Además, en los mares y los ríos de América hay gran número de pescados de todas clases, como las especies de Arenque, Atún, Anguilas, Anchovetas, Bacalao, Besugo, Bagre, Barbudo, Chuto, Corbina, Carpa, Lenguado, Pejerey, Salmonete, Trucha, Tui, Langosta, Camarón, etc., y muchos moluscos y crustáceos.

De los animales anélidos ó invertebrados, de América, se cuenta un gran número de ellos, principalmente innumerables serpientes que infunden espanto por su enorme grosor y la sutileza de su ponzoña; sólo citamos unos pocos:

Acosto, género de anélido afrodisiaco, propio de las Antillas.

Boa constrictor ó Aboma, serpiente que es la de mayor tamaño que le conoce, y cuya longitud suele llegar hasta unos treinta y cinco á cuarenta pies, teniendo tal fuerza que sujeta hasta á los toros y tigres.

Crótalo, serpiente cascabel que habita los espesos bosques de América.

Cucurucú, culebra muy venenosa, de la América Meridional.

Culebra Saetilla, serpiente también venenosa, que de los altos de los árboles se arroja sobre los caminantes.

Graja, culebra cuyo veneno es activísimo.

Jacumama, gigantesca serpiente que, apesar de no ser venenosa, es temible por su prodigiosa fuerza.

Machaqui, culebra de 15 á 20 varas de largo, con dos cabezas.

Serpiente Congo, especie de cascabel cuya mordedura es mortal.

Uritu, culebra cuya cabeza se parece al pico de loro: es muy venenosa.

También hay en América muchas Víboras y Corales ponzoñosos, y tantas otras clases de anélidos, entre ellos la notable serpiente Papagayo, que es colosal y habita en los bosques del Ecuador y del Perú, y también Culebrones inofensivos, que domesticados, hacen la policía de las casas, devorando los insectos.

Quédanos por registrar, dos producciones importantísimas, aunque no animales propiamente dichas, que provienen, una, de las aves marinas, y otra, de la concha madreperla; son:

1.o Huano ó Guano, sustancia considerada como producto animal, pues es el resultado de la acumulación del excremento que las aves marinas depositan en las islas desiertas cercanas á las costas del Perú, principalmente en las Islas de Chincha, cerca de Pisco, y en los islotes y costa de Ica, Ilo y Arica; es una sustancia sólida, pulverulenta, amarillo-oscuro, de olor amoniacal fuerte, que se halla en capas ó depósitos formados de dichos excrementos de diversos pájaros marinos, que son tan numerosos en aquellos parajes; depósitos que han alcanzado, en el término de muchos siglos, más de sesenta pies de espesor en la extensión de algunas leguas[94]. El Huano es reconocido como el abono más precioso empleado en la agricultura para fertilizar las tierras pobres, por el amoniaco, fosfato y potasa que contiene. Desde 1836 el Huano llegó á ser una enorme riqueza para el Perú, pues que ha rendido al Gobierno de veinte á veinticinco millones de pesos anualmente. El producto del Huano ha sido mal administrado de parte de las autoridades peruanas, pues se ha podido sacar mucho más provecho de ese precioso abono, que ha enriquecido á los consignatarios de Inglaterra, Norte América y otros países.

2.o Perla, sustancia que también es considerada como producto animal, pues es una especie de concreción preciadísima que se forma en el interior de la concha denominada madreperla, por la extravasación de la sustancia conocida con el nombre de nácar. Se encuentra criaderos de perlas en varias islas de Colombia, y también en las costas de Cubagua y Cumaná, en el golfo de San Miguel, cerca del Istmo de Panamá, donde se pescó una perla del tamaño de un huevo grande de paloma, la que, apreciada en cien mil ducados, fué obsequiada al rey de España Don Felipe II. También hay criaderos de perlas en las costas de la Baja California y del Estado de Sonora, en México, que pueden compararse con los del Golfo de Ceylán y el Pérsico.

Hecha esta suscinta relación, repetimos lo que hemos dicho ya: ¿Será posible que el Hacedor Supremo haya concedido al Continente Americano tantas y tantas riquezas en los tres reinos de la Naturaleza, para que este mismo Continente haya permanecido inhabitado durante el largo tiempo trascurrido desde la Creación del Mundo hasta el Diluvio Universal?

No, ello es materialmente imposible; y, por lo tanto, es innegable que los habitantes de la época antediluviana han sido autóctonos, contemporáneos de los corpulentos paquidermos de la Edad Cuaternaria, época de la que, á no dudarlo, arranca el origen del Hombre.

2.a

La Historia y la Tradición no nos han legado dato alguno acerca de los primitivos habitantes del Hemisferio Americano; todo lo concerniente á este punto, yace oculto en el misterio más impenetrable, no siendo posible seguir con certidumbre la marcha del Género Humano en la infancia de las sociedades del Nuevo Mundo; lo poco que hasta hoy se ha podido saber, está diseminado, por decirlo así, en diferentes obras, Acosta, Avicena, López, Holtón, Kames, Romans, La Peyrère, Burnet, Humboldt, Bancroft, Brasseur de Bourbourg, Hervas, Zerda, Mosquera y otros, traen algo al respecto, pero ese algo es incompleto las más veces, y tan sólo problemático en algunos casos.

De estos autores, unos son del grupo de los poliphyletes ó poligenistas, y otros del grupo de los monophyletes ó monogenistas; conjeturando algunos, que el Hombre primitivo de América tuvo que ser algo superior á la bestia, pero algo inferior al salvaje de hoy, desde el punto de vista físico é intelectual, y tuvo que ser también más corpulento, más musculoso, y más ágil que el Hombre civilizado de nuestros días, pues que la fuerza bruta era su principal atributo: desnudo y estimulado por el hambre, cubría su desnudez con las plantas fibrosas y las pieles de los animales que lograba matar, alimentábase con los frutos de la Naturaleza y con la carne de esos mismos animales[95], y se albergaba en las cuevas naturales para ponerse al abrigo de la intemperie; para eso ponía en acción los recursos de que le permitía disponer su escasa actividad cerebral y la disposición mecánica de sus demás órganos. Después, su instinto se fué desarrollando paulatinamente hasta cobrar la suficiente inteligencia por el mismo desenvolvimiento gradual y la adaptación de sus órganos cerebrales, comprendiendo entónces, que estímulos superiores al de la conservación personal le dominaron, como fueron el amor que tenía á su compañera y las caricias que recibía de sus hijos: esa relación de familia fué estrechada y complementada con el paulatino perfeccionamiento del lenguaje. Luego, como es de suponer, elevando su espíritu á la contemplación de los fenómenos naturales que se ofrecían á su vista, como la influencia benéfica del sol; la caída del rayo de la nube tempestuosa, que le pareció una emanación del mismo astro; el calor de las lavas incandescentes, que los volcanes arrojan en su erupción destruyendo todo en su rápido curso; llegó á comprender que estos hechos eran, en sí mismo, el fuego, y tales fenómenos naturales le sugirieron la posesión del secreto de ese elemento, mediante la frotación de dos leños de dureza diferente, descubrimiento que le permitió realizar casos prácticos en su vida doméstica; pasando entonces el hogar á ser el verdadero centro de la familia. La organización de la familia tuvo lugar, según esto, en la Época Primaria, que prácticamente se denominó Edad de Oro.

Después de este período, que fué de larga duración, vino el de la vida de relaciones entre las diversas familias esparcidas en el Continente Americano, principiando así el verdadero estado social, que siguió á la simple asociación de familia. La infancia del estado social fué también de larga duración, y en el trascurso de él el conocimiento de los hombres, aparte del culto y servicio del fuego, se redujo á la fabricación de toscas vasijas de tierra cocida para sus usos domésticos, á los instrumentos de madera ó de piedra bruta necesarios á sus demás empleos, á la construcción de chozas ó cabañas para su albergue, y á la confección de armas para la caza de animales ó para la guerra, pues no tardó en suscitarse entre las diferentes familias, desacuerdos, disputas y aún riñas que prontamente degeneraron en desavenencias graves y hasta en lucha á muerte entre ellas. En un concepto poético, la Época Segundaria, se denominó Edad de Plata.

A este último período siguió la época del perfeccionamiento de los instrumentos de tosca piedra ó silex, época que los antropologistas llaman Edad de Piedra, y que se subdivide en dos épocas diferentes: la Época Terciaria ó Paleolítica, de instrumentos de piedra toscamente tallada, y la Época Cuaternaria ó Neolítica, de instrumentos de piedra pulimentada.

Vino en seguida el período en que se perfeccionaron los instrumentos, reemplazando los de silex por los de cobre; se mejoró el arte de la alfarería y se principió la extracción y fundición de metales múltiples, tales como el oro, la plata, el cobre, el estaño y otros. Esta época fué llamada Edad de Bronce ó de los Metales, porque el cobre que entra en esa liga, fué el metal más común que reemplazó á la madera y la piedra en la fabricación de instrumentos de guerra y agrícolas, reservando el oro y la plata para varias aplicaciones, ya industriales, ya artísticas. En esta misma Epoca, las tribus nómadas ó errantes, diseminadas, reuniéronse en cuerpos de pueblos ó naciones, formados por el paulatino dominio que adquirieron unas tribus sobre otras. Las asociaciones de las familias relacionadas entre sí por sus costumbres, sus creencias, sus lenguas y sus tradiciones, se constituyeron, así, en Estados civiles, políticos y religiosos, gobernados por jefes que mantuvieron su independencia y autonomía. Debido á esa asociación de familias y su constitución en Estados, fué que se inició un notable adelanto en los pueblos, pues desde entonces se principió á fabricar toscos tejidos, se adoptó la cremación de los cadáveres y se comenzó á tributar el culto religioso.

Cuanto á la Edad de Fierro, sólo está marcada en los Continentes Antiguos, por la adquisición de este utilísimo metal, completamente desconocido su uso, se supone, en el Nuevo Mundo basta la conquista española, apesar de ser muy abundante el fierro en el Continente Americano.

Si se trata de resolver la cuestión de la condición intelectual en que se encontró la Humanidad primitiva, hay que recurrir al examen de los útiles y armas de que los hombres se sirvieron en aquellas épocas lejanísimas; elementos que dan la debida luz sobre esa civilización, pues su exámen enseña, que á las hachas y objetos de piedra, de hueso, de concha y de madera, para los usos domésticos, sucedieron los instrumentos de metal. "Esta historia del Hombre,—ha dicho Mr. Edward Burnet Taylor,—que nos revela el estudio de los instrumentos de que él ha hecho uso, es la historia de un progreso ascencional y sin duda inconstante é interrumpido en cada tribu ó en cada raza, pero un progreso general, en el que vemos que crece y se desarrolla la industria humana." Pero lo dicho por Mr. Burnet Taylor es tan sólo el medio de comprobar, en parte, el grado intelectual á que habían llegado las primitivas generaciones humanas, sin tener en cuenta otros medios importantísimos de llegar al conocimiento de la condición intelectual del Hombre en esas edades primitivas, medios que complementan el estudio etnológico de estas razas, y son: á más del movimiento de su progreso en las artes manuales, sus costumbres, sus ritos, creencias, y su sistema de gobierno.

Debe colegirse de lo dicho, que ha debido trascurrir muy larga serie de siglos antes que los primitivos pueblos de ese mismo Continente adquirieran cierto grado de adelanto; siendo un hecho indudable, que su iniciada civilización fué avanzando gradual y lentamente en el camino del progreso, hasta lograr formar pequeños núcleos y centros sociales.

3.a

Aunque la historia de los primitivos habitantes de América está aún envuelta en un cáos que ha sido imposible aclarar hasta ahora, creemos que después del trascurso de varios siglos, el Hemisferio Americano fué también habitado por los Atlantes, los Antis, los Chinos y talvez los Egipcios, los Fenicios y los Hebreos, razas que forzosamente se mezclaron con esos primitivos habitantes autóctonos, asimilándose á ellos en el trascurso del tiempo. Fundamos esta conjetura en los hechos relatados por los antiguos historiadores, quienes refieren que la navegación en los Océanos Atlántico y Pacífico se remonta á una época anterior al Diluvio; lo cual probaría que los pueblos del Antiguo y del Nuevo Mundo se conocieron y tuvieron relaciones desde aquella misma época.

De suponer es, que en aquellos tiempos antiquísimos, la Atlántida (que creemos sólo ocupaba una parte de la extensión del Océano Atlántico) fuera una nación que alcanzó el mayor grado de apogeo, pues Platón recuerda tradiciones egipcias que se remontan á la invasión de los Atlantes á los Continentes del Antiguo Mundo, extendiéndose por toda la Europa, parte de la Africa y de la Asia Menor. Solón, que fué uno de los siete sabios de Grecia, supo también, por los Egipcios, todos los pormenores que se referían al poder marítimo de los Atlantes, cuya escuadra estaba compuesta de miles de navíos. Además, la Atlántida era célebre por su fértil y benigno clima, habitada por hombres indomables, robustos, audaces y de talla gigantesca[96]; gente fuerte é invasora que hacía repentinas irrupciones, cayendo, de improviso, para guerrear toscamente, hasta poner á sus enemigos en cuitas y peligros. Por lo demás, no hay memoria de la época en que aconteció el hundimiento de esta grande isla, ni tampoco hay recuerdo de la existencia de ella en la época postdiluviana.[97]

Los Antis, pueblo asiático, hicieron, se dice, una invasión á la América ecuatorial, antes del Diluvio, y se establecieron en la Cordillera de los Andes, en la región superior del Amazonas: de estos Antis se deriva, talvez, el nombre de la extensa cadena de montañas que atraviesa toda la América del Sud. Los pobladores de la Cordillera de los Andes ecuatoriales conservan todavía el nombre de Antis, que fueron los que, se supone, introdujeron en América el idioma Quechua, y usaban en lugar de escritura, los quipos ó cordoncillos con nudos, presumiéndose que ellos fueron los inventores de ese sistema, y que también lo habían propagado entre los Tibetanos y los Chinos hasta el tiempo del emperador Tohi (600 años antes del Diluvio). Algunos historiadores de la conquista pretenden que los descendientes de los Antis son los Campas ó Chunchos esparcidos en las selvas del Alto Ucayali y otras regiones del Perú.

Los Egipcios son señalados por algunos egiptólogos como unos de los primeros pobladores de la América, antes del Diluvio. Sabido es que Egipto fué la nación civilizada más antigua de la Tierra, pues se remonta á una época inmemorial en que todos los demás pueblos se hallaban aún sumidos en la más completa barbarie; por eso es considerada como la cuna de las artes y las ciencias del Género Humano: sus habitantes eran muy diestros en la navegación y hábiles en las guerras navales, de donde se conjetura que, desde épocas lejanísimas, sus naves surcaron el Océano Atlántico, abordando á las playas americanas. Y no solamente eran diestros en la náutica, sino también expertos en las armas, pues sus legiones establecieron colonias en Asia, poblando la China y el Japón.

Los Chinos, que componen el imperio más vasto del Mundo y cuyo país ha sido una de las primeras naciones en organizarse, pues que su gobierno y civilización arrancan de una época evidentemente muy remota (á más de 4000 años antes de la era cristiana), conservan tradición de haber enviado algunas inmigraciones de ellos al suelo de la América oriental y occidental antes del Diluvio, unas por la ruta del estrecho marítimo de Annián, y otras por la cadena de islas que en aquel tiempo existía en el mar Pacífico, pudiendo así aportar al territorio americano y poblar sucesivamente las comarcas de México, Panamá y el Perú.

Además de los pueblos citados, posible es que también recalaran á América algunos navegantes aventureros ó náufragos procedentes de la Fenicia y la Judea.

Es opinión generalmente sentada, que los hombres de aquellos tiempos que abordaron las playas del Nuevo Mundo, (sea accidentalmente ó de un modo deliberado, impulsados por los vientos y corrientes constantemente favorables que reinan tanto en el Atlántico como en el Pacífico hacia el Hemisferio austral), tuvieron que permanecer allí, sin poder volver á sus respectivos países, por los vientos y las corrientes contrarias, pues no poseían el manejo de las velas, ni el conocimiento de las estrellas, ni el curso de los astros, ni las luces de la astronomía, ni estaban, en fin, imbuidos de la ciencia náutica, condiciones tan precisas para hacer rumbos contrarios á la impulsión de los vientos.

Atajados por todos lados, para restituirse á los países de donde habían salido, determinaron establecerse en el Continente Americano, los unos habitando las partes montuosas de los bosques, en cuyos parages se volvieron rústicos y bárbaros, y los otros estableciéndose en los valles y en las costas, en cuyos lugares se conservaron más dóciles y sociables.

Por esta razón, la América permaneció ignorada durante tantos siglos; siendo preciso, al fin, que Cristóbal Colón, en cuyo tiempo se conocía ya el modo de tomar la altura de las estrellas y las reglas náuticas necesarias para encaminar las naves hacia donde habían partido, pudiera legar al Mundo el descubrimiento de un Nuevo Continente.

4.a

Creemos también, ateniéndonos á la tradición hebráica, que los primitivos habitantes de la América perecieron en el cataclismo universal y que, después de tan fatal acontecimiento, fué este Continente repoblado por los descendientes de esos primitivos habitantes que, por voluntad del Criador, pudieron salvar de tal catástrofe[98]. Mucho tiempo después, otras razas de los Antiguos Continentes hicieron diversas y continuas invasiones al suelo americano; razas, sin duda, de hombres semi-civilizados, que aportaron al Nuevo Continente sus peculiares usos y costumbres.

Sabido es que el Asia ha sido la cuna de la Humanidad: por consiguiente, creemos que de allí salieron las primeras expediciones que repoblaron el Nuevo Continente. Estos inmigrantes tendrían que luchar contínuamente por la existencia, perdiendo al fin las primeras nociones de la civilización de sus respectivos países. Las causales que originaron este retroceso fueron: los usos nuevos apropiados al género de vida errante á que se vieron expuestos, inspiradas más por instinto que por inteligencia; el decaimiento de su propia lengua; el ser invariables á sus ojos los fenómenos de la Naturaleza, engendrando en ellos nuevas creencias; el aislamiento á que se hallaban reducidos, al extremo de sumirse, con el trascurso del tiempo, en un estado de completa ignorancia. Más tarde, cuando aportaron á las comarcas americanas inmigraciones más avanzadas en civilización, de hombres enérgicos y de mayores facultades intelectuales, fué cuando se establecieron al Norte, Centro y Sur de América, naciones relativamente florecientes.

5.a

Las primeras inmigraciones venidas de Europa á América, en los primeros tiempos postdiluvianos, creemos que probablemente fueron de Griegos, Iberos y Romanos, y, mucho más tarde, de Islandeses, Noruegos y Dinamarqueses; las provenientes de Africa, consistieron en Egipcios y Cartagineses; las originarias de Asia, quizá se formaron de Fenicios, Carios[99], Troyanos, Hebreos, Chinos y Tártaros.

A nuestro humilde juicio, esas diversas inmigraciones fueron realizadas, unas por los caminos terrestres que en aquellos tiempos unían los Antiguos Continentes con el Nuevo; otras, posteriormente, verificaríanse de un modo casual, por tempestades que desviaran á los navegantes de su rumbo, arrojándolos á las playas americanas; y otras, en fin, de esa accidental manera, habrían sido efectuadas con deliberado intento, huyendo del flajelo de las contínuas guerras que, en esas épocas, devastaban y diezmaban las diferentes nacionalidades del Antiguo Mundo. De estas tan diversas inmigraciones proviene, sin duda, la diversidad de razas que vinieron aclimatándose en el suelo americano, cada una con sus peculiares usos, hábitos y costumbres, y aún con sus respectivas distintas lenguas.

Algunos autores opinan que el Nuevo Mundo principió á repoblarse, después del Diluvio, con la pareja ó parejas que en ese Continente salvaron de tal catástrofe; y otros pretenden que lo fué con los primeros inmigrantes que á ese Continente aportaron casual ó deliberadamente. Sea cual fuera la repoblación de América, es un hecho innegable que algunos indígenas conservan la tradición de que, efectivamente, sus antepasados vinieron de otros países y conservan aún los nombres verdaderos ó falsos de sus progenitores.

Además, según opinión de algunos etnógrafos, parece que la parte oriental del Continente Americano fué también repoblada por una raza autóctona, salida de las vertientes de los montes Allegany y de los Apalaches; raza que pasó la Florida y ocupó las Antillas, las riberas orientales de la región de México, la Tierra Firme, las Guayanas, y, por último, el Perú, hasta los confines australes de la América Meridional. A esta raza pertenecieron los numerosos indios denominados Pieles-Rojas, que ocupaban los territorios de Tennessee, las Carolinas, la Virginia, el Maryland, la Pensilvania, y una parte del Estado de Nueva York; como asímismo los indígenas del Canadá, los de Yucatán y de Honduras, y los Caribes y Galibís.

Cuanto á la variada raza indígena meridional, algunos antropologistas conjeturan que poblaron la hoya superior del Orinoco, la hoya del Amazonas, el Brasil, el Paraguay y la Araucanía, suponiéndose que estos últimos, por sus caracteres, hayan sido originarios de la raza China.

6.a

Creemos, asímismo, que dos son las rutas principales que en las épocas antediluviana y postdiluviana, tomaron las primeras expediciones de los Antiguos Continentes, para arribar á las playas de América.

Probable es, que una de esas rutas fuera la pretendida desaparecida Isla Atlántida, que, se cree, extendíase desde las islas del mar Caribe (en las Antillas) hasta las islas Azores y Madera (en las cercanias de las costas de Portugal y de Africa, respectivamente), y casi unida quizá al Continente Europeo ó al Africano, cuya ruta habría sido, en aquellos tiempos lejanos, un puente de unión entre los Continentes Antiguos con el Nuevo, y por la cual ruta habrían venido las sucesivas expediciones europeas ó africanas á las costas septentrionales americanas.[100]

Es probable que la otra ruta fuera el Estrecho de Annian (hoy Behring)[101], ó las islas Aleutianas ó Aleutas[102], que, se puede decir, unían el Continente Asiático con el Americano, como suponen algunos geólogos, ó por la cadena de islas eslabonadas en medio del Océano Pacífico[103], que en estos últimos siglos existían aún, entre ambos Continentes, lo que denotaría, así mismo, que en tiempos remotos esa unión de los Continentes Asiático y Americano era también un hecho.

Por ambas rutas habrían podido venir á las costas meridionales de América sucesivas expediciones asiáticas.

A más de ambas rutas principales, creemos también, que algunas expediciones á América pudieron venir por la ruta de la Polinesia, cuyas islas Sandwich y Pascuas (tan célebres por las antigüedades ciclópeas que encierran) son las más cercanas de la América del Norte y del Sud, pues que, respectivamente, están situadas en las latitudes de México y del Cuzco (los dos centros de la civilización americana); teniéndose en cuenta, que las corrientes y los vientos dominantes en esta parte del Océano Pacífico, se dirigen á la costa norte-americana, unas, y hacia la costa sud-americana, otras.

No hay duda (á lo menos es lo que opinamos) que en la época que siguió al Diluvio Universal, pudieron pasar por las rutas que hemos señalado, de los Antiguos Continentes al Nuevo, no solamente los hombres, sino también algunos animales mansos, es decir, aquellos de climas calurosos, por la zona tórrida, y aquellos de climas fríos, por la zona frígida, suponiendo, siempre, la proximidad ó unión de los Antiguos Continentes con el Nuevo; salvo los animales propios del suelo americano, pues así como Dios crió al Hombre autóctono de América, así también crió animales y plantas propios de ese mismo Continente; y tanto es así, que muchos animales originarios de América no son conocidos en los Antiguos Continentes, y, por lo tanto, no pudieron ser encerrados en la arca que Noé construyó por mandato del Criador.

Sabido es, por otra parte, que desde la Creación del Mundo, el Planeta Terrestre ha sufrido grandes trasformaciones geológicas, originadas por terremotos provenientes de erupciones volcánicas y submarinas, y que, debido á esos sacudimientos sísmicos, unas partes de los continentes y numerosas islas, se han hundido en el mar, y otras han surgido de él. El mar, estrechándose en unos lugares y desbordándose en otros, ha aumentado ó disminuido las tierras, separando países unidos desde su origen, formando nuevos estrechos y golfos. Por consiguiente, ¿qué dificultad pudo haber habido, de que así como existe hoy el Estrecho de Annian ó Behring, hayan también existido, en aquellos tiempos, otros estrechos, unidos á partes más septentrionales de Europa, Asia y Africa, y que de puente sirvieran para pasar de un Continente á otro? Presumible es, que en el trascurso de tantos siglos, después de repetidos terremotos, hayan desaparecido estrechos, porque invadiera el mar lo que antes era tierra firme.

A este respecto, citaremos, de paso, la opinión que, sobre este tema, desenvuelve Francisco J. Clavigero, en la Disertación 1a de su Historia antigua de México, tom. II, pag. 147, autor que, acojiéndose á los textos bíblicos, opina que todos los animales, incluso los cuadrúpedos feroces y reptiles de América, pasaron por tierra, de los Continentes del Antiguo Mundo al Nuevo; y, concretando sus juicios, dice: «Estoy obligado á creer que los cuadrúpedos y reptiles del Nuevo Mundo descienden de aquellos individuos que se salvaron del Diluvio Universal en el arca de Noé....... y me persuado que su tránsito se hizo por tierra y por diversas partes del Nuevo Continente.»

Objetando esta opinión emitida por Clavigero, debemos preguntar otra vez: ¿Logró Noé encerrar en su arca á algunos animales feroces, propios de América, como leones, tigres, rinocerontes, bisontes, búfalos, coyotes y demás; los mansos huanacos, llamas, vicuñas, alpacas, vizcachas, y otras; los cocodriles, lagartos, serpientes, culebras y demás animales y sabandijas, animales, estos últimos, notoriamente nocivos al Género Humano, y que en tan diversa cantidad existen en el Nuevo Mundo? Es de suponer que aquello no sucedió.

Desde luego, abstracción hecha de los textos de los libros bíblicos, débese admitir que los animales feroces y dañinos de América son originarios de ese mismo suelo, como también son originarios los animales feroces y dañinos que pertenecen á los Continentes Antiguos, porque Dios, en su alta sabiduría, no solamente crió varias razas de hombres, sino también especiales y propios animales y plantas en cada Continente.

En fin, ocioso nos parece investigar el rumbo seguido por los primeros hombres y animales del Continente Americano, porque en los tiempos remotos anteriores y posteriores al Diluvio Universal, la superficie del Globo Terráqueo era muy diferente de lo que es hoy.[104]

7.a

Es un hecho efectivo, que la civilización indiana del período postdiluviano data de muchos siglos antes del descubrimiento de Colón, pues á más de ochenta años de establecido el coloniaje español, vínose á descubrir (en 1576) las famosas ruinas de Copán, que, en tiempos muy remotos, fué la capital del reino Tolteca, tronco perteneciente á la gran familia de los Nahuatls que se diseminaron por toda la América Central, desde el siglo VII hasta el XIV, siendo los fundadores verdaderos de la antigua cultura mexicana. Esa misma cultura se extendió á las demás comarcas de México, Centro y Sud-América, que han sido los tres antiguos emporios de la civilización americana, como lo manifiestan los descubrimientos hechos posteriormente de ruinas de antiguas ciudades, á más de la de Copán, como las de Uxmal, Haba, Labué, Moyapan, Izamal y Chanchen-Itza, en el Yucatán; Mitla ó Miguitlan, en el país de los Zapotecas; Palenque, Petén, Chicken, Tayalal, Tical, Xochicalco, Chulula y Tula, en la América Central; y Tiahuanaco, Machu-Picchu, Huánuco-Viejo, Pachacamacc, Ollantaitambo, Chitabamba, Chuquillusca, Tarmatambo, Vinaque, Chavin de Huantar, Chimu y otras, en la América Meridional; ruinas todas que acusan una remotísima y floreciente civilización de pueblos enérgicos y de notables facultades intelectuales.

No solamente por los monumentos ciclópeos se comprueban las huellas de las tribus prehistóricas, sino también por las toscas herramientas y utensilios de pedernal encontrados en capas subterráneas, entre huesos humanos, de fósiles y vestigios de la fauna y la flora de esa remota época, de la cual los sabios, como Cuvier y otros, se hicieron intérpretes eruditos en nuestros tiempos, reconstruyendo aquel pasado lejanísimo.[105]

8.a

Concluíremos con unas últimas apreciaciones:

Sabios, que han hecho observaciones y estudios arqueológicos en el Nuevo Continente, son de opinión que la Pompeya de América está aún por descubrirse, y suponen que las ruinas de esa gran ciudad se hallan debajo de las extensas y espesas capas de lava fria que circundan alguno de los volcanes de la América Central. El descubrimiento de esas ruinas sería otra prueba incontestable (aportada á las aludidas respecto de las de Copán, Palenque, Petén, Mitla, Tiahuanaco y demás citadas de la América del Norte, del Centro y del Sud), de la adelantada civilización indiana, que se remonta, según opinión de muchos historiadores, á una larga serie de siglos anteriores al descubrimiento hecho por Cristóbal Colón.

Es del caso indicar aquí las opiniones de algunos sabios sobre las similitudes arquitectónicas de los monumentos ciclópeos de América con los de otros Continentes.

Isaac Taylor, en su juiciosa obra titulada Etruscan Researches, pag. 33, dice: «El arte de la construcción suministra indicaciones del más alto valor sobre las afinidades etnológicas: los templos, los palacios y los túmulos funerarios pueden ser considerados como otras tantas petrificaciones de las aspiraciones, de los pensamientos y de los sentimientos de los pueblos; son la expresión expontánea é inconsciente de particularidades mentales hereditarias.»

A este propósito, el doctor Hyde Clark, en su conceptuosa obra Researches in prehistoric and prohistoric comparative phylology, mythology, in connection with the origin of culture in America, para probar la similitud de los primeros pueblos del Nuevo Mundo con los Turanianos, emite la siguiente conclusión: «Las analogías de la arquitectura de los Mexicanos y de los Peruanos con la de los Egipcios y de los Pelasgos (de la Arcadia) son numerosas; debe repararse que todos los constructores de edificios ciclópeos han sido Turanianos (del imperio de Annam).»

Según Mr. Hardy, la semejanza que ofrecen los edificios de Chicken; antigua ciudad de la América Central, con los Topes ó Dagobas de los Budhistas, es bastante sorprendente: en la pág. 122 de su Indian Monarchism, este misionero dice: «La forma de la cúpula, su altura aparente, la torre pequeña colocada en su altura, los árboles que han crecido en sus costados, el aspecto de la albañilería; la configuración de los ornamentos, la pequeña puerta de entrada en la base, todo; en una palabra, se asemeja muchísimo á lo que he visto en Amarajapura, antigua capital de Ceylan.»

También en la isla de Java, del archipiélago de la Sonda, y en la Malesia, se hallan restos de una antigua civilización, y al efecto ha dicho un antiguo escritor: «El gran templo de Palenque corresponde tan exactamente, en sus principales detalles, al de Boro-Bodo, situado en la provincia de Kedah, que no es posible dudar del origen y destinación común de ambos monumentos.»

Algunos autores han aseverado que las grandes construcciones y las esculturas prehistóricas americanas, como pirámides, murallas, fortalezas y estátuas, se encontraron, originariamente, en los espesos bosques del Indostán y de Ceylan (Asia Meridional), en el Indo-China (Asia Oriental), en Tahití, islas Marianas, islas Sandwich y de Pascuas (Oceanía); lo que denota que, durante el período prehistórico, una gran raza de constructores, que no pudo ser otra que la Turaniana, emigrara del Continente Antiguo á las playas americanas; emigración de la que las tradiciones de la Asia sud-oriental conservan memoria.

Terminamos:

Todas las ruinas encontradas, posteriormente, en el extenso Continente Americano, son testigos mudos de naciones que se alzaron y florecieron en tiempos remotísimos, por su adelantada cultura y civilización, para caer después en el olvido del tiempo, sumergidas en la soledad del desierto; ruinas que han resurgido después de una larga sucesión de centurias.

Si se trata de buscar el origen de las naciones de América que culminaron por sus adelantos, en las épocas antediluviana y postdiluviana, es muy difícil encontrarlo, aunque de suponer es, que fueron las primeras de raza autóctona, y las segundas provenientes de distintas razas, á juzgar por las similitudes que ellas ofrecían con las de los Antiguos Continentes. A nuestro humilde juicio, volvemos á decirlo, la antropología, la etnografía y aún la craneología, son las ciencias que por más autorizadas, podrían con más acierto conducir al conocimiento de las primitivas razas indianas del Continente Americano. Talvez más tarde, los naturalistas antropólogos lleguen á resolver este árduo problema, que hace mucho tiempo viene preocupando, y con justicia, la atención de los sabios modernos. Mientras tanto, repetímoslo, apesar de las numerosas investigaciones hechas sobre el origen de los primeros habitantes de América; no se ha podido aún dar un juicio satisfactorio. Entre tantas opiniones diversas como las que sobre este particular se han emitido, todas, en general, carecen de pruebas fehacientes, y algunas no tienen ni siquiera el mérito de la probabilidad: todas estas opiniones son, tan obscuras unas, tan contradictorias otras, y algunas tan fantásticas é infladas de fábulas, que no solamente hacen la materia de muy difícil solución, sino que al tratar de dilucidarla, la obscurecen tanto, que parece imposible poder llegar, por medio de ellas, á la posesión de la verdad.

9.a

Finalmente, resumiendo cuanto han dicho todos los autores citados en el curso de esta obra, y expuestas sus respectivas opiniones sobre el orígen de los Indios de América, como también la opinión nuestra que acabamos de formular, nuestra última palabra sobre este tópico se condensa en las siguientes conclusiones:

1a El hombre habitó, simultáneamente, todo el Planeta Terrestre, desde los tiempos geológicos; por consiguiente, los primeros aborígenes antediluvianos del Continente Americano son autóctonos, es decir, originarios de ese mismo Continente; pues así como el Hacedor Supremo creó una pareja de la raza blanca, del mismo modo creó parejas de las demás razas, consiguientemente la de la raza roja ó americana. Inconcebible é inadmisible es, que tan diferentes razas humanas procedan de una sola y única pareja, como opinan los monogenistas.

2a Más tarde, en el período postdiluviano, cuando algunas invasiones extranjeras arribaron á las playas americanas, que se suponía cuna de los Atlantes, Antis, Chinos, y quizá de Egipcios, Fenicios, Cartagineses, Hebreos, y algunas otras, entónces los autóctonos de América cesaron de ser una raza única y homogénea, siendo, mas bien, producto de cruzamientos de razas diversas, las que; con el trascurso del tiempo formaron, sin duda, una civilización tan adelantada; que, cuando los Antiguos Continentes estaban aún sumidos en la ignorancia, en América había ya pueblos civilizados que vivian en grandes ciudades, poseedores de monumentos grandiosos, como por ejemplo Palenque, Copán, Mixtla, Chicken, Petén, Chulula, etc., en la América Septentrional, y Tiahuanaco, Choqquequirau, Macchu-Picchu, Tipón, Huánuco-Viejo, Chavin de Huantar, Chimu, etc., en la América Meridional; civilizaciones que han desaparecido del suelo americano, por una de aquellas revoluciones de la Naturaleza con que las naciones más adelantadas se eleminan de la faz de la Tierra. Pero, indudable es, que por las ruinas de los ciclópeos monumentos que aún subsisten, esas mismas civilizaciones fueron razas de hombres muy superiores, que dejaron huellas de su estancia y poderío por este suelo.

3a En tiempos remotísimos los más antiguos pueblos de Europa, Asia y Africa estaban en comunicación con América, pues entónces esa comunicación era facilitada por tierras hoy desaparecidas; porque así como actualmente subsiste el estrecho de Behring, pudiendo atravesárselo á pié, cuando ese brazo de mar se halla congelado, así mismo habrían, sin duda, estrechos que unian el Nuevo Continente con los Antiguos, y cuya desaparición debió ser producida por las convulsiones volcánicas terrestres y submarinas ocurridas en épocas lejanas.

4a De suponer es, que las invasiones á América cesaron durante el lapso de una larga serie de siglos, ó sea, hasta las incursiones de los Normandos y Escandinavos, á fines del siglo X y principios del XI de la era actual, incursiones realizadas sin ninguna ventaja ni provecho para la Humanidad; siendo necesario que trascurrieran aún cuatro siglos más, para que Cristóbal Colón, en 1492, agregara un florón más á la Corona de España, con el descubrimiento del Nuevo Mundo.

5a En muchas comarcas de América se han descubierto los vestigios de una civilización más adelantada que la que encontraron los Españoles, lo que prueba que desde tiempos inmemoriales pueblos de una alta cultura estuvieron establecidos en aquel Continente.

6a La civilización que habían alcanzado los Mexicanos y Peruanos, contemporáneos del descubrimiento de Colón, demuestra, inequivocadamente, que estos pueblos constituían Estados florecientes.

7a Los Españoles, al pisar el suelo americano, encontraron en él, tribus que representaban razas de los Antiguos Continentes, pero cuya base de población presentaba diferencias notables.

8a Realizada la conquista del vasto Continente de América por los neo-latinos y los anglo-sajones, grandes corrientes emigratorias llegaron al Nuevo Mundo. Los estranjeros se apoderaron del suelo á viva fuerza, rechazaron á los indianos hacia el interior, y se aprovecharon de los fabulosos rendimientos de las minas y las riquezas forestales, estableciendo, entónces, comunicaciones periodísticas con las regiones del Mundo Antiguo.

9a A pesar de las numerosas víctimas sacrificadas en la conquista, no solamente de indígenas, sino también de los mismos conquistadores, es incuestionable que el descubrimiento de ese Nuevo Continente y su consiguiente usurpación, tuvieron grandísima influencia en los destinos de la Humanidad, pues no hay en la historia de la civilización ningún acontecimiento que pueda entrar en parangón con el descubrimiento de América.

Ilustración decorativa

Con todo, las conclusiones que acabamos de emitir, no las consideramos definitivas, sino algo problemáticas, porque no pretendemos haber solucionado este problema de tan intrincada investigación y sobre el cual, lo repetimos, se han escrito tantas y tan divergentes disertaciones.

Tampoco nos lisonjeamos de haber compuesto una obra perfecta, porque nos consideramos destituido de las dotes de ingenio, erudición y pureza de estilo que se requiere en un buen escritor; pero, á lo menos, confesamos que hemos puesto la mayor diligencia en nuestras investigaciones, presentando, en conjunto, y comentándolo, lo de mayor interés que se halla esparcido en los trabajos de los diversos autores que han tratado, mas ó menos bien, de esta embrollada y dificultosa materia.

Empero, como ya hemos dicho en el folleto que publicamos en 1913 titulado Mi estancia de medio siglo en Lima: «No faltarán algunos espíritus dispuestos á calificar ligeramente y sin fundamento la tésis que el presente estudio encierra, y á censurar como deficientes nuestras apreciaciones respecto del origen de los Indios de América. Tampoco dudamos de que, en vista de las conclusiones nuestras, nos salgan al encuentro algunos adversarios que las combatan, tildándonos talvez de visionario. Cada uno puede hacer de su capa un sayo: lo que nadie podrá, es desconocer el gran esfuerzo perseverante y desinteresado, por sólo amor á la ciencia, que esta modesta obra comporta y que en todas sus páginas y lineamentos palpita; sería de desear que esos mismos adversarios expusieran su opinión sobre esta materia, para probarnos que son capaces de desenmarañar tan confuso y complejo problema.»

FIN DE LA PRIMERA PARTE.