[93] La Cascarilla Calisaya tiene su historia. Refiere la tradición, que habiéndose enfermado gravemente Doña Francisca Enriquez de Rivera, esposa del Virrey del Perú Don Luis Gerónimo Fernández Cabrera Conde de Chinchón, una india sirvienta suya, secretamente le suministró los polvos de Cascarilla; que sorprendida la india, se trató de quemarla viva, por haber creído que trataba de envenenar á la Virreyna; más, hallándose ya en el cadalso, se le perdonó la vida en vista de la maravillosa curación de la enferma, reconociéndose entonces que el específico suministrado era el descubrimiento para la curación radical contra las fiebras malignas. En 1640, el Virrey Conde de Chinchón y su esposa volvieron á España, y el médico que los acompañó llevó á España una porción de Quina Calisaya, la cual vendió en Sevilla á 100 escudos la libra.
[94] Se calcula que las capas de Guano que cubrían el suelo de las Islas Chinchas tenían un espesor de más de 60 pies, y es tan exacto este cálculo, que lo demuestra el hecho de haberse descubierto á 62 pies de profundidad, un ídolo de piedra y tres vasos para agua. También á 33 y 35 pies, respectivamente, se han hallado otros ídolos de madera, que indudablemente datan de un período de tiempo más atrasado como el anterior hallazgo. El sabio Alejandro de Humboldt comprobó, en 1804, el hecho de que durante 300 años que trascurrieron desde la conquista española hasta el fin de la época colonial, sólo se habrían formado unas pocas líneas de guano; por consiguiente se pregunta: ¿Cuántos miles de años se han necesitado para formar esas capas de más de 60 pies de espesor de ese mismo Guano? Los geólogos calculan que se ha requerido á lo menos 864,000 años.
[95] Diodoro de Sicilia en su Historia Universal, describe así el origen de la Humanidad: «Los primeros hombres, en su ignorancia de las cosas útiles á la vida, llevaban una existencia miserable; estaban desnudos, sin abrigo, sin fuego y sin tener idea alguna de alimentación conveniente; no se preocupaban de coger los frutos silvestres y hacer de ellos una provisión para la mala estación, y por eso muchos morían de frío y falta de sustento. Pero, después, la experiencia los indujo á refugiarse en las cavernas, durante el invierno, y á almacenar los frutos que podían conservarse. En todas partes la necesidad ha sido el maestro del Hombre.»
[96] Quizá los habitantes de la Atlántida serían aquellos gigantes á que se refiere la Sagrada Escritura: «En aquel tiempo había gigantes sobre la tierra.» («Gigantes erant super terram in diebus illis»—dice el Génesis en su cap. VI).
[97] Después de incalculables centurias trascurridas desde la espantosa catástrofe de la Atlántida, el periódico «The Standard,» que es uno de los órganos más serios de Londres, anuncia la formación de una expedición de capitalistas, encabezada por un rico lord inglés, y que se embarcó en Liverpool con el propósito de hacer estudios para el descubrimiento de la sumergida Atlántida, y una vez conseguido, extraer los valiosísimos tesoros que encierra esa desaparecida, grande isla. Con tal intento, esos aventureros capitalistas llevaron varios submarinos y barcos-buzos, instrumentos, herramientas y demás implementos indispensables para la realización de sus proyectos. Semejantes aventuras prueban, evidentemente, que los capitalistas ingleses pueden llegar á engolfarse en empresas famosas para la ciencia, cuando el punto de mira es buscar tesoros inaccesibles...
[98] Algunos autores niegan que el Diluvio haya sido universal, y dicen, que aunque la Tierra hubiera sido cubierta de agua hasta la altura de algunas toesas ó brazas, las cimas de los más elevados montes y cordilleras quedaron descubiertas, salvándose allí muchos más hombres y animales que los que se salvaron en el Arca de Noé: de este principio deducen esos mismos autores que, aunque murieron la mayor parte de los vivientes, no todos fueron igualmente ahogados. Empero, aunque esta deducción parezca algo probable, no es posible afirmarla ni negarla del todo, porque carece de fundamento en qué apoyarla.
[99] Los Carios ó Cares, de cuya presencia en América hay bastantes vestigios, pudieron realizar en este Continente, se supone, la construcción y embellecimiento de algunos edificios, que, aún hoy, son la admiración de los modernos. Los Carios establecidos en las Cíclades y otras islas del Mediterráneo asiático, salían de allí para navegar en el Atlántico; siendo esa la razón que Diodoro de Sicilia tuvo para decir «que los Cartagineses siguieron las huellas de los Carios en los mares del Oeste.» Los Carios dejaron en la región ecuatorial de América, á más de su nombre, algunos signos arqueológicos; y, por último, una dinastía de su raza, que en otro tiempo imperó en el reino de Quito, uno de los tres distritos en que hoy está dividida la República del Ecuador.
[100] Mr. Buache, de la Academia de Ciencias de París, descubrió una cadena de montañas submarinas que se extienden desde el Cabo de Buena Esperanza hasta el Brasil, suponiendo el mismo autor que en tiempos anteriores esa cadena unía el Continente de Africa con el de América.
[101] El estrecho de Annian ó Behring está situado entre el Océano Glacial Artico y el Grande Océano (Pacífico), separa el cabo oriental al nordeste de Asia, del cabo del Príncipe de Gales, al nordeste de América. Tiene este Estrecho doscientos kilómetros de largo por ochenta en su parte más ancha. Lo descubrió, en 1728, el navegante dinamarqués Vitus Behring, que se hallaba al servicio de Rusia, en tiempo de Pedro el Grande. Por eso le dió su nombre, como también al mar de la parte septentrional del Pacífico, que se extiende entre el Kamtchatka, al oeste, la América al este, y las islas Aleutianas, al sud.
[102] Las islas Aleutianas ó Aleutas describen entre el Kamtchatka y la península de Alaska un arco de círculo que une casi el Asia y la América. Estas islas están divididas en varios grupos: las Aleutianas propiamente dichas, que son Atu, Agatu, Semitok; las Andreanoff, que comprenden veinte islas de sesenta ó ochenta kilómetros de largo; Krissió, isla de la Rata, Tanaga, Kanaga, la isla de los Siete Cráteres, Adahk, Tagilak, Atka; las Ostrova-Lisii ó islas de los Zorros, que son las más próximas de la América, Chumaghina, Unalachka, Unimak, Semidas, islas volcánicas y estériles; y Kodiak, que es la isla más grande de todas. Vitus Behring fué el que descubrió todas estas islas, en 1741, en su segunda expedición al Océano Glacial Artico.
[103] Esos geólogos afirman que en siglos remotos el Continente de Asia estaba unido con el de América por ese eslabonamiento de islas; pero la furia del elemento acuoso, puesto en acción por el del fuego subterráneo, ha trastornado esta extensión de islas encadenadas y diseminadas de trecho en trecho, de las que hoy existen, tan sólo, las denominadas de los Galápagos, á algunas leguas de la costa del Ecuador.
[104] Para dar una ligera idea de las transformaciones sufridas por el Planeta Terráqueo en la sucesión de tantos siglos, expondremos unos pocos hechos en apoyo de lo expuesto, no sin traer á colación los relatos de autores antiguos.
Ante todo, diremos, que la mayoría de los geólogos admiten, que los Continentes sufrieron, en las épocas que corresponden á la infancia de nuestro Planeta, grandes modificaciones, pues los actuales Océanos deben considerarse como antiguos Continentes desmoronados, y una parte de los Continentes actuales, como restos de pasados océanos; modificaciones que experimentaran, ya por la violencia de los terremotos y fuegos subterráneos, ya por el ímpetu de las olas marinas, ya por los muchos montones de arena y cieno acumulados por el mar, ya por el amontonamiento lapidífico que está extendido por toda la Tierra, ya, en fin, por las otras muchas causas ocultas, que han levantado el suelo en unas partes y deprimídolo en otras.
«Sabemos, dice Apuleyo, en su obra De Dogmate Platonis de Mundo, que Continentes han sido convertidos en islas, y que por la retirada del mar estas islas han sido unidas á Continentes.»
Según Séneca, en su Medea, «la isla de Tarasia surgió súbitamente sobre la superficie del mar, como también las islas de Sabrina y Julia, que desaparecieron poco tiempo después.»
El poeta Ovidio, en sus Metamórfosis, lib. XV, pone en boca de Pitágoras: «He visto lo que era anteriormente tierra firme trocarse repentinamente en mar; he visto, al contrario, tierras salidas del seno de las aguas.»
Plinio, en la Historia Natural, lib. II, caps. LXXX, XC y XCI, hace una larga descripción de las tierras abandonadas por el mar y de aquellas que han sido unidas al Continente; supone que el Mar Mediterráneo era, en otro tiempo, un país habitado, y que un violento desbordamiento del Océano, rompió esta comunicación y formó este mar.
Según tradición de los habitantes de Ceylan, esta isla fué separada de la costa de Coromandel por una irrupción del mar.
Las ciudades de Pirrha y Antusa también fueron sumergidas, y hoy la laguna Meotis cubre sus ruinas. Lo mismo aconteció con las ciudades de Helice y Bura, en el seno de Corinto.
Conste, igualmente, según la relación de antiguos escritores, que en un tiempo estuvieron unidas la Euboca (Negroponte) á la Boecia, la isla de Chipre á la Siria, la Leucosia al promontorio de las Sirenas.
También hay recuerdo del hundimiento de gran parte de la extensa isla de Ceos (hoy Cia ó Zea), una de las que forman el grupo de las Ciclades, en el mar Egeo.
Los habitantes de Malabar afirman que también fueron separadas las islas Malvinas y Sumatra, que en otra época hacían parte del Continente Asiático.
Parece probable que, en tiempos lejanos, la Inglaterra estuvo unida á Francia, y la Isla de Sicilia á Italia.
Algunos geólogos suponen que la configuración de las costas del Océano Glacial Artico ha variado considerablemente; que la altura de las más grandes montañas de la Tierra han disminuída, como las de la Asia Central, y que la Cordillera de los Andes surgió de las aguas y formó la costa del Pacífico.
Sin remontarnos á épocas tan lejanas, vemos que en los tiempos más avanzados, el Globo Terráqueo ha sufrido también mutaciones en su superficie.
En 1446 fueron sumergidos, por la irrupción del mar, más de doscientos pueblos de la Frisia y la Zelandia.
En 1663 un fuerte terremoto habido en el Canadá, desquició más de cuatrocientas leguas de terreno; en esa catástrofe chocaron unas montañas con otras; algunas, arrancadas totalmente de su sitio, fueron precipitadas en el gran río San Lorenzo; otras, se sepultaron en el seno de la Tierra, y una montaña de rocas de más de cien leguas de extensión, se hundió enteramente, dejando en su lugar una dilatada planicie. Después de este formidable terremoto han surgido ríos y lagos en puntos donde antes no había sino montes inaccesibles.
En fin, últimamente, en Enero de 1907, una inundación del mar hizo desaparecer la isla de Simalu, distante ciento veinte kilómetros de la costa de Sumatra y que tenía dos mil cien kilómetros cuadrados de superficie con unos ocho mil habitantes malayos.
El sabio naturalista Cuvier y los eminentes geólogos Maltebrun, Balbi, Reclus y Flammarióu, demuestran con argumentos científicos de valor, que la superficie del Globo Terráqueo ha experimentado frecuentes contrastes y variaciones producidas por el elemento acuoso, en combinación con el fuego central de nuestro Planeta, originándose, así, hundimientos y solevantamientos en su costra. Incuestionable es, suponer que la disposición exterior del Globo Terráqueo fué distinta, en tiempos remotos, de lo que ofrece hoy, pudiendo colegirse que entonces el Nuevo Mundo se hallaba unido á los Antiguos Continentes de Europa, Africa y Asia.
[105] Haremos una descripción sucinta de sólo dos principales ruinas ciclópeas de la América Septentrional, á fin de que se tenga una pequeña idea de lo que fueron esos antiquísimos monumentos prehistóricos. Cuanto á las ruinas que se hallan aún diseminadas en la América Meridional, nos ocuparemos de ellas en la segunda parte de esta obra.
Los arqueólogos que han visitado las ruinas de Mitla, cerca del pueblo de San Pablo. Mitla, en la provincia de Oaxaca, al extremo meridional de México, dicen que son de las más grandiosas que se conocen, y calculan que los cuatro palacios que existen allí fueron edificados en los siglos VII á XIII de la era actual, midiendo en conjunto una área superficial de 500 metros de Norte á Sur y 300 de Este á Oeste, superficie que equivale á 150,000 metros cuadrados: la ornamentación es uniforme y el material empleado, de piedra traquita, ó sea, roca volcánica, unida con cemento, ó mezcla de cal y arena, cuyo trabajo de albañilería es calificado como muy superior. Las columnas de esos palacios son monolíticas, cónicas, del diámetro de 80 á 90 centímetros en la base y 3 metros y 30 centímetros de altura: el adorno consiste en pinturas, mosáicas y esculturas, que causan la admiración de los viajeros. Al occidente de Mitla se encuentra, sobre la cima de un peñasco escarpado, una fortaleza que mide media legua de extensión, con varios ángulos salientes y entrantes y cortinas intermedias; en su frente, considerado accesible, hay doble muralla, de las que la una es curva elíptica y la otra, más elevada, en forma de tenaza: varios ingenieros que han visitado esta fortaleza, declaran no ser inferior á las europeas del siglo XII.
En el No 16 del tom. I del Magasin Universel, impreso en París y correspondiente al 6 de Febrero de 1834, encontramos los siguientes datos sobre el descubrimiento de las ruinas de Palenque: «En 1786 Carlos III, rey de España, mandó una expedición á México con el objeto de hacer investigaciones de las antigüedades mexicanas anteriores al descubrimiento de la América, principalmente de las de Palenque, investigaciones que entonces fueron infructuosas. Algunos años más tarde, una segunda expedición salió de España con el propósito de reconocer, con exactitud, los lugares explorados anteriormente; expedición que fué dirigida por el coronel Dupaix, secundado por Castañeda, encargado de la ejecución de los dibujos. Al llegar á la provincia de Tzendales, constataron la existencia de una ciudad desierta y en ruinas, de seis leguas de extensión, con edificios sólidos de una magnificencia sorprendente, con antiguos ídolos de granito y pérfido, pirámides, sepulcros subterráneos, hiladas de piedras labradas de seis pies de espesor, bajo-relieves colosales escultados sobre granito ó modelados en estuque, zodiacos, y, en fin, geroglíficos diferentes á los de Egipto, apesar de su similitud original; todo lo que atestigua la remota antigüedad de Palenque. Esta metrópoli, oculta durante siglos en medio de un extenso desierto, ha quedado desconocida hasta 1750, época en que el Gobierno español concibió la primera idea de la expedición científica que fué llevada á cabo en 1786, y luego seguida de otras dos. Estas tres expediciones costaron al Gobierno español la suma de 100,000 pesos fuertes, gasto que, empero, no ha resultado estéril para la ciencia. Ante la vista de tan maravillosas obras, salidas de las manos de los hombres, cabe preguntar: ¿de dónde vinieron esos hombres y quiénes fueron los que ejecutaron esas obras? La contestación es obvia, porque existen numerosísimas pruebas que manifiestan, evidentemente, que el Nuevo Mundo fué visitado por habitantes del Antiguo, algunos siglos antes de la expedición de Colón.» En 1750, cuando los Españoles descubrieron Palenque, quedaron asombrados al ver las ruinas de una ciudad, en otro tiempo tan extensa y magnífica, que tenía templos, altares, divinidades, esculturas y piedras monumentales que atestiguaban su alta antigüedad: los geroglíficos, los símbolos y los emblemas descubiertos en los templos, ofrecían tal semejanza con los de los Egipcios, que se supone que una colonia de esta nación fué la que fundó la ciudad de Palenque ó Culhuacan.
Empero, según varios historiadores, unos de los primeros habitadores del país de Anahuac ó México, fueron los Olmecos, que dejaron allí algunos monumentos ciclópeos, entre los cuales se citan los de Mitla y los de Palenque. Después, cuando estos Olmecos emigraron al Sud hasta el lago de Nicaragua, llegaron, en el año 544 de nuestra era, los Toltecos, que fundaron allí las pirámides, dieron al año solar una división más perfecta que la de los Romanos é imaginaron los signos geroglíficos. En 1051 emigraron los Toltecos á la parte meridional de América. En 1070 llegaron los Chichimecos, y en 1091 los Aztecas, que edificaron el Teocallí ó Casa de Dios y fundaron la ciudad de México, bajo el gobierno de nuevos reyes que fueron sucesivamente gobernando.
[106] En efecto, según tradición de los antiguos indígenas, el origen de las primitivas razas del Perú, aparece mezclada con la fábula.—"Al secarse las aguas del Diluvio, cuatro hermanos, llamados Aiarmanco, Ariarcachi, Ariarcucho y Ariarsanca, salieron de Pacaritambo (posada que amanece). Envidiosos de Ariarcucho, sus hermanos lo encerraron en una cueva; pero, los Andes se estremecieron, y el prisionero, hundida su cárcel, echó á volar con alas de brillantes colores; perdonó á los fratricidas y les ordenó proseguir en la fundación de una ciudad."
La tradición de los Kechuas también está fundada con la fábula, "Huirakocha, después de crear los Cielos y la Tierra, formó los primeros hombres, que en castigo de sus maldádes, fueron convertidos en piedras; como en todo el Universo apenas había algo de luz, Huirakocha hizo el sol y las estrellas, modeló unas estátuas en las que inspiró la vida, y comenzaron á caminar hacia el Perú, cuyo país se repartieron."
[107] El primitivo nombre de Tiahuanaco, al parecer de algunos historiadores antiguos (Betanzos y P.P. Cobo y Oliva), sería «Chucará», «Taipikalá» y «Huañaymarca», respectivamente. Pero el verdadero nombre de este lugar, tal como lo pronuncian los aborígenes, sería «Titihuahuanacu». El hecho cierto es, que la denominación primitiva, la verdadera denominación que tuvo la ciudad prehistórica, há quedado perdida por siempre.
[108] Lás ruinas de Quelap, que se suponen una fortaleza, deben haber sido un monumento grandioso, á juzgar por su extraordinaria extensión: situádas en el departamento de Amázonas, á 2699 metros sobre el nivel del már y á 6°25′ de latitud Sud y 8°8′ de longitud Oeste de París, esas ruinas constan de una extensa muralla de gránito de 1008 metros de largo, 156 de ancho y 142 de alto, sobre lá que hay otra muralla de 168 metros de largo, 140 de ancho y 42 de álto: ambas murallas son de piedra labrada y tienen varias puertas.
[109] Hoy sobreviven aún algunos fragmentos de esa raza, que permanecen en la mayor ignorancia y embrutecimiento, completamente indiferentes á los adelantos de la civilización actual.
[110] Oklla y no Okllo, como escribe la mayoría de los autores, porque Mama-Oklla, en quechua, significa «madre cariñosa, que abraza en su seno» ó «regazo de madre.»
[111] El Emperador de la China, con un ceremonial patético, no desdeñaba (hasta ayer no más, en que el Imperio transformóse en República) labrar la tierra con sus propias manos: cada año al celebrarse una fiesta señalada, daba á sus súbditos, este hermoso ejemplo. Al efecto, en el templo más grande de Pekín, ofrecía préviamente un sacrificio al dios de la Madre Tierra, en seguida, revestíase de un traje de labrador, y conduciendo una yunta de bueyes con las astas doradas y atádos á un arado de plata pintado de carmesí con filetes dorados, abría surcos en una pequeña extensión de terreno del recinto de ese mismo templo. Durante su trabajo, la Emperatriz, acompañada de sus damas de honor, en un departamento inmediato, preparaba una frugal colación, que le llevaba y tomaba en su compañía. Los antiguos Chinos instituyeron esta ceremonia para recordar á sus monarcas, que las rentas públicas sobre las que se funda su poder, provienen del trabajo y sudor del pueblo, y que no deben ser invertidas en el fausto y el despilfarro, sino aplicadas á las necesidades del Estado.
Llama mucho la atención la analogía de ese ceremonial con el celebrado por los Emperadores Peruanos; hecho que dá fundado márgen para suponer que la civilización incáica deribabá de la China, y que los Incas practicaban ese ceremonial con idéntico fin que los monarcas del Celeste Imperio, es decir, tanto para dar á sus súbditos el ejemplo de que deben dedicarse al trabajo de la agricultura, cuanto para simbolizar que el producto de ese trabajo debe emplearse en las necesidades de la comunidad únicamente.
[112] Planta enredadera y trepadora cultivada en algunos parajes de la China, cuyas hojas mascan habitualmente los naturales del país.
[113] Lo que prueba la existencia, en la antigüedad, de las continuadas islas á que hace referencia el conde Carli, es que los mismos conquistadores españoles, al arribar á las costas del Pacífico se cercionaron por las relaciones uniformes de las diversas tribus situadas desde Guayaquil hasta Arica, que sus antecesores habían venido desde lejanas tierras por las innumerables islas que existían en todo ese mar, y que desde esas costas remotas habían navegado á esas numerosas islas, cuyos vestigios, se presume, sean las que quedan hoy conocidas con el nombre de Galápagos, distantes como unas cien legues de Guayaquil, islas que, según asevera el almirante inglés David Dampier—se dilataban desde un grado de latitud septentrional hasta cinco de latitud meridional, contando, algunas de ellas, de ocho, diez y más leguas de longitud; unas altas y otras bajas, unas con ríos de agua dulce y otras sin ésta, unas estériles y otras fecundas; formando todas ellas un inmenso archipiélago.» A lo cual, agrega el mismo almirante en su relación publicada en la «Gazzetta Americana», que, «según han ido pasando los años, se han ido perdiendo y desapareciendo muchas de aquellas islas, quedando de ellas solo catorce.» Todas estas islas diseminadas ántes en el Océano Pacífico, inducen á creer que sirvieron de escala, en épocas remotas, á los originarios del Asia para arribar á las costas meridionales del Contínente Sud-americano.
[114] Armenia, en el Asia Occidental, es la vasta región montañosa de las elevadas mesetas que comprenden las cuencas superiores del Anaxes, del Eufrates, del Tigris y del Tchorcuk: confina, al Norte, con la Georgia y la Mingrelia, al Oeste con el Eufrates, al Sud y al Este con el Kourdistan y el Aderbijan. Se considera la Armenia como uno de los países más bellos de la Tierra, y, en tal concepto, los geólogos antiguos colocaron en ella el Paraíso Terrenal.
[115] Los ejemplares de esos artefactos de cerámica que han llegado hasta nosotros, son tan perfectos y tan bien conservados, que parecen recién elaborados, razón por la cual son muy apreciados por los anticuarios.
[116] Esta piedra, que es una obra de arte de la extinguida civilización de los Chimús, cuyo mérito artístico fué reconocido por el señor José Toribio Polo, que la encontró en Chavín de Huantar, en 1874, se halla actualmente en Lima, traída á esta capital por el Gobierno, quizá á indicación de este sabio arqueólogo, donde se halla en exhibición pública en el vestíbulo del Palacio de la Exposición. La piedra mide 1 metro 95 centímetros de largo por 76 centímetros en su parte más ancha, siendo su espesor de 17 centímetros y el relieve del dibujo de 5 milímetros, representa un hombre ó ídolo deforme, rodeado con muchas culebras: el todo es muy notable por la finura, regularidad y simetría del dibujo, cuyo artista la exculpió sin hacer uso de herramientas de hierro, pues que en aquel tiempo los indios no conocían el uso de este metal.
[117] La etimología de Tiahuanaco, según algunos autores, que refieren que un Inca que llegó á ese lugar, llamado entonces Chucagua (ciudad de piedra), recibió un correo á pié (chasque), el cual llegó mucho antes de lo que se le esperaba. Asombrado el Inca, le dijo: Tihuai,—guanaco (siéntate, guanaco) comparándole con el cuadrúpedo más veloz que conocían los peruanos.
[118] Es casi inverosímil, que la protocivilización de Tiahuanaco, que era en esa época lejana, el foco de la cultura peruana y americana, se hubiera dejado avasallar por los bárbaros Aymarás. Pero toda hipótesis cabe en el destino de las naciones, pues la Historia, en sus páginas innúmeras, ofrece algunos ejemplos de grandes imperios y reinos que, después de haber sido florecientes ó poderosos, se derrumbaron trágicamente. Los hechos que han acontecido posteriormente en el mismo Perú y en México, con la conquista española, parecen en sí mismos fabulosos, pues no se concibe como un puñado de aventureros lograran conquistar esos dos grandes imperios.
[119] La gran revista mexicana «Revista de Revistas,» con el rubro de Valioso descubrimiento en el Perú, trae el siguiente suelto:—«El anticuario inglés Mr. Hewit Myring hizo recientemente uno de los descubrimientos más valiosos, relativos á la historia del Perú. Colectó en un antiguo cementerio de indios, más de dos mil especímenes de obras de barro y armas de los antiguos peruanos. Mr. Myring encontró debajo de una huaca de Incas, en una de las exploraciones que hizo en los montes á una distancia de doscientas millas al interior de Lima (valle de Chicama), restos y reliquias de la raza de los Chimús, objetos que, según los arqueólogos, datan de seis á siete mil años antes de Jesucristo. Cada tumba contenía restos de alimentos en jarras vidriadas de arcilla. La parte más valiosa de este descubrimiento de antigüedades, se compone de grandes urnas, algunas de las cuales tienen hasta seis piés de alto y son tan pesadas que requieren tres hombres para llevarlas en peso. Se las encontró sepultadas al lado de las momias, y la mayor párte de ellas llevaban esculpido el rostro del muerto ó de la muerta, tallado con suma destreza, ya en la parte superior de la urna, ya en un macizo pedestal inferior.»
Todos estos objetos, en número de setecientos, han sido incorporados al Museo Británico de Londres; los notables arqueólogos ingleses Mr. Clemente Markham y Mr. C. Read, han declarado que esos hallazgos, en su calidad de obras de arte, son superiores á las antigüedades asirias y egipcias, y su estilo llega á la perfección del gusto griego arcáico. Estas interesantes reliquias de los Chimús acreditan, y así se dice, que les era desconocido el caballo, pues las personas van montadas sobre el ancho lomo de un animal cuya cabeza es parecida á la de un ciervo, asemejándose el cuerpo al de un tapir. También se nota que las armas que usaban eran, la azagaya ó pequeña lanza arrojadiza, la maza y el escudo. Asímismo se colija que eran aficionados á la música, como lo demuestran los muchos instrumentos musicales encontrados. La moda, igualmente, había llegado en este pueblo á la alta perfección, á juzgar por la gran variedad de tocados y peinados que llevaban las figuras de las vasijas. Eran aficionados á los animales, como las aves y cuadrúpedos, antílopes, mochuelos, zapos, grullas y cigüeñas, según se nota en la ornamentación de las figuras halladas. En la plástica alcanzaron la perfección, pues se notan cabezas con los ojos semicerrados y la boca torcida por grotesca sonrisa ó verdadero dolor; otras tienen ojos grandes, inteligentes, que miran debajo de cejas pobladas, la nariz bien proporcionada, y la boca de corte expresivo. Pero, lo más extraordinario de todas estas figuras, es la representación más antigua que se conoce, de la leyenda de Prometeo, representada por una figura humana, atada á una roca, y en cuyos intestinos hunde su pico un águila».
Todos estos objetos son de un valor inapreciable, y lástima grande es, que esa valiosa colección, en lugar de figurar en el Museo Británico de Londres, no figure en el Museo de Lima. Por eso, y á fin de evitar en lo sucesivo semejantes escandalosos despojos, el Gobierno del Presidente don Augusto B. Leguía, en 1911, expidió un decreto, prohibiendo, en adelante, la extracción de antigüedades peruanas.
[120] Los relatos de Montesinos han sido acogidos, hasta ahora, con cierta desconfianza; pero tienden á rehabilitarse con las indagaciones practicadas últimamente por los sabios. Al terminar sus Memorias antiguas historiáles y políticas del Perú, protesta que en su obra «no hay cosa fingida, sino datos sacados de quipus y de memorias antiquísimas que me he dado el trabajo de examinar instruyéndome de todo.»
[121] Ccapacc, en lengua Quechua, significa grande, poderoso.
[122] Los antiguos cronistas y modernos historiadores están en desacuerdo sobre la duración del período del Imperio de los Incas, aún del reinado de cada uno de ellos. Uno de estos cronistas, cree que el Imperio duró tan solo 200 años otros, de 300 á 400; otro, 350; otro, 362; otro, de 500 á 600; en fin, otro, 565 años. Nosotros, según la generalmente admitida cronología del reinado de cada uno de los Incas, creemos que la duración del Imperio Incáico fué de 511 años, desde 1021 hasta 1532, año en que dejaron de reinar los dos últimos monarcas, Huáscar y Atahualpa, muriendo el primero en ese mismo año, y el segundo al año siguiente. Cuanto á la duración del reinado de cada Inca, también los cronologistas caen en discrepancias, no faltando alguno (Sarmiento de Gamboa), que dá á algunos soberanos una vida de centenarios, como Manco-Ccapac, que, dice él, murió de 144 años, después de un reinado de 100.—También hay discordancia entre los historiadores antiguos tocante al orden en que gobernaron los Incas, y aún introducen cambios en los nombres de esos monarcas. Todos estos diferentes pareceres producen lamentable confusión en la historia de esos soberanos.
[123] La extensión territorial del Imperio, debido á las muchas conquistas realizadas por los Incas, llegó á ser mayor que la que tuvieron los Romanos en su mayor apogeo. Por el Ccollasuyo, ocupaba desde la parte meridional del Cuzco y la altiplanicie del Calloa, hasta las tierras denomidas hoy San Miguel de Tucumán y Santiago del Estero, y toda la región andina de Jujuy, Salta, Catamarca, Rioja, San Juan de Mendoza, hasta el río Maule. Por el Antisuyo el poder incáico llegó hasta Laracaja y Carabaya, la cuenca del río Toro y los valles longetudinales en más de cuarenta leguas. Por el Ccuntisuyo, comprendía las tierras entre el Apurimac y el Pachachaca, hasta Pampas, y lá cadena occidental hasta la costa marítima. Por el Chinchaysuyo, solo llegó el poder de los Incas hasta Huánuco y por la sierra hasta Pasto. Se calcula que la población de Tahuantinsuya, cuando la conquista española, llegaría á más de 10.000,00 de indígenas, población que fué disminuyendo casi en sus dos terceras partes durante la época colonial.
[124] Paullu-Tupacc, convertido á la religión cristiana y bautizado con el nombre de Cristóbal, murió en el pueblo de Ccollccampata, cerca de Cuzco, en 1549. Manco-Inca fué investido honoríficamente por Francisco Pizarro con la dignidad imperial, en 1534; pero viéndose engañado, se retiró al pueblo de Yucay, tramando allí una sublevación, en la que la existencia de los conquistadores estuvo en inminente peligro, cuya sublevación fué al fin, adversa á los Peruanos, teniendo Manco que huír á las montañas de Huillcapampa (en 1557), donde fué muerto traidoramente de un balazo, por un soldado español á quien él había colmado de beneficios.
Su hijo Sayri-Tupacc, se coronó en Huillcapampa: á instancias del Virrey don Andrés Hurtado de Mendóza, salió de las montañas, á Lima, á donde le hicieron una grande recepción, presentándole las mercedes que el Rey de España le concedía, á lo que Sayri-Tupacc hizo una demostración sugestiva ante todos los asistentes. Arrancó un hilo de la sobremesa y dijo: «Si toda esa sobremesa es mía, ¿qué merced es la que se me hace dándome este hilo?» Sin embargo, le obligaron á abdicar sus derechos al Imperio, en favor de la Corona de Castilla (1560), otorgándole, para su mantenimiento, la provincia de Urubamba y el valle de Yucay. Sayri-Tupacc se retiró á este último punto, habiendo recibido préviamente el bautismo, con el nombre de Diego. Murió á los tres años, apesadumbrado por la abdicación que había hecho, y dejó una hija, doña Beatriz Ñuzta, que casó con Martín Loyóla, sobrino de San Ignacio de Loyola.
Gabriel Tupacc-Amaru, hermano de Sayri-Tupácc, se coronó en Huillcapampa. El Virrey don Francisco Toledo le llamó con engaños al Cuzco, prometiéndole las mercedes que se habían concedido á su hermano; pero se negó á aceptarlas. Viendo el Virrey que Tupacc-Amaru se resistía á sus falsas promesas, mandó hacia él una partida de soldados, capitaneados por Martín Loyola, quien apresó al Inca y su familia. En el Cuzco fué encarcelado, cargado de grillos y cadenas, y se le formó proceso criminal, acusándole de delitos que no había cometido, porque el ánimo del Virrey era estirpar, del todo, la dinastía incáica: Gabriel Tupacc-Amaru fué condenado á ser descuartizado, cuya ejecución se llevó á cabo el 17 de Mayo de 1579, en la plaza del Cuzco, del modo más inhumano y bárbaro: á la vez fueron también ejecutados, ese mismo día, su esposa, Micaela Bastidas, sus hijos Dámaso é Hipólito, sus cuñados Antonio y Miguel Bastidas y diez otros jefes ó consejeros suyos. Mariano Tupacc-Amaru y Diego Tupacc-Amaru, hijo, el primero, y hermano, el segundo, de Gabriel, fueron fingidamente embarcados para España, pero en alta mar, asesinados, y sepultados en el abismo.
Así terminó, con los Tupacc-Amáru, la dinastía incáica en el Perú, después de conservar aun ésta, su dominio, en aquellas apartadas regiones, durante cuarenta y cinco años (desde la finjida coronación de Manco-Capacc, en 1534, hasta la ejecución de Gabriel Tupacc-Amaru, en 1579).
[125] El vasto Imperio Incáico se extendía, por la costa, desde el 2° grado de latitud Norte hasta el 37° de latitud Sud, es decir, desde el río Angusmayu, que separa la provincia de Quito de la de Pasto, hasta el río Maule, que forma el límite de Chile, ó sea una extensión de 1300 leguas de longitud; y por el interior, se dilataba al otro lado de la Cordillera de los Andes, hasta los confines de las tribus salvajes, teniendo en su parte más ancha, 120 leguas, desde el río Juanambica hasta el Pilcomayo, y contando, así con regiones dilatadas y muy ricas, que abrazaban todos los territorios de las actuales repúblicas del Ecuador, Perú, Bolivia y la parte Norte de Chile, hasta el Tucumán.
Estaba dividido el Imperio Incáico en cuatro partes ó regiones, y se denominaba Tahuantinsuya, designación que los Españoles suplantaron por la del Perú, quizá por el nombre de un pequeño río del Norte. Las cuatro regiones del Imperio eran: Antisuyu, al Este; Continsuyu, al Oeste; Collasuyu, al Sud; y Chinchasuyu, al Norte. Cada una de estas regiones tenía un camino estenso que partía desde la capital, Cuzco, y atravesaba los cuatro puntos cardinales. Estas regiones se dividían en provincias, y éstas, á su vez, se subdividían en porciones de á 10,000 habitantes, bajo el mando de un jefe ó gobernador.
[126] Las famosas ruinas de Tiahuanaco están situadas á 12,200 piés de elevación sobre el nivel del mar, ó sea, á 36 piés más elevados que la laguna de Titicaca, que es considerada la más alta del Globo, con la particularidad de que nunca se congela apesar de su extraordinaria altura. Tanto la ciudad emplazada á tan gran altura, y que ofrece al mismo tiempo las construcciones antiguas más imponentes de toda la América, cuanto la laguna de Titicaca, que igualmente se halla á tan gran altura, son hechos que llaman mucho la atención de los arqueólogos y geólogos. El nombre primitivo que tuvo esta ciudad misteriosa de Tiahuanaco, ha quedado perdido. Los Aymarás, después, le han puesto el nombre de Tiahuanaco, cuya etimología sería Titihuahuanacu, que significa «los hijos del jaguar ó Titi».
[127] Varios historiadores y algunos otros autores hablan de la traslacion de esas piedras desde las canteras hasta Tiahuanaco. Cieza de León, en el cap. CV. de su «Crónica del Perú», dice que «esas piedras debían haber sido traídas de grandes distancias y con muchas dificultades;» sin especificar esas circunstancias.—El Licenciado Polo de Ondegardo, en la pág. 171 de sus «Relaciones de Antigüedades Peruanas,» afirma que «esas piedras se encontraban á distancia de cien leguas.» Alcides D'Orbigny, en el tom. III, cap. 1, pág. 346 de su Voyage á l'Amérique du Sud, infiere que «los grandes bloques antecíticos dispersos entre las ruinas y la orilla del lago Titicaca, demuestran el camino por el que fueron traídas como material de construcción de Tiahuanaco.»—Jorge Squier, en su obra Incidents, travels and explorations in the land of the Incas, participa de la misma opinión de D'Orbigny.—Juan Diego Tschudi, en la pág. 65 de su obra Raisen in Sud America, asienta que «esas piedras han sido extraídas del volcán Kaijappia y que fueron trasportadas por tierra por la vía de Zepita y el Desaguadero.»—Posteriormente, el señor Arturo Posnausky, en su interesante trabajo «Petrografía de Tiahuanaco,» publicado en el tom. V de la «Revista de la Sociedad Geográfica de la Paz», cree haber comprobado que esas piedras proceden efectivamente del volcán apagado Kaijappia, situado en el istmo de Yunguyo, á 1648 metros de elevación sobre el nivel del lago Titicaca, volcan cuyas cumbres están hoy cubiertas de nieve perpétua y que hacen muchos siglos formaban dos cráteres que arrojaban desde las entrañas de la tierra cenizas, lavas y grandes bloques antecíticos.» El señor Posnausky dice que en las cumbres de dicho volcán, cuyo cráter principal tiene un diámetro de trescientos metros, se ven aún las señales del trabajo plutónico que ejecutaron los antiguos Tiahuanaquenses para extraer dichas piedras; que hoy este cráter está convertido en una laguna profunda que recibe las aguas de las nieves derretidas de las alturas; que en dicho cráter se encuentra una boca-mina abandonada cuya entrada fué trabajada sólidamente, en ese tiempo, por esos mismos Tiahuanaquenses; y que ese cerro contiene casi todo el material de que se han servido éstos para sus construcciones ciclópeas. Después de ocuparse el señor Posnausky de la procedencia de esas piedras, describe la manerá como se han trasportado desde el volcán Kaijappia hasta Tiahuanaco, opinando que indudablemente, en aquella época, se estendía un brazo de agua en todo el trayecto que media entre el lago Titicaca y Tiahuanaco; que aún se encuentran en este último lugar el muelle y desembarcadero, y á cincuenta pasos de éste, las piedras desembarcadas que los constructores referidos comenzaron á labrar. Se han trasportado dichas piedras, según asevera el señor Posnausky, mediante grandes balsas de totora construídas con ochroma picatoria (palo de balsa) que se encuentra en los Yungus, necesitándose, para la construcción de ellas, más de tres mil kilos de ese palo ó sean setenta troncos de diez metros de largo y veinte de espesor. El trayecto de Kaijappia á Tiahuanaco, dice, es de cuarentaicinco kilómetros, que se pudo haber recorrido en veinticuatro horas. Cuanto á las moles de que hablan D'Orbigny y Squier, le parece al señor Posnausky, que procedían de balsas que naufragaron, hundiéndose con su pesada carga, «Las piedras desparramadas entre la orilla del lago y las minas, no son, en ningún caso, piedras cansadas, cual las califica Garcilaso, porque su peso es comparativamente muy pequeño para que fueran abandonadas por no tener como trasportarlas.»
[128] La existencia de estos gigantes, en tiempos remotos, es también testificada por las tradiciones indígenas
[129] Estos gigantes eran de talla tan extraordinaria, que, según Cieza de León en la primera parte de su «Crónica del Perú», cap. III, «los indíanos de talle común les llegaban á las rodillas.»—El P. Acosta en su «Historia Natural», cap. XIX, dice: «aquellos gigantes eran tres tantos mayores que los indianos de ahora.»—Gomara en su «Historia general de América», cap. CXCIV dice también: «que las estátuas de piedra hechas por ellos, halladas por Francisco Pizarro en Puerto-Viejo, tenían la medida de algo más de ocho varas, que es la que corresponde á todos los esqueletos hallados en los sepulcros de la provincia de Guayaquil, y los esqueletos que se hallaron más tarde en las cercanías de Trujillo, correspondían al mismo tamaño, siendo cada diente tres dedos de grueso y cuatro de largo.»
[130] El presbítero Velasco, en su «Historiá del Reino de Quito», lib IV, párraf. VI, pág. 159, refiere el hecho, que él mismo presenció, del desentierro de un esqueleto gigante, en Ríobamba, aseverando que «al fabricar uná casa, en 1735, los albañiles encontraron un grandísimo sepulcro de muy remota antigüedad, tardando todos los trabajadores algunos días en ir sacando las osamentas, que se reputó de más de 4000 cuerpos de los gentiles indianos que debieron morir en alguna guerra de las que mantenía siempre la nación de los Pirhuayos con las de las costas del mar. Entre aquellos esqueletos se descubrió uno todo entero, cuyas canillas tenían dos varas cumplidas y cuyo cuerpo todo fué reputado en más de treintidos palmos ó más de ocho varas.»
Últimamente, haciendo unas excavaciones para descubrir una antigua ciudad azteca, en México, se han encontrado en el distrito de Tlaplum, el esqueleto de un gigante prehistórico, al que los sabios mexicanos le asignan doce piés de alto. Se cree que el esqueleto de este gigante corresponde al legendario Quetzacoallto, uno de los progenitores de la raza Azteca; pero esta creencia no pasa de ser una hipótesis ó mera suposición, algo aventurada, porque ningún dato histórico la comprueba.