Kostka, pintóA. Schulthei’s
Por lo que ve pregunta; mas el Gama
le rogaba primero que se asiente
y aquel sumo deleite que tanto ama
la secta epicurea experimente.
»No menos han mostrado esfuerzo y maña
en cualquier otra guerra que han tenido,
o con gentes guerreras de su España,
o con las que de Francia han descendido:
así que nunca, en fin, con lanza extraña
se encontró, do victorias no haya habido,
y no se halla, no, ningún Marcelo
para estos Aníbales en el suelo.
»Y si esta información no fuere entera
cuanto conviene, de ellos tú pretende
informarte, que es gente verdadera
a quien la falsedad pequeña ofende.
Ve su flota, sus armas, su manera,
su fundido metal, de do se entiende
su valor, su denuedo y policía
en guerra, en paz, en juegos y en porfía.»
Ya con deseos Catual ardía
de ver esto que el moro le contaba:
manda equipar bateles, que quería
ver la flota do el Luso navegaba:
ambos van de la playa, a quien seguía
la Neira gente que la mar cuajaba:
la capitana suben, fuerte y bella,
do Paulo los recibe al bordo de ella.
Rojos eran los toldos, las banderas
de seda fina que el gusano cría;
pintadas campeaban las guerreras
obras que el brazo fuerte hecho había:
las campales batallas ventureras,
las guerras de la ardiente Berbería,
lo cual, como al gentil se representa,
en ello vista y ojos apacienta.
Por lo que ve pregunta; mas el Gama
le rogaba primero que se asiente
y aquel sumo deleite que tanto ama
la secta epicurea experimente:
de vasos espumantes se derrama
el licor que Noé mostró a la gente;
mas el gentil probar nada pretende,
que la secta que sigue lo defiende.
La trompeta que en paz al pensamiento
le muestra guerra, mueve a los millares
pintados, y el diabólico instrumento
en el fondón resuena de los mares.
Todo lo ve el gentil, y el fijo intento
tiene siempre en los hechos singulares
de los que en el retrato puestos veía
con descripción de muda poesía.
Álzase en pie, con él los Gamas junto,
y de otra parte Coello, el mauritano,
por ser mejor un bélico trasunto
de un viejo de un aspecto soberano,
cuyo nombre no puede ser difunto
en cuanto el mundo viere trato humano:
la ropa está a la usanza griega hecha,
un ramo por insignia en la derecha.
Con un ramo en la mano. Mas, oh ciego,
¿qué es lo que emprendo, insano y temerario,
sin vos, ninfas del Tajo y del Mondego,
por camino tan arduo, largo y vario?
Vuestro favor invoco, que navego
por alto mar con viento tan contrario,
que, si no me ayudáis, tengo recelo
que mi flaco batel aniegue el cielo.
Mirad que ha tanto tiempo que, cantando
el vuestro Tajo y vuestros Lusitanos,
la fortuna me trae peregrinando,
nuevos trabajos viendo entre paganos;
ahora el mar, ahora exprimentando
los peligros mavorcios inhumanos,
cual Cánace, a la muerte condenada,
la pluma en una mano, en otra espada.
Ahora con pobreza aborrecida,
por hospicios ajenos desterrado,
de la esperanza ahora ya adquirida
de nuevo más que nunca derribado,
escapando en las costas ya la vida
que de un hilo colgaba muy delgado,
que no menos milagro fué salvarse
que para el rey judío acrecentarse.
Y sobre todo, ninfas, no bastaba
que tan grandes miserias me cercasen,
sino que los que yo cantando andaba
tal premio de mis versos me pagasen:
en cambio del descanso que esperaba,
que con ricas guirnaldas me adornasen,
trabajos nunca usados me inventaron,
con que en tan duro estado me dejaron.
¡Ved, Tagides, qué ingenios de señores
el vuestro Tajo cría valerosos,
que así precian y pagan con favores
al que en rima los hace gloriosos!
¡Qué ejemplo a los futuros escritores
para avivar ingenios curiosos,
para poner las cosas en memoria
que merezcan tener eterna gloria!
Pues luego en tantos males es forzado
que vuestro favor sólo no fallezca,
principalmente aquí que soy llegado
donde diversos hechos engrandezca:
vuestra ayuda me dad, pues he jurado
de no emplearla en quien no la merezca,
ni alabar por lisonja algún subido,
so pena de no ser agradecido.
No creáis que daré a ninguno fama
de los que el bien común y rey pospone
a su propio interese, con que infama
la ley que Dios y el rey al reino pone:
codicioso ninguno no me llama
por más que con sus cargos se me entone,
por poder con sus torpes ejercicios
usar más largamente de sus vicios.
Ni el que de su poder usa bastante
para servir mejor a su deseo,
y que por complacer al vulgo errante
se muda en más figuras que Proteo;
ni tampoco temáis que aquel yo cante,
que con hábito honesto y grave veo,
por contentar al rey con nuevo oficio,
robar, sacar al pueblo de su quicio.
Ni al que halla que es justo, que es derecho
que se guarde la ley severamente,
y no halla ser justo y ser provecho
pagarle su trabajo al que es sirviente;
y el que siempre con poco experto pecho
quiere venderse al pueblo por prudente,
tasando con su mano, torpe, escasa,
los trabajos ajenos que él no pasa.
Aquellos cantaré que aventuraron
por su Dios y su rey la amada vida,
do perdiéndola, en fama la ganaron,
con gloria de sus obras merecida.
Apolo y Musas que me acompañaron
me doblarán la furia concedida
en cuanto tomo aliento, descansado,
por tornar al trabajo más holgado.