Kostka, pintóWagenmann, sc.
En fin, que en esta incógnita espesura
gran parte se quedó de compañeros,
que en el largo camino y desventura
con nosotros se vieron ventureros.
»Ese a quien tanto honró la fuerte Aonia,
sobre quien traen contienda peregrina
entre sí Esmirna, Rodas, Colofonia,
Atenas, Ios, Argo y Salamina,
y esotro que esclarece a toda Ausonia,
a cuya voz poética divina
el río patrio Mincio se adormece
y el Tibre con su son se ensoberbece:
»Canten, loen, escriban siempre extremos
de esos sus semidioses, y encarezcan,
fingiendo magas, Circes, Polifemos,
sirenas que al cantar los adormezcan;
denles más navegar a vela y remos
los Cicones, y tierras do fallezcan,
a do los compañeros con el loto
olviden en las aguas su piloto.
»Vientos sueltos les finjan e imaginen
de cueros, y Calipsos malhadadas;
harpías que el manjar les contaminen;
ir a ver a las sombras ya pasadas;
que por mucho y por mucho que se afinen
en estas vanas fábulas soñadas,
la verdad que yo canto clara y pura
vence toda grandílocua escritura.»
De la boca del docto y fuerte Gama
pendiendo estaban todos embebidos
cuando sus veces dió a la sacra fama
que prosiga sus hechos tan subidos.
Alaba el rey la ilustre y fértil rama
de los reyes doquiera tan temidos,
de la gente la antigua fortaleza,
la lealtad de ánimo y nobleza.
Va recontando el pueblo que se admira
el caso cada cual que más notara:
nadie de ellos los ojos mueve o tira
mirando a quien el mar se sujetara;
mas las riendas el Delio vuelve y gira
que el lampacio mancebo mal guiara,
por gozar de la Tetis más de espacio,
y el rey se va del mar a su palacio.
¡Cuán dulce es el loor y propia gloria
de claros hechos, cuando son sonados!
Cualquier noble trabajo que en memoria
venza o iguale los grandes ya pasados,
la envidia de la ilustre ajena historia
hace mil veces hechos sublimados,
y al que en obras de fama se ejercita
el ajeno loor mucho le incita.
No tuvo en tanto Aquiles el famoso
Alejandro, aunque fuerte en la pelea,
cuanto de quien lo canta el numeroso
verso, por quien lo envidia, a quien desea.
El premio de Milcíades glorioso
a Temístocles tanto aguijonea,
que nada le encendía y animaba
como cuando sus hechos celebraba.
Trabaja por mostrar Vasco de Gama
que el largo navegar que el mundo canta
no mereció tan grande gloria y fama
cual éste que a la tierra y cielo espanta;
por más que el héroe aquel, que estima y ama,
con dones, con favores y honra tanta,
haga sonar la cítara mantuana
la gloria de su Eneas y romana.
Da la tierra de España Escipiones,
Césares, Alejandros, y da Augustos;
mas no les da con todo aquellos dones
cuya falta los hace tan robustos.
Octavio en las mayores opresiones
compone versos doctos y venustos:
no dirá Fulvia, cierto, que es mentira
que Antonio la dejaba por Glafira.
Vence César de Francia la pujanza
y las armas no impiden a la ciencia:
trae una mano la pluma, otra la lanza,
igualando de Tulio la elocuencia;
pues el gran Escipión lo sumo alcanza
del cómico escribir con experiencia:
leía Alejandro a Homero de manera
que siempre lo tenía a la cabecera.
En fin, ¿qué capitán fuerte no ha habido
que no fuese en las letras señalado
de los que Italia o Grecia ha producido?
Sólo en los españoles ha faltado,
con vergüenza lo digo, que no ha sido
más de un ilustre hecho celebrado
por no tener valor el verso y rima,
que quien no sabe el arte no la estima.
Por esto, y no por falta de natura,
no se hallan Virgilios ni aun Homeros,
ni habrá jamás, si tal costumbre dura,
Eneas píos ni aun Aquiles fieros;
y, lo que peor es, que la ventura
tan ásperos los hizo, tan austeros,
tan rudos y de ingenio tan avieso,
que a muchos se les da muy poco de eso.
Agradezca a las Musas nuestro Gama
el amor patrial que las obliga
a dar nombre a los suyos con la fama
de la ilustre y la bélica fatiga,
que él, ni el que de su estirpe ser se llama,
a la Musa no tiene tan amiga,
ni las hijas del Tajo, que dejasen
las telas de oro fino y lo cantasen.
Porque el amor fraterno, puro, honesto,
de dar al lusitano pecho y hecho
digno loor, ha sido el presupuesto
de las bellas Tagides que esto han hecho:
por lo cual sólo debe estar dispuesto
a las altas empresas siempre el pecho,
pues por ésta o por otra cualquier vía
no perderá su precio y su valía.