y dice QUINTO FABIO.
QUINTO FABIO.
Sin duda que los fieros Numantinos
Del barbaro furor suyo incitados,
Viendose sin remedio de salvarse,
Antes quisieron entregar las vidas
Al filo agudo de sus propios hierros,
Que no á las vencedoras manos nuestras
Aborrecidas dellos lo posible.
CIPION.
Con uno solo que quedase vivo
No se me negaria el triunfo en Roma
De haver domado esta nacion soberbia
Enemiga mortal de nuestro nombre,
Constante en su opinion, presta,
arrojada
Al peligro mayor y duro trance,
De quien jamas se alabará Romano
Que vió la espalda vuelta al Numantino,
Cuyo valor, cuya destreza en armas
Me forzó con razon á usar el medio
De encerrarlos qual fieras indomables,
Y triunfar dellos con industria y maña,
Pues era con las fuerzas imposible.
Pero ya me parece vuelve Mario.
GAYO MARIO torna á salir por las murallas, y dice
GAYO MARIO.
En valde, ilustre General prudente,
Han sido nuestras fuerzas ocupadas,
En valde te has mostrado diligente,
Pues en humo y en viento son tornadas
Las ciertas esperanzas de victoria,
De tu industria contino aseguradas:
El lamentable fin y triste historia
De la ciudad invicta de Numancia,
Merece ser eterna la memoria.
Sacado han de su pérdida ganancia,
Quitado te han el triunfo de las manos,
Muriendo con magnanima constancia.
Nuestros disignios han salido
vanos,
Pues ha podido mas su honroso intento,
Que toda la potencia de Romanos.
El fatigado pueblo en fin violento
Acabó la miseria de su vida,
Dando triste remate al largo cuento.
Numancia está en un lago convertida
De roxa sangre y de mil cuerpos llena,
De quien fue su rigor propio homicida:
De la pesada y sin igual cadena
Dura de esclavitud se han escapado
Con presta audacia de temor agena.
En medio de la plaza levantado
Está un ardiente fuego temeroso,
De sus cuerpos y haciendas sustentado.
A tiempo llegué á verle, que el furioso
Teogenes, valiente Numantino,
De fenecer su vida deseoso,
Maldiciendo su corto amargo signo,
En medio se arrojaba de la llama
Lleno de temerario desatino.
Y al arrojarse, dixo: ó clara fama,
Ocupa aqui tus lenguas y tus ojos
En esta hazaña que á cantar te llama!
Venid, Romanos, ya por los despojos
Desta ciudad en polvo y humo envueltos,
Y sus flores y frutos en abrojos.
De alli con pies y pensamientos sueltos
Gran parte de la tierra he rodeado,
Por las calles y pasos mal revueltos,
Y á un solo Numantino no he hallado
Que poderte traer vivo siquiera
Para que fueras dél bien informado
Por qué ocasion, de qué suerte ó manera
Cometieron tan grande desvario,
Apresurando la mortal carrera.
CIPION.
Estaba por ventura el pecho mio
De barbara arrogancia y muertes lleno,
Y de crueldad justisima vacio?
Es por ventura de mi condicion ageno
Usar benignidad con el rendido,
Como conviene al vencedor que es bueno?
Mal por cierto tenìades conocido
El valor en Numancia de mi pecho,
Para vencer y perdonar nacido.
QUINTO FABIO.
Jugurta te hará mas satisfecho,
Señor, de aquello que saber deseas,
Que vesle vuelve lleno de despecho.
Torna JUGURTA por la mesma muralla.
JUGURTA.
Prudente General, en vano empleas
Mas aqui tu valor, vuelve á otra parte
La industria sin igual de que te arreas.
No hay en Numancia cosa en que ocuparte,
Todos son muertos ya, solo uno creo
Que queda vivo, para el triunfo darte.
Alli en aquella torre, segun veo,
Alli denantes un muchacho estaba,
Turbado en vista, y de gentil arreo.
CIPION.
Si eso fuese verdad, eso bastaba
Para triunfar en Roma de Numancia,
Que es lo que mas agora deseaba.
Lleguemonos allá, y haced instancia
Como el muchacho vuelva á nuestras manos
Vivo, que es lo que agora es de importancia.
VIRIATO desde la torre.
Dónde venis? ó qué buscais, Romanos?
Si en Numancia quereis entrar por suerte,
Hareislo sin contraste á pasos llanos.
Pero mi lengua desde aqui os
advierte
Que yo las llaves mal guardadas tengo
Desta ciudad, de quien triunfó la muerte.
CIPION.
Por esas, joven, deseoso vengo,
Y mas de que tu hagas experiencia
Si en este pecho piedad sostengo.
VIRIATO.
Tarde, cruel, ofreces tu clemencia,
Pues no hay en quien usarla, que yo quiero
Pasar por el rigor de la sentencia.
Que consuelo amargo lastimero
De mis padres y patria tan querida
Causó el ultimo fin terrible y fiero.
QUINTO FABIO.
Dime, tienes por suerte aborrecida,
Ciego de un temerario desvario,
Tu floreciente edad, tu tierna vida?
CIPION.
Templa, pequeño joven, templa el brio
Y subjeta el valor tuyo y pequeño
Al mayor de mi honroso poderio.
Que desde aqui te doy mi fe, y empeño
Mi palabra, que solo de ti seas
Tú mismo el propio y conocido dueño.
Y que de ricas joyas y preseas
Vivas lo que vivieres, abastado,
Como yo podré darte, y tu deseas,
Si á mi te entregas, y te das de grado.
VIRIATO.
Todo el furor de quantos ya son muertos
En este pueblo, en polvo reducido,
Todo el huir los pactos y conciertos,
Ni el dar á sujecion jamas oido,
Sus iras y rencores descubiertos
Está en mi pecho todo junto unido;
Yo heredé de Numancia todo el brio,
Ved si pensar vencerme es desvario.
Patria querida, pueblo desdichado,
No temas ni imagines que delire
De lo que debo hacer en ti engendrado,
Ni que promesa ó miedo me retire,
Ora me falte el suelo, el cielo, el hado,
Ora á vencerme todo el mundo aspire,
Que imposible será que yo no haga
A tu valor la merecida paga.
Que si á esconderme aqui me truxo el miedo
De la cercana y espantosa muerte,
Ella me sacará con mas denuedo,
Con el deseo de seguir tu suerte;
Del vil temor pasado, como puedo
Haré ahora la enmienda osado y fuerte,
Y el error de mi edad tierna
inocente
Pagaré con morir osadamente.
Yo os aseguro, ó fuertes ciudadanos,
Que no falte por mí la intencion vuestra
De que no triunfen perfidos Romanos,
Si ya no fuere de ceniza nuestra.
Saldrán conmigo sus intentos vanos,
Ora levanten contra mí su diestra,
O me asesaren con promesa cierta,
A vida y á regalos, ancha puerta.
Teneos, Romanos, sosegad el brio,
Y no os canseis en asaltar el muro,
Que aunque fuera mayor el poderio
Vuestro, de no vencerme os aseguro.
Pero muestrese ya el intento mio,
Y si ha sido el amor perfecto y puro
Que yo tuve á mi patria tan querida,
Asegurelo luego esta caida.
Aqui se arroja de la torre, y dice CIPION.
CIPION.
O nunca vista memorable hazaña,
Dina de anciano y valeroso pecho,
Que no solo á Numancia, mas á España
Has adquerido gloria en este hecho!
Con tu viva virtud, y heroica,
estraña
Queda muerto y perdido mi derecho:
Tú con esta caida levantaste
Tu fama, y mis victorias derribaste.
Que fuera aun viva, y en su ser Numancia
Solo porque vivieras, me holgara,
Que tu solo has llevado la ganancia
Desta larga contienda, ilustre y rara.
Lleva pues, niño, lleva la jactancia,
Y la gloria que el cielo te prepara,
Por haver, derribandote, vencido
Al que subiendo queda mas caido.
Suena una trompeta, y sale la FAMA.
FAMA.
Vaya mi clara voz de gente en gente,
Y en dulce y suavisimo sonido
Llene las almas de un deseo ardiente
De eternizar un hecho tan subido.
Alzad, Romanos, la inclinada frente,
Llevad de aqui este cuerpo, que ha podido
En tan pequeña edad arrebataros
El triunfo que pudiera tanto honraros:
Que yo que soy la Fama pregonera,
Tendré cuidado, enquanto el alto cielo
Moviere el paso en la subida
esfera,
Dando fuerza y vigor al baxo suelo,
De publicar con lengua verdadera,
Con justo intento, y presuroso vuelo
El valor de Numancia, unico y solo,
De Batro á Tile, y de uno al otro Polo.
Indicio ha dado esta no vista hazaña
Del valor que en los siglos venideros
Tendrán los hijos de la fuerte España,
Hijos de tales padres herederos:
No de la muerte la feroz guadaña,
Ni los cursos de tiempos tan ligeros
Harán que de Numancia yo no cante
El fuerte brazo y animo constante:
Hallo sola en Numancia todo quanto
Debe con justo titulo cantarse
Y lo que puede dar materia al canto,
Para poder mil siglos ocuparse
La fuerza no vencida, el valor tanto,
Dino de en prosa y verso celebrarse,
Mas pues de esto se encarga mi memoria,
Dese feliz remate á nuestra historia.
FIN DE LA TRAGEDIA.