The Project Gutenberg eBook of La emancipacion de los esclavos en los Estados Unidos

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Title: La emancipacion de los esclavos en los Estados Unidos

Author: Rafael M. de Labra

Release date: May 13, 2013 [eBook #42705]
Most recently updated: October 23, 2024

Language: Spanish

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*** START OF THE PROJECT GUTENBERG EBOOK LA EMANCIPACION DE LOS ESCLAVOS EN LOS ESTADOS UNIDOS ***

PROPAGANDA ANTI-ESCLAVISTA

LA EMANCIPACION
DE LOS ESCLAVOS
EN LOS ESTADOS-UNIDOS

POR

RAFAEL MARIA DE LABRA

image1

MADRID

SOCIEDAD ABOLICIONISTA ESPAÑOLA

VALVERDE, 23 Y 27, 3.º

1873

AL LECTOR

Poco tiempo hace, la Sociedad Abolicionista Española publicó un notable discurso pronunciado por mi querido amigo D. Gabriel Rodriguez, en las Conferencias del teatro de Lope de Rueda, sobre la abolicion en los Estados-Unidos.

Más tarde, un laborioso y discretísimo escritor, D. Ladislao Corral, honró las columnas de El Abolicionista con un escelente extracto de la curiosa obra de Mr. Robert Sommers sobre los Estados del Sur despues de la guerra.

Estos dos trabajos podrian haberme escusado de poner manos en el presente, porque es imposible que yo aventaje, ni hoy ni nunca, á las dos personas citadas, en riqueza de conocimientos y profundidad de observacion; pero los límites naturales de todo discurso y las exigencias de un periódico de las reducidas dimensiones de El Abolicionista, impidieron, así al Sr. Rodriguez, como al Sr. Corral, tratar en sus respectivas obras con cierta detencion determinados puntos y traer al debate las pruebas de muchos de sus asertos.

Esto por una parte, y por otra, la inminencia de un debate, en el seno de las Córtes, sobre la abolicion en Cuba, cuyas condiciones tienen que ofrecer cierta analogía con las de la abolicion en la gran República norte-americana, me excitan á publicar los apuntes que van á continuacion.

Para reunirlos y ordenarlos, he necesitado poner á contribucion á muchas personas conocedoras prácticamente de la situacion actual de los Estados-Unidos, así como he acudido á algunos libros no muy conocidos, y ménos estudiados, en nuestro país, sobre las cosas americanas. De aquí que pueda responder absolutamente de la exactitud de los datos y las referencias que en este folleto consigno.

Por lo demás, tengo por inútil decir que concedo escasa importancia á este trabajo—como obra de estudio y reflexion. Lo he hecho de prisa y sin más pretensiones que la de dar á conocer, con toda la brevedad posible, cómo se realizó la abolicion en los Estados-Unidos—para asombro de los esclavistas y enseñanza de los republicanos.

Dentro de pocas semanas, saldrá á luz otro libro mio, mucho más estenso, sobre la Abolicion de la esclavitud bajo el punto de vista económico. No presumo gran cosa respecto de su valor; pecará tambien de ligero, sin género de duda; de ningun modo revestirá la importancia de las obras de Cochin ó de Malheiro; pero allí encontrará el lector más noticias sobre el éxito de la abolicion en los principales pueblos del mundo contemporáneo. ¡Nueva prueba de la fecundidad de los principios democráticos y de la eficacia de los procedimientos radicales!

En este folleto me limito á los Estados-Unidos.

Labra.

Julio 1873.

ÍNDICE

Páginas.
Prólogo. 1
I. Los Estados-Unidos en 1860. 4
II. Antecedentes de la abolicion. 22
III. La abolicion en 1863 y 1864. 33
IV. Los procedimientos abolicionistas. 44
V. Los efectos de la abolicion. 57


EN
LOS ESTADOS-UNIDOS

Antes de entrar en materia necesito hacer algunas advertencias. Es la primera, que el trabajo que ahora comienzo tiene un carácter muy modesto, pues que se refiere punto ménos que exclusivamente al aspecto económico de la República norte-americana. La segunda, que la experiencia intentada en los Estados-Unidos aún no puede ser apreciada en su justo valor, porque habiendo comenzado en 1862, todavía no ha concluido su segundo período, ó sea el período de la convalecencia y la reparacion.

Despues hay que notar que, escribiéndose este capítulo con un fin político, y para que el lector haga las comparaciones pertinentes con nuestras Antillas, en realidad entre éstas y la grande República americana hay tales diferencias, que, rigorosamente hablando, toda analogía desaparece, aun tratándose solo del problema de la esclavitud. Porque, con efecto, nadie podrá prescindir de que los Estados-Unidos son una gran nacion, para la cual el problema de la esclavitud llegó á ser el primer problema, mientras que nuestras Antillas son unas meras dependencias de España, preocupada, al par que de la cuestion social ultramarina, de otras no ménos graves cuestiones entrañadas en la situacion general del país.

De igual suerte, tampoco es posible pasar por alto que el problema de la abolicion se complica en el Norte de América con la guerra civil y la cuestion de la separacion de ciertos Estados, siendo de advertir que los poseedores de esclavos y los resistentes á la abolicion son precisamente los separatistas, mientras que en nuestras colonias, ó no hay guerra, como en Puerto-Rico, ó la lucha entre los insurrectos y el Gobierno toma, como en Cuba, un carácter perfectamente distinto en su orígen, su actualidad y su sentido, al de la contienda sostenida por los ejércitos de Lee y de Grant y los esfuerzos de Davis y Lincoln.

Por último, conviene no olvidar que las proporciones y la importancia que la esclavitud en sí misma tenia en los Estados-Unidos, eran muy diversas á las que ofrece en nuestras islas de Cuba y Puerto-Rico. Allí el número de esclavos llegaba á 3.953.760 al lado de 488.005 hombres de color libres y 27.003.224 blancos en una extension de más de ocho millones de kilómetros cuadrados. Aquí se trata de comarcas pequeñas, cuyos límites fija el mar y cuya poblacion total, donde más, pasa difícilmente de millon y medio de almas.

Verdad es, sin embargo, que cuando de la esclavitud se habla es costumbre referir todas las observaciones á los trece Estados del Sur. Pero así y todo, sucede que siempre hay una diferencia inmensa entre esta vasta extension de 2.000.000 de kilómetros, poblados por 11.830.000 almas (7.830.000 de blancos, 146.700 negros libres y 3.855.000 esclavos) y que representaba, sin comprender el valor de los siervos, las dos séptimas partes de la riqueza de toda la República, y el territorio y las condiciones de aislamiento y de vida mercantil de nuestras Antillas.

Para estar más dentro de lo juicioso, seria preciso fijarse aisladamente en cada uno de aquellos Estados conocidos por esclavistas; en el de Virginia, por ejemplo, que tenia 1.596.318 habitantes (de ellos sobre 490.000 esclavos) en una extension de 61.352 millas cuadradas, ó en el de la Luisiana, que tenia 331.000 esclavos al lado de unos 600.000 habitantes libres; pero sobre que esto no seria aun exacto, pues que las medidas tomadas para la abolicion en los Estados-Unidos nunca respondieron á un interés local, ni revistieron, por tanto, el carácter particular que aquel interés supone, no tengo inconveniente en declarar que carezco de la mayor parte de los documentos que incompletos han publicado en estos últimos años y para fines especiales los Gobiernos de los Estados aludidos.

Por esto, pues, he de limitar mis ligeras apreciaciones á los Estados del Sur, y si de algun Estado particular hablo, entiéndase que lo hago con todas las reservas y salvedades que la falta de datos precisos y oficiales imponen como necesarias.

Y despues de esto y para abordar la cuestion, me permitiré traer á la memoria del lector algunas noticias históricas y geográficas, referentes á los Estados-Unidos. Perdóneseme si ofendo alguna susceptibilidad científica, pero no se olvide el carácter especial de este modestísimo trabajo.

I.
Los Estados del Sur en 1860.

Compónese la República, como es notorio, de 34 Estados y 8 territorios, amen del terreno ocupado por los indios. Junto todo el dominio de la Confederacion norte-americana, comprende nada ménos de 8.526.124 kilómetros. De esta vastísima extension solo la cuarta parte (2.117.334 k. c.) constituia la República en sus comienzos, en el último cuarto del siglo XVIII. De entonces acá verificáronse las anexiones de la Luisiana (1808), la Florida (1819) y Tejas (1845).

La costumbre, autorizada por la historia de las disensiones políticas y económicas de los Estados-Unidos, tenia establecida la division de la República en Estados del Norte y del Sur, sin que fuera dado fundar verdaderamente semejante division en aquellas condiciones físicas y naturales, que de ordinario se estiman para hacer las divisiones de tierras y las clasificaciones de comarcas, en los tratados de geografía. De esta manera, los Estados del Norte, que eran veintiuno (Maine, Vermont, Nuevo Hampshire, Nueva-York, Massachussetts, Connecticut, Pensilvania, Ohio, Maryland, Nueva Jersey, Rhode-Island, Delaware, Indiana, Illinois, Michigan, Wisconsin, Yowa, Minnesota, California, Oregon y Kansas), estaban caracterizados por su espíritu radicalmente democrático—y en este concepto los Estados del N. O. eran los que más se distinguian,—por su opinion cada vez más acentuada contra la esclavitud, por su sentido unificador, por el predominio de las ideas proteccionistas en el órden económico, y, en fin, por la importancia de sus intereses esencialmente fabriles,—aparte de los que suponia la explotacion de minas y la cria de ganados á que se dedicaban muy particularmente las comarcas del O.

Por el contrario, los 13 Estados del Sur (Virginia, las dos Carolinas, Kentucky, Tennessee, Missouri, Missisipí, Luisiana, Florida, Tejas, Alabama, Georgia y Arkansas), se distinguian por su espíritu oligárquico, su apego á la esclavitud, sus tendencias libre-cambistas y sus intereses esencialmente agrícolas y mercantiles.

Nótese, empero, que algunos Estados de ambos grupos venian á representar un sentido de mayor conciliacion y más suavidad en sus aspiraciones políticas, económicas y sobre todo sociales. En este caso se hallaban los llamados Border States, ó sean Virginia, Kentucky, Missouri, Delaware y Maryland. En los tres primeros tenian cierta importancia los farmers ó poseedores de ménos de cinco esclavos y el elemento trabajador conocido, en las colonias francesas, con el nombre de petits blancs, y en las nuestras con el de guagiros y gibaros. En cuanto á los segundos, á pesar de ser colocados generalmente entre los Estados libres, poseian esclavos, llegando éstos á 87.189 en Maryland y 1.758 en Delaware; si bien la superioridad numérica del elemento libre era en aquellos paises verdaderamente excepcional.

Aun dentro de los Border States habia sus diferencias, pues que no eran ni podian representar absolutamente lo mismo Estados como Virginia, donde tenia asiento la gran industria de la cria y fomento de esclavos, que aquellos otros que, como Missouri y Kentucky, despues de algunas dudas, se negaron á seguir á los separatistas del Sur en la guerra civil, y más aun los que como Delaware y Maryland, desde el primer momento estuvieron del lado de la Union.

A estas comarcas habia que unir—para formar exacto juicio de la importancia, extension y poblacion de la República—el distrito de Colombia (donde residian los poderes centrales), los llamados, en el lenguaje oficial de la Confederacion norte-americana, territorios (Colorado, Utah, Washington, Nueva Méjico, Nebraska, Nevada y Dacotah), y, por último, la parte habitada por los indios. Apreciado todo, la poblacion de la República llegaba en 1860 á 31.709.281 habitantes: de ellos 3.953.760 esclavos, 488.005 negros libres, 44.021 indios aborígenes, sobre 304.192 indios al O. de Arkansas, 35.933 chinos y el resto blancos, entre los cuales se contaban cerca de 1.500.000 alemanes naturalizados, 1.600.000 irlandeses, 430.000 ingleses y, en fin, hasta un total de 4.000.000 de extranjeros[1].

La poblacion de los quince Estados de esclavos (incluyendo el Delaware y el Maryland, y aun el distrito de Colombia, donde existian tambien 3.181 esclavos) pasaba de 12.500.000 almas, siendo 8.300.000 los blancos, 261.000 los hombres de color libres y 3.950.000 los esclavos, poseidos segun Mr. Bow (en su Census Reports for 1850) por 186.551 personas. De modo que las proporciones oran respectivamente, 65'7, 2'09 y 32'21 por 100 del total de habitantes. La extension del país era de 2.391.500 kilómetros, de modo que la densidad de poblacion venia á ser de 5 almas por kilómetro[2].

En Cuba estas cifras tienen otra importancia. La relacion de la raza blanca, esclava y negra libre con el total de la poblacion de la isla viene á ser de 54'21, 27'12 y 16'62 por 100[3]. La densidad de poblacion está representada por unas 15 almas por kilómetro c. Y no digamos nada de Puerto-Rico, donde hay sobre 70 habitantes por kilómetro.

Pero todos estos datos no revisten, para la cuestion que aquí se ventila, la importancia que tienen los que arroja el exámen particular de cada uno de los Estados que en conjunto han sido aludidos[4].

Por lo que arriba se ha dicho, los representantes genuinos del esclavismo norte-americano fueron los once Estados rebeldes, cuyas cifras de poblacion eran estas:

  Esclavos. Negros
libres.
Blancos. Total.
Alabama 435.080 2.690 526.722 964.492
Arkansas 111.115 144 324.171 435.430
Florida 61.745 932 77.748 140.425
Georgia 462.198 3.500 591.588 1.057.286
Luisiana 331.726 18.647 557.629 908.002
Missisipí 436.631 773 353.901 791.305
Carolina N 331.059 30.463 631.100 992.622
Carolina S 402.406 9.914 291.388 703.708
Virginia 490.865 58.042 1.047.411 1.596.318
Tennessee 275.719 7.300 826.782 1.109.801
Tejas 182.566 335 421.294 604.195
  ======= ====== ======= =======
  3.521.110 132.740 5.649.734 9.303.584

Como se vé, en la generalidad de estos Estados la poblacion esclava representaba sobre el 40 por 100 del total. El elemento libre, de color, era punto ménos que insignificante, puesto que no pasaba, donde más (fuera de Virginia), del 3 por 100, siendo la proporcion, en la universalidad de los Estados, de 1'3 por 100 del total de habitantes de las trece comarcas; á lo que hay que añadir que la raza blanca se abstenia, como en todos los paises esclavistas, del trabajo más necesario en aquellas tierras: del trabajo del campo. Así en 1850 el Censo arrojaba solo 803.052 personas mayores de quince años, dedicadas á los trabajos agrícolas en las comarcas del Sur, en cuya poblacion figuraban los blancos por 6 millones: señalándose la Virginia occidental, el Tennessee oriental, Tejas, Kentucky, una parte del Alabama y otra de la Carolina del Norte como los paises del Sur, en que más individuos de la raza caucásica se ocupaban en las labores campestres[5].

La densidad de poblacion en los Estados referidos era escasísima. Por término medio, cada uno de ellos tenia una extension de 130.000 kilómetros cuadrados (excepcion hecha de Tejas, que pasaba de 600.000): de modo que la densidad venia á ser en el caso ordinario de 5 almas por kilómetro. La Florida no llegaba á un habitante por kilómetro. Tejas alcanzaba á uno. Virginia pasaba de 10. Habidos en cuenta el total de kilómetros que constituian la superficie de los 13 Estados y la poblacion total de estos, la poblacion general se aproximaban á 25 almas por k. c.[6]

No mejores eran las cifras relativas á los dos Estados del Sur, que aun cuando con grandes intereses esclavistas, no quisieron seguir á los rebeldes en la guerra. Otra cosa, empero, sucedia con los dos Estados del Norte que poseian esclavos, pero donde los intereses del progreso habian logrado llevar la voz.—Y es conveniente fijarse en estos Estados, porque, como despues diré, la abolicion no tuvo para ellos el carácter de una medida de guerra, y por tanto, los amos pudieron muy bien prepararse para un golpe, que de todos modos, y más por no haber existido indemnizacion, fué duro y terrible.

La poblacion blanca del Delaware era de 90.389 individuos; los negros libres llegaban á 19.829; los esclavos á 1.798; y la extension del país era de 546 kilómetros c. De modo que la densidad de poblacion venia á ser de 205 habitantes por k. c., tipo verdaderamente excepcional, y los esclavos representaban el 17 por 100 de la poblacion total (112.016). El Maryland tenia una extension de 28.380 k.: la poblacion era de 689.049 almas: los esclavos 87.189: los negros libres 83.942: los blancos 517.918. De modo que la densidad de poblacion estaba representada por 24 habitantes por k. c.; y los esclavos, que eran casi tantos como los negros libres, apenas figuraban por el 13 por 100 de la poblacion total del Estado.

En cambio las proporciones de Kentucky y del Missouri eran estas:

  Esclavos. Negros
libres.
Blancos. Total.
Kentucky 225.483 10.684 919.517 1.155.684
Missouri 114.931 3.572 1.063.509 1.182.012

La extension del Kentucky era de unos 97.000 kilómetros c., y cerca del doble la del Missouri. De modo que la densidad de poblacion venia á ser de 16 y 7 por k. c. En el primero, los esclavos representaban el 14 por 100 de la poblacion total: en el segundo el 9. Como se vé, ninguna de estas cifras llega á las de nuestro Puerto-Rico, aunque algunas sean mejores que las de Cuba.

Pero todavía hay que considerar más. Como he indicado someramente al principio, los Estados del Sur se distinguian por la importancia que en ellos tenia el comercio, y principalmente la agricultura, representada en toda la Confederacion por 163.261.369 fincas ó plantaciones, cuyo valor era de 6.650.872.500 dollars, así como el de los instrumentos y máquinas agrícolas llegaba á 6.897 millones. La industria en 1860 solo ocupaba, en el Sur, á 110.000 personas, entre ellas muchos esclavos. En 1850, las fincas y plantaciones llegaban segun las notas del célebre Atlas Colton, á 373.106, poseidas por 173.000 planters y otros tantos farmers[7].

Los Estados del Norte se dedicaban con más ardor á la industria, sobre todo al hierro, cuyos productos llegaron á representar en 1860 sobre 67.828.000 dollars, ocupando no ménos de 70.000 obreros en todo el país. Del propio modo las filaturas de algodon llegaron á dar en aquel mismo año un valor de 115 millones y pico de dollars, siendo de advertir que de las 915 fábricas que existian en aquella fecha, solo 194 pertenecian á los Estados del Sur y del O. No ménos importancia tenian las filaturas de lana, de las cuales existian, en 1860, unas 2.000 que habian fabricado productos por valor de más de 68 millones de duros. Por último, la fabricacion de cueros tenia una gran importancia en los Estados del Norte, llegando á producir poco ménos de 70 millones de dollars[8].

Rivalizando con estas industrias, el Norte ofrecia sus minas y sus pesquerías. Las últimas habian llegado á producir cerca de 13 millones de pesos, marchando á la cabeza Massachussetts. Las primeras, sobre todo de oro, de cobre y de petróleo, tenian su asiento en el O., alcanzando su explotacion proporciones excepcionales.—Tal riqueza calculada como produccion, en 1860, por el Director de Estadística, en 1.900 millones de pesos, puede referirse—hablando con cierta generalidad—á los Estados no esclavistas.

Los del Sur tenian otro carácter. Su riqueza estaba en el suelo, en las plantaciones de algodon, de tabaco, de caña y de maíz, así como en la cria y explotacion de ganados, entre ellos el humano, ó sea el de esclavos, que llegó á importar tanto, que quizá una de las más poderosas razones que á partir de 1840 pesaron en ciertos políticos del Sur para resistir la tendencia favorable al renacimiento de la trata, que se advertia en la Carolina del Sur, la Luisiana y algun otro Estado, fué la necesidad de proteger la industria nacional de la cria de siervos.

El algodon introducido en la gran República casi al dia siguiente de importada en ella la esclavitud, no tuvo verdadera importancia hasta 1830. De entonces data su progreso, y tan acelerado, que siendo la última cosecha del decenio de 1830-40 de unos 2.445.000 balas, el término medio del quinquenio inmediato (1851-56) no bajó de 3 millones, figurando en 1860 por 3.656.086, producidos en su casi totalidad por las 74.031 plantaciones de los Estados del Sur—principalmente del Alabama, el Missisipí, Georgia y las Carolinas; que en esto empleaban diez años antes sobre 1.800.000 esclavos[9].

El tabaco ha sido por mucho tiempo y hasta muy entrado el siglo actual, en que le ganó la palma el algodon, la planta esclavista por excelencia. Cerca de 16.000 plantaciones existian en 1860; de ellas la tercera parte en el Kentucky: la otra en Virginia y el resto en el Tennessee, el Maryland y algunos otros Estados. El número de acres dedicado á este cultivo era de 400.000, y sus productos habian sido, en 1840, 219.163.319 libras: en 1850, 199.752.655: en 1860, hasta 428.121.000, ó sea un valor de 14.000.000 de dollars.

La caña tenia por patria la Luisiana, pues que de 2.681 plantaciones, 1558 pertenecian á aquel Estado, 958 á la Florida y 165 á Tejas. Sus productos habian llegado (solo en aquellos Estados que lo venian á monopolizar), en 1860, á 302.205 bocoyes y 16.337.080 gallons de miel. El maíz, que por sí solo representa más que todo el trigo, el algodon, el arroz y el tabaco de los Estados-Unidos, se repartia por toda la República, figurando, en 1860, por más de 830.451.700 bushels[10]; y el arroz, cultivado con preferencia en las Carolinas y en Georgia, subia á 187 millones de libras.

A esto habria que agregar, para tener una ligerísima idea de la produccion agrícola de los Estados, el trigo cultivado con preferencia en el Illinois, el Wisconsin y los Estados del N. O. y la explotacion del ganado, en que rivalizaban los valles del Far-West con las magníficas praderas del Missisipí y de Arkansas.

De todos estos productos, la casi totalidad del maíz y del ganado se consumian en el país: las cuatro quintas partes del algodon se exportaban principalmente para Inglaterra, y la exportacion del tabaco no bajaba de 16 millones de pesos anuales[11].

La explotacion agrícola se hacia por los sudistas en grande escala, y mediante la gran propiedad y el cultivo extensivo. Así es, que el tipo de 200 acres[12] que por término medio venian á tener las haciendas en la República americana, quedaba generalmente muy por bajo de la realidad en las Carolinas, Georgia, Virginia y la Luisiana. Además, mientras en los Estados del Centro y en los del Norte, por ejemplo, las tierras cultivadas representaban respectivamente el 35 y el 26 por 100 del total del territorio, en los Estados del Sur apenas pasaban del 16, y en los del S. O. del 10. En tanto, la proporcion de las tierras cultivadas con la superficie total de la República era de 14'72 por 100 en los Estados libres; el 10'09 en los de esclavos, y en general en todos los Estados el 7'71, cifras verdaderamente notables si se considera que el territorio de los Estados esclavistas representaba casi igual, en superficie, al de los Estados libres. Por último, mientras el precio del acre era en el Centro de 28 dollars, en el Norte de 20, y en el N. E. de 11, en el Sur no excedia de 6[13].

Todo esto demuestra perfectamente lo artificial del régimen de la propiedad en los Estados del Sur y los grandes vacíos que en el órden de la produccion existian en ellos. Sin duda la soberbia del plantador no le permitia ver estos defectos y mucho ménos confesarlos. Su abandono y el mismo corruptor refinamiento de sus costumbres no toleraban el exámen detenido de la situacion económica del país; como hacia imposible toda mejora en el órden de la servidumbre, que allí alcanzó un grado de dureza célebre en los anales de la esclavitud moderna, llevando á la sociedad americana á la negacion más perfecta de todo sentimiento levantado y todo progreso moral.

Calhoun decia que «la esclavitud era el más seguro y sólido fundamento de las instituciones libres.» Stephens afirmaba que «la servidumbre era la condicion que la naturaleza y la moral asignaban al negro.» El doctor Thornwell—un pastor protestante—escribia que «la trata era la más bella de todas las sociedades de misiones;» y un grupo considerable de ministros de varias iglesias cristianas osaba declarar «que el abolicionismo era un obstáculo á los planes de Dios.»

La prensa sudista continuaba estas predicaciones. El Southern Literary Messenger se enfurecia contra los abolicionistas, de quienes afirmaba «que en el fondo de su alma no deseaban ver difundida y perpetuada en toda la tierra la esclavitud, como medio de reforma humana, medio que en importancia, en dignidad y en santidad no cede á la religion cristiana.»—El Richmond Enquirer añadia: «...Una sociedad libre, á la larga, es una sociedad imposible, una sociedad hambrienta, desmoralizada, insurrecta. La política y la humanidad exigen de consumo que no se impongan á los pueblos nuevos y á las generaciones futuras las desdichas de la libertad. Hasta hoy los defensores de la esclavitud se quedaban á medio camino. No legitimaban más que la servidumbre de los negros. Así abandonaban el principio, pues que equivalia á convenir en que la servidumbre aplicada á otros que á los africanos es mala. Hoy afirmamos que la esclavitud es justa, natural y necesaria. Salta á los ojos que los negros deben ser, mejor que los blancos, esclavos, porque por naturaleza son capaces solo de trabajar, y no de mandar; pero no es ménos verdad que en sí mismo el principio de la esclavitud es indiferente al color de la piel.»[14]

«¿Qué progreso—dice M. Sargent (de Filadelfia), de cuyo libro sobre Los Estados confederados y la esclavitud en 1863, tomo estas curiosísimas citas,—qué progreso podia esperarse de un país en que el clero, los escritores, el pueblo y los hombres de gobierno estaban penetrados, ó más bien infestados de las ideas antes expuestas?»

No faltó, empero, quien procurase sacar á los esclavistas de su estúpida confianza, con el elocuente é irrebatible lenguaje de los números. Lo que en el órden moral hizo la ilustre Enriqueta Stowe, y en el órden político realizaron el mártir Brown y el infatigable Greely, lo intentó y consiguió Helper, con su libro The Impending Crisis at the South and how to meet it[15].

El principal empeño de Helper fué petentizar la inferioridad escandalosa de los Estados del Sur respecto de los del N.; y su obra (perseguida brutalmente por los esclavistas) no dejó argumento alguno que desear.

La riqueza de los Estados del Sur era más antigua. Su poblacion al principio habia sido el doble ó el triple de la de los Estados del Norte. Virginia deslumbraba cuando el Ohio era un desierto. Massachussetts tenia 378.000 habitantes cuando la Carolina del Norte tenia 393.000. El poder habia estado siempre en manos de los sudistas. La esclavitud les habia dado brazos baratos y recursos al parecer excepcionales. Pues bien: casi á los 70 años de construida la República, los resultados eran estos:

Produccion agrícola.
Estados libres 214.422.527 dollars.
Idem esclavos 155.123.415
Exportaciones.
Estados libres 167.520.693
Idem esclavos 107.480.688
Importaciones.
Estados libres 236.847.810
Idem esclavos 24.586.058
Productos industriales.
Estados libres 842.586.528
Idem esclavos 165.413.027
Capital de Bancos.
Estados libres 230.100.340
Idem esclavos 102.078.940
Canales y caminos de hierro.
Estados libres 3.682 millas. 28.739 kilómetros.
Idem esclavos 1.116 idem. 14.712 idem.
Escuelas, periódicos, bibliotecas.
Estados libres 2.769.901 discíp. 1.970 periódicos. 14.901 bibliotecas.
Idem esclavos 581.861 discíp. 704 periódicos. 695 bibliotecas.
Patentes de invencion.
Estados libres 1.923 dollars.
Idem esclavos 268

Tal era la proporcion que guardaban unos y otros Estados en 1850, cuando Helper publicó su libro. La misma se observaba en 1860, y la víspera de la guerra de separacion.

A estos datos habria que añadir otros tomados, ya no de un libro abolicionista, sí que de la obra titulada Industrial Resources of the South, cuyo autor, Mr. de Bow, era una de las autoridades del esclavismo.

Con efecto, en el volumen 2.º de la obra citada se leen estas líneas:

«Si alguno, poco al corriente de los negocios del S. O., supiese que la cosecha del algodon se vendia por 12.500.000 pesos al año, deduciria que aquel distrito algodonero es el más rico del mundo. Se imaginaria que todos los plantadores viven en palacios y en terrenos mejorados por toda clase de procedimientos científicos; que los canales, las carreteras, los caminos de hierro, que todo lo útil y lo agradable abunda en el país, y que en éste jamás se ha hecho sentir la falta de dinero. Su imaginacion le pintaria espléndidos edificios consagrados al culto religioso ó á la instruccion; se figuraria que todas las artes liberales se han aclimatado en el Sur como en una nueva patria. Pero ¡cuál no seria su sorpresa al saber que, lejos de habitar en chateaux, muchos de los plantadores viven en chozas verdaderamente primitivas, y tan mal construidas que no proporcionan una suficiente proteccion contra el viento y la lluvia! Los campos vecinos agotados, hundidos, abandonados; nada hecho por la navegacion en las corrientes naturales y mucho ménos para aprovecharlas por medio de la canalizacion; los caminos apenas practicables para carros, los edificios destinados á la instruccion ó al culto, construidos muchas veces con troncos groseramente ajustados. En cuanto á las bellas artes, tan poco protegidas y fomentadas, que puede decirse que no se las conoce... Tras esto, nuestro hombre supondria, que este país se hallaba habitado por avaros que amontonan sus escudos en algun escondrijo, para daño de las gentes que le rodean. Pero su asombro aumentaria al saber que los habitantes no son avaros, que lejos de apilar dollars, necesitan frecuentemente de ellos y que son muchos los pobres y los quebrados.»

Y luego sigue:

«Podriamos citar ejemplos de nuestro propio país, de Estados que han empobrecido con un sistema de trabajo poco juicioso: tales son los Estados atlánticos, situados al S. del Potomac. Nadie negará que hoy son más pobres que hace veinte años. Los trabajadores han aumentado un poco: son quizá más aptos: pero el suelo, esta gran riqueza de un país agrícola, se ha deteriorado mucho, casi se ha agotado. Y puede afirmarse, sin temor de contradiccion, que ninguna comarca, y particularmente ninguna comarca agrícola, podrá aumentar su riqueza, mientras se empobrece su suelo.»

Y concluye:

«En vista de que mis observaciones parecen como que atribuyen especialmente el sistema de cultivo agotador á los Estados de esclavos, los enemigos de nuestra institucion podrian pretender que en mi opinion el trabajo servil y el agotamiento del terreno están en la relacion de causa y efecto. Admito de grado que nuestro trabajo esclavo ha contribuido grandemente á aquel agotamiento; pero solo en cuanto ofrece una accion mayor y un modo de operacion más expeditivo. Si nuestras operaciones agrícolas destruyen la fertilidad del suelo, por otro lado las fuerzas más abundantes y ménos costosas que tenemos á nuestra disposicion nos permiten proceder en este trabajo de agotamiento, como en cualquier otro, con más rapidez y más eficacia».

Despues de estas consideraciones que se refieren á todos y cada uno de los Estados esclavistas de la República norte-americana, quiero llamar brevísimamente la atencion del lector sobre dos comarcas.

La una es Virginia, vasto Estado de una superficie de 159.000 kilómetros (aproximadamente), y una poblacion de 1.596.318 repartidos—como ya se ha visto—del siguiente modo: 490.000 esclavos ó sea el 30 por 100 de la poblacion total; 58.000 negros libres ó sea el 3'6, y 1.047.000 blancos ó sea el 66'4.

Tiene esta comarca, para el efecto que ahora me ocupa, verdadera importancia. Históricamente considerada, Virginia es el primer Estado esclavista de la República norte-americana, porque en sus playas desembarcaron en 1620 los primeros negros que á la América septentrional condujo un buque holandés, y en su territorio, donde ya existian desde 1619 varios criminales cedidos como esclavos á los favoritos de los reyes de Inglaterra y vendidos por estos á los colonos americanos, tomó vida y cuerpo antes que en ninguna otra parte la organizacion aristocrática de la propiedad, que luego distinguió á los Estados del Sur.

Allí tambien adquirió un desarrollo excepcional el cultivo del tabaco, uno de los tres ó cuatro productos exclusivos,—se puede decir que característicos—de los paises esclavistas; poniéndose de relieve en esta comarca, como en pocas, los graves inconvenientes que el régimen de la esclavitud entraña para la produccion de la riqueza y el afianzamiento del órden económico.

Asimismo Virginia ofrece la circunstancia particular de que en su seno, como en el de ningun otro Estado sudista, se haya podido apreciar la coexistencia, y, en último caso, la lucha del trabajo libre y del trabajo esclavo, porque en aquella comarca el número de los blancos dedicados á las labores del campo, bien como farmers, bien como simples braceros, es un tanto considerable.

Por último, Virginia era de una poblacion casi análoga á la de Cuba, si bien su densidad ocupaba un grado bastante inferior, siendo su extension más del doble de la de nuestra grande Antilla.

Además, sin poder rivalizar en rigor con la Carolina del Sur, verdadero templo del esclavismo americano la víspera de la guerra civil, ni en despilfarro y abandono con la Luisiana, donde la esplendidez corria parejas con el vicio y donde en mayor escala se ponian de manifiesto todos los errores morales y económicos de la servidumbre; sin embargo, Virginia, á última hora, tenia gran importancia entre los Estados de esclavos, no solo por el valor de sus plantaciones de tabaco, si que por la execrable industria de la cria y fomento de siervos que á partir de 1830 se desarrolla en la noble tierra de Washington y Jefferson.

Pues bien: la situacion de Virginia—el primer ensayo de la colonizacion inglesa en América; la comarca fértil y maravillosa dedicada por el caballeresco Walter Raleigh á la Reina Vírgen; la patria, en fin, de Madison y de Monroe—la situacion de Virginia era dificilísima en 1860. El cultivo del tabaco, y más que esto los procedimientos esclavistas de aquel cultivo, habian concluido con la mayor parte de los terrenos. Ya en 1830, un periódico de gran autoridad en el país—The Southern Planter—lamentaba la ruina de las plantaciones de tabaco. «La mayor parte de las fincas están hipotecadas por el total de su valor; las casas amenazan undirse, pues que no se hacen en ellas las reparaciones absolutamente indispensables; ninguna construccion se intenta.....» Y un miembro de la legislatura en 1822, exclamaba: ......«El lugar en que nuestros antepasados desembarcaron há dos siglos, está á punto de ser frecuentado de nuevo por las bestias, salvajes.» En 1852, una Convencion reunida para fundar una sociedad agrícola declaraba que la poblacion del Estado habia crecido en los últimos diez años un 11,66 por 100, mientras la de Nueva-York habia aumentado un 27,52 y la de Massachussetts un 34,81. «Con un vasto dominio agrícola—decia—un suelo generoso, un sol que irradia fertilidad y rocíos que destilan abundancia, nuestra heredad está devastada, y nuestros ojos se entristecen contemplándola.»[16]

La Luisiana todavía tiene en este trabajo más valor por su proximidad á Cuba y su analogía con nuestras Antillas, resultado así de la importancia capital que en ella ha adquirido el cultivo de la caña, como de la semejanza de costumbres de unos y otros paises, colonizados por la misma raza, por la raza latina.

La Luisiana tiene una extension de 116.000 kilómetros. Su poblacion era de 908.000 habitantes, lo que da 97 habitantes por k. c. Los esclavos subian á 301.100; los negros libres, 18.600, y el número de blancos (mayores de 15 años) dedicados á la agricultura, en 1850, apenas pasaba de 11.500.

Las preferencias de los plantadores de la Luisiana fueron siempre para el azúcar, por más de que en su territorio se cultivase algun tabaco, un poco de algodon y bastante arroz. La importancia de Nueva Orleans (capital del Estado) era esencialmente comercial, bien por constituir el primer mercado agrícola de la República, bien por sus frecuentes y extensas relaciones con la América meridional y casi todos los puertos de Europa.

Es difícil precisar el momento de la produccion azucarera de la Luisiana, en razon á que el consumo del producto se hacia generalmente en el mismo país productor y en los Estados del S. O. y aun del O. de la Confederacion, saliendo muy pocos bocoyes por Nueva Orleans para New-York, con destino á las refinerías del Norte, y ménos aún para los mercados de Europa. El Norte de la República se surtia, y aun surte generalmente, de las Antillas españolas é inglesas, y alguna vez de la India británica, sucediendo casi siempre que los productos extraños vengan á ser refinados en los Estados septentrionales de la Confederacion.

Así y todo, gracias al trabajo publicado por Mr. L. Bouchérean, hace poco, con el título de Statement of Sugar and Rice Crops, es posible registrar algun dato. Segun este diligente escritor, Luisiana produjo en 1861-62 sobre 389.264 hogds-heads de moscabado y 70146 hhds. de refino; un total de 528.321 lbs.

En cambio, respecto del tabaco, del algodon y del arroz, carezco de informes. Mr. Somers en su libro The Southern States since the war habla sólo del mercado de tabaco de Nueva Orleans, consignando que la importacion fué en 1859-60 de 80.955 hhds.

Algo más esplícito es (prescindiendo ya de la produccion de todo el Estado) al hablar del movimiento mercantil de Nueva Orleans en 1860. La exportacion de algodones subió entonces á 1.915.852 balas. Pero la importancia de estas cifras solo puede apreciarse al compararlas con las de 1865, por ejemplo, ó 1871; esto es, despues de la guerra civil. Esta comparacion vendrá en otro capítulo.

Para terminar, y volviendo la vista al grupo entero de los Estados verdaderamente esclavistas, quiero reproducir las cifras que en un trabajo hecho por mister Nourse, con carácter oficial, se presentaron á la última Exposicion universal de París. Refiérense á la produccion del algodon, y son estas:

1858-59 4.019.000 balas.
1859-60 4.861.000
1860-61 3.850.000

II.
Antecedentes de la abolicion.

La historia de la abolicion en los Estados-Unidos ofrece dos circunstancias por todo extremo singulares. Una es, que precisamente los más ardientes enemigos de la esclavitud fueron, á los comienzos del siglo, los prohombres del Sur. Otra, que la abolicion de la servidumbre, con el carácter general y violento que revistió en 1863 y 1865, no fué la obra de la iniciativa y la pasion de los abolicionistas, si que el resultado de la agresion y la intemperancia de los partidarios de la esclavitud.

Los primeros negros desembarcados, en el concepto de esclavos, en el Norte de América fueron veinte, traidos á Jamestown, en la Virginia, por un barco holandés en 1620. Un escritor americano ha hecho notar esta peregrina coincidencia: el desembarco de los puritanos en Plymouth, el comienzo del cultivo del algodon y la introduccion de la esclavitud en los Estados-Unidos datan de una misma fecha[17].

Sin embargo, Mr. Bigelow (que es el escritor aludido) olvida que antes de 1620 existia ya en Virginia, fundada hacia cerca de catorce años, la esclavitud blanca: la esclavitud de los convicts y los intended servants. En aquella fecha ya Inglaterra habia enviado al otro lado de los mares á un cierto número de sus presidiarios, y algunos de los soldados vencidos en las luchas políticas que llenan la historia británica del siglo VXII. Del propio modo, por aquel entonces ya los especuladores habian principiado á contratar obreros y á trasportarlos á América, mediante la obligacion que estos reconocian de pagarles el pasaje y algunos adelantos con cinco ó seis años de trabajo, que por lo ordinario se dedicaba al cultivo del tabaco. Tal importancia tenia la servidumbre blanca, que hasta el último cuarto del siglo XVII, la importacion de negros en Virginia apenas guarda relacion con la de caucásicos. En 1671, dice Berkeley (uno de los Gobernadores de Virginia) que en una poblacion de 40.000 habitantes habia 6.000 intended servants (contratados) y 2.000 negros, y en un período de siete años, mientras el número de cargamentos de africanos no pasó de tres, la entrada anual de blancos contratados (los más ingleses, pocos de Escocia y muy pocos de Irlanda), vino á ser de 1.500 hombres[18].

Pero con el siglo XVIII la esclavitud negra tomó gran vuelo. Las insurrecciones de los convicts y de los contratados, la sobriedad y robustez del africano, y su misma inferioridad de cultura movieron á los plantadores á preferir la inmigracion de negros, hasta el punto de prohibir la de presidiarios en Virginia, en 1670. Treinta años más tarde el mismo legislador tenia que imponer una contribucion á la entrada de cada africano para contener un poco la importacion, que, sin embargo, logró que en 1790 el número de esclavos de color subiese á 203.427 al lado de 450.800 hombres blancos y libres.

Con el desarrollo de la esclavitud negra coincidió la del cultivo del algodon, que en 1736 era, en las Carolinas, una planta de jardin. Pronto la caña atrajo una parte de los esclavos; pero puede bien asegurarse que á partir del siglo XVIII, el algodon fué la planta esclavista por excelencia de la América sajona.

El contingente de la esclavitud fué suministrado por espacio de dos siglos por la trata, cuya primera prohibicion lleva la fecha de 1776 y es obra del primer Congreso de la Confederacion norte-americana, si bien efectivamente no quedó vedado el tráfico hasta 1808.

Desde este momento (y sin que los tratantes de Africa dejasen de hacer algun contrabando) la provision del mercado de esclavos corre á cargo del mismo país; y entonces nace y toma importancia la «cria y fomento de negros,» que constituyó una de las dos bases de la riqueza de Virginia.

El grito de independencia sorprendió á los Estados-Unidos con 300.000 esclavos, que residian en casi todos los Estados (exceptuando Massachussetts) si bien con la diferencia de que en algunos, como Vermont, los siervos no llegaban á 20, y en otros, como en las Carolinas, se contaban por millares. Al año de votada la Constitucion (en 1790) los esclavos habian subido á más del doble: á 697.897 individuos; y en 1810 llegaban á 1.191.364; producto del gran desarrollo que tomó en estos veinte años la trata.

A partir de esta fecha los progresos de la servidumbre, sin llegar al grado del período anterior, son incesantes y adquieren una importancia política excepcional. En 1820 el número de esclavos era 1.538.038: en 1830 excedian de 2.009.000: en 1840, llegaban á 2.407.000: en 1850, á 3.204.313, y en 1860, á 3.952.801.

La progresion habia sido en el primer decenio del siglo actual de 33'40 por 100: en el segundo, de 28'79; en el tercero de 30'61; en el cuarto, de 23'81; en el quinto, de 28'82, y en el sexto, de 23'37[19].

Sin embargo, este desarrollo de la esclavitud no satisfacia aun á los hombres del Sur, que á partir de 1850 comenzaron á pensar sériamente en el restablecimiento de la trata, siendo célebre en este sentido la convencion comercial reunida en 1856 en Savannah para discutir las necesidades é intereses del Sur. Y esto sucedia precisamente cuando las exigencias de los distritos algodoneros habian sido atendidas con la importacion de más de 488.000 negros (en el espacio de veinte años) procedentes de los Estados del centro, esto es, de la Virginia, Kentucky y el Maryland, donde se estableció la cria y fomento de esclavos.

Pero antes de llegar á esta situacion, y, por tanto, antes de que el Gobernador Adams, de la Carolina del Sur, declarase en su mensaje de 1857 á la Legislatura del Estado que «la prohibicion de la trata era una violacion de la Constitucion,» los hombres más enemigos de la servidumbre eran los del Sur.

En esa misma Carolina, de la cual fué Gobernador Mr. Adams, se votaba en 1774 la siguiente decision: «Todo súbdito de S. M. en la América del Norte, sin distincion alguna de color ú otro accidente, tiene derecho á las mismas libertades de que gozan, desde su nacimiento (y por imprescriptible derecho), todos los súbditos de S. M. en la Gran Bretaña.»

Es sabido que así como en los Artículos de la Confederacion de 1778 (la primer Constitucion de los Estados-Unidos) se concedia á los negros libres los mismos derechos y privilegios que á los blancos, en la Constitucion de 1789 se huyó de consignar la palabra esclavo, diciéndose que para el efecto de la fijacion de los impuestos y de la representacion en el Congreso, se contasen «las tres quintas partes de las otras personas con el total de las personas libres:» entendiéndose que en la fórmula de las otras personas se comprendia á los negros esclavos.

Por otro lado, una convencion de demócratas de Georgia decia en 1775: «Sépase que execramos la esclavitud tal cual existe en nuestro país. Por más de que para escusarla se alegue la falta de brazos ú otros argumentos especiosos, siempre es una costumbre contra-natura, fundada sobre la injusticia y la crueldad, peligrosa en sumo grado para nuestras vidas y nuestras libertades, que pone á una porcion de nuestros semejantes por bajo del hombre y corrompe la moral y la virtud de los demás.»

El Sínodo presbiteriano de la Carolina del Sur escribia años despues: «Estamos atados á un cadáver en putrefaccion. Llevamos una piedra al cuello, que nos sumerge en el océano del vicio. Nuestros hijos están corrompidos por el contacto del negro desde sus primeros pasos, y todas nuestras relaciones con los esclavos nos causan un verdadero deterioro intelectual y moral.»

Faulkner, uno de los primeros estadistas de la Virginia, decia en 1832: «La esclavitud es un mal; nadie lo niega. Es una institucion que pesa gravemente sobre los más preciosos intereses de la nacion. Escluye el trabajo libre de los blancos, extermina al obrero, al artesano, al fabricante: trasforma en indolencia la energía de un país; cambia su fuerza en debilidad, y su poder en incapacidad notoria. Siendo la esclavitud tan funesta, ¿no tenemos el derecho de pedir su destruccion? ¿La sociedad entera debe sufrir que el fomentador de esclavos lleve la carne humana al mercado? ¿Qué significan las pretensiones pecuniarias comparadas con los grandes intereses del bien público? ¿Es preciso que el país languidezca y muera á fin de que prosperen los mercaderes de negros? ¿Se han de someter todos los intereses á uno solo? ¿Las clases medias no tienen tambien sus derechos, sus derechos incompatibles con la existencia de la esclavitud?»

Clay, uno de los más ardientes promotores de la colonizacion de Liberia y el principal autor del compromiso del Missouri, usaba frases no ménos severas para conseguir de la legislatura de Kentucky que en 1848 aboliese la servidumbre. Bastantes años antes Madison afirmaba que «la idea de que un hombre podia tener derecho de propiedad sobre otro, era universalmente tenida en su tiempo por monstruosa.» Y Jefferson, el gran Jefferson, declaraba hace ya un siglo, con no ménos energía que Franklin y que despues lo ha hecho Channing, que «la abolicion de la servidumbre doméstica era el gran fin de todos los deseos de las colonias, que desgraciadamente habian sido dotadas con aquella infamia en la época de su minoría.» Y más tarde añadia (en 1826): «La hora de la emancipacion avanza: y llegará, traida, ya por nuestra resolucion espontánea, ya por procedimientos tan sangrientos como los de Santo Domingo, y que escitará y dirigirá nuestro actual enemigo si logra establecer puestos permanentes en el país, ofreciendo un asilo y armas á los oprimidos. Esta es una página de nuestra historia, que no está aún hojeada»[20].

¡Quién habia de decir que en los mismos paises en que esto se escribia y se hablaba públicamente, habia de ser ahorcado John Brown, perseguido furiosamente el libro de Helper y promulgadas leyes como aquella de la Carolina del Sur, que establecia que «todo esclavo ú hombre de color que enseñase á leer ó escribir á uno de sus iguales, seria castigado con 50 foetazos, si era siervo, y con una multa de 50 pesos si era libre!»

¡Quién habia de sospechar que la misma patria de Jefferson, de los demócratas del dia de la Independencia, fuera la tierra en que Calhoun escribiera, entre los aplausos de sus compatriotas, párrafos como este: «El peligro de una guerra servil está lejano. Lo que más tememos es la accion de los abolicionistas sobre la conciencia de los mismos propietarios de esclavos. Tememos la introduccion de sus heregías en nuestras escuelas, en nuestras cátedras, en nuestros círculos domésticos. Alarmando el espíritu de los débiles y difundiendo un sentimiento de malestar entre nosotros, los abolicionistas podrán realizarlo todo.»

¡Quién hubiera podido creer que aquellos Estados que dieron la voz de alarma contra la servidumbre de los negros, prohibiendo, como Virginia en el segundo cuarto del siglo pasado, la trata africana, fueran los que en 1859, en el paroxismo del despecho y en la ceguedad de la avaricia, prohibiesen la permanencia en su territorio á todo negro libre, y aun le amenazasen, como hicieron las legislaturas de Arkansas, Missouri, Luisiana y Missisipí, con reducirlos á nueva servidumbre!

Pues, á pesar de esto, el cambio se hizo; y esos mismos Estados del Sur, antes celosos de la dignidad y de la libertad humanas, fueron los más ardientes defensores del esclavismo. Cómo llegó á verificarse esta trasformacion, es materia casi para un libro. Frecuentemente se atribuye este fenómeno á la complicacion, efectiva sin duda alguna, de la cuestion de la esclavitud con la de la independencia de los Estados, de que fueron siempre celosísimos los sudistas. Pero al decir esto, confúndese generalmente el efecto con la causa.

El cultivo del algodon y la cria y fomento de esclavos constituyeron en el espacio de treinta años los más fuertes intereses del Sur: y como quiera que estos hubieran sido lastimados por el progreso de las ideas democráticas y el imperio del poder central, de aquí la pasion con que, á partir de 1830, los sudistas abogan por la causa de los Estados, que ahora representaba un sentido perfectamente opuesto al de los wighs y los demócratas de 1776 y 1789.

Pero, como tambien he dicho al principio de este capítulo, la historia de la abolicion en los Estados-Unidos ofrece otra particularidad; y es la de que la obra emancipadora, con toda su violencia y todo su rigor, haya sido el resultado, antes que de la iniciativa de los abolicionistas, de la ceguedad y la intemperancia del esclavismo.

Todo el esfuerzo de los primeros se habia enderezado á circunscribir el imperio de la servidumbre y á dejar al tiempo y al progreso de las ideas la empresa de estinguir la esclavitud en cada uno de los Estados particulares.

En este sentido, el Congreso continental de 1776 prohibió la importacion de esclavos en la América del Norte. Ocho años despues, en 1784, fué propuesto y obtuvo mayoría de votos individuales, aunque no los votos de Estados necesarios para su aprobacion, un bill en cuya virtud debia quedar en 1800 abolida la servidumbre en todos los territorios inhabitados, cedidos por los Estados particulares para constituir el dominio público afecto al pago de la deuda nacional. En 1784 el Congreso decretó que no pudiese ser instituida la esclavitud en los territorios del N. O., más allá del Ohio. Cerca de diez y seis años despues, en 1820, los abolicionistas se opusieron al aumento de los Estados de esclavos por la admision del Missouri en la Confederacion, y si bien al fin transigieron mediante la admision del Maine (Estado libre), estableciendo que en lo sucesivo la servidumbre no pudiera llevarse más allá del grado 36, latitud Norte. Por último, en 1833 se fundó la Sociedad Anti-esclavista Americana, sociedad que sin ser la primera establecida en la República (donde ya habian aparecido la de Pensilvania, de que fué presidente Franklin en 1775; la de Nueva-York, que presidió Jay en 1785; la del Ohio, que fundó Lundy en 1815, y la de Boston de 1832, que abogaba por la abolicion inmediata), no obstante fué la que más sensacion produjo en el país y la que mayor extension y más viveza dió á su propaganda, sosteniendo que el poder central no tenia facultad para abolir la servidumbre en los Estados esclavistas, pero que las Legislaturas locales debian hacerlo en honor de la justicia y la moral, así como en obsequio de su propia y más vulgar conveniencia[21].

A esta actitud correspondió el esclavismo norte-americano con incesantes agresiones. Por su influencia, el Congreso de 1787 derogó la disposicion prohibitiva de la trata, declarando que esta seria permitida hasta 1808; acuerdo que aprovechó la Carolina del Sur para importar sobre 20.000 africanos en los cinco últimos años. En aquella misma fecha, los Estados del Sur se negaron á ceder, con destino al dominio público, el territorio que poseian por bajo del Ohio, y sobre el que se constituyeron en época posterior, cuatro Estados esclavistas. Del propio modo pretendieron en 1820 que se admitiese como Estado al Missouri, reconociendo la esclavitud que en él existia; y á pesar del llamado Compromiso del Missouri, que dió á los esclavistas el Arkansas y la Florida, á los doce años exigieron y lograron que fueran tambien admitidos como Estados de esclavos los territorios de Kansas y Nebraska, situados fuera de la latitud 36°30, Norte. En este camino, á poco comenzaron sus gestiones para que no tan solo los Estados libres devolviesen á los poseedores de esclavos los negros que huyendo se hubiesen refugiado en aquellos paises, sino para que los poderes centrales declararan que la esclavitud era una institucion consagrada, en ciertas condiciones, por la Constitucion, y por tanto, que el derecho de un propietario sudista debia ser respetado donde quiera que este se hallase. Y tal monstruosidad es conseguida mediante la sentencia del Tribunal Supremo en el negocio de Dred Scott, como es lograda la ley contra los esclavos fugitivos. A poco, los trabajos del esclavismo se dedican á lanzar á la República en la vía de los conflictos internacionales para adquirir territorios de esclavos que aumenten el poderío de los Estados del Sur, y en este concepto fomentan, en 1854 y 58, las expediciones filibusteras contra Nicaragua y Cuba, y acogen con entusiasmo los acuerdos del célebre Congreso de Ostende para la adquisicion violenta ó de grado de la grande Antilla. Por último, ya la víspera de la ruptura con los Estados del Norte se deciden por el restablecimiento de la trata, y con este fin se reunen la convencion comercial de Savannah en 1856 y la Asamblea de Vicksburg en 1859, mientras Mr. Buchanam (presidente de la República, pero presidente sudista), protesta contra el derecho de visita, ejercido por los cruceros ingleses sobre los buques americanos. De aquí al bill de 1861, votado por el primer Congreso rebelde, y en el cual el crímen del tráfico negrero se reducia á la categoría de un delito penable solo por la confiscacion del género, no habia más que un paso[22].

Tal osadía y tales trasgresiones, así de la ley moral como de los pactos celebrados entre esclavistas y abolicionistas en el período de cincuenta años, debian producir por oposicion el desarrollo de las opiniones más avanzadas en el sentido de la emancipacion del negro.

Las ideas radicales del Liberator, fundado por William Lloyd Garrison en Boston, hácia 1831, tomaron cuerpo, entrando por mucho en la constitucion primero de la Sociedad Abolicionista de Boston (1833), despues, en 1840, de la Sociedad Anti-esclavista Americana y Extranjera; más tarde, en 1848, del partido liberal americano; en seguida del partido del suelo libre; luego, en 1856, del partido republicano y últimamente del partido abolicionista que sostuvo con todo calor y hasta el último trance la guerra de los cinco años.

De todo esto resulta:

Que la esclavitud era el fundamento de todo el órden moral, político y económico de los Estados del Sur.

Que la servidumbre tenia en aquellos paises tales condiciones de solidez, que lejos de temer los esclavistas las agresiones del abolicionismo, se creian con fuerzas bastantes para extender el imperio de sus repugnantes ideas y sus bastardos intereses sobre el mismo Norte.

Que desde 1830, lejos de haberse tomado en aquellos Estados medida alguna para preparar la emancipacion del negro, se habian dictado muchas, haciendo cada vez más dura la situacion del esclavo.

Y que la existencia de la esclavitud estaba íntimamente enlazada con la de la autonomía é independencia de los Estados particulares.