TÍTULO II
El hombre Americano.

CAPÍTULO I
ORÍGENES Y CARACTERES ÉTNICOS.

1.—Origen de los Americanos. 2.—Evolución cultural. 3.—Inmigraciones primitivas. 4.—Caracteres físicos. 5.—Caracteres Psicológicos. 6.—Grado de cultura. 7.—Caracteres Lingüísticos: el lenguaje de gestos. 8.—Estructura de las lenguas Americanas. 9.—Su gran número. 10.—Objetos mnemónicos: "Wampum". 11.—Pictografías.

Origen de los Americanos.

1.—Tan obscuro y complejo como el problema de la antigüedad del hombre en América son los de su origen, evolución é inmigraciones primitivas. Averiguando el primero, quedarían resueltos los segundos; dilucidados éstos, aquél surgiría clarísimo. Aquí como allí confesamos nuestra ignorancia, indicando sólo puntos de partida y probables sendas que acaso algún día conduzcan á la solución deseada.

Comprobada la coexistencia del hombre Americano, con las extinguidas faunas cuaternarias y siendo innegable la unidad de la especie humana[121], de no suponer caprichosamente que la cuna del linaje humano estuvo en América[122], parece lógico afirmar que los primitivos Americanos no son indígenas en el sentido estricto de la palabra, sino procedentes del hemisferio asiático de donde vinieron al Americano, antes que las convulsiones cuaternarias interrumpieran la comunicación entre los dos Continentes.

Fig. 48. Indio Tehuelche (Tipo Patagónico).

Fig. 49. Indio Caribe (Tipo de las Guayanas).

Por otra parte los modernos etnólogos, si bien confirman las antiguas clasificaciones de Linneo[123], considerando á los Americanos como rama independiente, homogénea y especializada del humano linaje; reconocen también sus afinidades étnicas con el "Hombre Mongólico."

No hay, por tanto, inconveniente en aceptar como científicamente probable, la fórmula de Keane[124], y otros eminentes antropólogos, á saber: "La raza Americana emanó de la Mongólica, separándose en absoluto del referido tronco etnológico en la edad cuaternaria, sin que desde entonces hasta el siglo xº, haya testimonio históricamente cierto que demuestre la presencia en el Nuevo Mundo de pueblo alguno culto del antiguo"[125].

Fig. 50.—Tipo Esquimal (Estrecho de Behring).

Evolución cultural.

2.—Empiezan, pues, su vida los Americanos prehistóricos, completamente aislados de los pueblos del antiguo hemisferio. Sea, por consiguiente, cual fuere el grado de cultura á que en algunas regiones alcanzaron[126], estas culturas son autóctonas, independientes, netamente Americanas, y resultado exclusive de evoluciones locales, agenas á toda influencia extraña[127].

Los únicos argumentos que podrían oponerse á estas conclusiones serían los basados en hechos futuros que evidenciaran científicamente la comunicación entre el mundo antiguo y el nuevo en las edades históricas.

Fig. 51. Canoa Norte Americana.

Tales hechos, á todas luces improbables, podrían ser, por ejemplo, la presencia en alguna región Americana, de lenguas clara y etimológicamente reducibles á otras del Continente Europeo ó Asiático[128], de edificios antiguos indiscutiblemente levantados de acuerdo con prototipos Egipcios, Asirios[129], etc., de inscripciones ó pictografías en las que existan caracteres cuyo origen extranjero no pueda negarse[130], ó de esculturas de buques indudablemente construídos como los triremes griegos, las galeras fenicias, ó los veleros chinescos[131].

Fig. 52.—Indio Crec. (Bahía de Hudson).

Nada de esto se ha demostrado hasta el presente, y las innumerables hipótesis de los que hacen á los Americanos descendientes directos de los Fenicios, Griegos, Cartagineses, etc., son tan caprichosas y quiméricas, como las que los suponen herederos de los habitantes fabulosos de la ensoñada Atlantida, ó las de los poligenistas que zanjan toda dificultad declarándolos autóctonos[132]. Todas estas fantasías son agenas á la historia, y sería ocioso refutarlas.

Fig. 53.—Guerrero Zuñi (Pueblos).

Hasta hoy, no se conoce testimonio alguno en bronce, piedra ó material durable que enlace ambos Océanos, anillo alguno tangible que una las culturas históricas de ambos Continentes, eslabón ó arqueológica coincidencia que no pueda explicarse por las analogías culturales de los hombres de las edades líticas[133], ó por la unidad de los motivos en las actividades productoras del humano linaje[134].

Fig. 54.—Modelo de "Umiak" Esquimal con su vela textil (Estrecho de Behring).

Inmigraciones primitivas.

3.—Ignoramos también la ruta ó rutas que siguieron los hombres cuaternarios en sus inmigraciones al Nuevo Continente. Vinieron indudablemente por tierra, porque las navegaciones de altura eran impracticables en aquellos remotos tiempos. La proximidad del Asia y de América por el estrecho de Behring, así como la de Islandia y la Groenlandia, ha hecho suponer á muchos historiadores y etnólogos, que en los tiempos cuaternarios no existía solución marítima de continuidad entre los referidos continentes, siendo, por tanto, probable que fueran estos los caminos seguidos por los primitivos pobladores de América[135]. Encuentran otros escritores inaceptable esta hipótesis, y sostienen, en cambio, con graves razones, que si bien la población de Norte-América, pudo haber venido por el hoy estrecho de Behring, (no por la Groenlandia), la población de Sud América debió llegar por derroteros distintos[136].

La discusión de estas opiniones es estéril por carecer de base científica. Nadie conoce con certeza geográfica la conformación de tierras y mares en las edades cuaternarias; ni puede describir con exactitud los violentos cambios que las invasiones glaciales produjeron en la superficie terrestre.

Fig. 55.—Indio Ojibwa de los bosques.

Es inútil, pues, buscar en los actuales mapas, el sitio por donde los pobladores de América pasaron á sus regiones. Es evidente que existió el paso ó pasos terrestres entre ambos hemisferios. ¿Dónde?.... Ni lo sabemos, ni tal vez lleguemos á saberlo[137].

Caracteres físicos.

4.—Más interesante que averiguar los orígenes del Indio Americano es investigar su estado en la época del descubrimiento.

Disponemos para ello de gran número de materiales dispersos en las crónicas y relaciones de los primitivos historiadores y viajeros, que debemos depurar juiciosamente, comparando las observaciones á menudo parciales y erróneas de tan meritorios cronistas, con los modernos estudios etnológicos de tribus todavía existentes[138].

Para proceder con orden, consideraremos primero, en general, los caracteres físicos, psicológicos, sociológicos, etc., de los Americanos, tratando de fijar un criterio de clasificación de sus numerosas tribus, y estudiando luego, en particular, las más conocidas ó de mayor interés para el historiador de América.

Fig. 56.—Indio Shanapaptiano.

El indio, en general, era ágil, bien proporcionado y de estatura media[139]: de pelo áspero, negro, y tan abundante en la cabeza como escaso ó nulo en la cara y demás partes del cuerpo[140]. El color de su piel, era cobrizo, variando en matices desde el parduzco obscuro al ligeramente amarillento[141]: Su cráneo, salvo algunas excepciones, (Esquimales, Quechuas, Calchaquies) mesocefálico y bien conformado[142]; sus pómulos prominentes; su nariz larga y aguilina en algunas tribus, y corta y chata en otras: sus ojos muy negros y casi siempre pequeños, notándose en los niños y en algunas tribus del Noroeste (E. U.) la peculiar oblicuidad del tipo Mongólico[143].

Eran por lo común de constitución débil[144], muy parcos en su alimentación, fríos é indiferentes en sus relaciones sexuales, y poco resistentes á la fatiga de un trabajo rudo y constante[145]. Tenían pocas enfermedades, aunque violentas y funestas. Las deformidades físicas eran en ellos rarísimas. Su vida media más corta que la de los Europeos, su vejez más prematura é inerme[146].

Fig. 57.—Indio del Río San Juan (Región Pueblos).

Caracteres psíquicos.

5.—La exageración y la parcialidad en uno ú otro sentido ha sido hasta hace poco la nota peculiar de los juicios históricos sobre las condiciones intelectuales y morales del Indio Americano. Sólo en estos últimos años se han estudiado científicamente las razas indígenas apreciando imparcialmente sus cualidades y defectos. Ni el indio fué el ser degradado y apático, ó el sanguinario demonio de algunos viajeros y cronistas[147], ni tampoco el paciente y virtuoso varón que nos pintan Palafox, Las Casas, ó sus maliciosos copistas de posteriores siglos[148]. El Indio Americano, como nosotros mismos, representa simplemente una etapa del progreso humano. La nuestra es más avanzada en su cultura pero dista mucho de ser perfecta. La capacidad mental de la raza Americana, aun siendo superior á la Africana, es inferior á la de las razas Mongólicas y Europeas[149].

Fig. 58. Cinturón ceremonial.

La iniciativa innovadora está en ella mucho menos desarrollada que el poder de conservar lo adquirido[150].

El indio, (especialmente el Norte-Americano), en su vida tribal ordinaria es alegre, decidor y sociable; pero su vanidad y convenciones sociales, le hacen en público reservado y solemne. Sus entrevistas con los blancos fueron las más de las veces actos de esta clase, y de aquí el error aún persistente de concebirle siempre como un ser taciturno[151].

Fig. 59.—Pesca con flecha (Schoolcraft).

El indio, en general apático, imprevisor, indolente y enemigo del trabajo asiduo, se hace astuto y activísimo en sus crueles guerras, y sutil é infatigable en sus expediciones de caza[152]. Su estoicismo ante el dolor y la muerte tan celebrado por los historiadores, depende como su aparente gravedad de su educación y preocupaciones tribales. En la privacía de su hogar, el indio se conduce como un niño ante sus más insignificantes padecimientos físicos; pero delante de extraños, es capaz de sufrir increíbles torturas y suplicios, sin exhalar una queja ni traicionar su dolor con el más mínimo gesto[153].

Es histérico y fácilmente sugestionable, curioso y extremadamente crédulo, salvo para las ideas religiosas distintas de las suyas. Su inteligencia, como la de los niños, ávida para interrogar, es perezosa para pensar é inquirir, y se contenta con la primer respuesta que obtiene, aunque sea fantástica ó absurda.

Fig. 60.—Nadowagua (Iroqueses). Prototipo indígena del amor filial.

De aquí la influencia que sobre él ejercen los embustes y hechicerías de sus "shamanes" y la facilidad con que su fortaleza sucumbe ante la enfermedad ó la desgracia[154].

La más alta ambición del indio era, en general, el respeto de los demás, la buena opinión pública, el rango y distinción entre los suyos; sus principales temores, el deshonor tribal, el ostracismo ó el ridículo. Por ello guardaba fidelidad á su tribu, miraba con recelosa enemiga á las extrañas, y aborrecía ó despreciaba al extranjero á cuya civilización fué casi siempre refractario[155].

Fig. 61.—Instrumento cortante (N. A.)

Grados de cultura.

6.—Conocidos los principales rasgos etnológicos del "Hombre Americano", y teniendo en cuenta la influencia del medio y de la situación geográfica, podremos formarnos idea del grado ó grados de cultura, alcanzados por su discutida raza. No fueron los mismos en las diversas partes del Continente. La escasez de la población en algunas regiones, y las condiciones del terreno obstaculizaban todo adelanto, la agrupación en otras de numerosas gentes, y sus favorables rasgos fisiográficos determinaban la formación de zonas culturales de organización más ó menos compleja. Dejando de lado las antiguas distinciones entre pueblos salvajes, civilizados, nómadas, pastores, etc.[156], inaplicables á las tribus indígenas de América, adoptaremos para fijar los términos, la notable clasificación de Morgan[157], de los grados culturales de las sociedades humanas[158].

Distingue dicho autor en los pueblos antes de llegar á la civilización, dos etapas de cultura sucesivas: el salvajismo y el barbarismo, que subdivide en tres estados subordinados ó períodos étnicos, el inferior, el medio y el superior.

Fig. 62.—Indio Guayaqui (Ríos Mondary y Acay).

Termina el estado inferior de salvajismo con la invención del fuego, y el medio con la del arco y la flecha[159]. La transición del estado superior de salvajismo al inferior de barbarismo, se caracteriza en el Continente Antiguo por la domesticación de los animales[160], y en el Nuevo por la construcción de vasijas de barro.[161]

Fig. 63.—Petroglifo simbólico.

Empieza el período medio de barbarismo en América con la labranza é irrigación regular de los campos, el empleo del adobe y la piedra en los edificios, el hábil pulimento de los útiles líticos, el uso de los metales (oro, plata, cobre, bronce)[162], y el de las escrituras simbólicas y jeroglíficas.

Al período superior de barbarismo, caracterizado por el uso del hierro, no llegaron los Americanos, sino después del descubrimiento; ni mucho menos al principio de la civilización, propiamente dicha, que empieza con las escrituras fonéticas[163].

Las tribus Americanas no pasaron, pues, del período medio de barbarismo. Sus más avanzadas culturas (Incásica, Azteca, Calchaqui, etc.), eran inferiores en grado á las Egipcias de los Faraones, ó á las cantadas en los poemas Homéricos[164].

No fueron tampoco tales culturas patrimonio exclusivo de determinadas tribus ó pueblos. En una misma familia lingüística había á veces tribus en estado medio de salvajismo, al lado de otras relativamente cultas, y viceversa, en todo centro cultural Americano, solían agruparse tribus de distinta lengua ó dialecto[165].

Fig 64.—Indios Timbues (Según Schmidel).

Conviene también hacer notar que estas diferencias de grado entre las culturas indígenas no son tan grandes como generalmente se ha supuesto. Si prescindimos de algunas invenciones, las culturas Incásicas ó Aztecas no distaban tanto de las Calchaquis, Zuñis ó Algonquinas, como pensaron los antiguos cronistas. Basadas en elementos esenciales comunes, tenían todas semejanzas palmarias y había entre ellas una especie de aire de familia que los investigadores modernos se han encargado de evidenciar, destruyendo errores antiguos[166].

Fig. 65.—Flecha Sioux (U. S. Nat. Mus).

Caracteres lingüísticos.—El lenguaje de gestos.

7.—Hechas estas ligeras observaciones sobre los diversos grados de cultura del hombre Americano, pasemos á estudiar sus caracteres lingüísticos.

Fig. 66.—Indios Hupa (California E. U.)

Los medios usados por el Indio para transmitir sus ideas, pueden clasificarse en dos grupos: I. Medios de comunicarse entre presentes (gestos, señales, palabras), y II. Medios de comunicarse entre ausentes (objetos mnemónicos, pictografías, escritura)[167]. El Indio, en especial el Norte Americano, usó de los gestos y señales con gran amplitud é ingeniosa perfección. Los tesoros de este lenguaje peculiar, hoy en desuso, han sido recogidos por algunos etnólogos y cuidadosamente agrupados en preciosos y ricos vocabularios[168]. El Indio podía expresar con gestos, no sólo nombres propios y comunes, sino también verbos, pronombres, etc.; podía construir largos discursos, combinando los movimientos de la cabeza, el cuerpo y los brazos, y hasta introducir abreviaturas como en las escrituras pictográficas. Amplificando suficientemente estos gestos para que fueran divisados á distancia, hacía señales ópticas que sustituían á veces á los célebres fuegos anunciadores de la cercanía del enemigo, del triunfo ó derrota de sus guerreros, del éxito en las expediciones de caza, etc., etc.[169]. La gran diversidad de las lenguas Americanas contribuyó sin duda al mayor desarrollo de este lenguaje de gestos, medio de comunicación más general y á veces único entre distintas tribus ó gentes[170].

Fig. 67.—Lenguaje de gestos (1st Rep. B. A. E.) (¿Quién eres?... Pani!...)

Con la única excepción del Indio Americano, los gestos son únicamente auxiliares del lenguaje hablado, patrimonio exclusivo del hombre y señal de su origen altísimo. Compuesto este lenguaje de un número relativamente pequeño de sonidos articulados, presenta, sin embargo, tan inmensa variedad de combinaciones, que á primera vista la inteligencia se pierde en el intrincadísimo laberinto de lenguas, dialectos, idiomas, formas vernaculares, etc., que en el mundo se hablaron ó se hablan.

Estructura de las lenguas Americanas.

Fig. 68.—Lenguaje de gestos (Signo Tribal de los Dakotas).

8.—Afortunadamente, los filólogos han podido referir los dialectos á las lenguas, agrupar las lenguas en familias, y éstas en los tres grupos universalmente aceptados, de las lenguas monosilábicas, aglutinantes y de inflexión[171]. Entre las aglutinantes se destaca una clase especial formada exclusivamente por las lenguas Americanas, que se conoce con los nombres de Holofrástica ó polisintética. Este tipo glotológico, peculiar al Indio Americano y desconocido en otras partes del mundo, es una forma muy especializada de aglutinación, en la cual todas las partes de la oración tienden á amalgamarse con el verbo. Su característica general es, pues, la expresión del mayor número de ideas, de frases enteras, en una sola palabra polisilábica. En tanto que el griego y el latín se valen de sus inflexiones; el copto, el hebreo y las lenguas semíticas de sus afijos y sufijos, y el chino de la unión de partículas significativas, las lenguas Americanas, intercalando sílabas y aun uniendo simples letras procedentes de las expresiones que han de sumarse al tema ó raiz, forman una oración en un solo vocablo. Así, por ejemplo, en el dialecto Algonquino, la palabra "nadholiniu" que significa "tráenos la canoa" está formada por los vocablos "natem" trae, "amochol" canoa y "niu" á nosotros, elididos y reducidos á uno solo con la letra "i" como elemento eufónico[172].

Fig. 69.—Interior de una "Kiva" ó Estufa (Indios Pueblos).

Su gran número.

9.—Asombra á historiadores y filólogos el gran número de lenguas extinguidas ó en uso que se hablaban en el Nuevo Continente, así como sus hondas diferencias fonéticas dentro de la uniformidad de su estructura holofrástica. El "Bureau of Etnology" de Washington ha clasificado al Norte de Méjico 59 familias lingüísticas (stocks), comprendiendo cada una 30 á 50 lenguas distintas y buen número de dialectos, mutuamente ininteligibles aun para las tribus á veces muy cercanas á que respectivamente pertenecían[173]. El número y variedades fonéticas de las lenguas de la América Central y del Sur, es acaso mayor que en América del Norte y su clasificación dificilísima, á pesar de los valiosos trabajos aislados que sobre ellas existen[174]. Keane en su Mapa Etnológico de Sud América, enumera cerca de 50 familias lingüísticas. El Conde de la Viñaza cataloga cerca de mil lenguas de vocabulario y gramática conocidos. Markham, sólo para las tribus del Amazonas, nos habla de 905 dialectos[175]. Algunas tribus tenían dos lenguas, una hierática, é inteligible sólo para los iniciados, y otra vulgar y de uso corriente[176]. En algunas regiones el continuo contacto comercial del Europeo y el Indio, dió lugar además á jergas especiales (jargon)[177] compuestas con palabras Europeas é Indígenas. En medio de esta curiosa Babel lingüística, no es extraño que los misioneros sufrieran desencantos amargos al ver que después de estudiar durante años una lengua ó dialecto Americano, no podían catequizar con ella sino á una sola tribu ó á reducido número de Indios[178].

Fig. 70.—Guerrero Seri (Isla Tiburón) 17. An. Rep. B. A. E.

Objetos mnemónicos: Wampum.

Fig. 71.—Wampum.

10.—El primitivo y simplicísimo método de comunicación entre ausentes, que consistía en el uso de "objetos simbólicos" ó "marcas mnemónicas", alcanza acaso su mayor perfección en los "quipus" ó cuerdas con nudos de los Incas, que en su lugar estudiaremos, y en el "wampum" de los Indios de Norte América. El "wampum" empleado por las tribus indígenas del N. E. de los Estados Unidos, y en especial por los Iroqueses, era unas veces á manera de rosarios de conchas de diversos colores, y otras bordados especiales hechos en cinturones anchos con las referidas conchas. Recordaban estos objetos tratados, hechos históricos, alianzas tribales, etc., cuya memoria perpetuaba el Indio asociándola en cada caso con una forma particular de dibujo, colorido y bordado de las conchas. Claro es que el "wampum" sólo tenía significado para los que conocían el acontecimiento particular que simbolizaba. Estos hechos debían recordarse á la tribu, para lo cual se exhibían de cuando en cuando los cinturones simbólicos[179]. Además de estos usos mnemónicos, el "wampum" en conchas sueltas se usó como moneda ó intermediario de cambios por la mayor parte de las tribus de la costa Atlántica de América del Norte, antes de la llegada de los Europeos[180].

Pictografías.

Fig. 72.—Petroglifo en California.

11.—Los métodos mencionados son los precursores de la escritura simbólica propiamente dicha, que empieza á manifestarse rudimentariamente en aquellas pictografías ó dibujos de imperfectas líneas y variados colores, que expresan sucesión de ideas y no simples representaciones de objetos[181]. El número de estas pictografías (que acaso emanaron del lenguaje de gestos) es enorme entre las tribus Americanas. Desde Alaska hasta Patagonia, apenas hay región del Nuevo Continente donde no se hayan encontrado algunos ejemplares. Expresan mensajes, historias de caza, costumbres, cantos, ritos religiosos ó mágicos, y á veces son verdaderos cómputos de años, recordados por la representación gráfica del hecho más notable acaecido en sus inviernos (Winter-tales)[182]. La factura artística de estas pictografías es ruda, infantil, y muchas veces grotesca. Algunas son de simbolismo ingeniosísimo; llegando hasta representar sólo una parte del objeto para significar el todo (la cabeza ó las huellas de un animal por el animal mismo); ó expresando con dibujos convencionales ideas generales y complejas[183]. Los materiales de estas pictografías eran variadísimos. Se dibujaban en las rocas y piedras, en pedazos de madera ó de corteza de árbol, en las pieles y cubiertas de las chozas, en las armas, conchas y vasijas, mantas y demás objetos de uso, y hasta en el cuerpo humano mismo, donde tatuaba el indio con perfección extraña sus distintivos tribales ó totémicos[184].

Fig. 73.—Petroglifo del Cajón de los Cipreses (República de Chile).

Las pictografías más notables son, sin duda, las de los Algonquinos, cuyo sistema simbólico, extensamente empleado para preservar su historia y los ritos de sus sociedades secretas[185], se acerca mucho á las escrituras jeroglíficas de los Aztecas y los Mayas.

Si se exceptúan estas escrituras y los silabarios "_Micmac_"[186] ó "Cherokees"[187], relativamente modernos é influenciados evidentemente por los alfabetos Europeos, los objetos mnemónicos y las pictografías descritas fueron los únicos medios de que dispuso el Indio Americano para comunicar sus ideas á través del tiempo y el espacio.