1.—El Matrimonio. 2.—Matriarcado. 3.—Poligamia y Monogamia. 4.—Condición de la mujer. 5.—Educación de los hijos. 6.—Las costumbres mortuorias. 7.—Organización política. El "clan" y la "gens". 8.—Totemismo. 9.—La "fratria" y la tribu. 10.—Consejo tribal. 11.—Jefes tribales. 12.—La Confederación. 13.—Organización Económica. La propiedad. 14.—Los Gobiernos despóticos. 15.—Relaciones inter-tribales. El Comercio. 16.—La guerra. 17.—Armas ofensivas y defensivas.
1.—El estado de naturaleza en que todas las mujeres pertenecen á todos los hombres, y éstos á todas las mujeres, sólo ha existido en la imaginación de poetas y filósofos. La teoría de la promiscuidad primitiva ha sido rechazada por la ciencia. Aun entre las tribus más salvajes de América, la unión entre el hombre y la mujer tenía ciertos derechos reconocidos y estaba sujeta á ciertas reglas. Entre éstas, la más característica y acaso la más extendida é invariable, era la llamada "ley de exogamia", ó matrimonio fuera del clan ó linaje en contraposición á la endogamia ó matrimonio dentro del referido grupo. En América, los miembros de un mismo "clan" ó "gens" no podían contraer matrimonio, y la violación de esta regla se castigaba severísimamente.
El matrimonio se realizaba usualmente por compra en especie, dádivas ó prestación de servicios[188] á la familia de la mujer, y la elección de ésta solía corresponder antes que al individuo á su familia ó grupo.
2.—Ahora bien, desde que los progenitores del indio no podían pertenecer al mismo clan, para determinar su filiación debía forzosamente prescindirse de uno de ellos. Salvo contadas excepciones, se prescindía del padre y se asignaban los hijos al linaje materno.
Esta costumbre de los pueblos salvajes, que los etnólogos designan con el nombre de matriarcado, impedía generalmente el incesto y las alianzas entre cercanos parientes.
Fig. 74. En el hogar indígena (Pueblos).
3.—La forma del matrimonio Americano estaba principalmente determinada por consideraciones económicas. En las regiones en que la vida era ruda y difícil, se contentaba el Indio con una sola mujer; en los climas calientes y tierras fértiles, la facilidad misma de la vida le inclinaba á la poligamia.
Importaba casi siempre esta última un cambio de sistema de filiación. El protector nato de los hijos, no era como en el matriarcado su tío paterno, sino su propio padre (patriarcado) que disponía de ellos á su antojo y podía hasta regalarlos ó venderlos.
En América del Norte prevalecía la monogamia, en la del Sur la poligamia, pero en ambas regiones la duración del matrimonio era precaria, dependiendo las más de las veces de la voluntad ó el capricho de los contrayentes[189].
4.—Las costumbres matrimoniales y la condición de la mujer variaban mucho. Mientras en las tribus en que predominaba la monogamia y el matriarcado, la mujer era dueña en el hogar y tenía tanto ó mas valor que el hombre, al que podía hasta expulsar de su tienda, en las poligamas, la mujer era considerada como una esclava, como cosa del patrimonio del marido, simple objeto de brutales placeres, ó bestia de labor y de carga. De aquí la escasa fecundidad del hogar salvaje, el abandono de los hijos y los infanticidios[190].
Fig. 75.—Una familia indígena.
5.—Decidida sin embargo por los padres indios, la vida y crecimiento del niño, protegían su infancia cuidadosamente. Los ritos, costumbres y ceremonias natales para defender la criatura de los malos espíritus y propiciar en su favor los tutelares de su grupo ó tribu, eran muchos y curiosísimos[191]. La lactancia duraba tres, cuatro, y á veces diez y doce años.
Al llegar á la pubertad, y después de someterse á pruebas especiales de iniciación, en ceremonias solemnes y públicas, el niño recibía su nombre cuya imposición y cambio, eran para el Indio materias de capital importancia.
Fig. 76.—Acarreando agua.
Solo podía adquirirlo en los mencionados ritos iniciatorios, á los que generalmente concurría toda la tribu, ó por especial habilidad en la caza y la guerra. Como se suponía mágicamente enlazado con las divinidades tutelares, no se usaba nunca en las relaciones con los extranjeros. El nombre, en suma, era una verdadera propiedad que podía perderse por deshonra, enfermedad ó desgracia, cambiarse por motivos especiales y hasta enajenarse ó darse en prenda. El indio, una vez declarado adulto, era dueño absoluto de sus acciones é independiente de sus progenitores. Si seguía viviendo con ellos, más bien que padres é hijos parecían extraños reunidos casualmente. Olvidaba pronto los beneficios recibidos, miraba á sus padres con perfecta indiferencia, ó, considerándose superior á ellos, les trataba con crueldad y desprecio[192].
6.—La suerte de los ancianos no era por tanto envidiable. Salvo los shamanes, adivinos, etc., los demás indios viejos, débiles ó inútiles para la caza ó la guerra, eran considerados por su tribu como pesada carga y desaparecían natural ó violentamente.
Las costumbres mortuorias estaban basadas en la creencia constante en la inmortalidad de las almas. Concebía el indígena la vida de ultratumba como un estado feliz, en que los guerreros después de muertos gozaban en regiones fertilísimas de todos los bienes que ansiaron en la tierra.
Fig. 77.—Sepultura de piedra (Illinois).
Esta concepción material de la vida futura, originó acaso la costumbre de enterrar los cadáveres con sus armas, vestidos, utensilios, etc., generalmente quebrados, para indicar que también acompañaba al muerto el alma de las cosas en su viaje por las regiones desconocidas, á las que no debía partir sin medios de defensa.
Fig. 78.—Momia descubierta en una cueva de Alaska.
En algunas tribus se enterraban con los jefes militares sus caballos y hasta sus esclavos y mujeres, para que el muerto pudiera presentarse en la vida futura con la misma dignidad y rango que gozó en la tierra. En otras se creía al individuo animado de varios espíritus que desempeñaban oficios distintos después de su muerte. Uno, por ejemplo, quedaba con el cuerpo, otro vagaba como fantasma por la aldea; y otro acompañaba al guerrero á los "dichosos prados de abundante caza y pesca"...
Las formas de sepultura eran variadísimas. Se colocaban los cadáveres en cisternas, sepulcros, urnas funerarias, bajo montículos, en grutas y cavernas, etc. En algunas tribus los embalsamaban y momificaban; en otras se cremaban guardando ó aventando las cenizas, ó se exponían colocándolos en los árboles ó en elevadas plataformas, á la voracidad de las aves carniceras.
Fig. 79.—Sepultura Dakota (Yarrow).
Fig. 80.—Sepultura arbórea (Yarrow).
Las manifestaciones de duelo consistían en gritos, lamentos, orgías especiales de dolor, vestiduras desgarradas, mutilaciones y crueles heridas, con el fin general de aplacar la cólera del alma vagabunda del muerto[193].
7.—La profunda diversidad de las estructuras sociales de los Aborígenes Americanos y la carencia de datos sobre muchas de ellas, hacen imposibles las generalizaciones al respecto.
Podemos, sin embargo, afirmar, por vía de síntesis, que la base fundamental de las organizaciones políticas conocidas de los Indios del Norte y Sur de América era el parentesco, y que el factor más importante de sus rudimentarias sociedades era el "clan" ó linaje (gens); es decir, el grupo ó grupos de parientes más ó menos cercanos, maternos ó paternos, reales ó ficticios, que convivían en determinada vivienda, con obligación de ayudarse mutuamente[194].
El indio se debía al clan antes que á su propia familia. Si el interés de sus deudos estaba en oposición con el de su clan, debía prevalecer este último. En los delitos de sangre correspondía al clan de la víctima exigir compensación al clan del victimario.
Fig. 81.—Elevando el cadáver (Yarrow).
Las funciones civiles del clan eran importantes. Elegía sus jefes y podía destituirlos. Eran éstos jefes civiles (sachems) ó militares (caciques, etc.), dependiendo la elección de estos últimos de sus condiciones é influencia.
En tiempo de guerra, los jefes militares tenían autoridad omnímoda en la tribu; pero concluída ésta perdían dicha autoridad, quedando sometidos al "Sachem" como cualquier otro de los miembros de su grupo.
Los jefes civiles dirimían las disputas entre los individuos de su clan ó linaje, y cuando no podían resolverlas las elevaban al Consejo del mismo, que resolvía también las cuestiones de interés general para el grupo en deliberaciones libres y decisiones incuestionables.
Fig. 82.—Manifestaciones de dolor (Mujeres Sioux).
Creía en general el indio que el clan estaba dotado de cierto poder mágico que aumentaba ó disminuía con el número. Para evitar, pues, la disminución de la vitalidad del clan ocasionada por la pérdida de vidas en las incesantes guerras indígenas, era costumbre establecida adoptar individuos de otros clanes, y á veces clanes y tribus enteras, que venían ipso-facto á formar parte integrante del clan que les adoptaba. En los casos de adopción por compensación de delitos de sangre, el victimario, previa aceptación de la madre de la víctima, asumía en el clan adoptante las obligaciones y prerrogativas del hijo muerto[195].
8.—Las ideas de parentesco entre los miembros de un mismo clan ó linaje, enlazadas en la mente del indio con las de poder mágico á dicho clan inherente, se sintetizaban casi siempre en el "totem", institución social y religiosa de origen ignoto y carácter extraño, común á casi todas las sociedades primitivas y muy especialmente á los aborígenes de América.
Fig. 83.—En el Consejo.
El "totem", para el indio Americano, era una clase cualquiera de objetos, generalmente animales ó plantas, considerados las más de las veces como divinidades tutelares por los miembros de un mismo clan ó linaje, que se creían relacionados con dicha especie de animales ó plantas por descendencia mítica ó misterioso parentesco. Los clanes se distinguían de ordinario con el nombre genérico de su totem. Los animales y plantas de la especie totémica eran para el indio sagrados é intangibles (taboo); prodigaba sus imágenes en pictografías y esculturas, y las reproducía sobre toda clase de objetos con fines supersticiosos y simbólicos (amuleto, defensa), ó representativos y heráldicos (nombre del clan, etc.)[196].
Fig. 84—Entre los "Cliff Dwellers".
9.—Los distintos clanes y gentes se agrupaban de ordinario en dos ó más grupos intermedios, también exogámicos, llamados por los Etnólogos "fratrias". La base de estos grupos era mitológica, y sus funciones más bien ceremoniales que políticas[197]. El conjunto de clanes, gentes y fratrias de un territorio determinado y de la misma lengua ó dialecto, formaban en general la agrupación indígena conocida con el nombre de "tribu". Difería este conglomerado social de sus componentes (clan, gens, fratria), no sólo por el número de sus individuos, sino por el carácter mismo del vínculo que los mantenía unidos entre sí y separados de las demás tribus ó pueblos.
La nota característica y distintiva de la tribu, no era únicamente el parentesco entre sus miembros, sino la comunidad de nombre, de gobierno, de territorio, y principalmente de lengua ó dialecto[198].
Fig. 85.—Expulsados de su clan.
10.—El rasgo más interesante de la organización de las tribus era su Consejo, formado por los principales jefes y los delegados de los clanes ó gentes. Tenía este Consejo autoridad suprema en los asuntos tribales, hacía la paz, las alianzas ó la guerra, y decidía sin apelación las diferencias entre los diversos linajes.
Fig. 86.—El "Calumet" ó Pipa ceremonial.
El espíritu de tan peculiar asamblea, era esencialmente democrático; podía opinar en sus reuniones cualquier varón adulto, y hasta las mujeres mismas por medio de los oradores que eligieran al efecto[199].
11.—En general, las tribus no tenían jefe supremo, aunque en ciertos casos se reconocía mayor rango y autoridad en un sachem ó cacique cualquiera, dándole facultades extraordinarias para representar la tribu en los casos en que el Consejo no había podido convocarse. Su gestión, sin embargo, estaba sujeta á la ratificación posterior de dicho Consejo, dependiendo además su autoridad de sus condiciones personales y de su influencia en los diversos clanes ó gentes.
Fig 87.—Tambor ceremonial.
Designar estos jefes temporales con el nombre de reyes, soberanos, emperadores, etc., como lo hicieron los antiguos conquistadores y cronistas, es en absoluto erróneo. Si alguno de los referidos jefes por la fuerza de las circunstancias adquiría en un momento dado excepcional relieve, no dejaba por ello de ser, dentro de su tribu, un simple jefe electivo y temporal que nada tenía de monarca[200].
12.—Cuando por segmentación de una tribu se formaban otras nuevas, la relación entre las tribus así formadas y las primitivas se reconocía comúnmente por sus individuos, aunque fuera tradicional y remota.
Fig. 88.—Distintivos de Jefes.
Esta idea de relación ó parentesco originario, y el constante temor de agresiones armadas de las tribus extrañas, hizo naturales y frecuentes las uniones entre tribus afines para mutua protección y defensa.
Tal fué indudablemente el origen de las Confederaciones Tribales, institución también característica de los aborígenes de América.
Fig. 89.—Postes Totémicos (Museo Británico).
Las Confederaciones más conocidas y curiosas son la Azteca y la Iroquesa. Las de los Mokis, y los Dakotas, tuvieron también duración considerable. Otras no pasaron de alianzas ocasionales y efímeras[201].
13.—En la sociedad indígena, el nombre, el rango, los derechos ceremoniales y los objetos de uso personalísimo (armas, vestido, etc.), era lo único que pertenecía al individuo; la tierra, el bosque, la casa, etc., eran propiedad común del clan ó la tribu, que tenían derecho de excluir de ellos á todas las demás tribus ó bandas.
"La tierra, como el agua y el fuego, no puede venderse", decía un indio Omaha.
Los mismos que la labraban tenían solo sobre ella un relativo usufructo.
Si los indios se reunían para determinadas expediciones de caza ó pesca; si los del Misouri, por ejemplo, se combinaban en bandas para cazar el búfalo, ó los Esquimales juntaban sus "kayaks" en flotilla para pescar ballenas, el búfalo ó la ballena así adquiridos eran propiedad común. Todos tomaban de todo el botín lo necesario para su subsistencia.
En el clan residía ordinariamente el derecho hereditario. Cuando el indio moría, los objetos de uso personalísimo acompañaban al cadáver, y el resto de sus útiles pasaba en propiedad común al clan, y sólo en uso á los parientes más próximos.
En general, la repartición de los bienes comunes era equitativa, dependiendo, naturalmente, del modo de su producción, base económica de los sistemas distributivos tribales.
Fig. 90.—Armadura Tlinkit (Alaska).
El concepto moderno del derecho de propiedad, fué completamente extraño á los grupos sociales de América. Ni entre los Aztecas y los Incas, cuya curiosa organización económica estudiaremos más adelante, existieron desigualdades sociales, basadas en la mayor ó menor riqueza. Las palabras rico y pobre no tenían equivalente en sus lenguas[202].
14.—Claro es que las organizaciones sociales descritas son, por decirlo así, el tipo ideal de la mayoría de los gobiernos indígenas de América, y que sería, por tanto, un grave error el suponer que los elementos todos del sistema se respetaban en todo el Continente.
El indio Americano, aun refrenado por las obligaciones para con su clan ó su tribu, amaba sobre todo su libertad salvaje y odiaba todo privilegio.
Fig. 91.—Trofeo de victoria.
Si obedecía á sus sachems y jefes militares, era por considerarlos como representantes de su grupo; pero conservaba siempre las ideas de igualdad é independencia, características de la vida indígena. Fuera, sin embargo, debido á las influencias enervantes de un clima cálido, á la mayor aglomeración de gentes en territorios fértiles y consiguiente desarrollo de la agricultura, á la introducción del patriarcado y la poligamia, ó á cualquier otra causa, el indio abdicó en algunas regiones su carácter independiente é indómito, para someterse servilmente á la voluntad de sus mandatarios.
La idea religiosa debió sin duda influir decisivamente en esta curiosa transformación política. Desde que el indio empezó á mirar á sus jefes como profetas, augures ó predilectos confidentes de sus divinidades tutelares, se convirtieron para él en seres superiores y les rindió homenajes reverentes. Si se creía á los jefes parientes cercanos del sol ú otra divinidad cualquiera, el mando supremo debía permanecer en su familia y la autoridad electiva hacerse hereditaria y despótica.
Así surgieron en América los degradantes absolutismos de los gobiernos Incásicos, Chibchas, etc., cuya constitución especial estudiaremos en los Capítulos siguientes[203].
Fig. 92.—Jefe de los Minatarees (Cattlin).
15.—En general las relaciones entre los pueblos son de tres clases, simpáticas, neutrales ú hostiles. Las primeras propias de los civilizados (fiestas internacionales, exposiciones, etc.), eran completamente desconocidas en la América Indígena. Las relaciones neutrales (Comercio) estaban bastante desarrolladas. Ciertos artículos abundantes en determinadas regiones (cobre, mica, piedras pintadas, conchas, etc.), tenían en otras gran demanda y eran objeto de frecuentes tratos. Los Esquimales comerciaban entre sí y con las tribus Algonquinas. El "wampum" de los Iroqueses se aceptaba en general como moneda en la región de los grandes lagos. Las tribus del Missisipí suministraban pieles á los Pueblos, en cambio de alfarerías, mantas, cuentas, algodón, etc. Las pipas adornadas de los Haidas (Vancouver), se han encontrado en tumbas de las márgenes del Río Delaware. Los Aguas y Curuziraris (Brasil), proveían á sus vecinos de vasijas y tejidos. Los Arecunas pagaban en algodón las alfarerías de los Caribes, y en general, puede afirmarse que fueron raros en América, los grupos tribales que vivieron en completo aislamiento[204].
Fig. 93.—Jefe de los Mandanes (Cattlin).
16.—Las relaciones neutrales eran, sin embargo, la excepción y no la regla en el vivir intertribal de los Aborígenes de América. De no existir entre dos tribus un tratado expreso de paz, se consideraban siempre como hostiles y en estado de guerra. Las virtudes militares eran las más honrosas. El marchar por la senda de la guerra era voluntario para el indio, pero ninguno dejaba de hacerlo por temor de que su tribu le despreciara como cobarde. Amaban la lucha desde niños, sus juguetes preferidos eran las armas, las batallas su ambición única.
El indígena peleaba para conseguir provisiones, tierras de caza, bosques y prados fértiles, esclavos ó mujeres y principalmente para vengar ofensas, asesinatos ó ataques de las tribus extrañas.
Fig. 94.—Jefe Cheyenne.
La muerte natural de un individuo atribuída por su tribu á maleficios de las hostiles, bastaba á veces para emprender una guerra. Si un caudillo influyente decidía una expedición guerrera nunca le faltaban compañeros.
A veces las hostilidades se reducían á simulacros y danzas guerreras para inspirar terror á los enemigos. Otras veces eran simples algaradas ocasionales y violentas.
Iniciada la guerra, terminaba difícilmente. El implacable talion indígena reclamaba satisfacción de sangre por cada guerrero herido ó muerto, y por consiguiente, si no se formulaba un tratado de paz, solo cesaban las hostilidades con la extinción de las tribus en lucha.
El arte militar apenas se conocía. Prescindiendo de las ventajas naturales, las fortificaciones indígenas consistían en cercos, empalizadas ó rudos baluartes de tierra defendidos por fosos.
Fig. 95.—Jefe Sauk (Cattlin).
La sorpresa y la emboscada eran los únicos ardides tácticos del Indio. Algunas tribus se pintaban de colores parduzcos para confundirse con la yerba al avanzar arrastrándose. No daban cuartel; mataban sin remisión á sus enemigos y saqueaban é incendiaban sus chozas ó tiendas. Si conservaban algunos prisioneros era para luego sacrificarlos, esclavizarlos, y en casos excepcionales adoptarlos. El arrancar la cabellera del guerrero muerto (escalpe), era costumbre general en Norte América. Las cabelleras enemigas fueron los trofeos favoritos del indio, ya por creer que poseyéndolas tenía cierto poder sobre el alma de su víctima ó simplemente por atestiguar su valentía y hazañas.
A veces se notificaba al enemigo la declaración de guerra enviándole objetos simbólicos. Antes de emprender la campaña celebraban los guerreros ritos y danzas especiales para avivar su luctuoso entusiasmo. Si volvían victoriosos, se embriagaban hasta el delirio en otras danzas y ceremonias de triunfo, rivalizando los hombres, las mujeres y hasta los niños, en atormentar cruelmente á los prisioneros, sin otro límite á su furor que el miedo de abreviar la duración de su sanguinaria venganza.
Fig. 96.—Formas del arco.
Fig. 97.—Transportes terrestres (Laffitau).
En medio de sus espantosos sufrimientos, las víctimas entonaban sus cánticos guerreros, é irritaban hasta espirar con despreciativos insultos, la vengativa rabia de sus verdugos, que excitados y sedientos de sangre, acababan por despedazar al cautivo, devorando sus carnes en repugnante y canibalística zambra.
Fig. 98.—Hacha.
El más brillante triunfo del guerrero cautivo, era su valor y resistencia en el tormento. Abreviarlo suicidándose, era considerado como un acto de cobardía y castigado con la infamia.
Fig. 99.—Cuchillos.
El torturado que daba señales de debilidad era muerto inmediatamente y con desprecio, pues se consideraba indigno de ser tratado como hombre, al que no sabía sufrir como valiente.
17.—Siendo en definitiva las guerras indígenas una especie de "caza de hombres" las armas ofensivas y defensivas del cazador no se diferenciaban mucho de las del guerrero. Sería interminable detallarlas. Sus clases, materia y formas, variaban con las regiones y grado de cultura de las distintas tribus, que como ya dijimos, no alcanzaron á conocer el hierro. Las principales armas ofensivas eran la lanza, el hacha, (tomahawk), la maza, el palo arrojadizo, la cervatana, las bolas y en especial el arco y la flecha de punta de piedra lanceolada, ó en zig-zag imitando al rayo, caña de diferente longitud y adornos de plumas ó pelo.
Algunas tribus envenenaban sus saetas con una pócima, (yerba) que hacían echando dentro de una olla diversos venenos, y haciéndolos hervir para darles punto. El herido de yerba, por maravilla escapaba de la muerte y hasta las mujeres mismas que fabricaban el tósigo, solían acabar emponzoñadas por sus vapores deletéreos.
Fig. 100.—El Escalpe.
Como armas defensivas, usaban los indígenas escudos de madera ó cuero, adornados con pictografías simbólicas, armaduras de construcción ingeniosa y variadas materias, corazas de algodón, pita, etc., yelmos y máscaras de madera de formas grotescas coronadas de plumas emblemáticas. Llevaban también como defensa fetiches y amuletos de todo género (saquitos májicos de los Navajos, ghost-shirt de los Dakotas, etc.), en cuyas virtudes confiaban supersticiosamente. Claro es, que si bien la venganza comunal fué uno de los principales incentivos de la guerra india antes del descubrimiento, á la llegada de los Europeos las cosas cambiaron de aspecto. El enemigo común determinó alianzas inter-tribales antes no soñadas; las guerras se hicieron defensivas y mas crueles con el uso del hierro; algunas tribus buscaron para destruir á sus enemigos, el auxilio de los blancos; se trastornó en fin en absoluto, la vida de las tribus indias y se inició la dolorosa historia, la tragedia magna y todavía no escrita, de sus desesperadas luchas con los blancos, de la extinción paulatina de sus guerreros, de la fusión de su raza en la raza del conquistador y del fuerte[205].
Fig. 101.—Danza Guerrera (Schoolcraft).
Fig. 102.—Torturando el prisionero (Lafitau).