Kostka, pintóA. Schulthei’s

Por lo que ve pregunta; mas el Gama

le rogaba primero que se asiente

y aquel sumo deleite que tanto ama

la secta epicurea experimente.

Canto VII, Estr. 75.

»No menos han mostrado esfuerzo y maña

en cualquier otra guerra que han tenido,

o con gentes guerreras de su España,

o con las que de Francia han descendido:

así que nunca, en fin, con lanza extraña

se encontró, do victorias no haya habido,

y no se halla, no, ningún Marcelo

para estos Aníbales en el suelo.

»Y si esta información no fuere entera

cuanto conviene, de ellos tú pretende

informarte, que es gente verdadera

a quien la falsedad pequeña ofende.

Ve su flota, sus armas, su manera,

su fundido metal, de do se entiende

su valor, su denuedo y policía

en guerra, en paz, en juegos y en porfía.»

Ya con deseos Catual ardía

de ver esto que el moro le contaba:

manda equipar bateles, que quería

ver la flota do el Luso navegaba:

ambos van de la playa, a quien seguía

la Neira gente que la mar cuajaba:

la capitana suben, fuerte y bella,

do Paulo los recibe al bordo de ella.

Rojos eran los toldos, las banderas

de seda fina que el gusano cría;

pintadas campeaban las guerreras

obras que el brazo fuerte hecho había:

las campales batallas ventureras,

las guerras de la ardiente Berbería,

lo cual, como al gentil se representa,

en ello vista y ojos apacienta.

Por lo que ve pregunta; mas el Gama

le rogaba primero que se asiente

y aquel sumo deleite que tanto ama

la secta epicurea experimente:

de vasos espumantes se derrama

el licor que Noé mostró a la gente;

mas el gentil probar nada pretende,

que la secta que sigue lo defiende.

La trompeta que en paz al pensamiento

le muestra guerra, mueve a los millares

pintados, y el diabólico instrumento

en el fondón resuena de los mares.

Todo lo ve el gentil, y el fijo intento

tiene siempre en los hechos singulares

de los que en el retrato puestos veía

con descripción de muda poesía.

Álzase en pie, con él los Gamas junto,

y de otra parte Coello, el mauritano,

por ser mejor un bélico trasunto

de un viejo de un aspecto soberano,

cuyo nombre no puede ser difunto

en cuanto el mundo viere trato humano:

la ropa está a la usanza griega hecha,

un ramo por insignia en la derecha.

Con un ramo en la mano. Mas, oh ciego,

¿qué es lo que emprendo, insano y temerario,

sin vos, ninfas del Tajo y del Mondego,

por camino tan arduo, largo y vario?

Vuestro favor invoco, que navego

por alto mar con viento tan contrario,

que, si no me ayudáis, tengo recelo

que mi flaco batel aniegue el cielo.

Mirad que ha tanto tiempo que, cantando

el vuestro Tajo y vuestros Lusitanos,

la fortuna me trae peregrinando,

nuevos trabajos viendo entre paganos;

ahora el mar, ahora exprimentando

los peligros mavorcios inhumanos,

cual Cánace, a la muerte condenada,

la pluma en una mano, en otra espada.

Ahora con pobreza aborrecida,

por hospicios ajenos desterrado,

de la esperanza ahora ya adquirida

de nuevo más que nunca derribado,

escapando en las costas ya la vida

que de un hilo colgaba muy delgado,

que no menos milagro fué salvarse

que para el rey judío acrecentarse.

Y sobre todo, ninfas, no bastaba

que tan grandes miserias me cercasen,

sino que los que yo cantando andaba

tal premio de mis versos me pagasen:

en cambio del descanso que esperaba,

que con ricas guirnaldas me adornasen,

trabajos nunca usados me inventaron,

con que en tan duro estado me dejaron.

¡Ved, Tagides, qué ingenios de señores

el vuestro Tajo cría valerosos,

que así precian y pagan con favores

al que en rima los hace gloriosos!

¡Qué ejemplo a los futuros escritores

para avivar ingenios curiosos,

para poner las cosas en memoria

que merezcan tener eterna gloria!

Pues luego en tantos males es forzado

que vuestro favor sólo no fallezca,

principalmente aquí que soy llegado

donde diversos hechos engrandezca:

vuestra ayuda me dad, pues he jurado

de no emplearla en quien no la merezca,

ni alabar por lisonja algún subido,

so pena de no ser agradecido.

No creáis que daré a ninguno fama

de los que el bien común y rey pospone

a su propio interese, con que infama

la ley que Dios y el rey al reino pone:

codicioso ninguno no me llama

por más que con sus cargos se me entone,

por poder con sus torpes ejercicios

usar más largamente de sus vicios.

Ni el que de su poder usa bastante

para servir mejor a su deseo,

y que por complacer al vulgo errante

se muda en más figuras que Proteo;

ni tampoco temáis que aquel yo cante,

que con hábito honesto y grave veo,

por contentar al rey con nuevo oficio,

robar, sacar al pueblo de su quicio.

Ni al que halla que es justo, que es derecho

que se guarde la ley severamente,

y no halla ser justo y ser provecho

pagarle su trabajo al que es sirviente;

y el que siempre con poco experto pecho

quiere venderse al pueblo por prudente,

tasando con su mano, torpe, escasa,

los trabajos ajenos que él no pasa.

Aquellos cantaré que aventuraron

por su Dios y su rey la amada vida,

do perdiéndola, en fama la ganaron,

con gloria de sus obras merecida.

Apolo y Musas que me acompañaron

me doblarán la furia concedida

en cuanto tomo aliento, descansado,

por tornar al trabajo más holgado.

Viñeta ornamental