F. Gerard, dibujóForster, sc.
¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada,
con locura tan grande y desmedida,
que mande acometer con naos y flotas
tan inciertas provincias y remotas?
»Otros muchos verías que pintores
aquí como estos otros pintarían,
mas fáltales pincel, faltan colores,
honra, paga, favor que al arte crían:
culpa de los viciosos sucesores,
que degeneran siempre y se desvían
del lustre y del valor de sus pasados,
en sus gustos y vicios enfrascados.
»Los claros padres que principio dieron
a la casa que de ellos cuelga y pende,
por la virtud hazañas mil hicieron
y por dejar la línea que desciende.
¡Ciegos! Que si del hecho que emprendieron
su ilustre fama y el valor se extiende,
obscuros dejan siempre a sus menores,
haciéndolos las gentes más peores.
»Otros hay también grandes y ensalzados
sin tener tronco o casta de do vengan,
por culpa de los reyes, que a privados
dan más que a mil que esfuerzo y saber tengan:
no querrán ver los suyos dibujados
éstos, pues no hay colores que convengan:
aborrecen pincel, dibujo y tabla,
porque en ella lo muerto al vivo habla.
»No niego haber, con todo, descendientes
de generoso tronco y casa rica,
en quien con las empresas excelentes
la heredada nobleza multiplica.
Y si en ellos la luz de sus parientes
con nuevo esfuerzo no se clarifica,
no falta al menos, ni se hace obscura;
mas de éstos halla pocos la pintura.»
Así el Gama declara aquellos hechos
que el pincel representa al ojo y tinta,
por la artífice mano tan bien hechos,
que no color, mas vida, da el que pinta.
Los ojos tiene fijos y derechos
el Catual en la historia distinta:
mil veces preguntaba, y mil oía
las gustosas batallas que allí veía.
Ya la luz se mostraba muy dudosa,
que la lámpara grande se escondía
debajo el horizonte, y luminosa
llevaba a los antípodas el día,
cuando el gentil y gente generosa
de Naires de la armada se partía
a buscar el reposo que descansa
los lasos miembros en la noche mansa.
En esto los arúspices famosos
de opinión falsa, que con sacrificios
previenen a los casos más dudosos
por señales diabólicas e indicios,
mandados del rey propio, estudiosos
ejercitan sus artes y ejercicios
sobre aquesta venida nueva, extraña,
de la apartada gente de la España.
El demonio dió señas descubiertas
de cómo aquesta gente les sería
perpetuo yugo, y que al abrir las puertas
el reino se perdía y monarquía:
uno le lleva al rey las nuevas ciertas,
según lo que de vuelos entendía,
descubriendo el peligro que notara
en las aves que allí desentrañara.
Ajúntase con esto que a un devoto
alfaquí de la ley de su Mahoma,
del odio concebido no remoto
contra la santa fe que su fe doma,
Baco le apareció con traje ignoto,
que el hábito de moro y forma toma,
al tiempo que ya el sueño le adormece,
y su envidia en el pecho más recrece.
«Guardaos, le dice, gente mía querida,
del peligro que está casi en la puerta,
que corta el agua ya a vela tendida,
por quien vuestra ruina será cierta.»
Despierta la memoria espavorida
del sueño que lo tuvo un rato alerta,
mas creyendo ser sueño y ya pasado,
a dormir se tornó muy sosegado.
Tornó Baco: «¡Qué es esto! ¿No conoces
al gran legislador de tus pasados,
que su ley predicó con grandes voces,
sin la cual fueran todos bautizados?
¿Es justo que yo llore y tú te goces?
Pues sabe que a tu puerta son llegados
los que serán al reino extraño daño
si con tiempo no ve su desengaño.
»Mientras la fuerza es flaca de esta gente,
ordena cómo el reino les resista,
porque al salir del sol muy fácilmente
se puede en él fijar la aguda vista;
mas cuando está en el medio más ardiente
no hay vista que se atenga a su conquista:
así serán aquestos muy felices
si les dejáis echar hondas raíces.»
Con esto el sueño y él se les despide
y atónito se queda el agareno:
deja la cama, lumbre al punto pide,
obrando por las venas el veneno:
luego que la tiniebla no lo impide,
al salir de la luz del sol sereno,
los de su secta todos ha juntado
y sueño y sueños cuenta alborotado.
Diversos pareceres y contrarios
allí se dan, según lo que entendían:
traiciones varias con engaños varios
unos inventan, y otros las tejían;
mas dejando consejos temerarios,
la muerte de esta gente pretendían
con mañas más sutiles y mejores,
sobornando los falsos regidores.
Allegan a su parte, con secretas
dádivas, a los que eran principales;
con razones notables y discretas
alborotan las gentes naturales:
dicen que estas naciones inquietas,
de los mares huyendo occidentales,
viven de solo robo y ladronicio,
sin ley, sin rey, sin virtud y con vicio.
¡Oh, cuánto debe el rey que bien gobierna
ver que sus consejeros y privados
sean de ciencia y de virtud interna
y de sincero amor y fe dotados!
Que como está en la silla más superna,
mal puede de negocios apartados
tener noticia cierta, o más entera,
que la que da la lengua consejera.
Ni me parece justo que el rey tanto
se pague de conciencia limpia y cierta,
que ande a buscar el pobre humilde manto
do la ambición acaso está encubierta:
que el que está en su rincón con pecho santo,
en negocios del mundo poco acierta,
que no puede tener cuenta enlazada
la conciencia en su Dios siempre ocupada.
Mas aquellos avaros Catuales
que el gentílico pueblo gobernaban,
inducidos de gentes infernales,
el Portugués despacho dilataban,
mas el Gama, que entiende por señales
lo que contra él los moros maquinaban,
una señal pretende llevar cierta
al rey de aquesta tierra descubierta.
Procura aquesto, porque bien sabía
que después de llegar con la certeza,
armas, gentes y naos despacharía
Manuel a esta tierra con presteza,
con que a su yugo y ley sujetaría
de las tierras y mar la amplia grandeza,
que él es descubridor tan solamente
de las remotas partes del Oriente.
Hablar al rey gentil se determina,
porque con su despacho se tornase,
pues sabe que esta gente cruel, malina,
le tiene de impedir cuanto intentase:
el rey, que de la nueva falsa, indina,
no era de espantar si se espantase,
crédito y fe les dió a los agoreros,
siendo en ello los moros los terceros.
Este nuevo temor resfría su pecho,
aunque por otra parte la codicia
deshace lo que el miedo tiene hecho,
y entre dos aguas anda la malicia;
conoce el interés y gran provecho
que tendrá si el contrato con justicia
establece, con tratos limpios, sanos,
entre él y el fuerte rey de Lusitanos.
Sobre esto en los consejos que tomaba
había muy contrarios pareceres,
que en aquellos con quien se aconsejaba
ejecuta el dinero sus poderes:
a nuestro capitán llamar mandaba,
a quien, llegado, dice: «Si quisieres
confesar con verdad tu yerro y culpa,
perdón alcanzarás dando disculpa.
»Bien informado soy que la embajada
que de tu rey me diste era fingida,
porque ni tienes rey, ni patria amada,
mas vagabundo pasas triste vida.
¿Qué rey hay en la Hesperia sublimada,
con locura tan grande y desmedida,
que mande acometer con naos y flotas
tan inciertas provincias y remotas?
»Y si de grandes reinos poderosos
tiene tu rey el mando y suma alteza,
¿qué presentes me traes tan costosos
por do conozca yo su gran riqueza?
Con preseas y dones suntuosos
los reyes en su amor ponen firmeza,
que no es señal ni prenda algo bastante
la plática de un vago navegante.
»Si venís por ventura desterrados,
como lo fueron hombres de alta suerte,
en mi reino seréis bien hospedados,
que cualquier tierra es patria al varón fuerte;
y si piratas sois al mar usados,
decidlo sin temor de infamia o muerte,
que a la ilustre nobleza la enemiga
necesidad a más que esto la obliga.»
Dicho esto, el fuerte Gama, que ya tiene
sospechas del engaño que ordenaba
el mauritano bando, de do viene
aquello que tan mal el rey pensaba,
con alta confianza, cual conviene,
con que seguro crédito alcanzaba,
que Venus Acidalia le influía,
al rey su sano pecho descubría:
«Si el primer yerro que la gran malicia
humana acometió en la edad primera
no causara que el vaso de nequicia,
azote cruel de gente verdadera,
sembrara una perpetua inimicicia
en la casta de Adán por pena fiera,
oh grande rey de aquesta secta mora,
no hubiera en ti el recelo que ahora mora.
»Mas porque ningún bien grande se alcanza
sin gran trabajo, y en cualquiera hecho
va el temor tras los pasos de esperanza
que vive siempre dentro un mismo pecho,
me muestras, rey, tan poca confianza,
de esta verdad poniéndome en estrecho,
sin ver lo que en contrario hallarías,
sin creer a quien creer no le debías.
»Si sólo de rapiñas yo viviese,
si fuera de mi patria desterrado,
¿cómo puedes creer que me viniese
a buscar este asiento acá apartado?
¿Por qué esperanzas o por qué interese
había de cortar el mar airado,
los antárticos fríos y calores
que sufren los del Aries moradores?
»Si con grandes presentes de alta estima
me has crédito de dar a lo que digo,
yo sólo a buscar vine aqueste clima
donde el hado te dió reino y abrigo;
mas si ventura tanto me sublima
que yo torne a mi patria y nido amigo,
el presente verás soberbio y rico
con que mi vuelta aquí te certifico.
»Si te parece no creíble hecho
que el rey de Hesperia a ti venir me mande,
al corazón sublime, al fuerte pecho
el caso que es posible no le es grande:
si tú estuvieras ya bien satisfecho,
vieras cómo es razón que el rey demande
mayor crédito y fe de más alteza
para poder creer su fortaleza.
»Sabe que ha muchos años que los nuestros
reyes con gran firmeza propusieron
de vencer los trabajos y siniestros
que a las grandes empresas se opusieron,
y en descubrir los mares siendo diestros,
con ardiente deseo pretendieron
saber qué fin tenían, dónde estaban,
las últimas riberas que lavaban.
»Concepto digno fué del ramo claro
del venturoso rey que aró primero
la mar por ir a echar del nido caro
de Abila al morador que fué postrero:
aqueste, con su industria e ingenio raro,
con un madero junta otro madero
y descubre la parte que está clara
con la luz de Argos, Hidra, Liebre y Ara.
»De los sucesos prósperos primeros
nació el osar: con éste descubrieron
poco a poco caminos extranjeros,
que yendo unos tras otros prosiguieron.
Los moradores de África postreros,
los que las siete llamas nunca vieron,
fueron vistos de nos, atrás dejando
cuantos están los Trópicos quemando.
»Así, con firme pecho y con constante
propósito, vencimos la fortuna,
hasta que aquí en tu reino tan pujante
asentamos la última coluna:
pasando de la mar, loca, inconstante,
la tempestad mortífera, importuna,
a ti llegamos, rey: sólo queremos
señal que a nuestro rey de aquí llevemos.
»Esta es la verdad, rey; que no haría
por tan incierto bien, tan flaco premio,
cual, no siendo esto así, esperar podía,
tan largo, tan fingido y tal proemio:
mas antes descansar me dejaría
en el inquieto y sin reposo gremio
de la ancha Tetis, cual pirata inico
con ajenos trabajos hecho rico.
»Así que, oh rey, si la verdad propuesta
la tienes por sincera y no doblada,
allega brevedad a la respuesta,
no me agües el placer de la tornada;
mas si aun te parece que es compuesta,
ahonda en la razón, que está probada,
que con claro juício puede verse:
que la verdad es fácil de entenderse.»
Notando estaba el rey la confianza
con que el Gama probó lo que decía:
concibe con su plática esperanza,
crédito firme a cuanto refería:
pondera de palabras la pujanza,
juzga en la autoridad grande valía,
comienza de tener por engañados
los Catuales torpes sobornados.
Con esto la codicia del provecho
que espera del contrato cada año
hácele obedecer luego de hecho
al capitán y no al nefando engaño:
en fin al Gama manda que derecho
se vuelva al mar, seguro de algún daño,
y que a la tierra envíe su hacienda
que por la especería trueque y venda.
Que traiga la hacienda al fin le manda,
que en los reinos gangéticos no haya,
si alguna nueva trae de la otra banda
do se acaba la tierra y entra playa.
De la presencia parte veneranda,
demandando batel en que se vaya
al Catual, a quien incumbe el cargo,
que los suyos están muy a lo largo.
Pide la embarcación con que se vuelva;
mas el mal regidor, que nuevos lazos
armaba, no hay remedio se resuelva,
interponiendo excusas y embarazos:
desea que con alguien se revuelva
y al mar lo lleva, no en servirles brazos,
mas a pie, do ejecute su malicia,
sin que el rey pueda de ello haber noticia.
Lejos de allí le dijo que él daría
embarcación bastante en que se fuese,
o que para la luz de esotro día
su partida algún tanto difiriese:
ya de aquestas tardanzas colegía
el Gama lo que aqueste pretendiese,
que en la traición entraba torpe y fiera
lo que de él hasta allí nunca creyera.
Era este Catual de los que estaban
sobornados de aquella perra gente,
el principal por quien se gobernaban
las ciudades del Samorín potente:
de este solo los moros esperaban
efecto a sus engaños torpemente,
y el que en este concierto vil conspira
de su falsa esperanza no delira.
El Gama con instancia le requiere
que le haga llevar luego a su armada,
y que así lo mandara, le refiere,
a quien está la tierra sujetada.
¿Por qué razón le impide y le difiere
ser la hacienda allí desembarcada?
Pues lo que ya los reyes han mandado,
no puede ser por otros derogado.
No cura el Catual, ciego y corruto,
de las palabras, antes revolviendo
dentro en su fantasía algún astuto
engaño con ardid fiero, estupendo,
de cómo bañar pueda el hierro bruto
en la inocente sangre, o deje ardiendo
la flota con tal fuego que acabase
porque ningún soldado se escapase.
Que no se salve nao de éstas pretende
el consejo infiel de mahometanos,
porque no sepa nunca dó se extiende
la tierra Eoa el rey de Lusitanos.
No se va el Gama, en fin, que lo defiende
el regidor de bárbaros profanos;
ni sin su permisión irse podía,
que las embarcaciones le impedía.
A las voces del Gama detenido
el Catual responde que mandase
llegar la flota a tierra, do servido
sería mejor, si fuese o si tornase;
señal es de enemigo fementido
hacer que a tierra amiga no llegase,
que siendo fiel el rey y amigo cierto,
no tiene por qué no tomar el puerto.
De estas palabras el discreto Gama
divisa bien lo que las naos desea
el Catual, porque con hierro o llama
consume su intención dañada y fea:
en varios pensamientos se derrama
por hallar el remedio que provea
a tanto mal, a tanto daño y pena;
todo y en todo piensa, teme, ordena.
Cual la refleja luz que da el pulido
espejo de cristal claro y hermoso,
que del rayo solar siendo herido,
el rayo reverbera luminoso,
y si a diversas partes es movido
de casa por el mozo curïoso,
anda paredes, techos y tejado,
temblando aquí y allí, mas no cansado:
Tal el vago juício fluctuaba
de Gama preso, cuando se acordara
si Coello en la ribera le esperaba
con barcos, como él antes lo ordenara;
luego secretamente le mandaba
que se torne a la flota que dejara,
no fuese aquella noche salteado
del enemigo bando conjurado.
Tal ha de ser quien quiere con el Marte
imitar los ilustres, o igualarlos:
que vuele el pensamiento a toda parte;
adivinar peligros y evitarlos;
con militar ingenio y sutil arte
entender los contrarios y engañarlos;
creer a todos con prudencia rara
y no decir después: ¿Quién tal pensara?
Insiste el malabar en que esté preso
hasta ver junto a tierra nuestra armada:
él, constante en el trance más avieso,
sus amenazas tiene casi en nada:
que él quiere sobre sí tomar el peso
de lo que fragua la traición malvada
y no poner en riesgo y aventura
la flota de su rey, que está segura.
Aquella noche estuvo detenido,
y parte de otro día, cuando ordena
de se volver al rey; mas fué impedido
por la guarda que tiene en guarda buena:
el Catual le sale a otro partido,
temiendo de su rey castigo y pena
si sabe esta malicia, que podría
saberla si allí más lo detenía.
Que mande sea traída la hacienda
de la flota en barquillos a la tierra,
para que de vagar se trueque y venda,
que quien no quiere trato busca guerra;
puesto que la intención bien se la entienda,
el Gama, que el dañado pecho encierra,
el partido aceptó que aquí le trata,
pues que su libertad con él rescata.
Era la condición que le daría
equipados bateles en que venga,
que los suyos el Gama no quería
traerlos do el contrario los detenga:
la codiciosa y rica mercancía
manda el Gama venir cuanta convenga,
para que libre el negro le dejase,
y a su hermano escribió que la enviase.
Traída que fué a tierra, el Moro luego
en lugar a su gusto la aposenta:
quedáronse con ella Álvaro y Diego
para poder hacer la justa venta:
cuánto más que el oficio, mando y ruego,
al pecho vil el premio le sustenta,
bien lo mostró el gentil en este hecho,
pues suelta al Gama viendo otro provecho.
A la flota lo envía porque tiene
bastante prenda donde haber pudiese
muy mayor interés del que le viene
si al capitán más tiempo detuviese;
mas Gama, viendo ya que no conviene
a la tierra volver do le cogiese
el Catual, al puesto ya llegado,
de asiento se dejó estar sosegado.
En las naos se queda vagoroso
hasta ver lo que el tiempo descubría,
que no se fía ya del codicioso
regidor que a sobornos atendía.
Vea ahora el juicio curïoso
cuánto en el rico y pobre puede hoy día
el interés, la sed torpe, enemiga,
del dinero, que a todo nos obliga.
A Polidoro mata el rey Treício,
por quedarse señor de su tesoro;
cogió por el fortísimo edificio
su hija a Acrisio aquella lluvia de oro;
pudo tanto en Tarpeya aqueste vicio
que por él granjeó perpetuo lloro,
pues por él al contrario le dió entrada
y muere en pago de él casi ahogada.
Éste rinde las altas fortalezas
y en traidores nos vuelve los amigos;
a los nobles hacer hace vilezas,
entregar capitanes a enemigos;
de las vírgenes coge las purezas
sin temor, honra, fama ni testigos;
éste deprava a veces las ciencias,
cegando los juícios y conciencias.
Este interpreta más que sutilmente
textos y leyes todo a su albedrío:
éste causa perjurios en la gente
y en tiranía vuelve el señorío:
aun hasta a los que a Dios omnipotente
se ofrecen, los sujeta con su brío,
del labrador al rey, al santo papa,
tomando de virtud la honesta capa.