[78] Esta especie de diálogo es tan raro y poco común, que para comprenderlo bien conviene citar un ejemplo. Elegimos uno de la tercera jornada de Amar después de la muerte. Don Alvaro y Clara hablan cada uno para sí de este modo:
Clara. No es menester que digáis
Cuyas son mis alegrías,
Alvaro. Que bien se ve que sois mías
En lo poco que duráis.
Clara. Alegrías mal logradas
Antes muertas que nacidas;
Alvaro. Rosas sin tiempo cogidas,
Flores sin sazón cortadas;
Clara. Si rendidas, si postradas
A un ligero soplo estáis,
Alvaro. No digáis que el bien gozáis;
Clara. Pues siendo para perder
Que sintáis es menester,
Alvaro. No es menester que digáis.
Alárgase este doble monólogo tres décimas más, repitiéndose á la letra, al fin de cada una, un verso. Conviene tener presente que el poeta, según se deduce del conjunto de la comedia, se propone tan sólo exponer la libre expansión del alma, no una declamación hablando.
[79] Por ejemplo, en Mujer, llora y vencerás, jornada segunda:
Madama. ¿Quién se atreverá á decir
En lo que llega á oir y ver,
Si tengo que agradecer
O si tengo que sentir?
Pues si tengo que inferir
Quién es dueño de un temor...
Música (dentro). Es el engaño traidor.
Madama. Y quien de un ansia mortal...
Música. El desengaño leal.
Madama. ¿Quién con tal eco sonoro
Ha aumentado mi dolor?
Cuando entre uno y otro horror
Son para mí en pena igual...
Música. El uno dolor sin mal
Y el otro mal sin dolor,
Es el engaño traidor
Y el desengaño leal.
Eduardo generoso,
Tercero de Ingalaterra,
De las tres brillantes rosas,
Luz, norte, amparo, defensa;
Tú, que en alas de la fama
Siempre celebrado vuelas,
Ocupando en tus memorias
Voz, aplauso, trompa y lengua:
Yo soy Estela infelice,
Y de Salverich condesa,
La conclusión es:
Porque en poblado los hombres,
Porque en el monte las fieras,
Porque en el aire las aves,
Cielo, sol, luna y estrellas.
Aves, peces, brutos, plantas,
Astros, signos y planetas
Digan, vean y publiquen,
Oigan, miren, noten, sepan,
Que hay honor contra el poder,
Que hay industrias contra fuerza
Y que hay en mujeres nobles
Vida, honor, lauro y defensa.
[81] En la Lonja (Archivo de Indias) y en la Biblioteca Colombina de Sevilla, hay mapas de mediados del siglo XVII, los cuales nos ilustran acerca de las ideas reinantes entonces en España, tan falsas y hasta tan fabulosas, de la situación de las regiones lejanas, principalmente del Norte.
[82] J. Schulze: sobre El Príncipe constante.
[83] El infante D. Fernando de Portugal (nacido en 1402) murió en 1443, después de sufrimientos indecibles, cautivo entre los moros, en cuya situación había languidecido por espacio de unos seis años. Sus restos, llevados á Portugal por el rey Alfonso V, descansan en el convento de Batalha. Al lado del sepulcro hay un altar de Nuestra Señora, donación en vida de tan piadoso caballero, y sobre él el retrato del mismo Infante, pintado por un artista hábil, por orden de su hermano D. Enrique. En una carta de los frailes de Batalha á Fr. Francisco da Cruz, se dice lo siguiente: «Juxta memoratum sepulcrum parvum sacellum est, cum lignea tabella altari superimposita et in extremis deaurata ornatum: qua in tabella antiquo et eleganti penicillo descripta reperitur infantis vitæ series: illius statua marmorea super altaricollocata cernitur, sed quæ vivum exprimat amictum vilem, lugubrem faciem, barbam, impexos crines, manicas denique catenas et compedes eamque formam quam creditur habuisse mancipatus captivitati.»—(Junto al sepulcro mencionado hay una pequeña capilla, con una cornisa de madera sobre el altar, dorada en su extremo, en la cual, trazadas por pincel antiguo y elegante, se ostentan las diversas vicisitudes de la vida del Infante; hállase también una estatua de mármol sobre el altar, pero ofreciendo á lo vivo el traje andrajoso, el rostro lúgubre, la larga barba, el cabello despeinado, y las esposas, grillos y cadenas iguales á las que, según se cree, tuvo en su cautiverio.)—(T. del T.)
Debajo de la estatua se lee:
«Sanctus princeps Ferdinandus
Infans Lusitaniæ
Obiit Fessæ apud Mauros Obses
A.D.M.CCCCXLIII. V Junii.»
El santo príncipe D. Fernando, infante de Portugal, murió en Fez, cautivo entre los moros, el 5 de junio del año del Señor 1443.
Alrededor del cuadro del centro hay (ó hubo, por lo menos, hasta la ocupación de Portugal por los franceses), nueve cuadritos, representando los sucesos de la vida del Infante, con las inscripciones:
Compedibus et catenis constringitur.
Infimæ servituti Sanctus adjudicatur.
Regium equile mundare cogitur.
Opus facit in hortis regiis.
De lytro frustra agitur cum Mauro.
Cœlesti visu ad mortem confirmatur Sanctus.
Pie moritur Sanctus Infans.
Sanctum corpus exenteratur.
De muro urbis corpus suspenditur.
(Sujétanlo con grillos y cadenas.
El Santo es condenado á infame servidumbre.
Oblíganlo á limpiar las caballerizas reales.
Trabaja en los jardines reales.
Trátase en vano con el moro de su rescate.
Una visión celestial anuncia al Santo su muerte.
Muere piadosamente el santo Infante.
Arrancan al santo cuerpo las entrañas.
Cuelgan su cuerpo de las murallas de la ciudad.)
(T. del T.)
La bula expedida por el papa Paulo II en el año de 1470, estableciendo una fiesta conmemorativa del Infante, describe en pocas palabras los tristes sucesos de su vida, de esta manera: «Ferdinandus infans Portugaliæ... qui ad expugnationem infidelium in Africam transfretavit et pro liberatione. Christianorum in illis partibus tunc existentium ac inde aliter liberari non valentium in manibus eorundem infidelium sponte obsidem se tradidit; ac per ipsos infideles diris carceribus mancipatus et tormentis affectus, per plures annos existitit, ac in fide catholica viriliter persistens, ut athleta fortis post plurima supplicia ægritudines et labores in eorundem infidelium partibus et captivitate constitus, Christo redemptori suo animam reddidit.»—(Fernando, infante de Portugal... que pasó á Africa para combatir á los infieles, y librar á los cristianos existentes en esa región, y que no podían rescatarse de otro modo, se dió espontáneamente en rehenes á esos mismos infieles; y cautivo luego en su poder; y después de sufrir dura cárcel y tormentos, vivió algunos años, persistiendo firmemente en la fe católica, hasta que, como fuerte atleta, entregó su alma á Jesucristo, su Redentor, víctima de muchos suplicios, aflicciones y trabajos sufridos en su cautiverio, por obra de los infieles.)—(T. del T.)
Las virtudes del Infante habían excitado la admiración de sus enemigos, pero sin ablandar por eso sus rigores. Cuando Larache (Lazurac), rey de Fez, supo su muerte, exclamó lleno de dolor: «¡Este Príncipe había merecido conocer la ley de nuestro Santo Profeta!» Sufrió su cautiverio con tanta paciencia y resignación, que hasta los moros lo miraban con asombro.—La Clede, Histoire du Portugal. V. también á H. Schulze, Del Príncipe constante, de Calderón: Weimar, 1811.
[84] «¡Qué poesía! ¡No nos cansamos nunca de leerla y admirarla! Sólo en esta obra se eleva el poeta católico á una esfera tan alta, que el inglés no puede llegar á ella, á pesar de su genio prodigioso. No se describe en ella la suerte ó destino de un gran carácter que se realza en su lucha con la pasión y con el pecado, sino de lo más sublime que existe, de la consagración de un hombre puro, por lo más puro que hay, esto es, por la eterna bienaventuranza. Este objeto se ha alcanzado una vez sola, y ni antes ni después de Calderón, ni aun de lejos, se ha escrito nada que se aproxime siquiera á esta tragedia.»—K. Immerman.
Copiemos también las palabras siguientes de J. Schulze, refiriéndose á la representación, hecha en Weimar, de El Príncipe constante: «Esta tragedia, representada con rara perfección, parece haberse propuesto, como objeto principal, poner de relieve la idea cristiana, cuya ansia de perfección puede reducirse al silencio por un momento con la posesión de las virtudes más relevantes, sin quedar nunca satisfecha por completo, demostrándolo así el heroísmo y el martirio del infante D. Fernando, triunfo el más digno del cristiano contra todos los poderes de la tierra ... No ha sido dado á la musa alemana ofrecer al Eterno, en el sublime altar de la religión, un drama cristiano tan perfecto, nacido en el seno de la patria y rebosando gratitud y humildad, y de aquí que, contentos y agradecidos, como conviene al carácter benévolo del pueblo alemán, nos hayamos apropiado uno extranjero.»
[85] La leyenda de la sabia Eugenia, de su conversión, tentación y martirio, se encuentra en la relación de Simeón Metafraste, en Surii Probata Sanctorum, acta del 25 de diciembre. V. también la poesía de Alcino Abito, De Consolatoria castitati aude; Fabric, Bibliotheca graeca, tomo VI, pág. 524; Baronii, Annales ad annum 188, y Tillemont, Mem. eclesiast., tomo IV, pág. 12. Los milagros de Eleno, que Calderón ofrece en su comedia, se cuentan en Petrus, de Natalibus, catalogus sanctorum, lib. IV, cap. 59. Respecto á la idea, tan feliz como característica de nuestro poeta, de suponer que se introduce un demonio en el cuerpo de un muerto para hacer daño, ved á Dante, Infierno (XXXIII, V, 129 y siguientes). Así esta indicación, como la de las fuentes de muchas comedias de Calderón y de algunos datos y apuntaciones, provienen de la obra de Val. Schmidt, Uebersicht und Anordnung der Dramen des Calderón de la Barca, in Anzeigeblat der Wiener Jahrbücher: Jahrgang, 1882.
[86] La leyenda, que el poeta ha aprovechado aquí con tanto acierto, se funda en la confesión expiatoria de San Cipriano (In Cæcilii Cypriani Episcopi Carthaginiensis Opera: ed. Baluz., apénd., pág. 294, y en el Thesaurus novus Anecdotarum, de Martene y Durand, Lutet: París, 1717, tomo III, pág. 29: 1629). La fuente más inmediata de Calderón es probablemente la de Surius: De probatis Sanctorum Actis, tomo V, pág. 351 (Coloniae Agr., 1578). Vita et Martyrium F. Cypriani et Justinae, autore Simeone Metaphraste. Sobre Cipriano, ved también á Gregorii Naz. Opera, ed. Colon., 1690: folio, parte I, pág. 274, y Acta sanctorum sept., tomo VII, págs. 195 y siguientes: Antuerp., 1760; y acerca de la relación de este drama con la tradición de Fausto á Koberlstein, De la edad probable y de la significación del poema de la guerra de Wartburg: Naumburg, 1823, págs. 55-58, y á Rosenkranz, sobre la tragedia de Calderón El mágico prodigioso: Halle, 1829.
El Sr. D. Antonio Sánchez Moguel, en su Memoria acerca de «El mágico prodigioso,» de Calderón, y en especial sobre las relaciones de este drama con «El Fausto,» de Goëthe, obra que obtuvo el premio en el certamen abierto por la Real Academia de la Historia, al conmemorarse el segundo centenario de este insigne poeta el 24 de mayo de 1881 (Madrid, 1881), hace gala de una erudición poco común, que utiliza principalmente en investigar las fuentes, que sirvieron á nuestro primer dramaturgo en la composición de esta comedia. Puede consultarse con provecho, aunque, á decir verdad, hay ciertas obras de poetas eminentes, como El Fausto, de Goëthe, y El mágico prodigioso, de Calderón; el Enrique VIII, de Shakespeare, y La cisma de Ingalaterra, de nuestro gran poeta, cuyo fondo, siendo el mismo, no son, sin embargo, comparables, por cuanto cada uno de ellos maneja los mismos materiales con distintos propósitos, bajo diversos puntos de vista, y adaptándolos, por consiguiente, á planes y formas sujetas á las dotes poéticas individuales, y, sobre todo, á las ideas dominantes en las épocas y en las naciones, en que cada uno escribe, que no sólo hacen imposible toda comparación entre ellas, sino, lo que es peor, la hacen inútil. Además, aunque no es ocioso, ni mucho menos, averiguar cuáles son ó han sido los orígenes ó el fundamento de algunas de esas creaciones inmortales, es sabido también, que, en realidad, la cosa en sí no tiene toda la importancia que aparenta, porque los poetas, en general, y más los dramáticos, aprovechan para sus fines cualesquiera noticias y datos, y la cuestión no versa, en estos casos, sobre lo que ha sido con exactitud lo aprovechado, por ser esto muy difícil y muy dado á conjeturas, ya que el único medio de averiguarlo sería la declaración ó confesión del mismo poeta, y esto es imposible casi siempre, sino sobre el resultado ó efecto de su trabajo, esto es, sobre su obra ya completa y perfecta. Esto último debe ser el objeto del crítico, enseñando á las generaciones actuales y á las venideras los medios eficaces de que se han servido algunos poetas, para alcanzar la gloria inmarcesible que obtuvieron.—(N. del T.)
[87] «En El mágico prodigioso se propuso Calderón el objeto difícil de representar una conciencia pagana, y de fe vacilante por la filosofía, en todos los momentos principales de su transformación en conciencia cristiana; y esto, sin ofender en lo más mínimo á las creencias católicas, sin vanas reflexiones ni aun movimientos puramente externos, respirando todo animación y vida. La maldad, existente en sí y para sí, la ha personificado Calderón en el demonio con singular maestría, principalmente con el objeto de que, bajo esta forma, se revele poco á poco á San Cipriano.»—K. Rosenkranz.
[88] Las leyendas más completas de El purgatorio de San Patricio, se encuentran reunidas en Th. Wright, St. Patricks Purgatory, an essay on the legends of Hell and Paradise current during the Middle ages.: London, 1844.—V. también Les vies de Saints: París, 1739, tomo III, página 216.—Los Acta Sanctorum (Mart., tomo II, página 588).—El poema en francés antiguo Le purgatoire de Saint Patrice, en Les poesies de Marie de France, publiées par Rochefort, tomo II, pág. 411, y la novela italiana Guerrino Meschino, cap. 162.—V. Dunlop, History of fiction, v. III, pág. 38.—En España esta tradición se había hecho ya popular por los dos escritos titulados La cueva de San Patricio, León, 1506, y la Vida y purgatorio de San Patricio, Madrid, 1626-27, de Montalbán.
Bald mit Blitz bewehrt, durchleuctet
Als ein Aar die Luft der Glaube
Und bald ruht er, eine Taube
Die am Bach die Flügel feuchtet.
Platen.
(Ya, armado del rayo, hiende, como el águila, el cielo de la fe; ya, como la paloma, descansa y humedece en un arroyuelo sus alas.)
[90] Acerca del origen de esta comedia, advertiremos, que la muerte de San Bartolomé se halla en el Breviarium romanum, 24 de agosto: casi toda la acción restante debe fundarse en los Actis fabulosis, de Pseudo Abdias; en los Actis sanctorum augusti, tomo V, pág. 32 (Venetiis, 1754).
Encuéntrase aquí la enfermedad de los dos Príncipes; la repentina aparición de San Bartolomé al Rey, estando cerradas las puertas, y, por último, el delirio de Irene, acerca del cual Abdias dice lo siguiente: «Teniendo Polynio una hija loca, llegó á su noticia este exorcisador de demonios, y lo hizo buscar, y le suplicó de esta manera: «Mi hija es atormentada horriblemente, etc.»
[91] Sobre la parte histórica, ved á Eutichius, Annal., tomo II, págs. 240-248; Baronius, Annal. eccles., A. D. 628, NO. 1-4; Nicephorus brev., pág. 15; Teophanes chronograph., págs. 265 y siguientes; el Chronicon paschale, págs. 398 y siguientes; d'Herbelot, Bibliotheca orientalis, pág. 789; Assemanni, Bibliotheca orientalis, tomo III, págs. 415-420; Le Beau, Histoire du Bas Empire, tomo XII; Gibbon, Decline and fall, cap. 46. El emperador Heraclio había sido ya celebrado en el siglo XII en dos poemas, alemán el uno, por Otte, y francés el otro, de Gautier de Arras.
[92] Rosenkranz ha ensayado el hacer la apología de este drama, origen de tantas discusiones, en los términos siguientes: «La idea fundamental de La devoción de la Cruz, sólo causa extrañeza á quienes no saben transportarse al terreno propio y peculiar del catolicismo español; no seguramente á la conciencia de los católicos, familiarizados con las reliquias y con la santa virtud, que atribuyen á ciertas señales. Sólo la confianza infinita de la fe en Dios, que, impulsado por su eterno amor, se sacrificó por nosotros en la cruz, justifica á los pecadores. En este concepto, al arrepentirse los dos hermanos de sus pecados al reconocer la cruz, entran también ambos en la gracia divina. La conciencia no tiene para nada en cuenta la reforma moral, que puede hacerse en un tiempo más ó menos largo, ni otras razones de esta índole, sino un solo momento, si este momento es en sí tan importante y decisivo, como el que pudiera resultar del transcurso de años enteros de arrepentimiento.»
[93] Muchas circunstancias históricas, utilizadas en este drama, se refieren en el libro popular, que se titula Historia de la pérdida y restauración de España por Don Pelayo y D. García Jiménez de Aragón, que probablemente hubo de servir á Calderón para escribirlo; pero el poeta ha aprovechado, además, diversos romances populares y tradiciones católicas. Comparad, en el acto primero, el antiguo romance de D. Rodrigo, rey de España, etc..., en El tesoro de los romanceros, de Ochoa: París, 1838, pág. 81; La leyenda de Santa Leocadia, en La España sagrada, tomo V, pág. 485: Madrid, 1763. A Surius, De probatis Sanctorum historiis, tomo VII, pág. 1.007 (Colon. Agr., 1581), y en Les vies des saints, tomo VIII, pág. 453 (París, 1739).—En el acto segundo, Coronica del rey D. Rodrigo con la destruyción de España: Valladolid, 1527; los Romances, de Ochoa, págs. 81 á 90, y Mariana, De Rebus Hispaniæ, lib. VI, cap. 22.—En el acto tercero, Las memorias de la iglesia de Toledo, del arzobispo D. Rodrigo, y la Historia de España, de Ferrera (traducción francesa de d'Hermilly): París, 1751, tomo III, pág. 436.
[94] La parte histórica dimanará probablemente del antiguo libro español, popular, Historia del gran cisma de Inglaterra, con sus factores Enrico VIII y la impía Isabela, que á su vez está tomado de Nicolai Sanderi, De origene ac progressu Schismatis anglicani (Olivae, 1690).—Acerca de este drama, consultad el artículo de V. Schmidt, La cisma de Inglaterra: Berlín, 1819.
[95] El extracto que sigue del argumento se funda en el que sirve de base al escrito de V. Schmidt, ya citado.
[96] Sobre los hechos históricos, consultad á Garcilaso de la Vega, Comentarios reales, que tratan del origen de los Incas: Lisboa, 1609, en folio.—Historia de las guerras civiles de los españoles en las Indias.—Francisco Xeres, Verdadera relación de la conquista del Perú y provincia de Cuzco: Salamanca, 1547, y Agustín de Zárate, Historia del descubrimiento y conquista de la provincia del Perú (en Barcia, Hist. prim., tomo III).
[97] El suceso, que sirve de fundamento á la acción, parece haber ocurrido durante la vida de Calderón, confirmándolo el hecho de mencionarse al papa Inocencio X (1644-1655) y al general de los jesuitas, Giovanni Paolo Oliva († 1681).
[98] La catástrofe del drama consta en la descripción del desafío, de Heuter Delff, ocurrido en Valladolid, á las once de la mañana del 11 de diciembre de 1522 (Abgedrückt in Leben, Regierung und Absterben der Könige von Hispanien: Nürenberg, 1684, pág. 49). El motivo de este duelo parece ser invención del poeta, si no es en el fondo una tradición popular. El Concilio de Trento prohibió los desafíos públicos, ó los juicios de Dios (Synod, Trid. Ses., 25, cap. 19), y, según esto, ese duelo pudo ser, en efecto, el postrero de España.
[99] En las dos obras principales de la historia de Pedro el Cruel, Historia del rey D. Pedro y su descendencia, por Gratia Dei, y la Chrónica del rey D. Pedro, de López de Ayala, no se encuentra dato alguno histórico en que pueda fundarse el argumento de este drama. Ayala sólo habla de la pasión desenfrenada de Don Enrique por el bello sexo.
[100] Val. Schmidt, en la obra citada, dice que el rey D. Pedro de Aragón, de este drama, apellidado el Cruel, es un personaje tradicional á que ha dado origen el Don Pedro de Castilla; pero los versos siguientes de la comedia de Guevara, También la afrenta es veneno, prueban que el rey de Aragón se llamaba también el Cruel. Dicen así:
...Tres Pedros
Hubo en Portugal, Castilla
Y Aragón á un mismo tiempo;
Todos tres primos hermanos,
Y á todos tres nombres dieron
De crueles.
[101] Esto es tradicional, manejado ya por varios dramáticos antes de Calderón; y algo semejante se observa también, por ejemplo, en Escarmientos para el cuerdo, de Tirso.
[102] El poeta, al dirigirse al público al final de la comedia, asegura que «está tomada de un suceso verdadero.» Hubo de ocurrir, pues, con arreglo al argumento, en la primavera de 1581, durante el viaje á Lisboa de Felipe II para ser coronado en ella; sin embargo, ni Luis Cabrera, en su Vida de Felipe II, ni Leti y Watson dicen nada de esto. Evangelista Ortense, en sus Successi della guerra de Portogallo (Venet., 1582), atribuye á los italianos y alemanes la culpa de los desórdenes que ocurrieron en esta expedición, y habla de cierto capitán de galera y de otros oficiales, decapitados y expuestos al público por haber profanado un convento portugués. Consultad también las noticias que preceden á la traducción hecha por Malsburg. En cuanto á D. Lope de Figueroa, uno de los capitanes más célebres de los ejércitos de Felipe II, véase á Suárez, Historia de Guadix, lib. II, cap. 2.º, y á Escalante, Diálogos militares, diálogo 3.º, folios 41 y siguientes.
[103] En Vanderhamen, Historia de D. Juan de Austria, lib. II, y en Mármol Carvajal, Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del reino de Granada, hay algunos datos históricos que el poeta ha utilizado en este drama.
[104] Este asunto está tomado de Zurita, Anales de la Corona de Aragón: Zaragoza, 1610, tomo I, 93, 6-99. La novela de Bandello (II, 43), trata de este mismo argumento; pero, según parece, no ha tenido influencia ninguna en este drama. La anécdota, contada por Zurita, es la siguiente: «Los habitantes de Montpellier, ciudad que había pasado al dominio de D. Pedro II de Aragón, por su casamiento con la condesa María, estaban afligidos de la indiferencia que el Rey mostraba á su esposa, viendo que de este modo se frustraban sus esperanzas de tener descendencia de esta señora. Estando, pues, D. Pedro (que observaba una conducta licenciosa) enamorado en cierta ocasión de una viuda joven, y tan bella como recatada, se dieron trazas los cónsules de Montpellier de que fingiese acceder á los deseos del Rey para suplantar en su lugar á la Reina. D. Pedro, que, conforme á las condiciones estipuladas con la viuda, entró en su alcoba á obscuras, no se apercibió del engaño hasta el día siguiente, y al principio no le sentó muy bien su descubrimiento; pero después tomó á risa la invención singular de aquellas buenas gentes, y, por último, le agradó después tanto haber descansado en los brazos de su esposa, que fué con ella hasta su muerte fiel y amante esposo.»
[105] Theophylactus Simocatta, Historia imperatoris Mauritii, lib. VIII, cap. 7.º—12; el Chronicon Pascale, págs. 369 y siguientes.—Theophanes Chronograph, páginas 238 y siguientes.—Zonaras, tomo II, lib. XIV, págs. 77 y siguientes.—Du Cange, familiae Byzantinae, págs. 106 y siguientes.—Le Beau, Histoire du Bas empire: París, 1768, tomo XII, pág. 143.
[106] No puede abrigarse dudas de ningún género acerca de este punto, cuando se reflexiona que el fundamento de la acción, no basado en la historia, es la misma en ambos dramas, y cuando se comparan entre sí algunos versos, por ejemplo, los siguientes:
¡Ah, venturoso Mauricio!
¡Ah, infeliz Focas! ¿Quién vió
Que, para reinar, no quiera
Ser hijo de mi valor
Uno, y que quieran el tuyo
Serlo, para morir, dos?
(Calderón.)
¡Oh, malhereux Phocas! ¡Oh, trop heureux Maurice!
Tu recouvres deux fils pour mourir après-toi,
Et je n'en puis trouver pour regner après moi.
(Corneille.)
Se ha notado en Francia esta coincidencia entre ambas piezas dramáticas; pero se ha afirmado absurdamente que Calderón ha imitado á Corneille; esta afirmación, ya en sí inverosímil, es rechazada pura y simplemente por el hecho de que el drama de Calderón se había impreso en 1637, y el Heraclius se representó por vez primera en el de 1647.
[107] El asunto proviene de Josephi antiquiti. jud., 15, 2-7; de Bello judaico, 1, 17-22; pero la fuente en donde bebió inmediatamente Calderón, hubo de ser probablemente el antiguo libro popular, titulado Historia de Herodes (Madrid, sin fecha de impresión), que tengo ahora á la vista. Las profecías, el cuadro, el amor de Octaviano, la muerte involuntaria por medio del puñal y algunos otros hechos, son de invención exclusiva del poeta.
[108] La parte histórica está sacada de 2. Samuelis, 13-18, y de Josephus antiquit. jud., 7-8-10.
[109] Judas Macabeo, como lo prueba el libro popular Historia de Judas Macabeo y sus esforzados hermanos, era un héroe casi nacional en España. Las fuentes primitivas, el lib. I de los Macabeos, cap. 2-7, y Josephus antiquit. jud., 12, 6-10, son muy conocidos.
[110] Consultad, acerca de las comedias últimamente mencionadas, el libro citado de V. Schmidt.
[111] Lo histórico proviene de Vopiscus (Historia August., págs. 217 y siguientes), y de Trebellius Pollio, Triginta tyranni (Historia August., pág. 200). Consultad á Zosimus, lib. I, págs. 36 y siguientes; Zonaras, lib. XII, págs. 633 y siguientes; Eutrop., lib. IX, cap. 13, y á Gibbon, cap. II.
[112] Ved á Diodorus Siculus, II-4; Aelian. Var. hist., VII-1; Justin., I-2; Valerius Maxim., IX-3-4.—De la comedia de Virués, que ha servido á Calderón para la traza de la suya, aunque aprovechando sólo algunos de sus toscos materiales, se habló ya en el tomo I, pág. 445.
[113] Calderón recordó probablemente, al desarrollar este drama, algo semejante de El palacio confuso, de Lope, pero mejorándolo mucho y aventajándolo con extremo.
[114] «En La hija del aire encontramos, sin duda, acumuladas algunas cosas extrañas; á un asunto sacado de la más remota antigüedad, acompaña un enredo muy singular y refinado; las descripciones y narraciones son también monstruosamente enfáticas, y lo cómico, más moderno, se ajusta en fábula mística á esa composición dramática, harto prolija y difusa; pero puede sostenerse que estos defectos, que se reproducen en todas las obras de Calderón, son en ésta necesarios, atendiendo á sus materiales, y por esta causa aparecen aquí mezclados y confundidos, formando un todo harmónico de grande, aunque relativa sublimidad. El argumento es en sí aún más maravilloso, y su centro un carácter que exige la representación de los elementos más extraños y singulares. Si en este terreno de lo excéntrico es posible aumentar algo, lógralo así el lugar mismo de la acción. Ocurre en Nínive y Babilonia, en esas regiones en que la fantasía puede dar rienda suelta á sus creaciones. Las extravagancias más insensatas, los contrastes más chocantes, los giros y desarrollo del argumento, más portentosos, concuerdan, por decirlo así, con la naturaleza de sus materiales.—Aunque son numerosas las bellezas de la primera parte, es muy superior la segunda por su concentración trágica, por la novedad de sus invenciones y por sus encantos incomparables. Las primeras escenas de esta última, en que aparece Semíramis en la plenitud de su grandeza, son únicas en el teatro por su osadía, por su pompa y su esplendor. Esos cambios de papeles entre la Reina y Ninias, y ese juego mágico que es su consecuencia, con sus disfraces y cambios, pueden llamarse cómicos, si se tiene cuidado en añadir que las escenas cómicas son de lo más ingenioso que se ha escrito jamás, y que, en las vicisitudes de estos suplicantes agradecidos y favoritos, se revela el espíritu de observación más profunda y la sabiduría más perspicaz.»—K. Immermann.
Welche Zauberwildnisz
Fesselt Ohr und Blick?
Blume jedes Bildnisz,
Jedes Wort Musik.
(Platen.)
¿Qué desierto encantado encadena nuestros oídos y nuestros ojos? Una flor es cada imagen, una música cada palabra.
[116] El asunto proviene de la Historia del emperador Carlomagno y de los doce pares de Francia, y de la batalla que hubo Oliveros con Fierabrás, rey de Alejandría (Sevilla, 1528: folio). De esta historia tomó también Don Quijote la receta de su bálsamo incomparable, defendiendo el crédito que merece con las palabras siguientes: «¿Porque qué ingenio puede haber en el mundo que pueda persuadir á otro que no fué verdad lo de la infanta Floripes y Guido de Borgoña; y lo de Fierabrás con la puente de Mantible, que sucedió en tiempo de Carlomagno, que, voto á tal, que es tanta verdad como es ahora de día?» El arreglo más antiguo de la tradición de Fierabrás es la poesía provenzal, copiada de un manuscrito, y publicada por Emmanuel Becker en 1830. Su imitación primera, en prosa, parece ser el romance de Fierabrás Legeant (Geneve, 1478: folio), que existe en la Biblioteca de París, siendo probable que provenga de ésta el libro español antes citado. Ved el Buch der Liebe, de Büdching y Von der Hagen (Berlín, 1809, págs. 36 y siguientes), encontrándose también en la pág. 143 la antigua versión alemana.
[117] El Orlando innamorato, de Boyardo, era conocido en España hacía ya tiempo por dos traducciones en castellano. La más antigua, en prosa, lleva el título de Espejo de caballerías, Sevilla, 1535, 1536; la segunda es de Francisco Garrido de Villena: Alcalá, 1577, y Toledo, 1581. De una de estas traducciones había sacado, sin duda, Lope de Vega su Jardín de Falerina, de que habla en el prólogo de El Peregrino. La poesía se halla en Boyardo, cap. 2.º, canto III, 66 y siguientes, y en el canto V, 18.
[118] Gräszé, en el Lerhrbuch der Litterargeschichte, Band. II, Abth. III, erste Hälfte, págs. 315 y 411, da las noticias bibliográficas más exactas y completas de este libro, tan célebre un tiempo, y traducido á casi todas las lenguas europeas: De los hechos inmortales del caballero del Febo y del príncipe Rosicler, de los dos hijos del gran emperador de Trebacio, así como de los amores, no menos maravillosos, de la muy ilustre princesa Claridiana.
[119] El asunto proviene en lo más esencial del Orlando innamorato, de Boyardo, tomo II, cap. 1.º, 70 y siguientes, y de Ariosto, 36, 26-28, 59 y siguientes; y, aunque con muchas variaciones, hacen sospechar que Calderón no bebió inmediatamente en las fuentes indicadas, sino en libros españoles, en los cuales se desenvolvía la tradición primitiva. La historia de Marfisa, la hermana guerrera de Rudiger (á quien Calderón llama Leonido), se encuentra en Aspramonte, en el lib. VII, no impreso, de los Reali di Francia, y se desenvuelve especialmente en La Marfisa, di P. Aretino S. L. E. A.; Marfisa bizarra, di Gio. Battista Dragrancino da Fano (Venecia, 1531: 4.º), y en Amor di Marfisa, del Danese Cataneo (Venecia, 1562).—V. á V. Schmidt, De las poesías heróicas italianas del ciclo tradicional de Carlomagno, pág. 277.
[120] La traducción francesa más popular de las Etiópicas de Heliodoro, era la de Amiot, que apareció primero en París, en 1549; de ésta dimanaba la española de Fernando de Mena (Alcalá de Henares, 1587), utilizada probablemente por Calderón.
[121] En la edición de Joannis Barclaii Argenis nunc primum illustr. a Theandro Bugnotio (Lugd., Batav., 1664: 2 vols.) se encuentra la clave para comprender las alusiones, con frecuencia bastante obscuras, de esta singular composición dramática.
[122] Escrito lo que antecede, he leído una comedia de Diamante, Cuánto mienten los indicios y Ganapán de desdichas, y su argumento es el mismo que el de la comedia de Calderón, por cuyo motivo hemos de suponer que han dado origen á ambas un suceso verdadero ó alguna novela.
Machtig flammt Cupido's Kerze,
Durch Gefahr umsonst verdüstert,
Und die Liebesklage flüstert
In das Echo leichter Scherze.
(Platen.)
(Más viva brilla la llama del amor, pasado el peligro que amenazaba en vano extinguirla; y las quejas de los corazones enamorados son á veces risueños juguetes del eco).
[124] Damas Hinard, Chefs d'œuvre du theâtre espagnol: introduction.