Title: Descripcion é historia del castillo de la aljafería
Author: Mariano Nougués Secall
Release date: July 11, 2008 [eBook #26028]
Language: Spanish
Credits: Produced by Chuck Greif and the Online Distributed
Proofreading Team at http://www.pgdp.net (This book was
produced from scanned images of public domain material
from the Google Print project.)
| Nota del transcriptor: La ortografía del original fue conservada. |
É
del
SITO
extramuros de la ciudad de Zaragoza.
ESCRITA
POR
El Dr. D. Mariano Nougues Secall,
Abogado del ilustre colegio de Zaragoza, Censor y socio de mérito literario de la Sociedad Aragonesa, catedrático de Economia Política de la misma. Académico de honor de las de nobles artes de S. Fernando y S. Luis, Fiscal de la última y de la Capitania General de Aragon, Auditor honorario, presidente y Académico de mérito de la Academia Juridico-práctica Aragonesa.
barra
ZARAGOZA.
IMPRENTA DE ANTONIO GALLIFA.
Año de 1846.
Etenim tibi multa vetustas
Scire dedit. Ovid.
Que traduzco:
La antigüedad, oráculo y escuela,
Los mas curiosos hechos nos revela.
Es propiedad del autor, quien perseguirá ante la ley al que reimprimiere esta memoria.
No me parece desacertado que me detenga á manifestar el motivo de haber escrito esta obrita, si tal dictado merece la ligera reseña de las antigüedades del Castillo de la ALJAFERIA. Ya indico en la introduccion que habiéndose anunciado la venida de S. M. doña ISABEL 2.ª en el verano de 1844 subí á la sala de SANTA ISABEL en compañía del Excmo. Señor Capitan General, quien habló de adornarla si S. M. se dignaba honrar el Castillo con su presencia; á lo que yo repuse que tambien era de necesidad descifrar los letreros y espilcar todas sus antigüedades. Debí á S. E. la atencion de que se dirigiese á mí para desempeñar este encargo, y á los pocos dias presenté á S. E. una relacion succinta: pero al mismo tiempo, por si todavía lo hubiese para perfeccionarla, solicité que se me franqueasen en el archivo de la Corona de Aragon en Barcelona los documentos relativos á este edificio, y así se le otorgó á S. E. como lo manifiestan las comunicaciones que se copian en la nota 1.ª del apéndice, debiendo al bondadoso é ilustrado archivero el Señor D. Próspero Bofarull la remesa de cuanto creyó debiera convenirme. Entre tanto recordé varios hechos históricos y registré mis apuntes, formando por fin con copia de mas datos la obrita que ahora doy á luz. El hallazgo del libro manuscrito de Marcuello, dió lugar á que se pensase en estampas: el Sr. General Breton deseoso del esplendor de una obra que habia de ponerse en manos de la Reina, aprobó la idea, y el teniente coronel de ingenieros D. Pedro Ortiz de Pinedo, á virtud de una excitacion de S. E. se prestó á cuanto le exigí para la formacion de algunos dibujos[1]. Ya iba á imprimirse este opúsculo, cuando se suspendió egecutarlo con motivo de haber creido S. E. que no llegaria á tiempo para entregarse á S. M. á su paso por esta capital. El viage se retardó, y me consta que S. E. sintió verse privado de esta satisfaccion, y de que yo pudiera hacer este insignificante obsequio á mi Reina, que por fin me he decidido á dedicárselo por mí solo con aumento de láminas, aunque fuera de la oportunidad que lo hubiera hecho mas apreciable. El que sepa que además de los negocios de mi profesion de abogado, de los que pesaban sobre mí como síndico 1.º de esta capital, y de las innumerables causas de vagos cuyo exámen se me encargó, he compuesto este opúsculo en momentos interrumpidos, y sin poder volver á reconocer detenidamente algunos de los volúmenes, que tengo leídos en los años de mi juventud; disimulará indudablemente los defectos que encuentre, y ya que no considere de mérito este trabajo, no podrá menos de hacer justicia á mi laboriosidad, al celo que muestro por recordar las glorias de mi patria, y al interés que tomo en todo lo que puede ser grato á S. M. Los que no están instruidos en la historia verán, despues de leída mi obra, lo que antes no veian en el Castillo de la ALJAFERIA: los literatos solo encontrarán algunos materiales que podrán utilizar para el esclarecimiento de la historia, la cual no puede perfeccionarse sino dirigiéndo las investigaciones á puntos determinados. No tengo la pretension del acierto: solo deseo que no se olvide la pureza de mis intenciones. Mi única ambicion es, que no continúen tan ignoradas las riquezas anticuarias que todavía poseemos, y que con este recuerdo los aragoneses recobren su primitivo entusiasmo, teniendo presente lo que fueron en otro tiempo, y llamar la atencion del Gobierno sobre un alcázar en el que restaurada la sala de SANTA ISABEL y la mezquita, entrarian sin cesar infinitos estrangeros á examinar dos monumentos de tan diversas épocas y de tan distintas manos, conservados simultaneamente para formar dos páginas de nuestra historia, pues los pueblos, como dice un escritor, se conocen mejor por las obras, que son crónicas de piedra, que no por las narraciones de sus historiadores.
Primera Secretaria del Despacho de Estado.
Accediendo la Reina Ntra. Sra. á la solicitud de V. se ha dignado
autorizarle para que la dedique la memoria que ha compuesto bajo el
título de Descripcion é Historia del Castillo de la Aljafería.—De
Real órden lo digo a V. para su conocimiento. Dios guarde á V. muchos a
años. Madrid 12 de marzo de 1846.—El Marqués de Miraflores—Sr. D.
Mariano Nouguis Secall.—
Zaragoza.
de los capítulos y notas que contiene esta memoria.
| INTRODUCCION. | |
| Capítulo 1.º | Descripcion general de la Aljaferia. Su planta (lámina 1.ª). |
| Capítulo 2.º | Diversidad de su arquitectura y épocas de la misma: fortificacion etc. |
| Capítulo 3.º | Descripcion especial de las partes de este edificio: de la antigua mezquita: (lámina 3.ª) de la sala de Santa Isabel: (lámina 4.ª) é inmediatas: inscripciones que se leen en sus frisos etc. |
| Capítulo 4.º | Significado del lema Tanto Monta (lámina 5.ª). |
| Capítulo 5.º | Descripciones que hacen de este edificio nuestros escritores antiguos. |
| Capítulo 6.º | De la época en que se construyó la Aljaferia y por quién: destino que le dieron los moros. |
| Capítulo 7.º | Del Castillo de la Aljaferia despues de la conquista, de Zaragoza por D. Alonso el Batallador: establecimiento de su capilla y dotacion de sus capellanes. |
| Capítulo 8.º | De los huertos y aguas de la Aljaferia. |
| Capítulo 9.º | Esmero de los reyes aragoneses en la conservacion de la Aljafería. Relacion de los documentos antiguos que hablan de su reparacion y de la casa de fieras. |
| Capítulo 10. | Del nacimiento de Santa Isabel; su bautismo y sus cartas. |
| Capítulo 11. | Del establecimiento de la Inquisicion en la Aljaferia y formalidades de los autos de fé. |
| Capítulo 12. | Fiestas que se celebraron en la Aljaferia con motivo de las coronaciones de diversos reyes. |
| Capítulo 13. | las fiestas que se celebraron en la Aljaferia con motivo de las coronaciones de las reinas. |
| Capítulo 14. | De las personas que estuvieron presas en la Aljaferia y succesos lamentables que ocurrieron dentro de este alcázar. Se refiere la prision del General Guillelmi. |
| Capítulo 15. | De la visita que S. M. Doña Isabel 2.ª hizo al Castillo de la Aljaferia en 27 de julio de 1845. |
| Capítulo 16. | De lo que debería egecutarse para conservar y reparar las preciosidades de este edificio. |
| NOTA 1.ª | Escmo. señor. |
| NOTA 2.ª | Modo de orar los árabes. |
| NOTA 3.ª | Genealogia de los reyes árabes de Zaragoza segun Masdeu, Conde, Zurita y Blancas. |
| NOTA 4.ª | Documentos relativos al Monasterio de Crason. |
| NOTA 5.ª | Documento relativo al sueldo del capellan. |
| NOTA 6.ª | Documentos relativo al establecimiento de capellanias y presentacion de algunas. |
| NOTA 7.ª | Presentacion de una. |
| NOTA 8.ª | Relativos á la capellania del Pilar. |
| NOTA 9.ª | Agua concedida á Torrellis. |
| NOTA 10. | Agua comprada por el rey D. Jaime 2.º á unos menores. |
| NOTA 11. | Agua concedida al monasterio de religiosas de predicadores. |
| NOTA 12. | Nombramiento de un arquitecto sarraceno; órden de reparar la Aljaferia. |
| NOTA 13. | Asignacion de ciertos réditos para la reparacion del castillo de la Aljaferia. |
| NOTA 14. | Sobre las fieras de la Aljaferia. |
| NOTA 15. | Cartas de Santa Isabel. |
El hombre se deferencia principalmente de los demás animales en que no solo vive en el tiempo presente, sino alimenta su espíritu con la memoria de lo pasado y con los conceptos de lo venidero. Al sentar su planta en el suelo de cualquiera pais que recorre, si se halla ilustrado con la antorcha de la historia, recuerda las naciones que lo poblaron, los hechos gloriosas que acontecieron; pero cuando principalmente su imaginacion siente una impresion vaga y respetuosa, es cuando entra en aquellos monumentos antiguos, en aquellas obras que han sobrevivido á tantos siglos, y que se presentan en el dilatado curso de los años, como las islas sembradas en las vastas llanuras del océano, que ofrecen á los navegantes un asilo para su descanso, y un manantial de recuerdos y meditaciones. Uno de los objetos que prestan vasta materia para consideraciones profundas, es el edificio situado al poniente de esta ciudad y conocido con el nombre de castillo de la aljaferia. Al pasar por sus cercanias se presentan con rapidez, como en una óptica, las deliciosas escenas que ocurririan en tiempo de los reyes moros, la grave austeridad con que vivieran nuestros aguerridos monarcas rodeados de sus ricos hombres, mesnaderos y almogávares, los melancólicos y doloridos ayes de los condenados por la Inquisicion, que allí se puede decir tuvo casi su primer asiento en este reino, y las amarguras de los que gimieron en sus calabozos durante la guerra de la independencia y nuestras discordias civiles, no pudiendo recordar sino con horror los sacrificios que se tributaron con el frio aparato de la justicia al númen feroz de las represalias. Varias veces he manifestado lo útil que seria no abandonar á la frágil tabla de la tradicion, las memorias que se conservan sobre el antiguo palacio de nuestros reyes; y cediendo á la insinuacion que me hizo el Excmo. Sr. Capitan General de este egército y reino D. Manuel Breton, en una de las visitas de cárcel, en que le acompañé como fiscal de la auditoría, cuando con motivo de anunciarse en 1844 la venida de S. M. de regreso de Barcelona, recorrió S. E. el departamento llamado de Santa Isabel; me he resuelto á hacer este trabajo sencillo, y en el que despues de dar una idea del actual estado de la aljafería, he recopilado las noticias que se conservan en algunos escritores y documentos antiguos acerca de este monumento, y las que he conseguido proporcionarme con reiteradas investigaciones.
Lam. 1.ª
planta de la aljaferia
Lil. de L. Jayma, Zaragoza
Planta de la Aljafería &ª.
[Haga clic para ver la imagen más grande]
Indicacion del piso segundo y parte del primero del Castillo de la Aljaferia en Zaragoza.
ESPLICACION.
Comenzaré mi dedicatoria con unas palabras semejantes á las que empleó Labruyére al principio de sus famosos CARACTÉRES. Devuelvo, decia, al público lo que él mismo me ha prestado; y yo tambien digo, que devuelvo á V. M. una obra que le pertenece, por que V. M. la inspiró, por que V. M. la hizo llevar á cabo, y por que á nadie con mejor título que á una Isabel corresponde este opúsculo, que tiene por objeto referir las grandezas de un edificio, cuya memoria eternizaron dos reinas del mismo nombre: la una santificándolo, por decirlo así, con su nacimiento y la otra decorándolo con una magnificencia que causa admiracion despues de tres siglos y medio. Dígnese, pues, V. M. aceptar una ofrenda, que es regia por las materias de que trata, y que tiene tambien esta cualidad por el puro amor que profesa á su Reina el que escribió estas desaliñadas páginas. Zaragoza 28 de julio de 1845.
Señora:
P. A. L. R. P. de V. M.
Mariano Nougués Secall.
DESCRIPCION GENERAL DE LA ALJAFERÍA.
El castillo de la aljafería, que no puede llamarse ciudadela ni por su posicion, ni por sus fortificaciones, se halla situado á la parte occidental de Zaragoza á la derecha del Ebro, entre este rio y la concurrencia de los caminos reales de Madrid y Pamplona, cuya linea dista tan poco que puede considerarse como tangente al foso: casi al nivel de éste y al pie del terraplen que lo forma por la fachada, se estiende la vega hasta el Ebro que corre á distancia de ochocientas á nuevecientas varas próximamente, y en direccion paralela. Por la oriental dista como unas doscientas cincuenta varas de la puerta llamada del Portillo enfilándola el baluarte ó ángulo del sud de dicha fachada. El plano que se acompaña con el número 1.º, da una idea de su situacion con respecto á la ciudad y su huerta, y asimismo de su figura y proporciones, aunque no alcanza á presentar las corrientes del Ebro.
La planta actual de la Aljafería es un cuadrilátero de ciento cuarenta varas de largo, y de ciento treinta de ancho con chaflanes ó ángulos ochavados mas irregular de lo que aparenta, sobre cuyas bases paralelas se levantan las fachadas de norte y sud; la primera de ciento trece varas de longitud, y de ciento catorce la segunda; sobre la altura ó lado perpendicular se eleva la fachada de occidente en longitud de cien varas, y en todo el oblicuo restante apoya la fachada principal al oriente, formando con la del sud ángulo de noventa y siete grados.
Su grande distribucion interior está iluminada y ventilada por cinco patios descubiertos y diferentes patinejos sin simetria en su colocacion unos respecto de otros, aunque tienen sus plantas bastante regulares. Los tres mas espaciosos son: el primero entrando por la puerta del principal y á las veinte y cinco varas de la misma, que es el de la iglesia, cuadrado de diez y ocho varas de lado. Por éste y enfilando con la puerta de poniente se comunica al 2.º, que es el del centro ó de Santa Isabel, rectángulo de diez y ocho varas de este á oeste por treinta y dos de norte á sud. Comunica con el 3.º, (el de poniente ó de la maestranza,) trapécio prolongado de norte á sud de cincuenta y seis varas de longitud proporcional por veinte y ocho de latitud ó altura. Este gran patio da entrada á otro situado al sud, rectángulo de diez y seis varas de longitud de este á oeste por ocho de latitud. El último se halla comprendido entre las crugías dobles del ángulo obtuso, ó sea el que forman las fachadas de sud y este: es un rectángulo de treinta y dos varas de longitud de norte á sud por diez y ocho de latitud, aumentado su lado del sud hasta veinte, y cinco varas hácia el oeste por la escuadría que forma en su ángulo entrante á las veinte y dos varas de su longitud, siendo esto cuanto comprende en globo la ignografía del edificio habitable.
DIVERSIDAD DE SU ARQUITECTURA
y épocas
de la misma: fortificacion &c.
En este edificio se dejan ver cuatro clases de fábrica distintas, que denotan las principales alteraciones que ha sufrido ya por reparos, ya por modificaciones, ya finalmente por aumentos hechos en él, llevando cada una marcado el sello de la época en que se verificó. La mas antigua corresponde á la dominacion sarracena y se advierte en un local que indudablemente fué mezquita ú oratorio de sus soberanos, y en los restos de tres arcos que se conservan en la parte del sud del patio llamado de Santa Isabel.
A la época que medió desde que los reyes de Aragon se apoderaron de este alcázar hasta los Reyes Católicos, debe pertenecer lo que ocupa el cuerpo de artilleria en el patio de Santa Isabel para almacenes y las columnas ó pilares ochavados que se hallan en el lado del norte.
Al reinado de los reyes católicos D. Fernando y Doña Isabel corresponden la escalera de la habitacion régia, su entrada, los salones artesonados y demás dependencias.
El resto del edificio se advierte ser del tiempo de Felipe V. en adelante, cuyo reinado está mas espresivamente marcado en los trofeos militares de alto relieve, que se dejan ver sobre la entrada de la parte baja del almacen de artilleria número 4, descendiendo desde aquí hasta la grande renovacion que fué sufriendo sucesivamente, y que se completó en 1772[2], de cuya época son todos los ornatos del exterior, los pabellones del lado del este, la sala de armas y los cuarteles de oeste, norte y sud. La torre ó campanario parece ser aun mas moderna, y á la iglesia no se le puede asignar época fija por participar de caractéres diferentes.
Los límites de este edificio en lo antiguo debieron ser menos estensos que en el dia, y el aumento que recibió últimamente en la renovacion de 1772 fué, segun parece, por el lado del este el fondo de los pabellones, por el oeste, norte y sud los cuarteles de estos tres lados: y así nos lo hace presumir con sobrado fundamento un muro de bastante espesor, que corre generalmente por el interior en la longitud de los mencionados cuarteles, con un torreon circular de alto en bajo del edificio en el del norte, otro en el del oeste, otro en el del sud, y otro en el ángulo que forma el del norte con el del oeste, quedando todos cuatro ocultos en el interior del edificio.
Lam. 2.ª
Vista geometrica de la fachada pr.al de Castillo de la Aljaferia en Zaragoza.
Lil. de L. Jayma, Zaragoza
Vista geometrica de la fachada pral de Castillo de la Aljaferia en
Zaragoza.
Su fábrica es de ladrillo á cara vista en sus paredes exteriores, y aun en muchas de las de adentro, aunque en lo interior se notan tambien algunas de tierra y grava, que demuestran las diversas épocas de la construccion de este alcázar: su arquitectura es sencillísima, pues la decoracion general consiste en fajas perpendiculares á imitacion de pilastras entre sus vanos, interrumpidas horizontalmente por otras estrechas, ó sean listeles que corren todo el edificio manifestando la division de sus pisos. Las ventanas son de una proporcion séria, y no llevan otro adorno que un marco sencillo sin moldura alguna, á excepcion de la fachada principal, en cuya crugía se hallan distribuidos los pabellones de gefes y oficiales con balcones adornados de marcos con molduras y frontispicios, cuya arquitectura puede corresponder al siglo diez y ocho, y seguramente será en el último atendida la renovacion que se hizo de este edificio en 1772 segun se ha manifestado, en cuyo año se le dió la planta que hoy conserva, habiendo quedado muy poco del tiempo de los moros y del de los reyes de Aragon. Su vista es elegante y graciosa por la parte de la ciudad y no deja de realzarla extraordinariamente la torre de la iglesia. La estampa número 2.º presenta su imágen con semejanza por su frente ó fachada principal.
Su fortificacion actual seria insignificante sino le defendiese su gran foso, pues solo consiste en sus cuatro cortinas construidas á barbeta sobre el muro de la escarpa, que avanza del edificio cinco varas, formando un camino cubierto y paseo que corre por todo el perímetro. Los baluartes de los cuatro ángulos fueron destruidos en 1813 y 14: el que dá frente al cuartel de caballeria, se voló en 1813 cuando el ejército español sitiaba este castillo, en el que el general París habia dejado una corta guarnicion: un comandante francés de artilleria, segun oí, disparó un pistoletazo sobre las municiones, y saltó hecho trozos aquel rebellin: los restantes fueron deshechos y terraplenado parte del foso por una órden que expidió el general Wellington para que se destruyesen los fuertes que ocuparon los franceses.
Su entrada única era antes un puente de ladrillo y en la actualidad otro fijo de madera, que ha sido reparado por reclamacion directa al ministerio del Excelentisimo señor general D. Manuel Breton. La cabeza cerrada por un rastrillo se halla defendida por un rediente aspillerado para fusileria, donde hay un cuerpo de guardia para una avanzadilla, y á derecha é izquierda dos rastrillos en las dos rampas suaves que en latitud de cinco varas conducen al foso.
Éste es bueno y tiene de anchura de veinte y seis á veinte y siete varas en toda la circunferencia, excepto en la fachada principal que cuenta unas veinte y ocho: su profundidad es de unas ocho varas próximamente: perpendiculares la escarpa y contraescarpa; la primera de buena fábrica de ladrillo y mamposteria, y la segunda revestida y revocada ha muy pocos años. La construccion del foso no data sino de la época del señor D. Felipe V que convirtió este edificio en fortaleza. De contado esta defensa no existia en tiempo de Felipe II aun cuando existiese muro[3], del que se encuentran vestigios, como se ha manifestado, pues cuando se alborotó el pueblo de Zaragoza con motivo de la traslacion de Antonio Perez desde la cárcel de manifestados al Castillo de la Aljaferia, le pusieron fuego por todas partes, rodeándolo mas de tres mil hombres que gritaban, que allí moririan abrasados los inquisidores.[4] Lo cierto es que, segun me han manifestado los ingenieros, en algunas partes del edificio se descubren vestigios de incendio, y se nota el empleo de diversa clase de maderas que las que se usaron en su primitiva construccion.
Mr. Mignet de la Academia francesa en la historia que ha publicado recientemente de Antonio Perez y Felipe II no expresa la circunstancia de que se hubiese incendiado el Castillo, refiriendo tan solo que D. Pedro Sesé habia hecho conducir muchas carretadas de leña con el intento de pegar fuego á la aljaferia[5]. Tampoco Lupercio Leonardo de Argensola en su informacion sobre estos sucesos hace mérito de esta particularidad.
Por un cálculo me parece que éste edificio podra contener ó alojar unas tres mil personas.
Descripcion especial
de las partes de este edificio: de la antigua mezquita: de la sala de Santa Isabel é inmediatas: inscripciones que se leen en los frisos &c.
Siguiendo la descripcion de las partes de este edificio dirémos, que el paso que sirve de vestíbulo desde la puerta principal al primer patio (el de la iglesia) se halla cubierto de bóveda con un platillo elíptico; el témpano del arco toral menor que da frente á la entrada, está adornado con las armas reales de España: á la izquierda de esta entrada se halla situado el cuerpo de guardia del principal del Castillo, y sobre él en el piso entresuelo al primer desembarco de la escalera que conduce á los pabellones destinados hace algunos años para arrestos, está el aposento del gefe ó gefes de la guardia: tiene rejas que miran al recinto de la Ciudad y otra que dá al patio sobre la puerta del cuerpo de guardia para comunicar á ésta las órdenes con oportunidad. A la derecha de la entrada principal hay un patinel, á donde dan las rejas de algunas prisiones.
barra
PATIO DE LA IGLESIA.
Manifiesta la fábrica de este patio una construccion variada ó de diferentes épocas, si bien todas de alguna antigüedad: la fachada sobre el arco que da paso al patio del centro ó de Santa Isabel, aparenta ser mas moderna, y se advierten algunas rectificaciones, particularmente en los huecos de los balcones del real aposento, rectificaciones con las que se han destrozado los elegantes adornos que existian anteriormente, y de los que solo se conservan algunos fragmentos de armas y escudos.
Debajo del real aposento se halla situada una estancia de planta octógona de 26 palmos de diámetro, y sobre sus ocho lados se elevan otros tantos arcos formando diferentes ángulos rectilíneos á excepcion de uno que es de forma de herradura. Todos estaban sostenidos de dos columnas de marmol de nueve palmos de altura, de las que aun existe la mayor parte pero mutiladas y maltratadas: el mármol blanqueado en la actualidad segun los reconocimientos que se han hecho, parece ser de las canteras de Alcañiz. Los entrepaños y lienzos de sus paredes están adornados por el estilo de los de la Alhambra, con trepados y calados arabescos de mérito y detenida egecucion: apesar de los muchos siglos que han transcurrido y de lo que han padecido por las vicisitudes que son consiguientes, se deja ver en ellos gusto, riqueza y hermosura á la par que delicadeza y esmero en el trabajo. A diez y ocho palmos de elevacion corre un techo con el que mutilaron la altura de esta estancia, pues que sobre él continúa la misma con un friso corrido, adornado de la misma talla, coronado de otro cuerpo mas sencillo, en el que descansan columnitas de cuatro palmos y medio de altura, sosteniendo arcos apuntados formados de festones semicirculares, terminando los restos de esta mezquita á catorce palmos del mencionado piso, por el que lo es del real aposento donde nació Santa Isabel.
En la parte de occidente pero con la direccion al oriente se vé un nicho ó hueco[6] á la que presta entrada el arco de herradura cubierto con una concha, en donde se supone que existia la pila bautismal: pero aunque pudo colocarse en tiempo de la restauracion, parece indudable que este era el sitio en que hacian oracion los reyes moros, pues allí estaba su oratorio ó mezquita particular. Sabido es que los árabes miraban con la mayor escrupulosidad el cumplimiento de la oracion llamada salath ó namaz que constituia todo su oficio divino, y que la consideraban tambien de precepto divino.[7] En esta idea me confirmó el ser una de las condiciones de esta oracion, el que la postura del cuerpo fuese mirando á la Meca y que cabalmente este nicho tiene su direccion al oriente, y así mismo el que, apesar de no ser obligacion segun la ley el ir á la mezquita, la mayor parte acostumbraban á verificarlo, por lo que no es regular que los reyes dejasen de cumplir estrictamente con este requisito[8]. Para el que esté instruido en los arcanos de la antigüedad, esta asercion no puede ofrecer duda ninguna, mucho menos si fija la vista en la lámina que se encuentra á seguida de la página 172 tomo 1.º de los Condes de Barcelona vindicados, obra escrita por el Sr. D. Próspero Bofarull. La referida lámina representa el frontispicio del Mihrab ó adoratorio interior de la mezquita de la ciudad de Tarragona. Este monumento, dice este escritor, fué erigido en el año 960 de nuestra cuenta, es de mármol y se conserva casi íntegro en el claustro de la Santa Iglesia metropolitana de Tarragona empotrado en la cortina de pared del lado del poniente: que Conde refiere que Abderraman III mandó construir este arco y colocarle por fachada del Mibrab ó adoratorio interior de la mezquita principal de Tarragona, que segun indicios estaba muy cerca ó en el mismo recinto que ocupa hoy su grandiosa catedral, que principió el Santo arzobispo Olegario por los años 1128. Este arco tiene una grande semejanza con el que se encuentra en la mezquita del Castillo de la Aljafería, y la comparacion de entrambos eleva á un grado incuestionable de evidencia mis observaciones. Para mayor comprobacion y para conservar un recuerdo de este monumento árabe, he hecho litografiar la estampa número 3.º, en la que se encontrarán retratadas parte de las bellezas de una mezquita desconocida casi totalmente hasta hace poco tiempo dentro y fuera de Zaragoza.
La Iglesia se halla actualmente situada en un ángulo á la derecha de la entrada de este patio, frente á dicho real aposento. Su planta es proximamente cuadrada, pues la constituye un rectángulo de noventa palmos de latitud por ochenta y cuatro de fondo, con tres naves en cruz de veinte y seis y medio palmos. Los pilares ó machones que las dividen son sencillos, revestidos de pilastras dóricas sin proporción, basas ni zócalos: los capiteles corren por todos sus membretes, y sobre ellos una peqaeña arquitrabe sirve de, imposta á las bóvedas apuntadas por arista con una sencilla moldura en sus arcos, y en cada uno de los nueve vértices en un floron dorado de tres palmos de diámetro se ven las barras de Aragon.
El atrio colocado en la nave del centro y enfilado en el altar mayor tiene una verja de madera que concluye en semicírculo. El altar mayor situado en la nave del centro al frente de la puerta bajo el arco que forma una modesta capilla, es un retablo de órden corintio, de arquitectura y construcción antigua en madera dorada. En su nicho está S. Martin titalar de esta parroquia castrense, de escultura moderna, á caballo en trage romano, representando la acción de dividir con la espada su manto para dárselo á un pordiosero. La figura de este es bastante regular, y la de S. Martin seria completa, si su actitud fuese mas animada, y en el corcel se imitase mas la arrogancia de un caballo de batalla. A la izquierda del retablo se ve de cuerpo entero á S. Pio V, y á la derecha al beato Benedicto X, ambas estatuas del tamaño natural y bastante buenas.
Lam. 3.ª
LA MEZQUITA DEL CASTILLO DE LA ALJAFERIA
Dibujo de N. Pinos. Lil. de L. Jayma Lit. Fca Bella
REPRESENTA LA MEZQUITA DEL CASTILLO DE LA ALJAFERIA
ú oratorio de los reyes moros.
Hay además del altar parroquial otros seis en sus respectivas capillas por el órden siguiente. A la derecha del altar mayor, el de S. Gerónimo de columnas pareadas salomónicas, de órden corintio: el fuste de las columnas, la imposta del arco y el cornisamento son de mármol negro: sus basas, capiteles y la guarnicion del arco son de piedra alabastrina. A la izquierda del altar mayor el de Ntra. Sra. de la Correa, en un retablo de madera dorada estilo antiguo y de órden corintio. En la nave de la derecha y capilla del centro está Santa Isabel pintada al óleo en el nicho del retablo, cuya arquitectura y estilo es como el anterior con el aumento de una urnita que contiene el niño Jesus. El altar que sigue es de igual construccion y arquitectura, y en su centro se venera á la vírgen del Rosario pintada al oleo. Frente á este altar y en la nave de la izquierda está la pila bautismal, sobre la que hay un retabillo con un crucifijo. A los costados estan los beatos Simon de Rojas y Juan Bautista de la Concepcion de tamaño medio natural. A continuacion de la pila está el altar del Redentor crucificado en un retablo como los anteriores.
A la derecha é izquierda del atrio están sobre cartelas á la altura de seis palmos Santa Engracia y Santa Mana Magdalena, estatuas del tamaño natural bastante regulares. En los lienzos contíguos al pórtico hay dos grandes cuadros al oleo, mal egecutados; el de la derecha representa la venida de Nuestra Señora del Pilar y el de la izquierda Nuestra Señora del Rosario y Santo Domingo. En la sacristia está San Nicolás de Tolentino con varios grupos de ángeles, de escultura mediana, en un retablo antiguo. El pavimento de la Iglesia está embaldosado.[9]
barra
PATIO DE SANTA ISABEL.
La obra de este patio es moderna; las paredes exteriores de la galeria que forma su perímetro rectangular son de ladrillo sentado á cara vista, sus ventanas rectángulas de buena proporcion. En la parte del lado del sud aparecen restos de tres arcos que se conoce ser de los primitivos, que formaron el contorno de este patio, y corresponden á la misma época que la mezquita. Son de forma apuntada en ondas semicirculares, adornados de arabescos iguales á los de la mezquita, y á uno de ellos le sostienen dos columnas de once palmos de altura, que aunque maltratadas y ennegrecidas, manifiestan ser de mármol de Albalate: los restos de una de sus bases acreditan haber sido de alabastro de Escatron.
Junto á estos arcos está el almacén de artillería designado con el número 4, que consiste en un salon de treinta varas de longitud con nueve de anchura, y según manifiesta debió tener en su orígen sesenta y seis palmos de elevacion, cubierto de bóvedas por arista de rosca de ladrillo, adornadas en los areos y aristas con fustes agrupados á tres: en el día está subdividida su elevacion total por un piso intermedio, á la altura de treinta y dos palmos del piso terreno, y á ocho palmos debajo del arranque de los arcos que rompen sobre ménsulas.
Tambien hay restos de esta misma fábrica con el mismo adorno y elevación á la espalda del lado del este del mismo patio, divididos igualmente por un piso intermedio á la misma altura, los que en el día corresponden desde el piso intermedio para arriba, al distrito de la habitacion regia, con divisiones que dejan porcion de los arcos á un lado y porcion á otro.
Una de las crugias de este patio de paso al tercero, y forma un entrepilastras de silleria delgadas y airosas. Al terminar ese tránsito se halla á la izquierda y contigua á la entrada del tercer patio la grande escalera, que en dos tramos componentes treinta y dos gradas, conduce á la galería y pabellón ó sala de Santa Isabel. La puerta de esta escalera concluye con un semicírculo cuyos rádios de madera forman una reja sencilla. El pasamano, barandilla y paredes en las mesetas, estan adornados con relieves arabescos, el techo presenta en sus bovedillas pintados haces de flechas, é intercalada la inscripcion de Tanto monta.
Al desembarco de la escalera principian á correr las galerías destinadas en la actualidad para acuartelamiento de tropas, excepto la que corresponde á la entrada del salón de Santa Isabel: en el enmaderado de esta entrada se ve tambien pintada á trechos la inscripcion del Tanto monta, y en el ángulo al frente hay indicios de una antigua puerta de comunicacion con el interior de la servidumbre: existe todavía el remate de esta puerta con un adorno que manifiesta una grande antigüedad, y que es el de dos leones que sostienen un rollo de pergamino con unas letras antiquísimas en su centro. La estampa número 5.º figura 1.ª representa un residuo de la antigua decoracion de este palacio. En los cuartos inmediatos se advierte todavía la montea de grandes arcos, que tiene su arranque en la parte inferior.
Sobre el dintel de la puerta de Santa Isabel se halla el escudo de las armas reales sostenido por otros dos leones: á los lados de esta puerta dos ojos circulares equidistantes dan una mediana luz al salon.[10] Este ofrece un aspecto magestuoso; recientemente blanqueado, y algun tanto limpios los adornos, aunque sin restauracion de los deterioros que han sufrido, ostenta su galeria ó tribuna pública sobre el suelo de la cornisa, arquitrabada con inscripciones góticas que corren por los cuatro lados del rectángulo. Las dimensiones de esta tribuna parecen poco capaces para su objeto, aunque llenan cuanto permite los límites en que está construida. El techo de este antiguo salon es de una decoracion hermosa y grave, que reune la circunstancia de la solidez. En un armado de maderas formando casetones octógonos perfectamente moldurados y en su centro una piña dorada, así como lo están todas las molduras del salon. En el friso se halla dos roces en relieve la inscripcion siguiente, que en uno de sus lados no se encuentra completa por los destrozos que ha sufrido aquel artesonado en las épocas aciagas de nuestras guerras.
Ferdinandus Hispaniarum, Sicilæ, Sardiniæ, Corsicæ, Bx l earumque Rex, Principum Optimus, Prudeuns, Stramus, Pius, Constans, Justus, Felix: Elisabeth Regina Religione et animi magnitudine supra mulierum insigni, conjuges auxiliante Christo Victoriosissimi, postliberatam amauris Bœticam, pulso veteri feroque hoste, hoc opus constuendum curarunt anno salutis MCCCCXCII.
La riqueza de estos artesonados tiene un recuerdo histórico que aumenta la gloria de los aragoneses, por hallarse dorados, segun pretenden nuestros historiadores, con el primer oro que se trajo de la América.[11] El Arcediano Dormer, en su obra titulada Reyes de Aragon, (pág. 397) al hablar de D. Fernando el Católico refiere: que solía decir este rey «que por el gran celo que tenia de que en su reino se conservase limpia la santa religion católica le habia dado Dios un nuevo mundo: así pasó, continúa, que en el año 1492, en que se ganó Granada, descubrió al fin de él Cristóbal Colon las Indias occidentales, en cuya conquista declara el rey D. Felipe I (se entiende de Aragon, pues de Castilla es II) en las córtes de Monzon de 1585, que concurrieron los Aragoneses, y que deben gozar todos los puestos eclesiásticos y seculares que se proveen en ellas: y es de notar, añade, que el primer dinero que se libró á Colon se sacó de la tesorería de Aragon, y así dispuso tambien el rey, que del primer oro que se trajo de las Indias, se diese una parte á este reino, con la cual se doráron los techos y artesones de la sala mayor del real palacio de la Aljafería.» Toda la parte correspondiente á la sala de Santa Isabel, galerías antesalas y gabinete real, está recientemente blanqueado y pintada su carpintería, lo cual se egecutó con motivo de la visita, que se suponía haría S. M. Doña Isabel II á este alcázar en 1844, y que por fin verificó la tarde del 27 de julio de 1845.
No podemos al hacer esta relacion, dejar de copiar las elocuentes palabras, que al hablar de las bellezas artísticas de este monumento, se léen en una publicacion estimable.[12]
«Del salon de Santa Isabel por ejemplo, de este magnífico resto de la grandeza del antiguo Reino de Aragon; de esa joya arqueológica, que la heróica Zaragoza ha conservado en medio de las ruinas de sus modernos edificios ¿qué podrémos decir que no hayamos va escrito al describir otros muchos monumentos de la misma época de los Reyes Católicos, esto es, del siglo XV?»
«Verdad es que el tal salon recuerda la grandeza característica de la monarquia española, que lleva impreso el sello de la elevacion ostentosa, que es casi proverbial en la península, y que como todos los edificios de su tiempo parece que dá testimonio de la robustez moral que el trono iba adquiriendo, merced á sus continuos triunfos y á espensas del poder de una aristocracia, mas turbulenta acaso en Aragon que en otro ninguno de los estados españoles, pero las reflexiones á que considerado el edificio bajo ese punto de vista daria lugar, prescindiendo de que no son para tratadas ligera é incidentalmente, salen por otra parte de la artística esfera en que debemos encerrarnos.»
«Indicar pues la belleza del artesonado, que es uno de los buenos de aquel buen tiempo para las artes españolas; llamar la atencion sobre la graciosa galería que circuye el tercio superior del salon, señalar la elegancia, y por último decir que aun en medio del abandono y desnudez actual del salon de Santa Isabel, transpira, por decirlo así, como en un varon eminente que sucumbe á los rigores de la fortuna, cierto aire de grandeza y magestad, que la miseria no acierta á desvanecer, y que el alma generosa contempla respetuosamente, es todo lo que en resúmen creemos oportuno en la ocasion presente. Es así mismo múy digno de notarse, pertenece por su estilo á lo mejor del renacimiento de las artes, cuando en el resto de España no habia en su tiempo sino muy pocos edificios de aquel género.» Para hacer ostensible, aunque en miniatura, esta obra tan preciosa encerrada ahora en el recinto de un cuartel, se acompaña la estampa que lleva el número 4.º
Lam. 4.ª
Salon de Santa Isabel
Lil. de L. Jayma, Zaragoza
SALON DE SANTA ISABEL
Saliendo de este magnífico salon, que debia ser el del trono ó de embajadores, se encuentra á la izquierda el gabinete ó sala de Santa Isabel con una alcoba, en cuya estancia se dice que nació esta reina; tiene un balcon que cae perpendicular sobre la antigua mezquita ú oratorio árabe que hé descrito anteriormente. Tiene esta sala por techo un artesonado de poco relieve, pero de mucho gusto y complicacion. Se compone de casetones, cuya figura general es un cuadrado, pero trazados y enlazados de modo que forman dieziseiságonos separados entre sí por los cuadrados que resultan de su enlace. En el centro se echa de menos el escudo de las armas reales que debia existir anteriormente: en los cuatro que corresponden á sus lados se ven dos yugos y entre ambos la inscripcion de tanto monta: en los restantes tan solo un yugo.
La antesala que comunica el salon con el gabinete de Sta. Isabel, no tiene digno de atencion sino el techo que tambien es de casetones, en figura de rombo con su piña en el centro y molduras tambien doradas. Esta sala tiene así mismo un balcon que dá sobre el patio de la Iglesia.
A seguida caminando á la derecha hay otra sala cuyo techo está adornado por el mismo estilo que los anteriores en cuyo medio hay un escudo de armas circundado de un caseton dieziseiságono, desde el cual se estienden las molduras formando pentágonos irregulares, pero iguales y semejantes, alternando con cuadros que forman el conjunto de los casetones. Desdo allí se pasa á otras estancias espaciosas con su gran chimenea, que conservan un enmaderado particular, como lo observará cualquiera que las visite. En el friso del artesonado de las tres salas de afuera que acabo de describir, se halla repetido el letrero latino que antes he trasladado literalmente.
Significado del lema de la empresa
tanto monta.
La repeticion misteriosa de las palabras Tanto monta en la pintura del cielo de la escalera principal y en los artesonados de las salas, y el yugo con el nudo gordiano, y los haces de flechas, muestra que ésta era una divisa del rey católico y el recuerdo de una grande hazaña. D. Juan de Orozco y Covarrubias en su libro de los emblemas morales[13] hace una explicacion de esta divisa, que aunque diferente de lo que hacen otros, no la debemos omitir. Este autor despues de hablar de las empresas que usaron Augusto César, Pompeyo, Cayo César, Antonino, Galba, Constantino, al tratar de las de D. Henrique IV, D. Fernando y el Emperador Carlos V dice:»de los reyes de Castilla algunos usaron empresas, como fué el rey D. Henrique IV la granada abierta con el mote «agro dulce» en que se mostraba la condicion que han de tener los príncipes en ser agrios para los malos, y dulces para los buenos, como se verá en el emblema que hicimos de esto, y luego añade: el Rey Católico usó un tiempo una empresa del ayunque y del martillo, y de ella no hay memoria, ni aun era tan propia á tan gran príncipe, y la que escogió despues y se publicó, fué admirable en las saetas y el yugo con la letra tanto monta, en que no se tuvo cuenta con lo del nudo gordiano, y el dicho de Alejandro tanto monta cortar como desatar: y quiso decir que por fuerza sugetándolos con las armas, como son las saetas, ó rindiéndose ellos y sugetándose al yugo los que eran enemigos y rebeldes, habian de ser suyos, y esto es lo que tanto monta de grado ó de fuerza: y así sucedió en la empresa que tomó á pechos de conquistar el reino de Granada, que vencidos del poder de las armas vinieron al yugo, y se entregó la ciudad al principio del año 1492.» Para que se vea la divisa del tanto monta en su forma primitiva, se acompaña una copia sacada de un libro antiquísimo[14]. Estampa núm 5.º figura 2.ª[15]
Lam. 5.ª
dibujo de armas
Fig. 1.
dibujo de armas
Fig. 2.
Lil. de L. Jayma
Descripciones que hacen de este edificio nuestros escritores antiguos, y algunas noticias curiosas sobre su distribucion interior.
Es verdaderamente doloroso, que nuestros escritores no se hayan ocupado como debieran en describir este monumento. Quien da algunas noticias, pero muy vagas y generales, es el P. F. Diego Murillo[16] que escribió sobre las excelencias de Zaragoza, y asistió como religioso de S. Francisco al entierro del Justicia de Aragon D. Juan de Lanuza, decapitado en 20 de diciembre de 1591, pues al hablar de la Aljafería dice tan solo «que es palacio real, alcázar y casa de placer, que fué de los reyes moros, fundada por el Rey Abenalfage, que fué el 4.º de los que reinaron en Zaragoza, cerca de los años del señor 864. Es un edificio grandioso, cercado de muchas torres,[17] que ahora muchas de ellas sirven de cárceles para los delincuentes. Aposentáronse despues en ella muchos reyes cristianos, y el Rey Católico hizo en ella muchas cuadras y aposentos con sus escudos de armas, y empresa de las coyundas y lazos con el tanto monta: todo muy bien labrado y dorado con otras muchas molduras, y sobre todo, hizo una hermosísima sala que llaman sala dorada, porque toda la techumbre de ella, demás de estar labrada á las mil maravillas, parece un puro oro finísimo. Demás de esto, todas estas cuadras y sala tienen unos frisos que les sirven de adorno, con un letrero de oro en campo azul, en que se hace memoria de los Reyes Católicos sus fundadores. Tiene tambien muchos aposentos y salas que aun perseveran desde el tiempo de los reyes moros, y en especial una sala baja que llaman la sala de los mármoles, que para el verano es fresquísima. Las vistas de este palacio son en sumo grado apacibilísimas, porque participan de todo lo que puede desear la vista, en razon de diferencias de visos, como son agua, arboledas, montes, huertas, casas de placer y otras cosas semejantes.»
Esta descripcion es demasiado vaga, y no nos presenta datos para congeturar cuál era la construccion antigua de este palacio, en el que vemos mezclada y eslabonada la obra antigua con otras de diferentes épocas. A pesar de mis continuas investigaciones, no he podido descubrir, dónde se hallaba la sala de los mármoles, y solo conceptúo que haya podido estar en donde ahora se halla un calabozo colocado en el patio de Santa Isabel, sobre cuya reja que quizás sería antes puerta, se vé el escudo de las armas de los Reyes Católicos, en las cuales se encuentra tambien una granada, prueba clara de que la reparacion de este edificio se completó despues de aquella conquista.
Hasta el erúdito y curiosísimo D. Antonio Ponz en sus viages, al paso que en otros obgetos se detuvo con minuciosidad, del castillo de la Aljafería habló ligeramente.[18] Todo cuanto dice, se reduce á lo siguiente.—«No es para omitir la antigua fábrica del castillo ó fortaleza que hay fuera de los muros de esta ciudad, que llaman la Aljafería. Se conservan en él varias salas del tiempo de los reyes de Aragon, entre las cuales es muy particular la mas grande por sus labores de oro y azul, anditos y techumbre, destinada como es de creer para celebrar funciones. La capilla es de buena planta y de tres naves donde dicen que se bautizó Santa Isabel. Cuando se efectuó aquel malogrado casamiento de Doña Catalina de Aragon, hermana de Fernando el Católico, con Henrique VIII de Inglaterra, le llevó entre otros dones, porcion de armas, particularmente espadas de grande estimacion entonces, con la marca de la osa y el perrillo, y con el nombre de Andrés Ferrara célebre artífice de Zaragoza. «Con tal ligereza habló este instruido viagero del alcázar de la Aljafería, no parándose á describir ni la mezquita, ni otros obgetos que eran dignos de una mencion particularísima; sin duda ó porque recorrió rápidamente aquella fortaleza, ó porque no le llamaría la atencion algun curioso del país.
Mr. Alejandro Laborde en su itinerario descriptivo de España[19] no dá tampoco sino noticias generales alabando la cantidad, variedad y belleza de la pintura, dorado, y adornos del salon.
Noticias mas circunstanciadas nos suministra de la antigua topografía de este alcázar, la relacion que hace Blancas de la manera con que se adornó en la coronacion del Rey D. Martin,[20] verificada el domingo 13 de abril de 1399, refiriéndose á otra que hizo Carbonell, y que segun expresa, se conserva en el archivo de Barcelona. «Cuanto á lo primero, dice, el real palacio de la Aljafería, que era donde el rey posaba, parece ser estuvo aderezado de esta suerte. El patio mayor estaba todo entapizado por las paredes de muy ricos paños de raz, y por sobrecielo á manera de pabellon para defenderse del calor, se pusieron unas grandes velas de amarillo y colorado á tiras, con las armas reales de Aragon. Por el suelo del patio se pusieron dos órdenes de mesas, la una debajo de los corredores entre los pilares que los sustentan y las paredes, y la otra por de fuera, y al un cabo en lo que cae hácia la capilla de S. Jorge, que es hácia la parte de mediodia, se puso un tablado de madera, al cual se subía por cuatro gradas, donde se puso la mesa para el rey, debajo de un rico dosel de terciopelo carmesí bordado de oro, con una muy rica silla que de todas partes se podia ver. En medio del patio, en lo descubierto, en frente de esto, habia un grande aparador de plata, con muy ricos vasos de todas maneras para el servicio de la mesa del rey. Delante de este aparador se hizo un surtidor muy lindo con tres caños, que echaban de sí, el uno vino blanco, el otro clarete y el otro agua. Sin este aparador habia en el mismo patio otros sendos aparadores, á cada lado el suyo, con gran cantidad de bagilla de plata para el servicio de las otras mesas. En el otro patio que está mas adelante, al entrar del aposento que llaman de los mármoles,[21] habia por sobrecielo para defenderse tambien del calor, unas velas grandes blancas y azules á tiras; y tambien estaba todo este patio entapizado de otros paños de raz muy ricos, y habia puestas por su órden otras mesas.»
«Otro aposento mas adentro, que llamaban el de la chimenea,[22] estaba tambien todo colgado de tapicería mas fina, y allí habia un rico dosel, y este aposento sirvió para que la reina comiese los dias que duró la fiesta de la coronacion del rey. La sala grande que llaman de los mármoles, estaba de la misma manera entapizada con paños de raz de mas linda estofa, y en medio estaba puesto un dosel mas rico que los demas, y una muy rica silla debajo de él. Dentro de esta sala habia la cuadra que llamaban de los paramentos, y[23] en ella estaba la cama del rey, que tenía las cortinas de terciopelo carmesí con bordadura de oro y con las armas reales, y estaba toda esta pieza con colgadura de tela de oro y de brocado.»
Todavía se encuentran mas pormenores á cerca de la extension del patio, en la relacion que hizo Alvar Garcia de Santamaria, testigo presencial (copiada por el mismo Blancas) de la coronacion de D. Fernando I,[24] en cuya relacion se ven noticias muy curiosas. «En ésta, (la Aljafería) habia un corral que había en luengo 54 pasos é ancho 40 pasos, el cual corral fizo el dicho señor rey cubrir de madera de pino blanco, con teja vana, sin tierra, con sus lumbreras que estaba muy claro, é con este fué fecha una gran sala á maravilla, é estaban todas las paredes cubiertas de paños franceses broflados con oro é sin oro, é asentamientos de muchas mesas, é un asentamiento sobre gradas real, dó comió el rey, dia de su coronacion, segun que adelante oirédes; esta sala estaba el cielo cubierto de piezas de paños de lana, una pieza bermeja, é otra amarilla, é decian que habia en el cielo de la sala mas de setenta piezas de paño, é despues de puestas parecia[25] el cielo armas reales de Aragon.»
Tambien advertimos en la relacion que el mismo Alvar Garcia hace de la coronacion de Fernando I, que se hace mencion del palacio de las Jarras.[26]
Observamos por los trozos que he transcrito de estas relaciones, que habia patios como los hay ahora en la Aljafería, pero á pesar de todo, ¿cómo es posible saber con puntualidad su antiguo estado? Ni memoria se conserva de la capilla de S. Jorge, ni podemos atinar sino por congeturas donde estaba la sala de los mármoles, é ignoramos de todo punto á donde caía el palacio de las Jarras. Tambien Blancas[27] dice que el rey D. Martin fué el lunes á oir misa á la capilla que decian de Santa Maria, la que no podemos adivinar donde existía.
Debemos deplorar que en tiempo de los Reyes Católicos cuando se reparó este edificio, y en las renovaciones posteriores, no se sacase un plano de su situacion y de sus antiguas estancias, ó que á lo menos no se hiciese una descripcion exacta.[28]
Es tanto mas estraño este descuido, cuanto que la fama de este alcázar se halla comprobada con las traducciones de las crónicas caballerescas. En él se supone que estaba encerrada la célebre Melisendra, y por eso Cervantes en la segunda parte del Quijote,[29] pone en boca del muchacho del titerero una historia que, segun decia, era sacada de las crónicas francesas y romances españoles, que andaban en boca de las gentes y muchachos por las calles; la libertad que dió el señor D. Gaiferos á su esposa Melisendra, que estaba cautiva en España en poder de moros, en la ciudad de Sansueña, (que así dice Cervantes se llamaba entonces Zaragoza):[30] y mas adelante continúa el jóven titerero, «vuelvan vuesas mercedes los ojos á aquella torre que allí parece, que se presupone que es una de las torres del alcázar de Zaragoza, que ahora llaman la Aljafería, y aquella dama que en aquel balcon parece vestida á lo moro, es la sin par Melisendra.»
De la época en que se construyó la ALJAFERIA: por quite, y destino que le dieron los moros.
Es un hecho constante que no se puede poner en duda, que el alcázar de la Aljaferia fue construido por los moros, los cuales ocuparon á Zaragoza el año 714,[31] segun nuestras crónicas, que no me parece que van desacertadas en este punto. Hasta los escritores árabes suponen, que á Muzaben Noseir que tuvo el mando de los muslimes en Africa, se le hicieron invitaciones por algunos cristianos de la Península para pasar á España. Es notable que los que aconsejaban esta entrada, decian entre otras cosas, como refiere Conde[32], que las amenidades de España no las puede igualar ni espresar el mas elegante discurso; ni en la carrera de sus excelencias hay quien se adelante; que en esta competencia aventaja á todas las regiones de Oriente y Occidente; que España es Siria en bondad de cielo y tierra, Yemen ó feliz Arabia en su temperamento; India en sus aromas y flores; Hegiaz en sus frutos y producciones; Catay ó China en sus preciosas y abundantes minas; Adena en las utilidades de sus costas; que en ella hay ciudades y magníficos monumentos de sus antiguos reyes y de los Jonios, que fueron siempre pueblo sabio, y que todavía se conservaban restos de ellos en España, como de Hércules el grande en la estatua de Gecira, y el ídolo de Galicia, y las grandes ruinas de Mérida y Tarracona, que no se habia visto cosa semejante.
Con el ansia de esta conquista pasó Taric-ben-Zen-yad, é hizo un reconocimiento en el julio de 710: en su 2.ª espedicion desembarcó en Gecira—Alhadra (isla verde), y se fortificó en la punta de Gecira, que en honor suyo se llamó Gebal-Taric ó monte de Taric, ó monte de la Victoria ó entrada; cuyos hechos de armas se refieren al año 711. Poco despues ocurrió la batalla de Guadalete, durando ocho dias segun nuestros historiadores, y segun los árabes tres, el combate mas encarnizado. El egército de los sarracenos aumentado con los refuerzos del Wali ó gobernador Muza se estendió como un rio que sale de madre sobre la desventurada España, porque aunque Taric tenia órden de detenerse hasta que el Wali se juntase con él; consultados sus capitanes dividió el egército en tres cuerpos: el 1.º confió á Mugueiz: el 2.º encargó á Zayde ben Kesadi el Seksek para que caminase á tierra de Málaga; y el 3.º acaudillado por el mismo partió á lo interior del reino por tierra de Jaen á Toledo. En este punto se juntaron Taric y el Wali Muza destituyendo este á aquel, y encargando el mando de sus tropas á Mugueiz. Taric, que fué por órden del califa restituido despues en él, puso cerco á Zaragoza, á donde siguiendo la corriente del Ebro llegó tambien Muza con su egército. En esta ciudad, dicen las crónicas árabes, se habia reunido mucha gente de España: el riguroso cerco y los combates la tenian ya muy apurada y cuando llegó Muza decayeron de todo punto de ánimo los cristianos, y luego salieron á proponer su entrega con buenas condiciones. Muza sabía, que allí estaban depositadas muchas riquezas de todos los pueblos de España oriental, y no ignorando el triste estado en que se hallaban por falta de provisiones, les impuso sobre las condiciones ordinarias una muy grave exaccion, que debian pagar el dia de la entrada en la ciudad: ésta era la contribucion de sangre, porque con ella se redimian de las violencias de la espada del vencedor. La necesidad los forzó á todo, y allegaron y recogieron todas las alhajas de los vecinos poderosos y de los templos, para cumplir la gran cuantía que pidió Muza ben Noseir: asimismo tomó rehenes á su contento de la juventud noble de esta ciudad: puso en ella un buen presidio con escogida gente, dando el gobierno á Hanax ben Abdala Asenani, que poco despues edificó allí una mezquita y una principal aljama. Nuestros escritores van acordes con lo que refiere Conde, diciendo además que Muza llegó á Zaragoza despues de haber hecho un grande estrago por su resistencia en Catalayud, llamada entonces Bílbilis. El Maestro Diego Espés en su historia manuscrita, que se encuentra en el archivo del Metropolitano templo del Salvador de esta capital y que hé registrado con este motivo[33], pretende asimismo, que Muza y Tarif iban con egército separado, y que se reunieron en Zaragoza, de cuya opinion es tambien Zurita, y que esta ciudad capituló con condiciones honrosas, siendo una de ellas la de dejarla vivir en su ley. Este escritor sostiene que Zaragoza fué ganada el año 714 y no el 716, como dice Rasis, fundándose para combatir el error de este último, en que un año antes del 716, el general Tarif, y el gobernador Muza habian vuelto de la Francia gótica á Córdoba, refiriendo en su apoyo una carta que supone escrita por D. Pelayo á Tarif en la era 753 ó año de J. C. 715.
Entregada (continúa Espés) la ciudad de Zaragoza á su enemigo con el mejor concierto que pudieron, dejaron aquellos generales de los árabes por gobernador y alcaide de esta provincia á un capitan llamado por nombre Ismad Abenhut,[34] hombre de mucho esfuerzo y valor, natural de la Arabia.
En España quedó mandando Muza, á quien Vlith encargó su gobierno, y por su muerte se confirió el mando á Abdulaziz, su hijo que es de quien se cuenta haber enviado á Abdemelec Abencat, á que persiguiese á los cristianos hasta el monte Vruel inmediato á Jaca. Por muerte de Abdulaziz se dividieron los árabes de España, y se separaron de la obediencia del califa Vlith, á quien la habian prestado durante largo tiempo despues de la conquista. Temiendo la venida de Carlo-Magno, crearon para su defensa un rey que residia en Córdoba, pero aumentadas las discordias, los gobernadores de las ciudades se alzaron con su mando como régulos[35]. Zaragoza corrió la suerte de las demas ciudades populosas, y tuvo tambien su rey.