1.—Alimentación. 2.—Canibalismo. 3.—El fuego y sus usos. 4.—Preparación de los alimentos. 5.—Alfarerías. 6.—Bebidas y estimulantes. 7.—Habitación. Los tipos primitivos. 8.—Las viviendas comunales. 9.—Aldeas y su número. 10.—Adorno personal. 11.—Vestido. 12.—Industrias textiles. 13.—La caza y la pesca. 14.—Horticultura. 15.—Medios de transporte.
1.—«Oye las palabras del Gran Espíritu, exclama el héroe Hiawatha, de los mitos Iroqueses, te he dado tierras para que caces, te he dado el oso, el bisonte y el ciervo; he llenado tus pantanos de patos silvestres y tus ríos de abundante pesca»[206]... El Indio Americano era, en efecto, único y exclusivo señor de un Continente inmenso, y su alimentación era tan variada como sus climas, sus regiones, su flora ó su fauna.
Fig. 103.—Arpón de dos puntas (Vancouver).
En los países cálidos y fértiles la Naturaleza le proporcionaba pródigamente y sin esfuerzo alguno frutos suculentos; en los fríos y estériles tenía que arrancar al reino animal y al vegetal lo necesario para su sustento. Si la necesidad era grande, ó la pereza invencible, el indio comía hasta arañas, gusanos, lagartijas, culebras ó víboras[207], pero, en general, las bases esenciales de su alimentación eran las mismas que las de los Americanos modernos[208].
En América no existían pueblos exclusivamente cazadores. Salvo aquellos que se alimentaban de las producciones espontáneas de la Naturaleza, todos trabajaban la tierra en forma más ó menos rudimentaria.
Fig. 104.—Preparación de los alimentos (Lafitau).
De aquí que, lejos de ser preferentemente animal la alimentación del Indio, predominaban en ella las materias vegetales, dependiendo la proporción entre ellas y las materias animales, de las diversas latitudes, del mayor ó menor desarrollo agrícola, de las épocas del año ó de preocupaciones supersticiosas.
Los alimentos vegetales más comunes del Indio eran, además de aquellos que la Naturaleza producía sin ayuda alguna, como el plátano, los frutos del agave ó pita, los de las diversas liliáceas, etc., aquellos que sólo necesitaban elementales cultivos, como el maíz, la patata, la yuca, la mandioca, el arroz salvaje, la calabaza, el pimiento (axi), etc., etc.
La alimentación animal variaba naturalmente con la fauna de las diversas zonas geográficas. Los indígenas de la América del Norte se mantenían principalmente del walrus, lobo marino, ciervo, antílope ó bisonte, mientras la abundante y delicada pesca de los ríos de la América del Sur y los sabrosos mariscos de sus costas y sus islas sostenían con amplitud á muchas de las tribus ribereñas[209].
Fig. 105.—Haciendo pemmican (Sioux).
El reino mineral proporcionaba al indígena el más apreciado de los condimentos, la sal, que extraía de depósitos naturales ó por evaporación de lagos y ríos. Algunas tribus comían una especie de tierra ó kaolin (geofagia), bien sola (Bolivia) ó mezclada con algunas raíces para suavizarlas[210] ó molerlas.
2.—La antropofagia ó canibalismo, estaba generalmente extendida en el Norte y el Sur de América, aunque lo contrario afirmen autores respetables[211].
El indio Americano comía carne humana, á veces por necesidad, las más por espíritu de superstición ó venganza, y las menos por glotonería ó degradante aberración psicológica.
Fig. 106.—Encendiendo fuego. Pictografía Mexicana (U. S. Nat. Mus.)
La antropofagia por necesidad, aunque fué practicada por algunas tribus, (Hurones, Micmac, Chipewa, etc., en América del Norte, Botocudos, Aravaques, Araucanos, etc., en la del Sur), no fué la característica del Indio Americano. Las afirmaciones de soldados ó viajeros á este respecto son casi siempre ligeras, exageradas ó maliciosas[212].
En cambio, lo fué el canibalismo, por superstición ó espíritu de de venganza. Para los Iroqueses el comer carne humana era un deber religioso. Los indios Mohawk, Tonkava y otras tribus de Tejas eran designados por sus vecinos con el nombre de "comedores de hombres" (man eaters). Las mitologías y tradiciones Americanas están llenas de referencias de gigantes antropófagos y de dioses cuya cólera se aplacaba con ritos sangrientos.
Fig. 107.—Shaman Kwakintf. Oficiando en las ceremonias canibalísticas.
El indio Americano creía en general que el valor, la astucia y demás condiciones guerreras del pariente (endo-canibalismo) ó el enemigo muerto (exo-canibalismo) pasaban al que comía su carne. El corazón de la víctima, supuesto sitio de tales facultades era el más apreciado, sin que por ello despreciara el indio el resto del cuerpo de su enemigo en sus odiosas bacanales antropófagas. Las ceremonias de estos repugnantes banquetes variaban con las mitologías y ritos. En algunas tribus (Canadá, Nva. York), el vengativo ensañamiento del Indio llegaba hasta hacer tragar al cautivo pedazos de su propia carne. En otros se contentaban con empaparse ó beber su sangre. Entre los Guaranis se repartían en menudas piezas las carnes del difunto, y si no alcanzaba para todos, cocían en agua algún trozo hasta liquidarle y repartían el caldo para que todos pudieran decir que habían probado "la carne de su contrario".
El canibalismo por glotonería de los Mayorunas del alto Amazonas, los Tapuyos, y Cocomas del Marañón y aun el de los Iroqueses y Hurones, es tan bestial y repulsivo, que la pluma se resiste á describirlo[213].
3.—El hombre conoció los principales usos del fuego desde remotísimos tiempos. Apenas hay tribu Americana que no supiera usarlo y preservarlo, apenas mitología indígena que no le atribuya antigüedad y origen fabulosos.
Fig. 108.—Fuego por fricción simple (Hupa).
Los medios de producir el fuego de los aborígenes Americanos fueron muchos y diversos. El método más extendido era el llamado por los etnólogos de fricción, y consistía simplemente en barrenar rápidamente con un trozo cilíndrico de madera dura y aguzada punta, otro pedazo de madera más blanda. También usaron muchas tribus (Esquimales, Fueguinos) el conocido método de percusión, hiriendo sus pedernales con piritas ú otras piedras que contuvieran hierro. En la fiesta del Raymi, los Incas sacaban el fuego nuevo del sol por reflexión, "con un brazalete grande (chipaba), del que colgaba un vaso cóncavo como media naranja, muy bruñido, poníanlo contra el sol y á un cierto punto donde los rayos que del vaso salían, daban en junto, ponían un poco de algodón carmenado el cual se encendía en breve espacio... y si no, le hacían (el fuego) con dos palillos barrenando"...[214]
Fig. 109.—Interior de un hogar Comunal Zuñi (B. A. E.)
4.—Una vez adquirido el fuego gozó el indio del calor, de la luz, y aprendió á preparar sus alimentos para hacerlos digestibles, sustituyendo una base artificial de subsistencia á la ruda y natural de sus etapas inferiores de salvajismo.
Salvo en aquellas latitudes en que el hielo puede sustituir al fuego conservando los alimentos, hasta los pueblos más abyectos de América, usaron del segundo para modificarlos. El indio prefirió siempre los manjares cocidos ó asados á los crudos, en especial si eran vegetales. Para cocerlos echaba generalmente piedras calientes, en receptáculos llenos de agua. Sabía conservar los pescados y carnes ahumándolos, secándolos al sol, reduciéndolos á tiras (jerking), ó á polvo (charqui) mezclándolos con tocino (pemmican) y aderezándolos á veces en platos sabrosos.
Fig. 110.—Poniendo las piedras calientes en la cesta para cocer los alimentos (California).
Preparaba el maíz y la mandioca en panes ó tortas, (cazabe) mezclándolo con agua y otras substancias y hasta haciéndolo fermentar y servir de levadura.
Los granos se almacenaban y secaban en graneros, se tostaban y trituraban, se molían en morteros cóncavos con mazas, ó en piedras planas (metates) con rodillos, para convertirlos en harina. La mujer india, á la que privativamente correspondían estas tareas, llegó á ser en ellas habilísima[215].
El Indio Americano usó también del fuego para calentarse y alumbrarse. La hoguera, elemento principalísimo de la vida indígena, medio de señales en tiempo de guerra y centro de reunión en el de paz, fué en muchas regiones la única iluminación que conoció el indígena. Algunas tribus iluminaban sus chozas con gusanos de luz; otras atravesaban una mecha de corteza de cedro á través del cuerpo de peces grasientos, (candle fish) ó usaban antorchas siempre toscas, hechas de nudos de pino, fibras, corteza ú otros materiales inflamables. Les servían para la caza ó pesca nocturna y como símbolo de paz cuando enviaban mensajeros de un campamento á otro. Los Esquimales fueron las únicos aborígenes que conocieron las lámparas[216].
Fig. 111.—Alfarerías Alto Amazonas.
5.—En cuanto el indio Americano conoció el fuego salió de su primitivo salvajismo y fabricó las primeras ollas. El uso mismo de este elemento en las regiones frías determinó la invención del puchero de barro. Después de los ladrillos de adobe, comunes á todos los pueblos primitivos del globo que habitaron regiones poco lluviosas y abundantes en arcilla, acaso la lámpara del Esquimal fué en el Nuevo Continente la más antigua de las cerámicas.
Una de las mejores regiones para estudiar la evolución de las vasijas Americanas es la de los Pueblos. El alfarero Zuñi, Moki, etc., fué muy hábil y fecundo. Como el agua escaseaba ó distaba mucho de sus aldeas, su primera preocupación y necesidad era el conservarla y transportarla. Al principio usó canastos calafateados con bitumen; después aprovechó la arcilla, la mezcló con arena y la endureció al fuego. En esta región geográfica como en las demás del Continente, la clase y consistencia de las cerámicas dependía mucho de la calidad de las tierras.
Fig. 112.—Fabricando ollas (Walpi).
El procedimiento de fabricación más extendido en América era el del modelado á mano. Muy pocas tribus conocieron la antiquísima rueda de alfarero. En muchas regiones se usaban moldes textiles que la mujer india recubría de barro para conformar la olla antes de pulimentarla.
Fig. 113.—Pipa de arcilla (Dakota).
Los colores de las alfarerías Americanas, así como sus formas, ornamentación y estilos son variadísimos, y por decirlo así, caracterizan la región de su procedencia. Pertenece su estudio á la Arqueología más bien que á la Historia. Los Museos y colecciones Americanas abundan en antiguas cerámicas. Las de las regiones del Itsmo de Panamá hasta Nicaragua, y las del Perú, son acaso las más perfectas[217].
6.—Aunque la embriaguez del Indio Americano se ha exajerado mucho por algunos autores, no puede negarse su decidida inclinación á tan degradante y funesto vicio.
En casi todas las regiones de América se conocía el arte de extraer bebidas embriagadoras del maíz, el agave ó la yuca, por fermentación simple ó ayudada masticando el grano (acción de la saliva sobre el almidón). El "pulque" (Méjico), el "aca" (Perú), la "chicha" Guaranis (S. A.), Mokis, Zuñis (N. A.), el caju-i (Brasil) etc., eran bebidas de este género.
Fig. 114.—Alfarerías Incásicas (Período primitivo).
Las tribus que no supieron obtenerlas se embriagaban por otros medios. Los Otomaques, por ejemplo, (Orinoco) tomaban como rapé, polvos de una semilla (yuapa) mezclada con conchas calcinadas que les emborrachaba fuertemente.
Conoció también la América aborigen otras bebidas estimulantes no fermentadas, como el "mate" (Ilex Paraguayensis), la "coca", que tomada en infusión producía efectos semejantes al opio, y el "Assi" ó té Carolino (Black-drink), que bebían los Seminolas para excitarse y "pensar bien" antes de entrar á sus Consejos[218].
Fig. 115.—Restos de habitación con poste tetémico (Vancouver).
El tabaco, originario de América, fué usado moderadamente por el Indio. Fumaba generalmente cigarrillos, mezclando el tabaco con otras yerbas y aun con corteza de árbol. El "calumet" ó "pipa de paz" de los Indios de la América del Norte, era para ellos un objeto sagrado, ó amuleto propiciatorio y solo se usaba en ciertas ceremonias religiosas, (danza del Calumet, ritos de adopción, etc.), ó en ocasiones solemnes (ratificación de tratados de paz, Consejo tribal, etc.). Sus colores y adornos emblemáticos variaban con la mitología de las tribus; eran de tubos sencillos como los representados en las esculturas mejicanas, ó recargados como los usados por los Omahas de cabezas, colas, y plumas de preciosos pájaros[219].
Fig. 116.—Vasija chimu (?) (Valle Chincana).
7.—La forma y construcción de la vivienda indígena dependía del clima, de la situación geográfica y hasta del sistema social de sus moradores, y por ello encontramos en América habitaciones de todo género, desde las rancherías "como aduares de alarbes montaraces" que nos pintan antiguas crónicas, hasta las enormes y adornadas fábricas de piedra y mezcla de los Aztecas y los Incas.
Fig. 117.—Pipa de barro (Mandanes).
Las habitaciones Americanas eran fijas ó movibles. El prototipo de las primeras es la cabaña (wigham), derivación más ó menos perfecta de la enramada ó defensa natural contra las fieras, é inclemencias del tiempo. Se construían de mil maneras y formas (rectangulares, cónicas, etc.), según la clase y curvatura de los materiales empleados en ellas; se cubrían con techos de paja, pasto, barro ó corteza de árbol; eran rudas y selváticas como las de los Wikirups, Guaranis y Botocudos, ó perfeccionadas como las de los Haidas, Cadoanos, etc. Los habitantes de las llanuras inundables solían hacerlas sobre bases elevadas, defendiéndose así de las avenidas frecuentes.
De estos tipos primitivos se derivaron las casas semi subterráneas de los Pawnees, Navajos, etc. (earth-lodge), de cubierta redondeada que descansa sobre cuatro postes centrales relacionados con el culto de las estrellas, (matutina, vespertina, norte, y sur) y con una abertura en el techo emblemática del zenith, donde moraba el "Tirawa" ó ser invisible. Entre estas construcciones, las casas Esquimales semi-esféricas (iglu) hechas con bloques de nieve colocados en espiral son acaso las más ingeniosas y perfectas.
Fig. 118.—Bolsa de tabaco (Iroqueses).
El prototipo de las habitaciones movibles era la tienda (tipi) de los Sioux, Comanches, Kiowas, etc., armada sobre postes colocados circularmente ó en filas paralelas y cubiertos de pieles generalmente de bisonte, adornadas con pictografías simbólicas.
Fig. 119.—Wikiups de los Pai Utés (Arizona Norte).
En la región de los bosques predominaba, naturalmente, la madera en los materiales de construcción; en las grandes llanuras (Norte y Sur América) y regiones sin arbolado predominaba el barro, el adobe ó la piedra. Las construcciones de adobe de la región de los Pueblos (Vse. Cap. II) y las de piedra y mortero Mejicanas y Peruanas representan el más alto grado de la arquitectura indígena.
Debemos, sin embargo, observar, aun penetrando en el campo de la Arqueología, que la magnificencia y perfección de aquellos enormes edificios (Méjico-Perú) se ha exagerado extraordinariamente por conquistadores y cronistas. El arquitecto indio no conoció el compás, la plomada ni la escuadra, ni alcanzó nunca la idea del arco, base arquitectónica de la regularidad y la belleza.
Fig. 120.—El Calumet (Omaha).
8.—Las más características de las habitaciones Americanas son las comunales. Entre ellas las más conocidas y típicas son las rectangulares (long-house) de los Iroqueses (Ho-de-sau-nee, "hombres de la casa larga"), especies de largos trojes ó galpones armados sobre troncos gruesos y techados con corteza de olmo, con un recinto ceremonial (kiva) en el medio, y un agujero para dar salida á los humos en el techo; las de los Maudanes (circular-house), construídas con análogos materiales en forma circular y con techumbre cónica, las de Guayana, Sacramento, Florida y muy especialmente las de la región de los Pueblos. La vida interior de estos curiosos falansterios dependía de la organización y costumbres del grupo ó grupos de parientes que convivían en ellos.
9.—El carácter más sedentario que nómade del Indio Americano le hizo reunir sus cabañas ó tiendas en aldeas (rancherías, tabas, etc.,) más ó menos extensas y ubicadas en territorios favorables. Estas aldeas fueron permanentes, aunque las necesidades alimenticias y consiguientes cambios de residencia las hicieran á primera vista parecer inestables. La disposición de sus habitaciones dependía de consideraciones religiosas ó tribales (casas de jefes, templos, etc.), y se rodeaban comúnmente de empalizadas para su protección y defensa.
Fig. 121.—Tienda Omaha (Tipi).
Esparcidos en general tales villorrios á lo largo de las costas de los mares, ríos y lagos, no es extraño que los conquistadores Europeos que naturalmente siguieron en sus exploraciones el curso de los ríos, al encontrar en todos ellos grupos tribales, supusieran también habitadas las zonas mediterráneas y exajeraran en sus relaciones el número é importancia de las poblaciones indígenas del Continente[220].
10.—Aunque parezca paradógico, la desnudez no es sinónimo de salvajismo, ni puede decirse que un hombre es tanto más salvaje cuanto menos cubra su cuerpo. Todo es cuestión de clima y convenciones sociales. La emoción de la modestia no es innata, ni natural al hombre; es más bien hija de la moda y el adorno.
Es un hecho etnográfico indiscutible que el adorno personal, precedió al vestido, aunque sea dificilísimo establecer una línea clara de separación entre ambos.
Las pinturas y tatuajes en el cuerpo mismo, universalmente practicadas por el Indio Americano, fueron acaso la forma más primitiva de su adorno. Los colores más usados eran el rojo, amarillo, negro y blanco, que fabricaban con ocres, cal, carbón y jugos de diversas plantas. Algunas tribus (Amazonas) pegaban á su piel varias plumas, con una substancia ó barniz resinoso. Tatuaban los más sus cuerpos con incisiones más ó menos profundas y deformaban algunos intencionalmente y desde la cuna, las cabezas de los niños hasta dejarlas "como mitras de obispos mal formadas", que decían los antiguos cronistas. Las pinturas, tatuajes y deformaciones descritas, eran para el Indio medios de identificación, propiciación y protección mágica, ó simples manifestaciones de vanidad guerrera[221].
Fig. 122.—Jefe Oha (Tierra del fuego).
Otro tanto sucedía con los dijes, joyeles, piedras, etc., con que atravesaba el salvaje sus labios (Botocudos, Esquimales), nariz, orejas ó mejillas, con perforación más ó menos cruenta.
El pelo servía también de adorno. Algunas tribus lo usaban suelto y flotante (Apaches, etc.), otras se lo afeitaban en caprichosa forma (Seminolas, etc.) con filos de pedernal ó conchas marinas.
Fig. 123.—Planta de un Iglu (casa de nieve) Esquimal.
Los ornamentos sin mutilación, fueron variadísimos. Colgaba el Indio de sus muñecas, tobillos, cuello y cintura, tiras de piel, plumas y conchas brillantes, garras y dientes de animales ó humanos, como trofeos de caza y guerra[222].
11.—Acaso estas últimas formas de ornato personal dieron origen al vestido. La piel suspendida al cuello fué transformándose en túnica, los cinturones se recargaron de apéndices convirtiéndose en faldas. Del brazalete vino la manga, el mocassin del adorno del tobillo. Las piedras preciosas, aligerando las preseas indígenas, cambiaron radicalmente los adornos.
Fig. 124.—Sección vertical del mismo.
Las pieles de animales (lobo marino, búfalo, ciervo, etc.,) se usaron al principio como abrigo, limitándose á secarlas, perfeccionándose luego su manipulación hasta hacerlas extraordinariamente suaves y flexibles, lo que en general conseguía la mujer india raspando cuidadosamente con pedernal la piel hasta darle un grueso uniforme, y cosiéndola luego con tiras también de cuero ú otras materias que pasaban por agujeros hechos previamente en sus bordes.
Alfarerías de los "Pueblos"
(Arizona, E. U.)
Fig. 125.—Jefe Arapaho con adorno guerrero.
Podrían escribirse volúmenes enteros estudiando los progresos del vestido en América, desde la mezquina piel de los Fueguinos "que hacían girar según la dirección del viento", hasta las mantas de los Navajos, los finísimos paños de la América Central ó del Sur, las capas y tejidos de plumas de los Aztecas ó aquellas frezadas de lana de vicuña "tan finas y tan regaladas que entre otras cosas de aquellas tierras (Perú) se las han traído para la cama del Rey Don Felipe II"[223]. Tal estudio, así como el de las diversas formas ceremoniales, simbólicas, guerreras, etcétera, que abigarraban la indumentaria indígena, excede los límites del presente libro.
Fig. 126.—Collar de dientes de animales.
12.—Los tejidos de todas clases y en especial los de fibras vegetales, (cestos, canastos, etc.), son característicos de la industria primitiva de América. Los Apaches llamaban "arañas" á sus vecinos los hábiles tejedores Navajos. Los objetos textiles abundan en colecciones y Museos, variando en forma y perfección según las tribus, desde los sencillos de las Yroquesas y Algonquinas, hasta los artísticos de las del Norte de Sud América. La descripción y estudio de los usos, formas, colores, trama, etc., de estos productos textiles, pertenece también á la Arqueología. Bástenos, pues, afirmar que el arte de tejer fibras vegetales, algodón, lana, etc., para vestidos, mantas, cubiertas, etc., era conocido por los Indígenas Americanos, cuyos rudimentarios telares, á pesar de su sencillo artificio, produjeron preciosos lienzos. El telar y su trabajo que importa ya separación de fibras, hilado, etc., se usó en América mucho antes de la conquista Europea. En los Códices Mejicanos, por ejemplo, está representada una madre que instruye en el tejido á su hija. Los vistosos paños de las sutiles tejedoras Aguas (Brasil), son justamente célebres.
Fig. 127.—Casas en Walpi. Aldea de los Mokis (Arizona).
Fig. 128.—Joven Pai Ute (Río Colorado).
Usó también el Indio tintes diversos que extraía de substancias orgánicas é inorgánicas, no sólo para adornar su cuerpo y dar brillantes matices á sus tejidos é hilados, sino para sus simbólicos adornos de plumas, comunes en toda América y preferidos por el guerrero Indio á todas sus preseas y ornamentos. Algunos de estos trabajos en plumas multicolores (Méjico) son verdaderas maravillas de preciosismo, comparables por su paciente y delicada factura con los mosaicos italianos más perfectos[224].
13.—La caza y la pesca eran para el indio Americano ocupación principalísima. Casi ninguno de los métodos inventados por los hombres para apoderarse y destruir los animales eran desconocidos en América. El cazador indio podía dar al Europeo lecciones de astucia, habilidad, ingenio y paciencia.
Fig. 129.—Tatuajes Haydahs (B. A. E.)
Podemos clasificar en dos grupos los variadísimos métodos de caza y pesca peculiares al Indio Americano: el uso de trampas, lazos ú otros artificios, y el de armas arrojadizas ó de otra clase, que corresponden en lo militar á la estrategia y la táctica.
Incluiremos en el primer grupo los arbitrios de todo género (redes, lazos, presas, almadrabas, etc.,) los venenos vegetales usados para axfisiar el pescado en ríos y lagos, como la raiz de nogal (N. A.) ó el "tingui" y hojas de "timbó" de los Indios del Brasil, los disfraces de pieles, etc., para engañar la caza, el empleo de antorchas para atraer el pescado y aun los primitivos métodos de acorralar al animal en bandas y sin armas de ninguna especie.
Fig. 130.—Telar Navajo.
Pertenecen al segundo las armas afiladas ó punzantes desde la rudimentaria maza de las tribus del Pacífico (Norte) y las curiosas cerbatanas del alto Amazonas, hasta las lanzas é ingeniosos arpones y aparejos de los Esquimales.
Fig. 131.—Método fabricación adornos de plumas.
El cazador indio no sólo debía manejar hábilmente estas armas y artificios, sino que debía conocer las épocas del año y terrenos propicios para cada caza, la dirección de la misma por sus huellas, gritos de aves y movimientos del coyote y demás carnívoros, los trajes y máscaras especiales á cada expedición, la caza vedada por sus creencias totemísticas, los cantos, leyes, ceremonias y fetiches especiales, etc. De aquí la estimación y dignidad del buen cazador entre los individuos de su tribu[225].
Fig. 132.—Camiseta ceremonial (Chilkat).
Fig. 133.—Útiles de labranza (N. A.)
14.—El Indio Americano no conoció la agricultura propiamente dicha, que presupone el uso del arado y de los animales domésticos, pero practicó extensamente la horticultura, y sacó de sus campos pingües cosechas. La estaca puntiaguda y la azada, eran útiles familiares en América antes de la conquista. Los métodos de irrigación de Nuevo Méjico, Perú, etc., sorprendieron á viajeros y cronistas. El cultivo del maíz era común á numerosas tribus; los fréjoles, zapallos, yuca, mandioca, algodón, tabaco, etc., se cultivaban también extensamente. La mayoría de las tribus sabían conservar en graneros lo necesario para mantenerse en invierno.
Fig. 134.—Joven Hopi.
Fué una verdadera rémora para la cultura indígena que la fauna Americana no tuviera especies animales fácilmente domesticables. Parece indudable que el caballo fué contemporáneo del hombre glacial, pero por causas desconocidas su especie se extinguió en América mucho antes del descubrimiento Colombino. Prescindiendo de los monos, cotorras, gatos, etc., que convivieron como comensales en algunos hogares indígenas, (Campas del Perú, Zuñis, etcétera) el perro es el único animal que ayudó al Indio en la caza ó en los arrastres (Esquimales). La llama del Perú, se utilizó principalmente por su lana y á veces como bestia de carga. No hubo en América animales cuya leche ó engorde pudiera utilizarse, el búfalo y el cerdo eran indomables y selváticos[226].
Fig. 135.—Peine de madera.
Las herramientas agrícolas, así como los demás útiles, utensilios y enseres necesarios para la vida indígena, fueron en general, los peculiares á las culturas líticas. Su estudio pertenece á la Tecnología ó ciencia de las industrias[227].
15.—Los primeros medios de transporte en el Continente Americano fueron las espaldas de la madre india. Llevaba á cuestas á sus criaturas en la diaria faena, y andaba con ellas largas distancias. El indio sólo viajaba por necesidad. Andaba casi siempre por sendas estrechas, que sabía practicables, en filas de á uno, y sujetando la carga en su cabeza ó espalda, ó en la de sus mujeres, por medio de artificios diversos.
Usaba en general calzado que variaba de forma con la naturaleza de las regiones geográficas, desde el zapato de cuero del Esquimal, hasta la grosera bota de los Apaches, y las Sandalias Mejicanas é Incásicas.
Fig. 136.—Manta de los Navajos (E. U.)
Algunas tribus construían groseras angarillas, en especial, para transportar los cadáveres.
Supo también el Indio hacer canoas, balsas, jangadas, piraguas, etc., y aprovecharlas en sus ríos y mares. El "Uniak" ó canoa abierta para mar suave, y el "Kayak" cerrado, (Esquimales) para mares recios, construídos en piel, sobre armazones ó cuadernas de huesos de ballena, fueron sin duda los más marineros. Los "dongouts" adornados y "pintados como Indios", del Norte del Pacífico, son el tipo general de las embarcaciones indígenas construídas en madera ó corteza de árbol. Los Esquimales fueron los únicos que conocieron el remo. Las demás tribus manejaron sus embarcaciones únicamente con palas.
Fig. 137.—Cazador Chia (Patagonia).
Tenían algunas de ellas velas fijas de estera ó de corteza de cedro tejida. Eran casi siempre ligerísimas, para facilitar su transporte á brazo por las sendas interfluviales (portages). Las canoas ó piraguas guerreras de los habitantes de las Islas (Cuba, Sto. Domingo, etc.,) eran de gran tamaño, y llevaban á veces hasta 25 bancos[228].